12452b1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 12452  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE:  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

APROBADO ACTA No. 190  

Santa   Fe   de  Bogotá,  D.C.,  Noviembre  veintinueve de mil novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

                                                 El  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Cáqueza (Cundinamarca)  condenó  (marzo  20 de 1996) al procesado ANGEL MARIA ROMERO MORALES, a la pena  principal  de  noventa  y  dos (92) meses de prisión y multa de treinta y cinco  mil  pesos,  a  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por  igual  término por los siguientes delitos: a) Peculado por uso, al haberse  utilizado  indebidamente  el  campero  de placas OIB 259 que había sido dado en  comodato  al  municipio,  b) Falsedad ideológica en documento público con base  en  el  contenido  de  las  resoluciones 007 del 22 de enero, 127 y 115 de abril   

24, 155 de mayo 26 y 119 de abril 25 de 1994,  y  los documentos contables que soportaron los pagos ordenados en ellas, y   c)  Peculado por apropiación en cuantía de $600.000, hecho consumado a través  del  contrato  por cambio de tubería del Acueducto Municipal. En concurso y por  el  mismo hecho punible en cuantía de setecientos mil pesos se  sentenció  al  procesado,  lo que ocurrió en los contratos otorgados para la obra y compra  de materiales de la escuela Cañuelal.    

                                                El  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  con providencia del 26 de  junio  de 1996, al resolver el recurso de apelación interpuesto por el defensor  del  procesado  contra  la  sentencia  de primera instancia, la modificó, en el  sentido  de  absolver  por el punible de peculado por apropiación, imputado con  base  en  el  contrato  del  Acueducto  Municipal,  y la falsedad ideológica en  documento  público,  referida  a  la  resolución  007 del 22 de enero de 1994.  Confirmó  en lo demás, precisando que la pena de prisión quedaba en setenta y  cuatro  (74)  meses  y  la  interdicción  de  derechos y funciones públicas se  aplicaba por igual término.   

                                                El  procesado  interpuso recurso de casación y presentó la demanda  sobre la cual se pronuncia la Sala.   

HECHOS  

En  el  lapso  comprendido  entre  el  12 de  noviembre  de  1993  y el 29 de julio de 1994, ANGEL MARIA ROMERO MORALES, en su  condición  de  Alcalde del municipio de Gutiérrez (Cundinamarca), ejecutó las  siguientes  acciones,  con  base  en  las  cuales  se  profirieron los fallos de  condena en las instancias:   

                                                1.  La  Gobernación  de  Cundinamarca  le entregó en comodato a la  Administración  Municipal  de Gutiérrez el campero Chevrolet Samurai de placas  OIB-259  para  mantener  y conservar el orden público. El procesado lo utilizó  para  hacer  un viaje a Maicao en compañía de su novia NANCY PARDO, su hermana  MARLENE  ROMERO  y  el  empleado del municipio ORLANDO SECHAGUA, con el supuesto  argumento  de  tener  que  comprar cuatro computadores para el servicio del ente  territorial   del   que   era   burgomaestre,   lo   que  no  se  hizo  en  esta  ocasión.   

                                           2.  Con  resolución  127  de  abril 29 de 1994 se ordenó pagarle a  RAMIRO  SANABRIA  ACOSTA  dos millones de pesos para la realización de trabajos  con  el  objeto de lograr la construcción de la escuela La Palma. Para el cobro  de  aquellos,  el  Alcalde  suscribió  la  orden de trabajo 024 de marzo 1º de  1994,  un  comprobante  sin  número de abril 29 del mismo año (F – 23 c.o.1) y  constancia  de  recibido  (F –  25 c.o.1). El dinero fue cobrado, entregado  al  procesado  e  invertido  en  otros  menesteres,  como  el pago de deudas que  quedaron de las ferias y fiestas de la localidad.   

                                  3.  Con  resolución  115 del 24 de abril de 1994 se ordenó pagar a  JAIRO  ALBERTO CHAVES BELTRAN seiscientos mil pesos por trabajos en el acueducto  municipal,  suscribiéndose  para el pago la orden 021 de abril 4 de 1994 y tres  días  después  se  expidió el certificado de haberse recibido de conformidad,  cuando  tales  labores no fueron ejecutadas por aquél, pues su tarea consistió  en  la instalación de una tarima por la que se le pagó treinta mil pesos, pero  al   dejar    firmada   una   orden   de  trabajo  en  blanco  fue  llenada  posteriormente  por  seiscientos mil pesos. Este dinero lo cobró, entregándole  al   acriminado   el  mayor  valor  de  lo  que  correspondía  al  trabajo  que  realizó.   

          4. Otro tanto ocurrió con la resolución  155  del  26  de  mayo  de  1994  en  la que se autorizó el pago de seiscientos  treinta  y  nueve  mil  setecientos  treinta  y  tres mil pesos a GABINO ANTONIO  MAYORGA  ORJUELA  para  el  suministro  de  materiales, lo que no ocurrió y sin  embargo  se  extendió no sólo la citada resolución sino los demás documentos  que  sirvieron  de soporte para el pago de la cuenta. El dinero le fue entregado  al Ingeniero GENARO ROMERO MORALES, hermano del procesado.   

                                                5.  Con  resolución  119  de  abril 25 de 1994 se ordenó pagar dos  millones  de  pesos  a  ANGEL  MARIA  SANABRIA  HERNANDEZ  para la terminación,  ampliación  y  dotación  de  las  escuelas  Cedral,  Cerinza  y  Cañuelal del  municipio  de  Gutiérrez,  precisándose  que  sólo recibió de ese dinero dos  cuotas  de  seiscientos  mil  pesos y que los materiales los entregó el hermano  del Alcalde, de quien se hizo referencia en el numeral anterior.   

                               

ACTUACION PROCESAL  

                                  Previa  indagación  preliminar,  parte  de  la cual se realizó por  comisión  otorgada  a   la  División  de  Investigaciones  Fiscales de la  Contraloría  del  Departamento  de  Cundinamarca,  la Unidad de Investigaciones  Especiales  de  la  Fiscalía ordenó abrir investigación penal (fl. 137 c.o.1)  contra  ANGEL  MARIA  ROMERO  MORALES, a quien, oído en indagatoria (fls. 149 a  162  c.o.1), se le resolvió la situación jurídica con medida de aseguramiento  consistente   en   detención   preventiva,  sin  beneficio  de  excarcelación,  imputándosele  los delitos de peculado por apropiación y celebración indebida  de contratos (fls. 204 a 217 c.o.1).   

                                                La  Fiscalía,  luego  de ampliar la indagatoria (fl. 226 a 232 c.o.  1)   y   practicar   otras   pruebas,   adicionó  la  medida  de  aseguramiento  extendiéndola  por  los  delitos de falsedad ideológica en documento público,  peculado  por  uso  y peculado por aplicación oficial diferente (fls. 385 a 393  c.o.1).  Esta  decisión  fue  confirmada  por la Unidad de Fiscalías Delegadas  ante  los  Tribunales  Superiores  de  Bogotá  y  Cundinamarca,  al resolver el  recurso  de  apelación  interpuesto por el defensor del procesado (fls. 10 a 15  c. segunda instancia Fiscalía).   

                               

                                          Cerrada  la investigación (fl. 15 c.o. No. 2) y  presentados  alegatos  precalificatorios   por  el defensor y el agente del  Ministerio  Público,  la  Fiscalía  con providencia de 29 de noviembre de 1994  calificó  el  sumario profiriendo resolución de acusación contra el procesado  por  los  delitos  de  peculado  por  apropiación,  peculado  por uso indebido,  peculado  por  aplicación oficial diferente y falsedad ideológica en documento  público, en concurso material (fls. 228 a 256 c.o.2).   

                                    El  juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Cáqueza adelantó la  etapa  del  juicio.  Una  vez  celebrada  la audiencia pública dictó sentencia  condenatoria  en los términos antes reseñados (fls. 554 a 588), la que apelada  por  el defensor fue confirmada por el Tribunal Superior de Cundinamarca con las  modificaciones anotadas en precedencia (fls. 81 a 110 c. Tribunal).   

LA  DEMANDA   

                                                Nulidades.   

                                                Cargo primero: Nulidad total de lo actuado.   

1.  Con  apoyo  en  la  causal  tercera  de  casación,  el  demandante  aduce  que  la sentencia impugnada fue dictada en un  juicio  viciado  de  nulidad, conforme a lo dispuesto en los numerales 2 y 3 del  artículo  304  del  Código  de Procedimiento Penal, “en razón a la indebida  motivación  de  las  providencias  que  definieron  la situación jurídica”.   

2.  Considera  que  se  vulneró  el  debido  proceso  porque  la providencia que definió la situación jurídica y la que la  adicionó   carecen  de  los  requisitos  legales,  por  lo  que  se  cerró  la  investigación   sin   haberse  cumplido  adecuadamente  con  dicho  presupuesto  procesal.  De paso se desconoció el derecho a la defensa, porque la ambigüedad  de  la Fiscalía en aquellas decisiones le impidió desarrollar una labor eficaz  de defensa.   

                                  3.  De  conformidad  con los principios que orientan la declaración  de  nulidad,  como  en  el  presente caso se vulneró el derecho de defensa y se  desconocieron  las  bases  del  debido proceso, no resulta posible convalidar la  irregularidad  denunciada,  la que se puso en conocimiento de la Fiscalía y del  Juez  de  la causa, sin que se obtuviera reconocimiento oportuno, situación que  obligó  a  su reclamación a través del recurso extraordinario, pues no existe  en el momento otro remedio procesal diferente.   

                                   4.  Solicita  a  la Corte casar la sentencia impugnada y decretar la  nulidad   de   lo   actuado   a  partir  de  la  definición  de  la  situación  jurídica.   

          Segundo  cargo:  Nulidad  parcial  de lo  actuado.   

                                                Presenta  el cargo como subsidiario del anterior y lo concreta a las  conductas  juzgadas  respecto  de  la  escuela  de Cañuelal, consignadas en los  hechos  8º  y  9º  de la sentencia de primera instancia o cuarto de la segunda  instancia.   

