36015(27-04-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta N° 139  

Bogotá, D. C., abril veintisiete (27) de dos  mil once (2011).   

VISTOS:  

Decide  la  Sala  el  recurso  de apelación  presentado   por  los  defensores  de  los  postulados  Duvian  Ernesto  Agudelo  Echavarría,  Jhon  Hernando  Alvarado  Rincón,  Henry  Ardila  Sarmiento, Luis  Antonio  Castro  Moncada,  Víctor  Julio  Díaz  Martínez,  Edwin Daniel León  Valderrama,  Alonso  de  Jesús Monsalve Vanegas, Jorge Pabón Blanco, Dagoberto  Pérez  Giraldo,  Reynaldo  Sánchez  Amado, Omar Sosa Monsalve, Alexander Uribe  Gañán  y  José Agustín Vásquez Ochoa, contra la decisión del 24 de febrero  de  2011  de  la  Magistrada que ejerce Funciones de Control de Garantías en la  Sala  de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal del Superior de Barranquilla, por cuyo  medio   negó   la   libertad   provisional   y  la  libertad  a  prueba  a  los  citados.   

ANTECEDENTES:  

1.   Los  antes  mencionados,  en  su  condición  de desmovilizados, rindieron versión libre en  distintas  Fiscalías de la Unidad Nacional de Justicia y Paz, oportunidad en la  cual  confesaron  y  aceptaron  su  responsabilidad  en  la  comisión de varios  delitos.   

2.  Actualmente  se  encuentran  privados  de  la  libertad  en la Cárcel Modelo de la ciudad de  Bucaramanga,  como  consecuencia  de  la  medida  de aseguramiento de detención  preventiva  que se les impuso con fundamento en el artículo 18 de la Ley 975 de  2005.   

3.   El 17 de  febrero  de  2011  conjuntamente  pidieron  la libertad a prueba ante la Sala de  Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla.   

4.   Con  el  propósito  de  atender  esa  solicitud,  se  los  citó a audiencia para que la  sustentaran,   acto  público  que  se  llevó  a  cabo  el  24  de  febrero  de  2011.   

LA PETICIÓN:  

1.    Los  postulados  conjuntamente  solicitaron  la  libertad  a  prueba  fundados en que  llevaban  privados de la libertad entre 5 y 8 años y habían cumplido todos los  requisitos  de  elegibilidad  de que tratan los artículos 10 y 11 de la Ley 975  de 2005.   

Sostuvieron  que  de  conformidad  con  lo  estipulado  en  el  parágrafo único del artículo 11 del Decreto 3391 de 2006,  se  les  debía  imputar  a  la  pena  alternativa el tiempo de privación de la  libertad  que  habían  cumplido  mientras  se  han  adelantado los procesos con  fundamento  en  la  Ley 975 de 2005 y antes de habérseles impuesto la medida de  aseguramiento con base en esa ley.   

2. La defensora de  los  postulados  Jhon  Hernando Alvarado Rincón, Víctor Julio Díaz Martínez,  Edwin  Daniel  León Valderrama, Alonso de Jesús Monsalve Vanegas, Jorge Pabón  Blanco,  Dagoberto Pérez Giraldo, Reynaldo Sánchez Amado, Omar Sosa Monsalve y  José  Agustín  Vásquez  Ochoa,  señaló  que  como  a  estos se les formuló  imputación  e impuso medida de aseguramiento de detención preventiva en centro  de  reclusión  el 27 de octubre, 19 de mayo, 12 de abril, 8 de septiembre, 5 de  agosto,  18  de  mayo,  19  de septiembre, 30 de agosto y 21 de octubre de 2010,  respectivamente,  a  la fecha el término de su detención estaba vencido y, por  tanto,  debía  otorgárseles, no la libertad a prueba como aquellos lo pidieron  originalmente  sino  la libertad provisional, a fin de salvaguardarles el debido  proceso  y  acatar  así  lo  consagrado  en  los  artículos  29  y  228  de la  Constitución Política.   

Expresó  que  si  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  los artículos 18 de la Ley 975 de 2005 y 6º del Decreto 4760 de  2005,  una  vez  formulada  la  imputación  se  tienen 60 días para labores de  verificación,  tras  los  cuales la Fiscalía debe solicitar la celebración de  la  audiencia  de  formulación  de  cargos  que ha de llevarse a cabo en los 10  días  siguientes  a  la  petición  y ello no había ocurrido, era claro que el  término   de   privación   de   la   libertad   de  sus  representados  estaba  vencido.   

Explicó que en aplicación del principio de  complementariedad  previsto  en el artículo 62 de la Ley 975 de 2005, se tenía  que  en  el  artículo  317  de la Ley 906 de 2004 se encuentran consagradas las  causales  de libertad, donde se prevé que habrá lugar a ella si no se presenta  el  escrito  de  acusación  dentro  del  término legal, de manera que si dicha  diligencia  corresponde  en  la  Ley 975 de 2005 a la formulación de cargos, la  cual  se  debe  realizar  dentro  de  los  10  días  siguientes a la respectiva  solicitud    de    la    Fiscalía    —luego  del  vencimiento  de los 60 días destinados para las labores  de   verificación—,   y  respecto  de  ninguno  de  sus  asistidos  se  había  surtido esa formulación,  entonces debía concedérseles la libertad provisional.   

Manifestó  que  tal  petición  además  se  encontraba  respaldada  en el hecho de que la mayoría de sus defendidos llevaba  más  de  cinco  años  de privación de la libertad1   y,  por  ende,  incluso  ya  habrían  cumplido la pena alternativa prevista en el artículo 29 de la Ley 975  de 2005.   

3.    La  defensora  de  Alexander  Uribe Gañán se refirió en similares términos a fin  de  apoyar,  no  la  solicitud de libertad a prueba sino la libertad provisional  del  citado,  respecto de quien predicó que el 29 de enero de 2010 se le había  impuesto  medida  de aseguramiento con base en la Ley 975 de 2005 y precisó que  había  estado  privado de la libertad del 21 de marzo de 2004 al 2 de diciembre  de  2005  y  del  13  de marzo de 2006 en adelante, por ende sostuvo que llevaba  más de cinco años detenido.   

4.  El defensor  de  Henry Ardila Sarmiento y Duvian Ernesto Agudelo Echavarría siguió la misma  postura,  agregando  que  el  primero llevaba privado de la libertad 7 años y 3  meses, y el último 6 años y 6 meses.   

5.  El defensor  de  Luis  Antonio  Castro Moncada precisó que la pretensión de su representado  debía  entenderse no como solicitud de libertad a prueba sino como petición de  libertad  provisional  con  fundamento en lo señalado en el artículo 317 de la  Ley 906 de 2005.   

6.  El defensor  de  Xavier  Estrada  Martínez y Javier Antonio Quintero Coronel expresó que de  acuerdo  con  lo  dispuesto en la Ley 975 de 2005, no había lugar a la libertad  provisional.   

