29561(10-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No.  29561   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrados Ponentes:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado Acta N° 185.  

Bogotá D.C., julio diez (10) de dos mil ocho  (2008).   

VISTOS  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas,  lógicas  y  argumentativas  de  las  demandas  de casación presentadas por los  defensores   de   GIL   GONZALO   DE  VIVERO  AMADOR  y  RUBÉN  OSWALDO CEBALLOS  BURBANO  contra la sentencia proferida por el Tribunal  Superior  de  Pasto,  de fecha agosto 29 de 2007, a través de la cual confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado  Penal del Circuito Especializado de Mocoa el 9 de  noviembre  de 2006 que los condenó por el delito de tráfico de estupefacientes  agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  ad-quem  en  la providencia  recurrida extraordinariamente, de la siguiente forma:   

“El   22  de  enero  de  2004  ante  la  Procuraduría  Departamental  de  ciudad  de  Putumayo  (sic),  el  señor Jairo  Hernán  Pinchao  Burbano  se  presentó  con  el  fin  de  dar a conocer hechos  ocurridos  en  el  año  2003,  relacionados  con  la  comisión de un delito de  tráfico  de  estupefacientes,  en el cual también tendrían participación los  señores  mayor  (r)  GIL  GONZALO  DE  VIVERO AMADOR, RUBÉN OSWALDO CEBALLOS y  RODRIGO  CÓRDOBA.  Argumenta  su  acusación  el citado ciudadano en haber sido  testigo  y partícipe del transporte de al menos 400 y 500 kilogramos de base de  cocaína.   

De  igual  manera informa al despacho de la  Procuraduría  Regional  que  RUBÉN  OSWALDO  CEBALLOS  es el responsable de la  muerte  del  señor  Server  Yomar  Chapid  Guacales, por cuanto conocía de las  actividades    ilícitas    a   las   que   se   dedicaba   aquel”.   

Con    base    en    la    notitia  criminis referida, se decretó la  apertura   formal  de  instrucción,  en  cuyo  marco  fueron   vinculados,  mediante  diligencia  de  indagatoria, RUBÉN OSWALDO  CEBALLOS,  GONZALO  DE  VIVERO  AMADOR  y Jairo  Hernán  Pinchao Burbano, a quienes  se  definió  su  situación jurídica con medida de aseguramiento de detención  preventiva  por  el  delito  de tráfico de estupefacientes y, al primero de los  mencionados, adicionalmente por homicidio.   

Clausurada  la  investigación, la Fiscalía  Especializada  de  Mocoa  calificó  su  mérito  el  1°  de  junio de 2005 con  resolución  de  acusación  en  contra  de  todos los procesados como presuntos  autores  de  la conducta de tráfico de estupefacientes agravado y, además, por  el    delito   de   homicidio   a   RUBÉN   OSWALDO  CEBALLOS.    

Contra la anterior determinación, la defensa  del     procesado    Pinchao    Burbano  interpuso  recurso  de  apelación,  el  cual  fue desatado por la  Unidad  de Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Pasto el 31 de agosto ulterior  impartiéndole confirmación.   

Para la prosecución de la fase de la causa,  el  proceso   se  asignó  al  Juzgado  Penal del Circuito Especializado de  Mocoa,  en  donde  una  vez  surtido  el trámite de ley, se dictó sentencia de  primera  instancia  el  9  de  noviembre de 2006 a través de la cual condenó a  GIL   GONZALO   DE   VIVERO   AMADOR   y  RUBÉN  OSWALDO  CEBALLOS  BURBANO  a las  penas  principales de doscientos dos (202) meses de prisión y multa en cuantía  de   2.000  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  Jairo  Hernán  Pinchao  Burbano a ciento  sesenta  y  ocho  (168) meses y diez (10) días de prisión y multa por valor de  1.666,4  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, al hallarlos penalmente  responsables del delito de tráfico de estupefacientes agravado.   

