28701(15-05-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28701   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

  Magistrado Ponente:  

      Dr.    SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

  Aprobado Acta No. 119  

Bogotá,  D.C,  quince  de  mayo  de  dos mil  ocho.   

V   I   S   T   O   S   

Resuelve  la  Corte  la acción de revisión  promovida  por  el  defensor  del  condenado  y  a  la vez apoderado del tercero  civilmente  responsable, contra la sentencia del 26 de octubre de 2005, mediante  la  cual  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de La Mesa, Cundinamarca, condenó a  JOSÉ  FERNANDO  MALDONADO  PARADA,  a  las  penas  principales  de  44 meses de  prisión,  multa en cuantía de cinco mil pesos y suspensión en el ejercicio de  la  actividad  de  conducir  vehículos  automotores,  por un lapso de 18 meses,  junto  con  la  accesoria de interdicción en derechos y funciones públicas por  el  término  de  44  meses,  como autor responsable de los delitos, en concurso  homogéneo,  de  tres  homicidios  culposos,  y  a  la vez heterogéneo, de tres  conductas  punibles  de lesiones personales, en decisión confirmada con algunas  modificaciones  en  punto  de  los perjuicios civiles y sus responsables, por el  Tribunal Superior de Cundinamarca, el 5 de septiembre de 2007.   

HECHOS   

           A eso de las  dos  y  treinta  de la tarde del sábado 23 de septiembre de 2000, se desplazaba  por  la  carretera  que  del  municipio  de  La Mesa, Cundinamarca, conduce a la  ciudad  de  Bogotá, JOSÉ FERNANDO MALDONADO PARADA, al mando del camión marca  International,  modelo  1997,  de  placas  SND  334,  destinado  al  reparto  de  refrescos y cerveza.   

       Empero,  a  la  altura  del  sitio  denominado “La Curva de la Virgen”, colisionó el  camión  con un campero Ford Llanero, de placas SWC 114, destinado al transporte  intermunicipal    de    pasajeros    y    conducido    por    Arnoldo    Perilla  Bermúdez.   

           Por  consecuencia  de  la  magnitud  del  accidente  perecieron el conductor del campero, junto con  Orlando  Cruz  Zurriago  y Ana Delia Vargas de Rodríguez; así mismo, sufrieron  severas  lesiones  Nelson  Gómez  Rubio,  Segundo  Horacio  Macías  Alarcón y  Nereyda   Rodríguez  Vargas,  también  ocupantes  del  automotor  de  servicio  público.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Conocida      la      Notitia     Criminis,    la   Fiscalía   Local   Segunda   de  Cundinamarca,  realizó  las  diligencias  preliminares,  luego de lo cual envió la actuación a la Fiscalía  1°  Seccional  de  La  Mesa,  oficina  que  abrió formal instrucción el 25 de  septiembre  de 2000, ordenando allí vincular mediante  indagatoria   a  JOSÉ  FERNANDO  MALDONADO  PARADA,  diligencia   realizada   el   26  de  septiembre  de  2000.   

El  19  de  enero  de 2001, fue resuelta la  situación  jurídica  del  procesado,  en  contra  de quien se impuso medida de  aseguramiento  de detención preventiva, con beneficio excarcelatorio, a título  de  autor  de  los  delitos  de  homicidio  culposo, en cantidad de tres, y tres  lesiones personales culposas.   

El 16 de abril de 2001, se declaró cerrada  la  investigación. Consecuentemente, el 16 de agosto de 2001, fue calificado el  mérito  del  sumario  decretándose  resolución  de  acusación  contra  JOSÉ  FERNANDO  MALDONADO  PARADA,  como  autor de tres delitos de homicidio culposo y  tres conductas punibles de  lesiones  personales  culposas. Allí mismo se revocó  la  medida  de  aseguramiento  impuesta al procesado en el auto que resolvió su  situación jurídica.   

Interpuestos  por el defensor del procesado  los  recursos de reposición y apelación, el primero fue resuelto negativamente  a  sus  intereses,  en  providencia  emitida  el uno de septiembre de 2001. A su  turno,    en   auto   del   6   de   septiembre   de  2002, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior  de  Cundinamarca,  confirmó  en  su  integridad lo decidido por el A quo.   

