32320(03-02-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32320  

CORTE     SUPREMA     DE   JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

          Aprobado Acta Nº 031   

Bogotá,  D.C.,  febrero tres (3) de dos mil  diez (2010).   

V I S T O S  

Finalizada  la  audiencia  de  juzgamiento,  procede  la  Sala  a  dictar  sentencia  dentro  del juicio adelantado contra el  ex―Gobernador del Putumayo  Carlos Alberto Palacios Palacio, acusado como probable  responsable  de  un  concurso  heterogéneo de conductas punibles conformado por  interés indebido en la celebración de contratos y concusión.   

LOS HECHOS  

El 28 noviembre de 2005 el Representante a la  Cámara  Luis Edmundo Maya Ponce, mediante escrito dirigido al Fiscal General de  la  Nación  informó  que durante el debate que promovió el 16 del mismo mes y  anualidad  en  la  Comisión  Quinta,  a Carlos Alberto Palacios Palacio por sus  actuaciones  como  Gobernador  del  Departamento  del Putumayo, éste reconoció  como  suya la voz de la conversación sostenida con Jaime Osorio Ríos en el mes  de  octubre  del  citado  año, en una finca ubicada en la vereda Villanueva del  Municipio  de  Mocoa, registrada en un CD-Rom y en una minigrabadora digital que  el denunciante puso a disposición del ente investigador.   

          Durante  la  charla  Carlos  Alberto  Palacios  Palacio  entera a su  interlocutor  de  la  gestión  cumplida por Libardo Hernández Burbano, abogado  externo   y  consultor  de  la  Administración  Central  del  Departamento  del  Putumayo,  ante  el  asesor  jurídico  de  la  Industria Licorera de Caldas, en  relación       con       el      “convenio”  celebrado  entre  dicha  empresa  y  el  citado  Departamento  con  el objeto de  introducir  los  licores por ella producidos en el territorio del citado ente, y  le  pide  que  le suba “un  puntico”   ―participación correspondiente a $1.000  por  cada  caja  de  licor―  con  destino al nombrado letrado, mientras que, añade,  “…yo  sigo  con  los  mismos     cinco…”,  contribución  que  solicita  se  prolongue  hasta  que  él termine el período  constitucional.   

          El  convenio  referido  tiene como antecedente el suscrito entre los  Departamentos  de Caldas y Putumayo el 6 de agosto de 2001 con objeto similar al  antes  descrito,  durante  un término de dos años contado a partir de la fecha  de  la  suscripción y con la posibilidad de prorrogarlo automáticamente por un  período  igual,  salvo  que  las partes contratantes manifiesten su voluntad de  darlo  por  terminado 30 días antes del vencimiento del plazo convenido para su  finalizaciòn,  cláusula  que conllevó a su prórroga sucesiva hasta que en el  año  2005,  durante el gobierno de Carlos Alberto Palacios Palacio se pactó la  “Adición Uno” para ampliar su duración hasta el 13  de     septiembre     de     2005,     y    posteriormente    la    “Adición        Dos” para pactar otra ampliación hasta el  13   de  noviembre  inmediatamente  siguiente,  anunciando  en  ambos  casos  la  necesidad   de   suscribir   un   nuevo   convenio   acorde   con   “la   normatividad   vigente   en  la  materia”.   

          Fue  así  como  el  16  de  noviembre  de  2005 se materializó tal  propósito    al    suscribir   un   “convenio interadministrativo”   los   departamentos  de  Caldas  y  Putumayo,  representados  por  los gobernadores Emilio Echeverri Mejía y Carlos  Alberto  Palacios Palacio, respectivamente, modificando el que acaba de terminar  en  cuanto al objeto, pues del intercambio de licores producidos por cada una de  las  industrias  de  dichos  entes territoriales, se pasó a la introducción de  los  fabricados  por la Industria Licorera de Caldas en el Putumayo; y en cuanto  al  término  de  duración que se fijó en cuatro años contados a partir de la  suscripción.  Se  mantuvo  sí  la  cláusula  consistente  en que la Industria  Licorera  de Caldas adelantara el proceso para seleccionar el contratista que se  encargará  de  vender  sus productos en el Departamento del Putumayo, con quien  celebrará el respectivo negocio.   

          Como  resultado  del  trámite  oficial  inherente  a  esta clase de  actividades,  Jaime  Osorio  Ríos  suscribió  el  contrato  de compraventa Nº  092-2006   con   la   Industria   Licorera   de   Caldas,  el  28  de  julio  de  2006.   

FILIACIÓN DEL PROCESADO  

Carlos Alberto Palacios Palacio se identifica  con  la  cédula  de ciudadanía No. 18’152.398  expedida  en  el  Valle  del Guamuez, La Hormiga, Putumayo,  nació  el 11 de febrero de 1963 en el mismo Departamento en la ciudad de Mocoa,  en  donde  reside  actualmente en la calle 12 #11-107, barrio Villa Colombia, es  hijo   de  Miguel  Antonio  Palacios  Moncayo  (fallecido)  y  Rosalía  Palacio  Ordóñez,  está  casado  con Carolina González Vivas, con quien tiene un hijo  de  aproximadamente  cuatro  años  de  edad y, además, es padre de un menor de  alrededor  nueve  años  cuya  madre  es  Miriam Zamora, es Filósofo de la  Universidad  Santo  Tomás,  Teólogo especializado en Solución de Conflictos y  Magíster  en  Estudios  Políticos  de  la  Universidad  Javeriana de Bogotá y  fungió  como  Gobernador del Departamento del Putumayo desde el 1º de enero de  2004 hasta el 6 de diciembre de 2005.   

RELACIÓN PROCESAL  

          1.        Con  fundamento  en  la  denuncia, en los documentos presentados con  ella  y en las diligencias practicadas por el Cuerpo Técnico de Investigación,  el  Despacho del Fiscal General de la Nación dispuso la apertura de indagación  previa     el     11     de    mayo    de    20061  y abrió formalmente el ciclo  instructivo   mediante   resolución   del  1º  de  marzo  de  20072,   al  cual  ordenó  vincular  mediante  indagatoria  al  ciudadano  Carlos Alberto Palacios  Palacio,  ex―Gobernador del  Putumayo,  diligencia que se cumplió el 15 de enero de  20093,   previa  comparencia  requerida  en  tres  oportunidades  por  la  funcionaria comisionada para su práctica.   

          2.        Durante  la  injurada  al ex―Gobernador   Carlos   Alberto   Palacios  Palacio  se  le imputaron los delitos de interés indebido en la celebración de  contratos,  cohecho  por  dar  u  ofrecer   y  concusión, y como según se  explicó  en  resolución  del  3  de  marzo de 20094  las dos primeras conductas no  obligaban  a  definirle  la  situación  jurídica,  en virtud de la aplicación  favorable  de las normas procesales contenidas en la Ley 906 de 2004, se omitió  tal  decisión,  providencia  en la cual simultáneamente, en razón del injusto  penal  citado en último término, le fue impuesta la medida de aseguramiento de  detención  preventiva  que  le  fue  sustituida por la detención domiciliaria,  decisión  que  fue  confirmada  el  31  de  marzo del mismo año al resolver el  recurso  de  reposición  interpuesto  contra  ella5.   

3.            Clausurada la etapa instructiva, el 13 de  julio  de  20096  el  Despacho  del  Fiscal  General  de  la Nación al calificar el  mérito  probatorio,  acusó  a  Carlos  Alberto  Palacios  Palacio como autor y  probable  responsable  de  un  delito de interés indebido en la celebración de  contratos  (artículo  409  del  Código Penal de 2000) en concurso heterogéneo  sucesivo  con  el  punible de concusión (artículo  404  del Código Penal de 2000) y lo exoneró del cargo de  cohecho  por  dar  u  ofrecer,  providencia  contra  la  cual no fue interpuesto  recurso alguno.   

4.              La   Sala   celebró   la   audiencia  preparatoria   el   21   de   septiembre   de  20097  y la de juzgamiento se llevó  a  cabo  el  7  de  diciembre  de la misma anualidad8.   

AUDIENCIA  PÚBLICA  

Los  sujetos  procesales  que concurrieron a  dicho  acto  procesal  presentaron  las  alegaciones  cuyo  resumen  se  pasa  a  consignar:   

          1.        El Fiscal   

          Pidió  condena para Carlos Alberto Palacios Palacio por el concurso  de  conductas  punibles  integrado  por  interés indebido en la celebración de  contratos  y  concusión, porque no es de recibo la explicación sobre el origen  de  la  grabación  de la conversación por él sostenida con Jaime Osorio Ríos  en   relación   con   el   convenio  interadministrativo  celebrado  entre  los  Departamentos  de  Caldas  y  Putumayo  para  la  distribución  de  los licores  producidos  por  la  industria oficial caldense en el Departamento del Putumayo,  en  el  sentido  de  que  la  había preparado contando con la colaboración del  Coronel  Guatibonza,  en cuanto la considera inconsistente dado que “los         puntos” mencionados durante dicho diálogo no  pueden  corresponder  a  ventas  o  estanquillos como lo pretende hacer creer el  procesado.   

