28163(30-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 28163  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No. 206  

Bogotá  D. C., treinta (30) de junio de dos  mil diez (2010).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  acerca  de los fundamentos  lógicos  y  de  debida argumentación de la demanda de casación presentada por  el     defensor    de    HUMBERTO    JOSÉ    CUEVAS  MARTÍNEZ,  contra  la sentencia del Tribunal Superior  de  Distrito Judicial de Bogotá, que confirmó la emitida en el Juzgado Treinta  y  Ocho  Penal  del Circuito, por cuyo medio fue condenado como autor del delito  de concusión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1. En Bogotá, el 31  de    marzo    de   2003,   HUMBERTO   JOSÉ   CUEVAS  MARTÍNEZ,  aprovechando  su condición de funcionario  de  la  Dirección de Control y Vigilancia       del       Ministerio       de  Comunicaciones,  solicitó  al  gerente  de la empresa  TRUCKING  S.  A.,    treinta   millones   de   pesos   ($  30’000.000)  a  cambio  de  solucionar un multa que ascendía a cerca de ciento  cuarenta   millones   de   pesos   ($  140’000.000), en  la  que  estaba  incursa  esa  compañía  por la equivocada liquidación de las  expensas  que  canceló  al  citado  ente  estatal  por  alquiler  del  espectro  electromagnético,  durante  los  años 2000 a 2003, exigencia que fue puesta en  conocimiento  del citado Ministerio, y éste a través de su secretario formuló  la           respectiva           denuncia1.   

2. Por esos hechos  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  abrió  el  19 de agosto de 2003 formal  investigación,   y  luego  de  vincular  mediante  indagatoria  a  CUEVAS  MARTÍNEZ, el 4 de abril de 2005 le  resolvió   de   manera  provisional  su  situación  jurídica  con  detención  preventiva   como   medida   de   aseguramiento  por  el  delito  de  concusión  (Ley   599   de   2000,   artículo  404),   misma   conducta  punible  por  la  que,  tras  perfeccionar  la  investigación,  el  1°  de agosto siguiente, emitió contra aquél resolución  de  acusación en calidad de autor, pliego de cargos que cobró ejecutoria el 12  de     octubre     de    la    misma    anualidad2.   

3.  La etapa de la  causa  se  adelantó  en  el  Juzgado  Treinta  y  Ocho Penal del Circuito, cuyo  titular  el  5  de  julio  de  2006  dictó  en  contra  del procesado sentencia  condenatoria  por  el  delito  atribuido  en  la  acusación, y en tal virtud le  impuso  las  penas  principales de seis (6)  años  de  prisión,  inhabilidad  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso,  y  multa  equivalente  a cincuenta  (50)   salarios   mínimos  mensuales  legales  vigentes,  así  como  la accesoria de pérdida del empleo o  cargo  público,  y  la de carácter civil consistente en pagar una suma igual a  quince  (15) salarios mínimos  mensuales  legales  vigentes  por  los  perjuicios  irrogados  al  Ministerio de  Comunicaciones.  Además,  le  negó  los subrogados de la condena de ejecución  condicional    y    la    prisión    domiciliaria3.   

4.  Del  expresado  fallo  apeló  el  defensor  de  acusado,  y  el  Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Bogotá,  mediante  el suyo de 5 de febrero de 2007, lo confirmó,  sentencia  contra  la  que el apoderado de éste interpuso y sustentó en tiempo  el    recurso    extraordinario    de    casación4.   

LA DEMANDA  

El censor empieza por señalar que los cargos  persiguen  “sembrar” en  esta  Sala  la  duda  acerca  de  la  ocurrencia  del  comportamiento  delictivo  atribuido  a su representado, y en orden a tal propósito concreta sus reproches  en los siguientes términos:   

1.  Denuncia en el  “Primer   cargo”   la  violación  indirecta de la ley sustancial, debido al falso juicio de existencia  en  que  incurrió  el  Tribunal  al  ignorar  varios  medios de prueba, lo cual  determinó   la   indebida   aplicación   del   artículo   404   del   Código  Penal.   