Ejecutoriada  la resolución de acusación,  el  proceso  le  fue  repartido,  para  adelantar la fase del juicio, al Juzgado  Penal     del     Circuito     de     La     Mesa,  Cundinamarca, despacho que asumió conocimiento el 20  de septiembre de 2002.   

El  30  de  enero  de  2003,  tuvo lugar la  audiencia preparatoria.   

El 23 de enero de 2004, se dio comienzo a la  audiencia  pública  de  juzgamiento, la que se continuó el 29 de enero y 29 de  octubre  de  ese  año,  y el 7 de septiembre de 2005, hasta culminarse el 16 de  septiembre de 2005.   

El  26  de  octubre de 2005 se profirió la  sentencia  condenatoria  de  primer  grado,  que  fue  apelada  oportunamente  por el representante de la parte civil y el defensor del  procesado.   

El 5 de septiembre  de  2007, fue proferido el fallo de segunda instancia,  que  confirmó, con algunas modificaciones en lo concerniente a los perjuicios y  responsabilidad   civil,   la  sentencia de primera instancia.   

Esa   decisión   cobró   ejecutoria,   como   quiera   que   no  se  interpuso  el recurso extraordinario de casación, el  10     de     octubre     de     2007.   

LA DEMANDA  

         La  acción  de  revisión presentada por el defensor del condenado  JOSÉ    FERNANDO    MALDONADO   PARADA,  actuando  también como representante  del   tercero   civilmente  responsable,  fue  promovida  al amparo de la causal  2ª  del  artículo  220  de  la  ley  600  de  2000,  por considerar que el fallo  demandado  no  podía proferirse, por prescripción de  la acción.   

         En  desarrollo de su argumentación, el  accionante   destaca   cómo  el  fallo  de  primera  instancia,  proferido  el  26  de  octubre  de  2005,  determinó  condenar  a su representado legal por los  delitos  de  homicidio  culposo,  en concurso homogéneo, y lesiones personales,  también  en concurso homogéneo, conforme la descripción típica consignada en  los    artículos    329,    331,    332-2,    333,    337   y   340,  del  Decreto Ley 100 de 1980, vigente  para el momento de los hechos.   

         Esa  decisión, añade, fue confirmada por  el  Tribunal  Superior de Cundinamarca, en fallo expedido el 5 de  septiembre  de  2007,  que  cobró  ejecutoria  el  10  de  octubre de ese mismo  año.   

            Ocurridos  los  hechos el 23 de septiembre de 2000, prosigue el demandante, debe  tenerse  en  cuenta  que la pena establecida para el delito de homicidio culposo  (que  abarca  las  tres  conductas  homogéneas),  oscila  entre  2 y 6 años de  prisión,  acorde  con lo establecido en el artículo 329 del Decreto Ley 100 de  1980.   

             Esa  misma  normatividad  reseña  en  el  artículo  79 que la acción penal se  extingue  por  la  ocurrencia del fenómeno prescriptivo, cuyo término, a voces  del  artículo 80 siguiente, asciende hasta el máximo de prisión consagrado en  la  ley  para  el  delito,  sin  que  sea inferior a 5  años, ni superior a 20.   

          De  igual manera,  aduce  el  defensor  del  procesado,  el artículo 84 ibídem, consagra que la prescripción se interrumpe  por  ocasión  del  auto de proceder o su equivalente, debidamente ejecutoriado.  Con  ocasión de ello, comienza a correr de nuevo el término por tiempo igual a  la  mitad  del  señalado  en  el  artículo  80,  sin  que  sea  inferior  a  5  años.   

            Así   las  cosas,   razona  el  accionante,  la  prescripción  en  la  fase  investigativa  ocurriría  si  no se hubiese ejecutoriado la resolución de acusación el 23 de  septiembre  de  2006.  Pero como esa providencia sí se profirió oportunamente,  comenzaba  a  correr, en la etapa del juicio, un término igual a la mitad de la  pena  máxima  establecida para el homicidio culposo (6 años), que equivale a 3  años,  aunque se debe elevar a 5 años, conforme los  lapsos ordenados por el artículo 84 del decreto Ley 100 de 1980.   