                                     

                                   Impugna  la  sentencia por haberse proferido en un juicio viciado de  nulidad,  por  violación  al  derecho  a la defensa (art. 304-3 del C.P.P.), en  relación  con la condena proferida por los delitos de peculado por apropiación  y  falsedad  ideológica,  por  los  pagos  de  los  trabajos  de  terminación,  ampliación  y  dotación  de la escuela de Cañuelal y los documentos suscritos  para ello.   

                                  Los  hechos con base en  los cuales se profirió la condena por  los  delitos  referidos  no fueron materia de interrogatorio en la diligencia de  indagatoria  o  ampliación de ésta, ni de ellos se hizo referencia específica  en  la definición de la situación jurídica, como tampoco se le imputaron como  cargo en la resolución de acusación.   

                                  No  puede proferirse sentencia condenatoria respecto de un hecho que  no  fue  objeto de investigación y en relación con el cual no se otorgaron las  debidas  oportunidades  de  defensa,  porque  con  ello se vulneraron garantías  procesales,  como  se desprende de la interpretación de los artículos 352, 385  y  360 del C. de P.P. y del criterio uniforme que en tal sentido ha expresado la  jurisprudencia y los organismos internacionales.   

                                   Solicita  a  la  Corte  que  se  case  parcialmente  la sentencia en  relación  con  la  condena  proferida  por  los delitos  a que se ha hecho  referencia  y  se  decrete  la  nulidad  de  lo  actuado  desde la diligencia de  indagatoria.   

                             Cargo  tercero:  Nulidad  parcial  de lo  actuado.   

                                           Como  subsidiario  de  los  anteriores,  señala que la sentencia de  segunda  instancia  se  dictó  en un juicio parcialmente viciado de nulidad por  violación  de  las  formas propias del juicio y  del derecho a la defensa,  según  lo  dispuesto  en los numerales 2 y 3 del art. 304 del C. de P. P., pues  se  omitió  la  práctica  de  pruebas indispensables, para tomar una decisión  acorde  con la verdad de lo ocurrido, a pesar de que el defensor insistió en la  necesidad  de ellas para aclarar lo relativo a la terminación y dotación de la  escuela  Cañuelal, actuaciones éstas con base en las cuales los sentenciadores  le  imputaron los delitos de peculado por apropiación y falsedad ideológica en  documento público.    

                                                La  inspección  judicial  que  se  practicó no se extendió a tres  obras   que  la  Fiscalía  y  los  funcionarios  del  conocimiento  dieron  por  inexistentes  sin  corroborar  objetivamente  su  realización: la reparación y  cambio  de  tubería  del acueducto municipal, la explanación y adecuación del  terreno  para  la construcción de la escuela de la Palma y la Reparación de la  escuela de Cañuelal.   

                                            

                                          De  las  conductas  relativas  a estas obras, se  profirió  fallo  condenatorio  por el delito de peculado por apropiación sólo  respecto  a la reparación de la escuela de Cañuelal y al darse por inexistente  la  obra  de  reparación  del  acueducto municipal se condenó por el delito de  falsedad documental.   

                                         Para  despejar  las  dudas sobre las obras de la  escuela  Cañuelal  y  a las referencias que a ella hacía ANGEL MARIA SANABRIA,  se  solicitó  una  inspección  judicial  y  un avalúo pericial, con lo que se  buscaba  determinar  que  la  obra  fue realizada y su valor aproximado, pero la  Fiscalía  no  se pronunció positivamente sobre la práctica de esta prueba y a  pesar   de   insistirse  ante  el  Juez  de  su  necesidad  para  determinar  la  materialidad  de  los  punibles se negó su realización, con lo cual se omitió  incorporar   al   proceso   pruebas   indispensables   para   el  objeto  de  la  investigación  a fin de resolver las dudas sobre la ejecución de la obra en la  escuela  Cañuelal y el monto de esa inversión, lo cual no se podía establecer  testimonialmente.  De  ahí  que  la  conclusión a la que llegó el fallador es  inadmisible,    violatoria   del   debido   proceso   y   del   derecho   a   la  defensa.   

                                                Solicita  a  la  Corte  que  se  case parcialmente la sentencia y se  declare   la   nulidad   de   lo   actuado   a   partir   del   cierre   de   la  investigación.   

Causal primera.  

Cargo  cuarto:  Violación directa de la ley  sustancial.   

                                  Tiene   relación   con  las  obras  de  la  escuela  Cañuelal  que  originaron  el  delito de peculado por apropiación. Se presenta este cargo como  subsidiario de los anteriores.   

                                                La  sentencia  impugnada  viola  directamente  la ley sustancial por  aplicación  indebida  del  artículo  133  del  C.P. y falta de aplicación del  inciso  segundo  del  artículo  19  de  la  ley  190 de 1995, modificatorio del  anterior, y por exclusión evidente del artículo 6º del C.P.   

                                  Se  profirió  sentencia condenatoria de primera y segunda instancia  por  delito  de  peculado por apropiación en cuantía de setecientos mil pesos,  monto  que  para  la  fecha de ocurrencia de los hechos era inferior a cincuenta  salarios  mínimos  mensuales.   Para  la comisión del reato se encontraba  vigente  el  artículo  133 del Código Penal, pero cuando se profirió el fallo  de  primera  instancia, la ley 190 de 1995 había modificado el citado artículo  y  consagró  para el caso que se analiza una pena menor, por ser el monto de lo  apropiado  inferior  a  cincuenta  salarios  mínimos. En forma inexplicable los  sentenciadores  de  instancia  optaron  por  aplicar,  en  lugar  de la sanción  atenuada, la agravada por la cuantía del artículo derogado.   

                                  La  sentencia  de segunda instancia dice que no se da aplicación al  artículo  19  de  la  ley  190  de  1995 porque al momento de los hechos estaba  vigente  la  redacción del artículo 133 del C.P.,  con lo que se reconoce  expresamente  la  existencia  de  la  norma  más  favorable,  pero  se omite su  aplicación (artículo 6º del C.P.).   

                                   El  impugnante  considera  que  se  trata de un caso de tránsito de  leyes  en  el  tiempo, en donde la norma posterior resulta más favorable que la  anterior  –  art. 133 del decreto 100 de 1890 -, por lo que no era viable omitir  la  aplicación  del  artículo  6º  del C.P. Este es un error que incide en la  pena  impuesta,  por  cuanto  se  partió del mínimo de la pena previsto por la  norma  subrogada (48 meses de prisión), cuando el mínimo vigente al momento de  dictarse la sentencia era de dieciocho meses de prisión.   

                                                 Solicita  a  la Corte casar parcialmente la sentencia en relación a  la  pena  impuesta  por  el delito de peculado por apropiación, para que se dé  aplicación  al  principio de favorabilidad y consiguientemente, se modifique la  sanción impuesta.   

                                                Cargo quinto: Violación indirecta.   

                                                Se  presenta como subsidiario del cargo primero de nulidad. Se acusa  al  Tribunal  de  haber incurrido en errores de apreciación en las pruebas y en  falsos  juicios  de  existencia  que  determinaron  la  condena por el delito de  peculado de uso del vehículo de placas OIB-259.   

                                                 1. Falso juicio de existencia.   

                                                El  Tribunal  excluyó de su análisis las declaraciones de los  testigos:  RICARDO  ALBERTO MORENO QUEVEDO, RAFAEL ALFONSO ROMERO ROMERO, CARMEN  JULIA  ACUÑA  REY  Y  LUIS  ENRIQUE LADINO MORENO, a pesar de obrar todas en el  expediente y gozar de plena validez jurídica.   

                                           Los  testigos  señalaron la costumbre que se tenía en el municipio  en  cuanto  al uso del vehículo Chevrolet Samurai desde cuando fue entregado en  comodato,   esto   es,   “como   vehículo  de  representación  personal  del  Alcalde”.  Por  consiguiente,  las  citadas  pruebas  demuestran  con ello que  durante  su  gestión  el  procesado  no  cambió  la destinación ni el uso del  mencionado campero.   

                                   De  haberse analizado las referidas pruebas, el fallo hubiese optado  por la absolución.   

                                           2.  Falso juicio  de identidad.   

                                   Afirma   el   impugnante   que   el   Tribunal  incurrió  en  falsa  interpretación  de  las  pruebas  sobre  las  que  fundó  la  sentencia,  como  consecuencia  de  un evidente error de hecho por tergiversación de su contenido  fáctico,  que  lo  llevó  a  encontrar  típica,  antijurídica  y culpable la  conducta del procesado y a definirla como dolosa.   

                                  Al  apreciar  el sentenciador el contrato de comodato del vehículo,  el  acta  de  entrega  a  la  Alcaldía  Municipal, el dicho del procesado y las  declaraciones  de ORLANDO SECHAGUA CASTRO, NANCY LEONOR PARDO ROMERO y ANA LUCIA  QUEVEDO  CASTRO,  tomó  solamente el hecho de haberse desplazado el procesado a  Maicao  en  el  vehículo  a  comprar  unos  computadores  y como no halló  autorización  para  ello acudió al contenido del citado convenio que limita el  uso  a  labores de mantenimiento, control del orden público interno municipal y  vigilancia   ciudadana,   deduciéndose   de   allí   el   indebido   uso   del  vehículo.   

                                   Se  desconoce,  con esta lógica, las circunstancias que rodearon el  hecho,  pues todos los testigos pregonaron que desde la llegada del vehículo al  Municipio  se  usaba  como carro de representación personal del alcalde, por lo  que  la  ciudadanía  y  las  partes  contratantes  tuvieron  como  normal  esta  situación, lo cual constituye una causal de inculpabilidad.   

                                           3.  Se dejaron de aplicar los artículos 10, 246, 249, 254 y 282 del  C.P.P.,  lo  que  llevó  al  fallador  a aplicar indebidamente el artículo 247  ibídem,  al  tener  como  plena  prueba  para  condenar  la que no reúne tales  condiciones  por carecer de entidad para demostrar la ocurrencia del delito y la  consiguiente  responsabilidad del procesado. Se violaron de manera indirecta los  artículos 3, 4, 5, 6, 40 numeral 4º , 36 y 134 del C.P.   

                                           4.  Solicita a la Corte casar la sentencia parcialmente en relación  con el presente cargo y absolverlo de toda responsabilidad penal.   