Traslado  de  la  petición  a  los  demás  intervinientes:   

1.    El  Fiscal Delegado se opuso a la  libertad  provisional  de los postulados por cuanto aseguró que esa posibilidad  no  estaba  prevista en la Ley 975 de 2004 debido a la naturaleza y particulares  de  dicha ley, tal como lo había sostenido la Corte2,   por   lo   cual  resultaba  improcedente  acudir  al  principio  de  integración  normativa señalado en el  artículo  62  ibídem  en  orden  a aplicar lo previsto en el artículo 317 del  Estatuto Procesal Penal de 2004.   

Igualmente,  precisó  las  fechas  de  la  detención   de   los   desmovilizados   y   de  imposición  de  la  medida  de  aseguramiento3,   a   fin   de  enfatizar  que  salvo  tres  de  ellos4,  los  demás  estaban  por  cuenta de otras autoridades antes de que se les afectara con dicha  medida  en  el  marco  de  la  Ley  de Justicia y Paz, razón por la cual no era  cierto  que  llevaran  privados  de la libertad entre 5 y 8 años con base en la  ley  en  cita,  postura  que  apoyó  en  lo  preceptuado en el artículo 11 del  Decreto 3391 de 2006.   

También rechazó la aplicación de la figura  de  la libertad a prueba, pues sostuvo que ella sólo podía alcanzarse luego de  dictada  la  condena  dentro  del procedimiento reglado por la Ley 975 de 2005 y  una  vez  se  cumpliera  con  la  pena  alternativa,  así  como  con  todos los  requisitos  previstos  en el artículo 29 ibídem, por lo que tal libertad en el  actual  momento  procesal  constituía  una simple expectativa mas no un derecho  como lo entendían los postulados.   

2.    El  representante   del  Ministerio  Público  se  opuso  al  otorgamiento de la libertad a prueba solicitada por  los   postulados   con   argumentos   similares   a   los   expresados   por  la  Fiscalía.   

3.    El  apoderado  de  las  víctimas  afirmó  que  no  todos los institutos señalados en el Código de Procedimiento  Penal  de  2004  podían  aplicarse por remisión a la Ley 975 de 2005, tal como  ocurre  con  la libertad provisional prevista en el artículo 317, por cuanto en  ninguna  parte  de  la Ley de Justicia y Paz se sugiere su procedencia. Además,  indicó  que  tampoco  era posible conceder la libertad a prueba, ya que a ésta  sólo  se accede luego de la condena y bajo precisos presupuestos, los que aquí  no cumplían los postulados.   

LA DECISIÓN RECURRIDA:  

La  Magistrada  con  Funciones de Control de  Garantías  de  la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla,  una  vez  declaró  su competencia territorial para resolver la solicitud de los  postulados y sus defensores, sostuvo:   

1. Todos los aquí  desmovilizados  fueron  objeto  de formulación de imputación, a quienes se les  impuso  medida  de  aseguramiento de detención en centro de reclusión por esta  Magistrada,  razón  por  la  cual  se  encuentran  por  cuenta  de  Justicia  y  Paz.   

2.    De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  13 de la Ley 975 de 2005, lo  relativo  a  la  medida  de aseguramiento y asuntos similares debe resolverse en  audiencia  preliminar.  Lo  anterior,  en  concordancia  con  los  artículos 62  ibídem y 154-8 de la Ley 906 de 2004.   

3.  A pesar de  que  originalmente  la  pretensión de los postulados se dirigió a solicitar la  libertad  a  prueba prevista en el artículo 29 de la Ley de Justicia y Paz, sus  defensores  reorientaron  tal petición hacia la libertad provisional por razón  del vencimiento del término de detención.   

4.  En la Ley  975  de  2005  no  hay  lugar  a  la libertad provisional por el vencimiento del  término  de detención al amparo del artículo 317 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004,  a  pesar  del  principio  de  complementariedad previsto en el  artículo  62  de  la  referida  ley, en particular por razón de las especiales  características del proceso de la justicia transicional.   

5.  La Ley 975  de  2005  prevé  la  existencia  de  etapas  y  términos  en  los  cuales debe  desarrollarse  el  proceso de justicia transicional, sin que en ninguna parte se  contemple  la  posibilidad  de la libertad provisional, tal como lo ha señalado  la    Corte5,  por  tanto,  el  hecho  de  superarse  el  límite  temporal para  adelantar  determinada  actuación  no  permite  conceder  la  libertad  por ese  motivo.  Además,  los  postulados son testigos de la magnitud y complejidad del  trámite   en   cuestión,   por   lo   cual   no   pueden   predicar  una  mora  injustificada.   

6.    El  parágrafo  único  del  artículo 29 de la Ley 975 de 2005 expresamente excluye  los  subrogados  penales, dentro de los cuales está el beneficio de la libertad  condicional  estipulado  en  el  artículo  64  del  Código Penal, por ende, el  argumento  según el cual la mayoría de los postulados lleva en detención más  de  5  años  de los 8 que máximo se les podría imponer como pena alternativa,  no puede admitirse para acceder a la libertad provisional.   

7.  La libertad  a  prueba  consagrada  en  el artículo 29 de la Ley 975 de 2005 está destinada  para  los  condenados  en  el  marco  de  la  justicia transicional, una vez han  satisfecho  plenamente  todos y cada uno los requisitos allí exigidos, conforme  incluso  lo  interpretó  la  Corte  Constitucional6,  por  consiguiente,  no es el  momento  procesal  oportuno  para  solicitarla  por  parte  de  los  postulados.  Además,  su  concesión es del resorte de la Sala de Conocimiento de Justicia y  Paz  del  Tribunal  y  ella  en  sí  constituye  una mera expectativa según lo  precisó    la    Corte    Suprema   de   Justicia7.   

En consecuencia, la Magistrada con funciones  de  control  de garantías negó la libertad provisional y la libertad a prueba,  y  contra  esa  determinación  los  defensores  de  los postulados, salvo el de  Xavier  Estrada  Martínez  y  Javier  Antonio  Quintero  Coronel, interpusieron  recurso de apelación.   

LA IMPUGNACIÓN:  

1. La defensora de  los  postulados  Jhon  Hernando Alvarado Rincón, Víctor Julio Díaz Martínez,  Edwin  Daniel  León Valderrama, Alonso de Jesús Monsalve Vanegas, Jorge Pabón  Blanco,  Dagoberto Pérez Giraldo, Reynaldo Sánchez Amado, Omar Sosa Monsalve y  José  Agustín  Vásquez  Ochoa, señaló que sus asistidos como cualquier otra  persona  tienen derecho a las garantías fundamentales como es el debido proceso  y,  por esto, respecto de ellos se deben cumplir los términos legales, de forma  que  si  los  mismos  se  desconocen,  la  consecuencia  que  se  deriva  es  el  otorgamiento  de  la  libertad  para  que  en  esa condición sigan honrando sus  compromisos  con  la justicia, sin que importe, como lo sostiene el a   quo,  que  la  Ley  975  de  2005  no  contemple  causales  de  libertad  provisional,  pues  se  trata  de  un derecho  esencial,  razón  por  la cual debe acudirse al Estatuto Procesal Penal de 2004  para  llenar  el  vacío  en  aras  de los postulados celeridad y eficacia de la  justicia.   

