31072(04-11-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 31072  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No.  347                                                                                Magistrado  Ponente:   

                                     Dr. JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

Bogotá D. C., cuatro de noviembre de dos mil  nueve.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Jesús  Paba  Mejía  contra  la sentencia  dictada  por  el Tribunal Superior de Cúcuta el 9 de julio de 2008, mediante la  cual  confirmó la emitida por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de la misma  ciudad  el 27 de noviembre de 2006, que condenó al procesado por los delitos de  actos    sexuales    con    menor    de   14   años  agravado,   en          concurso         homogéneo         sucesivo.   

Hechos.  

El  29 de julio de 2005, en el Barrio Antonia  Santos  de  la  ciudad  de  Cúcuta, Jesús Paba Mejía  le  pidió a la señora MARIA RITA BERMUDEZ FRANCO que  le  facilitara  a  su  hija menor KELLY JOHANA TORAZONA BERMUDEZ, de 10 años de  edad,  para  que  le hiciera un mandado. Transcurrido un tiempo sin que la menor  regresara,  MARIA  RITA  se  dirigió  a  la  casa  de aquél a preguntar por lo  sucedido,   advirtiendo,  al  abrir  la  puerta,  que  se  estaba  poniendo  una  pantaloneta  y que al verla se puso muy nervioso, manifestándole que su hija se  hallaba  todavía  en  la  tienda.  En ese momento vio también a la menor en la  habitación,  muy  asustada, subiéndose la licra, quien al verla se abalanzó a  sus  brazos.  Al  interrogarla  por  lo  sucedido  le  contó  que  Jesús   Paba   Mejía   había  realizado  manipulaciones  sexuales con ella y que estos actos se venían presentando desde  tiempo  atrás.  El  mismo  día la señora MARIA RITA BERMUDEZ FRANCO denunció  penalmente  a  PABA  MEJÍA, quien fue capturado el 2 de agosto siguiente cuando  intentaba abusar nuevamente de la menor.   

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La  fiscalía  inició investigación por  estos   hechos,   vinculó   al  proceso  mediante  indagatoria  a  Jesús  Paba Mejía y el 11 de noviembre de  2005  calificó  el mérito probatorio del sumario con resolución de acusación  en  su contra por el delito de actos sexuales con menor  de  catorce (14) años agravado, en concurso homogéneo  sucesivo,  conforme a lo previsto en los artículos 209 y 211.4 de la Ley 599 de  2000.  Esta decisión fue apelada por la defensa y confirmada por el superior el  10        de        abril       de       2006.1   

2. Rituado el juicio, el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  de Cúcuta condenó a Jesús Paba Mejía  a  la  pena  principal  de  56 meses de prisión y las  accesorias  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  diez  (10)  años y la prohibición de residir en el lugar donde  cometió  la  infracción,  como  autor  responsable  del  delito imputado en la  acusación.  Apelado este fallo por la defensa, el Tribunal, mediante el suyo de  9  de julio de 2008, que ahora el mismo sujeto procesal recurre en casación, lo  confirmó               integralmente.2   

La         demanda.   

Presenta  dos  cargos  contra  la  sentencia  impugnada.  Uno  con fundamento en la causal tercera del artículo 207 de la Ley  906  de  2004  por  errores  de  apreciación probatoria, y otro al amparo de la  causal segunda ejusdem por vicios de inconsonancia.   

Cargo        primero.   

Cita  como norma violada el artículo 232 del  Código    de    Procedimiento    Penal,    pues    asegura   que   “todo  proviene  de  un hierro (sic) de  falta  de  a  (sic)  apreciación  de las pruebas tal como está demostrado a lo  largo  y ancho del proceso, que todo se concreta en una violación del artículo  29   de   la   Constitución  Nacional”.   

