34683(01-09-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.º 34683  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado     Acta     No.    277                                                                                                Magistrado  Ponente:   

                                     Dr.      JOSE      LEONIDAS     BUSTOS  MARTINEZ   

Bogotá  D.  C., primero de septiembre de dos  mil diez.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Rodrigo  Fajardo Baños contra la sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Tunja el 24 de marzo de 2010, mediante la  cual  confirmó  la proferida por el Juzgado Penal del Circuito de Ramiriquí el  3  de  junio  de  2005, que condenó al procesado por el delito de concusión en  concurso homogéneo.   

Hechos  

En los meses de noviembre y diciembre de 1995,  SAUL  BARAJAS  MORALES  y URIEL ALFONSO ORTIZ JIMENEZ acudieron a la sucursal de  la  Caja  de  Crédito Agrario Industrial y Minero del Municipio de Nuevo Colón  (Boyacá),  de  la  cual era director el señor Rodrigo  Fajardo  Baños, con el fin solicitar créditos por las  sumas  de  un  millón  y  tres  millones  de pesos respectivamente. El director  prometió  colaborarles  a  cambio de que el primero presentara la solicitud por  dos  millones  y  el  segundo  por cinco millones, y le prestaran las cantidades  adicionales,  las  cuales  respaldaría  con  letras  de cambio. Las operaciones  crediticias  se  llevaron  a  cabo  en  los  términos  acordados  y el director  entregó  las  letras  prometidas  después de recibir el dinero, pero nunca las  canceló.   Este   proceso   comprendió  otros  comportamientos  similares,  en  relación  con  los  cuales  se  declaró  la   prescripción de la acción  penal.        

Actuación procesal relevante  

1. La fiscalía inició investigación formal  por  estos  hechos,  vinculó  al  proceso  mediante  indagatoria a Rodrigo    Fajardo    Baños,  y el 13 de noviembre de 2002 calificó el  mérito  del sumario con resolución de acusación en su contra por el delito de  concusión  en concurso homogéneo sucesivo. Esta decisión causó ejecutoria en  segunda   instancia   el   31  de  marzo  de  2004.1   

2. El 3 de junio de 2005, el Juzgado Penal del  Circuito  de  Ramiriquí  condenó  a  Rodrigo Fajardo  Baños  a  la pena principal de 60 meses de prisión y  multa  equivalente  a  diez (10) salarios mínimos legales mensuales vigentes, y  la  inhabilitación  en el ejercicio de derechos y funciones públicas por cinco  (5)   años,   como   autor   responsable   de   los  delitos  imputados  en  la  acusación.   

3. La defensa apeló este fallo para pedir la  absolución  del  procesado  por  atipicidad de la conducta y por haber sido los  hechos  ya  juzgados, pero el Tribunal Superior de Tunja, mediante el suyo de 24  de  marzo  de  2010,    que  el mismo sujeto procesal recurre ahora en  casación,   lo  confirmó  en  todas  sus  partes.2   

La demanda  

Con  fundamento  en  la causal prevista en el  numeral  tercero  del  artículo  207  de  la  Ley  600 de 2000, el casacionista  sostiene  que la sentencia se dictó en un juicio viciado de nulidad, por cuanto  a    la    fecha   de   su   proferimiento   la   acción   penal   se   hallaba  prescrita.   

Explica que el término de prescripción en el  caso  analizado  es  de cinco (5) años, porque Rodrigo  Fajardo  Baños  estuvo vinculado a la Caja de Crédito  Agrario  Industrial y Minero mediante contrato de trabajo escrito, regido por el  Código  Sustantivo  del  Trabajo,  y  por tanto, que “no se puede predicar la  existencia de agravante alguno”.   

Este período prescriptivo se inició el 14 de  marzo  de  2004  y  culminó  el  14 de marzo de 2010 (sic), fecha en la cual el  Estado  perdió  la capacidad para ejercer el poder punitivo, de acuerdo con las  previsiones  de  los artículos 83 y 86 de la Ley 599 de 2000 y 39 de la Ley 600  de 2000.   

Pide en consecuencia declarar la nulidad de lo  actuado  a partir del 13 de marzo de 2010 y en su lugar decretar la cesación de  todo  procedimiento  por  prescripción  de  la acción penal. También solicita  decretar  la prescripción de la acción civil, en aplicación de lo previsto en  el artículo 98 de la Ley 599 de 2000.   

SE        CONSIDERA:   

La  Corte  ha  venido  sosteniendo  en  forma  reiterada  que  la  admisión  a trámite de la demanda de casación requiere el  cumplimiento  no  sólo  de  los  requisitos formales de claridad, concreción y  debida  fundamentación  impuestos  por  la  lógica  del  error planteado, sino  también,   la   satisfacción   de  unos  presupuestos  mínimos  de  idoneidad  sustancial,  que  insinúen  necesaria  su intervención para la realización de  uno cualquiera de los fines del recurso.   

En el caso analizado el demandante plantea una  nulidad  por  prescripción  de  la  acción  penal,  con el argumento de que el  término  prescriptivo  para el delito por el que se procede en el presente caso  es  de cinco (5) años, y que no es dable predicar la “existencia de agravante  alguno”,   porque   el   procesado  Rodrigo  Fajardo  Baños  estuvo  vinculado  por  contrato  a la Caja de  Crédito Agrario Industrial y Minero.   

La precariedad argumentativa de la censura es  evidente.  El  casacionista  plantea que la sentencia de segundo grado se dictó  cuando  ya  habían  transcurrido  cinco  (5) años, pero no explica por qué la  acción   penal    prescribe  en  dicho  término,  ni  qué  implicaciones  jurídicas  tiene  en  la  consolidación  del  fenómeno  prescriptivo  que  el  procesado  haya  sido  laboralmente  vinculado  a  la  entidad  a  través de un  contrato de trabajo.         

