31071(11-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31071  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  074  

Bogotá  D.C.,  once (11) de marzo de dos mil  nueve (2009).   

V   I   S   T   O   S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor de HERMES  ANGARITA   NAVARRO  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida por el Tribunal Superior de Bogotá, el  22 de mayo de  2008,  mediante  la  cual  confirmó la dictada por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Descongestión  de la misma ciudad, el 22 de octubre de 2007, y lo  condenó  a  la  pena  principal  de  16  meses  de prisión y a la sanción  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por  el término de 12 meses,  como coautores de la conducta punible de peculado por uso.   

H E C H O S  

El   juzgador   de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“A raíz de la captura de GUSTAVO ALBERTO  ROSADO  VÁSQUEZ  el  cuatro de marzo de mil novecientos noventa y nueve, cuando  intentaba  cobrar  unos  cheques sustraídos de una empresa particular, llevando  consigo  además, un bipper y un teléfono celular, pronto quedó al descubierto  en  la  investigación  que  el  teléfono  celular que portaba no tenía porque  (sic)  estar  en  poder  y uso de ese personaje, por cuanto es ajeno a funciones  laborales   del   Senado  de  la  República,  entidad  esta  de  quien  venían  facturándose los costos del uso del mencionado equipo telefónico.   

“Otra investigación, pues, siguió paralela  contra  GUSTAVO  ALBERTO  ROSADO  VÁSQUEZ  por el uso de ese teléfono celular,  investigación  también  a  cargo  de  esta  Fiscalía  que, ordenó indagar no  solamente     al     portador     del     aparato,    sino    al    ‘usuario’   registrado   en  la  compañía  de  telefonía  celular CELUMOVIL, señor ORLANDO CORSO VÁSQUEZ, hermano de aquél,  y  a la funcionaria, ciertamente, del Senado de la República que, presuntamente  habría  permitido  o  facilitado  el  uso  de  ese  servicio  a  un particular,  obviamente,  sin  derecho a ese tipo de beneficios, concretamente HEIDY PATRICIA  ARIZA    MEJÍA    a   la   postre,   compañera   permanente   o   ‘amante’  de  GUSTAVO  ALBERTO,  mujer  esta en  quien,  al  decir  de ORLANDO CORSO en injurada, por trabajar como Secretaria en  el   Senado,   debían   encontrarse  las  explicaciones  acerca  del  por  qué  inconsultamente      lo      inscribió      a     él     como     ‘usuario’  del  teléfono celular incautado a su  hermano el día de su aludida captura.   

(…)  

Indagado  también,  como tenía que ser, el  jefe  de  la  oficina  de  administración de bienes y servicios HERMES ANGARITA  NAVARRO,  de  la cual dependía directamente la Secretaria ARIZA MEJÍA y, desde  luego,  el  control  y  manejo  de  aquellos  aparatos,  entre otros, el 3659546  indebidamente  a  disposición  de ésta, su Secretaría, quien además señaló  en  injurada  que,  respecto  de  otros teléfonos sabía que su jefe los había  asignado  a la Senadora CONSUELO DURÁN DE MUSTAFÁ  por ser ella quien los  ‘respaldaba’ políticamente”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por  los  anteriores hechos, la Fiscalía  Doscientos  Uno  Seccional  de la Unidad Primera Especializada en Delitos contra  la  Administración  Pública  y  de Justicia de Bogotá, el 6 de abril de 2004,  acusó   a   Hermes   Angarita  Navarro  y  a  Heidy  Patricia  Ariza  Mejía  como  coautores de la conducta  punible de peculado por uso.   

2.  El  Juzgado Primero Penal del Circuito de  Descongestión  de  Bogotá,  el  22  de  octubre  de  2007, dictó sentencia de  primera  instancia en la que condenó a Hermes Angarita  Navarro  y  a  Heidy  Patricia  Ariza Mejía a la pena  principal  de  16  meses  de  prisión  y a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el término de 12 meses, como coautores  de la conducta punible de peculado por uso.   

Así   mismo,   le   negó  a  Hermes  Angarita  Navarro  la  suspensión  condicional de la pena y la prisión domiciliaria.   

