29014(10-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  29014   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 152  

Bogotá  D.C., diez (10) de junio de dos mil  ocho (2008).   

V    I   S   T   O  S   

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor de NELSON  OBANDO  MONTES contra la sentencia de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, el 19 de septiembre de 2007,  mediante  la  cual  confirmó  la dictada por el Juzgado Treinta y Dos Penal del  Circuito  de la misma ciudad, el 11 de julio del mismo año, y  lo condenó  a  la  pena  principal  de  9  años  de prisión y multa  equivalente a 70  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  la sanción accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por 7  años, como autor de la conducta punible de concusión.   

H   E   C   H   O   S   

El juzgador de primera instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“La  Alcaldía  Local  de Ciudad Bolívar,  adelantó  una  investigación  preliminar  en  contra  de  JOSÉ JAVIER SORIANO  LEÓN,  propietario  del  inmueble  ubicado en la Calle 69  No. 73 H-43 Sur  del  barrio Carbonera de esta ciudad, porque presuntamente se venía adelantando  una construcción sin obtener la respectiva licencia.   

“En   desarrollo   de   la   indagación  preliminar,  NELSON  OBANDO  MONTES,  se  presentó al referido inmueble el 4 de  abril de 2006, a practicar visita de normatividad urbanística.   

“Posteriormente,  el  servidor  público  regresó  el 17 de mayo de 2006, al mismo lugar, oportunidad en la que requirió  a  LUCILA  ORTIZ  RUIZ,  compañera  de  SORIANO LEÓN,  por la licencia de  construcción  obteniendo  respuesta  negativa,  razón  (sic) por que aquél le  dijo  que  su  compañero  debía  acudir  a  la Alcaldía para responder por la  construcción  so  pena  de  ser  sancionado en multa de dos ($2.000.000) a tres  ($3.000.000) millones de pesos.   

“SORIANO  LEÓN,  atendió  el  llamado,  conversó  con  OBANDO MONTES quien le sugirió que un familiar solucionaría el  problema   mediante   la  cancelación  de  un  millón  seiscientos  mil  pesos  ($1.600.000.)  pesos y, finalmente, le dijo que él personalmente se encargaría  del  trámite  mediante  la  cancelación  de  un millón ($1.000.000) de pesos,  entregados  efectivamente  por  aquél  al  interior  del Banco de Occidente del  sector.   

“No  obstante,  como  OBANDO  MONTES,  no  expidió   recibo   SORIANO   LEÓN,   decidió   instaurar  la  correspondiente  denuncia”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

Ante el Juez 45 Penal Municipal con Funciones  de  Control  de  Garantías de Bogotá, la Fiscalía formuló imputación por el  delito de concusión.   

El  11 de diciembre de 2006, ante el Juzgado  Treinta  y  Dos  Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de Bogotá, el  Fiscal  217  Seccional presentó escrito de acusación por  el  delito  de concusión.   

El  11  de  julio de 2007, el citado Juzgado  Treinta  y  Dos  Penal  del  Circuito  con Funciones de Conocimiento de Bogotá,  profirió  fallo  de primer grado en el que condenó a Nelson Obando Montes a la  pena  principal  de  9 años de prisión y multa  equivalente a 70 salarios  mínimos   legales   mensuales   vigentes   y   a   la   sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por 7  años, como autor de la conducta punible de concusión.   

Apelado el fallo por el defensor, el Tribunal  Superior  de  Bogotá,  al  desatar  el recurso, el 19 de septiembre de 2007, lo  confirmó.   

Contra la anterior decisión, el defensor del  acusado interpuso recurso de casación.   

L  A      D  E  M  A N D  A   D E   C A S A C I Ó N   

La  defensa técnica del procesado, con base  en  las  causales  primera  y tercera consagradas en la Ley 906 de 2004, formula  tres  cargos contra la sentencia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente  manera:   

Acota el censor que la decisión recurrida en  casación  vulnera los derechos y garantías mínimas de su prohijado, entre los  cuales   destaca   la   flagrancia,   el   in   dubio   pro   reo  y  el  debido  proceso.   

