11299f

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 11299  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

         

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente   

                                                    Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                                                    Aprobado por Acta No.61   

                                                    Santafé  de Bogotá, D.C., veintinueve (29) de  abril de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          V I S T O S:   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  los defensores de FAREN GARCIA CORREDOR o LUIS ALBERTO GARCIA y OLGER JIMMY  PARADA  BLANCO  contra  la  sentencia  de abril 25 de 1.995, mediante la cual el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de San José de Cúcuta condenó al  primero  de  ellos  a 60 años de prisión por los delitos de homicidio, hurto y  porte  ilegal de armas, y al segundo procesado, a 59 años y 6 meses de prisión  por      los      dos     primeros     nombrados     hechos     puni­bles.Es   también   condenado,   no  recurrente, JOSELITO HURTADO MORENO ALBERTO CARDONA.   

          A N T E C E D E N T E S:   

          1.-                       Los  hechos materia de este proceso, los resume  así el sentenciador de primera instancia:   

                   “El sábado  cuatro  de  diciembre  de  1.993,  era  esperado como de costumbre en la Empresa  Postobón,  ubicada  en  la  vía  a  Boconó, el camión repartidor de gaseosa,  conducido   por   el   señor   HEBERT   ENRIQUE   JIMENEZ   MONSALVE  –  siendo  aproximadamente  las  nueve  de  la  noche  y  al  no  aparecerse  el mencionado  trabaja­dor a entregar las  respectivas  cuentas,  el personal de la Empresa sospechó que algo grave había  pasado,   pues   no   era   usual   en   este  individuo  un  retardo  de  estas  características.  Por  ello  se  dio  aviso  a  las  autoridades y se indagó a  familiares  y  amigos  de  JIMENEZ  MONSALVE  con el fin de dar con su paradero.   

                  Fue tan solo  en  horas  de  la  madrugada  del  domingo  5  del mismo mes y año , que el SV.  LEONARDO  VELASQUEZ  CASTRILLON,  después  de  haber  oído  en  su patrulla el  extravío  de  un  carro  de  Postobón,  lo localizó en la vía que de Boconó  conduce  a  Villa  del  Rosario,  al  inspeccionar el vehículo constató que no  había  nadie  en  su  interior,  presentando  señales  de  violencia la caja o  depósito  de  dinero  producto  de  las  ventas,  así  como  tener los cojines  manchados  de  sangre. Después de dar aviso a los Representantes de la Empresa,  como  a  las  autoridades,  de  lo  sucedido se procedió a buscar el respectivo  personal,  encontrán­dolos  muertos metros más abajo de donde fue hallado el automotor.   

                   Se llevó a  cabo  las  diligencias correspondientes al levantamiento de los cadáveres, así  como  las  indagaciones  previas  para  dar  con  el paradero del posible autor,  autores  ó partícipes del hecho en mención. De estos acontecimientos se acusa  a  JOSELITO  HURTADO  MORENO  ó  ALBERTO CARDONA, FAREN GARCIA CORREDOR ó LUIS  ALFREDO GARCIA Y OLGER JIMMY PARADA BLANCO.   

                     De igual  forma,  se  tiene que para el día 20 de Diciembre de 1.993, siendo las 9:30 AM,  en  el  Parque  Simón  Bolívar  –  Barrio  Colsag-  de  ésta  ciudad,  fueron  aprehendidos  LUIS ALFREDO GARCIA ó FRANKLIN JOSELITO HURTADO MORENO ó ALBERTO  CARDONA,  LIBARDO  LOAIZA CASTRILLON, RITO ELIAS QUINTERO ALVAREZ y JOSE VICENTE  ROJAS  MUÑOZ, cuando al solicitárseles una requisa por parte de miembros de la  Policía  Nacional,  se  les  encontró  en  su  poder,  a  los  tres  nombrados  inicialmente  –  armas  de fuego de uso personal sin el respectivo salvoconducto  ó  permiso expedido por autoridad competente, motivo por el cual fueron dejados  a  disposición  del funcionario judicial correspondiente” (fls. 921 y 922 cdno.  N°4).   

          2.-  Por  el  primero  de  tales hechos, la Fiscalía 5a. Unidad de  Previas,  practicó  algunas pruebas, abrió investigación (fl. 75 cdno. N° 1)  e  indagó  a Luis Alfredo García (fl. 126), Faren García Corredor (fl. 129) y  Joselito  Hurtado  Moreno  (fl.  157), imputados que se sostuvieron ajenos a los  hechos.   