3. Apelado el fallo por los defensores de los  procesados,  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, el  22 de mayo de 2008, al  desatar el recurso, lo confirmó   

Contra  la anterior decisión, el defensor de  Hermes Angarita Navarro   interpuso recurso de casación excepcional.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La  defensa  técnica, con base en la causal  primera  de  casación,  presenta un cargo contra la sentencia, cuyos argumentos  se sintetizan de la siguiente manera:   

Único cargo  

El  defensor  del sentenciado, apoyado en la  causal  primera  de  casación,  acusa  al  Tribunal   de haber violado, de  manera indirecta,  la ley sustancial.   

Después de conceptualizar sobre la causal de  casación  invocada,  los  errores  en  la  apreciación  de la prueba, de hacer  referencia  a  providencias  de la Sala, de transcribir algunas de las funciones  que  tenía  Angarita  Navarro  y  de  la  sentencia  del Tribunal, acota que la  decisión  “carece  de legalidad, por cuanto incurre  en  un  error de hecho por falso juicio de existencia por omisión, toda vez que  la  Sala  Penal  del Tribunal de Bogotá pretermitió valorar las pruebas de tal  relevancia   –que  de  ser  apreciadas-,   desvirtuarían  claramente  la  responsabilidad  de   HERMES  ANGARITA NAVARRO…”.   

Sostiene   que  las  pruebas  documentales  desatendidas  por  el  Tribunal  fueron:  el oficio del Jefe del Departamento de  Seguridad  del  Senado  de  la  República  donde se solicitó la asignación de  varias  líneas  telefónicas y el documento o acta No. 001 de la Mesa Directiva  del Senado de la Republica del 3 de agosto de 1999.   

Así mismo, aduce que se dejó de valorar la  inspección  judicial  practicada el 2 de agosto de 1999 en la Oficina de Bienes  y Servicios del Senado de la República.   

Expresa  que  el yerro del Tribunal está en  concluir  que  Angarita  Navarro  “al asignar líneas  telefónicas  a personal distinto del mencionado en la citada resolución 038 de  1998,   incurrió   en   la  conducta  de  peculado  por  uso…”,   desconociendo   la   prueba   documental.       

De  igual  manera,  señala  que el Tribunal  dejó  de  valorar  el  “acta 001 del 2 de agosto de  1999”   de  la  Mesa Directiva del Senado de la  República.   

Afirma  que también el Tribunal no apreció  la  versión del procesado rendida en la audiencia pública y las comunicaciones  enviadas  a  la  empresa CELUMOVIL S.A .,“en cuanto a  los topes máximos permitidos”.   

Comenta  que  no  es cierto que su defendido  “arbitrariamente  ordenara  o  suministrara  líneas  telefónicas  a  personas  ajenas  a  las  mencionadas  en  la  resolución  038…,  es  claro que la misma Mesa Directiva del Senado por medio del Acta 001  de  1999,  ordenó  al  Jefe  de Bienes y Servicios del Senado la asignación de  dichas  líneas telefónicas a otros funcionarios distintos a los aludidos en la  resolución”.   

Reitera que el Tribunal dejó de apreciar la  prueba  documental  que  obra  en  el  proceso  y,  por  esto,  concluyó que su  defendido,  de manera mancomunada actuó, con Heidy Ariza Mejía para otorgar al  compañero  sentimental  de  ésta  un  número de teléfono celular asignado al  Senado de la República.   

Luego  de  reseñar  cómo  se  demuestra la  trascendencia  del yerro en sede de casación, recalca que el error del fallador  consiste  en  emitir  una  sentencia  sin  apreciar  los elementos de juicio, es  decir,  no  fueron considerados como componentes de la decisión sino que por el  contrario  fueron  omitidos de manera total, lo que conllevó que se condenara a  su defendido.   

Por   último,  afirma  que  la  sentencia  impugnada  carece  de  legalidad, dado que se profirió condena por una conducta  cuya    certeza    no    estaba    demostrada    más   allá   de   toda   duda  razonable.   

Por lo anterior, solicita a la Corte casar la  sentencia impugnada y, en su lugar, absolver a su defendido.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  De  conformidad  con  lo  previsto  en el  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, que rige a esta actuación, al recurso de  casación se accede de dos maneras, a saber:   

a)  La  ordinaria,  que  procede  contra  las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial y el Tribunal Penal Militar, por delitos sancionados con pena  privativa de la libertad superior a 8 años; y   

b)  La  excepcional,  que  procede contra los  fallos  de segunda instancia dictados por las mismas corporaciones por conductas  punibles  castigadas  con  pena  privativa  de  la libertad igual o inferior a 8  años,  y por los jueces penales del circuito por cualquier delito, evento en el  cual  la  Sala  podrá  admitir  la  demanda cuando lo considere preciso para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna las demás formalidades.   