         Estima,  entonces,  el  demandante,  que  la  sentencia  de segundo grado debía  ejecutoriarse  “hasta  el  día 11 de septiembre de  2006”, para que no prescribiera la acción, pero no  ocurrió  así,  dado  que  la  ejecutoria  tuvo  lugar  el 10 de octubre de ese  año.   

            Respecto  de  las  lesiones  culposas   (también  en  número de tres), el  representante  del  procesado  y  del  tercero  civilmente  responsable, realiza  similar  operación, que conduce a la misma conclusión, ya que la conducta más  grave   (con   secuela   permanente)   consagraba   una   pena   máxima   de  7  años.   

           Estima  el accionante, acorde con lo anotado, que el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca, en lugar de emitir la sentencia de segundo  grado  debió decretar la cesación de procedimiento contemplada en el artículo  39  del  decreto  Ley  100  de  1980,  dado  que  se  materializaba el fenómeno  jurídico de la prescripción.   

           Ya  después,   de   manera   subsidiaria,   el   accionante  pide  se  aplique  por  favorabilidad  lo  contemplado  en  el  artículo  531  de  la  Ley 906 de 2004,  dado  que para el momento  de  comenzar  a  aplicarse  en  Bogotá  el  sistema  acusatorio, no había sido  proferido el fallo de segunda instancia.   

              Acude     el  demandante,  entonces,  a lo dispuesto por la norma en torno de la prescripción  especial  de tres años allí establecida para los asuntos ocurridos antes de la  entrada  en  vigencia  de  la  Ley  906 de 2004, para  luego  citar  apartados  de  jurisprudencia  de  la  Corte  en  los que se hacen  precisiones  respecto  del  contenido  del  artículo  531 reseñado.   

             De   ello  concluye  que  en  el  caso  estudiado  debe  aplicarse  el  término  extraordinario  de  prescripción  consagrado  en  la Ley 906 de 2004, de manera  retroactiva, dada su evidente favorabilidad.   

               Culmina  solicitando  el  defensor  del procesado y a la vez representante legal  del  tercero  civilmente  responsable, se declare fundada la causal de revisión  alegada, consecuentemente  se  emita  decisión  de  cesación  de  procedimiento  y se decrete la libertad  incondicional de JOSÉ FERNANDO MALDONADO PARADA.   

         A   título   de   pruebas   y   anexos   de   la   demanda,   el   accionante presentó:   

         -Poderes    otorgados   a   él   para   adelantar  específicamente      la      acción de revisión.   

           -Copia  auténtica  del  Informe de Accidentes N° 99-0006347.   

            -Copia  auténtica  de la indagatoria surtida por el  procesado el 26 de septiembre de 2000.   

             -Copia del  auto  por  medio  del cual se resolvió la situación  jurídica del procesado.   

                 -Copia     del  auto,  proferido el 16 de agosto de 2001, por medio del cual se  calificó  el  mérito  del  sumario,  emitiéndose resolución de acusación en  contra     de     JOSÉ     FERNANDO    MALDONADO  PARADA.   

         -Copia  del auto a través del cual asumió conocimiento, en  la  fase  del  juicio,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  La Mesa, el 20 de  septiembre de 2002.   

           -Copia  auténtica del fallo de primer grado y de la  constancia  de  fijación  y  desfijación  del  edicto encaminado a notificarlo  supletoriamente, y   

             -Copia  auténtica  de  la  sentencia de segunda     instancia     emitida     por     el    Tribunal    de  Cundinamarca.   

ALEGATOS DE LAS PARTES  

1. Del Ministerio Público  

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Investigación  y el Juzgamiento Penal, empieza por señalar cómo el demandante  incurre  en  serias  imprecisiones  respecto  de  los  hechos  y  la fecha de su  ocurrencia,  pues,  a  pesar  de  ocurrir  los homicidios y lesiones en el mismo  ámbito   espacio-temporal,  reseña  como  sucedidos  los  primeros  el  16  de  septiembre de 2001, y las segundas, el 16 de agosto de 2001.   

Luego destaca el Ministerio Público, que los  hechos   ocurrieron  en  vigencia  del  Decreto  Ley  100  de  1980,  en  cuanto  materializados  el  23  de  septiembre  de  2000.  A  su  vez, la resolución de  acusación  cobró  ejecutoria  el  6  de  septiembre  de  2002,  acorde  con lo  dispuesto  en  el  inciso  segundo del artículo 187 de la Ley 600 de 2000, dado  que  en  esa  fecha  se  suscribió  la  providencia  de  segunda  instancia que  confirmó  lo  decidido  por  el  fiscal  instructor. Y, finalmente, el fallo de  segundo  grado,  emitido el 5 de septiembre de 2007, surtió su ejecutoria el 10  de octubre de 2007.   

Acorde  con  ello  y con lo dispuesto por el  artículo  85  del Decreto Ley 100 de 1980, reproducido en el artículo 84 de la  Ley  599  de  2000,  referido a que el término de prescripción debe examinarse  independientemente  para  cada  uno  de  los  delitos  en  concurso,  aborda  el  Procurador  el  estudio individual de los ilícitos por los cuales se condenó a  JOSÉ FERNANDO MALDONADO PARADA.   

Así,  respecto  del  homicidio  culposo (en  cantidad  de  tres,  pero  similar  en  su  punición ya que se gobernó por las  mismas  circunstancias),  advierte  que consagraba pena de 2 a 6 años, conforme  lo  dispuesto por el artículo 329 del Decreto Ley 100 de 1980. Su prescripción  operaría  en  el  máximo  de  la  pena,  vale  decir, seis años. Sin embargo,  interrumpido   el   lapso   prescriptivo   por  ocasión  del  proferimiento  de  resolución  de  acusación,  ese  término  se  reduce  a  la mitad, tres años  –art. 84. Decreto Ley 100  de  1980-.  No obstante, como el término de prescripción no puede ser inferior  a   5   años   –art.80  ibídem-, es ese el tope a considerar.   

En  lo  que  toca  con  los  tres delitos de  lesiones  personales  culposas, el Ministerio público acude a lo dispuesto para  el  concurso  de  conductas  penales  por el artículo 26 del Decreto Ley 100 de  1980,  señalando  que  el  procesado se somete a la que establezca la pena más  grave, aumentada hasta en otro tanto.   

De esta forma, añade, la pena más grave de  aquellas  por  las  cuales  se  condenó  al  procesado, se halla regulada en el  inciso  segundo del artículo 333 del Decreto Ley 100 de 1980, que estatuye de 2  a  7  años de prisión, reducida, por tratarse de la modalidad culposa y acorde  con  lo  establecido  en  el  artículo 340 ibídem, de las cuatro quintas a las  tres  cuartas  partes,  hasta  derivar en sanción oscilante entre   4  meses  y  24  días, y 1 año y 9 meses de prisión. Sin embargo, en tratándose  del  término  a  correr en la etapa del juicio, se reduce a la mitad ese rasero  máximo,  deviniendo   en  10  meses  y  15 días. No obstante, atendido lo  establecido por la ley, ha de fijarse en 5 años.   

Asume  el  Ministerio  Público, conforme lo  anotado,  que el término de prescripción para todos los delitos por los cuales  se  condenó  al  acusado, era de cinco años contados a partir de la ejecutoria  de  la resolución de acusación (ocurrida el 6 de septiembre de 2002), esto es,  el 6 de septiembre de 2007.   

  Y si bien, agrega, el fallo de segundo  grado  se  emitió un día antes, el día 5 de septiembre de 2007, su ejecutoria  se  presentó  mucho  después  y por ello se consolidó la llamada “PRESCRIPCIÓN  SOBREVIVIENTE (sic)”,  que  se  materializa  entre  el lapso que va de la decisión con la cual se pone  fin al proceso, hasta su condición de firmeza.   

En  consecuencia,  pide  el  Procurador  se  atienda  lo  solicitado  por  el demandante, ya que la acción penal prescribió  antes de que se ejecutoriara el fallo de segunda instancia.   

Atinente a la solicitud que subsidiariamente  efectúa   el   accionante,  en  punto  del  principio  de  favorabilidad  y  la  aplicación  retroactiva  del artículo 531 de la Ley 906 de 2004, el Ministerio  Público  advierte que respecto de ello se presentan algunas dificultades, entre  las  cuales destaca que la resolución de acusación se ejecutorió antes de que  entrase  en  vigencia el nuevo Código de Procedimiento Penal, además de que la  norma  fue  declarada  inexequible  por  la Corte Constitucional a través de la  Sentencia  C-1033  del  15 de diciembre de 2006. Así mismo, la Ley 906 de 2004,  comenzó  a  aplicarse  en el distrito judicial de Cundinamarca el 1 de enero de  2007,   lo   que   significa   que   nunca   pudo   aplicarse   allí  la  norma  derogada.   

Sin  embargo,  advierte el Procurador que no  penetrará  a  fondo  en  la  discusión  de  favorabilidad,  dado que, de todas  formas,  con base en la normatividad contemplada en el decreto Ley 100 de 1980 y  la Ley 599 de 2000, debe decretarse la prescripción.   

En  suma,  el  representante  del Ministerio  Público  estima cubiertas las tres exigencias básicas (demanda dirigida contra  un   fallo  condenatorio  ejecutoriado,  sentencia  emanada  de  un  Tribunal  y  ocurrencia  de  un fenómeno, prescripción, que impedía proseguir el proceso),  para  quebrar  los efectos de la cosa juzgada material, dado el yerro en el cual  incurrió  el Tribunal Superior de Cundinamarca al obviar considerar que un día  después  de  la  emisión del fallo de segundo grado  se  cumplían  los  5  años  de  plazo  máximo  para adelantar el trámite, no  obstante   haber   tenido  a  despacho  por  cerca  de  1  año  y  9  meses  la  causa.   

2.  Del  apoderado  del  condenado  y  del  tercero civilmente responsable   

        El      defensor      remite,  en  aras   de  evitar  farragosas  reiteraciones,  a  lo  expresado  en  la  demanda  de  revisión, para luego  transcribir  el  artículo  6°  del  Código  de  Procedimiento Penal, que dice  consagra   el   principio   “universal  de  favor  rei”,  junto  con  citas  doctrinarias  sobre este  tópico,  hasta  derivar  en  la afirmación de que la prescripción se erige en  Colombia como causa de extinción de la acción penal.   

            Culmina  señalando el accionante “Podemos concluir  sin  mayor  esfuerzo  alguno,  que comparando las diferentes fechas, tanto de la  ocurrencia  del  hecho  y  las  fechas  en  donde  se profirieron las diferentes  sentencias,  se  pudo verificar que estas, se emitieron cuando ya había operado  la  institución  jurídica  de  la  prescripción de la acción penal y que por  ende    es    viable    que   prospere   la   acción   impetrada”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

        De  acuerdo  con  la  causal segunda del  artículo  220  del Procedimiento Penal aplicable a este caso (Ley 600 de 2000),  la  acción  de revisión procede contra fallos ejecutoriados, cuando se hubiere  dictado  sentencia condenatoria o que imponga medida de seguridad en proceso que  no  podía  iniciarse o proseguirse por prescripción de la acción, entre otras  hipótesis.   

         Ello,  porque  dentro de la teleología de la acción,  el  principio básico de cosa juzgada sólo es factible de derrumbar a partir de  la  demostración de que por error se pasaron por alto los imperativos de verdad  y justicia, consustanciales a la tarea de la judicatura.   

            Y,   en  el  caso  de  la causal examinada, si se entiende que el Estado, por virtud del paso  del  tiempo, ha perdido la facultad de iniciar o adelantar el proceso, mal puede  estimarse  legítima  la  decisión condenatoria que lo culmina, precisamente en  razón a la imposibilidad contenida en el fenómeno prescriptivo.   

           Ahora  bien,  a  pesar  de que la causal consagrada en el numeral segundo del artículo 220 de  la   Ley   600   de  2000,  expresamente  referencia  su  vigencia  “Cuando  se hubiere dictado sentencia condenatoria o que imponga  medida  de  seguridad,  en  proceso  que  no  podía iniciarse o proseguirse por  prescripción  de  la  acción,  por  falta de querella o petición válidamente  formulada,   o   por   cualquier   otra  causal  de  extinción  de  la  acción  penal”,  ya  la  Sala tuvo oportunidad de definir el  alcance  omnicomprensivo de lo normado, para establecer que esa prescripción no  abarca  apenas  el  paso  del  tiempo  previo  a  la emisión de la sentencia de  condena.   

           En  concreto,         esto        se        dijo1:   

“La    causal    segunda     de    revisión,    tal    como    ha    sido    concebida   en  el  estatuto  procesal  penal,  pareciera  regular  exclusivamente  hipótesis  de  extinción  de  la  acción  penal anteriores al  fallo,  dejando  fuera  de  previsión situaciones que por igual pueden llegar a  presentarse  como  consecuencia  del  mismo  o  en el  trámite de su ejecutoria.   

Es  esta la situación que acontece con la  prescripción  que,  como  se  sabe,  puede  producirse  antes,  con  ocasión o  después   de  la  sentencia.  Es  antecedente,  cuando  para  la  fecha  de  su  proferimiento,   la   acción  se  halla  prescrita;  consecuencial,  cuando  el  fenómeno  acaece  por  virtud de las decisiones adoptadas; y, sobreviniente, si  el  término  prescriptivo  se cumple después de haberse dictado y antes que la  decisión quede en firme.   

El   primer   caso   no  ofrece  mayores  dificultades,  entre  otras  razones  porque  es  la  hipótesis  que  la causal  expresamente   refiere,  y  ocurre  cuando  el  juzgador  adopta  el  fallo  sin  percatarse  que  la  acción  está  prescrita.  En este evento, por mandato del  artículo  240.1  ejusdem,  el  juez  de revisión debe invalidar la sentencia y  dictar  la  providencia  de  sustitución, que no puede ser distinta de  la  cesación       de      todo      procedimiento      por      improseguibilidad de la acción penal.   

El  segundo  caso se presenta cuando en el  fallo  se  toman decisiones con repercusiones en la punibilidad, determinando el  advenimiento   del   fenómeno  extintivo,  bien  porque  elimine  agravantes  o  reconozca   atenuantes,   o   haga  menos  rigurosos  los  grados  o  formas  de  participación  o  de  culpabilidad, o varíe favorablemente la tipificación de  la conducta, para citar algunos pocos ejemplos.   

Esta  hipótesis,  como  ya  se  anotó,  pareciera  no  hacer  procedente  la  revisión  a  juzgar  por  el texto de los  artículos  232.2  y  240.1,  pero en razón a que la prescripción es fenómeno  posible  de  concretarse  en  cualquier momento del proceso, aún después de la  sentencia,  debe  quedar  comprendida  en  este  motivo  de procedencia, al lado  de la prescripción antecedente.   

Así   lo  ha  entendido  la  Corte.  En  providencia  de  mayoría  de  marzo  5  de  1996,  reconoció  la operancia del  fenómeno  prescriptivo  a  raíz  del  tipo  de  decisión  tomada  en  sede de  casación,  por  lo  cual declaró probada esta causal, a cuyo amparo se produjo  la  revisión.  Allí  mismo  aclaró,  en  punto  a los alcances del mencionado  artículo   240.1,   que   en   estos   específicos  eventos  no  procedía  la  invalidación  del  fallo  cuestionado,  porque  si  así  fuera  quedaría  sin  fundamento  la  causal  invocada,  debiéndose entender que la acción se dirige  contra  la  ejecutoria,  a efectos de poder producir la decisión complementaria  correspondiente  (Cfr.  Revisión  No.8336,  Mag.  Pte.  Dr.  Carlos  E.  Mejía  Escobar).   

La  tercera hipótesis se configura cuando  el  tiempo  de prescripción se cumple con posterioridad a haber sido dictado el  fallo,  concretamente  entre  la  fecha  de  su  proferimiento  y aquella en que  alcanza  ejecutoria,  supuesto  en  el cual se encuentra soportada la acción de  revisión promovida en el caso sub judice.   

Esta situación, al igual que la anterior,  debe  entenderse  también comprendida por la causal segunda, pues para la Corte  es  claro  que cuando la norma que la consagra, alude a la sentencia como objeto  de   revisión,   está   haciendo  referencia  al  fallo  ejecutoriado,  o  decisión  con  autoridad de cosa juzgada, quedando así cobijados por la causal  no  solo  los  motivos  de  extinción  de  la  acción  penal  que  impiden  la  producción  de la sentencia, sino los que afectan su ejecutabilidad o eficacia,  y  que  habiéndose  presentado  en oportunidad de ser declarados, no merecieron  pronunciamiento judicial.   

Las  causales  de extinción de la acción  penal  no  operan  de  pleno  de  derecho; para que surtan efectos jurídicos es  necesario  que  medie  decisión  judicial  que  declare su ocurrencia. Por eso,  mientras  un  tal pronunciamiento no se presente, los actos procesales cumplidos  tienen  total  eficacia,  pudiéndose,  en  esas  condiciones, llegar incluso al  proferimiento  del  fallo  de  mérito, y con éste, a la materialización de la  cosa juzgada, con todos los efectos que ella conlleva.   

Cuando  esta  situación  se presenta, los  actos  procesales  cumplidos  con  posterioridad  a  la ocurrencia del fenómeno  extintivo  son  ilegítimos, y es ello lo que faculta intentar su derrumbamiento  a  través de la acción de revisión, único medio por el cual la inmutabilidad  de  las decisiones amparadas por la cosa juzgada debe  levantarse.   

En  la hipótesis que se viene analizando,  se  tiene  que  la  acción  penal se encontraba vigente cuando la sentencia fue  proferida.  Por esta razón, no cabe discutir su legitimidad como acto procesal;  solo  la  posterior  pérdida de aptitud jurídica debido al efecto enervante de  la  prescripción,  operado durante la notificación. De allí que sea en contra  de  la  ejecutoria,  y  no  del  fallo  propiamente dicho, que en estricto rigor  lógico debe entenderse orientada la acción de revisión.   

La  sentencia  es legítima, puesto que al  dictarse  no  concurría  causal  de  extinción  alguna  que  se  opusiera a su  producción,   pero  no  lo  es  su  firmeza,  para  cuyo  momento  ya el fenómeno se había operado”.   

              Es     la  transcrita,  cabe relevar, una posición que se ha mantenido invariable hasta el  presente2  y  que,  por  virtud  de  los  hechos en los cuales se sustenta la  demanda    objeto    de    pronunciamiento,    sirve    de   fundamento   a   la  decisión.   

            Decisión   que,  desde  ya  se  anuncia,  atenderá los requerimientos del demandante como quiera  que,  en  efecto,  el  fenómeno prescriptivo tuvo ocurrencia material cuando se  adelantaba  la  notificación  del  fallo de segunda instancia, precisamente, un  día después de emitirse este.   

             En  este  sentido,  una  primera precisión que cabe hacer dice relación con el  examen  del  paso  del  tiempo  y  su  incidencia  respecto del concurso de seis  delitos   atribuido  al  procesado,  ocurridos  todos  en  un  mismo  espacio  y  momento.   

               Sobre  ese  particular,  ya  se  tiene  claro  también,  porque  la ley así lo  establece  (artículo 85 del Decreto Ley 100 de 1980, e inciso 4° del artículo  84  de la Ley 599 de 2000), que el término de prescripción corre independiente  para  cada  delito  y,  en  consecuencia,  demanda  de  análisis  individual  y  concreto.   

              Es  por  ello que no se entiende el motivo por el cual el Ministerio Público en  su  concepto, al momento de abordar el estudio de las tres conductas punibles de  lesiones  personales,  recurrió a lo contemplado en el artículo 26 del Decreto  Ley  100  de  1980,  atinente  al  concurso  de conductas punibles y su forma de  dosificación  punitiva,  para  establecer cuál de los delitos comporta la pena  más  grave  y  sirve  de  base  de  determinación de la sanción, aunque no se  refirió al incremento allí establecido.   

