35272(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35272  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                            Aprobado acta N° 078.   

Bogotá, D. C., nueve (9) de marzo de dos mil  once (2011).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas y de  adecuada  fundamentación  de la demanda de casación presentada por el defensor  de  JOSÉ  ANTONIO  FIGUEROA  RODRÍGUEZ  contra  la  sentencia  del  30 de abril de 2010, mediante la cual el  Tribunal  Superior de Bogotá confirmó el fallo proferido el 27 de mayo de 2009  por  el  Juzgado Treinta y uno Penal del Circuito de la misma sede, que condenó  al  procesado a la pena principal de 72 meses de prisión e inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término, como  autor  responsable  del  delito de acto sexual con menor de 14 años, agravado y  en concurso homogéneo.   

HECHOS  

          Los  sentenciadores  de  instancia  declararon  probada la siguiente  situación fáctica:   

          “Acontecieron  desde el año 2000 hasta  el     año     2002,    cuando    N.    C.    R.1,  nacida  el  21 de octubre de  1989,  fue  objeto  de  tocamientos y manipulaciones libidinosas por parte de su  padrastro  JOSÉ  ANTONIO FIGUEROA RODRÍGUEZ, quien le ofrecía dinero para que  le  permitiera  tales  comportamientos  aprovechando  que  la madre salía de la  casa”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. El trámite de la investigación estuvo a  cargo  de  la Fiscalía Seccional de Bogotá, despacho judicial que inicialmente  adelantó  diligencias  preliminares y, luego, el 24 de marzo de 2006 dispuso la  apertura  de  instrucción  penal,  ordenando la vinculación a la actuación de  JOSÉ    ANTONIO   FIGUEROA   RODRÍGUEZ.   

2.   Como   no  fue  posible  escuchar  en  indagatoria  al implicado, mediante decisión del 4 de octubre del mismo 2006 la  Fiscalía  lo  declaró  persona  ausente  y  le  designó  defensor  de oficio.   

3.  A  través  de  sustanciatorio del 23 de  octubre   siguiente,   el   fiscal   instructor   decretó   el   cierre  de  la  investigación,  calificando  el  mérito  del  sumario el 17  de noviembre  posterior  con  resolución  de acusación contra JOSÉ  ANTONIO  FIGUEROA  RODRÍGUEZ,  por el delito de actos  sexuales    con    menor    de    14    años,    agravado    y    en   concurso  homogéneo.    

3.  Correspondió  adelantar  la  etapa  del  juicio  al  Juez  Treinta  y  uno  Penal  del  Circuito de la mencionada ciudad,  funcionario  que  surtió  las  fases  subsiguientes  de la actuación, poniendo  término  a la instancia mediante la sentencia del 27 de mayo de 2009, decisión  confirmada  por  el  Tribunal  Superior  el  30  de  abril de 2010 al desatar la  apelación interpuesta por la defensa.   

4. Contra el fallo de segundo grado el mismo  sujeto  procesal  promovió  el  recurso  extraordinario  de  casación, el cual  sustentó oportunamente.   

LA DEMANDA  

          Al  amparo  de la causal tercera de casación de la Ley 600 de 2000,  el  impugnante  formula  un  único  cargo  contra  la  sentencia  del Tribunal,  aduciendo la presencia de nulidad procesal, por falta de defensa.   

          Sustenta  el  reproche señalando que el proceso se adelantó sin la  participación  del  acusado,  pues  se  le  citó para rendir indagatoria a una  dirección  equivocada  y  ante su no comparecencia se libró en su contra orden  de  captura,  sin  que  en  la misma se hubiera tampoco consignado la dirección  correcta.   

          Es     así    como,    añade,    la    denunciante    María  Bernarda Ruiz Guerrero fue clara en  manifestar  que  el domicilio del aludido correspondía a la calle 61B No. 104 A  24  sur,  lugar  donde  también  ella  residía.  No  obstante,  continúa, las  comunicaciones  siempre  se le enviaron a la carrera 104B No. 62 – 18 sur, salvo  cuando  fue  ya  condenado, pues entonces la citación se envió a la primera de  esas  direcciones,  momento en que se enteró de la existencia del proceso,  procediendo    a    designar    defensor   de   confianza,   quien   apeló   la  sentencia.   