En  consecuencia, como quiera que la conducta  de  peculado  por  uso  por  la  que  fuera  condenado  Hermes  Angarita Navarro  contemplaba  una  pena máxima de la libertad de 4 años, según lo que preveía  el  artículo  134  del  Decreto  100  de 1980, quantum punitivo que tampoco fue  modificado  por  el  artículo  398  de  la  Ley 599 de 2000, sólo procedía la  casación excepcional.   

En  tales condiciones, como también lo tiene  dicho  la  jurisprudencia de la Corte, que cuando de la casación excepcional se  trata  el  demandante debe exponer así sea de manera sucinta pero clara qué es  lo  que  pretende con el recurso, teniendo como norte que solamente procede para  el   desarrollo   de   la   jurisprudencia   o   para  garantizar  los  derechos  fundamentales.   

En  tratándose del primer punto, esto es, el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, el casacionista debe mencionar en la demanda  si  con  la  impugnación de la sentencia de segunda instancia persigue unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina, ora para abordar un tópico  aún  no desarrollado, precisando la manera en que la decisión solicitada tiene  la  utilidad  simultánea  de  brindar  solución al asunto y a la par servir de  guía a la actividad judicial.   

Y,  respecto  de  la  protección  de los de  derechos  fundamentales,  el  casacionista  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación  lógica  dirigida  a  evidenciar el desacierto, siendo imperioso  que  demuestre  el  desconocimiento  de  una garantía por quebrantamiento de la  estructura  básica  del  proceso  o por violación de un derecho fundamental, e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho invocado y su  concreto conculcamiento con la sentencia.   

Además,  las  razones  que  debe  aducir  el  demandante  para  persuadir a la Corte sobre la necesidad de admitir la demanda,  deben  guardar  correspondencia  con los cargos que formule contra la sentencia.  En  otras  palabras,  debe  haber perfecta conformidad entre el fundamento de la  casación  excepcional  (desarrollo  de  la  jurisprudencia  y/o  protección de  garantías  fundamentales),  el  cargo  o  los cargos que se presenten contra el  fallo y, por consiguiente, la postulación de los mismos.   

2. En el supuesto que ocupa la atención de la  Sala,  se  advierte que el libelista no cumplió con los anteriores parámetros,  en  la  medida  en que no dio las razones por las cuales acudió a la casación,  esto  es,  para  la  unificación  de  la  jurisprudencia  o la garantía de los  derechos fundamentales.   

En efecto, revisada la demanda se advierte que  el  actor  en   su elaboración no dedicó ningún capítulo en cumplir con  dicho  presupuesto,  dado  que  sin  hacer más comentarios entró a postular un  único  reparo  contra  la sentencia de segunda instancia, no obstante que en el  escrito  en que interpuso la impugnación fue claro en manifestar que se trataba  de la casación excepcional.   

La  anterior  falencia sería suficiente para  inadmitir  la  demanda.  Sin  embargo,  también  se avizora que el único cargo  tampoco  cumple con los presupuestos de lógica y debida fundamentación para su  admisibilidad. Veamos:   

Ante  todo  vale  recordar  que el recurso de  casación  constituye  el  medio  por el cual la Corte revisa la legalidad de la  sentencia.  De  ahí  que  el casacionista en el escrito de demanda debe cumplir  con  todas  las  formalidades  estatuidas  por el artículo 212 de la Ley 600 de  2000,  en  tanto que le compete que  señale, de manera clara y precisa, la  causal  con  la  cual pretende la infirmación del fallo y argumentando cómo el  vicio    de    derecho    o    de    actividad   condujo   a   resquebrajar   la  sentencia.   

En  tales  condiciones,  el  escrito no es de  libre  confección sino que debe cumplir con dichos presupuestos, máxime cuando  la  Sala, en virtud del principio de limitación, no puede entrar a complementar  al libelista.   