2.    La  apoderada  de  Alexander  Uribe  Gañán  expresó  que  su  representado no fue  capturado  sino que se desmovilizó voluntariamente y luego añadió que si bien  la  Ley  975  de  2005  no  prevé  causales  de  libertad durante el proceso de  justicia  transicional,  la detención no puede prolongarse indefinidamente, por  lo  que  al  efecto  se debe acudir, en aplicación del artículo 62 ibídem, al  Código  de  Procedimiento Penal de 2004, contrario a lo afirmado por la primera  instancia,   a   fin  de  garantizar  el  derecho  fundamental  a  la  libertad.  Finalmente,  agregó  en  modo alguno su representado había sido el responsable  de la dilación de los términos.   

3.  El abogado  de  Luis  Antonio  Castro  Moncada  manifestó  que  el  debido  proceso  es una  garantía  fundamental  que  debe  asegurársele  a  su  representado  y, en esa  medida,  si  bien  la  Ley  975  de  2005  no contempla la figura de la libertad  provisional,   tampoco  la  prohíbe  y  de  allí  el  error  del  a  quo, motivo por el cual se debe acudir  al  artículo  317  del  Estatuto Procesal Penal de 2004 conforme lo autoriza el  artículo  62  de  la  ley  anotada,  observándose que en el caso particular se  encuentra vencido el término de privación de la libertad.   

4.  El defensor de  Henry  Ardila  Sarmiento  y  Duvian Ernesto Agudelo Echavarría expresó que las  garantías  fundamentales  son  inherentes  a toda clase de proceso y el seguido  con  fundamento  en  la Ley de Justicia y Paz no es la excepción, de tal manera  que  se debe restituir la libertad a los citados, por cuanto no ha sido culpa de  ellos la prolongación de los términos.   

Traslado a los no recurrentes:  

1.    El  Fiscal   Delegado   pidió  confirmar  la  decisión  apelada  y  para  el  efecto señaló que debido a las  especiales  características  de la Ley de Justicia y Paz no es posible importar  integralmente  las  categorías  de la Ley 906 de 2004, conforme se desprende de  lo  sostenido  por  las Cortes Constitucional y Suprema de Justicia en distintas  providencias,  de tal manera que el auto atacado no afecta garantía fundamental  alguna  de  los  postulados  y  sí,  por el contrario, se orienta a permitir la  consolidación  de  los  principios  de  verdad,  justicia  y reparación de las  víctimas.   

2. El representante   del   Ministerio  Público  solicitó  mantener  la  decisión  impugnada,  por cuanto la Ley 975 de 2005 no  contempla  la  posibilidad  de  la  libertad  provisional por el vencimiento del  término  de detención, ya que sólo refiere la libertad a prueba, la que está  destinada  para aquellos condenados en aplicación de la ley en mención y sólo  en  el  evento  de  que  previamente  cumplan  los  requisitos consagrados en el  artículo 29 ibídem.   

3.    El  apoderado  de  las  víctimas  expuso  que  la  Ley  de  Justicia  y Paz contiene un debido proceso, el cual no  previó  la  libertad  provisional  y obviamente tampoco que por el efecto de la  pretermisión  de  algún  término  se  dé  lugar  a  ella,  de  manera que se  equivocan  los  impugnantes  al  insistir  en  su otorgamiento. Además, no debe  ignorarse  que  en  razón  de la naturaleza de los delitos que se conocen en el  sistema  de  justicia transicional, debe sopesarse su complejidad y número para  considerar  el  plazo  razonable,  sin  olvidar  que así como las víctimas han  soportado  la  carga  de  los  crímenes  de  que  fueron  objeto,  ahora  a los  postulados  les  corresponde tolerar la carga de los procesos en aras de obtener  los      beneficios     por     los     cuales     decidieron     desmovilizarse  voluntariamente.   

Escuchados los argumentos de los impugnantes  y  de  los  no recurrentes, la Magistrada con funciones de control de garantías  de  la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla concedió la  alzada en el efecto suspensivo para ante esta Sala de la Corte.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

Cuestión Previa:  

1.  La  Corte  es  competente  para  resolver  los recursos de apelación contra las decisiones que  adoptan   en   primera   instancia   los   Tribunales   Superiores  (artículos  75-3  de  la  Ley  600 de 2000 y 32-3 de la Ley 906 de  2004),  y  en  el  caso  concreto  de  las  Salas  de  Justicia y Paz porque tal  atribución  fue  expresamente  conferida  en  el  artículo 26 de la Ley 975 de  2005.   

2.  Si bien en  el  inciso  3º del artículo 26 en mención se prevé que para la sustentación  de  la  impugnación el Magistrado ponente de la Corte debe citar a las partes e  intervinientes  a  fin de que ante la Sala de Casación Penal se lleve a cabo la  audiencia  de argumentación oral y en este caso se siguió el trámite previsto  en  el artículo 178 de la Ley 906 de 2004, modificado por el artículo 90 de la  Ley  1395  de  2010,  es  decir que se sustentó el recurso ante el a   quo;  se  observa  que  tal  proceder  resultó   acorde  con  el  criterio  fijado  por  esta  Corporación  sobre  la  materia.   

En   efecto,   la   Corte   recientemente  precisó8  que  si bien el legislador no contempló de manera expresa que esa  modificación  introducida  al  Código  de  Procedimiento  Penal se extienda al  trámite  previsto en el artículo 26 de la Ley 975 de 2005, no hay obstáculo       jurídico     para     que     tanto    la  sustentación     del    recurso    como  las  intervenciones  de los no recurrentes se adelanten ante el  mismo  funcionario que adoptó la decisión  objeto  de  impugnación,  por cuanto  ninguno  de  los  principios  procesales o   sustanciales   consagrados   en   la   Ley   975  de  2005  se  ve     comprometido  con  tal  proceder,   en   particular   los   de  la  oralidad9,              esclarecimiento    de    la    verdad10,  o      los      derechos     de     defensa  y  contradicción11,   siempre  y  cuando  el  a   quo   conceda   al  apelante,  así  como a los no recurrentes, un plazo  prudente   y   razonable   (acorde   con   la   naturaleza   del   asunto     debatido)     para     desarrollar     la     respectiva  intervención.   

Agregó, por el  contrario,      que     al     seguirse       el      trámite   dispuesto  en  el  reformado   artículo  178   de   la   Ley   906   de  2004,  se  asegura      la  realización  del principio de celeridad12,  como    también   la  consolidación    de  los     derechos     de    las    víctimas,   en  particular  el  de  acceso  a la administración de  justicia   contenido   en   diversos   instrumentos              internacionales             sobre  derechos  humanos  suscritos   por  Colombia13.   