          –  Resuelta  su  situación  jurídica  provisional  con medida de  asegurmiento   de  detención  preventiva  (fl.  195),  se  practica­ron  numerosas  pruebas,  se  cerró  investigación,   y   mediante  resolu­ción  de  marzo  22 de 1.994 (fl. 583) se acusó a los susodichos  por  los  delitos  de homicidio y porte ilegal de armas, proveído que, apelado,  fue  confirmado  por  medio  de  resolución  de  mayo 4 de 1.994 (fl. 670 cdno.  N°3),  pero  adicionándolo  en  el  sentido de acusar por homicidio agravado y  también tentativa de hurto.   

         

         3.-  Por el segundo de los hechos acabados de narrar, la Fiscalía  de  San  José de Cúcuta abrió investigación (fl. 24 cdno. N° 5) e indagó a  los  imputados  Luis  Alfredo  García, Joselito Hurtado Moreno y Libardo Loaiza  Castrillón  (fls.  29,  48  y  55),  quienes, de una u otra manera se mostraron  inocentes del porte de armas reprochado.   

         –  Decidida  su detención preventiva (fl. 97) y practicadas otras  pruebas,  se  cerró  investigación  y  la  misma  se calificó con resolución  acusatoria  de  abril 28 de 1.994 (fl. 196-5) por el referido delito previsto en  el  artículo  1°  del  decreto  3664  de  1.986,  adoptado  como  legislación  permanente por medio del decreto 2266 de 1.991.   

         4.-  En  firme  ambas  acusaciones,  el  Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de Cúcuta las acumuló (fl. 750-3), celebró audiencia (fl. 875) y el  12  de  enero  de 1.995 (fl. 921 cdno. N°4) dictó sentencia en armonía con la  acusación  y  les  impuso  a  los  acusados  la pena de 38 años de prisión. A  Libardo  Loaiza Castrillón sí lo condenó a 1 año de prisión por el referido  porte ilegal de armas de defensa personal.   

         Apelaron  los  defensores  y  también  el  Procurador  86, por no  compartir  este  último  la  tasación  benigna  de la pena, y el Tribunal, por  medio  del  fallo  que  es  objeto  del  recurso  extraordinario  (fl.  17 cdno.  Tribunal)  confirmó  el  fallo,  aumentando  la sanción a 60 años de prisión  para  los  procesa­dos, a  excepción  de  Olger  Jimmy  Parada  Blanco  a quien absolvió por el delito de  porte  ilegal  de armas de defensa personal, revocatoria que redujo su pena a 59  años y 6 meses de prisión.   

         

        L A S   D E M A N D A S:   

                     1.-  A  nombre  de FAREN GARCIA CORREDOR y al amparo de la causal de nulidad prevista en  el  artículo  220-3 del Código de Procedimiento Penal, dos cargos se enderezan  contra la sentencia:   

                     Primer  Cargo:   

                                Consiste  “en  que  no  se  otorgó en ningún  momento  el derecho de contrainterrogar a la única testigo de cargo, a pesar de  que  los  sujetos procesales que conforman la parte de la defensa solicitaron en  múltiples  veces la citación de la declarante HELEN JOHANA VIDAL ALVAREZ, para  ejercer  el  derecho  de  controvertir  las  pruebas  de  cargo”  (fl.  75 cdno.  Tribunal)   

         Reitera  que  a  pesar  de  haberse  solicitado  repetidamente  la  ampliación  de  dicho  testimonio,  ésta  no se hizo, por lo cual “nada eficaz  lograría  la  parte  defensiva si se le obstaculiza su labor de controvertir la  prueba  de  imputación  penal.  Si  la  Fiscalía,  ni  el Juzgado, hicieron lo  posible  para  permitir  esta  contradicción probatoria, violaron este derecho”  (fl.  cit.  infra),  y  afirma  violado  el derecho de defensa, como también el  hecho  de  que  “nunca se pudo saber la verdadera identidad de la única testigo  de  cargo, quien al parecer es indocumentada, pero nunca se le identificó en el  acta  de  su  declaración,  con  su  huella dactilar, con los rasgos físicos o  morfológicos           perti­nentes” (fl. 77 supra), y continúa:    

        “No  se pudo establecer su verdadera residencia, ya que no dice en  forma  exacta  su  dirección inmobilia­ria.  No  se  sabe  el  porqué indica que hace tres meses y medio  habita  en  Cúcuta  si  llegó acá en octubre 20/93, y declara en diciembre 20  del mismo año.   