          El    interés    del   ex―Gobernador  acusado en la celebración del  referido   convenio   lo   infiere  del  hecho  de  que  hubiera  convenido  una  “prórroga”  de  cuatro  años, pues antes de que  él   asumiera   dicho   cargo   se   venían   pactando   dos   años  con  tal  finalidad.   

          2.        El Ministerio Público   

          Coincide  con  la  Fiscalía  en el pedimento de condena por los dos  punibles    imputados    y    de    manera    prolija   aduce   las   siguientes  razones:   

          Una   vez  vencido  el  convenio  interadministrativo  en  mención,  solamente   su   renovación   le   permitiría  a  Jaime  Osorio  Ríos  seguir  distribuyendo   los   productos  de  la  Industria  Licorera  de  Caldas  en  el  Departamento  del Putumayo, lo cual explica que el procesado le hubiera hecho la  exigencia económica.   

          Libardo   Revelo,   funcionario  del  ente  territorial  acabado  de  mencionar  y  eventualmente  Gobernador  encargado,  habló  con  la  Secretaria  Financiera  y  le  dijo que quería quitarle el contrato a Jaime Osorio, lo cual  demuestra la forma como posteriormente abusó del poder el acusado.   

          En  el  mismo  sentido  obra  el  oficio dirigido por Carlos Alberto  Palacios  Palacio  al  Gobernador  de  Caldas  comunicándole el vencimiento del  convenio  y  no  su prórroga, sin embargo, a partir de ese momento comunicó la  voluntad   de  prorrogarlo  por  dos  veces  más  y  después  procedió  a  la  suscripción de un nuevo convenio.   

          Le  niega  toda  credibilidad  a las exculpaciones del procesado por  reñir  con la lógica y la realidad, como quiera que no puede entenderse que el  asunto     de    “los  puntos”     pudiera  corresponder  a  lugares de venta de licor o estanquillos, en cuanto implicaría  admitir  que  se  iba  a  premiar  a  Libardo  Hernández Burbano subiéndole un  estanquillo       y      al      ex―Gobernador      Palacios      dándole  cinco.   

          Nunca  se  había  visto  que  alguien  hiciera  un automontaje para  incriminarse  y  mucho  menos  para  demostrarles  a  los  diputados,  ajenos al  convenio  en  mención,  la  disponibilidad de dinero, dado que no era necesario  hacerlo  pues  el  3  de  octubre anterior el procesado asegura que les entregó  algún  numerario  y  menos aún si se tiene en cuenta que dicho sujeto procesal  ya  contaba  con  dos  pruebas  sobre  la  supuesta  corruptibilidad  de  dichos  funcionarios,  luego  preconstituir  la  prueba  de la grabación para que no lo  siguieran extorsionando no tenía ningún sentido.   

          La  inverosimilitud  de  las explicaciones del inculpado la infiere,  además,  del  hecho de que en la grabación no hubiera sido incriminado ningún  miembro  de  la  Asamblea  Departamental; ni mencionado el diputado Ángel Coral  Rivas,  allegado  a  Jaime Osorio Ríos según expresara el procesado durante el  juicio  oral; de la falta de injerencia de dicha corporación en la suscripción  del  contrato  con  la Industria Licorera de Caldas; y de la falta de incidencia  de     la     “prueba  preconstituida”  en  la  supuesta  extorsión  que  los diputados estaban haciendo a Jaime Osorio Ríos y  al acusado.   

          Expresa  su  extrañeza  por  la  lenta reacción de Plinio Mauricio  Rueda,  Director  Seccional  de  Fiscalía de Putumayo, al contenido del escrito  del  8  de  octubre  de  2005,  que  le  dirigiera  el acusado informándole del  propósito  de  realizar  la  grabación  para  prefabricar  una  prueba  de  la  extorsión  a  que  estaba siendo sometido, finalmente materializada cinco días  después,  y  en la cual se menciona un convenio, además, pone en duda la fecha  de  entrega  registrada  en  dicho documento en cuanto habiendo sido recibido en  octubre solamente se le dio trámite en el siguiente mes.   

          Señala  que la medida de la personalidad del acusado la da el fallo  mediante  el  cual  la  Procuraduría  General  de la Nación le impuso sanción  disciplinaria.   

          Califica  de  coherentes  y  lógicas las manifestaciones de Gallón  Cañas,  quien  era  subdistribuidor  de los licores caldenses en el Putumayo, y  destaca  el hecho de que hubiera sido dicha persona quien recibió la grabación  de  Jaime Osorio Ríos y que después la hubiera entregado al Representante a la  Cámara  Maya  y  que  ante la reproducción que éste promovió en el Congreso,  Carlos Alberto Palacios Palacio hubiera reconocido su voz   

          3.        El procesado   

          Se  declara  inocente  y  pide  que se acepte que la finalidad de la  grabación  de  autos  era preconstituir una prueba y explica que el silencio de  Jaime  Osorio  Ríos sobre este punto obedece al propósito de evitar incriminar  a su pariente, el diputado Ángel Coral Rivas.   

          Aduce  que  el  único  interés que tuvo para suscribir el convenio  fue  el  asegurar el recaudo de cinco mil millones, por concepto del impuesto de  venta de licores.   

          Niega  haber tenido alguna injerencia en el contrato celebrado entre  la Industria Licorera de Caldas y Jaime Osorio Ríos.   

          4.        El Defensor de Oficio   

          Al  demandar la absolución de su representado expuso los argumentos  que se resumen a continuación:   

         

          Carlos  Alberto  Palacios  Palacio  sí  se interesó en el convenio  interadministrativo  mencionado,  más  no  en forma indebida, pues se dedicó a  adelantar  las  gestiones necesarias para actualizarlo dado que la introducción  de  los  licores  de  la  Industria  Licorera  de  Caldas en el Departamento del  Putumayo  bajo la responsabilidad de cualquier distribuidor, le iba a generar al  ente  por  él  representado  los  impuestos  destinados  a  la  salud  y  a  la  educación,  y  necesarios  para  el  buen funcionamiento de la Gobernación del  Putumayo.   

          Argumenta  que  de  estar  interesado  indebidamente  Carlos Alberto  Palacios  Palacio  en  el  convenio  con  el  objeto  de  que finalmente saliera  favorecido  Jaime  Osorio Ríos, no habría celebrado uno nuevo sino que habría  prorrogado  el  anterior  que ya contaba con un distribuidor de los productos de  la Industria Licorera de Caldas en el Departamento del Putumayo.   

Rechaza todo tipo de injerencia del procesado  en  el  contrato  celebrado  entre Jaime Osorio Ríos y la Industria Licorera de  Caldas,  pues  en  su  opinión,  así lo indica los testimonios rendidos por el  Gerente  de  dicha  empresa, Manuel Alberto Soto Salazar, y Efrén Humberto Luna  Guerrero,  quien  también  se  presentó  como  proponente  dentro  del proceso  licitatorio de dicho negocio.   

La  ausencia  de dolo en la celebración del  convenio  la  deriva  del  hecho de que no fuera oneroso para ninguno de los dos  entes   territoriales   firmantes;   de   que  hubiera  sido  suscrito  con  una  gobernación  cuya  industria produce licores de gran aceptación en el Putumayo  ―aguardiente Cristal y ron  Viejo          de         Caldas―; de que la tasa de impuestos derivada de  la  venta de licores hubiese sido fijada con mucha anticipación por la Asamblea  Departamental;  de que hubiera sido celebrado con sujeción a las normas legales  que rigen esta clase de actuaciones.   

Descarta  que su representado haya incurrido  en  concusión argumentando que el convenio no fue realizado por iniciativa suya  sino  de  la Asamblea Departamental, entidad que mediante Ordenanza 374 del 6 de  abril  de  2006 disminuyó el impuesto por la venta de licores del 40% al 35%; y  que   la  selección  del  contratista―distribuidor  tampoco  hubiera  estado  a  cargo de su representado,  sino de la Industria Licorera de Caldas.   

Insiste   en   que  la  grabación  de  la  conversación  de autos tenía como única finalidad preconstituir una prueba de  la  extorsión a la cual venían sometiendo los diputados a su representado y en  respaldo  de  tal  afirmación  menciona a Henry Manuel Rodríguez y al Director  Seccional  de Fiscalías de Mocoa, Plinio Mauricio Rueda, quien fue enterado con  anticipación  de tal propósito, según lo indica la firma de dicho funcionario  registrada  en  el documento informativo calendado el 8 de octubre de 2005, y la  de  Zahira  Milena  Pantoja García, estampada el 16 de noviembre inmediatamente  siguiente, a quien el Director solicitó le diera trámite.   

