32467(21-10-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  32467   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 331.  

Bogotá,  D.C.,  veintiuno de octubre de dos  mil nueve.   

V I S T O S  

Para  establecer  si reúne las exigencias y  condicionamientos  previstos  en los artículos 205 y 212 de la Ley 600 de 2000,  la  Corte  examina  la  demanda de casación por cuyo medio el defensor de JAIME  PINTO  TAMAYO,  sustenta  el  recurso  extraordinario  que  interpuso  contra la  decisión    de  segundo  grado  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  el  20 de abril de 2009, mediante la cual  mantuvo incólumes  las  actuaciones  y  la  sentencia  proferida  en su contra por el Juzgado Sexto  Penal  del  Circuito  de  esa ciudad y decretó la nulidad parcial desde el auto  que  dispuso  el  traslado  del  artículo  400  del C. de P. Penal, para que se  restableciera  la  actuación  y  el  derecho fundamental de la defensa técnica  respecto  a  Julio  Roberto Gutiérrez Alarcón, igualmente condenado en primera  instancia.   

PINTO TAMAYO, fue condenado por el delito de  fraude procesal en calidad de  coautor,   a  la  pena principal de 30 meses de prisión, a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  a pagar la  suma de $ 17.000.000.oo a favor de Leonardo  Herrera  Anaya,  indexados  desde  diciembre  de  1998 hasta su cancelación por  perjuicios  materiales,  y  se  le  concedió  el  subrogado  de  la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

LO ACAECIDO  

En el fallo de segunda instancia, los hechos  quedaron consignados de la siguiente manera:   

“El  Juzgado  Décimo  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga, el 17 de mayo de 2000, profirió  sentencia  en  contra de JAIME PINTO TAMAYO por el delito de estafa en perjuicio  de LEONARDO HERRERA ANAYA.   

En  la  referida  investigación  penal, en  diligencia  de  conciliación  celebrada  el  26 de octubre de 1998, JAIME PINTO  TAMAYO  entregó  a  favor  del denunciante LEONARDO HERRERA ANAYA, la camioneta  Ford  Explorer  de placas BVO-310, el traspaso firmado en blanco y la tarjeta de  propiedad  a  nombre  de  SAMUEL SCHUSTER BEJMAN, en reemplazo del vehículo FTL  691,   que   habían  negociado  antes  y  cuyos  guarismos  de  identificación  resultaron  alterados,  como  garantía  de  los perjuicios causados a éste, en  razón  a  que  durante  el  proceso  ese vehículo había sido entregado por el  incriminado a HERRERA ANAYA.   

La última negociación en mención originó  un  nuevo  proceso penal entre las mismas partes por el delito de hurto agravado  por  la  confianza, proceso que culminó a favor de JAIME PINTO TAMAYO (sic), al  proferirse   resolución    inhibitoria  el  29  de  noviembre  de  2000  y  reconoció  a favor del denunciante (sic) el derecho a tener provisionalmente el  vehículo de placas BV0-310.   

JAIME PINTO TAMAYO, con base en el original  del  formulario  de  traspaso  firmado  en  blanco hizo inscribir a su nombre la  propiedad  de  la  camioneta  de  placas  BVO-310,  hecho  que ocurrió el 20 de  septiembre de 2000.   

JULIO  ROBERTO  GUTIÉRREZ  ALARCÓN, en su  condición  de  acreedor, ante el Juzgado Noveno Civil Municipal de la ciudad de  Bucaramanga,  presentó  el  20 de septiembre del año 2000 demanda ejecutiva en  contra  de  JAIME  PINTO TAMAYO, con base en una deuda inexistente del año 1998  por  $  10.000.000  y una supuesta letra de cambio que respaldaba esa suma entre  ellos.   

