33176(10-03-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.° 33176  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta N° 073  

Bogotá,  D.  C., marzo diez (10) de dos mil  diez (2010).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda de casación presentada por el defensor del procesado César Augusto  Reyes  Hernández  contra  la  sentencia  proferida el 4 de junio de 2009 por el  Tribunal  Superior  de  Ibagué,  que  lo  condenó,  junto  con Carlos Fernando  Núñez  Salcedo, a las penas de prisión e inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas, al considerarlos coautores responsables de los  delitos  de  falsedad  material  en documento público  y  destrucción, supresión u  ocultamiento  de  documento  público  (Código Penal,  artículos 287 y 292).   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  Los  primeros  fueron    descritos    en   los   siguientes   términos   en   la   resolución  acusatoria:   

Los  hechos  jurídicamente  relevantes  se  circunscriben  a  los  trámites  irregulares  realizados  por Senel Feden Arias  Peralta,  Carlos Fernando Núñez Salcedo, Elsa María Amaya Rodríguez y César  Augusto  Reyes  Hernández,  estos dos últimos servidores públicos adscritos a  la  oficina  de  impuesto  predial  de  la Alcaldía de Ibagué, entidad ante la  cual,  en aras de apropiarse de los dineros recibidos por concepto de impuestos,  desplegaron  cada  uno  las  siguientes  funciones  anómalas: Senel Feden Arias  Peralta  se  encargaba  de  ofrecer  a los contribuyentes que adeudaban impuesto  predial  o  de  industria  y  comercio,  un  descuento  del  50%  sobre el monto  adeudado,  logrando  convocar  aquellas personas que entregaban dicho monto para  lograr  ese  beneficio  ilícito; Carlos Fernando Núñez Salcedo, intermediario  entre  el  antes  citado  y  los funcionarios de la administración municipal, a  quien  Arias  Peralta  le  entregaba  las facturas que recibía de los referidos  contribuyentes  para que gestionara las modificaciones correspondientes ante los  servidores  públicos  de  la  oficina  de  impuesto  predial; Elsa María Amaya  Rodríguez,  recibía  tales  facturas  y  se  las pasaba a César Augusto Reyes  Hernández,  siendo  estos  dos  últimos los que aprovechando la posibilidad de  ingresar  al sistema TAO, red informática de la Alcaldía Municipal, realizaban  las   modificaciones   correspondientes  sobre  los  avalúos  y  las  vigencias  adulteradas  representativas  de  precios  significativamente  inferiores  a los  realmente  adeudados,  lo  que,  además,  le  permitía la expedición de paz y  salvos  apócrifos,  no  sin antes destruir las facturas inicialmente entregadas  contentivas  de la información real sobre la obligación tributaria en cuanto a  estos aspectos hace referencia.   

2.  Los anteriores  hechos  fueron  puestos en conocimiento de la Fiscalía 21 Seccional de Ibagué,  la   que   una   vez   cumplido  el  ciclo  instructivo  dispuso  el  cierre  de  investigación  y,  el  19  de  marzo  de 2004, profirió resolución acusatoria  contra  César  Augusto  Reyes  Hernández y Carlos Fernando Núñez Salcedo, al  encontrarlos   como   posibles  responsables  de  los  delitos  de  peculado  por  apropiación, falsedad material en documento público  y  destrucción, supresión u  ocultamiento  de  documento  público  (Código Penal,  artículos       397,      287      y      292)1.   

3.  El  proceso  correspondió  al  Juzgado Séptimo Penal del Circuito de Ibagué, autoridad que  realizó  las audiencias preparatoria y de juzgamiento, y el 23 de junio de 2008  lo  remitió  al  Juzgado  Séptimo  Penal  del Circuito de Descongestión de la  misma  ciudad,  despacho  que  el  31  de  octubre de 2008 profirió sentencia y  declaró  que  los  procesados César Augusto Reyes Hernández y Carlos Fernando  Núñez  Salcedo  eran  coautores  responsables  de  los delitos de estafa,   falsedad   material  en  documento  público  y  destrucción, supresión u ocultamiento  de  documento  público (Código Penal, artículos 246,  287  y  292),  razón  por la cual les impuso, al primero, 60 meses de prisión,  multa  de 60 salarios mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por lapso similar al de la pena  privativa  de  la  libertad,  y,  al  segundo, 42 meses de prisión, multa de 60  salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por término idéntico al de la  prisión. También condenó en perjuicios.   

