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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 14009  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

      SALA  DE  CASACION  PENAL   

MAGISTRADO PONENTE:  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

APROBADO ACTA No. 149  

Santa Fe de Bogotá, D.C., septiembre treinta  de mil novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

Resuelve la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del señor Juan Carlos Arango  Gutiérrez,  contra  la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Nacional, que al  modificar  la  dictada  por  un  Juzgado Regional de Medellín, lo condenó a la  pena  principal  de  34  años de prisión, en lugar de los cuarenta y ocho (48)  años  impuestos  por  el  a  quo,  como  responsable  de concurso de delitos de  homicidio  en  la  persona de Irene Castañeda Rodríguez y homicidio tentado de  que             fue             víctima             Liliana             Morales  Carmona.                     

HECHOS  

          Ocurrieron  el  20  de  enero  de  1.994, a las ocho y treinta de la  noche,  en  el  sector denominado El Crucero, vía a Pereira, de la comprensión  municipal  de  Santa  Rosa  de Cabal.   Juan Carlos Arango Gutiérrez,  alias  el  Chacano,   acompañado  de  otro  sujeto,  se desplazaba por ese  lugar.   Una   vez   arribaron   a   la   residencia   de  la  familia  Carvajal  Castañeda,   lanzaron  un  objeto que explotó minutos después  y le  causó   lesiones  a  las  señoras  Irene  Castañeda  Rodríguez   y  Liliana  Morales  Cardona,   a  consecuencia  de  las  cuales  falleció la  primera de ellas.   

                               

                            ANTECEDENTES   

          1.  Juan  Carlos  Carmona  Londoño  formuló  denuncia en la unidad  investigativa  de  policía  judicial,  el  día  que sucedieron los hechos. Con  fundamento  en  esas   diligencias,  la fiscalía seccional  31 de esa  ciudad,   profirió  resolución  de  apertura  de  instrucción  y  dispuso  la  vinculación de Juan Carlos Arango Gutiérrez.   

          2.  Realizadas  las averiguaciones pertinentes,  se estableció  que  el  día  de  los  hechos Arango estaba acompañado del menor  Gustavo  Adolfo  Sierra.  Por  ello,  el 17 de mayo de 1994, el despacho que conocía del  asunto  ordenó  expedir  las copias correspondientes para que fuera investigado  por la autoridad competente.   

          3.  La  situación jurídica fue resuelta el 7 de julio de 1995, por  la    fiscalía   regional   de   Medellín,  quien  le  impuso  detención  preventiva,  por los delitos de homicidio,  tentativa de homicidio y empleo  o lanzamiento de objeto peligroso.   

          4.   El   30   de   noviembre   de   1995  se  declaró  cerrada  la  investigación,   y  el  21  de febrero siguiente fue calificado el mérito  del  sumario con resolución de acusación por los delitos reseñados en el auto  que impuso medida de aseguramiento.   

         

          5.  La  etapa  de  la causa estuvo a cargo de un juzgado regional de  Medellín,  oficina   que  el  22  de  agosto  de  1996 profirió sentencia  condenatoria  en contra de Arango Gutiérrez  y le impuso 48 años  de  prisión  por  los  delitos  de  homicidio  agravado  y  tentativa de homicidio;  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por un término de 10 años;  indemnización  de  los  daños  y perjuicios causados por el delito en cuantía  equivalente  a 1.700 gramos oro,  y  le negó la condena de ejecución  condicional.  En  relación  con  el  delito  de lanzamiento de objeto peligroso  decretó  la  nulidad   en  razón  a  que  se  calificó  indebidamente la  conducta.   

          6.  Apelado  el  fallo,  el  Tribunal  Nacional  lo modificó en los  siguientes  términos,  mediante  sentencia  del  18 de abril de 1997: redujo la  pena  a 34 años de prisión, y  los perjuicios los fijó en  un 1.300  gramos oro.   

          7.  Contra  esa  decisión  se  interpuso  recurso extraordinario de  casación.   

LA DEMANDA  

Reprocha la sentencia porque considera que es  violatoria  de manera indirecta de una norma de derecho sustancial, por error de  hecho, falso juicio de identidad.   

Desarrolla   la   censura   analizando  en  capítulos  separados  los  testimonios  de  Luz  Estela Carmona, Gladys Eugenia  Morales  Carmona,  German  Acevedo  Torres,   Luz   Dary  García  Muñoz y  Liliana Acevedo García.     