          Plantea  que  su  representado  al  sostener  con  Jaime  Osorio  la  conversación  de  autos  y  promover su grabación, creyó erróneamente que no  estaba  desplegando  ningún comportamiento delictivo lo cual despoja de dolo su  actuar.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

Desde la perspectiva del artículo 232 de la  Ley  600  de 2000 ―aplicable  en   este  asunto  en  atención  a  la  fecha  en  que  ocurrieron  los  hechos  investigados―     y  con   el  fin  de  arribar  a  las  conclusiones  que  objetivamente   corresponden  a  la  fase  de  juzgamiento  que  esta  sentencia  finiquita,  se  evaluará  el  caudal  probatorio  respecto  de  cada una de las  conductas  punibles alrededor de las cuales ha girado esta actuación con el fin  de  establecer  si  infunden  certeza de su realización y de la responsabilidad  del   acusado,   en   cuyo   caso   se   pronunciará   fallo   condenatorio,  y  simultáneamente  se  examinarán  los  planteamientos expuestos por los sujetos  procesales durante el debate público.   

ANÁLISIS  DE  LOS  CARGOS  ENDILGADOS  AL  ACUSADO   

    

1. Concusión     

         

          A  Carlos  Alberto  Palacios Palacio se le acusa de haber solicitado  abusivamente  a  Jaime  Osorio  Ríos la participación económica de $6.000 por  cada  caja  de  licor distribuida en el Putumayo, para él y su asesor jurídico  externo  Libardo  Hernández  Burbano,  prevalido de su condición de Gobernador  del  Putumayo,  con  el compromiso de facilitarle mediante la suscripción de un  nuevo  convenio  entre  el ente territorial por él representado y el de Caldas,  la  reanudación  del  contrato  de  distribución  de  algunos  productos de la  Industria  Licorera  de  Caldas  en el Departamento del Putumayo y de ampliar el  término  por  el  cual  había sido celebrado originalmente, determinándolo en  cuatro años.   

          Este  comportamiento  fue  adecuado  por  el  Fiscal  General  de la  Nación  al delito de concusión, descrito en el artículo 404 del Código Penal  de 2000 en los siguientes términos:   

“El  servidor  público  que  abusando  de  su  cargo o de sus funciones constriña o induzca a  alguien  a  dar  o prometer al mismo servidor o a un tercero, dinero o cualquier  otra  utilidad  indebidos,  o los solicite, incurrirá en prisión de seis (6) a  diez  (10) años, multa de cincuenta (50) a cien (100) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes, e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas      de     cinco     (5)     a     ocho     (8)     años”.   

Conforme   al   anterior   texto  para  la  configuración  del  delito  en  cuestión  se  requiere  i)  un  sujeto  activo  cualificado,  a  saber,  servidor  público,  ii)  el  abuso  del  cargo o de la  función,   iii)   la   ejecución   de  alguna  de  las  siguientes  conductas:  constreñir,  inducir o solicitar una prestación o utilidad indebidas; y iv) la  relación  de  causalidad  entre  el  acto del funcionario y la promesa de dar o  entregar dinero o utilidad no debidos.   

La Sala ha señalado que se abusa del cargo o  de   la   función  pública  cuando  el  servidor,  al  margen  de  las  normas  constitucionales  y  legales a las cuales está sometido, es decir, aquellas que  organizan  y  diseñan estructural y funcionalmente la administración pública,  constriñe,  induce  o solicita a alguien dar o prometer alguna cosa9.   

La  naturaleza  de  este  tipo  es  de  mera  conducta,  en  cuanto  se  entiende  consumado  con  la  sola  manifestación  o  expresión  que  hace  el  servidor  público a través de una cualquiera de las  modalidades  comisivas antes mencionadas, independientemente de que la dádiva o  la   utilidad   hayan   ingresado   o   no  al  ámbito  de  disponibilidad  del  actor10.   

El  bien  jurídico protegido y seleccionado  por  el  legislador  en  este caso es la administración pública y se lesiona o  pone  en  peligro  en virtud del resultado disvalioso que genera el proceder del  agente,  sin  que  la condición o calidad de la víctima tenga incidencia en la  configuración          del          injusto11, y sin que sea necesario que  ésta  efectivamente  se  someta  a  la  voluntad  del  amedrentador para que se  configure   el  delito,  siendo  suficiente  la  potencialidad  intimidante  que  engendra  el  requerimiento en razón del plano de superioridad en que actúa el  agente,  dada  la  autoridad  que  ostenta  o  la  función asignada12.   

A partir de estas premisas, la Sala evaluará  el   material   probatorio   recaudado   con  el  fin  de  establecer  la  plena  demostración o no del cargo en mención:   

La  génesis  del  proceso  se  remonta a la  denuncia  formulada  por  el  Representante a la Cámara por el Departamento del  Putumayo        Edmundo       Maya       Ponce13 ante el Fiscal General de la  Nación,  el  28  de  noviembre  de  2005,  informando  que el 16 inmediatamente  anterior,  en  el  curso  de  un debate de control político que promovió en la  Comisión  Quinta,  presentó  un CD-Rom con una grabación de una conversación  sostenida  por  Carlos  Alberto Palacios Palacio, en su condición de Gobernador  del   Departamento   del   Putumayo   ─debidamente  acreditada  con  el  acta  de posesión y la constancia  sobre  tiempo  de servicio en dicho cargo desde el 1º de enero de 2004 hasta el  6  de  diciembre de 2005, expedida por el Jefe de la Oficina de Recursos Humanos  de      la     Gobernación     del     Putumayo14─,   y   “Don  Jaime” (se trata de Jaime  Osorio  Ríos)  durante  la  cual  dicho  mandatario  le  cuenta  de la gestión  cumplida    “para   el  convenio”  por  Libardo  Hernández  Burbano,  abogado  externo y consultor de la Administración Central  del    Departamento    del    Putumayo    por    ese    entonces    ―contratado    por    el    nombrado  ex─Gobernador a partir del  1º       de       febrero       de       200515―,  ante la oficina jurídica de la Industria Licorera de Caldas y le  pide   que   por   dicha  colaboración  le  suba  “un  puntico”  con  destino  a  Libardo  “…y yo sigo con  los     mismos     cinco     pero     que    hagan    eso    rápido…”    y,    además,    que   dicha  participación  se  prolongue  hasta que él concluya el período constitucional  (2004-2007).   

Presente  en  el  citado debate congresional  Carlos Alberto Palacios Palacio,  expresó:   

“…yo  quiero  decirles  a  todos  ustedes  que  esa voz y esa grabación sí son mías, quiero  reconocer,  pero  fue  una  grabación  que  se  hizo  en  común acuerdo con la  Fiscalía  del  Departamento  del  Putumayo,  ellos  sabían y conocían de este  acontecimiento,  aquí  yo  tengo  las  pruebas  de  la entrega que hicimos a la  Fiscalía….; aquí está  el     recibido     del     día    8    de    octubre    de    2005…”16   

En  el  curso  de la indagatoria17  mantuvo la  misma  posición  y  manifestó  que  la  grabación  se llevó a cabo de común  acuerdo  con  Jaime  Osorio, en un sitio escogido por él, en presencia de Henry  Manuel  Rodríguez,  y  para  tenerla  como  señuelo para que los diputados del  Putumayo  que  le venían exigiendo dinero con el fin de aprobarle los proyectos  de  ordenanza  por  él presentados  pudieran ser detenidos en flagrancia y  por  eso  envió  al Director Seccional de Fiscalías, Plinio Mauricio Rueda, un  oficio  comentándole  sobre  dicha  reunión  al  cual  adjuntó  el  acta  que  suscribió  con Jaime Osorio dejando constancia de la confección del mencionado  registro digital.   

Durante  la audiencia de juzgamiento, Carlos  Alberto  Palacios  Palacio  explicó  que  la  grabación  en  mención era para  enterar  a  los  diputados del Putumayo de la disponibilidad de dinero que iba a  tener  para  pagarles  el  excedente del numerario que éstos le habían exigido  para   aprobar   los  proyectos  de  ordenanza  por  él  presentados,  pues  de  “…esta   manera  los  cogería      en      flagrancia…”;  y  señaló  que  si  Jaime  Osorio negó haber participado en el  citado  diálogo  se  debió  al interés de proteger a su pariente, el diputado  Ángel Coral Rivas, de ser investigado penalmente.   

Adicionalmente  apuntó  que  fue  él quien  ideó  la  obtención de la grabación de la charla previa recomendación que le  hizo  el  Coronel  Guatibonza cuando le consultó sobre el asunto, actividad que  realizó  Jaime  Osorio  con el artefacto digital de su propiedad que llevaba en  un  bolsillo,  sin  embargo,  interrogado  por  el  Ministerio Público sobre la  razón  por la cual al referido documento digital accedió José Vicente Gallón  Cañas,  negó  conocerla,  así  como  la forma como Jaime Osorio iba a hacerlo  llegar a los diputados.   

Sobre  el  significado  de  la  expresión  “puntos”    inserta    en   la   pluricitada  conversación,  que  le  pidiera  el  antes  citado funcionario a Carlos Alberto  Palacios  Palacio  dijo que se trataba de sitios de distribución, en cuyo caso,  se  pregunta  la  Sala,  qué  sentido  tenía  que  los diputados recibieran la  grabación.   

El  procesado  para  reforzar la coartada de  haber  comunicado  previamente al Director Seccional de Fiscalías sobre el plan  de  la grabación, destacó durante la audiencia pública que el oficio dirigido  a  dicho  funcionario  tiene  fecha  8  de octubre, es decir, que se produjo con  anterioridad  al  encuentro que sostuvo con Jaime Osorio y que ha sido objeto de  investigación.   

