34795(09-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.º 34795  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                Magistrado Ponente:   

                                                   ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

                                     Aprobado Acta No. 414   

Bogotá,  D.C., nueve (9) de diciembre de dos  mil diez (2010)   

VISTOS:  

Examina  la  Corte  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  formulada por el defensor de Luis Rómel Arias contra la  sentencia  de  abril  22  del  año  en  curso, por medio de la cual el Tribunal  Superior  de  Antioquia,  confirmando  la proferida por el Juzgado 2º Penal del  Circuito  Especializado  de  dicho distrito en noviembre 18 de 2008, condenó al  acusado  en  mención  a  la  pena  principal de 8 años y 6 meses de prisión y  multa  por  valor  de  $5.202.120,oo  como  autor  de  los  delitos de tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes y destinación ilícita de muebles o  inmuebles.   

ANTECEDENTES:  

Según  reseñó  el  ad  quem  “con  el  informe  de  que en una finca conocida como ‘Sucesión  de Durando Vidal ubicada en  la  Vereda  Boquerón  del  Toyo  del  Municipio  de  Giraldo (Ant.), funcionaba  quizás  una  fábrica  clandestina  de  licor,  el Teniente Janio Lora Velilla,  Comandante  del  Distrito  9  de Policía de Cañasgordas, acompañado de varios  agentes,  a  las  4:00 de la tarde del 17 de septiembre de 1999 se hizo presente  en  ese  lugar.  Pero no hallaron ese objetivo concreto, sino dos armas de fuego  (Carabina  y  escopeta)  en  la  habitación  de  una  pequeña  casa, de la que  partieron  a  poco  hacia  una rústica edificación cercana, motivados por unos  olores   penetrantes   y   extraños   que   sintieron,  para  descubrir  allí,  inesperadamente,  un  pequeño  laboratorio  para  procesar estupefacientes y la  presencia  de  varios  individuos,  algunos  en  su  interior y otros en lugares  adyacentes.  Y  ya  durante el inventario, a cargo del Jefe de Distrito de Santa  Fe  de  Antioquia,  Teniente Jaime Andrés Sierra, quien por órdenes superiores  se  trasladó  allí  para  reforzar el operativo, se verificó la existencia de  una  considerable  cantidad  de  objetos  y  materiales  propios  para  elaborar  estupefacientes:  canecas  de  metal  y  plástico, grameras, bolsas plásticas,  hornos  microondas, líquidos penetrantes como carbón activado, soda cáustica,  hidróxido  de  sodio,  lactosa, acetato de etilo. Y adicionalmente encontraron,  convenientemente   repartidos  en  paquetes,  10646  gramos  de  clorhidrato  de  cocaína.   

“Entre las personas capturadas figuran Oscar  Enrique  Uribe Arteaga y Daniel Senet Castaño Guisao, quienes por su comprobada  minoría   de   edad  fueron  entregados  a  un  familiar;  John  Sergio  Bedoya  Rodríguez,  Henry  Mauricio Úsuga Posada, Lauriel de Jesús García Ramírez y  Rohelly  Fernando  López  Úsuga,  a  favor  de  los  cuales  se  precluyó  la  investigación  al  momento  de  calificarse el mérito del sumario; Elkin Iván  Úsuga  Carmona,  John  Jairo Durando Molina, José Novaro Úsuga Campo y Jesús  Eucaris  Úsuga  Carmona, condenados el 25 de julio de 2000 tras su allanamiento  a la figura de sentencia anticipada”.   

De   la  instrucción  adelantada  por  los  anteriores  hechos  se  dispuso  en  mayo  24  de  2001  compulsar  copias  para  investigar  separadamente  a  Luis  Romel  Arias  en  contra  de quien se tenía  información  era el dueño y promotor del laboratorio para el procesamiento del  alcaloide,  disponiéndose  en  tal  virtud  la  apertura  de una investigación  preliminar  en  abril 14 de 2005 y a partir de octubre 27 de 2006 sumario dentro  del  cual fue ordenada la captura del sindicado, lográndose la misma en octubre  26   de  2007,  para  luego  escuchársele  en  indagatoria  y  más  tarde,  en  resolución  de noviembre 6 de 2007, afectársele con medida de aseguramiento de  detención  preventiva  por  los  delitos  de  tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes   agravado   y   destinación   ilícita  de  bienes  muebles  o  inmuebles.   