          Para   apoyar   la   postulación   el  libelista  evoca  precedente  jurisprudencial  de  la  Sala,  en  el cual se habla de la obligación de agotar  todos  los  esfuerzos necesarios para localizar al sindicado antes de proceder a  su  vinculación  como  persona  ausente, so pena de incurrirse en violación al  derecho de defensa.   

          El  actor sostiene que en este caso no sólo se conculcó la defensa  material  sino la técnica, pues el defensor de oficio designado al procesado no  realizó  ninguna intervención oral ni escrita, como tampoco se presentó a las  audiencias  que  lo  requerían,  al  punto  de  ser  relevado  en el acto de la  diligencia  de  audiencia  pública  por otro defensor de oficio, quien de todas  maneras   no   realizó  un  estudio  pormenorizado  y  detallado  del  proceso,  absteniéndose  de  analizar  todos  y  cada  uno  de  los  pormenores fácticos  procesales propios de una adecuada defensa.   

            De  esa  manera  y  tras  señalar  que  de haberse ejercitado una  verdadera  defensa  el resultado hubiera sido otro, solicitó casar la sentencia  impugnada  para  declarar  la  nulidad  a  partir  del auto que declaró persona  ausente al acusado.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

          La  demanda  instaurada  por  el defensor del procesado JOSÉ  ANTONIO  FIGUEROA  RODRÍGUEZ  será  inadmitida, por las siguientes razones:   

          Según  se desprende de la versión de la menor ofendida2,  los  hechos  objeto  del  presente  proceso  tuvieron  su iniciación en marzo de 2000.    

          En  esa  época  estaba  ya  rigiendo la Ley 553 de 20003,    cuyo  artículo  1º  estableció  que  la  casación  ordinaria  o  común  procedía  respecto  de  sentencias  proferidas en segunda instancia por los Tribunales, en  procesos  seguidos  por  delitos  cuya  pena  máxima  fuese superior a ocho (8)  años.   

          El  artículo 205 de la Ley 600 de 2000 reprodujo, en su esencia, la  norma  procesal  antes  citada,  de  manera  que en este momento, igualmente, la  casación  ordinaria  o  común procede bajo las mismas condiciones previstas en  la  Ley 553 de 2000, legislación sucedida por la Ley 600, en esa  materia.   

          Tanto  el  Código  Penal  de 1980 como el de 2000, en su redacción  inicial,  contemplan  para  el  delito  de  actos sexuales con menor de 14 años  agravado  la pena máxima de 7 años y 6 menos. A este respecto, se tiene que el  artículo  305 de la primera de esas codificaciones, modificado por el artículo  7º  de  la Ley 360 de 1997, lo sancionaba con prisión de 2 a 5 años, guarismo  que  se  aumentaba  de  la tercera parte a la mitad si concurriere alguna de las  circunstancias  específicas  de  agravación.  A  su  turno,  el  artículo 209  original  del  estatuto punitivo de 2000 lo reprime con prisión de 3 a 5 años,  previendo  su incremento de una tercera parte a la mitad en el mismo caso que lo  contemplaba la legislación precedente.   

          Significa  lo anterior que, ni aún acudiendo a la normativa vigente  para  cuando  se inició la comisión de los hechos, procede en el presente caso  la casación ordinaria o común.   

          En   esas   condiciones,   correspondía   al  actor  interponer  la  denominada   casación   excepcional   o  discrecional,  mecanismo  impugnaticio  regulado  en  el  inciso  final  del  artículo  205 precitado, debiendo para el  efecto  expresar  el  propósito del recurso, es decir, si se trata de buscar el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o de preservar las garantías fundamentales,  cuya  carga  argumental  de todas formas es necesario cumplir, conforme lo tiene  precisado   la   jurisprudencia   de   esta   Sala4.   

