33178(14-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n.° 33178  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado    Acta:   114      

Bogotá,  D.  C,  catorce   (14) de  abril de dos mil diez (2010).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación   “discrecional”  presentada  por  el defensor de JAMER FERNANDO CASANOVA  PERDOMO,  contra el fallo expedido por el Tribunal         de        Neiva1,  el   cual   confirmó    la    sentencia    adoptada    por    el   Juzgado  2  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad, quien      lo      condenó,  como  autor del  punible   de   acceso  carnal  violento  en   grado   de  tentativa,  a   la  pena  principal  de  48  meses  de  prisión, entre otras sanciones.   

H    E    C    H   O   S   

El  5  de  mayo  de 2003, en el municipio del  Teruel    (Huila),    la    adolescente    K.V.O.C2.,  denunció  que JAMER  FERNANDO  CASANOVA PERDOMO, intentó  accederla  carnalmente (le tapó la boca, le pegó varias cachetadas en la cara,  un  rodillazo  en  el  mentón  y  le  rasguñó  una de las piernas3)  cuando  se  encontraba  dormida  en su casa, al medio día; acción última que no logró el  agresor  por la resistencia que ella generó por espacio de 30 minutos, hasta el  arribo  de Oscar Iván Pérez,  quien  golpeó  la puerta, momento aprovechado por el victimario para esconderse  debajo de la cama y la menor salir y contarle lo sucedido.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 18 de octubre  de  2006,  el  Fiscal  Cuarto  de Neiva, dictó         resolución        de  acusación   contra   JAMER  FERNANDO   CASANOVA   PERDOMO,  como  presunto  autor  responsable  del  delito  de tentativa de acceso carnal  violento.   Providencia  debidamente  ejecutoriada  el  3     de     noviembre     de     2006.    

2.  El 3 de junio de  2009,  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito de Neiva  (Huila),                  resolvió:    

Condenar    a  JAMER    FERNANDO    CASANOVA    PERDOMO,  por el punible de acceso carnal violento  en       el       grado      de      tentativa,  en  calidad  de  autor, a la pena principal de 48  meses  de  prisión, a la accesoria de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas, por igual  término  y  al  pago  de perjuicios morales en suma equivalente de 5 smlmv. Por  otro  lado, le negó el sustituto de la suspensión condicional de la ejecución  de la pena y la prisión domiciliaria.   

3.   La  defensa  técnica,  inconforme con el fallo referido, lo impugnó y, a su turno, mediante  la  presentación  del respectivo libelo, sustentó el recurso de casación, que  hoy examina la Corte.   

D E M A N D A  

Bajo  el  imperio  de  la Ley 600 de 2000, el  actor  atacó  la  decisión de segundo nivel, por vía discrecional.   

Como     el     escrito    –en  sus diversas acometidas- contrario  a  lo  advertido  por  la  jurisprudencia  desde  antaño,  es  un  memorial  de  instancia,  confeccionado  de  manera  libre,  genérica  y  vaga,  en  donde se  ignoraron  presupuestos  mínimos de dialéctica casacional, la Sala condensará  cada  censura  en  sus  aspectos más sobresalientes, tal y como se puntualiza a  continuación:   

1)  Para  suplir la  debida  argumentación  sobre  la  ruta de ataque seleccionada por el libelista,  citó  el  artículo  205 de la Ley 600 de 2000, luego puntualizó el delito por  el  que  se  le dictó resolución de acusación a su poderdante, para concluir,  en  lo  atinente  a  este  capítulo:  “Ahora  bien.  Como los criterios que la disposición establece para  la   admisión   discrecional  de  la  demanda  se  restringen  a  que  la  Sala  ‘lo  considere necesario  para     la     garantía     de    los    derechos    fundamentales’,  es importante precisar que en este  caso,  la  demanda obedece a que la defensa considera  que  la  sentencia  impugnada, viola flagrantemente la garantía fundamental del  debido   proceso,   como   quiera   que  se  dictó,  desconociendo  la  existencia  de una causal objetiva de exoneración o ausencia  de  responsabilidad penal que impedía el pronunciamiento del fallo, el cual, en  consecuencia,   se   presume   ilegal.”.  El  desarrollo  de esta temática, se  hará   a   continuación   ajustándola   a  los  requisitos  que  la  ley,  la  Constitución   Nacional   y   la   jurisprudencia   han   precisado”.   