Posteriormente,  anota  falta de aplicación  del  “in  dubio  pro  reo”.  Para esto, enfrenta un testimonio, que ubica al  procesado  el  día  de  los hechos en el lugar en que ocurrieron, a otros tres,  que lo sitúan en lugar diferente.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  demanda  examinada  y  estudiada  se  rechaza por las siguientes  razones:   

1.  El  artículo  225  del  C.  de.  P.  P.  establece    los  requisitos  formales  de  la  demanda.  Dentro  de  ellos  menciona,   en   su   numeral   1º.,   “La  identificación  de  los  sujetos  procesales”.  El demandante determina solamente al procesado y hace caso omiso  de los demás intervinientes.   

2.  El  mismo artículo, en su numeral 2º.,  exige   una   síntesis   de   la   actuación  procesal.  Tampoco  la  hace  el  letrado.   

3.  La  incuria  del  abogado  sigue  cuando  refiriéndose  a aquello que es objeto de impugnación, alude a la sentencia del  Tribunal  Nacional  que  ha condenado a don Juan Carlos Arango Gutiérrez, luego  de  que  en  el  mismo  sentido  lo  hubiera  hecho  el juzgado 4º. regional de  Medellín.  Agrega la pena impuesta y deja de lado, por ejemplo, la fecha de una  y  otra  decisión.  Con  ello  también se acerca algo negativamente al numeral  1º.  del  artículo  225  del  C.  de.  P.  P.  pues  ante  el requerimiento de  “identificar  la  sentencia impugnada”, al menos ha debido pensar en la data  de los fallos.   

4. El numeral 3º. del  mismo artículo  225  del  C.  de.  P. P. apremia a quien escribe en demanda para que se ocupe de  “La  causal  que  se  aduzca para pedir la revocación del fallo, indicando en  forma  clara y precisa los fundamentos de ella y citando  las  normas que el recurrente estime infringidas”. Establece el numeral, así,  los  principios  de claridad y precisión que deben acompañar a toda demanda en  casación,  axiomas  elementales pues la Corte debe responder concretamente ante  las  causales  presentadas  y desarrolladas por quien pide su atención. Si ello  no  es  así, es decir, nítido, la Corte resulta altamente obstaculizada porque  no puede tratar de desentrañar los anhelos del impugnante.   

En  relación  con  la causal que invoca, el  defensor hace varias afirmaciones, entre ellas las siguientes:   

a) “Error de hecho, expresado a través de  cuatro  opciones  o  fuentes  generadoras  del  mismo,  tres  de  estas sobre la  valoración  de la prueba testimonial y una de ellas sobre la subvaloración del  principio  ‘in dubio pro  reo’:  este  factor como  subsidiario  de  los  otros”.              

          b) “La causal  que  doy  en invocar es la primera contemplada en el artículo 220 del C. de. P.  Penal,  es  decir,  cuando  la  sentencia sea violatoria de una norma de derecho  sustancial,  vale  decir,  una  de  las  contempladas en el código penal, o una  serie  de  ellas,  originadas  en  errores de hecho en la apreciación de varias  pruebas  testimoniales  y  en  la  evaluación de la duda, como sobreviniente de  aquellas…”.    

c)    “    Como…el    ‘error     de     hecho’   comporta  un  yerro jurídico  con  repercusión  en  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, en este  evento    del    código   penal.   Y   para  el  caso  sub  examine cabe señalar que se trata de un error  de   hecho  advenido  de  un   ‘falso juicio de  identidad’ con relación  a  una  variada  gama  de  testimonios   y  con  incidencia en el principio  ‘in    dubio    pro  reo’, todo ello en virtud  de  que  el  fallador  de  segunda  instancia  tergiversó,  no atinó a valorar  debidamente …”.    

d)“…incurrió el fallador de la segunda  instancia  en  manifiesto  error  de  hecho  en  la  evaluación  de  la  prueba  testimonial…”.   

         Como   se   detecta  rápidamente  de  los  propios  enunciados  del  libelista,   sus  planteamientos  no  son claros, auncuando dice que poco a  poco,  separadamente,  irá  mencionando los errores. Y ello, sólo, hace que se  desvanezcan los principios mencionados anteriormente.   

         

5. Cuando elaboraba la demanda, el recurrente  no  tuvo  en  cuenta  que  si  se  acude  a  la  violación  indirecta de la ley  sustancial  es  menester  demostrar  la carencia de fuerza condenatoria de todas  las  pruebas  atendidas  por el juzgador. No es, entonces, suficiente, tratar de  derruír  una  o  varias  de  ellas,  si  las  que  permanecen  en  pie gozan de  suficiencia  demostrativa  con  grado de certeza. Y nada de lo anterior se puede  afirmar  de  la  demanda  porque  el  censor  no hace más que enfrentar, de una  parte,   su  criterio  con  el del fallador, y, de la otra, las palabras de  una  testigo,  con  las  frases  de  otros  tres testigos. Actuando así, le era  imposible  al defensor al menos señalar frente a la prueba testimonial un yerro  patente, protuberante, ostensible, predicable del juzgador.   

Con   otras   palabras,   corresponde   al  casacionista  demostrar  que  el  error o los errores que imputa al fallador son  trascendentes,  esto  es, que abarcan mucho, que son muy graves, que son de suma  importancia  y  que  repercuten en el fallo,  a tal punto, que sin ellos la  sentencia  habría  sido  dictada   en  sentido diverso al definido por los  jueces.   

          En  el  asunto  que  convoca  a  la Sala, se observa que el defensor  circunscribe  el  error que señala a una disparidad de criterios entre él y la  “plena  credibilidad”  que,  dice,  le  otorgó el Tribunal al testimonio de  doña  Luz  Estela  Carmona.  Se  trata,  así,  de una simple inconformidad del  recurrente  con  la  valoración  hecha  por  la justicia respecto de una prueba  testimonial.  El demandante, en su criterio,  quiso valorar las palabras de  la  señora  mencionada  y cuando miró la sentencia estimó que el Tribunal las  había “sobrevalorado”.   

          Como  repetidamente lo ha expresado la Corte, la mera divergencia de  opiniones  entre  el  juzgador  y  el  demandante  respecto  de  la  valoración  probatoria  no es por sí misma demostrativa de un error, ni ello puede llevar a  que  se  considere ilegal el fallo. La ley es muy clara en cuanto otorga al juez  la  potestad  de  apreciar  las  pruebas  conforme  con  las  reglas  de la sana  crítica,  sin sujeción a tarifa alguna.   

Justamente,  porque  sabe de ello, el censor  sostiene  que  hubo  violación  de  las  reglas  de este sistema de valoración  probatoria.  Pero  no  argumenta con razones. Su extenso escrito en torno de los  declarantes  se  limita  a  consideraciones  generales y a plantear una serie de  interrogantes.  Es  lo  que hace con las declaraciones de Gladys Eugenia Morales  Carmona,  Germán  Acevedo  Torres,  Luz  Dary  García  Muñoz  y Liliana   Acevedo García.   

          6.   Finalmente,   el   censor  se  desliza  hacia  el  ‘in    dubio    pro   reo’,  que  encuentra  vulnerado.  Y  para  desarrollar  la  acusación, retorna a los testimonios acabados de mencionar. El  primero,    afirma,    fue    “sobrevalorado”    y   los   tres   siguientes  “subvalorados”.  No  se  explica,  entonces,  ante  la  existencia de prueba  singular  en  un  sentido,  y de prueba plural en el otro, no se acuda a la duda  para favorecer al procesado.   

          Si  bien  es  cierta la posibilidad de hacer reparos a una sentencia  de  frente  al  principio  de  duda,  es obligatorio realizarlo con claridad,           precisión       y      seria             profundidad,  por ejemplo, con base en la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  por su inaplicación, aplicación  indebida  o  equívoca  interpretación;  o acudiendo a la violación indirecta,  por  error de hecho o por error de derecho. No basta enunciar una forma de error  y tratar de demostrarlo contraponiendo tres testimonios a uno.   

          Es  suficiente lo anterior para reiterar que la demanda examinada no  reúne  los  requisitos  formales  mínimos  exigidos por la ley procesal penal.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia  – Sala de Casación Penal-,     

RESUELVE  

Rechazar  la  demanda  presentada  por  el  defensor  del  procesado  Juan  Carlos  Arango Gutiérrez y, por tanto, declarar  desierto el recurso de casación interpuesto.   

En atención al mandato del artículo 197 del  C. De. P. P., contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE  ENRIQUE CORDOBA POVEDA       

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE               EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS     E.    MEJIA  ESCOBAR           

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON              NILSON  PINILLA     PINILLA                                            

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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