33812(17-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33812  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  371  

Bogotá D.C., diecisiete (17) de noviembre de  dos mil diez (2010)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el   defensor  de  los  procesados  CARLOS ANDRÉS  CORREA  CABALLERO  y  FABIÁN  ANDRÉS  JAIMES VESGA en  contra  del  fallo  de segundo grado proferido el 24 de noviembre de 2009 por la  Sala   Penal   del  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  el  cual  confirmó  integralmente  la  decisión de  primera  instancia del 2 de julio anterior, por medio de la cual la Juez Primera  Penal  Municipal con Funciones de Conocimiento de la misma ciudad condenó a los  citados  enjuiciados  como  coautores de la conducta punible de hurto calificado  agravado.   

H    E   C   H   O  S   

Fueron resumidos por el Tribunal en el fallo  impugnado, así:   

“El  día 4 de  marzo  de 2009, siendo las seis y quince de la noche (6:15 p.m.), se encontraban  los  jóvenes  Tania  Shirley y Nelson Camilo Quintero, sentados en el Parque de  las  Cigarras,  ubicado  en  el barrio Real de Minas, cuando fueron sorprendidos  por   cinco   sujetos  quienes  los  rodearon,  esgrimiendo  sus  armas  blancas  (navajas),  Nelson  se  pone  de pie, dos sujetos le colocan navajas en su pecho  exigiéndole  la entrega de sus pertenencias, entre ellas su celular, como éste  se  negaba  los  agresores  le  manifiestan  que  si se va a dejar chuzar por un  celular,  momento  en  el  que  uno  de  ellos lo chuza suavemente en la pierna,  mientras  que el otro se le abalanza , toma el celular y $10.000 de su bolsillo;  entre   tanto,  los  tres  sujetos  amenazaban  a  Tania,  quien  igualmente  la  despojaron  de  su  bolso  y  de  la suma de $10.000, procediendo a emprender la  huida,  momento  en  el  cual  Nelson  Camilo  decide  perseguir a sus agresores  quienes  tomaron  la  ruta  hacia  el  Coliseo Edmundo Luna, no perdiéndoles de  vista,  cuando a la altura de la Policlínica pasa una patrulla a la que le pide  auxilio  la  víctima  señalándole  a sus atracadores por sus características  físicas   y   sus  vestimentas,  quienes  posteriormente  fueron  aprehendidos,  encontrándoles  en  su  poder  el  celular  hurtado  y  las  armas  blancas.”   

ANTECEDENTES PROCESALES RELEVANTES  

1.  A  solicitud  del Fiscal Cuarto Local de  Bucaramanga,  la  Juez  Séptima  Penal  Municipal  con  Función  de Control de  Garantías  de  la misma ciudad, en audiencia preliminar celebrada el 5 de marzo  de  2009, legalizó la captura  en    flagrancia    de    CARLOS    ANDRÉS   CORREA  CABALLERO  y  FABIÁN ANDRÉS  JAIMES  VESGA; en la misma diligencia, les imputó  a  los  indiciados  el  cargo  de  autores   de   la  conducta  punible  de  hurto  calificado  y agravado (artículo 239, 240 y 241 del Código  Penal),  imputación  que  aquellos  no  aceptaron.   Enseguida, la juez de  garantías,   a  iniciativa  de  la  fiscalía,  afectó  a  los  imputados  con  medida  de  aseguramiento de  detención   preventiva   en   establecimiento   carcelario.  Dicha  medida  fue  sustituida  por  la  detención domiciliaria, según determinación adoptada por  el  Juez  Quinto  Penal  Municipal  con  Función  de  Control  de Garantías en  audiencia  preliminar  del  29  de  abril  siguiente, conforme lo previsto en el  artículo 27 de la Ley 1142 de 2007.   

2.  El  escrito de  acusación      con  preacuerdo  fue  radicado el 18 de marzo de 2009   por  la  Fiscal  30  Local de Bucaramanga; fue así que el 21 de mayo de 2009 se  llevó    a    cabo    ante    la   Juez   de   Conocimiento   la   audiencia  de  aprobación  del  preacuerdo  y  aceptación  de  los  cargos  por  parte  de  los  imputados  de la conducta  punible  de hurto calificado agravado (artículos 239 inciso segundo del Código  Penal,  240  inciso  segundo  del  mismo estatuto modificado por el 37 de la Ley  1142  de  2007,  241-10 modificado por el 51 de la Ley 1142 de 2007, normas a su  vez  modificadas  por  la  Ley  890  de  2004).   Enseguida, la funcionaria  judicial  corrió  a  los intervinientes el traslado del artículo 447 de la Ley  906 de 2004.   

3.  Cumplido  lo  anterior,  en audiencia de  lectura  de  fallo  celebrada  el  2  de  julio  de 2009 se profirió y leyó la  sentencia  por medio de la cual la Juez Primera Penal Municipal con Funciones de  Conocimiento  de  Bucaramanga  condeno a CARLOS ANDRÉS  CORREA  CABALLERO  y  FABIÁN ANDRÉS JAIMES VESGA a la  pena  principal  de  19  meses  y  24  días  de  prisión,  a  la  accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término  igual  al  de  la  pena  privativa de la libertad como coautores de la  conducta   punible   de   hurto  calificado  agravado,  conforme  el  preacuerdo  reseñado.  Así  mismo, les negó el subrogado de suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena, el sustituto de la prisión domiciliaria, y se abstuvo  de  condenarlos  al  pago  de  perjuicios,  por  haberse  surtido la reparación  integral de la víctima.   