Explica que si el procesado hubiera tenido la  intención   de   realizar  los  actos  que  denuncia  la  madre  de  la  menor,  “no  se  hubiera puesto a  llamarla,  sino  que hubiera buscado otras oportunidades, que la menor estuviera  sola,  que  no  estuviera la mamá en la casa y ninguna otra persona”.   

Sostiene que la denuncia es malintencionada y  temeraria,  pues  recuerda que ese día la señora DENICE PABA estaba lavando en  casa  del  procesado  y  que en el proceso existe información de que la señora  MARIA  RITA  “es una vecina  que  pelea  y  calumnia,  bruja  y fuma el tabaco es decir que es capas (sic) de  injuriar    a   cualquier   persona   sin   ninguna   consideración”.   

El  médico  legista no encontró evidencia o  signos  de maniobras sexuales en la menor ni rastros de semen o espermatozoides,  con  lo  cual  queda  demostrado  que  la  menor faltó a la verdad “cuando  dice  que le metió el pene en  la  vagina,  que  le  hacía  duro  y  le  hechó  (sic) un líquido”.   

La  menor  dice que el procesado “la  agarró  de  las  manos,  la tiró  sobre  una colchoneta, le bajó la licra, sacó el pene se lo puso en la vagina,  le  hizo  maniobras”.  Si  esto  fuera  cierto hubiera gritado, hubiera formado escándalo, más aún si se  tiene  en  cuenta  que  las  casas  están separadas solamente por una pared, de  donde  se sigue que la denuncia es temeraria y mal intencionada, al igual que la  declaración de la menor.   

En  la  denuncia  del  2 de agosto la señora  MARIA  RITA  afirma que en las horas de la madrugada el acusado se metió por el  solar  de  la  casa  y  trató  de  abusar  de la menor, pero como ésta gritó,  acudió  en  su  ayuda y le pegó unos garrotazos al intruso, sin embargo, en el  expediente  no  existe  prueba  de  la  causación de lesiones por razón de los  golpes.   

En conclusión, la fiscalía y los juzgadores  de   instancia   “no  se  percataron,  no analizaron las pruebas allegadas al proceso sino que las tomaron  en  su  conjunto,  y  de  esa  manera determinaron (sic) condenando al sindicado  JESUS    PABA    MEJIA,    POR    EL    DELITO   QUE   LE   IMPUTABA”.   

Cargo        Segundo.   

Sostiene que los falladores condenaron a JESUS  PABA  MEJIA  sin  detenerse a meditar sobre los postulados del artículo 232 del  Código  de Procedimiento Penal, que establece que no se podrá dictar sentencia  condenatoria,  sin que obre en el proceso PRUEBA QUE CONDUZCA A LA CERTEZA DE LA  CONDUCTA PUNIBLE Y DE LA RESPONSABILIDAD DEL PROCESADO.   

Afirma  que el tribunal no se percató que la  sentencia  de  primer  grado  no  se  encontraba  dentro  de  los postulados del  referido  artículo  232,  si  se  tiene en cuenta que la denunciante y la menor  incurren  en  contradicciones  y  que  se  carece  en  consecuencia “DE LA PLENA PRUEBA Y DE LA CERTEZA QUE  EL  SEÑOR  PABA  MEJIA,  haya  cometido el delito que se le imputó”.   

Asegura  que  en materia penal toda DUDA debe  resolverse  en  favor  del  procesado, mandamiento que debe aplicarse al caso en  estudio  porque   no  se  ha  demostrado  que  PABA  MEJIA haya cometido el  delito,   ya   que   todo   se   reduce  a  comentarios,  pruebas  de  oídas  y  contradicciones,  sin  que  exista  una  prueba  que  lo  señale,  lo  cual  es  confirmado  por  el médico legista, quien no halló la mas mínima evidencia de  maniobras sobre las partes íntimas de la menor.   