En  esa  medida,  advirtió   que   como  la  Ley  1395  de  2010  trajo   un  conjunto  de  medidas  en materia de  descongestión  judicial,  incluyendo,   frente  al  Código  de  Procedimiento  Penal,  una reforma con el  explícito              propósito  de  simplificar  y agilizar el  trámite  ante  la  segunda instancia consistente en  suprimir     las     audiencias     de       argumentación    oral,    no    había       razón       para  impedir  que  ésta tuviera  repercusiones  en relación  con  la  Ley  de   Justicia   y   Paz,  cuyas  diligencias  por  múltiples  circunstancias se aplazan.   

También puso  de  presente  la  Sala,  que  acoger  lo  dispuesto  en el reformado  artículo  178 de la Ley 906 de 2004  no     afecta    la    estructura    del    debido  proceso  de  la Ley de Justicia y Paz, por cuanto en  ésta   la   ritualidad   no  es  un   fin  en  sí  mismo  sino        un       medio      para     obtener     una  solución  pacífica  al  conflicto  armado  afrontado por el país,     es    decir,    “constituye       un  instrumento procesal de transición  hacia  el  logro de una paz sostenible”14.   

Así las cosas,  la    no    aplicación   rigurosa   del    trámite    previsto    en   el  artículo    26    de    la    Ley    975   de   2005   y,  por  el  contrario,  el  acogimiento  de  lo  preceptuado   en   el  modificado                artículo   178  de  la  Ley  906  de  2004,  no  entraña  irregularidad  alguna,  pues  más  bien  asegura  la  materialización  del derecho de contradicción por la  vía  de  la impugnación  de       las       decisiones,      efectiviza   la   celeridad   de   la  actuación,   lo   que  a   su   vez   se   proyecta   al   acceso   a   la  administración   de   justicia   y,   de  contera,  no   afecta  otros  principios  procesales, dando  lugar   evidentemente   a   la   consolidación  de  los           fines           torales    de    la   Ley   975   de  2005.   

3.   El  enfoque      argumentativo      que     se     viene     de     señalar  a  su vez permite afirmar que la  Sala    tampoco    evidencia    obstáculo   para   conocer   por   vía  de  impugnación la decisión  que  resolviera  la  petición  de libertad conjunta  formulada    por    los    postulados   identificados   inicialmente   en   esta  determinación,    por    cuanto    (i)   observa   que   están  en  la  misma  situación procesal,  (ii)   hay   unidad   de   materia   en   tanto  que  su  pretensión   fue   igual,  (iii)  la  decisión  recurrida     no    alteró    esa    homogeneidad  temática,    (iv)   como   consecuencia   de   la  sustentación  oral  de  la  impugnación     ella     se     mantuvo,    (v)    todos    los   aquí  desmovilizados   se   encuentran   privados  de  la  libertad  a  órdenes   de   la   misma   autoridad,  (vi)  en  razón    de    las    condiciones   advertidas   en   precedencia   la  resolución  en conjunto de la solicitud de libertad  promovida    por    los   desmovilizados  no afecta  ninguno  de  los  principios procesales o   sustanciales  consagrados  en la Ley 975 de 2005,  vista la  regulación   que   sobre  esa  específica  materia  (libertad)  contiene  la  ley en cita y (vii) no se  atenta    contra    la   estructura   del   debido  proceso  de  la  Ley  de  Justicia y Paz.   

Esta      conclusión   encuentra   apoyo   al   observar   que   la   Ley  975  de  2005,  en  el  Capítulo  I  denominado          “Principios          y  Definiciones”,  señala  en       su       artículo      2º:   

“La  interpretación     y     aplicación  de  las disposiciones previstas en esta ley deberán  realizarse  de  conformidad con las  normas  constitucionales y tratados internacionales ratificados por Colombia. La  incorporación     de    algunas    disposiciones  internacionales   en   la   presente   ley,   no   debe   entenderse   como   la  negación  de otras normas internacionales    que    regulan    esa    misma  materia”.   

Resulta  entonces  pertinente  traer  a  colación    lo    que    algunos    instrumentos  internacionales  que  vinculan  a  Colombia  refieren  en punto del derecho a la  libertad  y  los  medios  que  allí se ofrecen para  asegurar su protección.   

Al  efecto  la     Declaración  Universal  de  Derechos  Humanos  consagra  en  sus  artículos 8 y 10:   

“Toda persona  tiene   derecho   a   un   recurso  efectivo,  ante  los  tribunales  nacionales  competentes,  que  la  ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales  reconocidos    por   la   constitución y la ley”.   

“Toda persona  tiene   derecho,  en  condiciones  de  plena  igualdad,  a  ser  oída  públicamente y con justicia por un  tribunal   independiente   e   imparcial,   para   la  determinación   de   sus   derechos   y  obligaciones  o  para  el  examen  de  cualquier   acusación  contra ella en materia penal”.   

Por  su  parte, el Pacto Internacional de  Derechos  Civiles  y  Políticos  prevé    en    sus    artículos   9-4   y  14-1:   

“4.           Toda  persona  que  sea  privada  de  la  libertad  en  virtud  de  detención  o  prisión  tendrá      derecho      a      recurrir  ante  un  tribunal,  a  fin de que se decida a la brevedad  posible   sobre   la  legalidad  de  su  prisión  y  ordene su libertad si la  prisión fuera ilegal”.   

“1.  …Toda  persona  tendrá  derecho     a     ser     oída    públicamente     y     con    las    debidas    garantías   por   un   tribunal   competente,  independiente     e    imparcial,    establecido    en    la    ley,    en    la  substanciación  de  cualquier acusación  de  carácter penal formulada contra  ella…”.   

A  su  vez, la  Convención   Americana  sobre  Derechos Humanos dispone en sus artículos 7-6  y 8-1:   

“6.           Toda  persona detenida o retenida tiene  derecho   a  recurrir  ante  un  juez  o  tribunal  competente,  a  fin  de  que  éste  decida,  sin demora, sobre la legalidad de su  arresto  o  detención  y  ordene  su libertad si el  arresto        o        detención       fueran  ilegales…”.   

“1.   Toda   persona   tiene  derecho    a    ser    oída,   con   las   debidas  garantías  y  dentro  de un plazo razonable, por un  juez   o   tribunal  competente,  independiente  e  imparcial,  establecido  con  anterioridad  por  la  ley,  en  la sustanciación de  cualquier   acusación   penal   formulada   contra  ella…”.   

Entonces,  de  las  normas  contenidas en  los     referidos  tratados internacionales  se  arriba  a dos conclusiones esenciales: (i) el derecho que tiene el individuo  a  promover  su  libertad  cuando considere que está  siendo    privado    de    ella    ilegalmente    y    (ii)    la   necesidad    de    la   existencia  de  un  tribunal  que  resuelva  a  la  mayor brevedad  posible dicho aspecto.   