Finalmente la investigación fue calificada en  abril  4  de  2008  acusándose  al  sindicado  por  los  referidos delitos para  surtirse  seguidamente  la  etapa  del  juicio dentro de la cual se dictaron las  sentencias  de  fecha  y sentido ya reseñados, interponiendo el defensor contra  la de segunda instancia el recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA:  

Al  amparo  de la causal primera de casación  acusa  el  demandante  el  fallo impugnado de haber infringido indirectamente la  ley  sustancial  por  errores de hecho en la valoración probatoria toda vez que  en  lugar de desechar el informe policial por ausencia de requisitos de validez,  se le otorgó un valor tarifario y contrario al exigido por la ley.   

Específicamente -dice- se violó el artículo  314  del  Código  de Procedimiento Penal en tanto con sustento en él se avaló  la  actuación  desplegada  por  la  Policía Judicial y más en concreto la del  Cabo  Primero  Asdrúbal  Perdomo  Reinoso  pues  “no  puede  sostenerse  válidamente … que con el decreto de pruebas por quien hace  las  veces de Policía Judicial, en ocasión de un procedimiento de horas antes,  donde  fueron  capturadas  unas  personas, no se deben nulitar esas actuaciones,  desarrolladas   en  esa  oportunidad”,  olvidándose  -añade-  que  de  conformidad  con  la  citada  norma procesal las exposiciones  rendidas  ante  funcionarios de policía judicial en cumplimiento de sus labores  previas  de  verificación de los hechos, no tendrán valor de testimonio, ni de  indicio   y   sólo   podrán   servir   como   criterios   orientadores  de  la  investigación,  luego  el  citado  funcionario  policivo carecía de facultades  para someter a interrogatorio a María Marleny Arteaga de Uribe.   

En  esas condiciones -sostiene el demandante-  se  incurrió  en  irregularidad sustancial de tal entidad que socavó las bases  fundamentales  de  la  investigación y el juzgamiento, con  violación del  derecho  de  defensa  y  de  otras  garantías,  pues  al informe policial se le  impartió  o  reconoció  la  calidad de medio probatorio hasta hacerlo ver como  una  prueba  legal  y  regularmente  producida cuando es innegable que no podía  aceptarse  como  tal  por estar viciada y por ende era imperativo desecharla por  inexistente.   

Además  dicho  informe  descansó  en  unos  supuestos  apoyos de no muy buena factura, como que varios de los testimoniantes  fueron  llevados  al  día  siguiente  para  posar  con  objetos que los pudiera  comprometer  penalmente  y  a  otros ubicarse dentro del laboratorio no obstante  que  laboraban  en  sitio  diferente, pretendiendo exhibir la realización de un  operativo  regular  y  legal,  pero  que  ni  siquiera  la  personera del vecino  municipio de Cañasgordas cohonestó.   

Por  todo  ello  los  agentes de Policía que  intervinieron  en  el  operativo  mienten,  como  de  paso  lo  hicieron  con la  participación  del  supuesto  propietario del inmueble o por haber presionado a  la  madre  de  los  dos  menores  a  decir  quién era el dueño del laboratorio  violando  todas  las garantías constitucionales, lo que por sí mismo hace nula  toda esa actuación.   

Al  haberse  otorgado  valor  probatorio a un  medio   de   convicción  incorporado  con  transgresión  de  las  formalidades  prescritas  para  su  adopción,  incurriéndose  así  en  yerro derivado de un  informe    policivo    viciado   de   “insuficiente  validez”,  se  construyó  una argumentación con un  sentido  de  fallo  adverso  y  totalmente  diferente  a  aquél  que sí podía  consultar  con  la realidad procesal, “esto es que si  tal  prueba  se  hubiese  apreciado  conforme  a  las  reglas  de  ley de manera  correcta,  no  habría  sido posible con otros medios probatorios estructurar la  certeza  con  entidad  necesaria  y  suficiente  …  más  allá  de  toda duda  razonable     a    una    decisión    contraria    a    los    intereses    del  procesado”.   