Primer cargo  

Manifiesta  que el Tribunal aplicó en forma  indebida  “una norma legal que regularía el caso”,  razón  por  la  cual  considera  que  se  vulneró lo  preceptuado por los artículos 9°, 10 y 404 del Código Penal.   

Así  mismo,  asevera que para atribuir a un  servidor  público la conducta  típica  de  concusión,  se  debe  partir  de los criterios de certeza y verdad  procesal.   

Es  así  como manifiesta que el criterio de  certeza  no  se  encuentra  satisfecho  en el presente caso, toda vez que, en su  criterio,  “las calidades intelectuales, experiencia  y   conocimiento  del  denunciante  presentan  a  una  persona  diferente  a  la  valoración del testimonio en la sentencia demandada”.   

De igual forma, considera que en el plenario  no  obra prueba alguna que demuestre la responsabilidad de su representado en la  conducta   investigada,   lo  que  en  consecuencia  genera  la  “indebida   aplicación   de   la   tipicidad   de   la  conducta  de  concusión”,  toda vez que  el dinero entregado  al denunciado “no aparece”.   

Anota  que  las  condiciones  personales del  denunciante  Soriano  no  pueden  generar  una  inferencia lógica respecto a la  existencia de los elementos de inducción o constreñimiento.   

Así  mismo,  resalta que en ningún momento  procesal  quedó  demostrado  que  su  defendido  se hubiera apropiado de dinero  alguno.   

En estas condiciones, estima que el Tribunal  violó  en  forma  directa  la  ley sustancial al incurrir en error de hecho por  falso  raciocinio,  lo  que derivó en la falta de aplicación de los artículos  9º  y  10 del Código Penal, al igual que la aplicación indebida del artículo  404 de la obra en mención.   

Segundo cargo  

Aduce  que  en  la sentencia se evidencia la  falta  de  aplicación  de  los  artículos  29,  32  y  230 de la Constitución  Política,  en  la  medida  en  que  el  juzgador  dejó de lado el principio de  presunción de inocencia.   

Añade  que  “no  existe   cuerpo   del   delito”   y   reseña   las  circunstancias   en   las   cuales   se   desarrollaron   los   hechos   en   el  banco.   

Tercer cargo  

Con  base en la casual tercera de casación,  acota  que  la decisión recurrida desconoció las reglas de apreciación de las  pruebas  respecto  a  las  visitas  realizadas por el procesado en su calidad de  interventor  de  obras  de  la  Alcaldía  de  Bogotá  a  los predios, dado que  constituyeron  un  hecho  indicador en contra de su representado, cuando, por el  contrario,  estos  acontecimientos demuestran el debido cumplimiento de su deber  como funcionario público.   

De  igual  forma, realiza un análisis de la  situación  económica  para  la época de los hechos tanto de su defendido como  del  denunciante,  en  aras de demostrar que la sentencia del Tribunal viola los  principios  de  la  sana crítica, en la medida en que omitió considerar que su  prohijado  no iba a poner en riesgo sus ingresos mensuales que para el año 2006  ascendían   a   $2.200.000,   “por   una  suma  de  $1.000.000”.   

Cuestiona el testimonio rendido por Soriano,  puesto  que,  en  su criterio, la conducta asumida por éste no es coherente con  su  experiencia  profesional  de  más  de  10 años en el área de la seguridad  privada.   

Así mismo, reitera que no existe fundamento  probatorio  que  demuestre  en  el  presente  caso  que  se  cumplieron  con los  requisitos  normativos para la perfección del delito de concusión, esto es, la  inducción o el constreñimiento ilegal y la solicitud de dinero.   

Por lo anterior, afirma que el error radicó  en  el  hecho  de  la  inducción  al  pago,  puesto que el mismo fundamentó la  decisión  de  condena,  cuando  en  realidad,  “esta  circunstancia no está plenamente probada”.   

En  estos  términos,  concluye  que en este  asunto  sobresale  una  duda  razonable  respecto a la comisión del delito y la  responsabilidad  de su representado, razón por la cual advierte que el Tribunal  incurrió  en  “indebido desconocimiento de la prueba  existente en el plenario”.   