2)  Denunció  una  nulidad  por  la  existencia  de  irregularidades  sustanciales,  las  que en su  criterio, afectaron el debido proceso.   

Con  el  fin  de  sustentar  la  violación  propuesta,     trajo    a    colación    un    título    sobre    “antecedentes”,  en  el  cual  se refirió a la parte  resolutiva  del  fallo  de  primera  instancia,  para  luego,  en  forma extensa  concentrarse  en  el  contenido  del  recurso  de  apelación  realizado  por su  antecesor  en  la  defensa,  en  el  que  se  evocaron  múltiples  temas  como:  a)  el  cuestionamiento a la  credibilidad  de  la  menor  víctima,  b)     las     inconsistencias     en    su    relato,    c)  la  ausencia de testigos presenciales,  d) la afirmación del testigo  Oscar Iván Pérez Vargas que  nunca  estuvo  en  el  sitio  donde  ocurrieron  los hechos; por ello, solicitó  –en   instancia-   la  aplicación del postulado de in dubio pro reo.   

A  renglón  seguido  anotó:  “Es  indudable  como  existen  graves  falencias  en  la  instrucción del proceso, cuando allí aparece en el cuaderno  principal…     un  memorial”,  en  donde  la  madre  de la menor sostuvo que denunció los hechos  porque  “estaba con mucha  ira  y  no  había  averiguado  bien  las  circunstancias  que rodearon el hecho  denunciado  y que posteriormente al haber averiguado sobre tales circunstancias,  pudo  concluir  que  el  hecho  punible  no  se  consumó,  por  que  el  señor  JAMER    FERNANDO    CASANOVA   PERDOMO,  al  ver  la  reacción de mi hija, llego (sic) el momento en que  desistió  de  insistir  en su propósito de consumar el acto sexual… y no siguió insistiendo al respecto  y  se  fue…  él  al fin  comprendió  que estaba actuando en forma abusiva y reaccionó en forma pasiva y  permitió      que      ella      saliera      de      la     alcoba”; motivo por  el   cual,   las   partes   (procesado,   víctima  y  representante legal de la misma) firmaron ese escrito.     

El  actor,  continuó  avalando  el  memorial  suscrito   por  el  anterior  abogado,  por  cuanto  las  instancias  jamás  se  pronunciaron   sobre   lo   manifestado   inmediatamente   atrás:  “y  solamente  en  la  resolución  de  acusación  acusatoria  proferida,  allí  se argumenta que la progenitora de la  menor  presentó  un  memorial de desistimiento de la acción penal suscrito por  ella,  por la menor y por el sindicado, por haber llegado a un arreglo y por ser  parientes,  argumentos estos que se apartan según lo  considero  de la realidad procesal y lo cual da merito (sic) a que se anule toda  la  actuación  adelantada  con  posterioridad  a  esos  sucesos por provenir de  graves  defectos  fácticos  y procedimentales que generan la consecuencia a que  se  declare  la  nulidad  por  tratarse de verdaderas vías de hecho que atentan  contra   el   derecho   a   la   defensa   y   al   debido   proceso”.   

3)  Como  el  hoy  condenado   –agregó-  al  momento  de  los  hechos  se  encontraba  en  un  estado  de  alicoramiento,  el  instructor  debió  remitirlo  al  Instituto  de Medicina Legal, a fin de que le  practicaran    el   examen   correspondiente,   por   encontrarse   “en   un   estado   de   dependencia  psíquica,   que  pudo  influir  en  la  ejecución  de  los  hechos”.   

Siendo  ello  así, el Fiscal se equivocó al  entender  que  se  trataba  de un desistimiento, cuando en realidad la cuestión  era   entender  “que  el  sindicado  desistió  de  su  actuar y no consumó el delito por haber llegado a  superar  el  hecho  en  esa  situación  que le impedía comprender la ilicitud,  debido  al  motivo  de haber ingerido bebidas alcohólicas y había actuado bajo  el    influjo    de    las    mismas”, pues la firma  del  inculpado  en  el escrito referido, no se puede tomar como una “confesión    judicial”.   

Como  su prohijado desistió de la ejecución  de  la  conducta  punible  al no consumarla, entonces, jamás se puede hablar de  tentativa,    “porque  aclaró  que el delito no se cometió porque el mismo sindicado tuvo su voluntad  de  cesar  en  la ejecución y desistir para no consumarlo, al haber comprendido  la  presunta  ilicitud  y en el momento en que pudo superar en algo su estado de  alicoramiento”.   