Solicita por eso se case el fallo recurrido y  en su lugar se absuelva al procesado.   

CONSIDERACIONES:  

La  demanda de casación como medio a través  del  cual  se  exponen  los  argumentos  con los cuales -según la causal que se  invoque-  se  pretende  obtener el restablecimiento de la legalidad que se acusa  quebrada  con  el  fallo  responde  a  un  juicio  lógico  jurídico  sujeto al  cumplimiento  de  una serie de requisitos formales, dentro de los que se destaca  el  deber de formularse y desarrollarse con precisión y claridad los cargos que  sustentan  la  pretensión  final  de  que  la  sentencia  sea  casada,  lo  que  obviamente  supone  el  respeto  por  los presupuestos teóricos y técnicos que  diferencian una causal de otra.   

La  ausencia  de  unas tales exigencias, así  como  la  simultánea  inclusión por una misma senda de violación de elementos  propios  de  una  u  otra  modalidad  de  error,  no  puede  sino  conducir a la  inadmisión  de  los cargos así propuestos, pues en tales casos la imprecisión  y  ambigüedad  de  las  pretensiones impide a la Corte desentrañar su sentido,  sin  que  le  sea  posible,  por  el  carácter  rogado  del  recurso  y  por la  limitación   a  la  oficiosidad,  corregir  los  planteamientos  o  develar  su  verdadero propósito.   

Así, no obstante que el casacionista formula  un  reparo  con  fundamento  en la causal primera por violación indirecta de la  ley  sustancial por errores de hecho, a más de que no identifica el precepto de  ese  orden  vulnerado  señalando a cambio uno de naturaleza procesal que dentro  de  la  proposición jurídica completa constituiría la norma medio infringida,  no  desarrolla  ciertamente  clase alguna de dichas falencias y en su lugar, sin  que  expresamente  lo  determine,  pareciera  referirse  a errores de derecho en  tanto  su  imprecisa  y  confusa  argumentación  hace relación a requisitos de  validez  de  la  prueba  y  su tarifación legal, lo cual lo ubicaría en falsos  juicios  de  legalidad y falsos juicios de convicción respectivamente, pero los  que      evidentemente     no     exhiben     ningún     desarrollo     lógico  argumentativo.   

Sin  que se determinen entonces tales errores  de  derecho, mayor es la imprecisión y ausencia de claridad cuando en verdad no  logra  extractarse  cuál  es  la  prueba  o actuación que denuncia ilegalmente  valorada:  acaso  toda  la  actuación inicial de las autoridades de policía, o  solamente  la  del Cabo Asdrúbal Perdomo, o será la declaración de la señora  María  Marleny  Arteaga  de  Uribe?  A  todas ellas, sin distinción de ninguna  clase  se  refiere  el  censor  a lo largo de su discurso, sin precisar cuál de  ellas  adolece  del  yerro que se pretende denunciar, ni cuál clase de falencia  las afecta.   

En  evidencia aún más de la carencia de los  requisitos  técnicos  que  debe  reunir  la  censura  y más allá de su simple  afirmación  de  que  el  fallo  no  se  sostiene  con  ninguna  otra prueba, el  demandante  obvia  dicho  análisis  y  por lo mismo omite realmente precisar la  trascendencia  del  reparo,  mucho  más  cuando  desde  la sentencia de primera  instancia  se  afirmó  el  contenido  incriminador de los testimonios de María  Marleny  Arteaga,  Hugo Alberto González, Carlos Andrés Martínez y Jairo Lora  Velilla.   

Por tanto, como en las anteriores condiciones  el  cargo  formulado  no  se  sujeta  a  las  condiciones técnicas que lo hagan  abordable  en  esta sede, la demanda que lo contiene será inadmitida, más aún  cuando   no   se   aprecia  la  existencia  de  algún  motivo  que  faculte  la  intervención  oficiosa de la Sala en términos del artículo 216 del Código de  Procedimiento Penal.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda de casación formulada en  nombre de Luis Rómel Arias.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase el expediente al Tribunal de origen.   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                   AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS              JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA               

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

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