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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14017  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No.199  

Santafé de Bogotá D.C.. quince (15)  de  diciembre de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

Por apelación interpuesta por el defensor de  MIGUEL  ANGEL  ANZOATEGUI  MORILLO, revisa la Sala la sentencia de  octubre  29  de  1997,   mediante la cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Cartagena condenó a dicho procesado a 18 meses de prisión por el delito de  prevaricato   activo   cometido   cuando   se  desempeñaba  como  juez  3º  de  Instrucción Criminal de dicha ciudad.   

Al referido acusado se le concedió la condena  de ejecución condicional.   

ANTECEDENTES  

          Los hechos   

1.-  Aproximadamente  en  el  año  de  1963  Gonzalo  Zúñiga Torres entregó a su hermano Rafael una “casa-finca ubicada en  la  subida  al  Cerro  de  la Popa” de la ciudad de Cartagena, con el fin de que  este  último  residiera  allí  con su mujer María Petronila Pardo y sus hijos  Rafael Gonzalo y Luis Eduardo Zúñiga Pardo.   

Dicha familia vivió allí hasta que en julio  20  de  1.989  falleció Rafael Zúñiga Torres, por lo que a partir de entonces  Gonzalo  empezó  a  presionar  a  los  Zúñiga  Pardo  para que abandonaran el  inmueble.    Rafael   Gonzalo   Zúñiga   Pardo  se  fue  a  vivir  aparte  y   la   propiedad  de  la  casa-finca   en   cabeza   de  Gonzalo  Zúñiga  Torres,   empezó  a  ser  cuestionada  por  los  Zúñiga Pardo, quienes así se lo hicieron saber a   aquél  por  escrito  (fl. 14 Anexo 5), quien respondió en carta de Junio 14 de  1.991 (fl. 17 id.) dirigida a “María Pardo Vda. de Zúñiga”.   

“…Toca  advertir a ti, a Eduardo y Jorge  que  desde  la  muerte  de  mi  hermano  Rafael  celebré  contrato  de  arrendamiento  con  Rafael  Zúñiga  Pardo,  quien cumplió la orden de su padre al respecto.  Como ese contrato  de   arrendamiento   no   lo   ha   podido  cumplir  Rafael,  pues  me     adeuda     más    de  8  meses  de  canon  de  arriendo,  he  instaurado     contra     él     la     respectiva    acción    judicial    de  lanzamiento”.   

          “En  esas  circunstancias les solicito, con mucha pena, como ya se  lo  notifiqué judicialmente a Rafael, la desocupación de la casa, ya que voy a  someterla  a  reparación total para que la habite mi hija María Victoria luego  de  su próximo matrimonio. Les doy plazo de 30 días para desocupar a partir de  la fecha, esta casa” (se subraya).   

Efectivamente, a folio 19 aparece el formato  No.  VU-  3656633,  “papel  documentario Minerva”, en el cual se elaboró el  contrato   de  arrendamiento  de  fecha  enero  16  de  1.989,  entre los citados Gonzalo Zúñiga Torres  y  su  sobrino  Rafael Gonzalo Zúñiga Pardo, a través del cual se arrienda la  referida  “casa y el lote donde está construida” por la suma de $30.000.oo.  Igualmente  allí  se  dice  que  “este  contrato  reemplaza  a uno verbal que  existía desde 1.975”.   

– El mismo citado junio 14 de 1.991, Gonzalo  Zúñiga  Torres  da poder a un abogado para que inicie el respectivo proceso de  lanzamiento   “contra   Rafael   Zúñiga   Pardo”   (fl.1   cdno.  No.  4),  presentándose  la  respectiva  demanda  ante  el Juzgado 7º Civil Municipal de  Cartagena.  Los  residentes  en  el  inmueble,  María  Petronila y Luis Eduardo  Zúñiga  Pardo, por conducto de abogado, tacharon de falso el referido contrato  (fls.8  y  9)  y  se  dictó sentencia de agosto 2 de 1.991 (fl.11), mediante la  cual se decretó el lanzamiento pedido.   