En  la  misma  determinación, el Juzgado se  abstuvo  de  condenar  a  los  procesados  al  pago de perjuicios materiales, al  tiempo    que    absolvió    a    RUBÉN   OSWALDO  CEBALLOS  del  cargo  proferido  en  su  contra por el  delito  de  homicidio, negando a todos los sindicados la suspensión condicional  de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

En desacuerdo con la anterior decisión, los  defensores  de  los  procesados GIL GONZALO DE VIVERO  AMADOR   y  RUBÉN  OSWALDO  CEBALLOS,   directamente   este  último,  así  como  Jairo    Hernán    Pinchao    Burbano   interpusieron   recurso   de  apelación,  sobre  los  cuales  se  pronunció  el  Tribunal  Superior de Pasto el 29 de agosto de 2007 revocándola  en  cuanto  a  la  condena  al  último  de  los  mencionados para, en su lugar,  absolverlo  de todo cargo y en el de confirmarla “en  lo demás”.   

Dentro del término de ejecutoria del fallo,  interpusieron   recurso   extraordinario   de   casación   los   defensores  de  DE       VIVERO       AMADOR       y   CEBALLOS  BURBANO,    sustentados  posteriormente  mediante  demandas independientes, cuyos presupuestos lógicos y  argumentativos aborda la Sala a efectos de su admisibilidad.   

LAS DEMANDAS  

       

Como  quiera  que  los  libelos  referidos  contienen  similares defectos, la Sala asumirá conjuntamente su estudio una vez  haya compendiado brevemente sus planteamientos en este acápite.   

1.  Demanda  presentada  por  el defensor de  GIL    GONZALO    DE    VIVERO   AMADOR:   

Cargo  único.  Causal primera del artículo  207  del  C.P.P.  “Violación  indirecta  de la ley  sustancial  por  error  de  hecho  en  la apreciación de la prueba derivada del  falso raciocino”:   

Por razón de este yerro, a juicio del actor,  se    violó   indirectamente   el   artículo   9°   del   C.P.   “que  determina  que  para que una conducta para que (sic)   sea  punible  debe  ser  típica,  antijurídica  y culpable”.  Ello, por cuanto el  fallador,  al  desconocer  las reglas de la sana crítica y de la experiencia al  momento  de  valorar  la  prueba,  “no  reconoce la  existencia   de  la  duda”  dejando  de  aplicar  el  principio    in    dubio   pro   reo   consagrado  en  el  artículo  7°, inciso segundo, de la Ley 600 de  2000,  “deduciendo  responsabilidad de mi prohijado  no  obstante  que,  como  lo  demostraré en la demanda, el reconocimiento de la  duda  implica  que  la  atipicidad  (sic) de     la     conducta     de     mi    representado”.   

Igualmente   considera  transgredidos  por  inaplicación  los  artículos 232 ibídem,  inciso  segundo,  en  cuanto  no  es  viable  proferir  sentencia  condenatoria  sin  que  obre  prueba  que  conduzca  a la certeza de la conducta  punible    y   de   la   responsabilidad   del   procesado;   237   ejusdem,  relacionado  con el concepto de  libertad   probatoria   y;  el  238  del  mismo  ordenamiento,  referente  a  la  apreciación conjunta de las pruebas.   

El error, sostiene, recae específicamente en  la   valoración  del  testimonio  de  Jairo  Hernán  Pinchao  Burbano,  testimonio  único  de cargo, en la  medida  en  que,  como  lo ha venido pregonando la defensa desde los albores del  proceso:  “dejaba  vacíos  probatorios  tales  que  impedían  determinar con fuerza de certeza aspectos tales como la existencia de  la  sustancia  estupefaciente  (cocaína),  la  realización  de  las  presuntas  conductas  de  transporte indicadas inicialmente por el testigo y desde luego la  participación    en    las    mismas    de    mi    representado”.   

No  obstante  lo  anterior,  continúa, a la  prueba   se   le   otorgó   “fuerza  demostrativa  absoluta”      para     deducir     “todos  los aspectos inherentes a la tipicidad, antijuridicidad y  culpabilidad de mi prohijado”.   

A   diferencia  de  lo  planteado  por  el  sentenciador   en  el  fallo  impugnado,  estima  que  esta  probanza  no  tiene  consistencia,  pues  en  la  primera  declaración  del testigo ante la justicia  “oculta  aspectos  cuyo  conocimiento finalmente no  podía  ser  negado  tales  como  su  relación  familiar  y personal con RUBÉN  CEBALLOS  BURBANO,  su  primo  …con  quien  además prestó servicio militar y  respecto   de  quien  tenía  serios  motivos  de  animadversión”.                