4)  Entre  otros  argumentos,   adujó   el  libelista  “que  estas  situaciones  de enlagunamiento (sic), son consecuentes,  ocasionales  e  imprevisibles  por  quienes  consumen tales bebidas y  cuando se llega a tales situaciones, se puede presumir que es el  estado  colombiano  el  responsable  de  los  daños  que  se  ocasionan por los  comportamientos   en   hechos   inimputables,   por  permitir  que  las  bebidas  alcohólicas  sean  consumidas  por  los  ciudadanos, conductas que no se pueden  prevenir  con  el  simple  hecho de insertar expresamente en las estampillas que  aparecen  en  las  botellas  de  licores  o  estiquer (sic) o adhesivo, en donde  aparecen  las  palabras  ´el  licor  es  nocivo  para  la  salud´ …  eso  no es suficiente para prevenir  las  consecuencias  y  es  por  eso  que  el  estado  es  el  responsable de las  consecuencias  que genera el consumo de tales bebidas porque hacen embrutecer al  hombre  solamente  con  la  justificación  de obtener rentas para enriquecer al  tesoro  público  a  consecuencia  del  sufrimiento  del  ser humano,  lo  cual  no  le importa para nada a los gobernantes, pero si la  autoridad  pública  se  atreve  a  imputar  a  los inimputables la comisión de  conductas        punibles       bajo       esas       circunstancias”;  por  todo  ello,  la culpa es de la  Nación   y   no   del   infractor   “excluyendo  de  punibilidad  al ciudadano que ha padecido el estado  de  sufrir  dependencia  psíquica  por  el  consumo de bebidas alcohólicas las  cuales   fueron   consumidas   por  permiso  del  estado  colombiano”.   

5)  En  un  nuevo  apartado   titulado   por   el   profesional   del   derecho  como  “Decisión del Tribunal Superior sobre  la  impugnación”, copió  íntegramente   las  consideraciones  realizadas  por  el  Juez  Colegiado,  sin  comillas  en  ningún  párrafo,  para  luego  indicar  que  fueron  muchas  las  incoherencias  de la menor cuando manifestó que estaba durmiendo y después que  el  procesado  la  tiró a la cama, por ello, el Juzgador jamás ha debido darle  credibilidad   a   su   testimonio   “siendo  procedente  que  se  invalide  la  sentencia recurrida, por  vicios        de       ilegalidad       e       inconstitucionalidad”.    

Si  el hoy condenado la hubiese obligado para  accederla   carnalmente   durante  30  minutos  como  lo  afirmó,  “el    resultado   de   los   hechos  lógicamente  hubieran (sic) sido diferentes y consecuentes y carece de criterio  objetivo  la  versión  del  juzgador de segunda instancia, al argumentar que la  tentativa  se  da  o  se configura porque el sindicado actuó intencionalmente y  que  el  hecho  no  se  consumo  (sic)  por circunstancias ajenas a su voluntad,  apartándose  de  la  realidad procesal”.   

6)  Por  otro lado,  cuando     su     prohijado    confesó4  la verdad en  el   escrito   que   signó   con   la   victima   y   su   madre,  “no  merece  que  su versión se tenga  como  una  prueba  en su contra, si no (sic) que se le  premie  por  tener  el  valor  de  decir  la  verdad y  aclarando  ante  el  funcionario  instructor el hecho o circunstancia de que él  desistió   de   seguir   con   su   propósito   y   permitió  que…  saliera  adelante sin que el delito  se consumara”.   

7)   Una   nueva  violación  al  debido  proceso  halló  el  memorialista  al  considerar que su  mandante  es  “una persona  joven,   y   con  buenos  antecedentes”,  por  ello,  jamás  se  le  podían  haber  negado los subrogados  penales,  al  no  ser  peligroso  para  la  sociedad  ni  requerir pagar pena en  intramuros.    

Los  últimos  párrafos  los  reserva  a  la  concesión  y  trámite  del recurso de casación por vía ordinaria, trayendo a  colación         una         jurisprudencia5  para  apoyar su idea, la cual  transcribe  y  la  une  a  otra providencia de la Corte Constitucional, sobre el  mismo tema.    

Finalmente le solicitó a la Sala “que  casen  la  sentencia  impugnada,  y  en su lugar decreten la cesación de procedimiento  a  favor  de  mi  representado,  por  las  razones ya  conocida”. (Los subrayados  fuera de texto).   