La  Fiscalía  41  Seccional  de  Mocoa,  a  petición  de la Sala envió copia del citado documento al cual se le ha dado el  carácter            de           denuncia18  en cuanto informa sobre las  exigencias  de  dinero  que  tanto  al  implicado  como a Jaime Osorio Ríos les  hicieron  siete  diputados  de  la  Asamblea  Departamental putumayense, para no  oponerse  al convenio suscrito entre la Gobernación del Putumayo y la Industria  Licorera  de  Caldas para la distribución de licores en ese lugar, y al acuerdo  al  cual  llegó  con  Jaime  Osorio  Ríos de grabar una charla durante la cual  éste  se  comprometía a entregar a Palacios Palacio un dinero para la campaña  política  a  cambio  de  que  continuara  con  el  contrato de distribución de  licores,  grabación  que se dice entregarían a particulares para que llegara a  oídos  de  los  diputados  chantajistas  y  del parlamentario Luis Edmundo Maya  Ponce.   

Sin  embargo,  el  Director  Seccional  de  Fiscalías   de   Mocoa,   Plinio   Mauricio  Rueda19,   interrogado   sobre   el  mencionado  escrito,  lo  calificó  de  confuso  y  no  aseguró  haber  tenido  conocimiento  de  que  se fuera a realizar la grabación en cuanto no interrogó  al respecto al procesado.   

Además,  hay  otras  pruebas que revelan la  mendacidad   del   citado   documento   y   todas   las   explicaciones   de  su  autor.   

Se  trata  del  testimonio  de José Vicente  Gallón                    Cañas20, quien es subdistribuidor de  los  licores  comercializados  en  el  Putumayo  por Jaime Osorio y enterado por  éste  de la participación que tenía que dar a Carlos Alberto Palacios Palacio  de  $4.000 por cada caja de las que introdujera al Departamento del Putumayo, se  hablaba  de  4  puntos,  le  prestó la grabadora digital para que registrara la  conversación  que  iban  a  sostener,  actividad  que efectivamente se cumplió  “…un  13 de octubre me  parece  de 2005…”, en una  finca  de  Mocoa y en presencia de Ruperto Mena, conductor de Osorio Ríos, y de  Henry  Manuel  Rodríguez,  Director  de  la Agencia Fiscal del Departamento del  Putumayo  en  Bogotá, como quiera que las voces de dichas personas están en el  mencionado archivo de audio.   

El  relato  del  declarante  Gañón  Cañas  merece  crédito  dada  su  cercanía  comercial  con Jaime Osorio que bien pudo  mover  a  éste  a  confiarle  su preocupación por las exigencias ilícitas del  procesado;  por  la forma circunstanciada como describió los antecedentes de la  grabación  y por el hecho de que hubiera entregado al congresista Maya Ponce la  minigrabadora  marca  Sony  IC  Recorder  ICD-P28 en la cual fue recogida, quien  así  lo  confirmó  al  ponerla  a  disposición  de la Fiscalía General de la  Nación   cuando   presentó  la  denuncia  escrita  y  al  rendir  declaración  jurada21;  porque  el  motivo de enemistad que le  atribuye  Carlos  Alberto  Palacios  Palacio  consistente en que tal sentimiento  surgió  a  raíz de que no le consiguió empleo a un hijo, solamente lo hubiera  dado  a  conocer  en la audiencia de juzgamiento sin ningún soporte probatorio,  ni  éste  hubiera sido buscado con anterioridad; y porque las circunstancias de  tiempo  y  lugar  que  rodearon  el  encuentro entre el procesado y Jaime Osorio  Ríos  obtuvieron  confirmación testimonial del funcionario departamental Henry  Manuel                   Rodríguez22,  así  éste  no se hubiera  enterado  del  contenido  del  diálogo  objeto  de investigación porque dichas  personas lo sostuvieron a solas.   

Y  por  las  razones  que  más  adelante se  aducirán,  no  le  resta  valor  probatorio  a  dicha prueba el hecho de que el  distribuidor   de   licores   en  el  Putumayo  Jaime  Osorio  Ríos23, de 67 años  de  edad, cuando rindió testimonio durante la instrucción, no hubiera aceptado  haber  participado  en  la  conversación  de  autos  y  hubiera rechazado haber  prestado  alguna  vez  una  minigrabadora a Gallón Cañas, entre otras razones,  porque  desconoce  cómo funciona, posición que mantuvo durante el juicio oral,  oportunidad  en  que,  además,  negó  que  en  algún momento los diputados le  hubieran  exigido  dinero  para que resultara favorecido en la licitación de la  Industria  Licorera  de  Caldas  para  la  distribución  de sus productos en el  Putumayo, institución en donde nadie los conoce.   

Explica el silencio guardado por Jaime Osorio  Ríos  lo  manifestado por el congresista Maya Ponce, que obra en el acta Nº 12  del  16  de  noviembre  de  2005  de  la  Comisión  Quinta  de  la  Cámara  de  Representantes         antes         aludida24,  en  el  sentido  de que la  grabación la realizó,   

“…un  ciudadano         de        bien…(…)  porque  cree       que       él       estaba       siendo       chantajeado…”,           “…cuyo  nombre  me  reservo  y yo lo  catalogo     como     valeroso     porque     allá     hay    miedo….”,             “…me  la  hicieron  llegar valerosos  ciudadanos  para  que  sea  dada  a  conocer  a  los  órganos  de control, a la  Fiscalía  y  a  la oficina Anticorrupción la cual entrego y hago entrega a los  medios  de comunicación…y  el  señor  Gobernador  debe  responder  si  es  la voz de él o no es la voz de  él…”   

          De  otra  parte,  riñe  con  el  sentido  común que Carlos Alberto  Palacios  Palacio  hubiera  dicho  a  su  interlocutor  Jaime  Osorio  Ríos que  consiguiera  y  grabara  la  conversación  durante  la  cual  él le haría una  exigencia   concusionaria   con   el   fin   de   prefabricar  una  prueba  para  posteriormente  incriminar  a los diputados del Putumayo de haberlo extorsionado  con  la  promesa  de  aprobarle  los proyectos de ordenanza por él presentados,  dada  la  falta  de  relación  del  contenido  del  mencionado diálogo con tal  acontecer.   

Es tan incoherente la posición asumida por  el  procesado  frente  al  origen de la referida grabación, que no contento con  haber  dado  la  explicación  antes  reseñada,  suministró otra completamente  diferente,  a saber, que iba a hacer llegar el registro auditivo a los diputados  putumayenses  que lo estaban extorsionando para que tuvieran la seguridad de que  iba  a  disponer  de  dinero  para terminarles de pagar el dinero que le venían  exigiendo  para  aprobarle  las  iniciativas  que les presentara, manifestación  ésta,  además, absolutamente infundada si se tiene en cuenta que la grabación  no   estuvo   en   su   poder   sino  que  fue  entregada  al  congresista  Maya  Ponce.   

La  actividad probatoria desplegada durante  las    diferentes    fases   procesales   permitió   develar   las   múltiples  inconsistencias  y  contradicciones  en  las  cuales  incurrió  el  acusado  al  pretender  negar la solicitud de dinero que hizo a Jaime Osorio Ríos con el fin  de  suscribir  finalmente,  en  calidad  de  Gobernador del Putumayo y con el de  Caldas,  el convenio para la introducción de los licores de producción oficial  caldense  en  el  departamento  sureño,  luego  al  no  ser  posible acoger las  explicaciones  del  acusado, sus tesis y las de la defensa esgrimidas durante el  debate público quedan sin piso probatorio.   

De  modo  que  apreciadas  las  pruebas  en  conjunto  se  puede  concluir  con  certeza  que Carlos Alberto Palacios Palacio  realizó  consciente  y  voluntariamente el injusto de concusión, en un momento  ―el  13  de  octubre  de  2005―  en  el  cual  la  solicitud  de dinero que hizo a Jaime Osorio Ríos resultaba intimidante dada su  investidura  de  gobernador  y  la  proximidad  del vencimiento del término del  convenio  entre  los  Departamentos  de Caldas y Putumayo, cuya suscripción era  indispensable  para  que  dicho  ciudadano  gestionara el respectivo contrato de  venta  y  distribución  de  licores  ante  la  Industria  Licorera  de  Caldas.  Recuérdese      que      el      ex―Gobernador   implicado   solicitó   dos  prórrogas  del  convenio  interadministrativo,  la primera que expiró el 13 de  septiembre  de  2005, y la segunda el 13 de noviembre del mismo año25.   

Con tal proceder el justiciable causó grave  lesión  a  la  administración  pública,  como  bien jurídico funcional, pues  abusando  de  su investidura oficial pretendió obtener una indebida utilidad en  dinero  sobre  la  base  de  que  la  competencia  a  él  asignada  en  materia  contractual  de  ser  materializada en determinada forma y ocasión, terminaría  beneficiando al particular destinatario de su ilícita petición.   