4.  La  decisión  de  primera instancia fue  apelada  por el defensor común de los procesados y confirmada por la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  de Bucaramanga, en sentencia  de segundo grado del  24 de noviembre de 2009.        

5.  Inconforme con lo resuelto, el apoderado  judicial  de  los acusados interpuso el recurso extraordinario de casación y lo  sustentó oportunamente a través de la correspondiente demanda.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

Cargo único: violación indirecta de la ley  sustancial por errores de hecho.    

Al amparo de lo que denomina “causal  primera” y luego “causal  tercera,  cuerpo  primero”  del  artículo  181-1  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2004, el demandante  denuncia  que  el  Tribunal  violó  la  ley  sustancial de manera indirecta, en  particular  el  artículo  314-5  de  la  Ley  906  de  2004  (modificado por el  artículo  27  de  la  Ley 1142 de 2007) por exclusión, y los artículos 38 del  Código  Penal  y  1º  de  la  Ley  750  de 2002 por aplicación indebida, como  resultado  de  haber  incurrido  en  errores  de hecho, en la modalidad de falso  juicio de existencia.   

En  apoyo  de su reproche, precisa que si el  sentenciador  no  hubiese  ignorado  las  pruebas  que  permiten inferir que los  procesados  tienen  la  calidad  de  padres  cabeza  de  familia,  y les hubiese  otorgado  “el  valor probatorio que tenía cada una  de  ellas”  entonces  los  habría  beneficiado  con  “la   causal   de   sustitución   de   medida  de  aseguramiento”,  según el artículo 314-5 de la Ley  906  de  2004  y,  además,  no  les  hubiese  negado  el  aludido sustituto con  fundamento  en  el  factor  subjetivo  descrito  en  el artículo 38 del Código  Penal, norma que fue aplicada indebidamente.   

Critica que el juzgador no admitiera que los  procesados  tenían  la  condición  de  padres  cabeza de familia, pues de esta  manera  desconoció  que  el Juez 5º Penal Municipal sí lo hizo con fundamento  en  la  aplicación  favorable  del artículo 314-5 de la Ley 906 de 2004, norma  modificada  por el artículo 27 de la Ley 1142 de 2007 (y no por lo dispuesto en  el  artículo 1º de la Ley 750 de 2002) y, en consecuencia, les “sustituyó  la  prisión carcelaria por la domiciliaria”.   

El censor asegura que en este caso es posible  aplicar  la  solución  que  dio  la  Corte  al emitir el fallo anticipado en el  proceso  seguido  contra  la  ex  Representante a la Cámara Yidis Medina, en la  cual  le negó la suspensión condicional de la ejecución de la pena y al mismo  tiempo le otorgó el sustituto de la prisión domiciliaria.   

Reseña  que  la  prisión  domiciliaria  se  regula  por lo dispuesto en el artículo 38 del Código Penal, el cual establece  unos  requisitos  objetivos  y  subjetivos  para  su  concesión; no obstante lo  anterior,  el  artículo  1º  de  la  Ley  750 de 2002 añadió “otra  especie  de prisión domiciliaria”  en  beneficio de mujeres y hombres cabeza de familia, para lo cual fijó ciertos  presupuestos,  entre ellos la ausencia de antecedentes penales, que el delito no  esté  excluido  de  ese  beneficio  y  la  valoración  de factores personales,  laborales,  sociales que permitan suponer que el procesado no pondrá en peligro  a la comunidad o a los hijos menores.   

Y  aún  cuando  admite  que  tanto  por  el  artículo  38 del Código Penal como por el 1º de la Ley 750 de 2002 es posible  negar  la sustitución por el factor subjetivo, de todos modos ésta procede por  aplicación  del  artículo  314-5  de  la  Ley  906  de  2004  (sustitución de  detención  preventiva  en  beneficio  de  las  madres  cabeza de familia), pues  –según  dice-  así  lo  autoriza  el artículo 461 del mismo estatuto. Además, dicha norma –el   numeral  5  del  artículo  314-  contiene  unos  requisitos  más  favorables y ventajosos para la concesión del  beneficio,  pues  basta  demostrar  la  condición  de  madre  o padre cabeza de  familia  respecto  de  un  hijo  menor  o  que  sufra incapacidad permanente, la  dependencia  económica y la convivencia bajo el mismo techo, sin que haya lugar  a  analizar  la naturaleza del delito, la carencia de antecedentes penales ni la  valoración  del  ingrediente  subjetivo;  por  lo tanto, dicha norma sustancial  (artículo  314-5)  debe  aplicarse  por  favorabilidad, dado que se presenta el  fenómenos de tránsito legislativo.   

El  recurrente dice que el artículo 461 del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004  se  refiere a la sustitución de la  ejecución  de  la pena, y ello implica la ejecutoria de la sentencia, pero aún  así  estima  que  cabe la aplicación del artículo 314-5, tal como lo admitió  la  Sala  en  el  caso aludido de la ex congresista y por cuanto “la  libertad  personal  ha de tener un trato prevalente”.   

Enseguida,  estima  que  el juzgador aplicó  indebidamente  el  artículo  38  del Código Penal porque negó la sustitución  con  fundamento  en  la  gravedad  y  modalidad  del  hecho  y  no  apreció las  condiciones  personales,  laborales  y sociales de los procesados, en particular  su  comportamiento después de que les fue concedida la detención domiciliaria,  “el  querer  de  la  víctima  en  cuanto  a verdad  justicia  y reparación”, el deseo de esta última de  que  se  les  conceda la prisión domiciliaria a sus victimarios y su intención  de reparar el daño.   