                                           Cargo sexto: Violación indirecta.    

                                           Lo  presenta  como  subsidiario  del  primer  cargo  de nulidad y lo  relaciona  con  la  condena  por  el delito de falsedad ideológica en documento  público,  determinado  por  la contratación de la obra de la escuela La Palma.  Plantea  el  impugnante que la sentencia atacada incurrió en errores de derecho  y  de  hecho,  por  lo  que  se impone un fallo absolutorio por inexistencia del  delito en el hecho a que se refiere este ataque.   

                                                1.  Error  de  derecho:  Falso juicio de legalidad, por apreciación  falsa de la declaración de RAMIRO SANABRIA ACOSTA.   

                                        El   Tribunal   no   se   percató  de  que  la  declaración  de  SANABRIA ACOSTA fue aducida al plenario sin el cumplimiento de  los  requisitos  legales: decreto, publicidad y contradicción. El 23 de mayo de  1994,  la  División  de  Investigaciones  Fiscales  y  Policía  Judicial de la  Contraloría  Departamental  de Cundinamarca recibió la declaración en comento  sin  que existiera causa penal en su contra, pues la resolución de la Fiscalía  que  ordenó  la  indagación  preliminar  tiene  fecha del 2 de junio del mismo  año,  cuando  la  declaración ya se había recibido, la que fue incorporada al  proceso  sin  ser  previamente  autorizada  por  la Fiscalía, ni posteriormente  ratificada por el deponente.   

                                   El  error  se  evidencia al fundamentar el Juez de segunda instancia  la  sentencia  en  una  prueba ilegalmente aportada, vicio que el Tribunal quiso  superar  dotándola  de  legalidad  sobre  la  base  de  suponer  que el testigo  SANABRIA  había  comparecido a la audiencia a ratificar su declaración, lo que  no es cierto que hubiese ocurrido.   

                                                          2.    Error    de    hecho:    Falso    juicio    de  existencia.   

                                   El  Tribunal excluyó de su análisis pruebas decretadas y recibidas  en  legal  forma,  que  comportan  una  realidad  diversa  a la que percibió el  fallador.   

                                                 El  Tribunal no valoró las declaraciones de RICARDO MORENO QUEVEDO,  CARMEN  JULIA ACUÑA REY, LUIS ENRIQUE LADINO MORENO Y JOSÉ DANIEL VILLAMARÍN,  tampoco  el  contrato  de  trabajo  de  RAMIRO  SANABRIA  ACOSTA.  Estas pruebas  demuestran  la  verdad  de  los hechos, esto es: 1) SANABRIA realizó la obra de  descapote  y  explanación  de  la  escuela  La  Palma,  y   2) Que por las  presiones  de  JUAN  PABLO  MORENO  o  por otras razones, aquél mintió ante la  Contraloría.   

                                                3. Error de hecho: Falso juicio de identidad.   

                                                El  Tribunal  realiza  una  falsa  interpretación de los hechos que  recogen  las  pruebas  sobre  las  que  se fundamenta la sentencia, dándoles un  alcance  diferente  a la realidad material que contienen y desviando su sentido,  yerro  que  llevó  a  responsabilizar  al  sentenciado  de  una conducta que en  estricto derecho no es ilícita.   

                                                Enuncia  las  pruebas  sobre  las cuales se estructuró la sentencia  condenatoria,  para decir, que a pesar de su contenido fáctico, el Tribunal vio  en  ellas  un  sólo  hecho: que la obra de la escuela La Palma no fue ejecutada  por  RAMIRO  SANABRIA  y  que  nunca  se realizó. Con fundamento en lo anterior  concluyó  que  se  estructuró  una  falsedad  ideológica  en  los  documentos  públicos  que afirman lo contrario, incurriéndose en esta forma en error, pues  tuerce  el  real  contenido  de  aquellas  ya  que  la obra sí se ejecutó y la  recibió  el  Municipio, como se desprende de la orden de trabajo 024 del 1º de  marzo  de  1994, el comprobante de realización de la obra de abril 29 del mismo  año,  la  constancia  de haberse recibido ésta, la resolución 127 de abril 29  ídem y el cheque 5389989 de la Caja Agraria de Gutiérrez.   

                                  Para  el actor, de las pruebas recaudadas sólo fueron soporte de la  decisión  censurada  las  declaraciones  de  RAMIRO SANABRIA, ANA LUCIA QUEVEDO  CASTRO  Y  JUAN  PABLO  MORENO,  en  las  que se incurrió en un falso juicio de  identificación  de  su  contenido  para concluir en la presencia de un ilícito  que no aparece demostrado en el plenario.   

                                   4.   Cita  como  normas  violadas  con  el  error  de  derecho,  los  artículos  1,  7,  8, 246, 247, 254, del C. de P.P. por falta de aplicación, y  3,  4,  5,  6  y 40 Num. 4 del C.P. y 36 y 119 ibídem por aplicación indebida.  Con  los  errores de hecho se violaron los artículos 246, 247, y ss, 282 y ss y  254   del   C.P.P.   por   falta  de  aplicación  y  247  y  254  por  indebida  aplicación.   

                                           Cargo séptimo: Violación indirecta de la ley.   

                                   Acusa  la  sentencia  por incurrir en errores de hecho, por falta de  apreciación   de   unas   pruebas  y  por  tergiversación  de  las  restantes,  relacionadas  con  el hecho que condujo a la condena del procesado por el delito  de  falsedad  ideológica  en  documento público, referido a la reparación del  acueducto municipal.   

                                   1. Error de hecho: Falso juicio de existencia.   

                                                El  Tribunal excluyó de su análisis pruebas legalmente allegadas a  los  autos,  que  contenían  una  realidad  diversa  a  la  contemplada  por el  fallador.  Las  pruebas  ignoradas  fueron  las  declaraciones de RICARDO MORENO  QUEVEDO, JOSE NICODEMUS JARA y LUIS ENRIQUE LADINO MORENO.   

                                                Estos  testimonios,  en  sentir  del libelista, muestran que IGNACIO  LESMES  MENDEZ  realizó  la  obra de reparación, mantenimiento y desinfección  del  acueducto  municipal y ante la carencia de cédula de ciudadanía, pidió A  JAIRO  ALBERTO CHAVEZ que le cobrara la cuenta para pagar a los trabajadores. En  estas  condiciones sólo mediante un error de hecho pudo el Tribunal colegir que  se  vulneró el bien jurídico de la fe pública, pues la conducta del procesado  lo  que  hizo  fue  salvar  una  cotidiana dificultad, sin causar daño a nadie.  Puede  que la conducta encuadre formalmente en la tipicidad del hecho, pero ante  su  falta  de  lesividad, es inocuo el daño al bien jurídico que protege la fe  pública y se impone la absolución.   

                                   2. Error de hecho: Falso juicio de identidad.   

                                   Enumera  las  pruebas  en las que se fundamentó el fallo de condena  con  base  en  las cuales el Tribunal encontró duda de si la obra se ejecutó o  no.  Sin  embargo,  colige de allí la existencia de una falsedad ideológica en  los  documentos  relacionados  de  que dan cuenta la reparación, mantenimiento,  limpieza y desinfección del acueducto municipal.   

                                   Los  documentos  públicos  informan  que  la obra la ejecutó JAIRO  CHAVEZ,  lo  que  es  desmentido por éste en cuanto a la ejecución, más no el  pago.  Así  las cosas, la conducta encuadra dentro de la tipicidad formal de la  falsedad  ideológica, pero el Tribunal no tuvo en cuenta otras razones, dadas a  conocer  en  la declaración de LESMES, como la de que la obra la ejecutó él y  que  por no tener cédula se valió de CHAVEZ para cobrar la cuenta, hecho éste  que  resulta  normal  y que demuestra la carencia de dolo, pues no hubo emisión  ni pago de cuentas en blanco.   

                                           Luego  de transcribir apartes de las declaraciones de CHAVEZ y de la  Tesorera    CARMEN    JULIA    ACUÑA,    señala    que   sus   versiones   son  contradictorias.   

                                   3.  Cita como normas violadas los artículos 10, 246, 247, 282, 445,  254 y 247 del C. de P.P. y 4, 5, 6, 40 Num. 4, 36 y 119 del C.P.   

                                           4.  Solicita  a  la  Corte  de  manera subsidiaria a lo pedido en el  primer  cargo  de nulidad, casar la sentencia en lo relacionado con este hecho y  absolverlo de toda responsabilidad penal.   

                            Cargo octavo:  Violación indirecta.   

                                                Como  subsidiario  de  los cargos de nulidad, el demandante acusa la  sentencia  por  falta  de  apreciación de unas pruebas y tergiversación de las  restantes.   

                                          

                             1.  Error  de  hecho:  Falso  juicio  de  existencia.   

                

                                                El  Tribunal ignoró las declaraciones de LUIS ENRIQUE LADINO MORENO  y  ANA  LUCIA  QUEVEDO  CASTRO, pruebas con las que se demuestra que ANGEL MARIA  SANABRIA  realizó  la  obra  de  la  escuela  Cañuelal,  que  transportó  los  materiales  LUIS  ENRIQUE  LADINO y que el Alcalde no se apropió de dineros del  municipio correspondientes a dicho rublo presupuestal.   

                                           La  omisión de tales pruebas llevó al fallador a concluir sobre la  existencia  del delito de peculado por apropiación y la falsedad ideológica en  documento público, cuando se imponía la absolución.   

                                                2. Error de hecho: Falso juicio de identidad.   

                                                Enumera  las  pruebas que tomó en consideración el sentenciador de  segunda  instancia  y  señala  que el Tribunal encontró demostrado el peculado  por  apropiación  con la comparación de las sumas recibidas por  SANABRIA  y  lo  que  costó la mano de obra, lo que arroja un faltante de setecientos mil  pesos  y  como se compraron los materiales con un giro adicional, se concluye en  la apropiación de aquella suma de dinero.   

                                          En   cuanto   a  la  falsedad  ideológica,  el  sentenciador  toma  las  declaraciones  de  SANABRIA  y  las  confronta  con los  documentos  expedidos  para  la  realización  de  la obra, al encontrar que él  solamente  ejecutó  los  trabajos,  sin  adquirir  materiales,  concluye  en la  consumación de aquél punible.   