El  desvalor  de  la mencionada conducta se  traduce  en  la  elección  claramente  intencionada  de Carlos Alberto Palacios  Palacio  de  negarse  a  ajustar  su  comportamiento  a los parámetros social y  legalmente  establecidos, estando en la posibilidad de hacerlo, dada su amplia y  especializada  formación  académica,  y  en este caso, en un grado elevado, en  razón  de  la  mayor  exigencia  de responsabilidad a quienes han sido elegidos  representantes  de  los ciudadanos y de quienes éstos esperan un comportamiento  acorde con ellas.   

La única alternativa posible, entonces, es  proferir  sentencia condenatoria tal y como lo recomendó el Ministerio Público  durante  su  ponderada  intervención  en  el  debate  público,  y  a pesar del  esfuerzo argumentativo del procesado y su defensor.   

2.           Interés  indebido en la celebración de  contratos   

          El  artículo 409 del Código Penal de 2000, describe este delito en  los siguientes términos:   

“El  servidor  público  que se interese en provecho propio o de un tercero, en cualquier clase  de  contrato u operación en que deba intervenir por razón de su cargo o de sus  funciones,  incurrirá  en  prisión  de  cuatro (4) a doce (12) años, multa de  cincuenta  (50) a doscientos (200) salarios mínimos legales mensuales vigentes,  e  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas de cinco  (5)     a     doce     (12)    años”.   

Dicho injusto exige que i) el sujeto activo  sea   un   servidor   público   que  entre  sus  funciones  tenga  asignada  la  contratación,  y  ii)  que desarrolle la conducta consistente en interesarse en  provecho  propio  o  de un tercero en un proceso contractual que deba cumplir en  nombre de la entidad pública que representa.   

         Se  trata,  entonces,  de  un  tipo de mera conducta, que se consuma  cuando  el  agente desatiende los axiomas que orientan la contratación estatal,  cuyo   aspecto  subjetivo  se  revela  cuando  el  actor  durante  la  actividad  contractual  se  interesa  en  provecho propio o ajeno, el que puede ser directo  cuando   se   beneficia  el  mismo  funcionario  e  indirecto  al  favorecer  al  tercero26.   

El  interés  que  se penaliza es aquel que  desconoce  el  deber  general  de  cumplir  con  los fines estatales,  consagrados  en el artículo 2° de la  Constitución  Política,  entre  otros,  servir  a  la  comunidad,  promover la  prosperidad  general  y  garantizar la efectividad de los principios, derechos y  deberes consagrados en la Constitución.   

Se  enjuicia  la ilegitima inclinación del  ánimo  hacia  una  persona  o  entidad,  con  desconocimiento  de  los  deberes  inherentes   a  la  función  administrativa,  que  conforme  al  artículo  209  constitucional   implica   estar  al  servicio  de  los  intereses  generales  y  desarrollarla   con   fundamento  en  los  principios  de  igualdad,  moralidad,  eficacia,   economía,   celeridad,  imparcialidad  y  publicidad,  mediante  la  descentralización,     la     delegación    y    la    desconcentración    de  funciones.   

La  Ley  80  de  1993  manda  cumplir  las  funciones  contractuales  estatales con sujeción, entre otros principios, al de  responsabilidad  (artículo  26)  que obliga a los servidores públicos a buscar  el  cumplimiento  de  los  fines  de  la  contratación  y  vigilar  la correcta  ejecución  del contrato; y al de eficiencia, que apunta a la necesidad de hacer  todo aquello  apropiado en la búsqueda del efecto deseado.   

Los valores y principios constitucionales y  legales  que  orientan la contratación administrativa se integran materialmente  a  los  tipos  penales  que  amparan  la  administración  pública,  como parte  trascendental  del  bien  jurídico protegido para garantizar el cumplimiento de  los fines del Estado social y democrático de derecho.   

          Dentro  del  anterior  contexto examinará la Sala si se logró o no  demostrar  plenamente  y en legal forma en el curso de esta actuación, el cargo  formulado  por el Fiscal General de la Nación a Carlos Alberto Palacios Palacio  de  haber  celebrado  el 16 de noviembre de 2005, en su condición de Gobernador  del  Departamento  del  Putumayo y con el Gobernador de Caldas, el convenio para  la  distribución  de  los  productos  de  la Industria Licorera de Caldas en el  territorio  que  representa,  interesándose  indebidamente  en  él,  según lo  revela  el hecho de que después de haber prorrogado en dos ocasiones y por algo  más  de un mes, en cada caso, el convenio suscrito originalmente el 6 de agosto  de  2001,  cuando  ya  estaba  próxima a vencerse la última prórroga, hizo la  propuesta  concusionaria  descrita  en precedencia a Jaime Osorio Ríos, a quien  le  convenía  que se reanudara el convenio, como quiera que era la única forma  de  aspirar a seguir siendo el vendedor―distribuidor  de los licores de la mencionada empresa caldense en el  Putumayo,  actividad  comercial  que  venía  desarrollando en esa región desde  años atrás.   

          La  evidencia  recaudada  en  torno a este episodio está conformada  por las siguientes pruebas:   

    

* El  convenio  de  intercambio  de  licores  celebrado  entre  los  Departamentos  del Putumayo y de Caldas el 6 de agosto de  2001,  con  el  objeto  de introducir mutuamente los licores producidos por cada  Departamento    en    el   territorio   del   otro27,  intercambio  que se pactó  se  haría  mediante  contrato  de  distribución  que  la Industria Licorera de  Caldas  y  el  Departamento  del  Putumayo  celebrarían  respectivamente  en su  jurisdicción  con personas naturales o jurídicas y comerciantes especializados  en  la  distribución y venta de licores, quienes serían seleccionados conforme  a  la  Ley  80  de  1993,  por  el término de dos años a partir de la fecha de  suscripción,  prorrogables  por  un  período  igual  al  pactado,  si  con una  antelación  no menor a 30 días las partes no manifestasen su voluntad de darlo  por terminado.     

    

* El  Oficio  D.G.  1568  del 2 de agosto de  2005,  firmado  por  Carlos Alberto Palacios Palacio28,  solicitando  prorrogar  el  anterior  convenio  hasta  el  13 de septiembre de 2005 y anunciando el deseo de  firmar   uno   nuevo   con  las  modificaciones  pertinentes  y  ajustado  a  la  legislación   vigente,   previo  acuerdo  entre  los  Departamentos,  petición  finalmente    plasmada    en    la   “Adición  Uno”  al             citado            contrato29.     

    

* La          “Adición        Dos”  conviniendo  una prórroga de común  acuerdo  por  dos meses más, o sea hasta el 13 de noviembre de 200530.     

    

* El  convenio  interadministrativo  para la  introducción   de  licores  entre  los  departamentos  de  Caldas  y  Putumayo,  representados  por  los  gobernadores  Emilio  Echeverri Mejía y Carlos Alberto  Palacios  Palacio, respectivamente, celebrado el 16 de noviembre de 2005, por un  término  de  duración  de  4  años  contados  a partir de la suscripción del  contrato,  con  el  objeto,  el  Departamento  de Caldas de introducir todos los  licores  que  produzca  o  llegare  a  producir  en  su  entidad descentralizada  Industria  Licorera  de  Caldas,  permitiendo  el Gobernador del Departamento de  Putumayo  la  libre circulación de ellos en dicho territorio. Adicionalmente se  pactó   que  la  Industria  Licorera  de  Caldas  adelantara  el  proceso  para  seleccionar  el  contratista  que se encargaría de la venta de sus productos en  el  Departamento  del  Putumayo,  convocando para el efecto personas naturales o  jurídicas  y comerciantes especializados en la distribución y venta de licores  de   reconocida   solvencia   moral   y  económica31.     

    

* El  contrato  de  compraventa Nº 092.2006  celebrado  entre  la Industria Licorera de Caldas y la Sociedad Distribuciones y  Representaciones  Líder Ltda., representada por Jaime Osorio Ríos, suscrito el  28        de        julio        de       200632, en el que el contratista se  obliga  a  realizar  la  compra,  mediante entregas periódicas, de Ron Viejo de  Caldas  y Aguardiente Cristal, para su posterior venta y comercialización en el  Departamento  del  Putumayo,  en determinadas condiciones. El valor del contrato  para    la    ejecución    de    2006,   fue   fijado   en   $7.540’045.221.00.     

    

* Se tiene además que la Industria Licorera  de             Caldas            informó33  que  Jaime  Osorio  Ríos a  partir  del  contrato  de  compraventa Nº 2386 celebrado el 14 de septiembre de  1995,   entre   dicha   Industria  y  “Distribuciones       y      Representaciones      Líder” de la cual es gerente y representante  legal,   comercializó   Ron  Viejo  de  Caldas  y  Aguardiente  Cristal  en  el  Departamento  del  Putumayo,  hasta  el  13 de septiembre de 2005, actividad que  también   desarrolla   en   los   Departamentos  del  Amazonas  y  Cauca  desde  2003.     

En  criterio  de la Sala, el material antes  relacionado  indica  que  para  que  un particular pudiera distribuir dos de los  productos  de  la Industria Licorera de Caldas en el territorio putumayense, era  necesario  un  convenio interadministrativo entre los Departamentos del Putumayo  y de Caldas.   