En  el citado proceso se decretó embargo y  secuestro  del  referido  vehículo.  El 1° de noviembre de 2000, JULIO ROBERTO  GUTIÉRREZ,  se  presentó  en  casa de LEONARDO HERRERA ANAYA, en compañía de  agentes  de  la  policía,  para inmovilizar la camioneta de placas BVO 310, con  base  en  orden  impartida por el Juzgado Noveno Civil Municipal de Bucaramanga,  en  el proceso ejecutivo con radicación 1060-2000, hecho al que se opuso aquél  aduciendo  que  la  posesión  la  había  adquirido  por entrega que le hizo la  Fiscalía  Segunda  Seccional  con  oficio  795  del  12  de agosto de 1999 y el  Juzgado Décimo del Circuito de Bucaramanga.   

La anterior demanda ejecutiva fue presentada  una  vez  PINTO  TAMAYO conoció el sentido del fallo penal. Este último suceso  generó  la  presente actuación por el delito de fraude procesal”1   

ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE   

Conforme  a la denuncia instaurada por   Leonardo  Herrera  Anaya  el  7  de  noviembre  de  2000 por el delito de fraude  procesal,  falsedad  en  documento  público  y estafa, el 27 de noviembre   siguiente   la  Fiscalía  Primera  Delegada  ante  los  Jueces Penales del  Circuito  de  Bucaramanga,  ordenó  la  apertura de la instrucción2    y   la  vinculación  de JAIME PINTO TAMAYO, quien fue escuchado en indagatoria el   6        de       febrero       de       2001.3   

El  17  de  agosto   del mismo año, la  Fiscalía   Séptima   Delegada   ante   los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  Bucaramanga,     resolvió   la   situación   jurídica   del   sindicado,  absteniéndose  de proferir medida de aseguramiento,4   resolución   que  fue  apelado  por  el  representante  de la parte civil y confirmada por la Fiscalía  Cuarta  Delegada  Ante  el  Tribunal  Superior  de esa ciudad el 4 de febrero de  2002.5   

Mediante  resolución del 16 de mayo de 2002  la   Fiscalía  Séptima  Seccional  de  Bucaramanga,  decidió  vincular  a  la  investigación  a  Julio Roberto Gutiérrez Alarcón6  por  los  delitos  de  fraude  procesal   y   estafa,   lo   indagó  el  12  de  agosto  siguiente7 y    le  resolvió  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención  preventiva   y   beneficio   de   libertad   provisional  el  3  de  febrero  de  20038.   

Perfeccionada en lo posible la instrucción,  el  7  de  octubre  de  2004  se  declaró cerrada la investigación9,  profiriendo  la  Fiscalía  Tercera  Seccional de Bucaramanga resolución de acusación   el  9  de  diciembre  de  2004,  en contra de JAIME PINTO TAMAYO y Julio Roberto  Gutiérrez  Alarcón, por el delito de fraude procesal,  y  preclusión  respecto  de  los  delitos de estafa y  falsedad  en  documento público, respecto del primero, y estafa, en lo que toca  con el segundo.   

La providencia calificatoria fue apelada por  el  defensor  del  procesado  PINTO  TAMAYO  y confirmada  por la Fiscalía  Tercera  delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Bucaramanga,   por  medio  de  decisión  de  segunda  instancia  del 5 de mayo de 2005.10   

El conocimiento del juicio estuvo a cargo del  Juzgado   Sexto  Penal del Circuito de Bucaramanga, Santander, despacho que  luego  de realizar audiencia preparatoria el 6 de septiembre de 200511     y  llevar   a  cabo la audiencia pública en varias sesiones, dictó sentencia  el      16     de    diciembre    de    200812,  condenando  a  JAIME PINTO  TAMAYO  y  Julio  Roberto  Gutiérrez  Alarcón  a la pena principal y accesoria  reseñadas en la parte inicial de este proveído.   

La sentencia fue impugnada  por   los   defensores   de  los  acusados,  el  procesado  PINTO  TAMAYO  y  el  representante  de  la  parte  civil,  concediéndose  el  recurso de alzada solo  para   la  defensa  del  procesado  Julio  Roberto Gutiérrez Alarcón, por  cuanto    los    demás,    no    sustentaron   el   recurso   o   lo   hicieron  extemporáneamente13.   