En  estas  condiciones,  solicita a la Corte  casar  la  sentencia  impugnada y, en su lugar, dictar fallo absolutorio a favor  de su defendido.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  En el nuevo el sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos cuando afectan derechos o garantías procesales.   Por  lo  mismo,  ha  de  concluirse  que este recurso, concebido como un control  constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la  Corte  Suprema  de Justicia como Tribunal de Casación, según así lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,      acredite      la     afectación     de   derechos    o   garantías  fundamentales,   para   lo   cual       también       deberá      formular      y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Así,        “el        recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que  por  razón  de  ésto  no  puede  llegar  a  entenderse  que  el  recurso  haya sido  morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las  partes  sin  referencia  a  ningún  parámetro legal, y que se convierta en una  fórmula  abierta para controvertir sin más las decisiones judiciales según el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a cabo en el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  que  no  demostró la existencia del vicio y, menos, los conectó con  los  fines  que informan la casación de acuerdo con el nuevo sistema consagrado  en la Ley 906 de 2004.   

En efecto, en lo atinente al primer cargo que  el  censor  hace  consistir en  que el Tribunal  aplicó indebidamente  los  artículos  9°,10  y  404  del  Código  Penal,  se  quedó  en  el simple  enunciado,  en  la  medida  en  que  no  indicó  a  la  Corte  cómo los hechos  declarados  como  probados  en  la  sentencia  no  encajaban  en la descripción  típica  que  el legislador consagró, entre otros, para el delito de concusión  por el cual fue condenado su representado.   

Recuérdese que cuando la censura se postula  por  la vía de la violación de directa de la ley sustancial, se anuncia que el  error  del  juzgador  está  en la elaboración del juicio de derecho, es decir,  que  excluyó  una  norma  que  era la llamada a gobernar el asunto, que aplicó  otro  precepto  que  no  encaja  en  el  juicio  de  hecho  o,  que  habiéndolo  seleccionado   correctamente   le   dio   un   alcance   que   no   consulta  su  texto.   

De ahí que no resulte procedente bajo dicha  nomenclatura  entrar  a  cuestionar  aspectos de índole probatorio, dado que la  discusión se centra en la aplicación del derecho.   

Así, resulta evidente que la discusión del  censor  no  está  en  últimas  en  la  aplicación  del  derecho  sino  en  la  apreciación  probatoria  que  hizo  el  juzgador  de  los plurales elementos de  juicio  que  desfilaron  en  el debate oral, toda vez que considera  que en  este  puntual  asunto  no existe prueba,  que señale, en grado de certeza,  la  existencia  del  hecho  y  la responsabilidad del acusado, habida cuenta que  sustenta  su  discurso  en que el dinero presuntamente entregado por la víctima  no apareció  durante el trámite del proceso.   

Así  mismo, sin evidenciar ningún error en  la  aplicación  del  derecho  ni  en  la  apreciación  de la prueba critica al  sentenciador    por    no    haber    tenido     en   cuenta   “las  calidades  intelectuales,  experiencia  y  conocimientos que  tiene  el  denunciante  presentan  a  una persona diferente a la VALORACIÓN DEL  TESTIMONIO en la sentencia demandada”.   

         

En  síntesis,  no  comparte  el  grado  de  estimación  probatoria  que  el  juzgador  le dio al testimonio de la víctima,  puesto  que,  en  su  criterio,  del mismo no se puede concluir los elementos de  inducción o constreñimiento.   

En   tales   condiciones,   se  impone  la  inadmisión  del  primer  cargo fundado por una presunta aplicación indebida de  la  ley  sustancial,  habida  cuenta que el libelista no demostró la existencia  del vicio denunciado.   

En lo atinente al segundo cargo que también  postula  sobre  una presunta falta de aplicación de los artículos 29, 32 y 230  de  la  Constitución  Política,  de  la misma forma incurre en los desaciertos  puntualizados  en  el anterior reproche, en la medida en que en vez de demostrar  en  qué  consistió  el  error de derecho cometido en la selección de la norma  escogida  para  solucionar el conflicto, se opone igualmente que se hubiese dado  mérito   al   testimonio   de   la   víctima   para  sustentar  el  juicio  de  responsabilidad,  máxime  cuando,  en  su  sentir,  en  el  juicio  oral  no se  demostró    la    existencia   del   “cuerpo   del  delito”,  ni  obra prueba circunstancial que lleve a  colegir  que  efectivamente  el  comportamiento  punible  atribuido  al  acusado  ocurrió.   