También  demuestra  que  después de haber  pactado  el  ex―Gobernador  Palacios   Palacio   las  prorrogas  del  citado  convenio  interadministrativo,  aduciendo       la       necesidad       de       introducirle      “…las  modificaciones  pertinentes y  de       ajustarlo       a      la      legislación      vigente…”,  sin  contar  con ningún estudio ni  concepto   previo,   ―es  decir,   con   total   desconocimiento  del  principio  de  planeación   que   orienta  la  actividad  contractual  estatal―,   conforme   se   logró  establecer  a través del informe del CTI de Bogotá, Nº 351447  del      6      de      julio      de      200734,  transcurridos  tan  sólo  tres  días después del vencimiento de la última prórroga, decidió firmar un  nuevo  convenio  el  16 de noviembre de 2005, modificando el objeto ―de   intercambio   de   los   licores  producidos  por  las  respectivas industrias oficiales a la introducción de los  licores  fabricados  por  la  Industria  Licorera de Caldas en el territorio del  Putumayo―  y  ampliando  a  cuatro  años  el  término  de  duración,  cuando  originalmente   se   había   convenido   un  término  de  dos  años  máximo,  determinaciones  éstas que ponen de manifiesto el desobedecimiento también del  principio de eficiencia por parte del gobernador aquí procesado.   

De tal manera que a partir de las anteriores  premisas  fácticas  y  dentro del contexto probatorio confeccionado al examinar  el  delito  de  concusión, se puede inferir que Carlos Alberto Palacios Palacio  siendo  perfectamente  conocedor  de  la facultad que tenía para prorrogar, dar  por   terminado   y/o   celebrar   un   nuevo  convenio  administrativo  de  las  características  del  analizado,  se  interesó  indebidamente en suscribir uno  nuevo  al  vencimiento del firmado el 6 de agosto de 2005 y que prorrogara hasta  el  13  de  noviembre  del  mismo año, y por eso abordó el 13 de octubre de la  citada      anualidad      a      Jaime      Osorio      Ríos,     ―quien   desde   1995   venía  siendo  seleccionado  por  la  citada  institución  para suscribir los contratos que le  permitían  comercializar  en  el  Putumayo  Ron  Viejo  de Caldas y Aguardiente  Cristal―,  y le solicitó  que  le pagara $5.000.00 por la venta de cada caja de licor para él y $1.000.00  para  su  asesor  externo  Hermes  Libardo  Hernández  Burbano, por la gestión  cumplida       ante       el      “jurídico” de  la  Industria  Licorera  de  Caldas,  participación que le pidió se prolongara  hasta que él terminara el mandato.   

El  interés  del  procesado en el referido  convenio  lo  revela  el  hecho  de que no obstante no tener la Gobernación del  Putumayo  que  cumplir  ninguna  actividad oficial ante la Industria Licorera de  Caldas,  en  la  indagatoria  aceptó  haberse  reunido  con  el  Gerente  de la  Industria   Licorera   de   Caldas,   Manuel  Alberto  Soto  Salazar35, en Bogotá  y  en  Manizales  para  conversar  sobre  el  convenio;  y  que  Hermes  Libardo  Hernández                  Burbano36,         ―quien   fue   asesor  jurídico  externo  de  la  Gobernación el Putumayo, durante los años  2005    y   2006,   mediante   contrato   celebrado   por   Palacios―,       hubiera      realizado  visitas  al  área jurídica de dicha empresa entre el 12  de  octubre  y  el  2  de diciembre de 2005, según consta en el informe Nº 033  rendido   por   el  CTI  de  Manizales  del  24  de  marzo  de  200937.   

Resulta  inadmisible  el  planteamiento del  procesado  y  del defensor al sostener que el único interés en el convenio fue  el  de  asegurar  una  importante  fuente  de  impuestos con destino a la salud,  educación  y  funcionamiento  del  Departamento  del Putumayo, pues de ser así  Carlos  Alberto  Palacios  Palacio  no  hubiera  formulado  la solicitud a Jaime  Osorio  Ríos  de  que  le  diera  dinero en compensación por el propósito que  tenía  de volver a suscribir el convenio interadministrativo de autos y por las  gestiones  adelantadas  ante la Industria Licorera de Caldas en relación con el  contrato  de venta para la distribución de licores en el Putumayo, derivado del  anterior,  tampoco  Jaime  Osorio  hubiera  confiado  a  José  Vicente Gallón,  conforme  a  testimonio rendido por éste, la preocupación que tenía de que no  se  reanudara  el  convenio  si  no  accedía  a  las exigencias pecuniarias del  procesado,  pues  era  inminente el peligro que corría de perder la oportunidad  de    volver    a    ser    contratado    para   la   distribución   de   tales  productos.   

Demostrado  en  debida  forma  el  acto  de  desvío     de    poder    del    ex―Gobernador  Palacios  Palacio  en  el  desarrollo  de  la  actividad  concerniente   al   convenio   interadministrativo   en  referencia,  con  claro  desbordamiento  del interés general, en contravía de los fines que inspiran la  contratación  estatal  y  transgrediendo  los  principios  que  la orientan, de  imperioso  cumplimiento  de  acuerdo  a  la  Constitución Política y a la ley,  obliga  concluir  la  subsunción  del  comportamiento investigado en el tipo de  interés indebido en la celebración de contratos.   

El  desvalor  del actuar del ex─gobernador  acusado, consistente en la  perturbación  del  normal funcionamiento de la administración pública pone de  relieve  la  afectación  del  bien  jurídico  tutelado  por la norma penal que  define    el    delito    de   interés   indebido   en   la   celebración   de  contratos.   

El  ejercicio  del  poder  público  para  satisfacer  intereses personales, unido a la afortunada ubicación del procesado  en  la  escala  social  en  correspondencia con la investidura de gobernador que  ostentó,  permiten  inferir  que  estuvo  en  capacidad  de  actuar conforme al  ordenamiento    jurídico,    empero,    al   haber   decidido   voluntariamente  transgredirlo, su conducta resulta reprochable penalmente.   

         

El  universo  probatorio  antes  analizado  conduce   a   proferir  sentencia  condenatoria  en  contra  del  ex―Gobernador  Carlos  Alberto  Palacios  Palacio,  decisión que se toma acorde con lo dispuesto por el artículo 232 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  acogiendo el pedimento de la Fiscalía y del  Ministerio  Público,  y  negando  la  pretensión  absolutoria del acusado y su  defensor por las razones previamente anotadas.   

DETERMINACIÓN  JUDICIAL  DE  LAS  PENAS   

Se  ocupa  la  Sala  de dosificar las penas  imponibles a Carlos Alberto Palacios Palacio.   

1.          Por el injusto de concusión   

La  realización de este injusto penal hace  acreedor  al  procesado  a  las penas señaladas en el artículo 404 del Código  Penal  de  2000,  a  saber,  prisión  de  seis  (6) a diez (10) años, multa de  cincuenta  (50)  a  cien  (100)  salarios mínimos legales mensuales vigentes, e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas de cinco  (5) a ocho (8) años.   

En  atención a los fundamentos que para la  individualización  de  la  pena  fija el artículo 61 de la Ley 599 de 2000, en  razón  de  no  concurrir  ninguna  de  las  circunstancias de mayor punibilidad  estipuladas  en  el  artículo 58 Código Penal, más si la de menor punibilidad  prevista  en  el  artículo  55,  numeral  1º  ibídem, esto es, la carencia de  antecedentes  penales  del  acusado,  pues  no  obra  en  el  expediente ninguna  información  al  respecto, las sanciones a irrogar estarán comprendidas dentro  del  primer cuarto mínimo correspondiente a cada una de las determinadas por el  legislador,  esto  es,  la prisión entre seis (6) y siete (7) años38   

; la multa entre cincuenta (50), y sesenta y  dos  punto cinco (62.5) salarios mínimos legales mensuales vigentes39   

; y la inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas entre cinco (5) años, y cinco (5) años y nueve  (9) meses40   

.  

Sobre  la base de los criterios sentados en  el  inciso  3°  del  invocado  artículo 61, teniendo en cuenta la gravedad del  injusto,  reflejada  en la importante suma de dinero ($6.000.00 por cada caja de  licor)  exigida en desarrollo de la concusión investigada si se tiene en cuenta  que  el  valor del contrato compraventa Nº 092.2006 suscrito entre la Industria  Licorera  de  Caldas  y Jaime Osorio Ríos para la ejecución de 2006 fue fijado  en  $7.540’045.221.00, y en  el   poder   corruptor   ejercido   con   desfachatez   por  un  funcionario  de  representación  popular de nivel departamental; así como por la intensidad del  dolo  del  incriminado  dada  su  amplia  formación  filosófica,  religiosa  y  socio―política,  según  se  señaló  al  apuntar  sus  notas  civiles,  le  impondrá  la  Sala los extremos máximos de los segmentos punitivos previamente  determinados,  luego  le  irrogará  las siguientes penas principales: siete (7)  años  de prisión; multa equivalente, en moneda nacional, a sesenta y dos punto  cinco  (62.5)  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes en 2005, época de  los  hechos;  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas durante cinco (5) años y nueve (9) meses.   