Adicionalmente, destaca, el testigo pretende  hacer  creer que su presunta actividad irregular se dio como consecuencia de las  órdenes  impartidas  por el Mayor DE VIVERO “cuando  quedó  demostrado  que  el suboficial fue quien relacionó a su familiar con el  ejecutivo  del Batallón”, lo cual, asegura, descarta  la participación de su defendido.   

Respecto   de  la  retractación  ofrecida  posteriormente  por  el  atestante, descalificada por el sentenciador, aduce que  “lo que en el proceso se pudo apreciar fue cómo el  testigo  luego  de  pasado  el  tiempo  y  al verse descubierto en varias de sus  inconstancias  testimoniales  finalmente,  de manera espontánea en declaración  en  donde únicamente se encontraba presente el fiscal resuelve traer al proceso  hechos hasta el momento desconocidos”.   

Así,     prosigue,     Pinchao   Burbano  denuncia  con  nombre  propio  a  un  miembro de inteligencia militar “como  la  persona  que  no  insta  a denunciar al mayor DE VIVERO y arrima al plenario  aspectos  cuya trascendencia no puede ser negada bajo el mero supuesto de que se  trata        de        una       retractación       inexplicable”.   

De  ese  modo,  los  diversos  aspectos  que  condujeron  al  fallador  a desestimar la retractación, desde su punto de vista  son  creíbles  y,  por ende, “su percepción quedó  en  la  mera  sospecha  puesto que no pudo realizar verificación alguna, lo que  finalmente lo motivo a INVENTAR”.   

Acto  seguido,  asegura  que  “la  experiencia indica que el testigo cuando es veraz no elabora  sus  afirmaciones  sino  que  expone  su versión de manera espontánea, limpia,  completa,  en  ningún  momento  acude  a  ocultar datos sobre personas hechos o  referencias”.   

Considera,  por  consiguiente,  que no surge  grado  de  certeza para condenar a partir de lo dicho por este testigo y ante la  probabilidad   existente  no  se  puede  correr  el  riesgo  de  condenar  a  un  inocente.   

Con  fundamento en lo expuesto, solita casar  el fallo y, en su lugar, absolver a su defendido.   

2.  Demanda  presentada  por  el defensor de  RUBÉN       CEBALLOS       BURBANO:   

Cargo  único.  Causal primera del artículo  207  del  C.P.P.  Violación indirecta de la ley sustancial por error de derecho  por falso juicio de convicción:   

Luego del anterior enunciado, sostiene en el  acápite     denominado     “enumeración    del  cargo”  que  con la sentencia impugnada se incurrió  en   “error   de   derecho  por  falso  juicio  de  identidad…   al   apreciar  la  declaración  rendida  ante  la  Procuraduría  Seccional  Putumayo,  su  injurada  y  ampliaciones  de la misma, el informe sin  número                 –DINTE-CECIM-UNOCI-219,  Bogotá  D.C.,  septiembre  18  de 2003, el  oficio  de  entrega  listados  oficiales-suboficiales-civiles  BR24 y sus anexos  donde  se  (sic)  aparece el  nombre  del  señor  sargento  segundo MORALES MONCADA JAVIER, que es la persona  que  según Pinchao Burbano creó la estrategia persecutoria en contra del Mayor  GIL  GONZALO  DE  VIVERO y los informes del CTI-Pitalito, donde se experticia al  vehículo  N.P.R.,  dirigidos  a determinar la existencia de caletas (s) y color  original,  no  lo  hizo  conforme  a  los mandatos contenidos en os (sic)  Art. 7 inciso 2, 17, 232, 234, 238,  280,  282,  282  y  314  de  la  ley  600/2000,  por  lo  tanto  violentado  los  mismos”     

A  continuación  observa cómo “el      distorcionamiento     (sic)  de la prueba”, se presenta  por  otorgarle  “un  valor  diferente al que debía  hacerse”.   

Para  demostrar  lo anterior advierte que el  artículo  232,  inciso  primero,  del  estatuto  procesal,  cita  los medios de  prueba,  entre  ellos  el  testimonio  y la confesión, de modo que “al  decirse  testimonio único se estaría haciendo al margen la  confesión;     creándose     una     confusión    sorprendente”.   Esto  último,  añade,  en  tanto la confesión cuenta con  requisitos  exclusivos  y  excluyentes,  siendo  uno  de los más importantes la  autoincriminación.   