La  decisión  de segunda instancia proferida por  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  decretó  la  nulidad  parcial  de  la  actuación  respecto  al  procesado  Julio Roberto Gutiérrez Alarcón, a partir  del  traslado  del  artículo  400 del C. de P. Penal,  por vulneración al  debido  proceso concretado en la  ausencia de defensa técnica en su favor;  y   respecto   a   JAIME   PINTO   TAMAYO,   expresó   el   A   quem,   la ausencia de quebrantamiento de garantías fundamentales,  en  lo  tocante  a   la  defensa  técnica, pues se ajustó al ordenamiento  constitucional  y  legal,  confirmando  el  fallo en ese aspecto, decisión  que es objeto del recurso extraordinario.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Tres   son  los  cargos  que plantea el  casacionista en contra de la sentencia proferida por el Tribunal.   

          Los cargos.   

          1.  Nulidad  por  falta  de  motivación  en  la sentencia de primer  grado.   

          Considera   el   impugnante,   la  existencia  de  una  nulidad  por  violación  al  debido  proceso, consistente en la  falta de motivación de  la  sentencia  de  primer  grado,  toda  vez  que  la  juez  no cumplió con las  exigencias  de  fundamentar  el  fallo  con precisión y pese a ese defecto  fue    confirmada    por   el   ad   quem.   

          En  orden  a  argumentar  la  censura expresa que en la decisión de  primer  grado,  no  se  hizo una valoración  jurídica de las pruebas para  proferir   la   condena,    limitándose   el   a  quo  a  efectuar una relación de los medios de prueba  que   se   recaudaron   dentro   del   plenario   –no   incluyendo   todos  los  aportados-,   sin  especificar  cuáles  le  merecieron  serios  motivos de  credibilidad y la razón para esa afirmación.   

          Asegura  el  demandante, que en el proceso reposa una buena cantidad  de  medios  probatorios  que  en su concepto deben ser analizados uno a uno para  “…  que  el  condenado,  el defensor y la sociedad  sepamos  a  ciencia cierta cuáles fueron los hechos demostrados y mediante qué  medios   probatorios   se   verificó   la  responsabilidad  de  los  ciudadanos  juzgados…”;   sin   embargo   no  se  hizo  así.   

          Critica  el  recurrente  que la falladora, sin analizar el contenido  de   ningún  medio  de  prueba  “  le  atribuye  el  carácter   de   plena   prueba”,  desatendiendo  el  contenido  del  numeral 4 del artículo 170 de la ley 600 de 2000 y lo sostenido  por esta Corporación en varias decisiones sobre el tema.   

          Luego  de  hacer  una  transcripción  de  apartes  de  la sentencia  censurada,  aduce el demandante que a partir de simples afirmaciones carentes de  análisis   probatorio,   el  fallo  de  instancia  deduce  indicios  graves  de  responsabilidad  a  título  de  dolo,  considerando que hubo una presunción de  culpabilidad  por cuanto, en su sentir, no se esgrimieron razones de hecho ni de  derecho  que  permitan afirmar con certeza  que su representado realizó la  conducta de forma dolosa.   

          Manifiesta  el recurrente que la decisión con la que se concluye un  proceso,  no  es  un mero acto de voluntad del juez, sino una determinación que  implica  un  juicio  de  la razón, expresado en la motivación del fallo, y una  expresión  de  la  voluntad  consignada  en la parte resolutiva; deduciendo con  facilidad  en la sentencia  proferida en primera instancia una “precaria  motivación  que impide identificar el sustentáculo de  la sentencia”.   