Ahora, en coincidencia con lo anterior, el  artículo  4º de la Ley  975 de 2004 estipula:   

“El proceso  de  reconciliación  nacional al que dé  lugar  la  presente  ley,  deberá  promover  en todo caso, el derecho de las víctimas a  la  verdad,  la  justicia y la reparación y respetar  el  derecho  al  debido  proceso  y  las  garantías  judiciales de los procesados”.   

Así   las  cosas,    tanto   la  reseña      normativa     realizada  tomando  como  punto  de  partida el  artículo   2º  de  la  Ley  de  Justicia  y  Paz  que remite a los tratados  internacionales    ratificados    por    Colombia    para    efectos    de    la  interpretación     y     aplicación  de  la  misma,  como  el artículo 4  ibídem,   permiten   concluir   que   cuando  la  Magistrada con Funciones de  Control    de    Garantías   resolvió  en  conjunto la petición de libertad  formulada  por  los postulados, atendió a  por  lo  menos cinco principios procesales recogidos por la Ley  975         de         2005:        oralidad15,   celeridad16,  esclarecimiento       de       la       verdad17,  debido  proceso18,     derecho    a    la  justicia19,    los    cuales    evidentemente    apuntan    a    lograr   la  materialización del derecho sustancial.   

Por tanto, como  la    Sala    observa  que    la   decisión  objeto  de  análisis por  vía        de        impugnación             consultó  aquellos  postulados  y con  ella  no  se  quiso otra cosa que no fuera definir un  asunto  puntual  con el propósito de dar continuidad  al     trámite,     en     aras,    según  lo  advierte  el artículo 1º  de  la  Ley  975 de 2005, de facilitar el proceso de  paz  y  la  reincorporación individual o colectiva a  la  vida  civil  de  miembros  de  grupos armados al  margen   de   la  ley”,  pero  también   buscó  garantizar    “los  derechos  de las víctimas a la verdad, la justicia y  la  reparación”, en la  medida     que    al  superarse  de  la  forma  más       expedita       las      cuestiones           accesorias          del          trámite     se    conseguirá   con   mayor   prontitud   la  culminación de las actuaciones adelantadas  bajo  la  regulación     de     la     Ley     de    Justicia    y    Paz,  sin,  por  supuesto, desconocer las  garantías       fundamentales      de      los  desmovilizados;  entonces  la  Corte  no  encuentra  motivo para predicar su invalidez.   

En   consecuencia,  la  Corporación  se    ocupará    de  resolver  el  recurso de apelación presentado por los  defensores  de los postulados contra la decisión de la Magistrada con Funciones  de  Control  de  Garantías  de  la  Sala  Penal  de Justicia y Paz del Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  que  negó  la  petición  de libertad invocada por  aquellos desmovilizados.   

2.            Problema          jurídico  propuesto  por los       recurrentes   

Corresponde   a   la  Corte  resolver  si en el trámite de la Ley  975  de  2005  procede  la  libertad  provisional con  fundamento   en   una   de   las  causales  previstas  en  el  artículo  317  del Código de Procedimiento  Penal  de  2004,  atendiendo a que en el artículo 62  de  la  ley  en cita se autoriza a llenar sus vacíos  con las normas de este estatuto.   

En  orden  a  dilucidar  el anterior  interrogante,  debe señalarse  que  el  mismo  ya ha sido objeto de análisis por la  Sala20  y,  en  esa  medida,  no  encontrando  que los argumentos de los  impugnantes  ofrezcan  razones  para  variar  el  criterio  fijado, se        mantendrá      en      relación con este asunto.   

En principio es necesario recordar que en  esa    oportunidad  la              Corporación,  luego  de  revisar  el  contenido  íntegro de la Ley 975 de  2005,    arribó   a   la   conclusión   de   que   en   la   misma   no   hay  disposición   alguna   que   consagre   la   posibilidad   de   la  libertad  provisional  del  postulado,  aun  cuando  en efecto  allí  se haga referencia a la libertad a prueba, la  cual    está    destinada    para    quienes  resulten condenados en el marco de la Ley de Justicia y Paz  y  se  hagan  acreedores  a  la  pena  alternativa  prevista  en el artículo 29  ibídem,  por  tanto,  aquella clase de libertad sólo es aplicable cuando se ha  cumplido la pena anotada.   

También se precisó que, por el contrario,  la  Ley  975  de  2005  expresamente  dispone  que  los  postulados que resulten  merecedores  de  la  pena  alternativa  en  ningún caso serán beneficiarios de  “subrogados  penales,  beneficios  adicionales  o rebajas complementarias a la  pena                  alternativa”21,   restricción   que   se  encuentra  justificada  en  la medida que la pena alternativa en cita supone una  sustancial  reducción  de  la  sanción privativa de la libertad respecto de la  ordinaria     que    ameritarían    los    punibles    confesados    por    los  desmovilizados.   

De  igual  modo,  se  hizo un rastreo de la  normatividad  procesal  penal  de  las  últimas décadas para evidenciar que la  ausencia  de  regulación  en  torno  a la libertad provisional en la Ley 975 de  2005  no  había  sido  un  olvido  del  legislador,  sino  que  en razón de su  espíritu  y  amplio  margen  de  concesión  de  justicia  a cambio de verdad y  reparación,  era  claro  que no se había presentado “desatención alguna por  el  parlamento,  sino  que  la  omisión  señalada surgió de la especialidad y  singularidad  del  proceso  transicional  que, entre otras cosas, se caracteriza  por  la  renuncia  mutua  de  intereses  y  derechos  por parte del Estado y los  postulados”.   

Además, se reparó en el hecho de que como  el  proceso regulado por la Ley 975 se funda en el sometimiento a la justicia de  quien  tiene  interés  en la obtención de una pena alternativa, no hay lugar a  la   concesión  de  la  libertad  provisional  durante  el  trámite,  pues  la  elegibilidad22  a  dicha  pena  excepcional  apenas  se  consolida  en el fallo de  condena y no con anterioridad.   

Se  anotó  entonces  que  en  punto de las  causales   de   libertad  provisional  no  era  procedente  “hacer  remisiones  normativas  a  los  estatutos  procesales  vigentes,  por  cuanto  las mismas se  predican  de  procesos  tramitados por los jueces penales comunes en los que (i)  tiene  plena  realización  el  principio  de contradicción, (ii) concluyen con  penas  principales  y  accesorias  ordinarias, (iii) el indiciado o procesado no  está  obligado  a  confesar  en  forma  completa  y  veraz  sus  delitos,  (iv)  normalmente  se otorgan subrogados penales y demás beneficios punitivos, (v) la  existencia  del proceso depende de la soberanía estatal y no de la voluntad del  procesado”,  particularidades  que  a  modo enunciativo permitían identificar  las    notorias    diferencias    entre    el   trámite   transicional   y   el  ordinario.   