Con apoyo en las anteriores consideraciones,  el  impugnante  pide  a  la  Corporación  que  case parcialmente el fallo y, en  consecuencia,  reconozca  la  aplicación  del  artículo 314-5 de la Ley 906 de  2004,  modificado  por  el  27  de la Ley 1142 de 2007, así como los requisitos  subjetivos   para   conceder   a  los  acusados  el  sustituto  de  la  prisión  domiciliaria.   CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  A la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de Justicia le asiste competencia para resolver sobre los requisitos de  admisibilidad  de  la  demanda de casación, conforme la competencia que fija el  artículo  32-1 de la Ley 906 de 2004, en asocio con el inciso 1º del artículo  184 del mismo Estatuto.   

Naturaleza   y   finalidades  del  recurso  extraordinario de casación.   

2. Ahora bien, antes de entrar a ocuparse la  Corporación   en  concreto  de  la  demanda  que  ocupa  su  atención,  estima  conveniente  detenerse  para insistir en la naturaleza y fines de este instituto  extraordinario,  así  como en los deberes que todo recurrente debe cumplir para  tener éxito en sus pretensiones.   

Dígase  inicialmente  que  en  el  nuevo el  sistema   procesal,   la   casación   se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional  y  legal  de  naturaleza  extraordinaria  que procede contra las  sentencias   dictadas  en  segunda  instancia  que  ponen  fin  las  actuaciones  procesales,  a  través  de  las  cuales  se investigan y juzgan comportamientos  punibles,  cuando  las  decisiones  proferidas,  o  bien  el  trámite  surtido,  afectan de manera trascendente y decisiva,  derechos  de los intervinientes.  Por lo tanto, la finalidad  del  recurso  extraordinario  no  es  otra que lograr la efectividad del derecho  material  desconocido,  el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  propósitos  que,  como  lo  tiene  dicho esta última, son los  mismos  del  proceso penal; así se explica que las causales de casación tengan  un diseño encaminado a lograr esos fines.   

Lo  dicho en precedencia permite afirmar que  este  recurso  extraordinario  es   consecuencia natural de la función que  ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia  como  Tribunal de Casación, según lo  determina  el  artículo  235  de  la  Carta y, por ende, guardiana de los fines  primordiales  contemplados  en  el  artículo  180  del Código de Procedimiento  Penal de 2004.   

Deberes     del     demandante     en  casación.   

3.  Respecto  de  las  exigencias  que  debe  cumplir  la demanda que sustenta la impugnación extraordinaria, la Corporación  ha  señalado  que  aún  cuando  el  nuevo  estatuto  procesal  no  las enumera  rigurosamente  como  lo hacía el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, lo cierto  es  que  de  los  artículos  183  y  184  se  pueden  deducir  los  siguientes:  a) que se señalen de manera  precisa      y      concisa     las     causales     invocadas,     b) que se desarrollen los cargos, esto es,  que  se  expresen  sus  fundamentos o se ofrezca una sustentación suficiente, y  c)  que  se demuestre que el  fallo  es  necesario  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del recurso.   

Esto es así y encuentra su razón de ser en  que   de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  inciso  2°  del  artículo  últimamente  citado  no  será  seleccionada  la  demanda  que  se encuentre en  cualquiera  de los siguientes supuestos: i)  Si  el  demandante  carece  de  interés  jurídico;  ii)  Si  prescinde  de señalar la causal;  iii)  Si  no  desarrolla los  cargos    de    sustentación,    y   iv)  Cuando  de  su contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del fallo para cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

De lo anterior se desprende, entonces, que de  acuerdo    con   la   Ley   906  de  2004,   para   que    la   demanda    sea   admitida,  el   libelista  debe  acreditar  el  interés  que le asiste para recurrir a esta sede extraordinaria,  así  como  la real afectación de los derechos o garantías fundamentales; para  ello,  deberá   formular  y  desarrollar  los  correspondientes  cargos y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad de intervención de la Corte para  lograr  algunos de los fines establecidos para la casación, según lo reseñado  más arriba.   

Por    lo   tanto,   “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.”   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,  pues  éste  debe  determinarse  por  la  manifiesta configuración de  uno    o    varios   de   los   motivos  normativamente  establecidos    para    lograr    el    desquiciamiento    de    la    decisión  impugnada.”   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes, sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la  casación”1.   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que le permita al impugnante continuar el debate fáctico y  jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso  y,  por  lo  tanto, no es  procedente  realizar  toda  clase  de  cuestionamientos  a  manera  de instancia  adicional  a  las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro,  lógico,  coherente  y sistemático en el que, al tenor de los motivos expresa y  taxativamente  señalados  en  la  ley, y conforme el interés que legalmente le  asista   al   recurrente,  se  denuncian  errores,  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente, con estricta sujeción a los lineamientos que la  naturaleza  de cada una de las causales de casación y los requerimientos que la  jurisprudencia de la Sala ha fijado de tiempo atrás.   

El caso concreto.  

4.  Luego  de confrontar las consideraciones  que  vienen de reseñarse frente a los argumentos plasmados en la demanda, desde  ya  la  Corporación  adelanta  su  postura  en el sentido de que inadmitirá la  demanda  de  casación, debido a que se aparta de los presupuestos de la vía de  ataque  ensayada  y, por el contrario, se limita a mostrar una inconformidad con  la   apreciación   judicial;   además,   los   argumentos  ofrecidos  resultan  intrascendente  para demostrar el yerro alegado, por cuanto carecen de razón en  lo  referente  a  la aplicación del artículo 314-5 de la Ley 906 para conceder  el sustituto de la prisión domiciliaría.   