          Con  base  en los anteriores planteamientos, centra el recurrente la  trascendencia  del  yerro  y  concluye  que  en el evento en que se hubiera dado  cumplimiento  al  contenido  de  lo  dispuesto  en el artículo 170 del C. de P.  Penal,  y 55 de la Ley Estatutaria de la Administración de Justicia, se hubiera  tenido  claridad  meridiana  acerca  de  los  hechos,  pruebas y razones por las  cuales se arribó a la condena.   

          Por  tanto,  peticiona  se  case  el  fallo  y consecuencialmente se  devuelva  el  proceso  al  juzgado  de primera instancia, para que respetando el  debido    proceso    y    cumpliendo    las   exigencias   legales,   emita   la  sentencia.   

          2. Nulidad por motivación ambivalente o dilógica.   

          El  casacionista  busca  también  que  se  decrete la nulidad de la  sentencia   por   violación  al  debido  proceso,  al  contener  el  fallo  una  motivación  ambivalente o dilógica respecto a la tasación de perjuicios, dado  que  se  condenó  a  PINTO TAMAYO al pago de perjuicios materiales, no obstante  haber  admitido  la  jueza  que  no fueron demostrados por la parte civil.    

          Decisión     que    el    recurrente    considera    contradictoria  “porque  la  Juez  afirma  que  no  hay  prueba para  demostrar  los  perjuicios  materiales  ni su monto, luego entonces esa debería  ser la decisión”.   

          Sostiene  entonces,  que  dentro de la investigación adelantada por  el   delito   de   fraude  procesal,   no hubo pruebas de los perjuicios materiales y morales, por cuanto  ese  delito protege el bien jurídico de  la eficaz y recta impartición de  justicia,  siendo  ésta  quien  sufre  los  perjuicios  y  no un particular; el  denunciante  no  es  titular del bien, ni es propietario del vehículo de placas  BOV  310  que  embargó  el  Juzgado  Noveno  Civil  Municipal, dentro  del  proceso  ejecutivo  iniciado  por  Julio  Roberto  Gutiérrez Alarcón contra el  procesado;  y  por  último,  quien  se  dice perjudicado tampoco puede reclamar  ningún  detrimento,  porque detenta  el vehículo de manera irregular y la  ley no concede derechos a los poseedores de mala fe.   

          Piensa  que  la decisión de la jueza al tasar los perjuicios dentro  del  proceso,  vulnera el derecho fundamental al debido proceso en dos sentidos:  primero,  impone  una  condena  sin  fundamentación  fáctica  ni  jurídica, y  segundo,  violenta  el  non  bis  in ídem,  porque  obliga  nuevamente  a  PINTO  TAMAYO a pagar la suma de $  17.000.000.oo  debidamente  indexados  desde diciembre de 1998 hasta la fecha de  su  cancelación,  por  un  hecho  que  ya fue sentenciado en una investigación  diferente a la que aquí se juzga.     

          Por  tanto  peticiona  que  se  decrete  la nulidad de la decisión,  porque  de  lo contrario el procesado sufrirá un perjuicio irremediable, ya que  sería  ejecutado  civilmente  para  que pague dos veces el mismo valor indexado  por el mismo hecho.   

          3.  Violación  directa  de  la ley por interpretación errónea del  artículo 61 numerales 2 y 3 del Código Penal.   

          El  recurrente  hace  una  transcripción del artículo 61 de la Ley  100  de  1980, para manifestar que el a quo  interpretó  mal  el  contenido de la norma citada, toda vez que a  pesar  de  reconocer  que  en contra del procesado no concurrían circunstancias  genéricas  o específicas que modificaran  el marco punitivo del delito de  fraude  procesal,  no  se  ubicó  para  la  tasación de la sanción dentro del  cuarto  mínimo,  esto es,  no impuso la pena entre el límite de  los  12  y  los 28 meses de prisión, sino que rebasó el quantum punitivo imponiendo  una pena superior.   

          Además  de  ello,  considera el recurrente, se tuvo en cuenta en la  sentencia   la  modalidad  y la personalidad del acusado,  parámetros  que no tienen cabida cuando se trata de la dosificación de pena.   