Cabe   agregar   a  lo  expuesto  que  de  conformidad  con la arquitectura de la Ley 975 de 2005, en relación con quienes  se  encuentran privados de la libertad por cuenta de procesos adelantados por la  Ley  de  Justicia  y  Paz, es decir, respecto de aquellas personas con medida de  aseguramiento   de   detención  preventiva  en  establecimiento  de  reclusión  impuesta  en  los  términos  del  inciso  2º del artículo 18 ídem, la única  posibilidad  “ordinaria” para acceder a la liberación surge a través de la  “libertad  a  prueba” luego de haber cumplido la pena alternativa acorde con  lo reglamentado en el artículo 29 ibídem.   

Lo anterior, sin perjuicio obviamente de que  si  el desmovilizado privado de la libertad por cuenta de la Ley 975 de 2005, no  satisface  los  requisitos  de  elegibilidad  consagrados los artículos 10 y 11  ibídem  (según  el  caso),  o  no  acepta  los  cargos,  o  se retracta de los  admitidos  en  la  versión  libre, de acuerdo con lo estipulado en el artículo  8º  del  Decreto  4760  de  2005,  “no  habrá  lugar al beneficio de la pena  alternativa  consagrado  en  la  misma y la Unidad Nacional de Fiscalía para la  Justicia  y  la  Paz  remitirá la actuación al funcionario competente conforme  con  la ley vigente al momento de la comisión de las conductas investigadas”,  evento  en  el cual, en el escenario de la justicia ordinaria, se aplicarán las  normas  sobre  subrogados y libertad del Código Penal y del Procedimiento Penal  correspondientes.   

Igualmente, conviene apuntar que de acuerdo  con  lo  preceptuado  en  el  artículo  12  del  Decreto  3391  de  2006, si al  desmovilizado  condenado  se  le  revoca  la pena alternativa, “en su lugar se  harán  efectivas  las  penas  principales  y accesorias ordinarias inicialmente  determinadas  en  la  sentencia,  procediendo  en  este  caso  los  subrogados y  descuentos  ordinarios  previstos  en  el Código Penal y de Procedimiento Penal  que  correspondan  y  computándose el tiempo que haya permanecido privado de la  libertad;  caso  en  el  cual  el  juez competente realizará las readecuaciones  punitivas a que hubiere lugar”.   

Lo plasmado en precedencia permite afirmar  que    quien    se    encuentre    detenido    por  razón  del  procedimiento  de  la Ley de Justicia y  Paz,                  únicamente      podrá  lograr su  excarcelación    a  través    de    la  libertad  a  prueba, previo el cumplimiento pleno de  los   requisitos   previstos   en  el  artículo  29  ibídem.   

Además,   que  en  la Ley 975 de 2005 no  opera  la  libertad  provisional porque el  tiempo de detención es parte de la  pena  a  la cual inexorablemente se verá  enfrentado  el  desmovilizado,  pues  desde el artículo       3º      ídem  y  luego con el artículo    29    ibídem,   queda  claro  que  se  producirá  una  sentencia  condenatoria  cuya pena será     reemplazada     por    otra,    denominada    “alternativa”,  que  “se        concede        por       la       contribución    del    beneficiario    a   la  consecución    de    la    paz    nacional,    la  colaboración     con     la     justicia,     la  reparación      a      las      víctimas      y      su     adecuada     resocialización”.   

A  su vez, que  la  Ley de Justicia y Paz  no    prevé   ningún  subrogado  penal,  en el entendido que la  reducción  de la sanción  en razón  de   la  pena  alternativa  resulta  más que suficiente.   

Finalmente,       para    abundar    en    razones   en  relación   con   la  diferencia  entre   los   alcances  de  la  medida  de  aseguramiento  privativa  de  la libertad que se impone en el marco de la Ley de  Justicia   y   Paz   frente   a  la  fijada  en  la  legislación  procesal  penal  ordinaria,     conviene     señalar    lo   que   la   Corte           recientemente,  expresó:   

“Pues  bien, los objetivos de la medida  de  aseguramiento  previstos  en  el Código de Procedimiento Penal no tienen el  mismo  alcance  y  dimensión  en  el  proceso  transicional previsto por la Ley  975   de  2005:   

1.   En  referencia   a   la   forma  en  que  unos  y  otros  llegan  a  ser  procesados  judicialmente. Es sabido que la Fiscalía General de  la  Nación  en  ejercicio  de  sus  funciones  constitucionales  y  legales, en  especial  en  relación  con la que le otorga la titularidad del ejercicio de la  acción  penal,  dispone  cuándo  una  persona  debe  responder de una o varias  conductas  punibles  y  en  tal  caso  inicia  la  investigación  y gestiona la  privación    de    la   libertad   —en  los  eventos en que siendo procedente se acredite la necesidad  de  tal  determinación—  en   tratándose   del   procedimiento   ordinario;  en  cambio  en  el  proceso  transicional,   los   desmovilizados   voluntariamente   han   acudido  ante  la  administración   de   justicia   a   solicitar  su  indulgencia  a  cambio  del  cumplimiento   de   una  serie  de  exigencias,  algunas  de  las  cuales  deben  satisfacer,  precisamente  durante el período de detención preventiva, en todo  caso, camino a la concesión de una pena alternativa.   

Así,  la  decisión  de  acogerse  a los  beneficios  de  la Ley 975  de  2005  es voluntaria,  así  como  también  puede  serlo  la  de  renunciar  a  la  misma, sin que sea  necesario,     en     este     último    evento,    ni    siquiera    decisión  judicial…   

(…)  

2.   En  relación  con su naturaleza jurídica. La privación  de  la  libertad es excepcional en el proceso ordinario, y sólo se justifica si  responde  a  alguno  de  los objetivos declarados por la ley, mientras que en el  proceso  transicional no solo es la única medida aplicable y se impone en todos  los  casos  por  disposición legal, sino que ciertamente dicha privación de la  libertad  es  una  anticipación  de la pena que inexorablemente se impondrá en  dicho  proceso, a menos que el desmovilizado sea expulsado del procedimiento por  el  incumplimiento  de  alguno  de  los  compromisos  asumidos  por él o de las  obligaciones   impuestas   por   la  ley  para  hacerse  merecedor  de  la  pena  alternativa.   

Esta  conclusión  surge clara del inciso  tercero  del  artículo 29  de  la  Ley  en  mención,  dado  que allí se advierte que la resocialización,  mediante  trabajo,  estudio  o  enseñanza,  es  un compromiso del desmovilizado  durante  todo  el  tiempo  que  permanezca privado de su libertad;  lo cual  difiere  sustancialmente  con  lo  dispuesto para el proceso ordinario, en   el     que     es    incuestionable    que    los   objetivos   de   la  pena  —siendo  el  principal  de todos en el Estado social y democrático  de  derecho, el de la resocialización—,   se   cumplen  en  la  ejecución,  y  no  hacen  parte  de  la  justificación de la privación preventiva de la libertad.   