2.           Por  la  conducta  punible  de  interés  indebido en la celebración de contratos   

         

Carlos Alberto Palacios Palacio merece como  autor  del mencionado injusto, de acuerdo con el artículo 409 del Código Penal  de  2000,  las  siguientes penas principales: prisión de cuatro (4) a doce (12)  años,  multa  de  cincuenta  (50)  a doscientos (200) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes, e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas de cinco (5) a doce (12) años.   

La  individualización de las penas fijadas  para  este delito se hará conforme al artículo 61 de la Ley 599 de 2000 y como  únicamente  concurre  la  circunstancia  de  menor  punibilidad señalada en el  artículo  55, numeral 1º ibídem previamente descrita, las sanciones a irrogar  estarán  comprendidas  dentro  del primer cuarto mínimo correspondiente a cada  una  de  ellas,  esto  es,  la  pena  de  prisión  entre  cuatro (4) y seis (6)  años41   

; la multa entre cincuenta (50), y ochenta y  siete    punto    cinco    (87.5)    salarios    mínimos    legales   mensuales  vigentes42   

;  y  la  inhabilidad para el ejercicios de  derechos  y  funciones públicas entre cinco (5) años, y seis (6) años y nueve  (9) meses43   

.  

Con  fundamento en los criterios contenidos  en  el  inciso 3° del invocado artículo 61, teniendo en cuenta la gravedad del  injusto  traducida  en  el  interés  indebido  puesto  por el justiciable en un  convenio   interadministrativo  de  gran  repercusión  para  los  ingresos  del  Departamento  del  Putumayo,  la  Sala  estima  que  debe  escoger  los extremos  máximos   de  los  fragmentos  punitivos  previamente  determinados,  luego  el  reproche  punitivo consistirá en seis (6) años de prisión; multa de ochenta y  siete  punto  cinco (87.5) salarios mínimos legales mensuales vigentes en 2005;  y  seis  (6)  años  y  nueve  (9)  meses de inhabilidad para el ejercicio de de  derechos y funciones públicas.   

3.            Concurso   heterogéneo  de  conductas  punibles.   

Las  penas  a  irrogar  en  razón  de  la  configuración   de  este  instituto  impone  la  aplicación  de  la  regla  de  dosificación  contenida  en  el  artículo  31  del Estatuto Punitivo de 2000 y  confeccionada  para  el  concurso  de  conductas punibles, conforme a la cual la  sanción  a  inflingir  en estos casos será la más grave según su naturaleza,  aumentada  hasta  en  otro  tanto, sin que sea superior a la suma aritmética de  las  que  correspondan  a  los respectivos delitos, debidamente dosificadas cada  una de ellas.   

Es  necesario, por consiguiente, establecer  cuáles  son  las  sanciones  más  drásticas,  aspecto  que  se  refleja en el  siguiente cuadro:   

DELITOS            

   

PRISIÓN            

   

MULTA            

INHABILIDAD  PARA  EL  EJERCICIO DE DS. Y FUNCIONES PBLCAS.  

Concusión            

   

7 años             

62.5 salarios mínimos  legales mensuales vigentes en 2005             

   

5 años y 9 meses  

Interés  indebido  en  la  celebración de  contratos   

            

   

6 años            

   

87.5  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes en 2005.             

   

6 años y 9 meses.  

Luego    la    pena   de   prisión  se  establecerá a partir de la  determinada   para   la   concusión,   esto  es,  en  7  años,  cifra  que  se  incrementarán  en  un  30% (que equivale a 25.2 meses) por el interés indebido  en   la   celebración   de  contratos,  teniendo  en  cuenta  que  el  concurso  heterogéneo   en   este   caso  está  integrado  por  dos  conductas  punibles  solamente44,    operación    que    arroja    como    resultado   nueve (9) años y un (1) mes.   

La    multa  ―como  acompañante       de       la      pena      de      prisión― más elevada  se  impuso  por  el  interés indebido en la celebración de contratos en cuanto  fue   fijada   en   87.5  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  que  incrementada  en  un  30%  (26.5  salarios)  por  la  concusión,  aplicando los  parámetros  fijados  en  precedencia  para  el  concurso  de conductas punibles  realizado    por    el    justiciable,    da    como    resultado   ciento  trece (113) salarios mínimos legales mensuales vigentes en  2005 ($381.500.00), época de los hechos.   

La  inhabilidad  para  el  ejercicio  de  derechos    y    funciones   públicas   más  alta  corresponde a la irrogada por el interés indebido en la  celebración  de contratos, es decir, a 6 años y 9 meses que incrementada en un  30%  (24.3  meses)  por  la  concusión,  siguiendo  la  pauta antes establecida  respecto   del   concurso   doble   configurado   en   este  caso,  arroja  como  resultado    ocho   (8)   años   y  nueve  (9)  meses.   

En conclusión, las  penas  últimamente  determinadas  serán las que se impondrán a Carlos Alberto  Palacios Palacio.   

MECANISMOS   SUSTITUTIVOS   DE  LA  PENA  PRIVATIVA DE LA LIBERTAD   

El  artículo  63  del  Código  Penal  que  consagra  la  suspensión condicional de la ejecución  de  la  condena  no  resulta  aplicable  en  favor del  sentenciado  por  cuanto  la  pena  de  prisión  impuesta excede de tres años,  razón por la cual no es posible reconocerle tal derecho.   

Antes  de  analizar  la  procedencia  de la  prisión   domiciliaria  es  necesario  advertir  que  el Fiscal General de la Nación al momento de resolver  la  situación  jurídica  a Carlos Alberto Palacios Palacio, en aplicación del  principio   de   favorabilidad   le  reconoció  el  derecho  a  estar  detenido  preventivamente  en su residencia, con fundamento en los artículos 307, literal  A,  numeral  2º  de la Ley 906 de 2004, y 314, numeral 1º ibídem, no obstante  en  el  parágrafo  del  artículo 27 de la Ley 1142 de 2007 que modificó éste  último,  se  excluyera  de  esta medida los casos de concusión, dificultad que  salvó      con      fundamento      en      la      Sentencia     C―318 del 9 de abril de 2009 de la Corte  Constitucional,  que declaró la exequibilidad condicionada del parágrafo de la  norma últimamente invocada,   

“…en  el  entendido  que  el  juez podrá conceder la sustitución de la medida, siempre y  cuando  el  peticionario fundamente, en concreto, que la detención domiciliaria  no  impide el cumplimiento de los fines de la detención preventiva, en especial  respecto  de  las  víctimas  del  delito,  y  en  relación  exclusiva  con las  hipótesis  previstas  en  los numerales 2, 3, 4, y 5 del artículo 27 de la Ley  1142          de          2007”.   

Y podría pensarse, entonces, que en respeto  del  citado axioma resulta aplicable al presente caso el artículo 461 de la Ley  906  de 2004, que autoriza al juez de ejecución de penas y medidas de seguridad  para  ordenar  la  sustitución de la ejecución de la pena, previa caución, en  los  mismos  casos  de  la  sustitución  de  la  preventiva,  sin  embargo, tal  prerrogativa  no  opera  en  el  actual  momento procesal, mas no por razones de  competencia,  como  quiera que esta Sala en otros procesos se ha ocupado de esta  clase  de  pronunciamientos  en  consideración  a  que  sus  fallos  en  única  instancia          son          definitivos45   

, sino porque a través de su jurisprudencia  ha dejado sentado el siguiente criterio:   

“La  lógica  más  sana enseña, entonces, que partiendo de la fase correspondiente dentro de  la  actuación,  la sustitución de la ejecución  material  de la pena, ya ejecutoriada la sentencia, es  viable (únicamente) cuando se demuestra que :   

a)  El  condenado  tiene más de 65 años,  según su personalidad y la gravedad y modalidades de la conducta.   

b)  A  la  condenada le faltan dos meses o  menos para dar a luz.   

c)   El   condenado  o  condenada  sufre  enfermedad grave.   

d)  Con  posterioridad  a la firmeza de la  sentencia,  el  condenado  o  condenada  adquiere  el  estatus  de  “madre  cabeza  de familia”46.   

Al no presentarse dentro del presente asunto  ninguno  de  los  eventos  antes  enunciados,  no  es  viable la aplicación del  artículo  461  de la Ley 906 de 2004, luego se ocupará la Sala de verificar si  procede  el  instituto  de  la  prisión  domiciliaria que de conformidad con el  artículo  38 del Código Penal, exige que el delito o delitos por los cuales es  declarado  penalmente  responsable  el  procesado  tenga  consagrada  pena  cuyo  mínimo  sea  igual o inferior a cinco años de prisión y siempre que, además,  el  desempeño  personal, laboral, familiar o social del sentenciado, permita el  pronóstico  serio,  fundado  y  motivado,  en el sentido de ausencia de peligro  para la comunidad y de garantía de cumplimiento de la pena.   

La  exigencia  de  carácter objetivo no se  cumple  habida  cuenta  que  el  delito  de concusión por el cual fue declarado  responsable  Carlos  Alberto  Palacios Palacio, apareja una pena cuyo mínimo es  de seis años de prisión.   