          Por  ello,  pide  se  case  la  sentencia  para  que se dosifique la  sanción  acorde  con las exigencias contenidas en el artículo 61 numerales 2 y  3  del  Código  Penal  vigente  para  la  fecha  de la comisión de los hechos.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

        Si  bien  es  cierto, el casacionista no presentó oportunamente los  alegatos  propios  de  la apelación instaurada contra el fallo de primer grado,  generando  ello  la  declaratoria  de  desierta  de  la  impugnación ordinaria,  conforme  a  la jurisprudencia de la Sala se encuentra legitimado para presentar  el  recurso  extraordinario, toda vez que sus alegaciones se remiten a nulidades  procesales,  producto  de  supuesta  vulneración  de  garantías fundamentales.   

         En  efecto, ha sido reiterativa la Sala en señalar los casos en los  cuales  a  pesar  de  no haberse recurrido la sentencia de primera instancia, es  factible,  tanto  en  la casación ordinaria como en la discrecional, contar con  interés para impugnar  a través del recurso extraordinario.   

         Sobre    este    aspecto,   la   Corte14 expresó:   

“En  conclusión, no cuenta con interés  para  impugnar  en casación el sujeto procesal que no recurrió la sentencia de  primera instancia, salvo en las siguientes eventualidades:   

1.   Cuando  la  sentencia de segunda  instancia,  producida  por  razón  de la apelación interpuesta por otro sujeto  procesal   o   en   virtud   del   grado   jurisdiccional  de  consulta,  afecte  desfavorablemente su situación jurídica.   

2.   Cuando  la  casación  verse  sobre  nulidades,  a  condición  de  que  la  irregularidad  alegada  como sustento le  represente un daño a la parte proponente.   

Debe  advertirse, además, que el interés  para  recurrir  igual estará ausente en aquellos casos en los cuales la demanda  de  nulidad  es  simplemente una excusa para la discusión de determinaciones de  la  primera  instancia frente a las cuales se guardó silencio y que en realidad  no  corresponden  a  hipótesis  de  violación  de garantías fundamentales que  deban  remediarse  a  través del mecanismo extremo de la nulidad procesal…”  .   

Efectivamente el casacionista en su escrito  hace  relación  a  vulneración de garantías fundamentales, que en su concepto  conllevan  a  tomar  la  decisión  trascendental  de  decretar la nulidad de la  sentencia  de  primera  instancia,  lo  que  en  sentir  de  la  Sala, indica la  posibilidad  de  tener  al recurrente con interés legítimo para fundamentar la  demanda  frente  a  la  decisión  de  segunda instancia que dejó incólume las  actuaciones  y  el  fallo  condenatorio  respecto  al  procesado  PINTO  TAMAYO.   

Ahora bien, debe destacar la Sala que en el  caso  examinado  la  casación  opera  por  el  camino  de  la  discrecionalidad  –dado que la pena máxima  dispuesta  por  el  legislador  para el delito de fraude procesal era de 5 años  para  el  momento  de  los  hechos,  desde  luego  inferior  a  los  6 años que  delimitaba  el  artículo 218 del Decreto 2700 de 1991, que por favorabilidad se  aplica-,  que a más de obligar los requisitos de procedibilidad de la casación  común  u  ordinaria,  reclama,  atendido  lo  dispuesto  en el inciso final del  artículo  205  ibídem,  precisar por parte del demandante si lo buscado es que  se     dinamice     la     jurisprudencia     o     se    protejan    garantías  fundamentales.   

Al  efecto,  el  demandante  en  su  libelo  señala   la necesidad de intervención de la Corte, para proteger  el  derecho  fundamental  al  debido  proceso,  especificando  la  vulneración  del  mismo   y  la  irregularidad  en  la  cual  se  origina su desconocimiento,  atropello  o  vulneración;  esto  es,  concreta  lo que en su sentir representa  violación  y  su  influencia  nociva  en  la  garantía,  con lo cual cubre esa  exigencia  especial  dispuesta  en  la  norma  para acudir a la casación por la  senda de la discrecionalidad.   