(…)  

3.  En su  dimensión  cronológica. En el proceso ordinario la  privación  de  la libertad es eminentemente cautelar, en todo caso temporal, en  tanto  se  define  la  situación  del  procesado por medio de una absolución o  condena,  o  mediante  una  preclusión  de  la investigación. De suerte que la  privación  física  de  la  libertad  del procesado, que le es inherente, tiene  unos  límites  máximos cuyo vencimiento supone el nacimiento de la expectativa  liberatoria.   En  cambio,  en  el  proceso  previsto  en  la  Ley  975        de       2005  la  detención  preventiva es el  inicio  de  la pena que inexorablemente será impuesta, a partir de lo confesado  por  el  propio  desmovilizado;  lo  cual  se  evidencia, no sólo en que en tal  legislación  no  se  previeron  causales  de  libertad provisional, sino que en  dicha  ley en el Capítulo VI dedicado al “Régimen  de  la  privación de la libertad” nada se dice del  cómputo   de   la   detención   y  en  cambio  en  el  artículo  30  se  menciona el establecimiento de  reclusión     donde    “debe    cumplirse    la  pena”;  y  en  el  derogado artículo 31  se  indicaba que el tiempo que los  desmovilizados  permanecieran  en  la  zona  de  concentración,  se computaría  “como tiempo de ejecución de la pena alternativa,  sin  que  pueda exceder de dieciocho (18) meses”.   

Así  que  el legislador previó desde el  principio  que la detención preventiva tenía como único objetivo descontar la  pena  que  se impondría al finalizar el proceso regulado por la Ley de Justicia  y Paz.   

En  el  proceso  ordinario, regido por la  presunción  de  inocencia,  está  latente la posibilidad de absolución, y por  tanto  se le colocan límites a la detención preventiva; en el proceso regulado  por   la   Ley   975  de  2005 el desmovilizado al  solicitar  su  inclusión  en  el  trámite  para  ser  beneficiario de una pena  alternativa  a  partir  de  la  confesión  de  los delitos cometidos durante su  accionar  armado, ha renunciado a la presunción de inocencia, que en el proceso  ordinario  pervive  hasta  la  ejecutoria  de  la  sentencia  condenatoria  y se  enfrenta  a  la  seguridad  ineluctable de que se le impondrá una pena, a menos  que sea excluido del proceso transicional.   

El objetivo de la medida de aseguramiento  en el trámite de justicia y paz.   

En esta categoría especial de proceso el  desmovilizado  llega  voluntariamente  con  la  pretensión de favorecerse de la  indulgencia  punitiva  buscando  la  aplicación  de la pena alternativa, y como  condición  se compromete a cumplir con una serie de exigencias, recogidas en la  ley  como  son: la cesación de todo acto delictivo, el acogimiento voluntario a  la    Ley    975   de  2005,  la  confesión de  todos  los crímenes cometidos en desarrollo y con ocasión del accionar armado,  la  reparación  de  sus  víctimas,  aportar decisivamente a la reconciliación  nacional,  colaborar  con  la  justicia  para  el esclarecimiento de los hechos,  contribuir  adecuadamente  con su resocialización a través de estudio, trabajo  o  enseñanza  durante  el  tiempo  que permanezca privado de la libertad, entre  otras.   

Ahora  bien,  mientras  en  el  proceso  ordinario  el  Estado se asegura por medio de la detención preventiva de que el  procesado  no  va  a  poner  en  peligro  la  comunidad  o la prueba, o que va a  comparecer   al   proceso  o  a  someterse  a  la  ejecución  de  la  pena  que  eventualmente  se imponga; en el proceso transicional quien debe asegurar que va  a   cumplir   con   las   obligaciones   que   le  impuso  la  Ley  975        de       2005  es  el propio desmovilizado, él  directamente  con  su  actuar,  so pena de ser expulsado o excluido del trámite  por  medio  del  cual  podría  terminar  con  una  pena  alternativa  altamente  indulgente  en  comparación  con  la que efectivamente le correspondería en la  dimensión del proceso ordinario.   

Esto  porque  el  proceso  se  adelanta  fundamentalmente  a  partir  de su consentimiento, el que se va refrendando a lo  largo  del  proceso,  inicialmente  con la desmovilización y la cesación de su  accionar  delictual,  luego  con la reiteración de su voluntad de acogerse a la  Ley  975 de 2005,  posteriormente  con la versión  libre   veraz   y   completa,   también   con  su  actitud  intracarcelaria  de  facilitación  de su adecuada resocialización, con la aceptación de los cargos  que  se  le  formulan,  con el suministro de bienes destinados a la reparación,  entre  otras  actividades a las que se comprometió el desmovilizado al acogerse  a  la  indulgencia  de la ley cuya aplicación solicita por su ventaja punitiva.   

En efecto, la detención preventiva en el  proceso   reglado   por   la   Ley   975  de  2005  es,  ante  todo,  el  espacio en el cual el Estado protege la integridad física  del  desmovilizado  para  que no sea presa de la venganza privada; pero además,  es  el  escenario  en  el  que  se  le  permite  que cumpla con las obligaciones  previstas  en  la  ley  a  la  que  se  acogió;  y  por  eso el análisis de la  detención  preventiva  en  el  escenario  de  la Ley de Justicia y Paz no puede  hacerse  bajo  mismos  parámetros  del proceso ordinario, porque, como se puede  apreciar,  tienen  teleologías  diferentes  y  sirven  a  propósitos  también  disímiles”    23.   

En   conclusión,   como   debido  a  las  especialísimas  características  de  la  Ley  975  de 2005 es indudable que el  legislador   no  previó  causales  de  libertad  provisional  a  favor  de  los  postulados,  la  Sala  no  acepta los argumentos de los recurrentes y, por ende,  confirma   lo   resuelto  por  el  a  quo.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

1°.  CONFIRMAR la  decisión  adoptada  por la Magistrada con Funciones de Control de Garantías de  la  Sala  de  Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla, por medio de  la  cual  negó  la libertad provisional y la libertad a prueba a los postulados  Duvian  Ernesto  Agudelo  Echavarría,  Jhon  Hernando  Alvarado  Rincón, Henry  Ardila  Sarmiento,  Luis  Antonio Castro Moncada, Víctor Julio Díaz Martínez,  Edwin  Daniel  León Valderrama, Alonso de Jesús Monsalve Vanegas, Jorge Pabón  Blanco,  Dagoberto  Pérez Giraldo, Reynaldo Sánchez Amado, Omar Sosa Monsalve,  Alexander Uribe Gañán y José Agustín Vásquez Ochoa.   

2°. ADVERTIR  que  contra  ella  no  proceden  recursos.   

Cópiese,  notifíquese         y        cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                     JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO       SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO          GÓMEZ  QUINTERO                              MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO   IBÁÑEZ  GUZMÁN                                  JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Al  efecto sostuvo que Jhon  Hernando  Alvarado  Rincón,  Víctor  Julio Díaz Martínez, Edwin Daniel León  Valderrama,  Alonso  de  Jesús Monsalve Vanegas, Jorge Pabón Blanco, Dagoberto  Pérez  Giraldo,  Reynaldo  Sánchez  Amado,  Omar  Sosa  Monsalve  y   José   Agustín   Vásquez   Ochoa  llevaban   privados   de  la  libertad  6  años y 6 meses, 8 años, 8 años y 2 meses, 8 años, 6 años, 7  años,  6  meses,  6  años  y  9  meses, y 5 años, respectivamente.   