                                                Nuevamente  el  Tribunal incurre en error, toda vez que el delito no  se  encuentra  demostrado,  haciendo  análisis  personales  del  testimonio  de  SANABRIA,  concluye  que el fallador debió absolver por inexistencia del delito  de  peculado por apropiación, inocuidad de la conducta frente al bien jurídico  tutelado  y  en  últimas  porque  esa  conclusión  la  imponía  la  duda y la  favorabilidad.   

                                   3.  Cita  como normas violadas los artículos 10, 246, 274 y ss, 282  y  ss,  254  y 445 del C. de P.P. por falta de aplicación y 247 por aplicación  indebida;  4,  5,  6,  y  40 Num. 4 por falta de aplicación y 36, 133 y 119 del  C.P. por aplicación indebida.   

                                           Cargo     Noveno:     Violación     indirecta     de     la     ley  sustancial.   

                                           Acusa  la  sentencia  por haberse incurrido en “ERROR DE DERECHO Y  ERROR  DE  HECHO”,  al condenar por falsedad en documento público con base en  los  soportes  a  que  se  refiere  el  suministro de materiales para la escuela  Cañuelal.    

                                                 1. Error de derecho: Falso juicio de legalidad.   

                                                La  declaración  de  GABINO ANTONIO MAYORGA ORJUELA fue aducida sin  el  cumplimiento  de los requisitos legales. El 27 de julio de 1994 la División  de   Investigaciones   Fiscales   y   Policía   Judicial   de  la  Contraloría  Departamental  de  Cundinamarca  lo  escuchó  en declaración, sin que para esa  fecha  el  procesado  estuviera  vinculado  al proceso penal y aquella nunca fue  ratificada por el declarante.   

                                   A  la  Fiscalía  se  solicitó la comparecencia de MAYORGA para ser  interrogado  sobre  los  hechos,  prueba  que fue negada y si bien el juzgado de  conocimiento  la  ordenó, nunca lo hizo comparecer a pesar de haberse insistido  a  través  de  repetidas  solicitudes.  De ello resulta que tal declaración es  secreta  en  un  juicio  ordinario,  errando  el  fallador  al considerarla como  fundamento de la decisión atacada.   

                                   2. Error de Hecho: Falsa juicio de identidad.   

                                   El  Tribunal  realizó  una  falsa interpretación de los hechos que  recogen  las  pruebas  sobre  las  que funda la sentencia, al desfigurar el real  sentido  de las mismas. Enumera los medios de convicción con base en los cuales  se  estructuró  la  sentencia  y  señala  que  el  fallador  sólo  vio que la  adquisición  de  materiales  no  fue  hecha por GABINO ANTONIO MAYORGA sino por  GENARO  ROMERO  y  colige  de  lo  anterior el delito de falsedad ideológica en  documento  público,  por  cuanto  que los documentos en este caso sólo prueban  que   aquél   suministró   los   materiales   con  destino  a  la  escuela  de  Cañuelal    y   que  el  municipio  de  Gutiérrez  recibió  y  pagó  su  precio.   

                                           El  Tribunal  sustentó  su decisión en dos pruebas, las que fueron  falsamente  interpretadas.  Se  trata  de  las  declaraciones  DE GABINO ANTONIO  MAYORGA  ORJUELA  Y  ANGEL MARIA SANABRIA, testimonios que analiza para concluir  que  se  efectuó una falsa interpretación de los hechos materiales que recogen  aquellas  y así se halló responsabilidad por falsedad ideológica, sin existir  ella, toda vez que las pruebas analizadas dicen lo contrario.   

                                           3.  Cita como normas violadas los artículos 1 y 7, 8, 246, 254, 274  y  ss,  282 y ss 445, y 247 del C. de P.P. y 3, 4, 5, 6, 40 Num. 4, 36 y 119 del  C.P.   

                                   4.  Solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia  y absolver de toda  responsabilidad.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PUBLICO   

                                   El  Procurador Tercero Delegado en lo Penal rinde su concepto en los  siguientes términos:   

                                                La  demanda  con la presentación de los cargos en forma subsidiaria  pretende  corregir  las  contradicciones  que  se  presentan en su enunciación.   

                                                1. Causal de nulidad.   

                                                Cargo primero.   

                                           La  vulneración  del  debido proceso por falta de motivación de la  providencia   que  resolvió  la  situación  jurídica  y  la  resolución  que  adicionó  ésta,  es  una proposición que obedece a una inadecuada lectura que  de  la  citada  pieza  procesal  hace  el  demandante,  porque  su texto permite  concluir   que   la   Fiscalía  en  forma  pormenorizada  reseñó  los  medios  probatorios  aportados  al  expediente  y  los  hechos punibles que con ellos se  podían  probar, realizó el análisis de los delitos y determinó la existencia  de  los  requisitos  exigidos por la ley para proferir medida de aseguramiento y  por ello resulta equivocada la presentación del cargo.   

                                                 Cargo segundo.   

                                                La  Fiscalía  y el Juzgado enunciaron las irregularidades cometidas  en  la celebración de los contratos, las cuentas de cobro y pago de las mismas.  Entre  estos  hechos, se relacionó la construcción de la obra en la escuela de  Cañuelal.   

                                                En   la  providencia  que  resolvió  la  situación  jurídica  del  implicado  se  relacionaron  los testimonios de ANGEL MARIA SANABRIA HERNANDEZ y  en  las consideraciones del despacho se habla de la ocurrencia de los delitos de  peculado  por  apropiación.  En  la  resolución  de  acusación  al hacerse el  análisis  probatorio  la  Fiscalía  se  refiere  a las declaraciones de GABINO  MAYORGA  Y ANGEL MARIA SANABRIA, haciéndose alusión concretamente a la obra de  la escuela de Cañuelal.   

                                  En  la  diligencia de indagatoria se preguntó al procesado sobre la  firma  de  cuentas  en  blanco, su cobro y la entrega del dinero que a él se le  hacía,  pues  éste  fue un comportamiento normal y generalizado del Alcalde en  numerosas obras.   

                                                En  la  diligencia  de  audiencia  pública,  el  juez  de  la causa  interrogó  al  acriminado  en forma detallada sobre la construcción de la obra  de  la  escuela  Cañuelal,  explicando  aquél  su  comportamiento y negando la  apropiación del dinero.   

                                   Conocía  el  procesado los cargos que se le estaban haciendo por la  obra  en  mención,  tan  es  así,  que  solicitó la práctica de pruebas y la  ampliación  de  los  testimonios  que  lo implicaban en el hecho. No se observa  vulneración  del  derecho  de  defensa  ni de la posibilidad de ejercer el  derecho de contradicción.   

                                           Cargo tercero.   

                                           El  delito  de  peculado por apropiación por la suma de setecientos  mil  pesos,  imputado  al  procesado,  se  dedujo del testimonio del maestro que  realizó  los  trabajos en la escuela Cañuelal y de la cuenta de cobro a nombre  de GABINO MAYORGA por materiales para la misma obra.   

                                   En  la  imputación  del  delito  de peculado por apropiación no se  puso  en  duda  la  construcción de la escuela, razón por la cual no se hacía  necesario  la  práctica de una inspección judicial, pues con ello no se podía  constatar  la  no  apropiación  de setecientos mil pesos en dinero efectivo que  finalmente perjudicó el patrimonio del Estado.   

                                                 Causal Primera.   

                                           Cargo cuarto.   

                                           El  artículo  133 del Decreto 100 de 1980, sin modificar, señalaba  una  pena  de  4  a  15  años de prisión cuando el valor de lo apropiado en el  delito  de  peculado  pasara  de quinientos mil pesos; el artículo 19 de la Ley  190  de  1995  modificó  su  texto y consagró una pena de 6 a 15 años para el  tipo  básico  de  peculado,  señalando  en  su  inciso  segundo que, cuando lo  apropiado  no supera el valor de 50 salarios mínimos legales mensuales, la pena  debe  disminuirse  de  la  mitad  a  las tres cuartas partes. No obstante ser la  norma  posterior  favorable,  al  procesado  se  le  aplicó  la pena del citado  artículo 133.   

                                                El  artículo  6º  del C.P. consagra el principio de favorabilidad,  precepto  de  contenido sustancial que debe operar en el caso concreto. La norma  posterior  consagra  una  pena  mínima  menor  que la señalada en el artículo  original,  así  que  atendiendo a lo señalado por el principio en mención, se  observa  una  aplicación  indebida  del artículo 133 del Decreto 100 de 1980 y  una  falta  de  aplicación del articulo 19 de la ley 190 de 1995, motivo por el  que el cargo debe prosperar.   

                                                Se  solicita la casación parcial de la sentencia a efecto de que la  Corte  profiera  la  que  corresponda en relación con la dosificación punitiva  respecto  del  cargo  de  peculado  por  apropiación, dándose aplicación a la  norma  más favorable al procesado, partiendo de la pena mínima señalada en el  artículo  19  inciso segundo de la ley 190 de 1995, modificatoria del artículo  133 del C.P.   

                                           Cargo quinto.   

1. Falso juicio de existencia.  

                                           No  le  asiste razón al libelista, pues los juzgadores de instancia  tomaron  en  consideración la circunstancia probada en autos de la realización  de  un  viaje  hacia la ciudad de Maicao (Guajira), lejos de la circunscripción  territorial  del  Alcalde  de Gutiérrez, hecho sobre el cual no se pronunciaron  los  testigos citados por el libelista y en estas condiciones no se puede hablar  de  haberlos  desconocido,  pues  se  refirieron  a  aspectos distintos al hecho  imputado.   

                                           Se  queja  el  libelista de que se ignoró la costumbre sobre el uso  dado  al  vehículo  en  el municipio, pero la reiteración de la conducta no le  cambia  su  connotación  ilícita  y  además  ninguno  dio  noticia que con el  vehículo  se  hiciesen  desplazamientos  a  esas  distancias.  El  contrato  de  comodato  no  incluía  ese  tipo  de  viajes, respecto del cual no se demostró  cabalmente el motivo.   