4. El fallo anterior  lo  apeló el defensor de  César Augusto Reyes Hernández, y el 4 de junio  de  2009  el  Tribunal  Superior  de  Ibagué  lo  modificó al entender que por  violación  del debido proceso debía anularse lo actuado respecto del delito de  peculado  por  apropiación  -que    había    ameritado    fallo    de    condena   por    estafa-,  y confirmó las condenas por los  punibles  de  falsedad  material en documento público  y  destrucción, supresión u  ocultamiento  de  documento  público  (Código Penal,  artículos  287  y  292),  motivo por el cual redosificó las penas para fijar a  César  Augusto  Reyes  Hernández  61  meses  de  prisión  y a Carlos Fernando  Núñez   Salcedo   41   meses,   dejando   por  similares  lapsos  la  pena  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas, y revocó  la pena de multa así como la condena en perjuicios impuestas.   

5.  Contra el fallo  de  segunda  instancia  se presentó recurso de casación por parte del defensor  de  César  Augusto  Reyes  Hernández,  el  cual  fue concedido por el Tribunal  mediante auto de 18 de agosto de 2009.   

8.   Mediante  providencia   de   12  de  noviembre  de  2009  el  ad  quem  declaró la prescripción de la acción respecto  de  los  delitos  de  falsedad  material  en documento  público   y  destrucción,  supresión   u   ocultamiento  de  documento  público  (Código  Penal,  artículos  287  y  292)  atribuidos a Carlos Fernando Núñez  Salcedo,  motivo  por  el  cual  declaró  la  cesación  de  procedimiento a su  favor.   

LA DEMANDA:  

El   defensor   de  César  Augusto  Reyes  Hernández presentó dos cargos, así:   

Cargo      primero:     Señaló  que,  en  el  marco  de la causal tercera, la sentencia se  profirió  en  un juicio nulo porque el procesado fue condenado por el delito de  estafa,  punible  que no fue  materia de acusación.   

Explicó  que la resolución acusatoria hizo  referencia     al    delito    de    peculado    por  apropiación   y  que  el  juzgado  de  primer  grado  profirió  sentencia  por  el  delito  de  estafa,  con lo que se sorprendió la  defensa  con  una  imputación fáctica y jurídica diferente a la del pliego de  cargos que impidió un adecuado ejercicio del derecho de defensa.   

Concluyó  que  al pretermitirse el trámite  previsto  en  el  artículo  404 del Código de Procedimiento Penal se violó el  debido  proceso,  y  sin  precisar  la  consecuencia  pidió  la absolución del  procesado.   

Cargo      segundo:     También  con  fundamento  en  la  causal  tercera  expresó  que la  sentencia  es  violatoria  del  principio de non bis in  ídem.   

Afirmó que los mismos presupuestos fácticos  aducidos   para   establecer   la   existencia   del   delito   de  falsedad  material  en  documento  público  sirvieron  para  establecer el punible de destrucción,  supresión  u  ocultamiento  de  documento público. De  acuerdo  con  lo  anterior  precisa que la conducta descrita en el artículo 287  queda   subsumida   en   la   prevista   en   el   artículo   282  ibídem.   

Solicitó  corregir  el  yerro  anunciado  y  finalmente peticionó que se absuelva al acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  La casación se  concibe   como   un   recurso   extraordinario   y  como  un  medio  de  control  jurisdiccional  de la constitucionalidad y de la legalidad de los fallos, que en  los   términos   del   artículo   206   del  Código  de  Procedimiento  Penal  20002  pretende  la  efectividad  del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia.   