        No  se  pudieron establecer las condiciones personales, sociales y  morales  de  la  declarante,  quien  relata  unos trágicos e increíbles hechos  punibles,  quedando cobijada como delincuente también, al cometer el punible de  Encubrimiento.  Y  no  se  pudo  saber  cómo unos supuestos criminales como los  condenados,  le van a tener la confianza absoluta, en dos cortos meses, para que  le contaran ellos todas sus fechorías, etc.   

        No  se pudo saber si sobre los 17 casos delictivos que narra en su  fantasmagórica   declaración,  a  ella  se  le  interrogó  en  otro  despacho  judicial.   

        No  se  pudo saber si efectivamente estuvo ella reclui­da  en Establecimiento siquiátrico,  si  estuvo  tratada por sicólogo, como comenta su propia tía, aqui declarante,  para  establecer  la  credibilidad  de  su versión. No se pudo saber el porqué  ella  menciona  a  PATRICIA  como  su  testigo para corroborar su dicho, y ésta  nunca le ratificó sus mentiras.   

        No  se pudo saber a quien se refería ella cuando habló FRANKLIN;  de  quien dijo se llamaba FRANKLIN DUBAN, y dizque le decían Fran. ENTONCES, NO  SE  SABE  SI  MI  ASISTIDO “LUIS ALFREDO GARCIA O FAREN GARCIA CORRE­DOR”, es el tal Flaklin Duva. Quedó  esta  parte  huérfana en la investigación, y no se sabe de dónde se obtuvo la  certeza  para  condenarlo,  sin saberse si es el autor del reato de marras” (fl.  cit.).   

         Pide  entonces  que  se  case  el  fallo y se decrete la nulidad a  partir  del  traslado  para audiencia y se ordene el testimonio de la mencionada  testigo.   

         Segunda cargo:   

         Plantea  la  “nulidad de la sentencia” (fl. 78) ya que en la misma  “se  ha dedicado análisis probatorio al punible de Homicidio, empero, no existe  motiva­ción  ponderada  de   los   delitos   de   Hurto   consumado   y   de   la  Tentativa  de  Hurto,  imputa­dos  en el fallo  final  de  segunda instancia. Entonces, se ha quebrantado el debido proceso y el  derecho  de  defensa,  por  no  saber  ningún sujeto procesal, cuál ha sido la  crítica  probatoria  del  Juzgador para dar por estructurado estos dos punibles  contra  el  patrimonio económico, su cuantía, el objeto material del reato, su  preexistencia, etc.” (fl. 78 infra).   

         Dicha  nulidad se pide también porque se agravó la pena impuesta  por  el  a quo y, además, la misma no se motivó, cosa esta última que “afecta  el derecho de defensa” (fl. 79 infra).   

         Demanda a nombre de OLGER JIMMY PARADA BLANCO   

         Con  apoyo  en  el  artículo 200-1, cuerpo segundo del Código de  Procedimiento  Penal,  se  invoca  la  violación  indirecta  de  la ley, porque  “existe  un  falso juicio de identidad, por Error de Hecho, con fundamento en la  errónea  apreciación de la prueba testimonial de cargo, que conduce, sin lugar  a  hesitaciones,  al  falsamiento de su expresión fáctica, al hacerle producir  efectos  que  en verdad no los tienen o no se derivan de su texto” (fl. 95 cdno.  Tribunal).   

         Añade    que    su    defendido   no   es   responsable   de   la  delincuen­cia que se le  atribuye  y  que,  contrariamente,  “Se  ha dado credibilidad erróneamente a la  prueba  testimonial  única,  rendida  de oídas por HELEN JOHANA VIDAL ALVAREZ”  (fl.  cit.),  afirmando  que  el sentenciador “violó indirectamente el art. 247  del   C.P.P.”   (id),   violación   que  extiende  al  artículo  294  ibídem.   

         Alega    que    dicho    testimonio    fue    recibido    en    un  diligencia­miento  previo,  “o  sea que no hubo controversia de la prueba” (fl. 96), además de que  la  mencionada  testigo  “nunca se identificó plenamente dentro del proceso, no  se  sabe  si  ese nombre es verdadero, no se sabe si está o no cedulada o posea  tarjeta  de  identidad;  y,  en  el  acta de su testimonio, no existe acotación  alguna  que permita tenerla como ser existente, no se plasmó en ella sus rasgos  físicos, morfológicos, etc.” (fl. cit.).   

