35105(24-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  35105   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 385.   

Bogotá D.C., noviembre veinticuatro (24) de  dos mil diez (2010).    

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  del   libelo   de   casación   presentado   por  el  defensor  de  JUAN  CAMILO  ZULUAGA  RINCÓN,  con  el  objeto  de  sustentar  el recurso extraordinario de casación interpuesto contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de  Medellín  del  pasado  primero  de  julio,  a  través  de la cual confirmó la  dictada  el  12  de abril anterior por el Juzgado Primero Penal del Circuito con  funciones  de  Conocimiento  de  Bello, que lo condenó como autor del delito de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  sintetizados  por el  a-quo,  de  la  siguiente  manera:   

“JUAN  CAMILO  ZULUAGA RINCÓN transitaba  por  el  barrio Prado del municipio de Bello Antioquia, carrera 45 con calle 54,  cuando  eran  do  eran  más  o menos las 3:00 de la tarde del 5 de diciembre de  2009  siendo  observado  por una patrulla que lo requisó incautándole 6 bolsas  contentivas  de  62 gramos de marihuana, fue retenido y puesto a disposición de  la autoridad competente”.   

Con  fundamento  en  lo  anterior,  al día  siguiente  se  celebró  audiencia preliminar ante el Juzgado 29 Penal Municipal  de  Medellín,  en  cuyo  desarrollo  se  legalizó  la  captura de ZULUAGA  RINCÓN y la fiscalía formuló  imputación  en  su  contra  por el delito de delito de tráfico, fabricación o  porte  de  estupefacientes,  el  cual  no  aceptó.  En  la misma diligencia, la  fiscalía  declinó  de su solicitud inicial de imponer medida de aseguramiento,  razón por la cual se dejó en libertad al imputado.   

El  22  de  diciembre siguiente se llegó a  preacuerdo    entre   la   fiscalía   y   la   defensa,   para   lo   cual   se  suscribió       acta  en donde el procesado aceptó el  cargo  imputado “a cambio de que se le reconozca una  rebaja  del  cincuenta  (50%)  de  la pena que se le imponga, y se le conceda el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la pena que  consagra  el  artículo 63 del C. Penal, con lo que también se halla plenamente  de  acuerdo  la defensa, razón por la que la fiscalía, por su parte, acepta su  disposición  de  reconocer dicha rebaja de pena, al tenor de lo dispuesto en el  351  del Código de Procedimiento Penal, como igualmente de que se le conceda al  imputado  mencionado  ese  mecanismo sustitutivo de la pena, pues que en el caso  de  la  ocupación (sic), se  reúnen  a  cabalidad  tanto los elementos objetivos como subjetivos de la norma  penal  sustantiva  en mención, pues la pena a imponer no sobrepasa los 36 meses  de  prisión  y,  de  otra  parte,  los  antecedentes  personales,  familiares y  sociales  del  imputado,  así  como  la  modalidad y la gravedad de la conducta  punible  que  se  investigó,  son  indicativos  de  que  no existe necesidad de  tratamiento penitenciario”.   

El anterior preacuerdo fue aprobado el 12 de  abril  de  2010  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito con funciones de  Conocimiento  de  Bello,  razón  por  la cual profirió el fallo respectivo por  cuyo  medio  condenó  a  JUAN CAMILO ZULUAGA RINCÓN  a  las penas principales de treinta y tres (33) meses  de  prisión y multa por valor de setecientos mil pesos ($ 700.000), así como a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  un  lapso  igual  al  de  la  pena  privativa de la libertad, al  encontrarlo  autor  penalmente  responsable  del  delito  aceptado.  En la misma  determinación,   bajo  los  términos  acordados,  concedió  al  procesado  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

Apelada  esta  decisión por la defensa del  procesado,  el  Tribunal  Superior de Medellín la confirmó el 1° de julio del  año en curso.   

Contra  esta última decisión, el defensor  de   ZULUAGA  RINCÓN,  de  manera  exclusiva, la recurrió extraordinariamente, mediante demanda sobre cuya  admisibilidad se pronuncia la Sala.   

LA  DEMANDA   

         El  defensor del procesado formula dos censuras contra el fallo con  fundamento  en la causal primera de casación prevista en el artículo 181 de la  Ley 906 de 2004 (violación directa de la ley sustancial).   

         En   el   primer   reparo   afirma  que  se incurrió en el motivo casacional pretextado porque  se   “dejó  de  aplicar  el  art.  1°  del  acto  legislativo  No 2 de 2009, que modificó el artículo 29 del C.P.”.   

         Luego  de  transcribir  el  contenido del aludido Acto Legislativo,  señala  que  al estar demostrado que su defendido es un principiante consumidor  de  estupefacientes,  en  este caso de marihuana, como así lo admitió desde el  momento  de  su  aprehensión  y  que  “llevaba una  cantidad  un  poco  superior a la dosis personal y que con su actuar no atentaba  contra  terceros  o  contra  la sociedad sino contra su propia salud, contra sí  mismo,   (es)   necesario  concluir  que  la  norma  llamada a regular su situación y la cual es aplicable  era  la  transcrita  anteriormente.   Así  lo  dejó ver el Magistrado que  salvo     (sic)    el  voto”.   