Al  seguir  siendo  un  recurso  se  puede  interponer  para  controvertir  la  sentencia de segundo grado antes que alcance  ejecutoria  material;  y,  la  connotación  de extraordinario la da el hecho de  surtirse   por   fuera   de  las  instancias  en  tanto  no  plantea  una  nueva  consideración  de  lo que fue objeto de debate en ellas sino un juicio de valor  contra  la  sentencia  que  puso  fin  al  proceso,  esencialmente,  por haberse  proferido  con  violación  de garantías fundamentales, materializado a través  de  una  demanda  que  no  es  de libre elaboración porque debe ceñirse a unos  parámetros  lógicos  mínimos,  a  causales  taxativas  y sólo procede contra  sentencias de segundo grado.   

La   casación   como   medio  de  control  constitucional  y  legal  implica  para la Corte Suprema de Justicia la tarea de  verificar  que  las sentencias de segunda instancia se ajusten a la normatividad  constitucional  especialmente  en  lo  referente  al  respeto  de  los  derechos  fundamentales  garantizados  a  cada uno de los intervinientes, y que los fallos  de los jueces se ciñan a la legalidad estricta.   

Esa  función  restaurativa del ordenamiento  jurídico  la  ejerce  la Corte, no sólo desde la perspectiva del entendimiento  clásico       de       la       función      nomofiláctica      (nomofilachia)  de  la  casación,  sino y,  sobre  todo,  en  torno  a la protección por vía de casación del ius   constitutionis  o  del  ius  litigatoris,  imperativos que definen  la  procedencia de la casación tanto en protección de la ley (nomofiláctica y  unificadora),  como  de los derechos del litigante (ius  litigatoris)  y  del  orden  justo  que  garantiza  la  Constitución3.   

2. La casación no  constituye  sede  adicional  para prolongar el debate probatorio cumplido en las  instancias  ordinarias  y  concluido  con  el  fallo  de  segundo  grado, por el  contrario,   exige   para   la  admisión  de  la  demanda  el  cumplimiento  de  específicos  requisitos  formales orientados a demostrar a través de un juicio  técnico  jurídico  que en la declaración de justicia allí contenida -la cual  llega  a  esta  sede amparada de la dual presunción de acierto y legalidad-, se  incurrió  en  errores  de  hecho  o  de  derecho  ostensibles y relevantes o se  profirió  en un juicio viciado, ocurrencias una y otra que reclaman para sí el  necesario correctivo.   

3.  Las  reglas  establecidas  en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000 para la elaboración del  libelo   son   de   ineludible  cumplimiento  y  cuando  se  soslayan  aquéllas  relacionadas  con  la adecuada formulación de los cargos y se omite indicar con  la  claridad  y  precisión  debidas  sus  fundamentos, la consecuencia procesal  inmediata  no  puede  ser  otra  que  su inadmisión4.   

4.  El  marco  teórico  expuesto  permite  afirmar que si bien el censor acertó en la demanda  al  identificar  los  sujetos  procesales,  sintetizar  los  hechos  juzgados  y  relacionar  brevemente  los  antecedentes procesales, desatendió los principios  que  regulan  el  recurso  extraordinario  de  casación  orientados  a conjurar  confusiones   argumentativas   y   conceptuales   que   puedan   entorpecer   el  entendimiento de la propuesta.   

5.  En    el   cargo   primero   el  libelista  centró su argumentación en la violación del debido  proceso  por  parte del a quo,  quien  al proferir el fallo de primer grado condenó por un delito que no había  sido  materia  de  acusación,  asunto  que  fue  resuelto  por  el ad quem al disponer:   

PRIMERO:  DECRETAR  LA NULIDAD a  partir,  inclusive, de la resolución de acusación, únicamente  en  lo  que atañe a la conducta punible de PECULADO POR APROPIACIÓN por la que  fueran  acusados César Augusto Reyes Hernández 61 meses de prisión y a Carlos  Fernando Núñez Salcedo.   