         Acerca   del   tópico,   para   finalizar   el   punto,   dijo   la  Corte15:   

“Como   la  necesidad   del  desarrollo  jurisprudencial  y/o  la  tutela  de  los  derechos  fundamentales  surge del caso concreto, no de una abstracta consideración de la  Corte,  es  obvio  que  ésta  no puede ex-officio hacer una declaración de tal  naturaleza,   previa   revisión   del   proceso,  pues  ello  comportaría  una  inconveniente  anticipación  de  juicios sobre la materia de inconformidad. Por  ello,  de  manera  razonable,  se exige al recurrente que escriba la motivación  concreta  que  lo  impulsa  a  interponer el recurso, referida a uno o a los dos  fines  exclusivos  de  la  casación discrecional, única manera de conciliar el  carácter  rogado  de  las  impugnaciones  con  aquellas  loables necesidades de  interés  público,  pues, aunque con matiz excepcional, sigue siendo un recurso  extraordinario  que  se  radica  en  las partes y no una facultad oficiosa de la  Corte.   

“Aunque  finalmente  todo  depende  de la discrecionalidad reglada de la Corte, lo cierto  es  que  el  peticionario  ha  de  exhibir la argumentación autosuficiente para  mostrar  la  necesidad  de  un desarrollo jurisprudencial o de la protección de  derechos  fundamentales  supuestamente  conculcados,  pues  sólo  a  partir del  señalamiento   concreto   de   falencias   puede  el  órgano  decisor  avanzar  dialécticamente  sobre  temas  que de otra manera le están vedados por obra de  la   legalidad   y   el   acierto   que   se   presumen  en  el  debate  de  las  instancias.”   

Acorde con lo transcrito, la Sala admitirá  los  cargos  segundo  y  tercero, por estimar que su fundamentación advierte la  posible  vulneración  de  garantías  fundamentales  necesitadas  de  examen de  fondo,  aún  cuando  no  se  hayan planteado los yerros de una manera técnica.   

No  ocurre igual, cabe anotar, con el cargo  primero,  dado que la auscultación de lo argumentado permite entrever infundada  la manifestación del recurrente, como a continuación se detalla.   

CARGO PRIMERO  

En  lo  tocante  a  la  primera  censura,  denominada  por  el  recurrente como “nulidades error  in  procedendo,  violación  al  debido  proceso  por falta de motivación de la  sentencia”,  la Sala verifica que el casacionista no  alcanzó  a  advertir  efectivamente  materializados  los yerros por ausencia de  argumentación   en  la  sentencia,  limitándose,   de  manera  parcial  y  descontextualizada,  a transcribir apartes de la decisión discutida, no en aras  de   demostrar   las  falencias  de  fundamentación,  sino  como  soporte  para  introducir  sus  muy  particulares,  e  interesadas, perspectivas de valoración  probatoria,  que  pretende contraponer a las de las instancias, pasando por alto  que  a  la sede casacional arriba la sentencia de segundo grado prevalida de una  doble  connotación  de  acierto  y  legalidad  sólo derrumbable a partir de la  demostración   de   que   se  incurrió  en  vicios  o  errores  ostensibles  y  trascendentes,  desde  luego  objetivos y no apenas soportados en la valoración  subjetiva del impugnante.   

Al   efecto,   dentro   de   esa  visión  parcializada  que  caracteriza  el  cargo  porpuesto  por  el  impugnante,  cabe  destacar  cómo  aborda  la  prueba  de forma sesgada, tomando en consideración  sólo  aquello  que  algún  rédito ofrece a su postura defensiva, pero pasando  por  alto  argumentaciones  claras  y  pertinentes  referidas a medios de prueba  allegados  válidamente  al  proceso,  sobre  las cuales se sustento el fallo de  condena.   