         Dice  que  también  se  valoró  mal la prueba de indicios (id) y  afirma  que  “las conclusiones de la sentencia son contrarias a la lógica, o en  otra  forma,  contradicen  la  realidad  procesal, histórica y sustancial” (id.  infra).   

         Luego  dice  que  el  sentenciador  de segunda instancia “aumentó  inconstitucionalmente  la  pena  impuesta” y que “la aseveración de mi cliente,  dada  en  la indagatoria, no ha sido desafirmada por ningún testigo, a pesar de  que  la  sala  hace  esfuerzos  para  hablar  de  indicios  en contra” (fl. 97).   

         Pide  entonces  que  se  case el fallo y se absuelva al procesado.   

         

                               C O N C E P T O  D E   L  A    P  R  O  C  U  R  A  D  U  R  I  A:   

                    

         El  señor  Procurador  Segundo  Delegado en lo Penal considera en  cuanto   a   la  demanda  a  nombre  del  procesado  FAREN  GARCIA  CORREDOR,  y  respondiendo  al  primer cargo dice que si bien es cierto en la diligencia en la  que  fue  escuchada  la  testigo  Vidal Alvarez por el respectivo funcionario de  instrucción  (fols. 40 y ss. c. N° 1) no participó la defensa, también lo es  que  en  las  diversas  etapas  del  proceso  se brindó la oportunidad para que  desplegara  un (sic) tal actividad, como en efecto se hizo, ameritando por parte  del  ad-quem  la  siguiente afirmación: “…la base incriminatoria de todo este  proceso,  reposa  en  el  testimonio  de “oídas” de HELEN JOHANA VIDAL ALVAREZ,  único  de  cargo,  y  el  cual ha sido atacado por todos sus flancos y de todas  maneras por la parte defensiva” (fl. 10 concepto).   

         Cita  al  Tribunal  con relación a la aptitud de la testigo Helen  Johana  Vidal  Alvarez  (fl. 11) y anota: “Como puede verse, el estado mental de  la  testigo  en  modo  alguno  se reportaba anormal para el momento en el que se  recepcionó  su  declaración  y,  con  solo revisar el contenido del acta de la  diligencia,   es   posible   colegir   los  otros  aspectos  deprecados  por  el  recurren­te”  (fl. 11).   

         En   su   sentir,   pues,   éste   cargo   no  prospe­ra.   

         En  cuanto  a  la  nulidad  por  ausencia de motivación del fallo  combatido,  dice  la  Delegada que tal afirmación del censor no es cierta, como  lo  demuestra  la  parte  de  la  sentencia  que  transcribe  (fl. 12), falta de  motivación que tampoco se da en la dosificación de la pena.   

         En  lo  que  atañe a la pretendida violación de la reformatio im  pejus  (fl. 14), estima que la misma no existe, ya que la sentencia también fue  recurrida  por  el Ministerio Público, por lo que concluye en la desestimación  de la demanda.   

         Refiriéndose  luego  a  la  demanda  formulada  a nombre de OLGER  JIMMY   PARADA   BLANCO   Anota   que   en  ella  se  “permite  cual­quier  señalamiento  en punto de la  proyección  específica  del  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad  aducido”  (fl.  15)  y agrega que el sentenciador utilizó la sana crítica para  valorar  el  testimonio  atacado  y que rindió la joven Vidal Alvarez (fl. 17).   

         Advierte   que  el  demandante  “entremezcla”  argumentaciones  de  yerros  de  hecho  y de derecho, aparte de que tampoco cumple con las exigencias  de  esta  sede  casacional en lo que al ataque de la prueba indiciaria concierne  (fl. 18).   

         Por  último,  pide que oficiosamente se case el fallo, pues en el  mismo  se  condena  a  los  procesados  a  la pena accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas por un tiempo igual al de la pena privativa de  la  libertad,  cuando de acuerdo con el artículo 44 del Código Penal, la misma  no puede exceder de 10 años.   

         

        C  O  N  S I D E R A C I O N E S  D E  L A  C O R T  E:   

                                           1.-Demanda  a  nombre  de  FAREN GACIA  CORREDOR   

         Primer Cargo:   

         El  censor  sostiene  la  nulidad  por  atentado  al  derecho  de  defensa,  sobre  la  base  de  que  no  se  permitió  controvertir  la  declaración  de  Helen  Johana Vidal Alvarez, no obstante que  varias  veces  se solicitó que fuera nuevamente llamada al proceso para ampliar  el testimonio que rindió en diligenciamiento previo.   