                                           Que  no  se  consignara en forma expresa lo dicho por estos testigos  en  la  providencia,  no significa que no se hayan valorado en el contexto de la  decisión   los   medios   probatorios;   estos,  según  se  desprende  de  las  consideraciones  de  la  sentencia  impugnada,  no ofrecieron suficiente certeza  para  desvirtuar  los  demás  medios  de prueba que le sirvieron de fundamento.   

                                                        2.  Falso  juicio de identidad.   

                                   No  le  asiste  razón  al  libelista porque las pruebas vertidas al  expediente   fueron   apreciadas  por  el  Tribunal  en  su  real  sentido,  sin  tergiversación   alguna  y  con  ellas  se  demostró  la  responsabilidad  del  procesado en el delito que se investigó y juzgó.   

                                           La  forma  como  según  el  libelista  debe interpretarse la prueba  recogida  para  respaldar  una  costumbre  reiterada  sobre  la utilización del  automotor,  es  una  apreciación  personal  que  no desvirtúa la comisión del  ilícito,  para  el  cual se tomó en consideración el hecho del desplazamiento  hacia  la  costa  en  el  automotor  porque  era  precisamente  lo que se estaba  investigando.   

                                                Cargo sexto.   

                                  1.   Falso   juicio  de  legalidad  por  apreciación  falsa  de  la  declaración de RAMIRO SANABRIA ACOSTA.   

                                  El   ex-alcalde   de  Gutiérrez  denunció  ante  la  División  de  Investigaciones   Fiscales   y  de  Policía  Judicial  de  la  Contraloría  de  Cundinamarca  algunas  irregularidades  cometidas por ROMERO MORALES. Dentro del  ámbito  de  su  competencia  se  recibieron  varias  pruebas,  entre  ellas  la  declaración  de  RAMIRO  SANABRIA,  la  que  se  recibió  con  sujeción a las  formalidades   señaladas   en   el  Código  de  Procedimiento  Penal  para  su  práctica.   

                                   La  investigación  penal  se  inició con fundamento en las pruebas  aportadas  por  la  Contraloría, las que tienen el valor de prueba trasladada y  se  aprecian   en  el  proceso  penal  de acuerdo con las reglas de la sana  crítica  siempre que sean válidamente practicadas, como en el presente caso, y  se  le  da  este  carácter, por cuanto fueron realizadas antes de la existencia  del  proceso penal. Las que se practicaron por expresa comisión de la Fiscalía  luego de iniciado el proceso penal, ostentan otra calidad.   

                                           La  queja  se  centra  en  el  hecho  de  no  haberse  ratificado el  testimonio   de   SANABRIA  dentro  del  proceso  penal,  vicio  que  según  el  demandante,  impide tener la prueba como fundamento de la sentencia. Sin embargo  se  observa  que  el  Tribunal  tomó  en  consideración  para  fundamentar  la  responsabilidad  de ROMERO para este delito de falsedad, no solo la declaración  inicial  vertida  por  aquél al proceso, sino también otros medios probatorios  que  determinaron  que  en  la  orden  de  trabajo y la cuenta de cobro girada a  RAMIRO  SANABRIA  se  consignaron  mentiras  que  determinaron  la comisión del  delito de falsedad en documento público.   

                                  2.  Falso  juicio de existencia por falta de apreciación de pruebas  legalmente aportadas al proceso.   

                                                En  este  punto  y por coincidir la argumentación del libelista con  la  expuesta en el cargo anterior, reitera la Delegada lo expresado, en cuanto a  que  no  existió  desconocimiento  de  la  prueba  por parte del Tribunal en la  sentencia.   

                                           El  ad  quem apreció los documentos obrantes en el expediente sobre  la  obra  de  la explanación de la escuela La Palma, la declaración inicial de  Ramiro  Sanabria  y  de  la Secretaria de la Alcaldía, quienes manifestaron que  con  los  dos millones cobrados por aquél y entregados al Alcalde se cancelaron  algunas  deudas  pendientes  de  la  celebración  de las ferias y fiestas de la  población.   

                                           Con  el  cheque  de dos millones de pesos, la cuenta de cobro con la  que  se  respaldó y la orden de trabajo respectiva, no se estaban cubriendo los  gastos  allí  referidos  sino deudas por las ferias y fiestas del municipio, de  ahí  que por tales inexactitudes se imputara el delito de falsedad en documento  público,   razón  por  la  cual  no  le  ofrecieron  certeza  los  testimonios  señalados por el libelista como dejados de apreciar.   

                                  3.  Falso  juicio   de   identidad  por  tergiversación  del  contenido  fáctico  de  las  pruebas.   

                                           Se  aduce  falso  juicio  de identidad respecto a la declaración de  RAMIRO  SANABRIA, sobre la cual se ha afirmado en el mismo cargo falso juicio de  legalidad,   por   lo   que   se  presenta  un  quebranto  al  principio  de  no  contradicción.   

                                           Hay  que  decir  que  este  testimonio  sí fue apreciado en su real  contenido,  sin  tergiversaciones  de ninguna especie, pues lo que se afirma con  ella  es que se canceló una suma de dinero en apariencia por una obra realizada  en  favor  del  Municipio, pero con ese dinero se pagaron otras obligaciones que  nada  tenían  que ver con la obra de adecuación del terreno para la escuela de  La  Palma.  Esta declaración fue corroborada por el testimonio de la secretaria  de la Alcaldía.       

                                  Sobre  los  demás  testimonios,  el recurrente se limita a señalar  una  serie  de  críticas,   sin  que  en  la  forma de interpretación del  Tribunal  del  sentido  de  lo  expresado por los declarantes, se observe que se  haya tergiversado lo dicho por ellos.   

                                                Cargo Séptimo.   

                                                No debe prosperar por las siguientes razones:   

                                            

                                         1.  Falta  de apreciación de pruebas legalmente  obrantes en el plenario.   

                                                Las  pruebas que  señala  el  actor  como  excluidas  demuestran  que  el acueducto del municipio  presentó  un  daño  y  se  reparó,  pero  para  nada  inciden  en la falsedad  ideológica  imputada  al  procesado,  porque  el punible consistió en girar un  cheque   a   nombre   de   otra   persona   y   no   pagar   con   él  la  obra  realizada.   

                                                No  fueron  ignoradas  las declaraciones indicadas y aun cuando así  hubiese  sido,  ninguna trascendencia tenían para desvirtuar la responsabilidad  de   ROMERO,   razón   por   la  cual  no  fueron  mencionadas  dentro  de  las  consideraciones  del  Tribunal. No le asiste razón al censor en la formulación  de este cargo.   

               2. Falso juicio de identidad por  tergiversación  del contenido fáctico de las pruebas.   

                                                Afirma  el  censor que entre las declaraciones rendidas por CHAVEZ y  la  Tesorera  del municipio que sirvieron de base a la sentencia condenatoria se  aprecian  una  serie  de contradicciones que desvirtúan su dicho, especialmente  en  lo  relativo  a  la  firma  de  cuentas  de cobro en blanco, pero el aspecto  central  de  la  acusación  radica  en el hecho de que el dinero cobrado no fue  entregado  a  LESMES, como se afirma, sino que se pagaron otras cuentas con él,  como la elaboración de una tarima para las fiestas del pueblo.   

                                         No de otra forma podía el Tribunal apreciar los  testimonios  y  los  documentos  aportados  al  expediente  que  lo  llevaron al  convencimiento  de la realización del hecho punible, por lo que no se demostró  tergiversación   alguna   por   parte   del   fallador.   El   cargo   no  debe  prosperar.   

                                                Octavo cargo.   

                                   No   le  asiste  razón  al  casacionista,  por  lo  que    debe   ser  desestimado.   

1.  Falso juicio de existencia por falta  de apreciación de pruebas.   

                                                Los  testimonios  de  LUIS  ENRIQUE  LADINO  Y  ANA LUCIA QUEVEDO se  dejaron  de  apreciar,  con los cuales se concluía la efectiva construcción de  la  obra en la escuela Cañuelal, la entrega de materiales para la misma y la no  apropiación de dineros por el alcalde.   

                                                Los   citados   testimonios   sí  se  tuvieron  en  cuenta  por  el  sentenciador   en  diversas  oportunidades,  lo  que  ocurre  es  que  ellos  no  desvirtúan   la   apropiación  de  setecientos  mil  pesos  que  debieron  ser  destinados  para  la  compra  de  materiales  y  lo relativo al contenido de los  documentos,  con lo que se configuran los delitos de peculado por apropiación y  falsedad en documento público.   

                                                2.   Falso   juicio   de   identidad   por   indebida   apreciación  probatoria.   

                                                 El  casacionista  se  limita a denunciar el error y a indicar lo que  ha  debido  concluirse  de  los  testimonios analizados, en contraposición a lo  dicho  por  el  ad  quem.   Se  alude  además  a  que  no  conducen  a  la  demostración  del  error  invocado,  cayendo  en argumentaciones propias de los  alegatos de instancia.   

                                                Transcribe  apartes de la declaración de SANABRIA para indicar qué  quiso  decir  este  testigo y qué debe desprenderse de lo expresado, con lo que  llega  a  una conclusión diferente a la del Tribunal, sin que ello implique que  se  presentó  una  tergiversación  del testimonio o un cambio de sentido de lo  dicho.   

                                   El  cargo  debe ser desestimado porque no le asiste razón al censor  sobre  la  formulación  al  no  existir  error  en  la sentencia respecto de la  valoración probatoria.   

Noveno cargo.  

Debe  ser  desestimado  por  las  siguientes  razones:   

                                    1.  Falso  juicio de legalidad en la apreciación de la declaración  de GABINO ANTONIO MAYORGA ORJUELA.   

                                           La  Fiscalía  comisionó  a  la  Contraloría para realizar algunas  diligencias   dentro  del  trámite  de  la  investigación  preliminar  que  se  adelantaba,  recibiéndose  algunas  declaraciones,  entre  ellas  la de MAYORGA  ORJUELA.  No  es  cierto  que  haya  sido  ilegal  su aporte al proceso, pues se  practicó  con  todos  los  requisitos  y  al  momento  de ser apreciada por los  juzgadores  de  instancia  se  hizo  en  conjunto  con  el  resto  del  material  probatorio  que  demostraba  la ocurrencia del delito de falsedad ideológica en  documento público.   