En  el curso del proceso no fueron tenidos en  cuenta  para  nada  los  alegatos  de  los  abogados defensores, donde se hacía  alusión  a  las  declaraciones  de  las señoras BLANCA ORTEGA, ROSALBA ROLON y  DENICE  PABA, entre otras, quienes fueron precisas en el relato de los hechos, y  donde  se  solicitaba  “se  decretara     LA     DUDA     a     favor     de     mi    defendido”.   

En   estas   circunstancias,   el  tribunal  “incurrió  en OMISION al  conformar    (sic)    la    sentencia…ignorando  lo  establecido  en  el  artículo  232  del  Código  de  Procedimiento,  EN  EL  SENTIDO QUE NO EXISTE LA SERTEZA (sic) Y LA PLENA PRUEBA  DEL  DELITO  COMEMETIDO  (sic),  para  imponer una pena condenatoria”.   

Pide  en  consecuencia  revocar  la sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta, mediante la cual confirmó la  injusta  condena  de  56  meses  de prisión impartida contra el acusado, por un  delito  que  no cometió, con desconocimiento de los parámetros establecidos en  el artículo 232 del Código.   

SE        CONSIDERA:   

Reiterados han sido los pronunciamientos de la  Corte  en  los  que  ha  dicho que la casación es un mecanismo de control de la  juridicidad  de la sentencia, que impone al demandante el deber de demostrar que  el   juzgador   cometió   un  error  de  juicio  (in  iudicando)     o    de    actividad    (in  procedendo)  al  tomar la decisión,  atendiendo  el  plexo  de  condiciones  de  sustentación  mínima que impone el  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000    y  la  lógica del error  denunciado.   

Si  el  demandante  considera que el juzgador  incurrió   en  un  error  in  iudicando  por  violación  de una norma de derecho sustancial, debe indicar si  la  infracción  es  directa o indirecta. Es directa cuando el error se presenta  en  la selección o interpretación de la norma y es indirecta cuando se origina  en  la  apreciación  de las pruebas. En el primer caso debe invocarse la causal  prevista  en  el  numeral  primero  apartado  primero del artículo 207, y en el  segundo,             la             misma            causal,            apartado  segundo.           

Si  el  casacionista  opta  por  la  primera  hipótesis,  la  lógica  del  ataque le impone realizar el debate en el ámbito  del  raciocinio  estrictamente jurídico, sin discutir los hechos que los fallos  declararon  probados ni sus conclusiones probatorias, e identificar con claridad  la  norma  violada  y  precisar  si  la  infracción  se  presentó por falta de  aplicación,  aplicación indebida o interpretación errónea del precepto y por  qué.   

Si  la  violación  es  indirecta,  el ataque  impone  identificar  la clase de error cometido: si de hecho por falso juicio de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  o  falso raciocinio; o de derecho por  falso  juicio  de  legalidad  o  falso juicio de convicción. Y adicionalmente a  ello,  identificar  la  prueba  sobre  la  cual  recayó  el error, demostrar la  existencia   del  desacierto  y  acreditar  su  trascendencia  en  la  decisión  impugnada.   

Si  el  error  deriva de la inobservancia del  principio  de  congruencia, la censura impone seleccionar como vía de ataque la  causal  segunda y acreditar que entre la sentencia y la acusación no existe una  adecuada  relación  de  conformidad  personal,  fáctica  o  jurídica. Y si lo  alegado  es  una  nulidad originada en un error in procedendo, debe invocarse la  causal  tercera  y  demostrarse  que los juzgadores desconocieron los principios  del   juez   natural,  del  debido  proceso  o  del  derecho  de  defensa.    

En  el caso analizado la demanda plantea como  causal  de  casación  en  el  primer  cargo,  la  tercera, es decir, errores de  actividad  o in procedendo, pero su fundamentación lo que realmente contiene es  una  crítica  a la apreciación que los juzgadores de instancia hicieron de las  pruebas,   es  decir,  un  eventual  ataque  por  errores  de  juicio  o in  iudicando,  que como ya se dijo, sólo puede ser propuesto dentro del ámbito de  la causal primera cuerpo segundo.   