Precisa  que  las  pruebas  omitidas  por el  ad-quem  fueron:  la  queja  del  representante legal de la empresa TRUCKING  S.  A.,  de la que no se tuvo en  cuenta,   según   el  censor,  sus  contradicciones  e  inconsistencia,  y  las  declaraciones  de  Nohora Vargas de Vial, jefe del procesado en el Ministerio de  Comunicaciones,  quien  no  advirtió  irregularidad alguna en el obrar éste, y  María  Nelcy  Chávez,  abogada  que  acompañó  al  representante legal de la  empresa  constreñida  a  hablar  con  el  enjuiciado  para  efectos  de obtener  asesoría  acerca  de  la  forma  de liquidar las respectivas contribuciones, la  cual afirmó no haber escuchado exigencia económica alguna.   

Según  el actor este reproche es suficiente  para  casar  la  sentencia  ataca  y  absolver  a  su  prohijado  del  delito de  concusión.   

2.    Como  “Segundo  cargo”, alega  igualmente  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, a consecuencia de  falsos  juicios  de  identidad  cometidos por el sentenciador respecto de varios  medios  de prueba, cuyos apartes cercenados habrían llevado al Tribunal a dudar  de   que  el  “acusado  incurrió  en  la  falsedad  imputada”.   

Asegura  que el juzgador de segundo grado no  se  refirió  a  partes  vitales  del testimonios de María Nelcy Chávez y Nora  Vargas  de Vial, la primera de ellas en cuanto afirmó que acompañó al quejoso  a  hablar  con  el procesado el día de los hechos y no escuchó la solicitud de  dinero,  y  la  segunda  quien  como jefe del encausado adujo que el proceder de  este  estuvo  enmarcado  dentro  de  las  funciones propias de su cargo, lo cual  implica,  para  el  recurrente,  que  respaldó  la  actuación de su defendido.   

Vuelve a insistir en que no fueron objeto de  debate  las  “grandes  y  protuberantes”  inconsistencias  en  que  incurrió el denunciante y agrega que  para  el  ad-quem  tampoco mereció valoración el testimonio de Marlene García  Hernández,   anterior   gerente   de   TRUCKING   S.  A.,   quien  bajo  juramento  afirmó  que  en  años  anteriores  la  asesoría  para  liquidar  las expensas debidas al Ministerio de  Comunicaciones  la  había  recibido  esa  compañía  de  Benedicto  Prada y su  esposa,  siendo  aquél  funcionario de aquella cartera, actividad por la que le  cancelaron   unos  honorarios  a  nombre  de  su  cónyuge,  como  se  encuentra  acreditado en el expediente.   

Con  base  en  lo anterior solicita casar el  fallo    impugnado    y    absolver    a   su   representado   del   delito   de  concusión.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  Necesario  es  recordar  que,  en  cualquier  régimen, la casación  atiende   a  unos  fines  superiores  cuales  son  la  reparación   de   los   agravios   inferidos  a  las  partes  en  la  sentencia  recurrida,  la  efectividad del derecho material y de  las  garantías  fundamentales  de  los  intervinientes  en  la actuación, y la  unificación  de  la  jurisprudencia (Ley 600 de 2000,  articulo     206;     Ley    906    de    2004,    artículo    180).   

Empero, ello de ninguna manera significa que  la  naturaleza  de  este  mecanismo  sea de libre configuración, desprovisto de  todo  rigor,  y  que tenga como finalidad abrir un espacio procesal semejante al  de  las  instancias para prolongar el debate respecto de los puntos que han sido  materia  de controversia, pues ha de resaltarse que mediante la proposición del  recurso  el  censor debe sujetarse a las causales taxativamente señaladas en el  ordenamiento  procesal  y  con  observancia  de  los  presupuestos  de lógica y  argumentación   inherentes   a  cada  motivo  extraordinario  de  impugnación,  persuadir  a  la  Corte  de  que  con  la  sentencia  de segunda instancia se ha  originado el quebranto de alguna de aquellas finalidades.   

2. En la demanda que  concita  la  atención de la Sala, el actor, con evidente desconocimiento de los  objetivos  fundamentales  de  la  casación  así  como  de  las  exigencias que  gobiernan  los  vicios alegados, pide enervar la condena sin que en verdad logre  articular  una  propuesta  seria  acerca  de  la  ocurrencia  de  dislate alguno  materializado en el fallo emitido por el Tribunal.   

2.1.  Desde  la  presentación  de  los  reproches  es  evidente  que  el  impugnante asimiló el  ejercicio   argumentativo  que  estaba  obligado  hacer  al  acudir  al  recurso  extraordinario  de  casación,  con  el  que  de ordinario se agota en las fases  anteriores,  desconociendo  así  lo  insistente  que  ha  sido  la  Sala  en su  jurisprudencia  al  señar  que  ésta  no es una instancia adicional, y que los  razonamientos  expuestos  por  el  demandante  no  deben  ser  una  insustancial  propuesta  valorativa  encaminada  a  superponerse  a la plasmada en el fallo de  segundo  grado,  sino  que debe constituir un enjuiciamiento crítico y objetivo  de  la actividad procedimental (en procura de acreditar  errores    graves    de   trámite   o   vicios   in  procedendo),  o  de la labor  jurisdicente  del  funcionario en cuanto a las normas con que solucionó el caso  o  respecto de la valoración de las pruebas determinante de la fijación de los  supuestos  fácticos que atrajeron el marco normativo que reguló la definición  del  litigio  (para demostrar la ocurrencia de errores  de   juicio   o   vicios   in  iudicando).   

De ahí que sea inadmisible ante esta sede la  pretensión        del       autor       orientada       a       “sembrar”  duda  en la Sala acerca de la  ocurrencia  de  la conducta punible o la responsabilidad del procesado, con base  en  la presentación de una estimación probatoria desde la perspectiva de parte  interesada,  la  cual  no  propugna  por  la  objetiva  y veraz demostración de  errores  manifiestos  y  trascendentes  en  esa labor intelectiva de fallador de  segundo  grado,  quedando  desde  entonces  su pretensión condenada al fracaso,  máxime  cuando  ni siquiera observó las exigencias de lógica y argumentación  que implica la naturaleza de los vicios invocados.   

2.2.  Dos  son los  cargos   expresamente   denunciados:   en   el  primero  alega  un  falso  juicio de existencia respecto de la  denuncia  del  representante  legal de la empresa constreñida por el acusado, y  en  relación  con  las  declaraciones  de  Nohora Vargas de Vial y María Nelcy  Chávez;  empero,  en  el  segundo,  acerca de estos dos testimonios denuncia un  falso  juicio  de identidad,  con  los  mismos argumentos expuestos en el pretendido primer cuestionamiento, e  insistiendo  otra  vez  en la falta de valoración de las contradicciones que le  atribuye  a  la  versión  suministrada  por  el  denunciante  en sus diferentes  intervenciones procesales.   

Es   evidente,   entonces,  que  el  actor  desconoció   las  reglas  propias  de  la  invocación  de  errores  de  hecho,  categoría  en la que se inscriben las dos especies de yerro aludidos por aquél  (y   a   la   que   también   pertenece   el   falso  raciocinio),  cuya  acertada  y  lógica demostración  debe acatar las siguientes pautas:   

Todas  las  modalidades  de  error  de hecho  obligan  a  aceptar  que  el  medio  de  prueba  respecto  del que se predica el  respectivo  vicio, no es cuestionable por desaciertos en su aducción practica o  incorporación,  es  decir, en cuanto al debido proceso probatorio, ya que tales  irregularidades  corresponden  a  un  escenario  diferente,  cual  es  el de los  errores    de    derecho   (por   falso   juicio   de  legalidad), y menos aún aducir el desconocimiento del  valor  prefijado  en la ley, pues, además de corresponder un ataque semejante a  la  citada  modalidad  de  errores (por falso juicio de  convicción),  el  dislate  es  de  inusual ocurrencia  debido  a que en la sistemática procesal penal la regla general en esa materia,  es   su  apreciación  conjunta  de  acuerdo  con  los  postulados  de  la  sana  crítica.   

De suerte que cuando se alega un falso juicio  de  existencia, el actor debe tener claro que ello ocurre cuando el juez deja de  apreciar  el  contenido de un medio de prueba legal y oportunamente adosado a la  actuación    (falso   juicio   de   existencia   por  omisión),  o cuando hace precisiones fácticas que no  corresponden  a  los  elementos de prueba obrantes, o que atribuye a un elemento  de   persuasión   que  en  verdad  no  reposa  en  el  expediente  (falso    juicio    de   existencia   por   suposición).   

Si  lo  invocado  es  un  falso  juicio  de  identidad,  implícitamente  se  da  por aceptado que el elemento de persuasión  obra  en  el  expediente, y la argumentación debe orientarse a demostrar que el  juzgador,  al  aprehender  el  contenido  de  un determinado medio de prueba, le  recorta  apartes trascendentes de su literalidad (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento), o adiciona  circunstancias  fácticas  ajenas  a  su  texto  (falso  juicio  de  identidad  por  adición),  o transforma o  cambia   el   sentido   fidedigno   de   su   expresión  material  (falso   juicio   de   identidad   por  tergiversación),  dislates  con  los  que  se  le  hace decir a la prueba lo que en  realidad no dice.   

Puesto que el falso juicio de existencia y el  de  identidad  son vicios de naturaleza objetivo-contemplativa, la acreditación  de  cada  uno  de ellos es elemental: en el primer evento, es preciso indicar el  lugar  del  proceso  en  el  que  se  encuentra adjunto el medio de conocimiento  omitido  y su contenido, o destacar la concreción fáctica plasmada en el fallo  y  que  carece  de acreditación con las pruebas allegadas, o cuya demostración  se  atribuyó  a  una ajena a la actuación; y en el segundo, basta con hacer un  ejercicio  de  confrontación  veraz  e  imparcial  entre  el  texto o tenor del  elemento  de  persuasión  y  la  síntesis  que  de  su  contenido  postuló el  juzgador,  en  aras  de  evidenciar alguno de los dislates atrás singularizados  (adición,   supresión   o  distorsión).   

Finalmente,  cuando  se  trata  de  un falso  raciocinio,  a  diferencia de los dos anteriores errores de hecho, además de no  discutir  la  legalidad  de  la  prueba,  también  es forzoso aceptar que está  adosada  al proceso y que su texto o contenido fáctico fue extractado de manera  fidedigna  por  el  fallador,  toda  vez  que  el yerro recae en las deducciones  hechas  a  partir de su literalidad, cuando las mismas entrañan desconocimiento  de  los postulados de la sana crítica, valga decir, leyes de la ciencia, reglas  de   la   lógica,   o   máximas   de  la  experiencia  y  el  sentido  común,  correspondiendo  entonces  al  censor  desarrollar  una  dialéctica orientada a  enseñar  cuál  fue  la  ley  de  la  ciencia,  regla  lógica  o máxima de la  experiencia  o  el sentido común equivocadamente empleada por el funcionario, y  cuál es la que acertadamente corresponde utilizar.   

Luego  de  lo anterior, en cualquiera de las  tres  modalidades  de  error  de hecho, es forzoso ilustrar cómo ese desacierto  fue  determinante de una conclusión jurídica equivocada, porque la corrección  de  los  respectivos  desaguisados  y  la  nueva valoración de esas pruebas, en  conjunto  con  las  restantes  y  con  sujeción  a  los  postulados  de la sana  crítica,   obliga   a  una  solución  favorable  a  la  parte  que  alega  los  correspondientes vicios.   

Ningún  ejercicio  argumental  semejante al  atrás  esbozado  llevó acabo el recurrente para demostrar su ambigua propuesta  acerca  del  supuesto  falso  juicio  de  existencia  o  identidad conjuntamente  pregonado en relación con unos mismos medios de prueba.   

3.  Atendido  la  precaria  e  insubsanable  falta  de  rigurosidad  de  la  demanda, debe la Sala  reiterar  que el recurso de casación en esencia es un juicio lógico jurídico,  de  delicada  argumentación  y  crítica  vinculante, que se emite acerca de la  legalidad  de  la  sentencia,  y  por  ello  no  puede entenderse como instancia  adicional,  ni  como potestad ilimitada para revisar el proceso en su totalidad,  en  sus diversos aspectos fácticos y normativos, sino como fase extraordinaria,  limitada y excepcional.   

Los  principios de sustentación suficiente,  limitación,  crítica  vinculante,  autonomía  de las causales, coherencia, no  exclusión  y  no  contradicción,  ha  sido  dicho  por  la Corte, en cualquier  régimen    gobiernan    la    casación.   Los   dos   primeros   (sustentación  suficiente  y  limitación),  derivan  del  carácter  dispositivo del recurso, e implican que la demanda debe  bastarse  a  sí misma para propiciar la invalidación del fallo, y que la Corte  no    puede    entrar    a    suplir    sus   vacíos,   ni   a   corregir   sus  deficiencias.   

El  de crítica vinculante, presupone que la  alegación  debe  fundarse  en las causales previstas taxativamente por la misma  normatividad,  y  que  se somete a determinados requisitos de forma y contenido,  dependiendo  de  la  causal  invocada.  Y  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión   y  no  contradicción,  implican  que  el  discurso  debe  mantener  identidad  temática,  y  ajustarse  a  los  requerimientos  básicos de lógica  general y lógica jurídica.   

La inobservancia de esos requerimientos, como  en  el  asunto  estudiado,  impide  la  demostración  clara  y  contundente  de  cualquiera  de  los yerros previstos por el legislador como motivo enervante del  fallo,  y  veda  a la Corte el estudio de los fundamentos fácticos o jurídicos  de  la  decisión atacada, pues en atención al principio de limitación, y dado  el  carácter  rogado y dispositivo de la casación, las deficiencias del libelo  no  pueden  ser  enmendadas,  ni asignarse otro sentido a la expresa pretensión  del  demandante,  la  cual  debe  tener  un  objeto  preciso,  claro, definido y  coherente,  regido  por  causales específicas señaladas por la ley, con cargos  que  han  de  adecuarse  a éstas, los cuales se deciden en una nueva sentencia,  diversa   en   objeto  y  contenido  de  la  proferida  por  los  falladores  de  instancia.   

4.  Finalmente  no  sobra  precisar  que la Sala no observa, con ocasión del trámite procesal o en  el    fallo    impugnado,    violación    de    derechos   o   garantías   del  procesado     CUEVAS  MARTÍNEZ,   como  para  que  se  haga  necesario  el  ejercicio  de  la  facultad  legal  oficiosa  que le asiste a fin de asegurar su  protección.   

En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

NO   ADMITIR  la   demanda   de   casación  presentada  en  nombre  de  HUMBERTO  JOSÉ  CUEVAS  MARTÍNEZ,  de acuerdo con las razones plasmadas en el  presente proveído.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE  LUÍS  QUINTERO  MILANES                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                                                                JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Cuaderno original #º 1, folios 1-10.   

2  Ídem,  folios  11-13, 64-73 y 241-252; cuaderno original # 2, folios 118-142, y  cuaderno de 2ª Instancia, folios 28-39.   

3  Cuaderno original del juicio, folios 253-267.   

4  Cuaderno   de   segunda   instancia   en   el   Tribunal,   folios  7-12,  28  y  43-51.     

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