                                         2.  Falso  juicio  de  identidad  por  indebida  interpretación de las pruebas.   

                                   El  recurrente  no  presenta  un  argumento de peso que demuestre la  tergiversación  del   sentido  de  las  declaraciones  de GABINO MAYORGA y  ANGEL MARIA SANABRIA.   

                                           Es  cierto  que  MAYORGA compró materiales directamente o a través  de  GENARO  ROMERO,  pero  también lo es que no lo hizo con los setecientos mil  pesos  correspondientes  al  cheque  cobrado  por  SANABRIA,  sino con un dinero  adicional,  correspondiente  a  otra cuenta de cobro y producto de un cheque que  el  propio  MAYORGA cobró, con lo que el censor no demostró error alguno en la  interpretación de la prueba.   

                                                CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

                                           Nulidades.   

                                                 1.  Según el impugnante, se vulneró el debido proceso por indebida  motivación  de  la resolución del 10 de agosto de 1994 por medio de la cual se  resolvió  la  situación jurídica y la de fecha 6 de septiembre del mismo año  que  adicionó  la  anterior,  pues  en  su  sentir,  carecen  de los requisitos  legales,  y  además  aquellas  resultan  ambiguas  en  la determinación de los  hechos   y   las   pruebas,   con  lo  cual  se  desconoció  el  derecho  a  la  defensa.   

                                                La  violación  al  debido proceso por defectos de motivación de la  resolución  que definió la situación jurídica obligaba a la demostración de  que  se careció de ella, o que la dada fue dilógica o incompleta. El censor en  esta  oportunidad  no  acierta  en  la invocación del vicio de actividad que le  acredita  al  proceso,  pues  el  ente acusador hizo las precisiones fácticas y  jurídicas  requeridas  respecto  de  las  circunstancias  que hasta ese momento  registraba  el  expediente,  exponiéndose  fundamentos coherentes y apoyados en  las  pruebas  recopiladas,  de  tal  manera  que  lo que realmente  resulta  ilógico  en  este  caso  es  precisamente  el  que el actor no encuentre en las  providencias censuradas lo que ellas contienen.   

                                   Basta  leer  el texto de las resoluciones cuestionadas para advertir  que  no  le  asiste  razón al casacionista, toda vez que lo que emerge de   aquellas   es   que   la  Fiscalía  hizo  precisión  fáctica,  determinó  la  calificación   jurídica   provisional,   poniendo   de   presente   las  penas  establecidas  en  las  disposiciones  respectivas  del  Código Penal, pasando a  discriminar  los elementos probatorios y a hacer las consideraciones penales que  aquellas  imponían  a  la  situación,  de  tal  manera  que se concluyó en la  necesidad  de  imponer  medida  de  aseguramiento  por  los  delitos de falsedad  ideológica  en  documento  público, peculado por uso, peculado por aplicación  oficial  diferente  y  celebración  indebida de contratos. En consecuencia, sin  ningún  esfuerzo  se establece que la inobservancia de los requisitos atribuida  a dichas decisiones no resulta acorde con la realidad procesal.   

                                           A  juicio de la Sala, en este caso no se  está en presencia de  irregularidad   alguna  violatoria  del  debido  proceso,  como  tampoco  se  ha  quebrantado  el  derecho  a  la defensa, pues del contexto de la providencia que  resolvió  la  situación  jurídica del procesado emerge el cumplimiento de los  requisitos   legales,   por   lo  cual  el  cargo  resulta  infundado,  debiendo  desestimarse.   

         

                              Agréguese,  de  otra  parte,  que  las  eventuales  fallas  que  pueda  presentar  la resolución que decreta   una  medida  de  aseguramiento  no pueden por sí solas, constituir motivo   que  conduzca  a  causal de casación, sobre todo por su carácter eminentemente  provisional,  afirmación  que permite concluir en la inocuidad del ataque a tal  medida,  es  decir a la intrascendencia  del cargo. Recuérdese que aquello  que  se  afirma  en un auto detentivo es una muestra de responsabilidad que  no    comporta     necesariamente    una    imputación    definitiva    ni  inmutable.   

                    

                                                 Se  desprende  de  lo  anterior, por contera, que hacer cargos a tal  resolución,  aisladamente  observada,  hace  que  el  esfuerzo del casacionista  carezca  de  trascendencia  pues  no  se  ve  cómo  ello  puede  repercutir con  importancia en la sentencia.   

                                       

                                                 2.  Afirma  el  actor  que  se  violó  el  derecho de defensa al no  habérsele  impuesto  en la indagatoria los delitos de peculado por apropiación  y  falsedad  ideológica en documento público, pues no se le interrogó por los  trabajos  de  terminación,  ampliación  y  dotación  de la escuela Cañuelal.  Agrega  que  tampoco  se hizo  pronunciamiento sobre ello en la providencia  que  resolvió la situación jurídica, ni en la resolución de acusación, pues  solamente   se   enunciaron,  y  en  estas  condiciones  el  sindicado  no  tuvo  oportunidad  de  dar  explicación  alguna  sobre  ello durante la instrucción.   

                                  En  la  diligencia  de  indagatoria  y  ampliación  de la misma, al  procesado  se  le  hizo  saber  de  los  hechos que echa de menos en el presente  cargo,  así  se puede constatar con una simple ojeada a los folios  21, 87  a  89,  105  a  109,  151,  172, 220, 226, 229 y 404 a 406 del cuaderno original  número uno.   

                                     

                                                 En   la   providencia  que  resolvió  la  situación  jurídica  (F  – 210)  al efectuarse  el  análisis  probatorio pertinente se hizo expresa referencia al testimonio de  ANGEL  MARIA  SANABRIA  HERNANDEZ,  quien alude a los hechos relacionados con la  obra  de  la  escuela  de  Cañuelal.   Además  en las consideraciones del  citado   proveído se dice que es dable afirmar que la conducta investigada  corresponde  al  tipo penal de peculado por apropiación, y que se vislumbra una  posible  adecuación  al  tipo penal de la falsedad ideológica en lo atinente a  los  documentos  medio  del  ilícito  reseñado, delito este último al cual se  hizo  extensiva la medida de aseguramiento impuesta al procesado en el proveído  de  fecha  septiembre  6 de 1994, mediante el cual se adicionó el que resolvió  inicialmente la situación jurídica.   

                                   En  la resolución de acusación, en el numeral octavo de los hechos  (  Fls.  245  a  247 del C.O.1), la Fiscalía hace un  análisis probatorio  sobre  la  obra  de  la  escuela  Cañuelal,  refiriéndose a los testimonios de  GABINO  ANTONIO MAYORGA ORJUELA y ANGEL MARIA SANABRIA HERNANDEZ, así como a la  prueba  documental obrante a folios 18 y siguientes, donde aparecen relacionados  todos los soportes de las cuentas referidas por los declarantes.   

                                         En  la  diligencia de audiencia pública el Juez  del  conocimiento  interrogó  al procesado sobre todos y cada uno de los hechos  por  los  cuales se le acusaba y en forma extensa y  detallada le preguntó  sobre  la  construcción  de  la  obra de la escuela Cañuelal (folios 367 a 369  c.o.  No  3).  El  procesado procedió a explicar su comportamiento y a negar la  apropiación del dinero.   

                                  Para  la  Sala  no  admite  duda  que  el  procesado  ROMERO MORALES  conocía  los  cargos  que se le estaban haciendo en relación con la obra de la  escuela  Cañuelal,  pues  lo  cierto  es  que  tanto él, con experiencia en el  ejercicio  de  la  profesión  y dominio en el campo penal, como lo demuestra la  demanda  de  casación que personalmente ha presentado en esta ocasión, como su  defensor,   solicitaron  la  práctica  de  pruebas  y  la  ampliación  de  los  testimonios  que implicaban al acusado en este hecho, luego no se puede sostener  que  desconocía  la  formulación  de  cargos  por  las  irregularidades  en la  construcción de esta obra.   

                                  Así  las  cosas, no se observa motivo alguno para dar por vulnerado  el  debido proceso, el derecho de defensa, o el de contradicción, por lo que no  le asiste razón al impugnante en la formulación del cargo.   

                                     

                                   3.  Se  solicita  la  nulidad  parcial de la actuación a partir del  cierre  de  la  investigación, para que se practique una inspección judicial y  un  avalúo pericial en la escuela Cañuelal, por cuanto se negó su práctica y  en  sentir  del  censor,  estas  pruebas  solicitadas son “indispensables para  resolver  las  dudas planteadas, sobre el monto de la inversión realizada en la  obra”.   

                                   La  no incorporación de una prueba no es fundamento suficiente, por  sí  solo,  para  configurar  un motivo de nulidad por violación del derecho de  defensa  o  por  quebrantamiento  del  debido  proceso,  menos cuando como en el  presente  caso  no  se  reclamó  dentro  de  la  oportunidad  procesal  con los  instrumentos  jurídicos  que  el  legislador  tiene  establecidos  para ello, y  además  se  dejó  sin  determinar  la  incidencia  de ello en la decisión del  juzgador.   

                                                     

                                  Los  funcionarios  judiciales  no pueden estar obligados a practicar pruebas que  no  tienen  relación directa con el hecho determinante del delito investigado o  juzgado,   como  ocurrió  en  el  sub  judice,  pues  aquellos  en  su  momento  sostuvieron  que  lo  importante  no  era constatar la construcción de la obra,  porque  lo  fundamental  era  la  apropiación ilícita de una suma de dinero en  efectivo,     apoderamiento     que     estaba    demostrado    testimonial    y  documentalmente.    De  esta  manera,  la  denegación  de  la  prueba  por  inconducencia  deja incólumes las garantías de los sujetos procesales, máxime  si  se  contó con abundante prueba que daba certeza respecto del objeto materia  de  investigación,  conforme  con  los  señalamientos  del  artículo  334 del  C.P.P.   