C O N S I D E R A C I O N E S  

1.  La Corte  advierte que los ataques formulados  contra  la  sentencia  de segundo nivel, no reúnen los mínimos presupuestos de  coherencia  y lógica-argumentativa descritos por la jurisprudencia para admitir  la  demanda,  pues  si  bien  alegó  el  profesional  del derecho en nombre del  inculpado  JAMER FERNANDO CASANOVA PERDOMO,  violación al debido proceso como punto de partida para lograr su  infirmación;  en el desarrollo y demostración del ataque incurrió el defensor  en  graves,  múltiples  y  exacerbadas  falencias, las cuales atentan contra la  filosofía que inspira el recurso extraordinario de casación.   

2. Menos aún puede  entenderse  la  censura  como  nueva  ruta  para  confeccionar escritos de libre  factura  y, ensayar, por ese camino, derrumbar la doble presunción de acierto y  legalidad  inherente  a  las  conclusiones contenidas en los proveídos; tampoco  consiste  en añadir un cúmulo de ideas disgregadas y fragmentadas en el libelo  en  búsqueda  de  fines  jurídicos  subjetivos o hipotéticos para asegurar un  posible éxito, tal como lo plasmó el recurrente.    

3. Viene afirmando la  Sala,   que  tratándose  de  la  casación  presentada  por  vía  discrecional,  la  lógica  argumentativa  exigida  para tal eventualidad, guarda aún mayores requerimientos tanto legales  como  jurisprudenciales,  que la ordinaria, con el inmediato objeto de persuadir  a  la  Corte para aceptar unos planeamientos que, en principio, no proceden para  determinadas  actuaciones  extraordinarias;  por  tanto, la debida sustentación  debe  ir  avalada  por  situaciones  de  flagrantes vulneraciones a los derechos  constitucionales  fundamentales  o  a  la  imperiosa necesidad de desarrollar la  jurisprudencia,  casos  en los cuales, al demandante se le brinda la oportunidad  de  manifestarlos,  a  condición  de  apropiarse  de  una  verdadera  temática  casacional.   

4. Como metodología,  la  Sala  abordará  el  estudio  del libelo, estableciendo aquellos puntos más  preponderantes,  a  fin  de  determinar de manera precisa los desatinos de mayor  impacto,  con  el  objeto de brindarle al jurista suficiente claridad en torno a  los dislates presentados en su inconformidad.    

4.1.  Son  múltiples y complejos los errores  detectados en la demanda.   

El           primer  yerro  tiene  que  ver con la gran  confusión  del  libelista,  al  entender que en el presente evento procedía la  casación  discrecional  y por ello la sustentó por esta vía, cuando el delito  de  acceso carnal violento por el que fue condenado su prohijado prevé una pena  de  8 a 15 años, luego ha debido presentarla como ordinaria; por tal motivo, la  Sala  no tendrá en cuenta los argumentos que la respaldan y, el análisis de la  misma,  se  continuará  haciendo como si hubiese sido confeccionada por la ruta  común,  por  garantía  de  sus  derechos,  pues  el  rechazo  es  inmediato al  incumplir  los  mínimos  presupuestos  de  ley  y el desarrollo jurisprudencial  sobre  la  forma  como  debe  motivarse  el  recurso extraordinario por la senda  excepcional.    

El           segundo  desafuero  se  identifica  con el  cúmulo  de  suposiciones,  conjeturas e hipótesis expuestas en la demanda, las  cuales  se  encuentran  alejadas  de  una  verdadera  sustentación, como cuando  indicó  el  actor  que no se presentó la tentativa6  en  el  comportamiento  de su  prohijado  porque  él  desistió  de  consumar el delito y la ejecución de sus  actos  estaba influenciada por haber ingerido bebidas embriagantes, por ello, ha  debido  tratársele  como  inimputable, cuando menos, pues la responsabilidad no  se  le  puede  atribuir  a su mandante –como  mal  lo  entendieron  las  instancias-  sino  al  Estado y sus  gobernantes,  quienes,  a  propósito, vienen permitiendo el consumó de licores  y   llenándose  las  arcas a consta de gente joven y sin antecedentes; por  tanto,       la       mentada      “confesión     judicial”  traída  por las instancias con base en  el  escrito  firmado  por  las partes, jamás puede sopesarse en su contra, pues  los  falladores  no entendieron la valentía del procesado para decir la verdad,  con  lo cual, antes de castigársele con una pena, debe premiársele, dejándolo  en libertad.      

Como se puede observar el contenido plasmado  en  la  demanda,  resulta  ser un escueto memorial de instancia confeccionado de  manera  libre,  genérica  y en extremo subjetiva, sin ninguna temática en sede  extraordinaria;  donde  se  expone, además, una variedad de temas en total caos  dogmático,   de   política   criminal   y  criminológica;  sin  advertir  los  significados   legales  de  cada  presupuesto,  como  el  caso  del  dispositivo  amplificar  del  tipo,  el  que es erróneamente entendido por el libelista, y a  partir  de  esa  ilógica  percepción,  llega al absurdo de suponer que como su  prohijado   desistió   del   acceso   carnal   violento,  por  su  “voluntad”,   acomodando   irracionalmente   la  renuncia  de  su  actuar  a la no consumación de los hechos antijurídicos, los  cuales  equipara  a  la  tentativa; y, desconociendo de paso, la oposición y el  rechazo  frontal  de  la  menor  víctima  de  la  agresión, por cuya reacción  sufrió  varias lesiones en su humanidad y el arribo del testigo visitante, todo  lo  cual,  excluye –sin que  puntualmente lo manifieste- la tentativa.    

El           tercer error, tiene que ver con el olvidó  del  abogado  en  desarrollar  el concepto expuesto en el artículo 27 de la Ley  599 de 2000:   

“El que iniciare  la   ejecución   de   una   conducta   punible   mediante   actos   idóneos  e  inequívocamente  dirigidos  a  su  consumación,  y  esta  no  se produjere por  circunstancias   ajenas   a   su   voluntad,   incurrirá   en  pena…7”.   

No  se  trata,  pues,  de elevar una serie de  conceptos  alejados  de  la  realidad jurídica nacional e incluso universal, en  total  desconocimiento  de  las  mínimas reflexiones hermenéuticas construidas  durante  décadas  para  proponer  de  manera  farragosa  un  discurso  fuera de  contexto  y  con  franco agravio, inclusive, a la dinámica casacional, en donde  la   credibilidad   otorgada   por   los   juzgadores   a   la  adolescente,  la  inimputabilidad  alegada,  la  tentativa y los subrogados administrativos, tiene  –cada uno- vías de ataque  diversas,  más  no  la  nulidad  evocada  por  violación  al  debido  proceso;  conculcando     con     tal    proceder    el    postulado    de    autonomía   que   rige   el  recurso  de  casación  al  combinar en una misma censura, presupuestos de otras.     

Como  se puede apreciar son innumerables los  desatinos  del libelista, al presentar como argumentos, opiniones abstractas que  no  soportan una corrección material de la demanda y sin ninguna posibilidad de  transformar  el  fondo  del  asunto de acuerdo a sus pretensiones: en oposición  del   criterio   de   los  funcionarios,  cuando  por  ejemplo,  respecto  a  la  declaración  del  testigo,  Pérez Vargas, afirmó el Tribunal:   

“Por  su parte,  OSCAR   IVÁN   PÉREZ  VARGAS  comentó  que  el  día  de  marras,  en  cuatro  oportunidades  golpeó  en la puerta de la casa de K.V.C.O, hasta que finalmente  ella  salió  llorando y le comentó que JAMER había intentado violarla. Afirma  que  la  adolescente  regresó  al  cuarto  donde  al  parecer  se encontraba el  agresor,  expresándole  que  por su culpa ella se iba a envenenar, por ello, el  testigo   la   convidó  hasta  su  casa,  donde  relató  lo  sucedido  a  FLOR  VARGAS”.    

Y    el   actor   sostuvo   –tomando  como  suyos  las motivaciones  del  anterior  defensor-, en contra de lo expresado por el referido declarante y  lo  sopesado  por  las instancias que: “mientras  la  ofendida  afirma  que  cuando OSCAR IVAN PEREZ VARGAS  (sic),  llamaba  a la puerta de la casa, su victimario se refugiaba debajo de la  cama;  el  testigo  aduce que nunca estuvo en el lugar de los hechos”.   

La  realidad  de  la  prueba  o  lo que ella  enseña,   muestra   y   verifica,   es   sólo   una,   analizada  –desde  luego-,  de  manera  objetiva e  imparcial,  misma  que  nunca podrá ser variada por las partes a fin de enervar  derechos  y  tratar  de beneficiarse con sofísticas interpretaciones, pues ello  conculca todos los principios que rigen el recurso extraordinario.   

Es desatinado también copiar los argumentos  impresos  en  la  apelación  de  la sentencia de primera instancia y plasmarlos  guardando  una  total  fidelidad  en  la impugnación extraordinaria, tal y como  fueron  expuestos  allá y aquí en casación; actividades que denotan una total  anarquía       en      la      impugnación,      requiriendo      –por   lo   tanto-  la  le  ley  y  la  jurisprudencia,  desde  antaño,  una  coherencia  diversa  a la simple copia de  alegatos,  en  donde  la  filosofía,  la  hermenéutica,   el  orden  y la  disciplina  en  la  enunciación de los conceptos, teorías dogmáticas y pautas  jurídicas,   procesales   y   probatorias   sean   el   eje   central   de  los  cuestionamientos   sustanciales   convocados   contra   las  decisiones  de  los  funcionarios  que  administran  justicia,  con  el ánimo de constatar en debida  forma, los yerros denunciados.    

Además, negó que el memorial presentado por  el  procesado,  la victima y su señora madre sea un desistimiento de la acción  penal,  el  cual  dicho  de  paso, no tiene cabida para esta clase de punibles y  tratar  de  enfocarlo  como  un arrepentimiento de lo que jamás sucedió, en su  opinión;  es otro de los grandes defectos que inundan el escrito. Dijo el actor  al  respecto: “el hecho de  que  mi defendido haya suscrito un memorial en donde coadyuva con una expresión  de  la  progenitora  de  la presunta víctima y en donde desvirtúa la comisión  del  hecho  investigado  y  da fe de que el sindicado desistió de continuar con  sus  actos, pero en ningún momento ese memorial puede  ser  tenido como un desistimiento para que se terminara el proceso, si no que se  trata  de  aclaraciones  que  permiten  desvirtuar  la  comisión de la presunta  conducta  punible  de  la modalidad de tentativa, porque aclaro que el delito no  se  cometió  porque  el  mismo  sindicado  tuvo  la  voluntad  de  cesar  en la  ejecución  y  desistir  para  no consumarlo, al haber  comprendido  la presunta ilicitud y en el momento en que pudo superar en algo su  estado  de  alicoramiento”.  (Subrayado fuera de texto).   

Por ello, la Sala tiene el deber jurídico de  recordar  que en temas de casación ningún supuesto de hecho o de derecho puede  ser  abordado  desconociendo  la ley y los presupuestos jurisprudenciales que la  vienen  desarrollando,  pues  hacerlo  así  desquicia  el sentido, existencia y  finalidad  del  recurso  extraordinario; relegando, precisamente, los postulados  que   lo  rigen  como  el  de  claridad,  taxatividad,  coherencia,  precisión,  objetividad, entre otros, los  cuales,    fueron   ignorados   en   forma   absoluta  por el censor.   

Sin  que  se  entienda como una respuesta de  fondo  sino  en  virtud  del ejercicio pedagógico que viene realizando la Sala,  como  una  garantía  más de los derechos constitucionales fundamentales de las  partes,    se   puntualizaran   algunos   aspectos   inherentes   al   caso   en  estudio.   

a)  El Juez     de     Segunda     Instancia,  afirmó:   

“En  el  caso  sub-judice  se  encuentra probada la presencia y oportunidad del enjuiciado para  consumar  el  hecho  punible,  pues  de la declaración rendida por LUISA XIMENA  CRUZ  se  infiere  que  el  victimario  se  encontraban (sic) en el lugar de los  autos,  a  la  hora  señalada, toda vez que la testigo es enfática en precisar  que  vio  cuando  JAMER  FERNANDO  CASANOVA salía por el lado del palo de mango  contiguo  a la casa de la víctima, afirmación que coincide con lo expuesto por  la    ofendida    en    su   denuncia”.             (…)   

El  conjunto  probatorio  permiten  (sic)  colegir   que   JAMER  FERNANDO  CASANOVA  PERDOMO  realizó  actos  idóneos  e  inequívocos  dirigidos  a  la consumación del delito de acceso carnal violento  en  contra de K.V.C.O, agotamiento que no se produjo por circunstancias ajenas a  la  voluntad  del  agresor, es decir, por la resistencia que opuso la víctima y  la   presencia   de   PÉREZ   VARGAS,   cuando   la   niña  forcejaba  con  su  victimario”.    

Tal y como se desprende de lo anotado por las  instancias,  el  actor  atacó  algunas pruebas incriminatorias, ignorando en la  motivación  patrones  jurisprudenciales  mínimos;  en  igual  forma,  dejó un  amplio  sector  de evidencias sin cuestionar, menos aún, acometió los diversos  indicios  construidos  contra  su prohijado y, por ultimo, inundó la demanda de  conjeturas  propias  de  un escrito elaborado de manera libre y genérica, desde  luego, inadmisible en sede extraordinaria.       

Así   las  cosas  y  como  quiera  que  el  recurso   extraordinario  de  casación  está  regido, entre otros, por el  principio de limitación, las  deficiencias  de  la demanda jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable  propia  del  recurrente,  para  complementarla,  adicionarla  o  corregirla,  máxime  cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Sala,  de  ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

La  Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con  la ley y la jurisprudencia, en donde paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los falladores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el recurrente  exponga  con  una temática jurídica contundente que las instancias desbordaron  la  aplicación  o  interpretación  del  derecho  en relación con los hechos y  pruebas aceptadas, entre otras alternativas.   

Otro   de   los   postulados   del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por  esta  potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera la exclusiva voluntad del demandante, más no se exponen de manera  trascendente  la  injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad.   

No     es    que    la    “técnica”  por  si  misma tenga como fin enervar  los  derechos  adquiridos  a  los  intervinientes o sujetos procesales, ni pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por los intervinientes en el proceso, para  luego  entrar  a decidir el problema de fondo: lo cual es absurdo, inconveniente  e incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que  el  recurrente  presentó  una  alegación  producto  de  su propia percepción del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por los funcionarios judiciales, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto casacional.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según  lo  impone la preceptiva consagrada en el artículo 116 de la Ley 600 de  2000.   

Finalmente,   estudiado  el  ataque,  sólo  conjeturas,  suposiciones  y especulaciones identifican las censuras, sin que se  hubiese  presentado  una  motivación  coherente  con  las propuesta casacional,  circunstancia     por     la    cual,    la    Corte  inadmitirá  el  libelo presentado por el defensor   a   nombre   de   JAMER          FERNANDO         CASANOVA         PERDOMO.   

Con fundamento en lo expuesto, la Sala    de    Casación    Penal    de    la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:     Inadmitir    la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  JAMER  FERNANDO CASANOVA PERDOMO, en virtud  de lo argumentado en párrafos precedentes.   

Segundo:  Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Tercero:  Cópiese,  notifíquese y cúmplase.   

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

                            

             

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                               AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMÁN                   

                                                                                           

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

                     

JULIO      ENRIQUE    SOCHA     SALAMANCA                                                                                                                    JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

                                                                            

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1  Las  sentencias  condenatorias  de  primera y segunda  instancia  fueron  proferidas  el  3 de junio y 27 de  julio de 2009, respectivamente.   

2  La  Sala  en atención a lo dispuesto en el artículo 47 numeral 8 de la Ley 1098 de  2006  (Código  de  la  Infancia  y la adolescencia), se abstiene de divulgar la  identificación  de  la  niña; además, en garantía  y protección de sus  derechos constitucionales.   

3  El  médico   Diego  Enrique  Molina  Perdomo,  la  examinó  el  6  de  mayo  de 2003 y encontró: “1.  Equimosis  en  el  mentón de 3×4  CMS.  2. Excoriación lineal de 7 CMS. A nivel del muslo izquierdo, tercio medio  región             anterior”.   

4  Manifestó     el     abogado:     “Obsérvese  entonces  como  la  autoridad  pública  ha tomado este  memorial  y  por el hecho de haber sido firmado por el sindicado fue tomado como  aun  acto  de  confesión  judicial  sobre  la  comisión  del delito, cuando en  realidad,  tales  argumentos  son  contrarios a la realidad procesal”.   

5  Decisión que no identificó el demandante.   

6  Afirmó       el       actor:       “porque  aclaró  que  el delito no se  cometió  porque el mismo sindicado tuvo su voluntad de cesar en la ejecución y  desistir  para  no consumarlo, al haber comprendido la presunta ilicitud y en el  momento  en  que  pudo  superar  en  algo su estado de alicoramiento”.   

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