Olvidó el casacionista que la jurisprudencia  de   la   Sala  tiene  definido  que  las  sentencias  son  aquellas  decisiones  jurisdiccionales  que  no  sólo dan fin a la relación jurídico-procesal, sino  que  además  definen la relación jurídico-sustancial por la cual se adelantó  la  actuación.  Por  el contrario, las providencias interlocutorias, ya sean en  la  forma  de  autos  o  de resoluciones, son las que deciden acerca de aspectos  sustanciales   del   proceso,  que  no  necesariamente  extinguen  la  relación  jurídico-procesal  (aunque  en  ocasiones  pueden  hacerlo,  como sucede en las  cesaciones  de  procedimiento o en las preclusiones de investigación), pero que  de   ninguna   manera   resuelven  de  fondo  el  objeto  del  mismo5.   

Y  se ha precisado que no sólo por el hecho  de  hallarse  en  una  sentencia  toda decisión que en ella se encuentre sería  susceptible  de  los  recursos  que  la  misma admite, toda vez que es práctica  usual  en  los  estrados  judiciales  que  por  razones de economía procesal se  incluyan  dentro de una misma providencia decisiones de carácter distinto, como  ocurre  cuando  en  un  proveído interlocutorio se ordenan pruebas, o cuando en  una  sentencia  de  instancia  se  decretan nulidades parciales, o se declara la  extinción  de  la  acción  penal  por  un  delito  o  respecto  de  uno de los  procesados,  sin  que  ello traduzca modificación de la naturaleza jurídica de  la   decisión  de  menor  entidad,  la  cual  continúa  definiéndose  por  su  contenido,  conforme a la clasificación que de las providencias judiciales trae  el  artículo 169 del Código de Procedimiento Penal6.   

De  lo  anterior se sigue que si el Tribunal  dispuso  la  nulidad del proceso en el acápite resolutivo citado, tal decisión  no  tiene el carácter de sentencia porque de ninguna manera define la relación  jurídico-sustancial   por  la  cual  los  procesados  fueron  vinculados  a  la  actuación,  y ni siquiera pone fin a la relación jurídico-procesal entablada.  Simplemente  se  trata  de  una  providencia  de  carácter interlocutorio en la  medida  en  que  decide  acerca  de  un  aspecto  sustancial relacionado con una  presunta afectación al debido proceso.   

Lo expuesto permite concluir que el defensor  pretende  recurrir en sede del extraordinario recurso de casación una decisión  que,  por  su  naturaleza,  no  constituye  sentencia.  Por  lo  tanto,  como el  artículo  213  de  la ley 600 de 2000 establece que si la demanda no reúne los  requisitos  mínimos  para  su  procedencia  no se admitirá, la Sala obrará en  consecuencia en relación con el cargo primero.   

6.  Y respecto del  cargo  segundo,  en  el  se  propone   una   nulidad   por   vulneración   del  principio  del  non  bis  in ídem, ha de destacarse que de  esta  causal  se  ha  dicho  de  tiempo  atrás  que  aun  cuando  admite cierta  flexibilidad  en  su proposición y desarrollo no es de libre alegación, porque  la  naturaleza y la especialidad de la casación hacen ineludible la observancia  de  las  exigencias  técnicas  que  gobiernan  a  este  medio  de  impugnación  extraordinario.   

Al  censor  se  le impone en su postulación  identificar  la  clase  de  vicio, esto es, si se trata de una irregularidad que  afecta  la estructura del proceso  o desconoce las garantías fundamentales  del  procesado,  proponerlo de acuerdo con su alcance y autonomía invalidatoria  debiendo   hacerlo   en   cargos  separados  cuando  son  varios,  señalar  sus  fundamentos  y  las  normas que se estiman lesionadas y demostrar de qué manera  la  irregularidad  repercute  en  el  trámite  y  cómo  ella  trasciende  a la  sentencia impugnada conduciendo a su anulación.   