                                   El  demandante  pretende  fundar su aspiración en  la cita que  hace  del  Tribunal  en  cuanto  a  que  se  dijo que no se había demostrado la  existencia  de  la  obra de la escuela. Esta referencia a pesar de ser cierta no  le  da  la  razón  al  peticionario, no sólo por lo que se ha venido diciendo,  sino  porque esa afirmación no incidió en la imputación del peculado. Así se  debe  entender  el  fallo  de  segunda  instancia, en virtud del principio de la  unidad  jurídica,  pues no modificó lo señalado por el de primera instancia y  allí  se  sostuvo  que  aparecía GENARO MORALES recibiendo dos veces el dinero  para  la  compra  de  los  materiales  de  la  escuela  Cañuelal, de los cuales  quedaron  con  soporte  contable  los $693.773 que cobró GABINO ANTONIO MAYORGA  ARJUELA  y  a  su  vez quedaron sin respaldo los $700.000 de la cuenta con ANGEL  MARIA SANABRIA HERNANDEZ, sobre los cuales se imputa el peculado.   

                                           Se  concluye que no existe motivo de nulidad, por lo que el cargo no  prospera.   

                                                 Violación directa de la ley sustancial.   

                                                1.  En  el  cargo  cuarto,  se indica por el impugnante que existió  aplicación  indebida  del  artículo  133  del  decreto  100 de 1980 y falta de  aplicación  del  inciso  segundo  del artículo 19 de la ley 190 de 1995,   que  modificó  aquella  disposición,  con  lo que se inaplicó el principio de  favorabilidad consagrado en el artículo 6º del Código Penal.   

                                           2.   La   ley   penal   sustancial   o  procesal  penal  de  efectos  sustanciales,  si  es  permisiva,  aún  cuando  sea  posterior, en el evento de  sucesión  de  leyes  en el tiempo, se aplica de preferencia a la desfavorable y  tiene,  por  lo  tanto, efecto retroactivo o ultraactivo. La aplicación de este  principio  obliga  a  realizar en cada caso en concreto una confrontación entre  la  disposición vigente al momento de la comisión del hecho y las dictadas con  posterioridad,  para  poder  determinar  cuáles  resultan  más beneficiosas al  sindicado    o    condenado    y   adoptar   las   decisiones   que   legalmente  correspondan.   

            

                                 3. Viniendo a la situación a que se refiere la  censura,  tenemos que por ser la disposición vigente a la fecha de la comisión  del  reato,  en  la  resolución  de  acusación,  en  la sentencia de primera y  segunda  instancia  se  le  atribuyó  al procesado el tipo penal previsto en el  inciso  segundo  del  artículo  133  del decreto 100 de 1980, modificado por el  artículo  2  de la ley 43 de 1982, disposiciones que establecían una pena de 4  a  15  años  de  prisión,  multa  de  veinte  mil  a  quinientos  mil  pesos e  interdicción  de  derechos y funciones públicas de dos a diez años, cuando el  objeto material de la conducta pasara de quinientos mil pesos.   

                            4.  El  artículo  19  de  la  ley  190  de 1995  modificó  la legislación penal referida en el párrafo anterior, estableciendo  una  pena  principal  de  6  a  15  años de prisión, pero en el inciso segundo  disminuyó  aquella considerablemente, de la mitad a las tres cuartas partes, si  el  valor  de  lo  apropiado  no supera los cincuenta salarios mínimos legales,  quedando  en  este  caso  en  cuanto  a  la  sanción un límite mínimo de 18 y  máximo de 90 meses de prisión.   

                                         5.  Como  puede  observarse  con  la simple comparación de las dos  disposiciones  en  mención,  la  pena  principal  conforme a la norma  vigente  para  la  época  de  los  hechos,  el  art. 133 del C.P., resulta más  gravosa  para  el  procesado,  dado  que  el  peculado  atribuido  al  procesado   es  inferior  a 50 salarios mínimos de entonces  ($4.935.000),  motivo por el cual aquella disposición no tiene aplicabilidad en  el  sub  judice, por cuanto que en gracia al principio de favorabilidad, procede  la aplicación retroactiva del artículo 19 de la ley 190 de 1995.   

                                                6.  El Tribunal en la sentencia recurrida no acepta el planteamiento  de  la  defensa  que  ahora  es  motivo  de  casación, y sobre el particular se  pronuncia así:   

“(…).Discrepa   la   Sala   de   esta  apreciación  por  cuanto  el  juzgado  no  tuvo  en  cuenta en la tasación, la  modificación  del  punible  establecida en el art. 19 de la ley en cita, por no  ser  aplicable,  como quiera que el hecho se produjo en 1994. Esto es, que le es  aplicable  la pena impuesta en el art. 133 C.P. modificado por la ley 43 de 1982  pues  en  su  art.  2° establece que cuando el valor de lo apropiado supere los  quinientos  mil  pesos, la pena será de cuatro a quince años de prisión y fue  de ese mínimo legal que partió el a-quo”.   

                                                7.  Acorde  con  lo  que  se  ha  señalado,  en  este  caso la Sala  encuentra  que  le  asiste razón al demandante y al Ministerio Público, por lo  que  se  casará  parcialmente  la  sentencia, en relación con la dosificación  punitiva  respecto  del cargo de peculado por apropiación, y para tal efecto se  dará  aplicación a la norma más favorable a los intereses del procesado, esto  es,  al  inciso  segundo del artículo 19 de la Ley 190 de 1995 que modificó el  artículo 133 del Código Penal.   

                                                El cargo prospera.   

                              Violación   indirecta   de   la   ley  sustancial.   

                             1.  Con apoyo en el cuerpo segundo de la  casual  primera  de  casación,  el  demandante  acusó el fallo del Tribunal de  haber  desconocido  indirectamente  la  ley  sustancial,  en  los cargos quinto,  sexto,  séptimo, octavo y noveno, por lo que se procede a hacer un análisis en  conjunto   respecto   a   los   yerros   que  resultan  comunes  a  aquellos,  e  individualizándose   los   aspectos   que   sean  necesarios  para  decidir  el  reproche.   

                                                 2.  Para  que la Corte estudie de fondo las acusaciones que  se  hacen  sobre  la  legalidad de la sentencia recurrida es menester que la demanda  haya  observado  los  requisitos  formales que se establecen en el artículo 225  del  C.P.P.,  relativos a la selección adecuada de la causal, su desarrollo, la  demostración  de  los cargos y la petición que debe corresponder con lógica a  los  principios  que  gobiernan el recurso extraordinario de casación, como los  de  autonomía,  limitación,  no  contradicción  y  razón  suficiente,  entre  otros.   

                                                                3.  Al  desarrollarse  el  cargo  quinto,  séptimo  y  octavo,  con los que se acusa al  Tribunal  de  haber  incurrido en falso juicio de identidad, con las alegaciones  que  se  presentan,  lo  único que se evidencia es que el censor no comparte el  criterio   del   fallador,  situación  explicable  y  razonable,  pero  que  no  constituye    una    falla   demandable   en   casación,   ni   con   ello   se  demuestra    el error que haga considerar ilegal la decisión, como lo  ha pretendido en este caso el recurrente.   

                             3.1. Los testimonios a que se refiere la  demanda  como  erróneamente  interpretados  con  respecto a la utilización del  vehículo  para  el  desplazamiento  a  Maicao  y  los  fines  del  viaje fueron  apreciados  por  el  fallador  en  su real sentido, lo mismo ha de decirse de la  prueba  documental,  de  la  que  se  colige  la  autoría y responsabilidad del  procesado  por  el  peculado  de  uso, razón por la cual no existió desacierto  alguno  en  la confirmación de la sentencia de primera instancia en este punto.   

                             3.2. La declaración de JAIRO CHAVEZ y la  Tesorera  del Municipio, así como los documentos que certificaron las cuentas a  nombre  de IGNACIO LESMES no podían ser apreciadas de manera diferente, pues se  demostró  que  el  pago se realizó a CHAVEZ y a su vez que tales dineros no se  invirtieron  en  el  acueducto  municipal,  se  usaron para otros pagos, como el  valor  de  la  tarima  para  las fiestas del pueblo, de donde resulta que lo que  importaba  para  la  imputación  jurídica era el cobro a través de documentos  que no revelaban la verdad histórica del hecho.   

                                       

                             3.3. El casacionista ni siquiera intentó  destruir  la presunción de acierto y legalidad del fallo de segunda instancia a  través  de  un  error  in  procedendo  o in iudicando, se quedó en elementales  comentarios,  raciocinios que por su informalidad son propios de las alegaciones  que  se  hacen  en  las  instancias  y  que por ende no son acordes  con la  naturaleza y alcance del motivo aducido en sede de casación.   

                                                4.  El  propósito  de  quien acude a este extraordinario recurso no  puede  ser otro que demostrar la existencia de un error de juicio o de actividad  que  por  su  trascendencia   vicie de ilegalidad el fallo, defecto del que  adolece  el  falso  juicio  de  existencia imputado en los cargos quinto, sexto,  séptimo  y octavo, y  el falso juicio de identidad formulado en los cargos  octavo y noveno.   

                                                 4.1.  Para  la  Sala  es  claro  que la costumbre no puede tornar en  lícito  los  comportamientos  penalmente prohibidos. Frente al uso indebido que  se  le  dio  al  vehículo lo que los juzgadores de instancia tuvieron en cuenta  para  la  imputación del hecho fue la existencia de un comodato suscrito con la  Gobernación  de  Cundinamarca,  que  para  nada  incluía  la  utilización del  automotor  en  la  forma  en que lo hizo el ex funcionario. De ahí que el cargo  por  haberse  omitido  la consideración de las declaraciones de RICARDO ALBERTO  MORENO  QUEVEDO,  RAFAEL  ALFONSO  ROMERO ROMERO, CARMEN JULIA ACUÑA REY y LUIS  ENRIQUE  LADINO  MORENO,  carece  de importancia, pues con ellos no se demuestra  que  el uso del vehículo que dio origen a la investigación penal fuese debido.   

                                           4.2.  Es  evidente  que ninguno de los testimonios que el actor cita  como  supuestamente  ignorados,  en  relación  con  los  trabajos del Acueducto  Municipal  facturados  a  nombre  de  IGNACIO  LESMEZ  MENDEZ  y pagados a JAIRO  ALBERTO  CHAVEZ, desvirtúa la responsabilidad de ROMERO MORALES, en cuanto a la  falsedad  ideológica  en  documento  público,  razón  por  la  cual no fueron  mencionados en las consideraciones del Tribunal.   