Aparte  de  esto,  las  alegaciones en que se  sustenta  se  reducen  a  la  presentación de una réplica indiscriminada a las  conclusiones  probatorias del Tribunal, en la que, sin ningún rigor lógico, da  a  entender  que  el procesado no cometió los hechos que se le imputan y que la  denunciante  y  la  menor  mintieron al denunciarlo, sin identificar la clase de  error   cometido,   ni   demostrar   su   estructuración,   ni   acreditar   su  trascendencia.   

Similar   situación   se  presenta  en  la  presentación  y  desarrollo del segundo cargo. El demandante invoca como causal  de  casación  la  segunda, por falta de consonancia entre los cargos formulados  en  la  acusación  y  la  sentencia,  pero en lugar de demostrar la ausencia de  conformidad  personal,  fáctica  o  jurídica entre estos dos actos procesales,  retoma  la  crítica indiscriminada a la valoración que los juzgadores hicieron  de  la  prueba, para sostener, sin acreditar ninguna clase de error en concreto,  que    del    proceso   no   surge   “LA  CERTEZA  NI  LA  PLENA  PRUEBA  DEL  DELITO COMETIDO”.   

Como  esta  forma de alegar está distante de  estructurar  una  demanda  en forma, la Corte la inadmitirá por ausencia de las  exigencias  mínimas de forma y contenido requeridas para su estudio de fondo, y  ordenará  devolver  el  proceso  a la oficina de origen, previo ejercicio de la  facultad  de  intervención oficiosa, con el fin de salvaguardar el principio de  legalidad de la pena, vulnerado por los juzgadores de instancia.   

Casación oficiosa.  

La sentencia de primera instancia, confirmada  en  su  integridad  por  el Tribunal, condenó a Jesús  Paba  Mejía  a  la pena principal de cincuenta y seis  (56)  meses  de  prisión  y  la accesoria de inhabilitación en el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por diez (10) años, no obstante haber anunciado  en  la  parte  considerativa  del  fallo  que  el  término de duración de esta  última sería el mismo de la pena privativa de la libertad,    

“De igual manera,  se  le  condenará a la accesoria de inhabilitación en el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de la pena principal”.3   

El  artículo 52 inciso tercero de la Ley 599  de   2000   establece   que  la  pena  de  prisión  conlleva  la  accesoria  de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de   derechos  y  funciones  públicas  por   un   tiempo   igual   al   de  la  pena  a  que  accede, y hasta en una tercera parte más, sin exceder  el  máximo  fijado  en la ley, es decir, veinte (20) años, según lo dispuesto  en el artículo 51 ejusdem.   

Como  en  el  caso estudiado la pena impuesta  desconoce  los  montos  anunciados en la parte considerativa del fallo de primer  grado  y  adicionalmente  a  ello los condicionamientos cuantitativos legalmente  previstos  para  ella, la Corte casará parcialmente la sentencia impugnada para  fijar en cincuenta y seis (56) meses su término de duración.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

1.   Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada   por   el   defensor   de   Jesús   Paba  Mejía.    

2. Casar parcialmente, de oficio, la sentencia  impugnada,  para  fijar  en  cincuenta y seis (56) meses la duración de la pena  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas. En lo demás, el fallo se mantiene incólume.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.    

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ          SIGIFREDO  ESPINOSA PEREZ   

                     Permiso   

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO            MARIA  DEL  ROSARIO  GONZALEZ DE LEMOS            

Comisión de servicio  

AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMAN                     JORGE LUIS QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

Permiso  

                             

                                       

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA   

    

1  Folios 5, 26, 103-111 y 125-138 del cuaderno original 1.   

2  Folios  178-191  del cuaderno original 1 y 4-23 del cuaderno del tribunal.    

3  Página 12 del fallo del juzgado.     

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