Ello,  sobra  referir,  lejos de evidenciar  posible  el  yerro de fundamentación atribuido al Tribunal, refleja el interés  del  casacionista por referenciar una nueva valoración probatoria, en cuyo caso  la  causal  aducida  apenas  se  erige  en  mampara  artificiosa de una distinta  pretensión.   

Para proteger la garantía de la plenitud de  las  formas propias del juicio, la Sala tiene establecido respecto al tema de la  motivación   de   la   sentencia,   lo   siguiente16:   

“si la sentencia carece absolutamente de  motivación  sobre  un elemento del delito, la responsabilidad del acusado, o en  relación   con   una   específica   circunstancia   de   agravación,   o   la  individualización  de  la  pena,  o  no  empece  tener  motivación la misma es  ambigua  o  contradictoria,  o se fundamenta en supuestos fácticos o racionales  inexistentes,  y  en tal medida las consideraciones del juzgador no podrían ser  fundamento  legal  y razonable de la decisión contenida en la parte resolutiva,  la  nulidad  se  erige  como  la  única vía plausible de solución17.   

Sobre el mismo tema en oportunidad posterior  precisó que:   

“La irregularidad, sin embargo, como todo  defecto  que  puede  conducir  a  la  invalidación  del  proceso,  debe  ser de  contenido   sustancial.  No  se  trata  de  seleccionar  caprichosamente  algún  segmento   de   la  sentencia  para  reprocharle  su  falta  de  claridad  o  de  profundidad,  su  ambigüedad  o  contradicción. El fallo es una unidad que, si  permite  integralmente  su comprensión y explica su contenido, debe tenerse por  suficientemente    motivado    independientemente    de    pequeños    vacíos,  incongruencias    o    contradicciones    que    pudiera    contener18.   

De   manera  que  una  censura  de  esta  naturaleza,  recordó  la  Corte,  no consiste entonces en la afirmación de una  simple  inconformidad con la valoración hecha en la sentencia o del descontento  con  los  argumentos  que suministra el fallador porque se estimen equivocados o  de  la  aspiración a que ellos sean presentados de una determinada manera, sino  que  debe  señalarse con precisión la carencia absoluta o parcial de contenido  o  el ambivalente razonamiento que le impide a los sujetos procesales explicarse  cómo  llegó  el  juez  a  la  conclusión  que  finalmente expresa en la parte  resolutiva       de       la       providencia19.   

En sentido similar al que ha sido decantado  por  la  jurisprudencia  patria se dice por tribunales foráneos, por ejemplo la  Sala Segunda del Tribunal Supremo español, que   

La   exigencia  de  motivación  de  las  resoluciones  judiciales no supone que aquéllas hayan de ofrecer necesariamente  una  exhaustiva descripción del proceso intelectual que ha llevado a decidir en  un  determinado  sentido ni tampoco requiere un determinado alcance o intensidad  en  el razonamiento empleado; basta, a los efectos de su control constitucional,  con  que  dicha  motivación  ponga  de  manifiesto  que  la  decisión judicial  adoptada  responde  a  una  concreta  interpretación  y aplicación del derecho  ajena  a  toda  arbitrariedad  y  permita  la  eventual revisión jurisdiccional  mediante   los   recursos  legalmente  establecidos20”.   

No  advierte  el  demandante, acorde con lo  transcrito,   en  qué  reside  la  omisión,  anfibología,  contradicción,  o  ambivalencia  del  fallo  criticado,  ni  mucho  menos,  atendido  que  señaló  “precaria”  su  fundamentación,  establece adecuadamente qué fue lo dejado  de  consignar  por el fallador, que ameritase de indispensable consideración, o  cómo los temas de obligada atención fueron soslayados.   

Es  claro,  en  este  sentido,  que  tantos  cuantos  observadores analicen el fallo, podrán significar diferentes formas de  abordar los temas y fundamentar lo decidido.   