         Añade   que   en   este   asunto   si  bien  se  puede  hablar  de  antijuridicidad  formal, no así de la material, pues con su actuar su defendido  no  puso en peligro bien jurídico alguno, motivo por el cual no es merecedor de  una  sanción  penal  sino  que debe “ser atendido y  sometido  a  ‘tratamientos  de  orden pedagógico, profilático (sic) o    terapéutico   para   las   personas   que   consumen   dichas  sustancias’…”,  como lo señala la disposición  en su concepto inaplicada.   

         En   el   segundo   reproche,  por  su  parte, estima que se aplicó indebidamente el artículo  376,  inciso  segundo, del Código Penal, con la modificación contemplada en el  artículo  14  de  la  Ley  890  de 2004, “cuando la  norma  aplicable  era  el  artículo  1° del acto legislativo No 2 de 2009, que  modificó el artículo 49 de la C.P.”   

         Al  respecto,  indica  que la droga decomisada superó por muy poco  la  dosis  personal  y  que  “estamos  frente a una  persona  consumidora de estupefacientes, que la misma es marihuana (de todas las  sustancias  estupefacientes  la  menos  dañina)  y además que estaba destinada  para  el consumo personal de JUAN CAMILO y no para su distribución o suministro  a terceros”.   

         Finalmente  señala  que  como  su  prohijado  es  un consumidor de  estupefacientes  debe  ser  objeto  de  protección  y  ayuda del Estado y de su  familia    y   no   de   una   sanción   penal,   por   lo   que   “incurrió   en   error   el   Tribunal   al   escoger  la  norma  aplicable”.          

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         Sea   lo  primero  señalar  que  dada  la  identidad  temática  y  conceptual  de  las  dos  censuras  propuestas  en  la demanda presentada por el  defensor  de  JUAN CAMILO ZULUAGA RINCÓN,   se   abordará  su  análisis  de  forma  conjunta.            

         En  segundo  lugar,  importa  determinar si al recurrente le asiste  interés  para  plantear  el  tema  ventilado  en la sede extraordinaria, habida  cuenta  que  la  impugnación  se endereza contra un fallo anticipado por razón  del  preacuerdo  celebrado  entre  defensa  y  fiscalía con el aval del juez de  conocimiento,  tema  de  mayúscula incidencia para el análisis que corresponde  acometer  en  esta  oportunidad  procesal, pues, de conformidad con el artículo  184, inciso segundo de la Ley 906 de 2004:   

         “No  será seleccionada, por auto debidamente motivado que admite  recurso  de  insistencia  …,  la demanda que se encuentre en cualquiera de los  siguientes  supuestos:  Si  el  demandante  carece de  interés,   prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se advierta que  no   se   precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso” (subraya fuera de texto).   

   

Ciertamente, ha reiterado la Sala que cuando  el  procesado acepta los cargos atribuidos en su contra opera el principio de no  retractación,  surgiendo  la imposibilidad para quien efectúa tal asentimiento  en  forma  libre,  informada  y  consciente  de  discutir  en  relación  con la  responsabilidad  penal  admitida,  bien  sea  para  pregonar  posteriormente  su  inocencia   (retractación   total)   o  en  procura  de  buscar  una  forma  de  degradación  (retractación  parcial),  salvo  demostrarse que en dicho acto se  incurrió   en   vicios  de  consentimiento  o  en  vulneración  de  garantías  fundamentales,  tal  como lo prevé el inciso cuarto del artículo 351 de la Ley  906 de 2004.   

Acudir  a este tipo de mecanismos, también  se  ha  precisado,  implica para el procesado renunciar a una de las etapas  del  proceso,  como  en  este caso lo fue el juicio, así como a la controversia  que  dentro  de  sus  cauces  normales se generaría, en cuanto estos mecanismos  están  basados  en  una  filosofía  premial,  esto  es,  que frente al acto de  conformidad  del procesado en beneficio de la celeridad procesal y del ahorro de  esfuerzos  para  la  administración  de  justicia,  se  le  otorga un incentivo  punitivo  significativo  (aquí  lo  fue del 50 % de la pena y el reconocimiento  del  subrogado penal de la suspensión condicional de la ejecución de la pena),  por  lo que no resulta posible frente a esta clase de instituto jurídico acudir  al fácil expediente de la retractación posterior.   

El  principio  de  no retractación, además, encuentra consagración  expresa  en  el  inciso  segundo  del  referido artículo 293 de la Ley  906  de  20004, según el cual luego  de  que  el  juez  de  conocimiento  acepta  el  acuerdo  le  está vedado a los  intervinientes      retractarse      de      sus  términos.   