5.  Ahora  bien, vista la vía de ataque que  selecciona  el  libelista para orientar el cargo único que postula –violación   indirecta   de   la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  consistente en falso juicio de existencia- la  Corte  estima  necesario  recordar  que su jurisprudencia ha decantado de manera  pacífica  que  este  yerro  de  apreciación  probatoria, que genera violación  indirecta  de  la ley sustancial en la modalidad de error de hecho, se configura  cuando   el   juzgador,   al  momento  de  apreciar  las  pruebas  individual  y  mancomunadamente,  supone  la  existencia de una que en realidad no existe en el  proceso,  y  de  allí  lo  que ella demuestra, o bien  –como  se  alega en este  caso-    ignora    la    que    sí    obra    en    la   actuación.   

Así  mismo,  se  ha precisado que cuando la  falencia  consiste  en  que  el  sentenciador deja de apreciar -a pesar de haber  sido  legalmente incorporada al proceso- una prueba con capacidad para modificar  la  decisión  impugnada,  una  alegación  correcta de este tipo de error exige  sujetar  la  censura  a una argumentación lógica y consecuente que parta de la  demostración  de  la  omisión, de suerte que una vez acreditado tal aspecto se  proceda  al  examen  de  la  nueva  situación  probatoria  que se generaría al  considerar  el medio de convicción que -obrando en el proceso de modo legal- se  dejó  de  analizar,  para  así  demostrar  que  el  yerro  evidenciado reviste  idoneidad  suficiente  para  modificar  le sentido o el alcance de la sentencia,  pues  no  de  otra manera se justificaría la emisión del fallo de sustitución  que por esta vía se solicita.   

Ahora  bien,  en lo que tiene que ver con la  trascendencia  del  yerro,  la  Colegiatura  tiene  dicho  que dicho presupuesto  “no  se  cumple  con  la sola manifestación que al  respecto  haga  el  libelista  como  si de su opinión personal se tratara… La  demostración  de  la  trascendencia  del yerro atribuido al ad-quem comporta la  obligación  de  enseñar  a  la  Corte  que  si  tal  falencia  no  se  hubiese  presentado,  entonces el sentido del fallo sería distinto porque diverso era en  consecuencia  el  supuesto  fáctico que el acervo probatorio demostraba con los  medios     dejados     de     valorar”2   

También  ha  precisado  que al censor no le  basta  con  acreditar que el sentenciador omitió un particular medio probatorio  sino  que  lo  relevante  es  la  omisión  de  aquello que la prueba demuestra.  Significa  lo  anterior  que el error de hecho por falso juicio de existencia no  consiste  solamente  en  una  ausencia de invocación formal de la prueba que se  alega  como  omitida en la sentencia, sino en el absoluto desconocimiento de los  contenidos   probatorios  que  ellas  suministran;  dicho  de  otra  manera,  lo  determinante  en esta clase de error no es que se deje de mencionar nominalmente  la  prueba, sino que el hecho que ella revela no sea aprehendido en el ejercicio  valorativo del funcionario judicial.   

Ahora bien, recuérdese que lo que alega el  censor  es,  en  esencia,  que  el  juzgador  pasó  por  alto  las  pruebas que  demostraban  que  los  procesados  tenían  la  condición  de  padres cabeza de  familia,  la  cual  sí halló demostrada el juez de garantías para conceder la  sustitución   de  la  detención  carcelaria.   Como  consecuencia  de  lo  anterior,  agrega,  no  advirtió  que, demostrada dicha situación, bien podía  conceder  la  prisión  domiciliaria  con fundamento en la aplicación favorable  del artículo 314-5 de la Ley 906 de 2004.   

Pues  bien,  visto  el  alegato  casacional  frente  a  los presupuestos anteriormente reseñados surge nítido que el censor  se  equivoca en los dos supuestos sobre los que funda su inconformidad, pues, en  primer  lugar,  el  sentenciador  no  incurrió  en  la  omisión probatoria que  pregona  y,  en segundo término, es del todo improcedente la sustitución de la  prisión  domiciliaria  con  sustento  en  el  artículo  314-5  del  Código de  Procedimiento Penal.   

En  efecto, el fallador en verdad advirtió  en  la  sentencia  que  existen  en el proceso elementos de juicio que apuntan a  sostener  la  condición  de  padres de familia de los procesados CARLOS ANDRÉS  CORREA  CABALLERO  y  FABIÁN  ANDRÉS  JAIMES  VESGA. No obstante, a la hora de  acometer  su  apreciación  no les concedió el mérito que en esta sede reclama  el  demandante  y  terminó  por  negar  la  circunstancia  reclamada.  Así, el  argumento   del   impugnante,  enfrentado  a  la  realidad  procesal,  configura  violación  al  principio  de autonomía de las causales, toda vez que lo que se  enuncia  como  un  falso  juicio  de  existencia  termina por convertirse en una  discrepancia con la apreciación judicial.   