De  la misma manera, apartándose de la vía  enunciada  para  demandar  la  casación  de  la  sentencia manifiesta que no se  habría  incurrido  en los anteriores errores si se hubiese valorado las pruebas  con  base  en  las  reglas de la experiencia, los principios de la ciencia y los  postulados  de  la lógica, dado que, en su criterio, la conducta punible por la  que fue condenado su defendido no existió.   

Dicho  de  otra  manera, en este supuesto el  actor  tampoco  demostró  en  qué  consistió  el error en la selección de la  norma.   

Y,  por último, respecto del tercer cargo y  como  una  constante,  pero  esta vez apoyado en la causal tercera de casación,  anota  el demandante que   no se puede concluir en la existencia de la  conducta  punible  por  la  que fuera condenado su representado y, menos, con el  testimonio de la víctima.   

Por  manera  que el casacionista denunciando  que  el  juzgador se apartó de las reglas de la apreciación de las pruebas, se  opone  a  la  conclusiones  del  juzgador,  según  las  cuales,  la  calidad de  interventor  del acusado llevaba a colegir en la comisión de la citada conducta  punible,  y  que  la  situación  económica  del  mismo lo hacia autor de dicho  delito,  afirmación  que  no  comparte,  en  tanto  que  de  los citados hechos  también  se  puede  concluir  lo contrario, es decir, que cumplía con su deber  que  le imponía el encargo público y que por la suma de un millón de pesos no  iba   a   poner   en   riesgo   sus   ingresos   mensuales   que   ascendían  a  $2.200.000.00.   

En  fin,  con  apoyo  en  los  anteriores  argumentos  pretende  que  la  Corte,  sin demostrar ningún error en el acto de  apreciación  de las pruebas, declare que en este puntual asunto impera el grado  de  conocimiento  de  la  duda,  situación que necesariamente conlleva a que se  dicte sentencia absolutoria a favor de Nelson Obando Montes.   

Por  último, la Sala advierte que el censor  desconoce   los   parámetros   de  lógica  y  debida  fundamentación  que  la  jurisprudencia  ha  señalado  para  demandar  en sede de casación la prueba de  indicios.  Es  decir,  si  el  yerro  de  apreciación probatoria recae sobre la  prueba  del  hecho  indicador, resulta indispensable que el libelista indique si  el  mismo  tuvo  como génesis  errores de hecho o de derecho, indicando de  igual  forma  el  falso  juicio  que  lo  determinó, esto es, si de existencia,  identidad, raciocinio, legalidad o convicción.   

Ahora si la censura se plantea por cuanto que  se  advierte  que  hubo error en la inferencia que condujo al hecho indicado, es  decir,  no  consulta  con  las  reglas  de la lógica o que su fuerza persuasiva  tampoco  encuentra  sustento  en  los  postulados  que informan la sana critica,  compete  al  casacionista que postule el reproche por la vía del error de hecho  por falso raciocinio.   

En  consecuencia,  surge  claro,  como  se  advirtió,  que  la demanda no cumple con los presupuestos de logicidad y debida  fundamentación,  en la medida en que el casacionista no demostró la existencia  del  yerro  y  menos  su  trascendencia  en  las  conclusiones  adoptadas  en el  fallo.   

De  otro  lado,  no  sobra  recordar  que en  tratándose  del  recurso  de casación rige el principio de limitación, según  el  cual,  la  Corte no puede entrar a complementar las falencias de la demanda,  puesto que se trata de una impugnación de característica rogada.   

Así  las  cosas,  la  inadmisión  es  la  decisión a adoptar.    

Acotación final  

Contra la decisión de inadmitir la demanda  de  casación  presentada a nombre del procesado Nelson  Obando    Montes   procede   el   mecanismo   de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 186 de la Ley 906  de  2004,  razón  por  la  cual  impera precisar que como dicha legislación no  regula  el trámite a seguir para que se aplique el referido instituto procesal,  la   Sala   ha   definido   las   reglas   que   habrán  de  seguirse  para  su  aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por   el   Procurador  Judicial-,  el  Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de casación presentada por el defensor de  NELSON OBANDO MONTES.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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