          En  la  diligencia  de “restitución” del inmueble (fl.18), Luis  Eduardo  Zúñiga  Pardo  estuvo  en contra de la misma oposición que no le fue  aceptada  por  ser  “beneficiario”  del  contrato,  como  hermano  de Rafael  Gonzalo, quien, como se vio, ya no residía allí.   

          2.-  Frente  a  este  resultado,  María Petronila Pardo y Luis  Eduardo  Zúñiga Pardo formularon denuncia penal el 15 de julio de 1.991 contra  Gonzalo  Zúñiga  Torres  y  Rafael  Gonzalo Zúñiga Pardo, por los delitos de  fraude procesal y estafa (fl. 1 Anexo 5).   

          El  Juzgado  3º  de Instrucción Criminal de Cartagena, a cargo del  doctor   MIGUEL   ANZOATEGUI   MORILLO,   abrió   la  investigación  (fl.  21)  y  el  2  de agosto de 1.991  recibió    de    Legis    la    siguiente    respuesta    (fl.   29).   

          “Le  estamos  certificando  que  la  Referencia Formas Minerva 55-01  Nro.   VU-3656633  fue  procesada  con  nuestra  Orden de Producción 20826  y  se entregó en bodega de  Producto   Terminado   el   14  de  marzo  de  1.991”  (se subraya).   

          Practicadas  varias  pruebas,   el  apoderado de la parte civil  solicitó  el  proferimiento  de  la  medida  asegurativa  pertinente  (fl. 60),  pero   el  juzgado  se  abstuvo de decretársela  por medio de auto de  noviembre 18 de 1.991  (fl. 66).   

          Se  llevaron  a cabo otras diligencias, se cerró investigación, el  apoderado  de  la  parte  civil  pidió acusación (fls.110 a 116), y el Juzgado  cesó   procedimiento   en   auto   de   marzo  2  de  1992 (fl.125 cit. Anexo 5).   

          La  parte  civil  apeló  esa  decisión y anotó que no le parecía  posible  que el señor juez hubiese sido “tan ciego” al ignorar la evidencia  probatoria (fl.133).   

Ya  en  vigencia  la Fiscalía General de la  Nación,  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal conoció en segunda instancia  y,  mediante  resolución  de  agosto  12 de 1.992 (fl. 126 Anexo 3), revocó la  providencia  anterior  y  acusó  a  los  sindicados por los delitos de falsedad  y  fraude procesal previstos  en los artículos 221 y 182 del Código Penal.   

Con  algunas  modificaciones,  el Tribunal de  Cartagena  confirmó  la  sentencia  proferida  por el Juzgado Décimo Penal del  Circuito  y  condenó  a  Gonzalo  Zúñiga  Torres  y  Rafael  Gonzalo  Zúñiga Pardo a 18 meses de prisión  por  el  delito  de  falsedad,  el  cual,  estimó, “absorbía” el de fraude  procesal  y  con  éste  formaba  un  concurso  aparente  de infracciones (Anexo  4).   

3.-  Luis  Eduardo  Zúñiga Pardo procedió  entonces  a  denunciar  al  Juez  Doctor Anzoátegui Morillo (fl.1 cdno. Nro.1),  iniciándose  así  el proceso que terminó con la sentencia condenatoria objeto  ahora de apelación ante la Corte.   

LA SENTENCIA IMPUGNADA  

Dicha providencia, proferida en armonía con  la   resolución   acusatoria   de   septiembre   29   de   1.995   ,  considera  sustancialmente:   

1.-  Al decidir la cesación de procedimiento  objeto  de  reproche,  el  procesado  se  dedicó  a analizar los aspectos de la  posesión  y  la  propiedad  del inmueble, aspectos que no eran de trascendencia  para  la investigación penal que se adelantaba, porque en ella lo “importante  era  demostrar  el empleo del documento reputado de falso, para inducir en error  al  Juez Civil.  Es decir si se utilizó  el contrato de arrendamiento  como  maniobra  fraudulenta  para  recuperar  el inmueble de quienes lo tenían”  (fl.78).   