La  Corte ha sido reiterativa en señalar que  el  fallo  de segunda instancia se encuentra amparado de la doble presunción de  acierto  y legalidad, y por tanto, que cualquier reparo orientado a controvertir  en  sede  de  casación sus conclusiones probatorias o sus contenidos jurídicos  debe  demostrarse,  siguiendo  para  el  efecto  los lineamientos que imponen la  lógica de la causal alegada.   

Si  lo  pretendido  por  el  libelista  era  plantear,  como parece desprenderse del precario contenido de la censura, que el  procesado  no tenía la condición de servidor público, y que por tal motivo no  le  era  aplicable el incremento de la tercera parte en el término prescriptivo  previsto  en el inciso quinto del artículo 83 del Código Penal, debió empezar  por demostrar dicho aserto.   

Esto  exigía,  necesariamente, acreditar que  los  juzgadores  se  equivocaron en la calificación jurídica de la conducta, y  que  frente a la adecuación típica que correspondía jurídicamente asumir, la  acción  penal  estaría  prescrita,  labor  que  aparece distante de haber sido  siquiera sopesada por el casacionista al desarrollar el cargo.   

De  cualquier  forma,  el  reproche,  en  los  términos  en  que  ha  sido  expuesto,  carece de fundamento, porque la Sala ha  venido  reconociendo que los empleados de la Caja de Crédito Agrario Industrial  y  Minero  ostentan para efectos penales la condición de servidores públicos y  pueden  por  ello  ser  sujetos  activos  de  los  llamados  delitos  propios  o  funcionales,   

“[…]   si  para  efectos  penales,  de  conformidad  a  como lo prescribía el artículo 63 del Decreto 100 de 1980 y lo  dispone   el   20   del   vigente,   son   servidores   públicos   ‘los  empleados  y  trabajadores  del  Estado   y   de   sus   entidades   descentralizadas   territorialmente   y  por  servicios’,   resulta  transparente  que tienen esa calidad quienes laboran al servicio de las empresas  industriales  y  comerciales  del Estado y las sociedades de economía mixta, en  atención    a    su    condición    de    entidades    descentralizadas    por  servicios”.     3    

Esto  significa  que  los  juzgadores  no  se  equivocaron  al reconocerle tal  condición al procesado y que dado el nexo  existente  entre  la  conducta  imputada  y  el desempeño de sus funciones como  director  de  la  sucursal  del  Municipio  de  Nuevo Colón, le es aplicable el  incremento  de  la tercera parte que los artículos 82 del Decreto 100 de 1980 y  83  de  la  Ley  599  de 2000 prevén en estos casos para la prescripción de la  acción penal.   

Los  juzgadores de instancia, al dosificar la  pena,  aplicaron  la  prevista  en  el  artículo  140  del Decreto 100 de 1980,  modificado  por  el  artículo  21 de la Ley 190 de 1995, que oscila entre 4 y 8  años,  por  ser más favorable  que la prevista para el mismo delito en la  Ley   599  de  2000,  tanto  en  su  mínimo  como  en  su  máximo.4   

La  prescripción  de  la acción penal en la  fase  del juicio opera en un tiempo igual a la mitad de la pena máxima prevista  para  el  delito, sin que en ningún caso pueda ser inferior de cinco (5) años,  contados  a partir de la ejecutoria de la resolución de acusación. Esto indica  que  el  término  prescriptivo  para  el  caso  en  estudio sería de cinco (5)  años.   

Incrementado  este monto en una tercera (1/3)  parte  por la condición de servidor público del procesado, se obtiene un total  de  seis (6) años y ocho (8) meses, que es el tiempo que debe tenerse en cuenta  para establecer si la acción penal se halla o no prescrita.   

La resolución de acusación causó ejecutoria  el  31 de marzo de 2004, fecha en la cual la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Tunja  repuso la decisión de 12 de marzo del mismo año, mediante  la  cual  confirmó  con modificaciones la resolución de acusación dictada por  la  Fiscalía  Once  Delegada ante los Juzgados Penales del Circuito de la misma  ciudad el 13 de noviembre de 2002.    

Contados  desde entonces los seis (6) años y  ocho  (8)  meses,  se  concluye  que  este  término  no se ha cumplido todavía  (se   consolidaría   el   30   de   noviembre   de  2010),  y  que  la  pretensión  del demandante carece  totalmente de fundamento.   

Visto,  entonces, que la demanda examinada no  cumple  las  exigencias mínimas de orden formal y sustancial requeridas para su  estudio  de  fondo, la Corte la inadmitirá y ordenará devolver el proceso a la  oficina  de  origen,  no  advirtiendo violaciones a las garantías fundamentales  que  esté en el deber de proteger de manera oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor   del  procesado  Rodrigo Fajardo Baños.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.      

     

NOTIFIQUESE    Y    CUMPLASE.   

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ            SIGIFREDO   ESPINOSA  PEREZ   

                      

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO                     AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMAN                      

         Comisión de  servicio                                           Comisión de  servicio                                            

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANES               YESID RAMIREZ BASTIDAS    

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                    Comisión de servicio   

                              

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA   

    

1  Folios  100,  121-126,  211-219  del  cuaderno  original  1  y 3-11, 15 y 17 del  cuaderno de la Delegada ante el Tribunal.   

2  Folios 3-27 del cuaderno del Tribunal.   

3  C.S.J.  Sala  de  Casación  Penal. Casación 31692. Sentencia de 22 de julio de  2009.   

4  El  artículo  404  original de la Ley 599 de 2000 preveía pena de prisión de seis  (6) a diez (10) años.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *