32647(24-03-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32647  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta N° 089.  

Bogotá,  D.  C., marzo veinticuatro (24) de  dos mil diez (2010).   

VISTOS  

          Surtido  el trámite de insistencia dispuesto en el auto de fecha 11  de  noviembre  de  2009,  mediante el cual se inadmitió la demanda de casación  presentada  por el defensor de CARLOS CAUSIL BRACAMONTE  contra  la sentencia de segunda instancia proferida el  2  de  junio  de 2009 por el Tribunal Superior de Montería, procede la Sala, de  oficio,   a  examinar  la  posible  vulneración  de  garantías  fundamentales.   

HECHOS  

En  el  proceso  se  vienen resumiendo de la  siguiente forma:   

“Los hechos que  originaron  este  proceso dan cuenta que el día 18 de marzo de 2008, en la vía  que  del  municipio de Cereté conduce a Ciénaga de Oro, dos (2) sujetos que se  movilizaban  en  una  motocicleta  dispararon  en varias oportunidades contra la  humanidad  del  joven  concejal  de  la  ciudad  antes mencionada David Fernando  Padilla  Lozano,  causándole  lesiones  que le ocasionaron la muerte.  Por  labores  de  inteligencia  se  pudo  establecer  que  una  de  las  personas que  participó  en el plan criminal fue el señor CARLOS CAUSIL BRACAMONTE.  En  virtud  de  este  hecho fue aprehendido y conducido ante la autoridad competente  no     sin    antes    leerle    los    derechos    del    capturado”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Ante  el Juzgado Primero Promiscuo Municipal  de  Cereté,  el 24 de julio de 2008, tuvo lugar audiencia preliminar durante la  cual    se    legalizó    la   captura   de   CAUSIL  BRACAMONTE,  al  tiempo  que  se formuló en su contra  imputación  por  los  delitos  de homicidio agravado y fabricación, tráfico y  porte  de  armas  de fuego o municiones, por las cuales se lo afectó con medida  de   aseguramiento   privativa   de   la   libertad,   luego   de   que  no  los  aceptara.   

El  22  de  agosto  ulterior,  la  Fiscalía  radicó  escrito  de  acusación  en  contra  del  mencionado  por las conductas  de     homicidio  agravado  (artículo  104,  numerales 4 y 7 del  Código  Penal)  y fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones  agravado  (artículo 365, numeral 1 ibídem),  cargos  que  reiteró durante la audiencia de formulación de la  acusación  celebrada  el  6  de  noviembre subsiguiente ante el Juzgado Tercero  Penal del Circuito de Montería.   

Evacuadas  ante  ese mismo despacho judicial  las  audiencias  preparatoria  y  del  juicio oral, se emitió sentencia el 5 de  mayo  de  2009  a  través de la cual condenó a CARLOS  CAUSIL  BRACAMONTE a la pena principal de cuatrocientos  ochenta  (480)  meses  de  prisión  y  a  la accesoria de inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un lapso de veinte (20) años  como  coautor penalmente responsable del delito de homicidio agravado (art. 104,  num.  7, del C.P.).  A la vez, lo absolvió de la conducta de fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego  o municiones y le negó la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

Inconformes  con  esa  determinación,  la  apelaron  el  representante de las víctimas y el defensor del procesado, por lo  cual  se  pronunció  el Tribunal Superior de Montería el 2 de junio siguiente,  en  el  sentido  de  extender  la  condena al delito de fabricación, tráfico y  porte  de  armas  de  fuego o municiones, para una pena definitiva de quinientos  (500)  meses de prisión “y  a  la  inhabilitación de derechos y funciones públicas, por el mismo tiempo de  la  pena  principal”.   En lo demás, dejó incólume la decisión impugnada.   

Nuevamente  en  desacuerdo,  el defensor del  procesado  impugnó  extraordinariamente  lo decidido por el Tribunal, allegando  la respectiva demanda con el fin de sustentar el recurso.   

La  Corte,  por  auto del 11 de noviembre de  2009  inadmitió  el  libelo  casacional.   Sin  embargo,  previno sobre la  eventual    vulneración    de    garantías    fundamentales   del   procesado,  específicamente  del  principio  de  legalidad  de  las  penas,  en cuanto a la  sanción  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones  públicas.   

Se dispuso así que una vez se surtiera, en  caso  de  interponerse,  el mecanismo de insistencia, retornara la actuación al  Despacho    de    la    Magistrada    ponente   para   pronunciarse   sobre   el  asunto.   