Sea  lo  primero  censurar que el libelista  omite  uno de los presupuestos esenciales de la vía de ataque escogida, cual es  la  identificación  de  las pruebas sobre las que recae el supuesto yerro y, en  su  lugar,  se  limita  a  reseñar  que  el  juez  de control de garantías sí  encontró  demostrada la calidad de padres cabeza de familia. Semejante omisión  es  más  que suficiente para inadmitir el cargo, pues la Sala no puede entrar a  complementar  el  vacío de la demanda por la expresa prohibición que le impone  el  principio  de limitación; y si la prueba indebidamente apreciada no aparece  enunciada,  ni  demostrado  de manera dialéctica que el sentenciador la omitió  entonces   necesariamente   el   cargo   no   se  puede  sustentar  –y  lógicamente  a la Corte le resulta  imposible  analizar sus presupuestos de debida fundamentación- por sustracción  de materia.   

No  obstante  lo  anterior, la Corporación  –a  riesgo de transgredir  el  principio  de  limitación-  encuentra  que  el sentenciador se ocupa fiel y  largamente  de analizar la prueba que obra en la actuación y que, en principio,  parecería  favorable  a la demostración de la condición pregonada. Solo que a  la  ahora de asignarle mérito para los efectos pretendidos por la defensa no se  lo concedió.    

Así   lo   sustentó   el   a  quo, al estudiar los presupuestos para  conceder la prisión domiciliaria:   

“Es  importante   para  el despacho  insistir  en  que  los  condenados sí representan un peligro para la comunidad,  dada  la  modalidad  y  la  gravedad  del  delito por el que se procede, son dos  personas  quienes  en  compañía  de otros 3 sujetos abordaron a dos menores de  edad,  esgrimiendo armas blancas con el fin de intimidar y doblegar su voluntad,  y  así  poder  depredar  su patrimonio económico, lo que calificó su conducta  por   la   violencia  ejercida  contra  las  víctimas,  violencia  que  se  vio  materializada  no  solo  con la intimidación sino [que] igualmente uno de ellos  agredió  físicamente, chuzando a Nelson Camilo en su pierna, lo que denota que  nos  encontramos  ante  personas  carentes  de  valores,  quienes son capaces de  cualquier  cosa, hasta el punto de lesionar a sus víctimas con tal de lograr el  fin   de   su   empresa  criminal,  lo  cual  hace  aconsejable,  como  se  dijo  anteriormente,  la ejecución efectiva de la pena impuesta de forma intramural a  efectos  de que su cumpla tanto el fin de la prevención general de la pena, que  busca  ante  todo  persuadir  a los ciudadanos para que no sigan tan reprochable  comportamiento,  como  el  fin  de  prevención  especial  de  la  sanción, que  pretende  inducir  a los acusados para que no vuelvan a quebrantar las normas de  convivencia,  apartándonos  totalmente  de  lo  solicitado  por la fiscalía”   

Y,  en lo referente a la prueba que obra en  el proceso, el juez de conocimiento razonó de la siguiente manera:   

“Figura que podría admitirse que en este  evento  se  da  [la  condición  de padre cabeza de familia] porque el procesado  FABIÁN  ANDRÉS  JAIMES  VESGA  es padre de una menor de edad (A.G.J.O.), tal y  como  está  probado  por el registro civil de nacimiento, e igualmente se tiene  que  CARLOS  ANDRÉS  CORREA CABALLERO vive con sus abuelos maternos, quienes se  encuentran  incapacitados,  como  lo  certifica  el  Dr.  Jairo  Villabona,  sin  embargo,  no está plenamente demostrado el estado de abandono y desprotección,  y la ausencia total de ayuda familiar”   

Y  ahondó en la ponderación de la prueba,  así:   

“Nada  se  probó  en  relación a   FABIÁN  ANDRÉS  JAIMES  VESGA  en  cuanto  a que la madre de su hija no quiera  ayudarlos  o no esté en condiciones de hacerlo, o no sea posible ubicarla; como  tampoco  se  hace  referencia  a  la inexistencia de otros familiares que puedan  colaborar  con el cuidado y atención de los menores; contrario a ello, se tiene  que  existe  la  abuela paterna con quien vive la menor desde antes que su padre  fuera  privado  de la libertad, quien a pesar de padecer de presión alta, no le  impide  cuidar  a su nieta, ni suministrarle su manutención, pues perfectamente  puede     atender     el     negocio     de     su    hijo    de    ‘Play        Station’  que  tiene en su casa tal y como se  desprende  de  las  declaraciones  extrajuicio que reposan en la carpeta, de las  cuales  es  difícil  dar por acreditada la condición de abandono para concluir  que la hija del acusado requiere con urgencia su presencia.   

En igual sentido, se tiene de los elementos  materiales   probatorios,  de  las  declaraciones  extrajuicio,  así  como  del  certificado  médico,  que  CARLOS  ANDRÉS CORREA CABALLERO es nieto de Gonzalo  Ramírez   caballero  y  Teresa  Vargas  de  Caballero,  quienes  se  encuentran  incapacitados  por  la  amputación  de los miembros superiores como la demencia  senil  que presentan, respectivamente, pero no se encuentra acreditado que éste  sea  el  único  familiar  de la pareja con el deber de solidaridad para con los  miembros  de  la familia, pues no es suficiente otorgar tal calidad porque esté  quien   presuntamente   preste   su   manutención.”   

Una  vez  más,  abordó  el  juzgador  el  presupuesto   del  desempeño  personal,  social,  laboral  y  familiar  de  los  procesados, así:   

“De  otro  lado, está el incumplimiento  del  factor  subjetivo relacionado con el desempeño personal, social, laboral y  familiar,   pues   son   esas   características   las  que  impiden  llegar  al  convencimiento  de  que los procesados no evadirán el cumplimiento de la pena o  no  pondrán  en peligro a la comunidad, e igualmente no se puede pasar por alto  que  el  señor  CARLOS ANDRÉS CORREA CABALLERO tiene una anotación, en cuanto  en  su  contra  la Fiscalía 26 Local de esta ciudad, adelanta un proceso por el  delito  de  hurto calificado y agravado, por hechos ocurridos el 22 de noviembre  de  2008  en  el  barrio  Real  de  Minas,  que  si  bien no se puede tener como  antecedente  penal  sí nos permite inferir que tiene una personalidad arraigada  al delito.”   

Y  sobre  la entonces alegada condición de  padres  cabeza  de familia de los procesados y el perjuicio que le acarrearía a  los hijos menores su otorgamiento, concluyó de esta forma:   

“…  se tiene que este comportamiento y  la  personalidad  de  los  sujetos  agentes  se constituye en un peligro para la  sociedad   y  no  puede  propender  utilizar  como  estrategia  para  eludir  el  cumplimiento  efectivo de la sanción penal de calidad de ser cabezas de familia  para  evadir  la responsabilidad de los actos en los cuales con plena autonomía  y capacidad mental se han dispuesto cometer.   

Adicionalmente   se   destaca   que   la  procedencia  del  beneficio  de  las  reclusión  domiciliaria  no debe poner en  riesgo  los  derechos del menor que, para el asunto sub examine, el otorgamiento  de  tal  gracia  justamente constituye un factor desestabilizador para el menor,  en  especial  para  su  formación  moral  ante  un  padre que da mal ejemplo de  convivencia  social  u  quien hay dado muestras que poco o nada le interesan los  mínimos principios y valores de la vida en sociedad.”   

Así  pues, la trasliteración de solamente  una  parte  de  los  razonamientos  del  sentenciador  de  primer grado sobre la  apreciación  de  la prueba en lo referente a la condición de padres de familia  de  los  enjuiciados  desdibuja completamente el reproche formulado en el cargo,  pues   –aún  cuando  el  demandante  no  atina  a identificar las pruebas sobre las que recayó el error-  de  todos  modos  es  más  que  evidente  que el juzgador hizo una apreciación  probatoria  que  tuvo  en  cuenta  muy  especialmente  las  pruebas que podrían  aparentemente  sustentar  la  condición  tantas veces reseñada y justificar el  consecuente beneficio punitivo.   

Ahora  bien,  resta  por  decir  sobre este  particular  asunto  que  el  juez  de  conocimiento  que  profiere  la sentencia  –al  contrario  de lo que  sugiere   el  casacionista-  naturalmente  no  está  atado  a  la  apreciación  probatoria  realizada  por  el  funcionario  judicial  de  garantías,  pues  la  apreciación  de  este  último no resulta ser regla del proceso y es al juez de  la  causa  –y  no  al  de  garantías-  al  que le corresponde apreciar las pruebas relativas a los fines y  efectos de las sanciones impuestas.   

Pero,  además  de lo anterior, también es  relevante  afirmar  que la Corporación ha precisado lo improcedente de reclamar  el  sustituto  punitivo  de  la  prisión  domiciliaria  con  fundamento  en  el  artículo  314-5  de la Ley 906 de 2004, menos aún con apoyo en una inexistente  autorización proveniente del artículo 461 de la misma norma.   

Sobre el particular, la Sala ha dicho que el  instituto   de   la   prisión  domiciliaria,  como  sustituto  de  la  pena  de  cumplimiento  intramural,  se  regula  por  lo  dispuesto en el artículo 38 del  Código   Penal,  como  también  que  su  concesión  con  posterioridad  a  la  ejecutoria  del  fallo  tiene  lugar conforme lo normado en el artículo 461 del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004.  Así mismo, ha decantado que no es  procedente,  al  efecto  de  conceder  el sustituto punitivo, la aplicación del  artículo  314-5  del  estatuto  procesal  acusatorio, pues dicha norma no está  prevista  para  regular  la  ejecución  de  la  pena  sino  la detención   preventiva,   motivo   por  el  cual  –al   no   ocuparse   del  mismo  fenómeno  jurídico-  no  cabe  su  aplicación favorable.   

La tesis que defiende le censor, esto es, la  concesión  de  la  prisión domiciliaria -figura que regula el artículo 38 del  Código   Penal-  con  apoyo  en  la  aplicación  favorable  de  la  causal  de  sustitución  de  la detención preventiva señalada en el artículo 314-5 de la  Ley  906  de  2004  debe  ser  desestimada por la Sala, con fundamento en que el  citado  artículo 314 del estatuto procesal no regula la misma situación que el  38  del sustantivo: el primero enuncia las causales de  sustitución  de la detención preventiva, mientras que  el  segundo cita los requisitos objetivos y subjetivos que permiten sustituir la  pena  de  prisión  en  establecimiento  carcelario  por su cumplimiento en el lugar de domicilio.    

Como  ya  se  advirtió,  no opera aquí el  fenómeno  de  la  favorabilidad, pues no es un evento de tránsito legislativo,  dado  que  se  trata  de  fenómenos  distintos: ello resulta evidente, pues uno  –la detención preventiva-  tiene    lugar    en   el   curso   del   proceso   y   el   otro   –la   sustitución   de   la  pena  de  prisión-  cuando  se  profiere  la  sentencia que pone fin al litigio.  De  suerte,  entonces,  que  cada una de estas figuras obedece a fines distintos, en  la  medida  en que una cosa son los presupuestos de la medida de aseguramiento y  otra los de la pena.   

Sobre  este asunto la Corte se ha expresado  de la siguiente manera:   

“La detención domiciliaria tiene que ver  con  el  decurso del proceso; la prisión domiciliaria, con el proferimiento del  fallo;  y  la  sustitución  de  la  pena,  con la efectividad corporal de esta.   

Se   trata,   entonces,   de  fenómenos  jurídicos  bien  diversos,  que  cumplen funciones en diferentes momentos de la  actuación  procesal.  Los  requisitos,  así, son particulares para cada uno de  ellas,  lo  que  implica  que no puede haber incompatibilidad de la normativa de  los dos primeros, o de alguno de ellos, con el tercero.   

En casos como este, desde el punto de vista  estructural  y  desde  el  punto  de  vista  temático,  no  es posible afirmar,  entonces,    que    una   norma   modifique,   subrogue,   abrogue   o   derogue  otra.   

La  sustitución de la pena, por tanto, no  tiene  el  mismo  escenario  procesal  ni  la  misma sustancia que la detención  domiciliaria, ni que la prisión domiciliaria.   

4.4.   El  artículo  4613,  bajo  el  título de “Sustitución de la ejecución de la pena”, dice:   

El juez de ejecución de penas y medidas de  seguridad  podrá  ordenar  al  Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario la  sustitución  de la ejecución de la pena,  previa  caución,  en los mismos casos  de  la  sustitución  de  la detención preventiva (lo  resaltado es ajeno al texto).   

El  artículo  314 [de la Ley 906 de 2004]  regula  la  sustitución  de la detención preventiva en desarrollo del proceso,  que  procede  cuando  sea  suficiente  frente  a las finalidades de la medida de  aseguramiento;  el  imputado o acusado sea mayor de 65 años, teniendo en cuenta  su  personalidad,  la  naturaleza  y modalidad del delito; la imputada o acusada  esté  próxima  al  alumbramiento  o  después  del mismo; cuando el imputado o  acusado  padezca  enfermedad  grave;  o  cuando se esté ante imputado o acusado  “madre cabeza de familia”.   

La lógica más sana enseña, entonces, que  partiendo   de  la  fase  correspondiente  dentro  de  la  actuación,   la  sustitución   de  la  ejecución  material  de  la  pena,  ya  ejecutoriada  la  sentencia, es viable cuando se demuestra que :   

a)  El  condenado  tiene más de 65 años,  según su personalidad y la gravedad y modalidades de la conducta.   

b)  A  la  condenada le faltan dos meses o  menos para dar a luz.   

c)   El   condenado  o  condenada  sufre  enfermedad grave.   

d)  Con  posterioridad  a la firmeza de la  sentencia,  el  condenado  o condenada adquiere el estatus de “madre cabeza de  familia”.   

…  

En síntesis, para otorgar la sustitución  de  la pena a que se refiere el artículo 461 del nuevo Código de Procedimiento  Penal  se  miran  exclusivamente  las  hipótesis  relacionadas  con la edad, la  enfermedad  grave,  la  gravidez  y el estatus de “madre cabeza de familia”,  todo  ello  surgido  con  posterioridad  a  la ejecutoria del fallo.”4   

En conclusión, es necesario reiterar que no  existe  posibilidad de predicar la aplicación del principio de favorabilidad al  enfrentar  el  artículo 38 del Código Penal, frente al 314 y 461 de la Ley 906  de  2004,  pues una y otra norma operan en ámbitos procesales bien distintos y,  además,  obedecen  a fines diversos, lo cual hace imposible afirmar que regulan  el mismo hecho.    

Se  dirá, eso sí, que el artículo 314 de  la  Ley  906  de  2004  regula  de  manera más favorable aquello que igualmente  desarrollan  los  artículos  357  y  362  de  la Ley 600 de 2000, pues ambos se  refieren  a  la  detención  preventiva.   Pero,  naturalmente –reitera   la   Corte-  el  juicio  de  favorabilidad    no    puede    operar    entre    normas    que    –como  en  la  tesis  que  pregona  el  demandante- no regulan la misma figura.   

Ahora  bien, que por vía del artículo 461  del  Código de Procedimiento Penal de 2004 el sentenciador haya debido conceder  la  prisión  domiciliaria,  toda  vez  que  allí  se  establece que procede la  sustitución  de  la ejecución de la pena, previa caución, en los mismos casos  de   la  sustitución  de  la  detención  preventiva  es  un  razonamiento  del  recurrente  inadmisible,  pues  la misma norma precisa  con  claridad que esa facultad opera no dentro de las instancias o al proferirse  los  fallos  que  les ponen fin, sino una vez la sentencia cobre firmeza y ello,  en  el  caso que ocupa la atención de la Sala, aún no tiene lugar.   

Ahora  bien,  es cierto que en el fallo del  caso    que    trae    a   colación   el   censor5  la Corte aplicó el artículo  461     en     la     sentencia    definitiva    de  instancia,   en  consideración  a  que  la  entonces  procesada  tenía  la condición de madre cabeza de familia. Pero también lo es  que   ello  por  sí mismo no permite concluir que el fallador de instancia  -en  este caso, la Juez Primera Penal Municipal con Funciones de Conocimiento de  Bucaramanga,  o  bien  el  Tribunal  Superior  de  la  misma  ciudad-  ha debido  aplicarlo  por  analogía,  pues  como  ya  la  Corporación  lo  ha  precisado,  esa  facultad  está reservada a la Sala de Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia cuando profiere fallos definitivos, mas  no  a  los jueces de primera o segunda instancia, como tampoco a la Corte cuando  actúa como Tribunal de Casación.    