2  Corte  Suprema de Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  auto  de segunda instancia del 24 de junio de 2010,  radicación N° 34170.   

3  Duvian  Ernesto Agudelo Echavarría (está privado de  la  libertad  desde  el  11  de noviembre de 2003 y se le impuso medida el 29 de  septiembre  de  2009),  Jhon  Hernando  Alvarado  Rincón  (está  privado de la  libertad  desde  el 22 de mayo de 2004 y se le impuso medida el 27 de octubre de  2010),  Henry  Ardila  Sarmiento  (está  privado  de la libertad desde el 24 de  agosto  de  2004  y  se  le impuso medida el 1º de enero de 2010), Luis Antonio  Castro  Moncada (está privado de la libertad desde el 26 de diciembre de 1999 y  se  le  impuso  medida  el  24  de enero de 2011), Víctor Julio Díaz Martínez  (está  privado  de  la libertad desde el 11 de noviembre de 2003 y se le impuso  medida  el  20 de mayo de 2010), Edwin Daniel León Valderrama (está privado de  la  libertad  desde  el  23  de diciembre de 2002 y se le impuso medida el 12 de  abril  de 2010), Alonso de Jesús Monsalve Vanegas (privado de la libertad desde  el  21 de marzo de 2003 y se le impuso medida el 8 de septiembre de 2010), Jorge  Pabón  Blanco  (está  privado de la libertad desde el 21 de julio de 2005 y se  le  impuso  medida  el  5  de  agosto  de 2010), Dagoberto Pérez Giraldo (está  privado  de  la libertad desde el 18 de febrero de 2004 y se le impuso medida el  18  de  mayo de 2010), Omar Sosa Monsalve (está privado de la libertad desde el  18  de  julio  de 2004 y se le impuso medida el 30 de agosto de 2010), Alexander  Uribe  Gañán  (está  privado de la libertad desde el 13 de marzo de 2006 y se  le  impuso medida el 28 de enero de 2010) y José Agustín Vásquez Ochoa (está  privado  de la libertad desde el 31 de enero de 2006 y se le impuso medida el 21  de octubre de 2010).   

4  Xavier  Estrada  Martínez  (se   le  impuso  medida  el   18   de   junio  de  2010),      Javier     Antonio     Quintero  Coronel   (se  le  impuso  medida  el  11   de   marzo   de   2008)  y  Reynaldo  Sánchez          Amado          (se   le   impuso  medida  el  16 de septiembre de 2010).   

5  Corte  Suprema de Justicia,  Sala  de Casación Penal, autos de segunda instancia del 24 de junio  y del  16    de    diciembre    de    2010,    radicaciones    N°   34170   y   34606,  respectivamente.   

6  Sentencias   C-   370   de   2006   y   C-1199   de  2008.   

7  Corte  Suprema de Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  auto  de  segunda instancia del 26 de mayo de 2010,  radicación N° 34006.   

8  Corte  Suprema de Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  auto de segunda instancia del 2 de febrero de 2011,  radicación  N°  35582.  En sentido semejante, auto de sustanciación del   26 de enero de 2011.   

9  Artículo 12 de la Ley de Justicia y Paz.   

10  Artículo 15 ibídem.   

11  Artículo 14 ibídem.   

12  Artículo 13 ibídem.   

13  Declaración Universal de  Derechos    Humanos  (artículo  8º), Pacto Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos de las Naciones  Unidas (artículo      14-1),      Convención    Americana    sobre   Derechos   Humanos   (artículo  25).   

14    Corte    Suprema    de         Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  auto de segunda instancia del 3 de  octubre  de  2008,  radicación  N°  30442.  En  igual sentido, auto de segunda  instancia   del   24   de   marzo   de   2010,   radicación  N°  33257,  entre  otros.   

15  Artículo 12: “La actuación procesal será oral…”.   

16  Artículo  13:  “Los  asuntos  que  se  debatan  en audiencia serán resueltos  dentro  de  la  misma” y “Las audiencias preliminares se realizarán ante el  Magistrado    de    Control    de    Garantías    que   designe   el   Tribunal  respectivo”.   

17  Artículo  15:  “Dentro  del  procedimiento  que establece la presente ley los  servidores   públicos   dispondrán   lo  necesario  para  que  se  asegure  el  esclarecimiento  de  la  verdad  sobre  los hechos objeto de investigación y se  garantice la defensa de los procesados”.   

18  artículo  4º:  “El  proceso  de reconciliación nacional al que dé lugar la  presente  ley,  deberá promover, en todo caso, el derecho de las víctimas a la  verdad,  la justicia y la reparación y respectar el derecho al debido proceso y  las garantías judiciales de los procesados”.   

19  Artículo  6º:  “De acuerdo con las disposiciones legales vigentes, el Estado  tiene  el  deber  de  realizar  una  investigación  efectiva  que conduzca a la  identificación,  captura  y  sanción  de las personas responsables por delitos  cometidos  por  los  miembros  de grupos armados al margen de la ley; asegurar a  las  víctimas  de  esas  conductas el acceso a recursos eficaces que reparen el  daño  infligido,  y  tomar todas las medidas destinadas a evitar la repetición  de tales violaciones.   

Las   autoridades  públicas  que  intervengan  en  los  procesos  que  se  tramiten  con fundamento en la presente ley deberán atender,  primordialmente, el deber de que trata este artículo”.   

20    Corte    Suprema    de         Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, auto de segunda instancia del 24 de  junio de 2010, radicación N° 34170.   

21  Parágrafo  único  del artículo 29 de la Ley 975 de  2005,  en concordancia con  el     artículo     8-4     del     Decreto 4760 de 2005.   

22    Artículo    10.    Requisitos   de   elegibilidad   para   la  desmovilización  colectiva.  Podrán  acceder a los beneficios que establece la  presente  ley los miembros de un grupo armado organizado al margen de la ley que  hayan  sido  o  puedan  ser  imputados,  acusados  o  condenados  como autores o  partícipes  de  hechos  delictivos  cometidos  durante  y  con  ocasión  de la  pertenencia  a esos grupos, cuando no puedan ser beneficiarios de algunos de los  mecanismos  establecidos  en la Ley 782 de 2002, siempre que se encuentren en el  listado   que  el  Gobierno  Nacional  remita  a  la  Fiscalía  General  de  la  Nación…”.   

Artículo  11.  Requisito de elegibilidad  para  la  desmovilización  individual.  Los  miembros  de los grupos armados al  margen  de  la ley que se hayan desmovilizado individualmente y contribuyan a la  consecución  de la paz nacional, podrán acceder a los beneficios que establece  la presente ley…”.   

23  Corte          Suprema          de         Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  auto de segunda instancia del 9 de  diciembre de 2010, radicación N° 34606.     

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