También  será  imprescindible  indicar  la  etapa  procesal  a partir de la cual se debe invalidar la actuación y demostrar  que  no existe otro medio para subsanar la irregularidad sustancial distinto que  proceder  a  su  reconocimiento,  conforme  a  los  principios  que  orientan la  declaratoria de las nulidades y su convalidación.   

Del  mismo  modo,  la  principialística que  gobierna  las nulidades en el proceso penal, en síntesis, impone a quien invoca  una  nulidad,  además  de  la  referencia a la causal específica (principio de  taxatividad),  el  deber  de  argüir  de  manera  clara  y precisa en dónde se  origina  el  defecto  de  actividad y si éste no satisfizo la finalidad para la  que  estaba  previsto  (principio de instrumentalidad de las formas) y demostrar  si  el vicio afectó las garantías o las bases fundamentales de la instrucción  y  el  juzgamiento (principio de trascendencia). Frente a este último postulado  la  Sala  ha  dicho  que  “significa  que  no hay nulidad sin perjuicio y sin la  probabilidad  del  correlativo  beneficio  para  el  nulidicente. Más allá del  otrora  carácter  puramente  formalista del derecho, para que exista nulidad se  requiere  la producción de daño a una parte o sujeto procesal. Se exige, así,  de  un  lado,  la  causación  de  agravio  con  la  actuación; y, del otro, la  posibilidad  de éxito a que pueda conducir la declaración de nulidad. Dicho de  otra  forma,  se  debe  demostrar que el vicio procesal ha creado un perjuicio y  que  la  sanción  de  nulidad generará una ventaja7.   

Específicamente  sobre  la  violación  al  principio  de  prohibición  de la doble incriminación la Sala precisó antaño  que  debe  denunciarse  a  través  de  la  causal casacional de nulidad pues es  fácil  concluir  que  esa  supuesta  transgresión  comporta  una  lesión a la  actividad  judicial,  no  siendo  posible  que se demande a través de la causal  primera      sino      por      la      tercera8.  Pero posteriormente la Corte  aceptó  estudiar  de  fondo una demanda en la cual, bajo la égida de la causal  primera,  se  denunció la violación del principio non  bis  in  ídem9.   Por   ello   en  tales  condiciones  finalmente  determinó  que   

sin  dificultad se concluye que, acorde con  la  jurisprudencia  de  la Sala, cualquiera de las dos vías, es decir, la de la  causal  tercera  o  la  de  la  primera,  resulta  adecuada  para  denunciar  la  violación   al   principio  de  prohibición  de  la  doble  incriminación,  a  condición,  desde  luego,  que  su  formulación satisfaga la integridad de los  presupuestos  de  lógica y adecuada fundamentación propios de cada uno de esos  motivos            de            casación10.   

Las  anteriores reglas jurisprudenciales que  rigen  la  causal  casacional invocada no fueron tenidas en cuenta rigurosamente  por  el demandante, porque por ejemplo, no indicó la etapa procesal a partir de  la  cual  se  debía  invalidar  la actuación, menos demostró la existencia de  otro  medio para subsanar la irregularidad sustancial distinto que proceder a su  reconocimiento,  tampoco evidenció en que consistía el perjuicio creado por el  vicio   procesal   ni   indicó   las   ventajas   que  generaría  sanción  de  nulidad.   

Empece de lo anterior la Corte observa que el  defecto  de  la  doble  incriminación no está presente en el asunto sometido a  estudio  porque  tanto  en  la  acusación  como  en  los fallos de instancia se  indicó  con  precisión  que hechos correspondían jurídicamente a cada uno de  los delitos materia de juzgamiento.   

Así,   por  ejemplo,  en  la  resolución  acusatoria   se  indicó  que  el  procesado  César  Augusto  Reyes  Hernández   

realizó  todas  las  modificaciones  que  alteraron  la  información  (que  existía  en los sistemas informáticos de la  Alcaldía)  de  los  predios  de  los contribuyentes que pagaron por concepto de  impuesto  predial  un  valor inferior al que realmente correspondía11.   