Por ello, la ley no contiene un específico  apartado  referido  a  cómo deben redactarse las sentencias y apenas referencia  los  mínimos  tópicos  que  deben  analizarse,  acorde con la naturaleza de la  providencia.   

Entonces,  si el fallo se redacta de manera  clara,  delimita  los  hechos, pruebas y normas jurídicas aplicables, y además  sustenta  adecuadamente  el  criterio  que  gobernó  lo  decidido,  la crítica  enfilada  por  el  camino de la motivación precaria debe concretar cuál es ese  elemento  fundamental  que  se  echa  de  menos  y  cómo  afecta  la condición  particular de la parte que se representa.   

Pero, si lejos de ello, el censor soporta su  crítica  en  argumentos  sofísticos,  interesados y subjetivos que refieren no  esa  falta  de  motivación  predicada,  sino  la  que considera mejor manera de  resolver  el  objeto  del  proceso,  a  través de un análisis particular de la  prueba  recogida, apenas puede concluirse en la absoluta falta de coherencia que  obliga  la  inadmisión  del cargo, pues, no sobra recalcar, las transcripciones  parciales  que  de  la  decisión  controvertida  hizo  el  recurrente,  impiden  verificar,   dentro  de  la  necesaria  contextualización,  si  las  instancias  omitieron o no realizar la debida fundamentación de los fallos.   

Ello,  sin  pasar por alto que cuando, como  aquí  sucede, las sentencias de primera y segunda instancia resuelven de manera  coincidente  el  objeto  de  debate,  la  crítica debe abordar ambos fallos, en  tanto, se complementan y armonizan.     

Acorde con lo anotado, entonces, inexorable  se presenta la inadmisión del primer cargo.   

Consecuente con lo referido en precedencia,  se  surtirá  el  traslado  de que trata el artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  respecto  de  los  cargos  dos  y  tres,  a la Procuraduría delegada en lo  penal.   

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

        1.  INADMITIR  la    demanda    de    casación    discrecional   presentada   a   nombre   del  procesado   JAIME  PINTO  TAMAYO,     conforme    con    las    motivaciones  plasmadas  en  el  cuerpo de este proveído, respecto  del    primer   cargo,  denominado   por   el  censor  “nulidades  error  in  procedendo,  violación  al  debido  proceso  por  falta  de  motivación  de la  sentencia”.   

        2.   ADMITIR  el  segundo  y  tercero de  los   cargos  contenidos en  la  misma  demanda  y,  por  consiguiente,  surtir  el  traslado  de  que  trata  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000,  a  la  Procuraduría delegada en lo penal.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁZ                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Fls.  19 cuaderno segunda instancia.   

2 Fls.  43 cuaderno # 1.   

3 Fls.  58 ídem.   

4 Fls.  205-211 ibídem.   

5 Fls  5-11 cuaderno # 2.   

6 Fls.  78 cuaderno # 2   

7 Fls.  98-101 ídem   

8 Fls.  222  ibídem.   

9 Fls.  78 vto. cuaderno # 3.   

10 Fls.  166-173 ibídem.   

11  Fls. 258 ídem.   

12 Fls  2-21 cuaderno # 5.   

13  Fls. 82 ibídem.   

14  Sentencia Casación 14872 del  21 de febrero de 2002.   

15 C.  S. de J., Auto del 25 de septiembre de 1997, Rad. 13.401   

16  Sentencia de Casación 23.068 del 26 de noviembre de 2007.   

17  Corte   Suprema   de   Justicia,   Sala   de   Casación   Penal,   Sent.  Cas. julio 11 de 2002, rad. 11862.   

18  Corte   Suprema   de   Justicia,   Sala   de   Casación   Penal,   Sent.  Cas. Junio 5 de 2003, rad. 19689.   

19  Corte   Suprema   de   Justicia,   Sala   de   Casación   Penal,   Sent.  Cas.  Agosto  31  de  2001,  rad.  15745.   

20  11089—TS  2.ª S 21 Jun.  1999. Ponente: Sr. García-Calvo y Montiel.     

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