Así  las  cosas, queda relevada la Sala de  analizar   la  concurrencia  o  no  del  ingrediente  subjetivo  del  mencionado  instituto     jurídico     y     en     consecuencia,    se    abstendrá    de  reconocerlo.   

Por consiguiente, la solicitud de cambio de  residencia  para  la  prisión  domiciliaria  elevada  por  el  sentenciado  con  posterioridad  a  la  finalización  de  la  audiencia  de juzgamiento, no será  estudiada.   

IMPOSIBILIDAD   DE   IMPONER   CONDENA  CIVIL   

De  acuerdo con el artículo 94 del Código  Penal  de  2000  la  conducta  punible origina obligación de reparar los daños  materiales  y  morales  causados con ocasión de aquella, sin embargo, considera  la  Sala  que  como no existe prueba que indique que el concurso delictual en el  cual   incurrió   Carlos  Alberto  Palacios  Palacio  conllevó  un  detrimento  patrimonial  para  el  Departamento  del Putumayo, ni se advierte afectación de  algún  derecho  del  sujeto  pasivo  de la conducta concusionaria, Jaime Osorio  Ríos, no se impondrá condena civil alguna.   

A  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

R E S U E L V E :  

1.            CONDENAR   a  Carlos  Alberto Palacios Palacio, identificado con la cédula de ciudadanía No.  18’152.398 expedida en el  Valle   del   Guamuez,  La  Hormiga,  Putumayo,  y  demás  condiciones  civiles  consignadas  al  inicio  de  esta  providencia, como responsable del concurso de  delitos  integrado  por  concusión  e  interés  indebido en la celebración de  contratos,     a     las     siguientes    penas    principales:    prisión  de  nueve  (9)  años y un (1) mes; multa de ciento trece  (113)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes en 2005 ($381.500.00), cuyo  pago  deberá  realizar  a favor del Tesoro Nacional dentro del año siguiente a  la  ejecutoria  de esta providencia; e inhabilidad para el ejercicio de derechos  y  funciones públicas durante ocho (8) años y nueve (9) meses, término que se  contabilizará    simultáneamente    con    la    pena    privativa    de    la  libertad.   

2.             NEGAR   la  suspensión   condicional   de  la  ejecución  de  las  penas  irrogadas  y  la  sustitución  de la pena privativa de la libertad, por la prisión domiciliaria.   

3.               En    consecuencia,    ORDENAR   la   ejecución  de  las  penas  impuestas  en  esta  sentencia  y  con   tal  fin  ordenar  la CAPTURA  a  las  autoridades  de  Policía  Judicial colombiana de Carlos Alberto Palacios Palacio.   

4.           DECLARAR que no  se  impondrá  a  Carlos Alberto Palacios Palacio obligación de carácter civil  alguna derivada del concurso delictual por él cometido.   

         5.        ADVERTIR  que  contra  esta  sentencia  no  procede recurso alguno.   

6.           DISPONER que por  Secretaría,  se  envíen  las copias del fallo a las que alude el artículo 472  del C. de P. Penal.   

7.            REMITIR  la  actuación,  agotada  la  notificación  de  esta  sentencia,  a  los  Jueces de  Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

Permiso  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                   AUGUSTO       IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                                                                                      YESID         RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1  C.  orig. Nº 2 de la Fiscalía, fols.  185-186 y 200-202.   

2  C.  orig. N° 2 de la Fiscalía, fols. 252-257.   

3  C.  orig. Nº 3 de la Fiscalía, fols.  228-234.   

4  C.  orig. Nº 4 de la Fiscalía, fols. 1-47.   

5  C.  orig. Nº 4 de la Fiscalía, fols.75-84.   

6  C.  orig. Nº 5 de la Fiscalía, fols.  1-52.   

7  C.  orig. N° 1 de la Corte,  fols. 36-37.   

8  C.  orig. Nº 2 de la Corte, fols. 46-47.   

9 Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    Sentencia   del 3 de junio de 2009,  Radicado 29.769.   

10  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala   de   Casación   Penal,   Sentencia  del  18  de  julio  de  2007,  Radicado 24.329.   

11  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala   de   Casación   Penal,   Auto  del 2 de febrero de 2002, Radicado  18.798.   

12  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala   de   Casación   Penal,   Sentencia  del  18  de  julio  de  2007,  Radicado 24.329.   

13 C.  orig.  Nº  1  de la Fiscalía, fols. 2-4, esta versión fue confirmada mediante  certificación  jurada  obrante  a  los  folios 246-248 del C. orig. Nº 2 de la  Fiscalía.   

14 C.  orig. Nº 1 de la Fiscalía, fols. 80-81.   

15 Y  durante once meses, C. orig. De la Fiscalía, fols. 83-102.   

16 C.  orig. Nº 1 de la Fiscalía, fol. 189.   

17 C.  orig. Nº 3 de la Fiscalía, fols. 228-234 y   

18 C.  orig. Nº 1 de la Corte, fols.  227.   

19 C.  orig. N° 2 de la Fiscalía, fols 234-236.   

20 C.  orig. N° 2 de la Fiscalía, fols. 212-221.   

21 C.  orig. N° 2 de la Fiscalía, fols. 246-248.   

22 C.  orig. Nº 3 de la Fiscalía, fols.  176-178.   

23 C.  orig. N° 3 de la Fiscalía, fols. 238-239.   

24 C.  orig. Nº 1 de la Fiscalía, fol. 156, 184 y 188.   

25 C.  orig. Nº 4 de la Fiscalía, fols.  193-197.   

26  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala   de   Casación   Penal,   Sentencia  del  4  de  febrero  de 2009,  Radicado 25.989.   

27 C.  orig. Nº 4 de la Fiscalía, fols.  187-191.   

28 C.  orig. Nº 4 de la Fiscalía, fol. 192.   

29 C.  orig. Nº 4 de la Fiscalía, fols.  193-195.   

30 C.  orig. Nº 4 de la Fiscalía, fols.  196-197.   

31  C.  orig.  Nº  1  de  la Fiscalía, fols.  fls.  139-140.   

32 C.  orig. Nº 1 de la Corte, fols. 44-54.   

33 C.  orig. Nº 2 de la Fiscalía, fols.  269-270.   

34 C.  orig. Nº 2 de la Fiscalía, fols.  277-288.   

35 C.  orig. Nº 3 de la Fiscalía, fols.  fl.s 138-140.   

36 C.  orig. Nº 3 de la Fiscalía, fols.  174-175.   

37 C.  orig. Nº 4 de la Fiscalía, fols.  89-93.   

38   

CUARTO  MÍNIMO             

CUARTOS  MEDIOS             

CUARTO  MÁXIMO  

Años             

Meses             

Años             

Meses             

Años             

Meses  

Desde             

6             

0             

7             

0             

9             

0  

Hasta             

7             

0             

9             

0             

10             

0  

39   

CUARTO  MÍNIMO             

CUARTOS  MEDIOS             

CUARTO  MÁXIMO  

Salarios  m.l.m.v.             

Salarios  m.l.m.v.             

Salarios  m.l.m.v.  

Desde             

50             

62.5             

87.5  

Hasta             

62.5             

87.5             

100  

40   

                    

CUARTO  MÍNIMO             

CUARTOS  MEDIOS             

CUARTO  MÁXIMO  

Años             

Meses             

Años             

Meses             

Años             

Meses  

Desde             

5             

0             

5             

9             

7             

3  

Hasta             

5             

9             

7             

3             

8             

0  

41   

                    

CUARTO  MÍNIMO             

CUARTOS  MEDIOS             

CUARTO  MÁXIMO  

Años             

Meses             

Años             

Meses             

Años             

Meses  

Desde             

4             

0             

6             

0             

10             

0  

Hasta             

6             

0             

10             

0             

12             

0  

42   

                           

CUARTO  MÍNIMO             

CUARTOS  MEDIOS             

CUARTO  MÁXIMO  

Salarios  m.l.m.v.             

Salarios  m.l.m.v.             

Salarios  m.l.m.v.  

Desde             

50             

87.5             

162.5  

Hasta             

87.5             

162.5             

200  

43   

                    

CUARTO  MÍNIMO             

CUARTOS  MEDIOS             

CUARTO  MÁXIMO  

Años             

Meses             

Años             

Meses             

Años             

Meses  

Desde             

5             

0             

6             

9             

10             

3  

Hasta             

6             

9             

10             

3             

12             

0  

44  Corte   Suprema   de   Justicia,   Sala   de   Casación   Penal,   Sentencia   del 24 de enero de 2007,  Radicado  22.797;  Sentencia  del    28    de    octubre    de   2009,   Radicado   32.081;   y   Sentencia  del  11 de noviembre de 2009,  Radicado 31.190.   

45  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal, Sentencia del 16 de junio  de 2008, radicado 22.453.   

CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,  Sentencia del 16 de junio de 2008, radicado 22.453.   

46  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala   de   Casación   Penal,   Sentencia  del  19  de  octubre de 2006,  Radicado 25.724.     

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