El libelista olvidó la exigencia procesal en  mención,   limitándose   a   invocar   el   recurso   por  la  vía  común  u  ordinaria,   creyendo  tener  pleno  acceso  a  esa  modalidad  del recurso  extraordinario  de  casación,  sin  advertir  que lo procedente era acudir a la  vía excepcional.   

Pero, desde luego, no puede pasarse por alto  la  postura  de la Sala, conforme a la cual podría admitirse la impugnación si  el  demandante,  a pesar de no señalarlo expresamente, ofrece razones a través  de  las  cuales  se  pueda  inferir  claramente que su intención es fundamentar  alguno  de  los  dos  motivos que habilitan la casación excepcional5.   En   ese  sentido,  se  observa que en cuanto  en el único cargo formulado el censor  aduce  la  vulneración del derecho de defensa, resulta factible interpretar que  su   pretensión   es   propender   por   la   protección   de  las  garantías  fundamentales.   

          Siendo  así la situación, será necesario examinar si, conforme lo  establece  el  inciso  final  del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000, el actor  cumple  las  demás  exigencias  legales indispensables para admitir la demanda,  entre  las  cuales  está  la  de  enunciar  la  causal y formular el cargo, con  expresión  clara  y  precisa  de sus fundamentos y de las normas que se estiman  infringidas,  según lo determina el numeral 3º del artículo 212 ibídem, para  cuya  satisfacción se requiere, además, seguir las pautas de sustentación que  la  Corte  ha  fijado  cuando  se  trata  de  elaborar una demanda de casación.   

          Al  respecto,  se  tiene  que, aun cuando en el tema de nulidades, a  cuya  consecuencia apunta el reproche analizado, la Sala ha sido flexible frente  a  la  valoración de su fundamentación, de todas maneras exige el cumplimiento  de  unos  presupuestos  mínimos,  que  tienen  como  propósito  posibilitar la  comprensión  del  reparo,  en aras de evitarle a la Corte entrar a desentrañar  confusas  postulaciones,  atentatorias del principio de limitación que gobierna  el recurso de casación.   

          Así,  se  ha  dicho  que  las censuras sustentadas en el mencionado  motivo  de  casación  deben  contener,  como  mínimo, la identificación de la  irregularidad,  la  expresión  clara de sus fundamentos, el señalamiento de si  se  trata  de  un  vicio de estructura o garantía, la indicación de la norma o  normas  violadas,  la  mención  del  momento  procesal en donde se presentó la  anomalía  y de las actuaciones afectadas con la misma, así como la motivación  de su trascendencia.   

    

Desde  luego,  también  lo  tiene  dicho la  Corporación,  para  estructurar  en  forma  adecuada un cargo en casación debe  empezarse  por  respetar el principio de lealtad procesal, sujetándose el actor  a  la  realidad  evidenciada  en  el  plenario. Si así se hace la Corte tendrá  serios  elementos  para  abordar  su  estudio.  Esto  no acontece en el presente  evento  porque  si  bien  el  instructor  remitió  algunas  comunicaciones a la  carrera  104  B  No. 62- 18 sur, lo cierto es que la apertura de la instrucción  criminal  se  la informó al imputado a través de telegrama dirigido a la calle  61  B  No.  104  A 24 sur, lugar indicado por la denunciante, conforme consta al  folio 6 del cuaderno de primera instancia.   

Sobre   la  forma  de  vinculación  a  la  actuación    mediante    persona    ausente,    la   Corte   tiene   dicho   lo  siguiente:   

          “…   adelantar  el  proceso  con  la  vinculación   del   sindicado   en   calidad  de  persona  ausente,  resta  sus  posibilidades  de  defensa  en cuanto se ignoran las explicaciones que acerca de  la  conducta  que se le imputa pueda suministrar, dificultándose de esta manera  la   labor   defensiva  de  sus  representantes  judiciales.  Sin  embargo,  tal  posibilidad   se  halla  prevista  en  la  legislación  colombiana,  y  resulta  constitucional  cuando  esa  medida  extrema  obedece  a la postura renuente del  implicado  y  es  éste quien determina que así evolucione la instrucción o el  juzgamiento.  De  lo contrario, el Estado perdería la oportunidad de ejercer la  acción  penal  en  eventos  en  los  cuales el procesado, a sabiendas de que es  requerido,  no  comparezca  voluntariamente  o  se  oculte,  como ocurrió en el  presente              caso”.   