Dentro  de  la  oportunidad  establecida, el  defensor  conjunto  de  los procesados promovió mecanismo de insistencia contra  el  auto inadmisorio de la demanda de casación, cuyo conocimiento correspondió  al  H.M.  doctor  JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ quien, el 21 de enero del año  en curso, no lo encontró procedente.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

En la sentencia de segunda instancia dictada  el   2  de  junio  de  2009,  el  Tribunal  Superior  de  Montería  al  revocar  parcialmente  la  de  primer  grado dictada el 5 de mayo anterior por el Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito de la misma ciudad extendiendo la condena en contra  de    CARLOS    CAUSIL    BRACAMONTE    al  delito  de  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego o  municiones,  por  el  cual  había  sido  absuelto  por la segunda autoridad, le  impuso  como  pena definitiva quinientos (500) meses de prisión o, lo que es lo  mismo,  cuarenta  y  un  (41)  años  y  ocho  (8)  meses,  y  la  accesoria  de  “inhabilitación   de  derechos   y   funciones   públicas,   por   el   mismo   tiempo   de  la  pena  principal”.   

De acuerdo con lo dispuesto en los artículos  51,  inciso  1º  y 52, inciso 2, de la Ley 599 de 2000, la inhabilitación para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas no puede exceder de veinte (20)  años.  Así  también  lo  concluyó  la  Sala  al  pronunciarse en torno a los  problemas  que  surgen  en la interpretación de estos preceptos para determinar  el término máximo de esta pena accesoria, señalando que:   

“…si  no  se  está  frente  a  un servidor público condenado por delito contra el patrimonio  del   Estado   (art.   51,   inc.   2°)   es  de  20  años,  incluso para aquellos eventos en que el inciso  3°   del   artículo   52  ídem  autoriza  imponer  un  pena  de  ‘hasta     una     tercera     parte  más’ de la pena privativa  de  la libertad a la que accede, pues en todo caso deberá respetarse el límite  establecido  por  el  inciso  1°,  dada  la  especialidad  y,  claridad  en  su  definición,  pues  no  de  otra forma se explicaría la reiteración relativa a  que  no  podrá  exceder  el  límite  legal  expresado  en  el inciso final del  artículo  52 que a su vez autoriza a imponerla por encima del lapso establecido  para  la  restrictiva  de  la  libertad”1 (subraya fuera  de texto).   

Ello  significa  que  en el presente caso el  sentenciador   desconoció   lo   dispuesto  en  las  normas  precitadas  cuando  determinó,  como monto de la pena accesoria, una cantidad igual a la de la pena  principal  de  prisión impuesta de quinientos (500) meses que equivalen a, como  ya  se  dijo,  cuarenta  y  un  (41)  años y ocho (8) meses, conculcando de esa  manera  el  principio de legalidad, garantía de estirpe fundamental prevista en  el  artículo  29  de la Constitución Política, a cuyo amparo los funcionarios  judiciales  están  obligados  a  fijar las sanciones, cuando a ello haya lugar,  dentro   de  los  límites  cuantitativos  y  cualitativos  establecidos  en  la  ley.    

Además, el principio de legalidad, desde el  punto  de vista de la pena, constituye una garantía para el procesado y para la  comunidad,  pues  los  ciudadanos  tienen  la  certeza  de  que en ejercicio del  ius  puniendi el Estado sólo  podrá  sancionar  en  razón de la comisión de una conducta punible dentro del  margen  establecido  en  la  ley,  sin  que  pueda  desbordarse  a discreción o  capricho  de  los  funcionarios judiciales, pues un tal proceder comportaría no  sólo  violación  del  referido  principio, sino también de los de igualdad de  las personas ante la ley y seguridad jurídica.   

Al   restablecimiento   de  las  referidas  garantías  deberá,  por consiguiente, aprestarse la Sala conforme se lo impone  el  artículo 180 de la Ley 906 de 2004, al estatuir como uno de los fines de la  casación,  precisamente,  el  respeto  de las garantías de los intervinientes.   

          En  tal  dirección se casará parcialmente el fallo para reducir la  pena  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas     en    contra    de    CARLOS    CAUSIL  BRACAMONTE,  a  la  sanción  máxima  establecida  de  veinte (20) años.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.            CASAR oficiosa y  parcialmente  el fallo de segundo grado para reducir a veinte (20) años la pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   impuesta   al   procesado  CARLOS  CAUSIL  BRACAMONTE,  de  conformidad  con  la  argumentación  precedente.   

2.            PRECISAR que los  restantes    ordenamientos    de    la    sentencia   impugnada   se   mantienen  incólumes.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ             

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                         AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                            

               

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS              YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                       

JULIO          ENRIQUE           SOCHA   SALAMANCA                    JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                    Secretaria   

    

1  Sentencia de fecha junio 8 de 2006. rad. 23502.     

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