33196(10-12-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 33196  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.  SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

Aprobado   Acta   Nº  387.   

Bogotá,  D.C.,  diez  de  diciembre de dos mil nueve.   

VISTOS  

Decide  de  plano  la  Corte  el impedimento  conjunto  manifestado  por  los  doctores JORGE DEL CARMEN RODRÍGUEZ CÁRDENAS,  LUIS  MARIANO  RODRÍGUEZ  ROA y ADALGIZA NEIRA PALACIOS, Magistrados de la Sala  de  Decisión  Penal del Tribunal Superior de Bogotá, quienes invocan la causal  4°  consignada  en  el  artículo  56 de la Ley 906 de 2004, para apartarse del  conocimiento de este asunto.   

HECHOS  

En  la sentencia de primera instancia fueron  narrados así:   

“Según  el  escrito  de  acusación, los  acontecimientos    investigados    tuvieron    ocurrencia    en   esta   capital  aproximadamente  a  las  11 de la mañana del día 28 de mayo de 2008, cuando un  hombre  con  un  arreglo  floral  hizo  presencia en el conjunto de apartamentos  ubicado  en  la carrera 15 No. 80-18 de Bogotá, el cual procedió a intimidar y  neutralizar  con  un  arma  de  fuego al vigilante OSWALDO ANTONIO DÍAZ OSORIO;  circunstancia   aprovechada   por   dos   hombres   igualmente  armados  que  lo  acompañaban,  quienes ingresaron al apartamento 502 y con engaños lograron que  la  empleada  doméstica,  MERY  CRUZ  ZEA,  y su acompañante, HUMBERTO ANTONIO  MARTÍNEZ  DÍAZ,  les  abriera  la  puerta,  los cuales los intimidaron con las  armas  que  llevaban  y tras amordazarlos, procedieron a llevarse secuestrado al  menor  JOEL  PAOLO  PINTO  AGUILAR,  de  escasos 22 meses de edad, dejando a sus  familiares  una  misiva  con  el  logotipo  de  las  FARC, exigiéndoles 700.000  dólares por la liberación del plagiado.   

“Gracias   al  oportuno  aviso  de  las  autoridades  y a la diligencia de agentes del GAULA, a las 12:45 de la tarde del  mismo  día, se logró el rescate del susodicho menor y la captura en flagrancia  de  algunos  de  los  copartícipes  en  una vivienda del sector de Bosa de esta  capital”.          

         

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Por  tales  hechos,  se  tramitaron  diferentes  actuaciones  contra  varios  de los participes, correspondiendo la presente a la que se sigue a JAIME  ANTONIO  MORENO  RODRÍGUEZ,  contra  quien  la Fiscalía 21 Especializada de la  Unidad  Nacional  contra  el  Secuestro  y  la  Extorsión,  radicó  escrito de  acusación,  cuya  audiencia respectiva se llevó a cabo el 30 de junio de 2009,  diligencia  durante  la  cual se acusó formalmente al mencionado procesado como  presunto determinador del delito de secuestro extorsivo agravado.   

   

Una vez agotadas las audiencias preparatoria  y  de  juicio  oral,  acorde  con  el sentido del fallo proferido al culminar la  última,  el  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  Especializado de Bogotá,  condenó  al  procesado  MORENO  RODRÍGUEZ  a  la pena principal de 19 años de  prisión  y  multa  de  3.500  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, en  calidad  de  cómplice  del  delito  de  secuestro  extorsivo  agravado  y  a la  accesoria  de  inhabilitación de derechos y funciones públicas por un período  igual al de la pena principal.    

Contra   la  anterior  determinación,  el  defensor  del  procesado  interpuso  recurso  de  apelación,  cuya audiencia de  sustentación  oral  se  fijó para el 24 de noviembre de 2009, fecha en la cual  los  magistrados  a  quienes  competía  conocer  del asunto, Doctores JORGE DEL  CARMEN  RODRÍGUEZ  CÁRDENAS,  LUIS  MARIANO  RODRÍGUEZ  ROA  y ADALGIZA NEIRA  PALACIOS,  emiten  escrito  en  el  cual  se  manifiestan  impedidos para seguir  interviniendo  en el asunto, acorde con la causal que para el efecto consagra el  numeral 4° del artículo 56 de la Ley 906 de 2004.   

Aducen  los magistrados, para el efecto, que  respecto  a  los  hechos  juzgados ya emitieron concepto de fondo, al desatar el  recurso  de apelación contra la sentencia condenatoria proferida por el Juzgado  5º  Penal  del  Circuito  Especializado  contra las también partícipes en los  mismos  Patricia  Ibáñez  Guayazán  y Amparo González, a quienes se condenó  como  coautoras  responsables  del delito de secuestro extorsivo agravado de que  fue víctima el menor J.P.P.A.   

En esa oportunidad, agregan, se efectuó una  valoración   probatoria   de   fondo,  comprometiendo  su  criterio  de  manera  trascendente,   lo   que  necesariamente  implica  una  contaminación,  con  la  consecuente  pérdida  de neutralidad respecto de las decisiones que ahora deban  tomarse,  lo que enmarca la situación dentro de la causal del ya citado numeral  4º  del  artículo  56  de  la  Ley  906  de  2004,  resultando  necesario,  en  consecuencia,  que  se  les  separe  del  conocimiento del asunto a fin de hacer  valer el principio de imparcialidad.   

    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De acuerdo a lo establecido en los artículos  57  y  341  de  la  Ley  906  de  2004,  a  la  Sala  le asiste atribución para  pronunciarse  en relación con el impedimento propuesto dentro de una actuación  que  se  rige  por los lineamientos del sistema penal acusatorio, en tratándose  de  la  manifestación  que  hacen  los  integrantes  de  la  respectiva Sala de  Decisión  Penal  del Tribunal Superior de Bogotá,  para que se les separe  del conocimiento del asunto.   

Respecto de lo que es materia de controversia  la  Sala  en  diversas  oportunidades  ha  expresado  que  el  instituto  de los  impedimentos  y las recusaciones tiene una clara fuente constitucional, pues, de  un  lado,  el artículo 228 de la Carta Política dispone que la administración  de  justicia es función pública y que sus decisiones son independientes, y, de  otro,  el  artículo  230  de la misma prevé que en sus providencias los jueces  sólo están sometidos al imperio de la ley.   

En    desarrollo    del    principio   de  imparcialidad  que  debe  presidir  las  actuaciones  judiciales, la legislación procesal ha previsto una  serie  de  causales  de orden objetivo y subjetivo por  virtud  de las cuales el juez debe declararse impedido  para     decidir,    garantizando    a    las    partes,    terceros,  demás  intervinientes  e  incluso  a la comunidad en general, la transparencia y rigor que  deben     presidir     la     tarea    de    administrar    justicia.   

Empero,  como  a  los  jueces  no  les está  permitido  separarse  por  su  propia voluntad de las funciones que les han sido  asignadas,  y  a  las partes no les está dado escoger libremente la persona del  juzgador,  las  causas  que  dan  lugar  a  separar  del conocimiento de un caso  determinado  a  un  juez  o magistrado no pueden deducirse por analogía, ni ser  objeto  de  interpretaciones  subjetivas,  en  cuanto  se  trata  de  reglas con  carácter  de  orden  público,  fundadas en el convencimiento del legislador de  que  son  éstas  y  no  otras  las  circunstancias fácticas que impiden que un  funcionario   judicial  siga  conociendo  de  un  asunto,  porque  de  continuar  vinculado  a  la  decisión compromete la independencia de la administración de  justicia  y quebranta el derecho fundamental de los asociados a obtener un fallo  proferido     por    un    tribunal    imparcial.1   

Son,  estos,  los  parámetros  que  han de  gobernar  el  examen  de lo postulado por los funcionarios adscritos al Tribunal  de  Bogotá,  conforme los  hechos  que  sustentan su manifestación de impedimento y la causal que se aduce  para separarse del conocimiento del asunto.   

Al respecto, de entrada se observa cómo la  causal  propuesta  por  los magistrados para sustentar la necesidad de apartarse  del  conocimiento  del  asunto,  ninguna  relación  guarda  con  los hechos que  soportan  esa  manifestación,  en tanto, si de lo que se trata es de relacionar  que   en   otro  proceso  diferente  se analizaron las  mismas    circunstancias  fácticas y se verificó  el   valor   de  la  prueba  recogida  en  contra  de  otros    partícipes  en  los  hechos, es claro que  lo  realizado  por  los  funcionarios  se limita al estricto cumplimiento de sus  funciones,  en cuanto encargados de verificar en segunda instancia la justeza de  lo    decidido    por    el    A    quo.   

De  ninguna  manera  esa decisión judicial  puede  siquiera  por  analogía  definirse  como  una “opinión”  o  “consejo”,  para  utilizar  los  términos  consignados  en  la  causal  4°  del  artículo  56 de la Ley 906 de  2004.   

Cuando  la  norma  relaciona el antecedente  previo  consistente  en  que  el  funcionario  haya  dado  opinión  o  consejo,  necesariamente  remite  a un tipo de actuación extraprocesal, ajeno al estricto  cumplimiento  de  la  labor de administrar justicia deferido al mismo por razón  de  su  cargo,  pues,  se  reitera,  si  lo  manifestado  se  consigna  formal y  materialmente  en una decisión, ello supera con mucho esa informalidad a la que  remite  la  causal  en  cita y cuyo fin es  precisamente  evitar  que lo expresado por fuera del proceso, sea  reiterado  en  este, poniendo en entredicho la seriedad e imparcialidad  de  quien así ha actuado.   

Reza el numeral 4° del artículo 56, tantas  veces citado:   

“Que  el  funcionario  judicial haya sido  apoderado   o  defensor  de  alguna  de  las  partes,  o  sea  o  haya sido  contraparte  de  cualquiera  de  ellos,  o  haya  dado  consejo o manifestado su  opinión  sobre  el asunto  materia del proceso”   

Esta  redacción  es  idéntica  a  la  que  consagraba  el  numeral  4° del artículo 99 de la Ley 600 de 2000, registrando  como  único cambio el que ahora se denomina partes a quienes en la legislación  anterior se rotulaba sujetos procesales.   

Respecto de ese numeral 4° del artículo 99  de  la  Ley  600  de  2000,  pero  con plenos efectos para lo que ahora consagra  idéntico  numeral  del  artículo  56  de  la  Ley 906 de 2004, dijo la Sala en  ocasión                   anterior2:   

“6.  La causal de impedimento invocada en  el  presente  caso, está prevista en el artículo 99 numeral 6° del Código de  Procedimiento Penal de 2000, en los siguientes términos:   

“Que  el  funcionario  judicial haya dado  consejo  o  manifestado  su  opinión  sobre  el  asunto  materia  del  proceso.   

“Frente  a  esta  causal,  la  Sala  ha  sostenido  que  no toda opinión emitida por el juez sobre el objeto del proceso  da  lugar  a  la declaratoria de impedimento, sino sólo aquélla que se produce  extraprocesalmente  puede  conducir  a  la  separación  del asunto. Además, la  opinión  con poder suficiente para la separación del conocimiento del proceso,  debe  ser  de  fondo,  sustancial, es decir, que vincule al funcionario judicial  con  el asunto sometido a su consideración al punto que le impida actuar con la  imparcialidad  y  ponderación  que  de  él  espera  el  conglomerado social, y  particularmente  los  sujetos  procesales  que  intervienen  en  la  actuación.   

“Pero   no   se   trata   de  cualquier  pronunciamiento  u  opinión  abstracta  y  general, en tanto que la que resulta  impediente  debe  tener  estrecha  relación con el asunto que ha de resolver el  funcionario,  como  reiteradamente lo ha señalado la jurisprudencia de la Sala,  a  la  cual  acudieron  los integrantes del Tribunal Superior de Valledupar para  inadmitir el impedimento,   

“no  toda  opinión  o  concepto sobre el  objeto  del  proceso  origina causal impediente, pues la que adquiere relevancia  jurídica  en  esta materia es la emitida por fuera del proceso y de tal entidad  y  naturaleza  que  vincule al funcionario sobre el aspecto que ha de ser objeto  de decisión…”,   

tema sobre el cual agregó:  

“Además  ese  concepto extraprocesal del  que  se  exige  identidad  absoluta  sobre  el  objeto  del  conocimiento,  debe  presuponer   un   razonamiento   con   entidad   suficiente  para  sustentar  la  manifestación  de  impedimento, esto es, que traduzca una motivación profunda,  un  compromiso  intelectual  que  lo  vincule  a  los  hechos que son materia de  juzgamiento   o,   como   lo  ha  señalado  recientemente  la  Sala,  debe  ser  ‘sustancial, vinculante,  de  fondo,  que  constituya  una  barrera  que cerca el juicio del juzgador y le  impide     actuar    con    libertad’    (Auto    de   julio   19/2000)”3.   

No  se  materializa, entonces, en el asunto  examinado,  la causal de impedimento aducida por los magistrados del Tribunal de  Bogotá, para separarse del  conocimiento   del   asunto  ahora  sometido  a  su  consideración  en  segunda  instancia.   

Y,  como  las  causales  de  impedimento se  advierten  expresas, en cuanto excepción a la competencia legalmente deferida a  los   funcionarios,   razón   suficiente   para  que  no  quepan  analogías  o  interpretaciones  subjetivas,  debe  concluirse  carente  de  asidero  legal  la  manifestación de los magistrados en cuestión.   

Pero,  si  se  dijera  que  por fuera de la  taxatividad  legal,  pueden  existir factores materiales que en un caso concreto  conduzcan  a  dudar  de  la  independencia  o  imparcialidad  del  juez,  así  ello no se compadezca con las  causales  definidas en el texto legal, es menester  advertir que tampoco en  los  hechos  puestos  de  presente  por  los  funcionarios  en  el escrito ahora  examinado,   se   advierte   la   existencia   de  un  dicho  compromiso  de  la  justicia.   

En efecto, aducen los magistrados que ya en  ocasión   anterior   evaluaron  los  mismos  hechos  que  ahora  prefiguran  el  proceso seguido contra otro  de  los  supuestos ejecutores del crimen, y que en esa  oportunidad evaluaron a fondo el tema objeto de debate.   

Sucede,  sin  embargo,  que  de    acuerdo   con   las   constancias  obrantes,     el    proceso    seguido  contra  Patricia  Ibáñez  Guayazán  y  Amparo González, operó  completamente  independiente  del  que se sigue contra  JAIME  ANTONIO  MORENO  RODRÍGUEZ  y  ello  lleva  a  reconocer  que  dentro de la sistemática acusatoria,  solo  es  posible,  para  hacer  actuantes  los  principios  de  inmediación  y  concentración,  tomar  en  cuenta  para  la emisión del correspondiente fallo,  las    pruebas    que  directamente      se     recauden     en  la  respectiva audiencia de juicio  oral.   

En    ese    contexto,    tratándose  de  dos  diferentes procesos y, además, de distintos  acusados,  está  claro  que  las  incidencias  probatorias  no  son exactamente  iguales  –ni   siquiera  se  conoce  si   las  pruebas  coinciden  de  alguna  manera  en  una  y  otra  actuación-.   

Incluso,  para  ser  exhaustivos,  si  el  análisis  reclamado  de  la  segunda  instancia  implica  no  solo verificar el  contenido  y  alcance  de  las  pruebas,  sino  responder  adecuadamente  a  los  argumentos  de  las  partes,  tampoco  es  dable  señalar  que  en este caso lo  discutido   por  la  defensa,  se  funde  en  los  mismos  supuestos  fácticos,  jurídicos y probatorios de aquella ya resuelta por el Tribunal.   

En reciente pronunciamiento, dijo la Corte  sobre        el        tópico       debatido4:   

“Precisamente,  en  punto del impedimento  manifestado  por  el  juez,  no  puede  pasar  por  alto la Corte, dentro de las  funciones  pedagógicas  que  le competen, cómo el funcionario no sólo reitera  una  cuestión  que  ya  había  sido  planteada  y  resuelta previamente por el  Tribunal,  sin que los hechos que dieron lugar al pronunciamiento hayan cambiado  al  presente, sino que lo hace a través de manifestaciones genéricas, obviando  definir  concretamente  por  qué en cabeza suya se cubre alguna de las causales  taxativamente  enunciadas  en  el  artículo 56 del C. de P.P.      

“No  es,  debe  relevarse,  a  través de  enunciados  abstractos,  de  ninguna  manera  consagrados  en la ley como causal  específica  de  impedimento,  que  la cuestión puede ser planteada y resuelta,  dado  que,  en  ausencia  de  esa  expresa  delimitación  legal, corresponde al  funcionario,  en  sede  de  impedimento,  o  a  las partes, si de recusación se  trata,  establecer  cuáles  son  las circunstancias específicas que determinan  afectado  el  principio  de  imparcialidad  y  cómo  ello  incide  en  el  caso  concreto.   

“Porque, es preciso anotarlo, si se trata  apenas  de  significar que la causal se deriva inferida de que el Juez Penal del  Circuito  Especializado,  previo al adelantamiento de la actuación que ocupa la  atención    de   la   Sala,   emitió   sentencia   de   condena   –por  las  vías  extraordinaria,  del  allanamiento  a  cargos, y ordinaria-, en contra de otros de los involucrados en  los  hechos, ello por sí mismo no puede conducir, sin referente individual a un  tipo  de actuación precisa y a un compromiso concreto con la imparcialidad o el  adelantamiento   de  una  opinión  o  concepto,  a  significar  automática  la  existencia  de  una  circunstancia  de  separación del conocimiento del proceso  que,  se  repite,  ni  siquiera aparece taxativamente enunciada en la ley.    

“Debe  recordarse,  además, que sobre el  tópico  específico  de  la  actuación  del  juez  de conocimiento en sede del  trámite  dispuesto  en  la  Ley 906 de 2004, respecto de eventualidades como la  tratada,  ya la Corte se pronunció, en decisión de la cual se resalta su plena  vigencia,       del       siguiente       tenor5:   

“Frente   al   nuevo   modelo   de  enjuiciamiento,  tales  exigencias  decantadas  por  la  jurisprudencia  para la  configuración  del  aludido  motivo  de  impedimento,  conservan  su  alcance y  validez,  ya  que  en  el  juicio,  oral,  público y concentrado los hechos son  llevados  al  conocimiento  del  juez  por  las  partes (acusador – imputado), a  través  de  los medios de prueba previamente descubiertos y aceptados, y por lo  tanto  es el juicio el escenario en el que  las partes ejercen su derecho a  controvertir   y  participar  en  formación  de  las  pruebas,  teniéndose  en  consecuencia  por  pruebas  en  las  que  se  basará  la  sentencia únicamente  aquellas  producidas  o  incorporadas  en  forma  oral,  concentrada  y sujeta a  contradicción  ante  el  juez  de  conocimiento  (sólo excepcionalmente en los  específicos  casos  señalados  por  la  ley son válidas las recogidas ante el  juez  de  control de garantías), razones por las que resulta menos probable que  el  juzgador  se  vea  afectado  por  preconceptos  que  puedan afectar su recto  criterio en la decisión de un caso.   

“La  consagración del específico  motivo  de  impedimento  invocado  por  la Sala del Tribunal, es conteste con la  política  legislativa, evidente tanto en anteriores (Decreto 2700 de 1991) como  en  los  coexistentes  ordenamientos de procedimiento penal (Leyes 600 de 2000 y  906  de  2004),  de  evitar  a  toda  costa  que  el funcionario judicial que ha  prefijado  conceptos, o proferido decisiones dentro de un determinado asunto, no  deba  resolverlo, ni revisarlas, con el fin de garantizar la total imparcialidad  de  la decisión, voluntad que se revela manifiesta en la causal que se estudia,  así  como  en  la  sexta  (haber  dictado  la  providencia de cuya revisión se  trata),  la  catorce (que el juez haya negado la solicitud de preclusión y deba  conocer  del asunto en el juicio) y la especial del artículo 97 (haber suscrito  la decisión objeto de la acción de revisión), entre otras.   

“ (…..)  

“No encuentra la Corte que la valoración  de  los  específicos  medios  de  prueba,  que  es  en lo que cifra la sala del  tribunal  su  temor  de  parcialidad,  consignada  en  la  sentencia  de segunda  instancia  emitida  en contra de Cáceres Cáceres, constituya un prejuzgamiento  anticipado  acerca  de la responsabilidad de Solano Benavides y Manrique Bernal,  que  sería  lo  que  en  verdad  y  en  estricto  rigor configuraría la causal  inhibitoria  invocada,  por cuanto esa estimación no sólo se produjo dentro de  los  marcos  de  competencia  que  la  oportunidad  procesal  le  ofrecía, sino  referida  a un conjunto probatorio cuya formación, producción e incorporación  en   el   juicio   estuvo   regentada  por  unas  condiciones  de  inmediación,  concentración  y controversia sustancialmente distintas a las verificadas en el  caso de los  otros procesados.”   

Suficiente,  lo transcrito en precedencia,  para  fijar  el  sentido  que  para  la  Corte  tiene  hoy  la manifestación de  impedimentos, su naturaleza y forma de demostración.   

A  la  par,  esos hechos analizados por la  Sala  en  la  sentencia  traída  a  colación,  permiten  advertir, sin mayores  preámbulos,  que  en  los  magistrados  de  la  Sala  de Decisión del Tribunal  Superior  de  Bogotá, no  se  configura  ninguna  de  las  causales  de impedimento consagradas en la ley,  razón  por  la  cual deben asumir con plena competencia el análisis del asunto  que  en segunda instancia, por impugnación del fallo proferido por el A quo, ha  llegado a sus manos.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

DECLARAR  INFUNDADO  el  impedimento  conjunto  que en razón del presente asunto han manifestado los  Magistrados  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  doctores  JORGE  DEL  CARMEN  RODRÍGUEZ  CÁRDENAS,  LUIS  MARIANO  RODRÍGUEZ ROA y ADALGIZA NEIRA PALACIOS,  conforme    con    las   motivaciones   plasmadas   en   el   cuerpo   de   este  proveído.   

Cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARIA  DEL ROSARIOGONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                       JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  de 19 de octubre de 2006, Rad. 26.246.   

2 Auto  del 5 de julio de 2007, radicado 27.775   

3 CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala   de   Casación  Penal,  Auto  dic.19/00,  rad.  17.844.    

4  Auto   del   9   de   mayo   de   2007,   radicado  27.308   

5 Auto  del  7 de marzo de 2007, radicado 26.853     

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