Así,     prosigue,     “tomar  a  un  injurado  como  testigo cuando se autoincrimina es  error  apreciativo  en  la identificación del medio de prueba en su análisis y  en  sus  consecuencias legales, por tanto lo primero a definir en este caso para  destacar  el  error  de  derecho es si se está en frente a un testimonio o ante  una confesión y testimonio”.   

Como  en  la  declaración  de  Pinchao   Burbano   se  autoincrimina  e  incrimina  a  terceros,  insiste,  “pretender restar  fuerza  probatoria  a la autoincriminación bajo una declinación de la conducta  apelando  a la duda o a causales de exculpación creo que vería un error, si se  deja  intacto  la  incriminación  a terceros porque se estaría apreciando bajo  ópticos     diferentes     el     mismo    medio    de    prueba”.   

De  esa  manera,  encuentra  este testimonio  extraño  y  carente  de  lógica,  por  lo  que  procede a transcribir extensos  fragmentos de su contexto.   

En  relación  con el informe sin número de  –DINTE-CEDIM-UNOCI  219 y  los  informes  del  CTI, por medio de los cuales se constata el color original y  la  inexistencia  de placas, anota que “si es cierto  que  existía  una  información  dada  por Pinchao Burbano esta requería de su  constatación  de  lo  contrario  habría  servido  exclusivamente  para de baja  (sic)  a  unos  uniformados  lamentablemente  el  Superior Jerárquico en su apreciación bajo los postulados  de  la rara (sic) crítica se  queda  en  la  simple  conclusión  de que se trata de informe que recoge lo que  siempre  pregonó Pinchao Burbano sin discrepar si se trataba de una prueba o de  un  simple  informe  policial  al que debía concederle únicamente el valor que  brinda   el   art.   314-Ley   600   de  20000  (sic),  y  no  valorar la prueba”.   

Respecto  de los informes del CTI según las  cuales  el  vehículo  N.P.R.  no tenía caletas y en donde se verifica su color  original,  considera deben someterse a una confrontación “seria y rigurosa”  con  lo  dicho por Pinchao Burbano “y no quedarse en  simples  conclusiones”,  en  desconocimiento  de  lo  preceptuado   en   el  artículo  238  del  ordenamiento  procesal  “en  conjunto  y  no  sesgada  y  bajo  las  reglas  de  la  sana  crítica”.   

Culmina   su   disertación  indicado  que  “compilado  lo  expuesto  puede  afirmarse  que los  dichos  de  Pinchao  Burbano eran más propios para una aplicación del inciso 2  del  Art. 7, de la ley 600/2000 a favor de RUBÉN OSWALDO CEBALLOS Y GIL GONZALO  DE   VIVERO   y   no   en  favor  de  aquel  por  cuanto  en  este  figuraba  la  autoincriminación,  situación  que  permite  vislumbrar una inaplicabilidad de  los  artículos  17, 234, 280, 281 y 282 de la Ley 600 de 2000, por cuanto en la  confesión  que  brinda  Pinchao  Burbano  no  se  apreció la existencia de los  requisitos  de  la confesión y de un plumazo se le dejó sin valor, es decir se  paso  (sic)  por  alto  igualmente  el  criterio  apreciativo que le exige la ley frente a esta clase de  institutos”.   

Con  base  en lo anterior, solicita casar el  fallo impugnado y, en su lugar, absolver a su defendido.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Como   se   anticipó   en   el  acápite  precedente,  se  asumirá  conjuntamente  el  estudio  en  punto de los presupuestos jurídicos, lógicos y  argumentativos  de los únicos cargos planteados en las demandas presentadas por  los  defensores  de  los  procesados  GIL  GONZALO DE  VIVERO   y  RUBÉN  OSWALDO  CEBALLOS,    por    ostentar   similares   falencias  determinantes  de  su  inadmisión, lo cual no obsta, valga decir, para destacar  inconsistencias   individuales   que,   en   todo  caso,  conducen  a  idéntica  conclusión.            

Y  si bien el primer libelo referido goza de  mayor  claridad  en  procura  de identificar el yerro de apreciación probatoria  esbozado,  lo cierto es que ninguno de los dos formula una propuesta consecuente  con  las  modalidades  anunciadas  para  obtener el decaimiento del fallo por la  causal  de  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, motivo por el cual se  torna  fundamental evocar, una vez más, la esencia de este tipo de errores para  de  ahí  colegir  el  distanciamiento  con los planteamientos contenidos en las  demandas objeto de estudio.   

Al  respecto,  recuérdese  cómo  el único  cargo  formulado en la demanda a nombre de GIL GONZALO  DE  VIVERO se endereza por el error de hecho por falso  raciocinio,  al  cabo que el también único reproche de la allegada a nombre de  RUBÉN      OSWALDO     CEBALLOS     alude  indistintamente  a  un  error  de derecho por falso juicio de  convicción  (según  su  enunciado),  pero  luego,  con  los  mismos  motivos y  respecto  de  la  mismas  pruebas, pretexta un error de hecho (aunque a veces lo  denomina  de  derecho)  por  falso  juicio  de identidad y también refiere a la  violación de las reglas de la sana crítica.   

Con  este  panorama, como ya se manifestó,  inevitable  deviene  consultar  la  correcta  naturaleza de tales modalidades de  error en el ejercicio valorativo de las probanzas.   

Ciertamente,  cuando se invoca la causal de  violación  indirecta  de la ley sustancial, para el caso prevista en el numeral  primero,  cuerpo  segundo,  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  al  casacionista  le  corresponde  demostrar  que  el  sentenciador  ha incurrido en  vicios  de  apreciación  probatoria  por  error  de  hecho -derivados de falsos  juicios  de  existencia,  raciocinio  o  identidad-  o de derecho -originados en  falsos  juicios  de  legalidad  o  de  convicción-.   En relación con los  planteados por los casacionistas se tiene lo siguiente:   

El  error  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad,   y  no  de  derecho  como  a  veces  lo  encasilla  el  defensor  de  RUBÉN  OSWALDO CEBALLOS, se  concreta  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de  la  prueba para hacerla decir lo que ella no expresa materialmente. Lógicamente  que  para  poder  demostrar  esta  modalidad  de  yerro,  el  casacionista  debe  identificar  con  total  claridad la prueba sobre la cual recae la incorrección  denunciada;   posteriormente,  debe revelar lo que fidedignamente dimana de  ella  de  acuerdo  con  su  estricto  contenido  material,  a lo cual se suma la  obligación  de  precisar  en  dónde radicó la tergiversación, bien porque se  suprimieron  u ora porque se agregaron apartes de su contexto, con lo cual se le  mutó su sentido.    

Por  su  parte, el error de hecho por falso  raciocinio  (propuesto  expresamente  en  el  único  reproche  de la demanda de  GIL  GONZALO  DE VIVERO y en  la    de    RUBÉN   OSWALDO   CEBALLOS  cuando  habla  de  violación a las reglas de la sana crítica) se  origina  cuando  el  sentenciador  aprecia prueba desconociendo las pautas de la  sana  crítica,  esto  es, postulados lógicos, leyes científicas o máximas de  la  experiencia.  En tal supuesto, corresponde al censor también identificar el  medio  de  prueba  sobre  el cual recae la tacha, expresar el mérito persuasivo  otorgado  en  la  sentencia  y, desde luego, determinar el postulado lógico, la  ley  científica  o  la máxima de experiencia cuyo contenido fue desconocido en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta.   

Finalmente,  el  error de derecho por falso  juicio   de   convicción   (planteado   también   en  el  único  reproche  de  la      demanda  presentada  por el defensor de RUBÉN  OSWALDO  CEBALLOS)  se produce al  momento  en  que  se  valora  una  prueba haciendo caso omiso del predeterminado  crédito  otorgado  por  la ley, en cuyo caso al actor le compete identificar el  medio  de  prueba en su concepto indebidamente justipreciado, con la indicación  del  mérito  otorgado a la probanza y el valor fijado por la ley para, a partir  del cotejo entre una y otra, establecer su distanciamiento.   

Conviene  recordar  que  frente a todas las  hipótesis  de  errores  en  la  apreciación  probatoria  no  es suficiente con  realizar  los  pasos  aludidos, pues el cuestionamiento debe versar sobre prueba  trascendente,  esto  es, con la entidad de mutar lo declarado en el fallo.   En  esa  dirección,  por tanto, el casacionista debe demostrar que la decisión  no  se  mantiene  por  cuenta de los demás medios de persuasión y que el vicio  comportó   transgresión  efectiva  de  preceptos  sustanciales  por  falta  de  aplicación o aplicación indebida.   

El  recuento  anterior  en  derredor de las  diferentes     modalidades  de  error  en  la apreciación de las  pruebas,  así  como  de  la carga demostrativa y argumentativa inherente a cada  uno  de  ellos, pone de manifiesto que los demandantes no se acoplaron a su real  esencia  hasta  el  punto  de  que  en  la demanda presentada por el defensor de  RUBÉN  OSWALDO  CEBALLOS se  llega  a  formularlos  de manera simultánea no obstante recaer sobre las mismas  probanzas   

Así,  en  cuanto concierne al único cargo  contenido   en   la   demanda   presentada   por  el  defensor  de  GIL  GONZALO  DE  VIVERO fácil se observa  cómo  a pesar de postularse un error de hecho por falso raciocinio, en la mayor  parte  de  la  censura  ni  siquiera  se identifica la pauta de la sana crítica  vulnerada  en  la  apreciación  del  dicho  de  Jairo  Hernán   Pinchao   Burbano,   pues   simplemente  se  circunscribe  a  exponer  el  criterio  personal  que  le  merece  esta probanza  apartándose     abruptamente     de    la    real    dimensión    del    error  invocado.         

Es así como el cuestionamiento emprendido a  la   apreciación  de  esta  probanza  gira  en  torno  de  habérsele  otorgado  credibilidad  no  empece las serias contradicciones que evidencia y por el hecho  de  existir  una retractación posterior del deponente, aspectos a los que no se  sustrajeron  los juzgadores de instancia y que, desde su punto de vista, en todo  caso   no  mermaban  la  credibilidad  emanada  de  su  dicho  en  cuanto  a  la  participación de los procesados en la conducta endilgada.   

Por  lo mismo se puede afirmar, sin temor a  equívoco,     que  la  pretensión  del  libelista  se  limita a  confrontar  su  criterio  valorativo  respecto de tal medio de prueba con el del  sentenciador,  sin  reparar  que  esa  actitud,  de  acuerdo con los parámetros  vistos,  no  encaja  en ninguno de los errores de apreciación probatoria vistos  con la entidad de socavar la legalidad del fallo impugnado.   

Ahora  bien,  la  única alusión del actor  compatible  con  la  modalidad del falso raciocinio invocado, se verifica cuando  insularmente  sostiene  que  “la experiencia indica  que  el  testigo  cuando es veraz no elabora sus afirmaciones sino que expone su  versión  de  manera  espontánea,  limpia, completa, en ningún momento acude a  ocultar    datos    sobre    personas    hechos   o   referencias”.   

Sin  embargo,  tal  aseveración,  por  una  parte,  la  efectúa  luego de exponer su visión personal sobre la credibilidad  que  a  su  modo  de  ver  emerge del dicho de Pinchao  Burbano,   mermada   por   sus   contradicciones   y  retractación  ulterior, entendiéndose así no propiamente como la desatención  a  un  parámetro  de  la  experiencia  desconocido,  sino  como  la conclusión  particular  que  le  merece.   Y,  por  otra,  en tanto es evidente que esa  hipótesis  no  goza  de  la  pretensión  de  universalidad distintiva de tales  pautas,  dada  su extrema relatividad, como para llegar a considerarla referente  de apreciación.   

Respecto  de  la  demanda presentada por el  defensor   de   RUBÉN  OSWALDO  CEBALLOS  la  situación  es aún peor.  Para empezar, la confusión es  total   en   relación   con   la   modalidad   de   error   que   se   pretende  demostrar.   

En  efecto, nótese cómo no obstante en el  enunciado  del  reparo advierte que tiene apoyo en el error de derecho  por  falso  juicio  de  convicción, de inmediato, esto es, en el siguiente acápite,  varía   la   propuesta   para   afirmar   que   se  trata  de  un  “error  de  derecho  (sic) por       falso       juicio       de      identidad”.     

Pero  eso  no es todo, pues para dificultar  mayormente  el entendimiento cabal de la censura también refiere inopinadamente  que  en  la  apreciación de los mismos medios de prueba se vulneraron reglas de  la   sana   crítica,  con  lo  cual  insinúa  un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

La  inconsistencia  anterior  se agudiza al  advertirse  que,  en  el fondo, tampoco desarrolla una propuesta consecuente con  la  naturaleza  de  alguno de los errores referidos en la censura y, a cambio de  ello,  endereza  un  cuestionamiento  poco  inteligible  sustentado  en  que  el  fallador    fragmentó    la    credibilidad    del    dicho   de   Pinchao   Burbano   al   confundir   los  conceptos  de confesión y testimonio y dirigido a discutir el mérito concedido  a  algunos  informes  rendidos  por  el  CTI,  acorde  con  su visión personal,  igualmente poco comprensible.   

Significa  lo  anterior  que  en  las  dos  demandas  objeto  de  consideración  se  desdibujan  los fines y naturaleza del  recurso  extraordinario para, en su lugar, plantear una discusión propia de las  instancias  del  proceso, desconociendo con ello que el fallo viene precedido de  la  doble  presunción  de acierto y legalidad, para cuya remoción no basta con  la  expresión de un criterio personal atinente a la forma como se cree debieron  ser  apreciadas.               

Esta  falencia  repercute en desmedro de la  idoneidad  argumentativa  de  los libelos y, en últimas, en el cumplimiento del  requisito  establecido  en  el  numeral  3°  del artículo 212 de la Ley 600 de  2000,  en  tanto  la  demanda  de   casación, para ser admitida, debe  contener  “(l)a  enunciación  de  la  causal  y la  formulación   del   cargo,   indicando   en   forma   clara   y   precisa   sus  fundamentos”.   

Este defecto, valga reiterar, se acentúa en  la  demanda allegada por el defensor de RUBÉN OSWALDO  CEBALLOS,  en  donde  no  surge  con  la indispensable  claridad  y  precisión  el  error  de  apreciación  probatoria  atribuido a la  sentencia,    ni    los    argumentos    sobre    los    cuales    descansa   su  pretensión.   

La   sumatoria   de   las  incorrecciones  señaladas  constituye insalvable escollo para admitir las demandas sub  exámine,  de  conformidad  con  las  exigencias  previstas  en  el citado numeral 3° del artículo 212 de la Ley 600  de  2000,  razón por la cual se impone su inadmisión  y la devolución del expediente al despacho de origen,  tal      como      lo      señala     el     artículo     213     ibídem,  amén  de  no  evidenciarse que  durante  el  trámite  del proceso o con ocasión del proferimiento del fallo se  hubiera  incurrido  en  vulneración  de  garantías  fundamentales  enmendables  mediante  la  intervención  oficiosa de la Sala, según la previsión contenida  en    el    artículo    216    ejusdem.   

Cuestión final:  

La  revisión  de  los  fallos de instancia  permite  advertir  que  no  se impuso en contra de los procesados la correlativa  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas,  no  obstante  que,  en  virtud  del  mandato expreso contenido en el  artículo  52,  inciso tercero, de la Ley 599 de 2000:  “la  pena  de  prisión conllevará la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas, por un  tiempo  igual al de la pena a que accede y hasta por una tercera parte más, sin  exceder  el máximo fijado en la Ley, sin perjuicio de la excepción a que alude  el inciso 2 del artículo 51”.   

Así las cosas, correspondería ajustar a la  legalidad  dicha  pena  imponiéndola  por  el mismo término de la de prisión,  esto  es,  por  doscientos dos (202) meses, de no ser porque el presente recurso  fue  incoado  oportunamente  por  los  defensores de los procesados GIL       GONZALO      DE      VIVERO      AMADOR      y     RUBÉN     OSWALDO     CEBALLOS  BURBANO,  razón  por  la  cual  con la corrección se  desconocería  el  principio  de  la non reformatio in  pejus,  según  criterio  mayoritario  de  la  Sala de  aplicación  preferente  sobre  el  de  la  legalidad  de  las penas1.     

   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   las   demandas  de  casación  presentadas  por  los  defensores  de  GIL GONZALO DE  VIVERO   AMADOR   y  RUBÉN  OSWALDO  CEBALLOS  BURBANO,  de  conformidad  con  las  razones consignadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese   y   cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Salvamento  Parcial de  Voto   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                       ALFREDO       GÓMEZ       QUINTERO             

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS         AUGUSTO                         J.                         IBÁÑEZ  GUZMÁN                  

Salvamento Parcial de Voto  

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                   

Salvamento  Parcial  de  Voto                                          Salvamento Parcial de Voto   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1 Cfr.  Sentencia de fecha abril 8 de 2008, rad. 28277.      

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