                                                4.3.  LUIS  ENRIQUE  LADINO  QUEVEDO  y ANA LUCIA QUEVEDO CASTRO dan  testimonio   de  que  la  obra  de  la  escuela  Cañuelal  se  realizó  y  que  transportaron  materiales con ese fin, pero no hacen ningún aporte en relación  con  los  delitos  de  peculado  por  apropiación  y  falsedad  ideológica  en  documento  público,  cometidos  al  emitirse  un cheque por valor superior a la  mano  de  obra,  cuenta  de la que  un saldo de setecientos mil pesos no se  utilizó  para  la  compra  de  materiales,  como  se pretende hacer creer, pues  éstos   se   adquirieron  a  través  de  facturación  y  dineros  diferentes.   

.                                               4.4. El casacionista no demostró  la  trascendencia  de la censura, pues se abstuvo de señalar de qué manera los  cargos  incidieron en el fallo recurrido, con lo cual la formulación del reparo  resulta  incompleta.  Pero  además, la inocuidad de aquella se pone de presente  con  el  ataque  parcial   a  los  medios de prueba, dejándose de hacer un  análisis globalizado de la prueba.   

4.5.  El  error  adquiere importancia   para  los  efectos  del  recurso  de  casación,  sólo  cuando  el  elemento de  convicción  sobre  el  cual  recae  aquél  tiene  capacidad  para modificar la  decisión  impugnada,  lo que no se demostró en ninguno de los reparos aludidos  en este acápite.   

             

                                           5.  En el cargo noveno se hace notoria la inconsistencia del ataque,  pues  al  identificar  la  prueba  señala  la  declaración  de  GABINO ANTONIO  MAYORGA,  pregonando  respecto  de  ella  en  un  mismo  cargo  como  motivos de  inconformidad  el  falso juicio de legalidad y el falso juicio de identidad, con  lo  que  el  libelista  incurre gravemente en error de técnica y de lógica, al  contravenir  el  principio  de no contradicción, ya que por su naturaleza ellos  son  excluyentes,  razón  que  por  sí  sola es suficiente para el rechazo del  reproche,  pues  tales aspectos han debido tratarse separadamente en el texto de  la  demanda  y  de  manera  subsidiaria,  como  lo dispone el inciso segundo del  numeral 4º del artículo 225 del Código de Procedimiento Penal.   

                               

                                                 6.  Con base en la declaración de RAMIRO ANTONIO SANABRIA ACOSTA se  ataca  la  sentencia  de  segunda  instancia  por  falso  juicio  de  legalidad,  existencia  y  de  identidad   en  el  cargo sexto, y  falso juicio de  identidad en el cargo octavo.     

                     

                                           6.1  El  censor  incurre  en  el  cargo sexto en errores de técnica  protuberantes,  los  que destruyen la censura, pues plantea simultáneamente con  base  en  el  testimonio  en mención, que el sentenciador incurrió en error de  derecho  por  falso  juicio de legalidad y en un error de hecho por falso juicio  de  existencia, cayendo en una evidente e insalvable contradicción que anula la  propuesta,  puesto que los yerros imputados se excluyen mutuamente, en la medida  en  que  con  el error de derecho se niega la validez de la prueba, la que tiene  que reconocerse en los errores de hecho.   

                                  Al  margen  de  lo  anterior, es oportuno advertir que el proceso se  inició  por denuncia presentada ante la División de Investigaciones Fiscales y  Policía  Judicial  de  la Contraloría de Cundinamarca, dependencia que ordenó  adelantar  preliminares,  recibiendo  varios  testimonios,  entre  ellos  el  de  SANABRIA  ACOSTA,  diligencia que cumplió con las formalidades señaladas en el  Código  de  Procedimiento  Penal para su práctica, se recibió el juramento de  rigor,  se  le  hicieron las advertencias del caso y luego fueron remitidas a la  Fiscalía,  entidad  que  las  incorporó  al  proceso penal, donde luego fueron  conocidas y controvertidas por los sujetos procesales.   

                                  Es  equivocado creer que el debido proceso o el derecho a la defensa  resultan  menguados  porque  se ha considerado en la sentencia una prueba que se  practicó  en  la  etapa  preliminar por funcionarios de policía judicial, pues  con  ello  se  ignora  la forma como está concebido el proceso penal en nuestro  medio,  esto  es,  que  en  las  fases  de investigación previa, sumarial, o de  juzgamiento,  existe  la  posibilidad  de  evacuar las pruebas que se consideren  necesarias,  a  petición de parte o de oficio, por el funcionario respectivo, a  quien  solamente  lo limitan la legalidad del acto, la conducencia y pertinencia  de los medios de convicción.   

                                     

                                                De  otra  parte, el Tribunal para fundamentar la responsabilidad del  procesado  en  el delito de falsedad no tomó como única prueba la declaración  inicial   vertida   por  SANABRIA.  También  acudió  a  otros  medios  que  la  demostraban,  como la orden de trabajo y  la cuenta de cobro, en las cuales  se  consignaban  hechos  contrarios a la realidad, determinando la comisión del  delito  de falsedad en documento público. Ello demuestra que la fundamentación  del  recurrente  corresponde  a  una  apreciación subjetiva que quiere dejar de  lado  el  caudal  probatorio allegado al expediente y que trae como consecuencia  que  el  reproche  resulte  inane,  crítica  ésta  que  ya se había puesto de  presente en acápite anterior.   

                                   El  Tribunal  destacó  en  la providencia las pruebas demostrativas  del  hecho  imputado, entre ellas la declaración de RAMIRO SANABRIA, resultando  incuestionable  que  su  testimonio  fue  apreciado  en su real contenido por el  fallador,  sin  tergiversación  de ninguna especie, pues lo que allí se afirma  es  que  se  canceló una suma de dinero en apariencia por una obra realizada en  favor  del  municipio  y  con ese dinero se cancelaron otras obligaciones que no  tenían  que ver con la adecuación del terreno para la escuela de La Palma. Tal  declaración  fue  corroborada por la Secretaria de la Alcaldía, quien recibió  el  dinero de manos de aquél y es testigo excepcional del destino que se le dio  al mismo.     

                

                             6.2.  Para la Sala es claro que el error  de  identidad  que  se hace en el cargo octavo de la demanda, no se ciñó a las  reglas  que  gobiernan  el  recurso  extraordinario  de  casación, porque no se  abordó  la  demostración  del  reparo,  los cuestionamientos resultan inocuos,  observándose  como pretensión del actor el que su juicio sea prevalente al del  fallador.   

                                                 Se  llegó  a  plantear  en el mismo reparo a la Corporación que se  absuelva  al  procesado  por  “ausencia  de  delito”, petición que se quiso  explicar  también con la ausencia de daño al bien jurídico tutelado, entrando  a  reclamar luego la declaración de inocencia con base en la “duda” y en la  “favorabilidad”,  con  lo  que  se faltó a la claridad y  a la lógica  que  se  exige  en  casación,  lo  que  lleva  necesariamente  al fracaso de la  censura.   

                                                Dosificación de la pena.   

                                                Como  consecuencia de la prosperidad del cargo cuarto de la demanda,  compete  a la Sala entrar a modificar la dosificación punitiva realizada por el  Tribunal, así:   

                                            

                                           Al   procesado  se  le  condenó  por  el  delito  de  peculado  por  apropiación,  debiéndosele  aplicar  por  favorabilidad  el inciso segundo del  artículo  19  de  la  ley  190  de  1995,  cuya pena oscila entre un mínimo de  dieciocho  (18)  y  un  máximo de noventa (90) meses de prisión. Criterio este  que  la  Sala  ha  venido  aplicando  en  situaciones  semejantes  a las del sub  judice1.   

                                                La   condena  también  se  profirió  por  el  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  (art. 219 del C.P.) respecto de los hechos  referidos  en  el  capítulo  de los vistos y hechos de esta providencia, delito  que  tiene  señalada  una  pena  de  prisión  de  tres  (3) a diez (10) años.   

                                         El artículo 26 del Código Penal dispone que en  casos   de   concurso  de  infracciones  penales  el  proceso  de  dosificación  “quedará  sometido  a  la  pena  que  establezca la pena más grave aumentada  hasta en otro tanto”.   

                                           Teniendo  en  cuenta  lo  anterior,  no es posible partir de la pena  mínima  señalada  en  el inciso segundo del artículo 19 de la ley 190 de 1995  como  lo  solicita  el Ministerio público, pues de conformidad con el artículo  26  del  Código Penal, el  delito más grave viene a ser el de falsedad en  documento  público,  y  como  no  se  puede  aumentar  el  mínimo  de  la pena  determinado  en  el  fallo,  de  ahí que atendiendo esta limitante, se parte de  tres  (3)  años por el delito de falsedad, que por tratarse de tres se eleva en  dieciséis  (16)  meses  por  las  otras dos falsedades, aumentados en doce (12)  meses  más  por  el  punible de peculado por apropiación y seis (6) meses más  por  el  peculado  por  uso,  para un total de setenta (70) meses de prisión, e  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo término, en lugar  de  los  setenta  y  cuatro  meses  fijados  por  el Tribunal. En tal sentido se  modificará la sentencia recurrida.   

                                                En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA   -SALA  DE  CASACION  PENAL-,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

                                                 Primero: Casar parcialmente la sentencia recurrida.   

                                   Segundo:  Modificar  la pena de setenta y cuatro meses de prisión e  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo término, impuesta  en  la  sentencia  recurrida,  para  en su lugar, fijar al procesado ANGEL MARIA  ROMERO  MORALES  la  pena  de  prisión  en setenta (70) meses y la accesoria de  interdicción   de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término.   

                                           Tercero:   En   lo   demás   la  sentencia  recurrida  conserva  su  validez.   

                                                Notifíquese y devuélvase al Tribunal de origen,   

                                                Cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CORDOBA   POVEDA                  

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO                       

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                 YESID      RAMIREZ  BASTIDAS                                                         

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

                                                          

    

1 Cfr.  C.S.J.  Sala  Penal. Mag. Pon. Dr. Ricardo Calvete Rangel. Auto de febrero 24 de  1999. Radicado 14841.     

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