         Para  contradecir el fundamento base de esta crítica, sucede, sin  embargo,  como  se  reconoció  en uno de los alegatos precalificato­rios  (fl.  567 cdno. N° 2) que “la  señora  HELEN  JOHANA  VIDAL ALVAREZ ha sido citada en varias oportunidades por  su  honorable  Despacho para que se ratifique en relación con lo manifestado en  su   declaración   inicial,   sin  que  haya  sido  posible  su  comparecencia”  incumplimiento  que  el  sentenciador  de  primer grado explicó por la “toma de  medidas  tendiente  a  salvaguardar  su vida y a fe que así sucedió, pues más  que  nadie  ella  sabía  la  peligrosidad  y  la  represalia  que estos sujetos  tomarían  en  su  contra en el evento que decidiera permanecer en la ciudad. De  ahí,  que  HELEN JOHANA VIDAL ALVAREZ desapareciera de la forma en que lo hizo,  pues   consideró   que   había   aportado   los   datos  suficientes  para  el  esclarecimiento  de  los hechos y nadie le garantizaba protección la que buscó  por sus propios medios” (fl. 934 cdno. N° 4).   

         Si  ello  fue  así, como el propio defensor lo reconociera, la no  comparecencia  de  la  testigo  no  puede atribuirse a un error de actividad del  funcionario  que  lleve  al fracaso el trámite cumplido, sino a una conducta de  la  declarante  que  no  tiene el alcance de invalidar lo actuado, y que tampoco  impedía  contro­vertir  su  dicho  a  través de otros medios probatorios, o de la propia crítica de su  testimonio,  la  cual  bien  pudo intentarse en las diversas etapas del proceso,  sentido    en    el    cual    coinci­de el Ministerio Público.   

         

         Al  precisar en este cargo el censor que no se pudieron establecer  “las  condiciones morales ni personales de la declarante” (fl.77), lo que en  el  fondo  hace  es  controvertir  la credibilidad otorgada a la testigo, con lo  cual  se  desvía  hacia el error de derecho por falso juicio de convicción, en  principio  inadmisible  ante  la  ausencia  de  tarifa legal para la evaluación  probatoria,  la  cual se rige por el sistema de la sana crítica (arts.254   294 C.P.P.).   

         Otro  tanto  ocurre  con  la  crítica de insania mental que se le  hace  a  la testigo en cuestión, la que de ser demostrada afectaría la prueba,  mas  no  la  actuación que le subsigue, lo que de nuevo revela la equivocación  del  demandante  en  la  selección y desarrollo de esta censura, respecto de la  cual  ni  siquiera repara en que a solicitud de la defensa se agregó al proceso  copia  de  la  Historia  Clínica  de la testigo, la que obra efecti­vamente  a  folio  475  del cuaderno  número  2,  sobre la cual el juzgador extrajo que su estado mental no ameritaba  reparos  de  ninguna  clase,  de  modo  que  en  tal sentido tampoco la crítica  corresponde  con la realidad del proceso, al punto que ni siquiera tras el error  de   técnica   puesto  en  evidencia,  se  aproxima  el  casacionis­ta  a  demostrar  que  la inferencia  fundada del fallador llegó a ser la incorrecta.   

         Así las cosas el cargo no prospera.   

         Segundo Cargo:   

         El  censor expresa que no hay motivación en la sentencia respecto  de  “los  delitos  de  hurto  y tentati­va  de  hurto”  (fl. 78), pero responderá la Sala que tal cosa no  es  cierta, porque en el folio 935 del cuaderno número 4 se pueden apreciar las  extensas             conside­raciones  hechas respecto de los aspectos objetivo y subjetivo (de  responsabilidad) de tales delitos.   

         Y  aún  cuando  en parte podría acertar el censor al afirmar que  en  “el  fallo  final  de  segunda instancia” no motiva tal aspecto, se le ha de  reiterar  que  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia  conforman unidad  jurídica  en  todo aquello que el segundo no contradice expresamente, y ello es  más  fácil  de  cotejar  ahora,  cuando  por  voluntad  expresa  de la ley, el  funcio­nario ad-quem ve  restringidas   en   el   interés   del   apelante   las  posibilida­des  de  su pronunciamiento (art.217  del C. de P.P.).   