2.-  Se  le dio credibilidad a los dichos de  los  sindicados, no obstante sus “visibles inconsistencias” (id), pues no es  cierto  que  el  referido  contrato  reemplaza  otro  por  escrito,  sino uno de  carácter  verbal  y,  además,  en  el  mencionado  contrato  que  sirvió para  engañar  al  Juez 7º Civil Municipal,  aparte de consignarse mentiras, se  lo  hace  aparecer  con fecha 16 de enero de 1.989, cuando el respectivo formato  “Sólo  salió  al comercio en marzo de 1.991, tal como lo certificó Legis”  (fl.80)   

3.- Dice el procesado Rafael Gonzalo Zúñiga  Pardo  que  el  contrato  se  autenticó,  lo cual no es cierto, “pues de  haberse  llevado  a la Notaria, el Juez Civil Municipal que conoció del proceso  de   lanzamiento,   hubiera   apreciado   la   disparidad   entre  la  fecha  de  autenticación  y  la  de  celebración  del referido contrato que aparece en el  documento” (fl. cit. infra).   

4.-  El  documento  de  contrato  se hizo en  términos  mentirosos  para probar que el demandado Zúñiga Pardo se encontraba  en  mora  (fl.  81),   pero  la  realidad  procesal muestra que éste ya no  residía  en  el  inmueble respectivo y que fue su hermano Luis Eduardo quien se  hizo  presente  en  la  diligencia  de restitución del bien, todo lo cual “Se  convierte  en  otro  hecho  indicador  de  que  la  elaboración del contrato de  arrendamiento  se  efectuó  para  utilizarlo  dentro del proceso civil y lograr  así  obtener  la  salida   del  referido  inmueble  de  la  señora  MARIA  PETRONILA  PARDO  y sus hijos LUIS EDUARDO y JORGE ALBERTO, quienes realmente lo  habitaban” (fl. 83 infra.).   

                5.-  Siendo “Tan visibles”  las pruebas en contra de los sindicados, la  providencia  censurada  resulta manifiestamente ilegal, pues “una decisión de  esa  naturaleza exige certeza sobre la inexistencia  de las infracciones”  (fl.  89 y 90) y, además, “era de fácil entendimiento el texto del artículo  34  del  Decreto  050  de  1.987  entonces  vigente,  y la prueba arrimada a ese  proceso  claramente  impedía la posibilidad de tomar la determinación adoptada  por  el  Juez.  Además el funcionario acusado tenía gran experiencia como  administrador  de  Justicia  puesto que venia desempeñando la actividad de juez  desde   el  1º  de  septiembre  de  1.979, según consta en el certificado  expedido  por  la  Secretaría  del  Tribunal  Superior  de  Cartagena (Fol. 97.  C.O.)”. (fl. 93).   

          6.-  Es cierto que el Tribunal revocó la sentencia  de primera  instancia  y  sólo  condena  por  falsedad,  pero  estuvo  de acuerdo en que se  estructuraba  el  delito  de fraude procesal al reunirse todos los elementos que  integran  dicha  figura.  Solo  que estimó el delito de fraude procesal como un  acto posterior copenado (fl.94).   

“De    todas    maneras   –concluye       la       sentencia  impugnada—   el  Doctor  ANZOATEGUI  MORILLO  en  la  providencia  calificatoria  del sumario no entró a  estudiar  los  punibles  de  falsedad y fraude procesal, sino que centralizó su  análisis  en  aspectos  como  la  de  la  existencia  de  un contrato verbal de  arrendamiento,  hecho  que  estaba demostrado y que no tenía trascendencia para  el  proceso  penal  adelantando.  Por  ende, no cabe alegar ahora las disímiles  interpretaciones  que los distintos funcionario han efectuado sobre la tipicidad  de  los  comportamientos  endilgados  a  ZÚÑIGA  TORRES y ZÚÑIGA PARDO, para  invocar   la   ausencia  de  dolo  frente  al  Prevaricato”  (fl.cit).  (sic).   

LA IMPUGNACIÓN  

          Para  pedir la revocación del fallo de primera instancia, argumenta  el señor defensor del procesado:   

          Se  está  en presencia de un error judicial no de acto prevaricador  (fl.114),  porque al calificar el sumario con cesación de procedimiento se hizo  con  los  mismos  argumentos  que el procesado adujo para abstenerse de proferir  medida  de  aseguramiento, circunstancia que no tuvo en cuenta el Tribunal en su  sentencia  y  agrega  que para el acusado era imprescindible analizar “que los  denunciantes   ni   eran   poseedores  ni  propietarios  como  afirmaban  en  su  denuncia”  (fl.115) tema éste que el acusado razonadamente hizo punto central  de  la cesación de procedimiento que se le reprocha, expuso las razones por las  cuales  pese  a  la inexactitud de la fecha en el contrato, no se configuraba la  falsedad,  el  contrato no era mas que el reemplazo de un anterior, que a su vez  se   había  efectuado  para  reemplazar  uno  verbal,  lo  que  constituye  una  explicación posible, lógica y no contradicha por prueba alguna.   

          Atenido  a la cita de un doctrinante añade que el funcionario “no  debe  forzar la resolución acusatoria” (fl.116), menos en este caso, donde el  procesado  no  había  encontrado mérito para proferir medida de aseguramiento,  así  que  a  lo  sumo,  el  procesado  habría  incurrido  en  “una  eventual  negligencia”  (fl.117).  además  de  que  los  temas  de  la  posesión  y la  propiedad no eran en momento alguno ajenos al caso resuelto.   

          Y  sustentando  el  criterio  del  error  invencible cita doctrina y  jurisprudencia  error  de  tipo  afirmando que además de impedir en ese caso la  afirmación  del  dolo  en el actuar del proceso no se acredita la existencia de  un  relación  de  amistad, o de una especial consideración favorecedora de los  sindicados.   

          Plantea  también  que por no existir la  falsedad ni el fraude  procesal  que  se proponían a la mesa de trabajo del doctor Anzoátegui Morillo  (fl.120),  no  se  puede afirmar que al cesar procedimiento hubiese incurrido en  un delito de  prevaricato.   

En este sentido se ocupa de la simulación en  el  derecho  civil,  para  decir  que  ella  “podrá ser herramienta de delito  cuando  comporte  un  daño,  como  podría  suceder  en la estafa, mas no en el  proceso que se analiza.   

A  ese  respecto  el  Tribunal estima que la  sentencia  si  tenía  idoneidad  para  lanzar a cualquier morador por cuanto se  exigía  la  desocupación  del  inmueble,  apreciación  de la cual discrepa el  defensor,  pues  dice  que  aunque  parezca  paradójico se afinca en las mismas  consideraciones  jurídicas  que  expuso  el  juez  civil  cuando  resaltó que,  precisamente  el  proceso  sólo  tenía  relevancia para los dos comprometidos,  generándose  legalmente  con  esa  sentencia  el  arma  en  favor  de  los  que  denunciaron a su poderdante.   

“La  fecha  de  creación  del papel no es  parte  del  documento”  (fl.122): “Si hoy como deudor suscribo una letra con  dos  años  de antelación, porque conscientemente estoy reponiendo la letra que  al  acreedor  se le extravió o deterioró, no cometo delito alguno de falsedad.  Como  no  lo  comete  el magistrado que suscribe una decisión adoptada antes en  unas hojas que solo fueron creadas días después” (fl.cit.).   

Según  el  apelante,  “Cuando  el  mismo  contrato  afirma  que  está  reemplazando  uno  anterior deteriorado, nos está  advirtiendo  el  por  qué de la fecha posterior, y es ella la razón que diluye  de  inmediato  el  juicio  de  reproche. Que se exija que ha debido decir que el  contrato  reemplaza  uno  anterior  que  a su vez reemplazó uno verbal es decir  mucho  y  decir  nada  porque la falsedad no puede estribar en la omisión de la  exacta  referencia, porque entonces el reproche no responde exactamente al cargo  que  se  hace  en  la  medida  en  que se está admitiendo el supuesto de que si  hubiese  dicho toda esa leyenda histórica, a pesar de la fecha de creación del  papel,  indiscutiblemente  no  habría  aun  así  repito,  delito de falsedad”.  (id).   

Por  ello  se  pregunta  si  puede  el fraude  procesal   con   un   juez   advertido   de  la  verdad  óntica  a  la  que  es  indiferente?   “se  pregunta el impugnante a folio 122 infra, y acota que  el  juez  sólo  debe atenerse a La verdad cartular” (fl. 123 supra) y precisa  que  “la  falsedad  ideológica  no era materia de sus decisiones”, y agrega  que  no  puede  existir  engaño  sobre  aspectos  “Del  todo  irrelevantes”  (id.).   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.- Un primer tema a observar: el impugnante  basa  buena  parte  de  su alegato en personales afirmaciones, según las cuales  los   delitos  de  falsedad  y  fraude  procesal  que  investigó  el  procesado  ANZOATEGUI  MORILLO  “no existían” o se exhibían como dudosos y permeables  a  diversas  interpretaciones,  hasta  el  punto  que  el  fallar  dicho caso el  Tribunal únicamente consideró la existencia de la falsedad.   

          Pero  no:  ha  insistido  esta  Sala  en  que  las sentencias están  amparadas  por  la  doble  presunción de acierto y legalidad, y la que aquí se  dictó  consideró  plenamente demostrados ambos referidos delitos contra la fé  pública  y la  Administración de Justicia,  haciéndose consistir el  primero  (falsedad  material)   en  la  elaboración  total  del  documento  contrato  y,  el  segundo,  en la utilización de éste para engañar al Juez 7o  Civil  Municipal  y  así lograr que se dictara una correspondiente sentencia de  lanzamiento       (fls.30      y      ss.   Anexo No. 4), producida la cual “Se agotó” el delito  de fraude (fl.49 infra.).   

En sentir del Tribunal, se trata en este caso  de  un  concurso  aparente  entre  esos  dos delitos (fl. 50 a 58), en el que el  fraude resulta “un acto posterior copenado” (fl. 58).   

Dicha  sentencia  estuvo  precedida  de  la  resolución  acusatoria,  en  la cual (fl. 126 Anexo 3) se dijo que como Gonzalo  Zúñiga  Torres  no pudo, “por los medios legales”, hacer que su cuñada y su  sobrino  (María  Petronila  y  Luis  Eduardo  Zúñiga  Pardo)  abandonaran  el  inmueble,   se  valió de la complicidad de Rafael Gonzalo Zúñiga Pardo y  procedió   a  elaborar,  en  1.991,   el  contrato de arrendamiento entre los dos, al cual se le colocó  fecha  de  enero 16 de 1.989,  para  en  esas  condiciones  afirmar moroso al arrendatario y así proceder a la  demanda correspondiente.   

Igualmente   la   referida   providencia  acusatoria,  puso de presente la certificación de Legis, las contradicciones de  los  sindicados  y la carta de  junio  14  de 1.991 en la que Gonzalo Zúñiga Torres le dice a María Petronila  que    el    contrato    con    Rafael    Gonzalo   lo   celebró   después  de  fallecido  Rafael  Zúñiga  Torres  (20  de  julio  de  1.989),  pero ya se vio que el contrato exhibe fecha  bastante anterior.   

Así  las  cosas,  en  dicha  acusación  de  segunda  instancia  se  reitera  que  los  mencionados hechos están demostrados  “de  manera  tan evidente que es imposible dejar de apreciarlos” (fl.128, se  subraya), calificando luego la delincuencia de “indubitable”.   

Esas   tajantes  afirmaciones  precisamente  se oponen de manera frontal a  las  que  el  juzgado  aquí  acusado  hizo en la cesación de procedimiento que  constituye el acto prevaricador por el cual viene condenado.   

En  efecto,  como dice el fallo apelado, las  consideraciones  en  que  se  basó  la  cesación de procedimiento son del todo  impertinentes para sustentar tal decisión,  como  las  que  atañen  a la posesión y a la propiedad del bien  inmueble       a       restituir,        y       también      –agrega   en   esta   oportunidad   la  Sala— las concernientes a  las  “solemnidades  que  le  imprimió  el contrato a la relación contractual  anterior”  (fl.  128 Anexo 5). lo “explicable” que resulta la escogencia de su  otro  sobrino  (Rafael  Zúñiga  Pardo)  como  su  arrendatario, y la siguiente  consideración   en   lo  que  atañe  al  documento  contentivo  del  contrato.   

“Al analizar este documento, se advierte que  en  él  consta  la  aclaración  pertinente  de que con él se reemplaza a otro  verbal  que  existía de antaño, y explican a la vez, que este nuevo sucedía a  otro escrito que se había deteriorado.   

Todo  ello, es factible que hubiese sucedido  así,  por  lo  que  el  Juzgado  no  encuentra como (sic) alguno de que hubiese  violación  a  la  ley  penal  por  parte  de  los  aquí  sindicados” (fl.129).   

En  definitiva,  en dicha providencia el  procesado  no  hizo  ninguna  consideración que tuviera que ver con los delitos  revelados  por  la instrucción que calificaba. ¿Dónde alguna referencia a que  el  contrato  se elaboró en 1.991, pero con fecha 1.989, a la carta de junio 14  donde  el  demandante  Gonzalo  Zúñiga  Torres  le dice a María Petronila que  celebró  el  contrato  después  de  julio  20  de  1.989  y  a  las flagrantes  contradicciones  y  diferencias que, sobre aspectos esenciales, mostraron en sus  indagatorias los sindicados Zúñiga Torres y Zúñiga Pardo?.   

Ahora  bien:  ante  semejante  evidencia de hechos, ¿qué incidencia penal  tiene  en  cabeza  de  quién estaba la posesión y/o la propiedad del inmueble,  temas  que casi copan los folios que terminaron en la cesación de procedimiento  reprochada?  De verdad que ninguna.   

Esa     manera     tan    ostensible  como  el acusado “desvió” las  consideraciones  sustento  de  su  decisión,  de  verdad  que  no solo se opone  rotundamente  al  “error  judicial” a la “equivocación”, a “la eventual  negligencia”,  al  “error  invencible”, al “error de tipo”,  sino que  al  contrario  ponen en evidencia el dolo como inspiración de un malicioso  actuar  frente  a  la  certeza de que la argumentación del caso no hubiese dado  para decidir de la manera como aparece.   

El   acusado  dejó  enteramente  de  lado  las  pruebas que comprometían a los sindicados en los  delitos  investigados  y  se  aplicó,   reiterase,  a  análisis  meramente  “civiles”  con  respecto  al  contrato,  a  la  simulación, a la no potencialidad de ésta para dañar porque  no  podía  afectar  a personas ajenas a los contratantes, [como si no estuviese  obligado  a ver que el inmueble le fue efectivamente restituido al apoderado del  demandante  (fl.  18  cdno.  4)]  y  a  las  referidas  calidades  de poseedor y  propietario.   

Así que, como dijo la acusación, por fraude  y   falsedad   resultaba   “imposible”   no  tener en cuenta la ya citada prueba de cargo, la cual finalmente  arrojó  certeza  de  que  el  contrato  de  arrendamiento  fue “inventado” para  demandar  y  así obtener el  lanzamiento  y  la  restitución  que  –  también  constaba  en  el  proceso  –  pretendía  Gonzalo  Zúñiga  Torres  desde  que  su  hermano Rafael falleció.   

El  anterior  aserto  se  robustece  si  se  considera  que  el  acusado  es  juez  desde  el año de 1.982 (fl. 97 cdno. 1),  experiencia que torna menos aceptable el error alegado.   

Al  contrario,  el  dolo del acusado se pone  más  de  manifiesto  si  se  recuerda  que  tanto  para  la  resolución  de la  situación  jurídica,  como para la calificación, ambas decisiones (finalmente  favorecedoras  de  los  sindicados  Zúñiga)  estuvieron  presididas  de sendos  alegatos   del   apoderado   de   la   parte   civil  en  los  cuales  resaltaba  contundentemente  de  la  prueba  de  cargo,  en  términos de hacer “imposible”  pasarla  desapercibida,   ya  que  con  esa  actividad el apoderado habría  sacado    al    procesado    del   descuido   o   del   error   que   alega   el  impugnante.   

Dice el recurrente que en el primero de esos  autos  (el  que  se  abstuvo  de  imponer  medida de aseguramiento) el procesado  Anzoátegui  Morillo  dio  los  mismos  argumentos  luego  expuestos  para cesar  procedimiento,  lo  cual,  mostraría  la  falta de dolo. Pero la Sala piensa lo  contrario,   es  decir,  que  en  las  concretas  circunstancias  anotadas,  esa  decisión  antecedente  lleva es a confirmar la malicia  de  la  actuación,  aparte de que se trata de momentos  procesales  diversos,  no exigiéndose en el primero de ellos “plena prueba”  para  una  u  otra  decisión,  requisito  que  sí es propio de la cesación de  procedimiento.   

2.-  En  otro  aspecto,  que no diga nada el  proceso  sobre  “la amistad” entre los sindicados Zúñiga y el juez Anzoátegui  Morillo,  es  argumento  del  impugnante  que  deviene  inane, pues el delito de  prevaricato  (art.  149  C.P. ) no exige que la decisión manifiestamente ilegal  se  anime de la voluntad de hacer mal o de favorecer, o tenga esa connotación o  móvil;  basta que el funcionario decida en contra de la evidencia procesal y de  la  ley con el conocimiento y la voluntad de que así procede, correspondientes,  para que sea dable hablar de prevaricato.   

En suma, se ve claro que los ataques hechos a  la  sentencia que se revisa, no logran ni en mínimo grado debilitar el sustento  de  “certeza”  inherente  a  la  misma,  que,  por tal motivo, recibirá en esta  instancia confirmación.   

          Hallándose   ya   el   expediente   al   Despacho   del  Magistrado  Sustanciador,  el  funcionario  acusado hizo llegar un sentido escrito en el que  solicita  que  la  decisión  de  instancia  se  profiera a su favor, tomando en  cuenta   sus  invariables  explicaciones  procesales,  reconociéndole  su  buen  comportamiento  anterior  y por ende que los hechos imputados son el fruto de un  error, nunca de la mala fe.   

La   sola   extemporaneidad   del  escrito  impediría  considerar  la  alegación adicional del procesado, como que hacerlo  redundaría  en  un  desequilibrio de partes, dado que los demás intervinientes  no  tuvieron  ocasión  de  conocer  esta  argumentación  del proponente.   Adicionalmente  se  dirá  que las inquietudes del memorialista hallan respuesta  en  la invocación que de la prueba analizada se realiza. Teniendo en cuenta que  por  ministerio  de  la  Ley, le es obligado al Juez – en este caso a la Corte –  analizar  la prueba en su conjunto y no tan solo la que beneficie o desmejore la  situación  del procesado, análisis conjunto que trasunta decisión que ha sido  ya enunciada.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la Iey,   

RESUELVE  

          1.  CONFIRMAR  el  fallo recurrido.   

          2.- Devuélvase el proceso al Tribunal de origen.   

Cópiese    y  cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO   E.  ARBOLEDA  RIPOLL             JORGE  E.  CORDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                              EDGAR          LOMBANA  TRUJILLO       

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                  CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

No hay firma  

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON                     NILSON PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria.  

    

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