Ciertamente,  verificado  que  el procesado  JUAN    CAMILO    ZULUAGA    RINCÓN   de  manera  libre,  consciente,  voluntaria y asistido por defensor  en   desarrollo  del  preacuerdo  celebrado  con  la  fiscalía  aceptó el cargo  formulado  por  el  delito de tráfico, fabricación o  porte  de  estupefacientes  sancionado  en  el  artículo  376  de  la  Ley  599  de  2000,  resulta  evidente  que esté impedido para  buscar  formas  de retractación frente a lo aceptado,  máxime   cuando   el   juez  verificó  todas  esas  circunstancias    en    el    acto   posterior   de  aprobación.   

No  obstante  lo  anterior,  la  Sala tiene  sentado  que,  como ya se destacó, frente a la limitante para impugnar en estos  eventos  existen  algunas  excepciones referidas a  (i) cuando se demuestre  en  forma clara que en dicho acto se incurrió en vicios de consentimiento; (ii)  la  vulneración  de  garantías fundamentales; y, (iii) la inconformidad con la  dosificación  punitiva o los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de la  libertad1.   

Está   visto   que   en   este  caso  el  casacionista no exterioriza  la  intención  directa  de  controvertir  alguno de estos aspectos para justificar  la  impugnación.  Su propuesta  en  las dos censuras gira en  derredor  de  señalar  que  la  conducta  desplegada    por    ZULUAGA   RINCÓN  no  amerita sanción penal  en  virtud del Acto  Legislativo 02 de 2009, mediante el  cual  se  modificó  el  49  de  la  Constitución      Política  en  el sentido de regular el    procedimiento    a    seguir   frente   al   portador   de  la  llamada  dosis  personal de  estupefacientes,   bajo   la   hipótesis   de   que  se trata de un simple     consumidor    que   llevaba   consigo   una   cantidad   que  excedía  por  poco  ese   margen,    clasificable   como   dosis  de aprovisionamiento y que despoja  de  antijuridicidad material  su comportamiento.   

Significa  lo anterior que el impugnante no  alega   vicios   en   el   consentimiento  de  su  defendido,  ni  tampoco   desconocimiento  de  garantías,  esto último porque su inconformidad reside en  rebatir  la  valoración  de  los elementos de convicción soporte del fallo, lo  cual,    por    contera,    repugna    frente   a   la   causal   de   casación  seleccionada.   

Pero   además  el   censor  pretende  la  aplicación  del dispositivo constitucional referido a  partir   de   un  supuesto  que  no  se  corresponde   con  lo  aceptado  por  su  prohijado  y demostrado en la actuación, en cuanto es claro que fue sorprendido  con   una   cantidad   (62  grs.)  que    supera   el   triple   de   la  establecida  legalmente  como  dosis  personal del  estupefaciente       incautado      (20     grs.     para    marihuana2).   

Discutir ahora  que  se  trataba  de  una dosis de aprovisionamiento  destinada  al  consumo  y  que  por tanto la conducta  de su defendido carece de  antijuridicidad  material  comporta una retractación  flagrante de la     aceptación     previa   revestida   de   todas   las  garantías,   que   no  enmarca en las excepciones señaladas.   

De lo expuesto  en  precedencia,  surge  como  conclusión  razonable  que el defensor carece de  interés  para  proponer  el  tema aludido en las dos  censuras,  en  tanto  implica  retractación  de  la  responsabilidad    admitida    por    su    defendido    en    el   preacuerdo,        lo  cual  torna ineludible la  inadmisión  del libelo,  sin que encuentre la Sala la necesidad de dictar fallo de fondo  superando   la   falencias,  o  casar  oficiosamente  la      decisión     impugnada     por    advertir    vulneración   de  garantías fundamentales.   

          Cuestión final.   

Habida cuenta de que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación3,    como  sigue:   

         i)                      La  insistencia  es  un  mecanismo especial que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la Sala decida  inadmitir  la demanda de casación, con el fin de provocar que ésta reconsidere  lo  decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal  –siempre  que el  recurso   de   casación   no   hubiera   sido  interpuesto  por  un  Procurador  Judicial–, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

         ii)                     La solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

iii)          Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

iv)          El  auto a través del cual se inadmite  la  demanda  de  casación  trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

         

        En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por el defensor  de    JUAN   CAMILO   ZULUAGA   RINCÓN,     por     las    razones    consignadas    en    la    anterior  motivación.   

        De   conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo  del  artículo  184  de  la Ley 906 de  2004 y, en los términos referidos en el  acápite  final  de  esta  determinación,  contra  esta  decisión  procede  la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ               SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ             

Cita medica  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                   AUGUSTO      J.      IBÁÑEZ  GUZMÁN                            

               

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS               JULIO        ENRIQUE         SOCHA   SALAMANCA                     

                                                JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1 Cfr.,  entre  otros,  autos de 21 de febrero de 2007, rad. No 26.587 y de 11 de mayo de  2009, rad. 31326.   

2  Conforme  lo  prescribe  e  literal  j)  del artículo 2° de la Ley 30 de 1986.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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