         En  otro  aspecto  y  pese  a  resaltar la falta de coherencia del  censor  al  presentar  al interior de un mismo cargo, críticas que entre sí no  guardan  coherencia, es de obsevar que ninguna razón le asiste al protestar por  un  posible  transgresión del Tribunal al artículo 31 constitucional, al haber  agravado  la  pena  impuesta  a  los  acusados  por  la  primera instancia, pues  desestima  el  demandante  que el recurso de apelación también fue interpuesto  por  el  representante del Ministerio Público y justamente en lo referente a la  baja  sanción  tasada por la primera instancia, lo que hace del todo inoperante  la crítica propuesta.   

         Por   último   y  sin  corregir  el  desorden  argumentativo,  el  libelista  reprocha  que en la sentencia no haya motivación para la graduación  de  pena,  pero  un tal reparo no amerita más que recordar cómo el juzgador le  dedicó  un  aparte  bajo  el epígrafe de la “dosimetría de la punibilidad” al  tema,  como  se  verifica  en  los  folios  25  y  26  de aquella pieza, sin que  contrario a esta evidencia se suministre algún contraargumento.   

         El cargo, por consiguiente, no puede prosperar.   

                   Demanda a  nombre de OLGER JIMMY PARADA BLANCO   

         Cuando  el  censor  acusa  un  error  de hecho por falso juicio de  identidad  en  la  apreciación de las pruebas, es de esperar que identifique el  medio  sobre  el  cual  recae  la equivocación del fallador, y que demuestre en  qué    consiste    aquella   deforma­ción  de  contenidos,  y cómo ella pudo incidir sobre el sentido  de la sentencia.   

         Aquí  el error al que refiere el cargo  único  de  la  demanda, predica la deformación del  dicho  testimonial  de  Helen Johana Vidal Alvarez, pero en lugar de fijarlo con  la  comparación  entre  el  contenido  del  relato  y  lo que de él infiere la  sentencia,  lo  que  se  hace  es  protestar  frente a la “credibili­dad” (fl. 95) que el juzgador le dio  a  este  testimonio,  confundiendo un una nueva expresión de errores de derecho  un  falso  juicio  de  convicción  que  no  se explica frente a la legislación  vigente,  con  un  falso  juicio  de  legalidad  que  se  insinúa al colegir la  invalidez  del  medio  por  haber  sido  recibido  en  la  etapa  de indagación  preliminar,  sin percibir la contradicción que emana de sostener al interior de  un   mismo   cargo   y   respecto   de   una  misma  prueba,  estas  dos  formas  inconci­liables   de  error.   

         De  allí,  y sin desarrollar completamente alguna de las opuestas  proposiciones,  se  pasa  a criticar la mala valoración de la prueba indiciaria  (fl.  96),  pero  de  nuevo  se  resta  la  posibilidad  de  contestar reproches  incompletos,  pues  ni  siquiera  se  identifican cuales fueron los indicios que  sirvie­ron de base a la  condena,     y     menos     se     les    precisa    la    equivoca­ción que se anuncia, lo que de modo  ninguno  podría  salvar  la Corte en esta sede, restringida como se encuentra a  complemen­tar    o  rectificar  los  términos  de un libelo,  de acuerdo al  principio de  limitación (artículo 228 del C. de P.P.).   

         Como   en   el   caso   anterior,   también   aquí   censura  el  casacio­nista    el  incremento  de  pena  hecho  por la segunda instancia, pero como ello ocurre sin  orden  ni  técnica  alguna,  no  ha lugar a una respuesta distinta de la que se  plasmó  frente al escrito del co-procesado GARCIA CORREDOR, rememorando que fue  la  iniciativa  del  Ministerio  Público  la  que  llevó ese tema a la segunda  instancia,  por  lo  que  no  podía  operar la prohibición de la reformatio in  peius,  según  se  infiere de los artículos 31 constitucional y 17 del Código  de Procedimiento Penal.   

         La demanda examinada no prospera.   

         En   mérito   de   lo   expuesto,   la   Corte  Supre­ma  de Justicia en Sala de Casación  Penal,   adminis­trando  justicia    en    nombre    de    la   República   y   por   autori­dad de la ley,   

        R E S U E L V E:   

         NO CASAR la sentencia recurrida.   

         Cópiese, devuélvase y cúmplase.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                               RICARDO     CALVETE  RANGEL           

JORGE  ENRIQUE CORDOBA POVEDA                              CARLOS    A.    GALVEZ  ARGOTE                                     

CARLOS   E.  MEJIA  ESCOBAR                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                                     NILSON  PINILLA  PINILLA                                          

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria     

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