Y más adelante se concluyó:  

Toda   la   prueba  reseñada…     apuntala     a     atribuirle  responsabilidad   (a   Reyes   Hernández)  como coautor puesto que su intervención se centró en hacer las  modificaciones  de  vigencias  en el sistema, expedir facturas (con información  adulterada)  las  que  entregaba  a Elsa María, y esta a su vez le entregaba al  tramitador  que  contacto para que le llevara contribuyentes que pagaran por las  rebajas  que  se  le  iban  a  hacer,  contribuyente  que  recibía  la  factura  adulterada,  pagaba  el  valor  allí  consignado  y  entregaba el dinero que le  habían   solicitado  a  los  dos  particulares  (tramitadores)  y  estos  luego  entregaban  a Elsa María, quien distribuía con César  Augusto12.   

…  

Siguiendo el iter  criminis  desplegado  por los procesados, entre ellos  César  Augusto,  vemos que  necesariamente  la  factura  que  contenía  la  real  y  verdadera información  tenían  que  destruirla,  para  hacer imposible el cumplimiento de la finalidad  probatoria  como  era  el  pago  del  impuesto  real;  seguidamente  proceder  a  reemplazarlo  por  otro que cumpliera una función con relevancia jurídica como  ciertamente  ocurrió  cuando se le hizo entrega al contribuyente (entre otros a  Manuel  Guillermo  Ovalle  Angarita,  Gladis  Angarita de Ovalle, Álvaro Riaño  Mahecha,  Laura  Báez,  Hernando  Báez  Afanador  y Laura Rodríguez) para que  pagara  el  impuesto  rebajado.  Nos  encontramos en presencia de un concurso de  delitos  de falsedades en documentos públicos y concurso por la destrucción de  los   mismos13.   

El Fiscal de segunda instancia, al resolver  el  recurso  de  apelación propuesto por la defensa contra el pliego acusatorio  decretado por el Fiscal Seccional, afirmó que   

Que  el  comportamiento  ejecutado por los  protagonistas  de  los  hechos,  encuadra (típicamente), porque se trastornaron  datos  que  se  encontraban  almacenados  en  forma  computarizada  que  tenían  capacidad  probatoria  dentro  del  tráfico  jurídico,  reuniendo en ellos los  presupuestos  para  atenderlos como documentos públicos, al punto que sirvieron  como  medio  para  consumar  el  delito  final,  cual es el peculado14.   

En  la  sentencia  de  primera instancia se  precisó, respecto de los delitos de falsedad, que los acusados   

recibían  de  parte de los contribuyentes  los  recibos  de  pago  del  impuesto predial, los que venían facturados con el  valor  real,  y  una vez con tal documento en su poder, procedían a realizar la  búsqueda  en  el  sistema  que  maneja  la  Alcaldía  en  donde  se realiza la  facturación  del  impuesto predial y previas modificaciones dentro del sistema,  ingresan    datos  falsos  afectando  la  ficha  catastral  de  determinado  inmueble,  reduciendo  así  el  valor del impuesto a pagar, para posteriormente  entregarle  este documento al contribuyente, quien cancelaba la suma estipulada,  pero   que   no   era   la   real   suma   adeudada15.   

Lo  expuesto  permite  establecer  que  los  hechos  que  dieron  lugar  a la tipificación de los punibles en los artículos  287  y 292 del Código Penal conservan su autonomía e independencia, porque uno  fue  el  procedimiento  de  alteración  de  la  información  de  los  sistemas  informáticos  y  la  creación  de  nuevos  recibos  para  el pago del impuesto  predial     (falsedad    material    en    documento  público), y otro fue el procedimiento de destrucción  de   los   recibos   de  cobro  originales  que  recibieron  los  contribuyentes  (destrucción,  supresión u ocultamiento de documento  público).   

Lo  expuesto  determina  la inadmisión del  cargo.   