Así lo ha dicho la Corporación6:   

“…  el  artículo  461  del Código de  Procedimiento  Penal,  norma  última  que  está  supeditada  a  los  jueces de  ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad,  o  lo  que  es  lo  mismo, su  aplicación  es posible jurídicamente cuando la sentencia ha adquirido firmeza,  la  que  no  podría  pregonarse en esa instancia.  Postura que la Corte ya  tuvo la oportunidad de precisar:   

“…Ahora   bien,  ese  avance  en  el  reconocimiento   de   la  sustitución  de  la  prisión  por  su  homóloga  la  domiciliaria  debe  quedar  restringido  a  los  fallos que de manera definitiva  profiera  la  Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, mas no a  los  emitidos  por  la  primera  o  la  segunda instancia, dado que cuando estos  jueces  o  tribunales  emitan  sentencia condenatoria y en ese momento constaten  cumplida  la  totalidad  de requisitos de las causales regladas por el artículo  314,  lo procedente será la aplicación directa de la causal de sustitución de  la  medida  de aseguramiento, proceder ante el que nunca estará la Corte, si en  cuenta  se  tiene  que al emitir esta Corporación una sentencia condenatoria lo  será  con  el  carácter  de  definitiva,  bien  que  sea en única, en segunda  instancia        o       en       casación…7”.   

De  suerte,  pues,  que como la Sala actúa  aquí  como  tribunal  de  casación  y no como fallador de instancia, y además  porque  la  sentencia  no ha cobrado firmeza, no le está dado arrogarse en esta  sede  extraordinaria  la  competencia que por virtud del artículo 461 de la Ley  906  de 2004 le corresponde únicamente al Juez de Ejecución de Penas y Medidas  de Seguridad en un momento procesal bien diverso.   

Ahora bien, si lo que el recurrente pretende  es  que  en  este caso se acoja (con sustento en una improcedente analogía, tal  como  ya se explicó en precedencia) el fallo de única instancia que cita en su  demanda8,  para  que  se  le conceda a los aquí acusados el sustituto de la  pena  de  prisión  por la misma razón que allí se le otorgó a la entonces ex  Representante   a   la  Cámara  procesada,  dígasele  al  impugnante  que  tal  pretensión no es de recibo.   

Lo anterior, porque el hecho que en ese caso  le  permitió  a  la Corte reconocer el sustituto de la pena a la enjuiciada fue  su  condición  de  madre  cabeza  de  familia,  circunstancia  que este caso el  juzgador  de  instancia  no  encontró  demostrada,  sin  que demandante lograra  acreditar  de  qué  manera  en  la apreciación probatoria que lo condujo a esa  conclusión   el   sentenciador   hubiera  incurrido  en  un  yerro  evidente  y  relevante.   

Conclusión.  

En  resumen, por cuanto el razonamiento del  casacionista  fracasa  al demostrar que el sentenciador incurrió en el error de  hecho  que denuncia a la hora de apreciar las pruebas que le permitieron negar a  los  procesados la condición de padres cabeza de familia y, en consecuencia, el  beneficio  de  que  trata  el  artículo  38  del Código Penal, y toda vez que,  además,  su  tesis  jurídica  a  través  de  la cual pretende conseguir dicha  finalidad  por  medio  del artículo 314-5 del Código de Procedimiento Penal de  2004  es  ostensiblemente  equivocada,  puede  afirmarse  entonces  que el cargo  incumple      el      principio      de     debida  fundamentación,  motivo  por  el  cual  –tal como ya se anticipó- será    inadmitido    a    esta   sede   extraordinaria.     

Acotación final.  

8. Habida cuenta que contra la decisión de  inadmitir  la demanda de casación procede el mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 186 de la Ley  906  de  2004,  es  necesario  precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación9,    como  sigue:   

a)    La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio   Público   para   la   Casación    Penal    –siempre    que    el   recurso   no   hubiera  sido  interpuesto por  el   Procurador         Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado voto en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda  o   ante   uno   de   los   Magistrados   que   no   haya   intervenido   en  la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento último en que informará de ello al peticionario en un plazo  de quince (15) días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E:   

PRIMERO:  INADMITIR  la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor  de  los   procesados  CARLOS  ANDRÉS  CORREA  CABALLERO  y FABIÁN ANDRÉS  JAIMES VESGA.   

SEGUNDO:   De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es  viable la interposición del mecanismo de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                                          PERMISO   

JOSÉ     LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ                                                                                                      SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

            PERMISO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                    AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                                        JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Sentencia de 24 de noviembre de 2005, radicado: 23853   

3 Del  Código de Procedimiento Penal, Ley 906 de 2004.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de Casación Penal, auto del 13 de febrero de 2008,  radicación  No.  28899,  que  reitera  la  sentencia del 19 de octubre de 2006,  radicación No. 25724.   

5  Sentencia  anticipada  de  única instancia del 26 de junio de 2008, radicación  22453.   

6 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, auto inadmisorio de la demanda de  casación del 27 de julio de 2009, radicación No. 31503.   

7  Sentencia de instancia del 26 de junio de 2008, rad. 22453.   

8 Corte  Suprema de Justicia, Sala Penal, Rad. 22453.   

9  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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