De la misma manera, no basta con denunciar la  existencia  del  vicio  que se invoca sino que el libelista debe demostrar cómo  el  mismo  tiene la trascendencia suficiente para romper la sentencia de segunda  instancia  y,  por  lo mismo, que la Corte intervenga como Tribunal de Casación  en  procura  de  reparar,  entre  otros  fines,  los  agravios  sufridos por los  intervinientes en el proceso objeto de censura.   

De otro lado, cuando la censura se postula por  la  vía de la violación indirecta de la ley sustancial, se está aceptando que  el  error  del juzgador ocurrió de manera mediata, es decir, en la elaboración  del  juicio  de hecho  derivado de errores en la apreciación de la prueba,  falencia que se ve reflejada en la aplicación del derecho.    

Así,  en  el  plano  de  la  postulación el  casacionista  debe  enseñar  a la Corte  en qué consistió el error en la  apreciación  de  la  prueba,  es decir, si fue de hecho o de derecho, así como  también  el  falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es,  si  de existencia,  identidad,  raciocinio, legalidad o convicción Y, por último, cómo el mentado  vicio  incidió  en  la  aplicación  del  derecho,  en  la  medida  en  que  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto o, se excluyó  otra  que  sí  resolvía  todos  lo  extremos  de  la relación jurídico   procesal.   

Aclarado  lo  anterior  y   en   el   presente   asunto,   si   bien  el   actor   señaló  la  clase  de  error y el falso juicio que lo determinó,  también  lo  es  que  no  demostró  la  trascendencia  del  mismo frente a las  conclusiones  adoptadas  en  la sentencia, en tanto que no dedicó línea alguna  en   evidenciar  cómo  de  haber   sido   apreciados   los   elementos    de    juicio    omitidos    en    el   acto    de   la   actividad    probatoria,   para   lo   cual   debió   tener   en   cuenta   las   demás  probanzas    en    que    el    juzgador   fundó   la       existencia       del      hecho      y      la  responsabilidad    del    acusado,    la   absolución   era  la  decisión  a  adoptar.   

En efecto, el demandante parte de un supuesto  distinto  al concluido por el sentenciador, en la medida en que para el Tribunal  de  la  unidad  probatoria  se  infería, en grado de certeza, la existencia del  hecho  y  la  responsabilidad  del  acusado,  hipótesis  de la que se aparta el  libelista   cuando   afirma   que   en  el  expediente  no  hay  “prueba  de  la  responsabilidad  del  sindicado en punto  a que  trasgredió  las  directivas  del  Senado  de  la República en materia  de  asignación       de       líneas       telefónicas      celulares”.   

Frente  a esa discrepancia de criterios, vale  nuevamente  resaltar  que  la  casación  no  es  la  impugnación adecuada para  controvertir  la  credibilidad  que  se deriva de la unidad probatoria, toda vez  que  el  juzgador  goza  de  libertad  para  apreciar  los medios de convicción  validamente  allegados  al  proceso,  sólo  limitado  por  los  postulados  que  informan  la  sana  crítica, cuya trasgresión sí resulta viable a través del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  evento  que  aquí no ocurrió.    

Por  último, otra razón más para inadmitir  el  libelo  aunado  a  que  no  se  advierte  violación  alguna de los derechos  fundamentales   o   garantías   de  HERMES  ANGARITA  NAVARRO,  que  determine  el  ejercicio de la facultad  oficiosa  de  índole  legal  que  al  respecto  le asiste a la Sala en punto de  asegurar su salvaguarda.   

A C L A R A C I Ó N  

Como  quiera  que  el  juzgador  de  segunda  instancia,  al determinar la  sanción de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas la fijó equivocadamente como accesoria, no  obstante  lo  previsto  en  el  artículo  134  del Decreto 100 de 1980, la Sala  aclarará  que  se  tendrá  como  principal, máxime cuando la pena de prisión  conlleva  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y  funciones  públicas,  según  lo  reglado  por el artículo 52 de la Ley 599 de  2000.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         

R E S U E L V E  

1.  INADMITIR  la demanda de casación presentada a nombre  del       procesado,      HERMES     ANGARITA  NAVARRO,  por  lo  anotado  en  la motivación de este  proveído.     En     consecuencia,    se    DECLARA  DESIERTO el recurso.     

2.   ACLARAR  que  la  pena  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas   es   principal.   

3.  Contra esta decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

         COMISIÓN DE SERVICIO   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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