         7.  Finalmente es oportuno resaltar que la  Sala  no  observa  con  ocasión  del  trámite procesal o en el fallo impugnado  violación   de   derechos  o  garantías  ni  la  necesidad  de  un  desarrollo  jurisprudencial  específico,  como  para que se hiciera ineludible el ejercicio  de  la  facultad legal oficiosa que le asiste a fin de asegurar su protección o  un  desarrollo  teórico  en los términos de los artículos 205 y 206 de la Ley  600 de 2000.   

8. Como se observa  una  posible  mora  judicial  que permitió la prescripción de la acción penal  por  los  delitos  de  falsedad  material en documento  público   y  destrucción,  supresión   u   ocultamiento  de  documento  público  (Código  Penal,  artículos  287  y  292)  atribuidos a Carlos Fernando Núñez  Salcedo,  se  dispone  compulsar  copias contra los jueces y los magistrados que  intervinieron  en  el  presente  asunto,  con  el propósito de que la autoridad  disciplinaria determine si incurrieron en falta sancionable.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

         1°.     RECHAZAR     la    impugnación  extraordinaria interpuesta contra el auto que declaró nulidad.   

2°.  INADMITIR la  demanda  presentada  por el defensor del procesado CESAR AUGUSTO REYES HERNANDEZ  en relación con el cargo segundo.   

2°. COMPULSAR las  copias anunciadas.   

3°.  ADVERTIR que  contra la presente decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                                                             AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                                JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria.    

1  La  acusación  cobró  ejecutoria  el  22  de  julio  de  2004,  fecha en la que se  suscribió  el  pliego  de  cargos  por  parte  del  Fiscal de segunda instancia  (Cuaderno original 6).   

2  Corresponde al artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

3 Desde  antaño       la       jurisprudencia       ha      señalado:      “Al  lado  de  la  unificación  de la  jurisprudencia  y  la defensa del sistema jurídico a través del control de las  sentencias  judiciales,  se  une  entre  sus  fines  el de corregir los injustos  gravámenes  recaídos  sobre  las  partes,  lo  que  constituye el estímulo al  interés  particular  para que la casación sea viable poniéndole punto final a  un   perjuicio   particular   ocasionado   por  el  fallo  recurrido”  (Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación   Penal,   sentencias   de   casación   de  5  y  27  de  febrero  de  1976).   

4 Corte  Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Auto   del   13   de   julio  de  2005,  radicación  23889.   

5 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, Autos de 27 de junio de 2007,  radicación   27636   y  de  22  de  mayo  de  2008,  radicación  29627,  entre  otros.   

6 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, Autos de 20 de abril de 2005,  radicación  20005  y  de  27 de junio de 2007, radicación 27636, reiterados en  providencia de 22 de mayo de 2008, radicación 29627.   

7 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, sentencia de casación, 26 de  noviembre de 2003, radicación 11135.   

8 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Auto de 12 de mayo de 2004,  radicación 19543.   

9 Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, Sentencia de 26 de enero de 2005,  radicación 21474.   

10  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, Auto de 21 de marzo de  2007, radicación 26591.   

11  Fiscalía  53  Seccional  de  Ibagué,  resolución acusatoria de 19 de marzo de  2004,  folio  22.  Se  hace específica referencia a los predios de propiedad de  Manuel  Guillermo  Ovalle  Angarita,  Gladis  Angarita de Ovalle, Álvaro Riaño  Mahecha,  Laura  Báez,  Hernando  Báez  Afanador  y  Laura Rodríguez, quienes  contaron  que  los  recibos de cobro originales los entregaron a los indagados y  que  posteriormente  estos  les  suministraron  nuevas facturas que disponía un  pago menor respecto del cobro inicial.   

12  Ibídem,     folio  26.   

13  Ídem,      folio  28.   

14  Fiscal  Sexto  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior  de  Ibagué,  resolución  acusatoria de 22 de julio de 204, folio 16.   

15  Fiscal  Sexto  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior  de  Ibagué,  resolución  acusatoria de 22 de julio de 204, folio 16.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *