32468(11-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32468  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 353.   

          Bogotá, D. C., once de noviembre de dos mil nueve.   

VISTOS  

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora de ISIDORO BAUTISTA ORTIZ, contra la sentencia de  segundo  grado  proferida  el 24 de marzo de 2009 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Neiva, confirmatoria de la que dictó el 10  de  abril  de 2008 el Juzgado Segundo Penal del Circuito de la misma ciudad, por  cuyo  medio condenó al procesado a la pena principal de 300 meses de prisión y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  el  término  de 10 años, como autor responsable de la conducta  punible  de  homicidio  agravado;  negándole  la  suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

HECHOS  Y  SITUACIÓN  FÁCTICA   

Los acontecimientos que dieron origen a este  proceso  fueron  relatados  por  el  Tribunal  Superior  de Neiva en el fallo de  segundo grado, como se transcribe a continuación:   

“El 23 de mayo de  2005,  en  el municipio de Campoalegre –Huila–,  se  presentó  una  acalorada  reyerta  entre  los  hermanos  ISIDORO y DIEGO FELIPE  BAUTISTA  ORTIZ,  quienes  se  encontraban  en avanzado estado de alicoramiento,  resultando  herido  este  último  con arma cortopunzante, razón por la que fue  remitido    inmediatamente    al    Hospital   de   la   localidad,   en   donde  falleció.”   

Iniciada la investigación, ISIDORO BAUTISTA  ORTIZ   fue  vinculado  por  la  Fiscalía  22  Local  de  Campoalegre  mediante  diligencia  de  indagatoria  el  25  de  mayo  de  2005,  oportunidad  en la que  manifestó  no  recordar  lo que había sucedido, debido a que estuvo ingiriendo  bebidas  alcohólicas  entre  la  noche  del  22 y la mañana del día 23 de los  mismos  mes y año, en compañía de su hermano Diego Felipe y de otras personas  que   se   habían  reunido  para  celebrar  el  cumpleaños  de  una  pariente.   

La  situación  jurídica  del sindicado fue  resuelta  por  la  Fiscalía  14  Seccional  de  Neiva  el  2  de junio de 2005,  imponiéndole  medida  de aseguramiento consistente en detención preventiva sin  beneficio  de  libertad  provisional, como posible autor del delito de homicidio  que se investigaba.   

En  curso  de  la instrucción se recibieron  numerosos   testimonios,   y   se   sometió  al  encartado  a  una  evaluación  psiquiátrica  en  el  Instituto  Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses  con  sede  en  Neiva,  con  el  fin  de  establecer  si  ISIDORO  BAUTISTA ORTIZ  “al momento de ejecutar el hecho que se le atribuye  tenía  la  capacidad de comprender su ilicitud o de determinarse de acuerdo con  esa  comprensión o por el contrario padecía de trastorno mental ocasionado por  la   ingesta   de   licor  que  le  impidió  tener  esa  capacidad.”   

El  dictamen fue rendido el 13 de septiembre  de 2005 y la Psiquiatra Forense concluyó:   

“1.  De acuerdo  con  lo  conocido  el  examinado  ISIDORO BAUTISTA para el momento de los hechos  investigados  exhibió una sucesión de actos motivados, coordinados y dirigidos  que      indican      una      suficiente     capacidad     conativa–volitiva–integrativa  (sic)  que  le permitía  comprender     y     autodeterminar    sus    actos    de    acuerdo    a    esa  comprensión.   

2. El examinado ISIDORO BAUTISTA, según lo  conocido,   no   padecía   trastorno   mental   ni  inmadurez  psicológica  de  significación  forense  para  el momento de los hechos investigados. (Artículo  33 del C.P.).   

3. Dentro de los antecedentes del examinado  se  destaca  la historia de consumo de alcohol desde la juventud y presentación  de  conductas  querellantes  con  dosis altas. La ingesta de alcohol produce una  inhibición  de  los  centros de control cerebral, favoreciendo la expresión de  conductas  agresivas.  El  examinado  debe someterse a tratamiento especializado  para  abandono  del  consumo  de  alcohol,  el  cual puede ser llevado a cabo de  manera  ambulatoria  en  cualquier  centro  particular o del estado (sic)    o    en    su    centro    de  reclusión.”   

El  16  de  agosto  de 2005, la Fiscalía 14  Seccional  de  Neiva  dispuso  el  cierre  de  la  investigación y calificó el  mérito  de  la  instrucción  el  19  de  septiembre del mismo año, acusando a  ISIDORO  BAUTISTA  ORTIZ  como presunto autor del delito de homicidio agravado y  ordenó  remitir  a  las  diligencias  a  Reparto  de  los  Juzgados Penales del  Circuito de esa ciudad.   

Le correspondió al Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Neiva  adelantar  la  etapa  del  juicio.  Esta autoridad judicial  celebró  la audiencia preparatoria el 23 de noviembre de 2005 y luego de varios  intentos  fallidos  –tras  los  cuales hubo de conceder la libertad provisional del acusado por vencimiento  de  los términos, de acuerdo con la causal prevista en el artículo 365-5° del  Código    de   Procedimiento   Penal–  le dio inicio a la audiencia pública el 23 de junio de 2006, para  culminarla el 22 de mayo de 2007.   

La   sentencia  de  primera  instancia  se  profirió  el  10  de  abril  de  2008,  de  cuya naturaleza y contenido se hizo  mérito  en  el acápite inicial de esta providencia, la cual fue confirmada por  el   Tribunal   Superior  de  Neiva  mediante  la  que  es  objeto  del  recurso  extraordinario.   

LA  DEMANDA   

Con  fundamento  en  la  causal  primera, un  único  cargo  formula  la  casacionista  contra  la sentencia recurrida en sede  extraordinaria,  acusándola  de violar en forma indirecta la ley sustancial por  error  de  hecho por falso raciocinio, al estimar que el juzgador inobservó las  reglas  de la sana crítica en cuanto no acató los dictados de la lógica en el  proceso de valoración de los medios que sustentaron la condena.   

Estima  la  recurrente  que  en este caso se  vulneraron  los  artículos  29 de la Carta Política; y, 7 y 232 del Código de  Procedimiento  Penal,  pues en su concepto se desconocieron la dignidad humana y  el  debido  proceso;  además,  dejó de dársele aplicación a la garantía del  in        dubio       pro       reo.   

En  desarrollo  de la censura, aduce que los  testimonios  analizados  para  sustentar  las  sentencias  de  primero y segundo  grados,      son      todos      “pruebas     de  referencia”, con aptitud para demostrar el deceso de  Diego  Felipe Bautista Ortiz, empero sin poder para deducir que ISIDORO BAUTISTA  ORTIZ  es  “plenamente responsable del tipo penal de  Homicidio Agravado.”   

Explica  la demandante cómo, de acuerdo con  la  jurisprudencia  de esta Corporación, se incurre en error de hecho por falso  raciocinio,  señalando  que  en  esos  casos  la  prueba  allegada es legal, es  aprehendida  por el funcionario con total fidelidad y, sin embargo, al valorarla  se le asigna un poder persuasivo apartado de la sana crítica.   

En     este     caso     –advierte–,  se  desconocieron  las reglas de la  lógica,  porque  el  Tribunal  Superior   de Neiva omitió analizar que la  pericia  psiquiátrica  “se motivó EN HECHOS FALSOS  QUE   DESEMBOCARON   EN   UNA   CONCLUSIÓN   ERRADA   Y   NO   ACORDE   CON  LA  REALIDAD”  y  de  esa forma se rompió la estructura  elemental  del  silogismo,  porque  la  facultativa tergiversó un testimonio al  indicar  que  el  sentenciado  “logra un suficiente  manejo  de sus impulsos, que le permite percatarse de la situación en la que se  encontraba,  abandonar  el  lugar  de  los  hechos  al notar la presencia de los  uniformados,  huyendo  por  los  tejados  actividad  muy  compleja  que exige la  presencia  de  coordinación  motora (…)” y de ello  se   deriva  –explica  la  casacionista–   que  la  profesional  de la medicina hubiese propuesto una conclusión que no corresponde  a  la  realidad  “ya  que  la única referencia que  aparece  a  la palabra “techos”, la hace el señor JHON JAVIER SÁNCHEZ MERA  (F.   57)  ‘en  eso  el  agresor al notar la presencia policial trató de huir,  lanzando      algún     objeto     a     los     techos     vecinos’”, motivo para considerar equivocado  el resultado expuesto por la psiquiatra forense.   

Afirma  la  recurrente  que  si  el dictamen  psiquiátrico  se hubiese ajustado a la versión presentada por los testigos, la  conclusión  sería  que su “representado no contaba  con  capacidad  motora y mucho menos de buena coordinación, para realizar tales  actos  de  destreza física señalados por la perito, tales como escalar por las  paredes  y utilizar un arma en forma eficiente para impactar un órgano vital en  un   blanco   en   movimiento   a   pesar   de  la  resistencia  natural  de  la  víctima.”   Por  consiguiente,  hubiese  concluido  necesariamente  que  para  el  momento  de  los  hechos  ISIDORO  BAUTISTA ORTIZ  “No  presentó  una  sucesión  de actos motivados,  coordinados  y  dirigidos que indicaran suficiente capacidad cognitiva, volitiva  e  integrativa  que  le  permitiera comprenderse y autodeterminarse.”   

Supone  la  demandante  que ISIDORO BAUTISTA  ORTIZ  padecía  un  trastorno  mental  de  significación  forense y no haberse  apreciado  de  esa  forma,  constituye el yerro en que incurrieron los jueces en  las  instancias,  circunstancia  que  deja  en entredicho la imputabilidad de su  asistido,   lo   que,   aunado   a   los  testimonios  que  son  “en     su     mayoría    de    referencia    y    post–delictuales”,  permite  predicar  que  existe  una duda que debe resolverse a  favor  del  sentenciado en estricta aplicación del artículo 232 del Código de  Procedimiento   Penal   en  concordancia  con  el  artículo  29  de  la  Cartas  Política.   

Con  fundamento en esos argumentos la actora  solicita  de  la  Corte  casar  la sentencia impugnada y en su lugar proferir el  correspondiente fallo absolviendo a ISIDORO BAUTISTA ORTIZ.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

De  entrada  se  advierte el desatino en que  incurre la demandante al presentar la petición.   

En  efecto,  depreca  la  libelista casar la  sentencia  impugnada  y  dictar  un  fallo  de  carácter absolutorio a favor de  ISIDORO  BAUTISTA  ORTIZ,  en relación con quien aduce que actuó sin capacidad  de  comprender la ilicitud o en imposibilidad de determinarse de acuerdo con esa  comprensión por trastorno mental.   

No obstante, es claro que la inimputabilidad,  cuando  se  ha demostrado que la conducta típica es antijurídica, no conduce a  la  absolución,  porque  en  esas  condiciones  a  la persona se le declararía  responsable,  sometiéndosele  a  un  tratamiento diferente denominado medida de  seguridad,  de  acuerdo con las previsiones que desarrollan los artículos 69 al  81  del  Código  Penal.   De  tiempo  atrás así lo ha advertido la Corte  Suprema de Justicia:   

“La Constitución  deja  margen  a  la ley para fijar los fundamentos de la responsabilidad penal y  por  ello  ha  sido  posible  que  se  acojan por éstas distintas inspiraciones  –como la peligrosista de  1936   y   la   culpabilista  de  1980–   y   diferentes  normaciones  sin  que  por  ello  se  quebranten  principios  superiores.  El censor juzga equivocadamente que los inimputables no  son  responsables,  cuando  lo cierto, en el presente momento legislativo, es la  conclusión  contraria.  Su  responsabilidad  se  concreta  en  las  medidas  de  seguridad  y  obedece  a  los  presupuestos  legales  de  la  tipicidad  y de la  antijuridicidad.  Bien  puede  decirse  que  es  el último bastión, en asuntos  penales,  de  la llamada responsabilidad material u objetiva. No contradice, por  lo  tanto, esta situación de los inimputables, los dictados de la Constitución  Nacional.”1    

Posición reiterada por la Sala de Casación  Penal, en los siguientes términos:   

“Verificado  el  compromiso  del  procesado  con  el  injusto  (tipicidad  y antijuridicidad), su  inimputabilidad,   presupuesto   de   la   culpabilidad,   no  desemboca  en  la  absolución,  sino  en  una  sentencia  de  orden distinto, en la que se declara  responsable   y   se   somete   a   un   tratamiento  denominado  “medidas  de  protección”  en  el  Código  de  Procedimiento  Penal  vigente,  y que puede  consistir  en  internación o libertad vigilada, como lo disponen los artículos  374 y siguientes.   

No significa que un inimputable no pueda ser  absuelto,  pues si convergen las condiciones que permitan descartan la tipicidad  o  la  antijuridicidad  de  su  comportamiento,  por ejemplo si se comprueba que  actuó  en legítima defensa, es factible que resulte absuelto en condiciones de  igualdad  que  los  imputables.  Se  ha  dicho,  por ello en la doctrina, que la  inimputabilidad        es        residual       y       subsidiaria.”2   

Entonces,   de  prosperar  el  cargo,  tal  circunstancia     –el  reconocimiento  de  la  inimputabilidad–  no conduciría a la declaratoria de la predicada inocencia, sino a  la  imposición  de  una  medida  de seguridad, en lugar de la pena de prisión.   

Previa  esa  aclaración  la  Sala  pasa  a  estudiar   el  cargo  postulado  en  la  demanda  presentada  por  la  apoderada  especial  de  ISIDORO  BAUTISTA  ORTIZ, para constatar  si  reúne  los requisitos mínimos de lógica y adecuada argumentación, con el  fin  de  asegurar  que  el  recurso  de  casación no se tome como una instancia  adicional   a   las   ya   superadas  y,  de  esa  forma,  pierda  su  carácter  extraordinario,  lo cual supone el respeto por los principios que gobiernan este  medio  de  impugnación, así como el cumplimiento de determinados requisitos de  forma   y   contenido   de   acuerdo   con   la   causal   seleccionada  por  la  casacionista.   

La  defensora  propone  la existencia de un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio en relación con la prueba de descargo,  defecto  de  valoración  que  supone la violación de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  concretamente porque en la valoración del  elemento  de  convicción  examinado  el  Juez  desconoció los principios de la  lógica, las leyes de la ciencia o las máximas de la experiencia.   

En esos casos, es obligación del recurrente  señalar  qué  demuestra  específicamente el medio de persuasión; cuál es la  inferencia  extraída  de  esa prueba en la sentencia impugnada; y, cuál fue el  mérito  otorgado. También  es  deber  del  libelista  identificar  el principio de la lógica, la ley de la  ciencia  o  la  máxima  de  la  experiencia  violada en el fallo y formular con  claridad la apreciación correcta.   

Por  último,  es  necesario  que  el actor  indique  la  trascendencia  del  error  puesto  de  manifiesto  y, por lo tanto,  resulta  imperativo  acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a un fallo  esencialmente  diverso y favorable a los intereses del procesado, sin que en ese  desarrollo  esté  permitido  formular posturas personales, pues de lo contrario  se    desconocería    la    naturaleza    extraordinaria    del    recurso   de  casación.   

Esa carga argumentativa creyó cumplirla la  demandante  identificando la prueba que considera valorada por las instancias en  abierta  contradicción  con  los  postulados de la sana crítica, señalando su  contenido,  para  enfrentar  el  análisis  probatorio presentado en el fallo, y  sostener  que  se incurrió en falso raciocinio, a su juicio por “falta  total de aplicación de las reglas de la lógica”,  porque  no  se  tuvo  en  cuenta  que  la  psiquiatra forense  sustentó  la  conclusión  del dictamen en un hecho falso, al considerar que el  procesado  había  tratado  de huir por un tejado, cuando lo que dijo un testigo  es que había arrojado el puñal a un techo.   

Esa premisa permite suponer que la libelista  no  descubrió  un  error  de  apreciación  probatoria  trascendente,  sino que  pretende  prolongar  la discusión planteada en la audiencia del juicio oral, la  cual    resolvió    el    Juez   Penal   del   Circuito   en   los   siguientes  términos:   

“Con   este  reconocimiento  psiquiátrico  se  establece  plenamente  la  imputabilidad  del  procesado,  ya  que  como  en  el mismo se plasmó, éste para el momento de los  hechos   no   padecía   trastorno   mental   alguno,  es  decir  era  capaz  de  autodeterminarse  y  dirigió  su  voluntad  a  agredir mortalmente a su hermano  DIEGO  FELIPE,  y  si  bien  es cierto, y así lo ha expresado la defensa, no se  pudo  establecer  realmente  el  grado  de  alicoramiento  que éste padecía al  momento  de  los  hechos,  la Corte al respecto ha expresado que el hecho de que  una   persona  se  encuentre  en  avanzado  estado  de  embriaguez  no  lo  hace  inimputable   y   esto   se   encuentra   precisamente   soportado  (sic)  el  dictamen  psiquiátrico,  que  contrario  a  lo  que  ha  querido  dejar  entrever  el  procesado  dentro de su  estrategia   defensiva,   al   argumentar   el   no   recordar  los  hechos  que  desencadenaron  en  la  muerte  de DIEGO FELIPE, este realizó actos motivados y  coordinados  como amenazar con el arma cortopunzante a quienes intentaran evitar  que  agrediera  a su hermano, al punto de cortarle la mano a una de las personas  que  allí  se  encontraba,  la  cual  sea  dicho,  no fue escuchada sobre dicho  aspecto,  ya  que  era la compañera del procesado, hecho que fue dado a conocer  por  la  esposa del hoy occiso, de igual forma los agentes que acudieron ante la  información  de  que  se  presentaba una riña, exponen que ISIDORO al notar su  presencia  intentó huir y que posteriormente expresó que él mismo acudiría a  las  autoridades  lo  que  efectivamente  hizo,  es  decir,  que aunque éste se  encontraba  en  un  alto  grado  de  alicoramiento, fue capaz de coordinar todos  estos  aspectos, por lo tanto, no se encontraba dentro de las causales eximentes  de  responsabilidad,  ya  que su estado de embriaguez no le impidió realizar la  serie  de  acciones  que  se  han conocido a través de los diversos testimonios  allegados   al   proceso  (…).”      

De  ninguna  manera se aprecia la existencia  del  falso  raciocinio que pregona la demandante. Lo que sí resulta claro es su  interés  por extender a esta sede el debate sobre la inimputabilidad de ISIDORO  BAUTISTA ORTIZ.   

Es  que,  el  Tribunal,  en  términos más  amplios,  asumió  la valoración de la prueba, para confirmar el fallo. Así se  pronunció el Ad quem:   

“Ahora en punto  a  la  situación  de  inimputabilidad  alegada  por  la  defensa, al referir la  condición  de  trastorno  mental  transitorio  en  el  encartado producto de la  ingesta  exagerada de licor, la que impidió que esté  (sic)  comprendiera  la  ilicitud  de su actuar, debe  indicarse  en primer lugar que la presencia de este trastorno mental debe ser el  producto  de una ingestión de alcohol exagerada, y no por la embriaguez llana y  simple,  por  aguda  que  ésta  sea;  vale  decir,  se es inimputable por estar  trastornado  mentalmente  al  momento  de la comisión del hecho punible, no por  estar  embriagado.  Entre  la  embriaguez y la inimputabilidad hay una relación  contingente,  pues  puede  ocurrir que quien se encuentre embriagado adolezca de  un  trastorno  mental  producto  de  la  ingestión  de  licor  y  por  ello sea  inimputable  con  relación  a  la  comisión  del  delito,  pero también puede  ocurrir  que quien se encuentre embriagado y cometa un delito no se encuentre en  situación  de  inimputabilidad  al  momento  de la comisión del hecho, pues no  tenía          trastorno          mental,          podía          comprender  la  ilicitud  de  su  acto y  estaba    en    condiciones    de    determinarse    de    acuerdo    con    esa  comprensión.   

La   situación   de  inimputabilidad  es  coetánea   con   el   hecho,   no  subsiguiente;  la  situación  lagunar evidencia falla en la memoria o en la recordación, no en la  comprensión  y  determinación presente del hecho. No  recordar  es  diferente  a  no  comprender  o  a  no  determinarse; la   falta   de   recordación   no  es  supuesto  esencial  de  la  inimputabilidad,  pues  en  ocasiones  el inimputable  recuerda  el acto realizado sin haber comprendido su ilicitud o sin haber tenido  capacidad  de  determinación  de  acuerdo con esa comprensión, o puede ocurrir  también,  que  el  imputable  no recuerde su hecho, pese a haber comprendido su  ilicitud  y  haber  estado  en  condición  de  determinarse  de acuerdo con esa  comprensión,  sin  que  por  ello  pueda  ser  tenido como inimputable pues, se  reitera,  el  estado  de  alicoramiento  por  si  solo no inhibe la capacidad de  entendimiento  y  determinación.  (Subrayas del texto  citado)   

Si en eventos como el que se estudia, para  ser  considerado  inimputable  se  requiere  estar  trastornado  mentalmente  al  momento  de  cometer  el  hecho, y si no todo embriagado que comete un delito se  encuentra  trastornado mentalmente, debe concluirse que no todo embriagado puede  ser considerado como inimputable.   

Es por ello que no puede plantearse que el  dictamen  de  alcoholemia  haya  sido  asumido  como  incontrovertible pese a la  falencias  que  el  mismo presentó, cuando revisada la sentencia recurrida el a  quo      excluyó     tal     experticio     y     se     apoyo     (sic)     en     otro    (sic)   elementos   probatorios   para  sustentar  su  juicio de antijuridicidad, como fue el análisis ponderado de los  testimonios   de   cargo   y  la  prueba  psiquiátrica  práctica  (sic) al acusado, las que le permitieron  concluir,  que  en  efecto,  el procesado, si bien se encontraba embriagado, tal  estado  no  le  produjo  el  trastorno  mental  invocado  por  la  defensa  para  reconocerle  un  estado  de  inimputabilidad  al  momento de la comisión de los  hechos.  Si nuestro sistema  procesal  se  rige  por  las reglas de la libertad probatoria (artículo 253 del  Código  de  Procedimiento  Penal), la apreciación conjunta de las pruebas y la  sana   crítica   (artículo   254  Código  de  Procedimiento  Penal),  resulta  insuficiente  plantear  el error sobre la apreciación  de  alguna  prueba,  si  con otros medios probatorios  se  arriba  a  la misma conclusión que fundamentó el  fallo objeto de censura.   

Es cierto que el estado de inimputabilidad,  por  ser  un  asunto  jurídico,  depende  del análisis que hace el funcionario  judicial  y no exclusivamente del estudio realizado por el perito. Ello sucedió  en  este  asunto,  pues  el  dictamen  vino  a  soportar  un  tópico  que ya se  encontraba  acreditado  con  suficiencia  en el proceso, esto es, que si bien el  señor  ISIDORO  BAUTISTA  ORTIZ había ingerido licor la noche anterior y en la  madrugada   del   día   de   los   hechos,   no   se   encontraba   trastornado  mentalmente.   

Sobre  el particular dictaminó la experta  psiquiatra    “los    hechos    no   tienen   las  características  de  desorganización  presentes  en el trastorno mental, no se  observa  una desintegración cognoscitiva que le impida al sindicado reconocer a  la  víctima  como  el hermano con quien ha tenido frecuentes dificultades en el  pasado.  y logra un suficiente manejo de sus impulsos que le permiten percatarse  de  la  situación  en  que  se  encontraba, abandonar el lugar de los hechos al  notar  la  presencia  de los uniformados, huyendo por los tejados, actividad muy  compleja  que  exige  la  presencia  de  coordinación  motora  suficiente  y la  integración  con el resto de las funciones mentales superiores, y manifestar su  intención   de  entregarse  a  las  autoridades..”  –folios  73–    y   concluyó   “de  acuerdo  con  lo conocido el examinado ISIDORO BAUTISTA para el  momento  de  los  hechos investigados exhibió una sucesión de actos motivados,  coordinados    y    dirigidos    que    indican    una    suficiente   capacidad  conativa–volitiva–integrativa  que le permitía comprender y autodeterminar sus actos  de    acuerdo    a   esa   comprensión”   subraya  “El examinado ISIDORO BAUTISTA, según lo conocido,  no  padecía  trastorno  mental  ni  inmadurez  psicológica  de  significación  forense    para    el    momento    de   los   hechos   investigados”.  –folio  74–.   

Entonces, tal y como lo plantea la experta  forense,  del análisis ponderado de la situación fáctica, se logra colegir la  ausencia  de  trastorno  mental  temporal  en  cabeza  de  BAUTISTA  ORTIZ   producto  de  la  ingesta de alcohol en el momento de los hechos, y aunque no se  desconoce  el avanzado estado de alicoramiento en el que pudo haberse encontrado  el  enjuiciado,  tal  condición  por  si  sola no deviene en una ausencia en la  comprensión  de  la  ilicitud  del  acto desdeñoso, máxime cuando el proceder  exhibido  por  el procesado en las postrimerías del conato, corresponde a la de  un  individuo elocuente, lúcido y capaz de comprender lo ilegal de su conducta,  pues  una  vez  sorprendido  pretendió  huir  y  ante  la  imposibilidad decide  entregarse  a  las autoridades, actuar que no logra develar la perturbación que  alega  la defensa y que por el contrario prueba la capacidad de comprensión que  ostentaba..”   

Los apartes de las sentencias de primera y  segunda  instancias que vienen de transcribirse permiten señalar que, contrario  a  lo  sostenido  por  la  casacionista, resulta simplemente accidental, para la  conclusión  a  la  que  llegó  la  psiquiatra forense, que hubiese supuesto la  huida    de   ISIDORO   BAUTISTA   ORTIZ  por  un  tejado,  cuando  por medio de  elementos  de  convicción  directos,  en  concreto algunos testimonios, se pudo  establecer  que  aquél  sí trató de evadirse, no permitió que los agentes de  policía  lo  condujeran  hasta  las  instalaciones  del  comando,  a  donde  se  presentó   posteriormente  conforme  se  los  había  anunciado,  y  en  el  trayecto  se  deshizo del arma  arrojándola  a  un  terreno  o  un tejado, de acuerdo con lo que informaron los  declarantes,  siendo  este  último  hecho  indicativo de una mayor capacidad de  coordinación  e  ideación, porque con esa acción pretendía ocultar evidencia  física de importancia para la investigación.   

A  lo  anterior  debe  agregarse  que para  concluir  la  ausencia  de  trastorno  mental,  la  experta  no  tuvo  en cuenta  únicamente  que  el  procesado,  como  lo  planteó equivocadamente  la libelista, tratara de escapar por un  tejado,  lo que resulta insubstancial, porque se pudo establecer que utilizó el  arma  de  forma  eficiente  para  impactar  un  órgano  vital,  reconoció a la  víctima  como  el  hermano  con quien tenía problemas frecuentes, impidió que  otros   intervinieran  en  defensa  de  su  consanguíneo,  pretendió  fugarse,  manifestó  su  intención  de  entregarse  a  las  autoridades  y  cumplió ese  cometido.   

De manera que la violación a las reglas de  la   sana  crítica,  por  desconocimiento  de  los  principios  de  la  lógica  –el  cual  ni  siquiera  identificó,   como   era   su   deber–,  que  pretende  derivar  la  libelista  a partir de su particular  apreciación, es infundada.   

Igualmente, omitió señalar la demandante  la  trascendencia  y, en este caso, sencillamente prefirió anteponer su visión  personal   a   costa   de   ignorar  la  claridad  del  contenido  del  dictamen  psiquiátrico.   

En     consecuencia,    resulta   obligatoria   la   inadmisión   del   cargo,   ante   la  ausencia  de  lógica  y  adecuada  argumentación  de  la censura, porque es evidente la intención de la  casacionista  de  utilizar este recurso extraordinario como excusa para reiterar  los  argumentos  discutidos  en  las  instancias  frente al específico medio de  convicción   a   que   se   contrae.  Dicho   de   otra   forma,  la  censura  se  orienta  a  enfrentar la apreciación probatoria  consignada en la sentencia con la ofrecida por la demandante.   

Ante   el  abandono  de la demandante  de    las  exigencias  previstas  en  el  artículo 212-3 de  la Ley 600  de  2000, en sus atributos  de   claridad   y   precisión,   la  demanda  será  inadmitida.   

Por último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  no  se  advirtió la concurrencia de  alguna   de   las   hipótesis   que   le  permitirían  a  la Corte obrar de  conformidad    con    el   artículo   216 de la Ley 600 de 2000.   

En mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada a nombre de ISIDORO  BAUTISTA  ORTIZ  por  su  defensora,      por     las     motivaciones     plasmadas     en     el     cuerpo     de    este  proveído.   

Contra  este  auto  no  procede  recurso  alguno,  conforme  lo  disponen los artículos 213 y  187, inc. 2, de la Ley 600 de 2000.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Licencia no remunerada  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARIA  DEL ROSARIOGONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                       JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Corte  Suprema de Justicia. Sala Plena. Sentencia del 8 de junio de 1989.   

2 Corte  Suprema  de Justicia. Sala de Casación Penal. Sentencia del 30  de mayo de  2002. Radicado 9888.     

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