          En  el  evento  objeto  de  examen,  surge  claro  que  JOSÉ  ANTONIO  FIGUEROA  RODRÍGUEZ sabía  de  la  existencia  de un asunto criminal en su contra iniciado por el delito de  actos  sexuales  con  menor de 14 años, pues así se lo hizo saber la Fiscalía  mediante  comunicación  dirigida  a  su  dirección. A pesar de conocer que era  requerido   por   la  justicia,  se  abstuvo  voluntariamente  de  comparecer  y  prefirió, antes bien, permanecer oculto.   

          Surge  de  lo  anterior  la  carencia de fundamento del cargo y, por  consiguiente,  su  falta  de  vocación  de  prosperidad.  En  esas condiciones,  atendiendo  la función a cargo también de la Corte de verificar la corrección  material  de  la  demanda,  se  deberá  inadmitir  la  censura  por  el aspecto  analizado.   

          Ahora  bien,  se  observa  que  la  violación al derecho de defensa  aducida  también  en  el  libelo se estructura sobre la base de la pasividad de  los  letrados  designados  al  procesado  para asistirlo oficiosamente. Sobre el  particular,  el  demandante  se  abstuvo de explicar por qué la inactividad del  defensor  en  la  etapa  instructiva  no  pudo  obedecer a la actitud que suelen  adoptar  algunos  profesionales  del  derecho, denominada por la Sala estrategia  defensiva6  y  cuyo  propósito  es obtener posteriores dividendos procesales,  tal  como se evidencia en este caso con el recurso de apelación interpuesto por  el  defensor de confianza contra la sentencia condenatoria, en cuanto uno de los  argumentos  expuestos en orden a propender por su revocatoria fue, precisamente,  la existencia de dudas probatorias.   

          Por  lo demás, tampoco resulta cierta la afirmación según la cual  el  defensor  de oficio que intervino en la audiencia pública realizó un pobre  análisis  jurídico  probatorio,  pues  dentro  de  las limitadas posibilidades  defensivas  que  le  ofrecía  la  falta  de  las  explicaciones  del procesado,  explotó  también  las  dudas  probatorias surgidas de la existencia de algunas  incoherencias  presentadas en los testimonios de cargo. Desde luego, el hecho de  no  ser  de  recibo  para  el  juzgador,  no  convierte  su intervención en una  inadecuada  defensa, pues está claro que la idoneidad de la misma se evalúa no  por los resultados obtenidos sino por su contenido.    

          En  consecuencia, por los defectos de fundamentación que exhibe, la  Sala inadmitirá la demanda objeto de examen.   

         Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor  de JOSÉ  ANTONIO FIGUEROA RODRÍGUEZ.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                   ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                         

MARÍA       DEL      ROSARIO      GONZÁLEZ      DE  LEMOS           AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN                     

JORGE              LUIS              QUINTERO  MILANÉS              JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                     Secretaria     

1   Como   esta  providencia  puede  ser  publicada,  se  omite  el  nombre  de  la  menor afectada, de conformidad con lo  establecido  en  el  numeral  8º  del  artículo  47  de la Ley 1098 de 2006 ó  Código de la Infancia y Adolescencia.   

2 Fl.  17 cuaderno de primera instancia.   

3  Su  vigencia operó a partir del 13 de enero de 2000.   

4 Cfr.  Auto del 18 de abril de 2007, radicación 26916, entre otros.   

5 Cfr.  Auto del 18 de noviembre de 2004. Rad. 22082.   

6 Cfr.  Sentencia del 26 de septiembre de 2002, radicación 12647.     

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