              Contrario  al  ejercicio  intentado por el Procurador, es menester que se aborde  cada  ilicitud,  verificando  la  pena  que  comporta, atendidos los fundamentos  modificadores  de  sus límites, para luego determinar el lapso de prescripción  que ella apareja.   

              En  primer  lugar,  entonces,  se  abordará  el  análisis  de  los  homicidios  culposos,  advirtiéndose  que  basta  despejar la pena de uno de los tres, para  determinar  el  lugar  común  respecto de los otros, en tanto, se ejecutaron en  similares  circunstancias  objetivas y subjetivas, sin que respecto de alguno de  ellos  se  cubran  factores  modificadores  de  límites  de  pena  ajenos a los  demás.   

                La  pena establecida, entonces, para el delito de homicidio culposo, conforme lo  que  fuera  objeto  de  acusación  y  sentencia condenatoria en las instancias,  oscila  entre  2 y 6 años de prisión, acorde con lo dispuesto por el artículo  339  del  Decreto  Ley 100 de 1980, sin que ninguna circunstancia específica de  atenuación o agravación module la sanción.   

           De  buscarse  la  prescripción  en  la  etapa  investigativa,  el lapso sería de 6  años,  pena  máxima  establecida  para el delito, conforme lo dispuesto por el  artículo 80 del decreto Ley 100 de 1980.   

            Empero,  como  ese  término  se  interrumpió  con  la  ejecutoria del auto que  calificó  con  resolución  de  acusación  el mérito de la instrucción, debe  reducirse   a   la   mitad,  3  años,  conforme  lo  dispone  el  artículo  84  ibídem.   

             No  obstante,  dado  que  el  artículo  80  en  cita  advierte  que el lapso de  prescripción  no  puede  ser  inferior  a  5 años, este es el tope que deberá  signar  la  definición  del  asunto,  en lo que respecta a cada uno de los tres  delitos   de   homicidio  culposo  por  los  cuales  se  acusó  y  condenó  al  procesado.   

             En  lo  que  toca  con los delitos de lesiones personales culposas, es necesario  puntualizar  que  respecto  de  dos  de  los  heridos,  el  daño  no superó la  incapacidad  médico  legal  (35  días  para Segundo Horacio Macías Alarcón y  Nelson  Gómez  Rubio),  al  tanto  que  Nereyda  Rodríguez  Vargas,  padeció,  conforme  el  dictamen  obrante  al folio 443 del cuaderno principal, deformidad  física  que  afecta  el  rostro  y perturbación funcional del sistema nervioso  central, ambas permanentes.   

           Respecto  de  las  secuelas   en   mención,  el  artículo  337  del  Decreto  Ley  100  de  1980,  establece:   

            “Si como consecuencia de la conducta se produjeren  varios  de  los  resultados  previstos  en  los  artículos anteriores, sólo se  aplicará la pena correspondiente al de mayor gravedad.”   

             La  pena  para  el efecto de perturbación funcional permanente, de acuerdo a lo  disciplinado  en  el  inciso  segundo  del  artículo 334 del Decreto Ley 100 de  1980, oscila entre 2 y 8 años de prisión.   

             A  su  turno, la deformidad física permanente consagra sanción entre  2 y  7  años  de  prisión, pero en este caso, a diferencia de los guarismos tomados  en  cuenta  por  el  Procurador,  debe  incrementarse  esa sanción “hasta  en  una  tercera parte”, como  lo  postula  el  inciso  tercero  del artículo 333 del Decreto Ley 100 de 1980,  dado  que  se  afectó el rostro, deviniendo en nuevo parámetro dosificador que  va de 2 años, a  9 años y 4 meses de prisión.   

            Esta  pena,  desde  luego,  es  superior  a  la  establecida  para la consecuencia referida a  perturbación  funcional  permanente  y  por  ello  se asume única respecto del  delito que tuvo como víctima a Nereyda Rodríguez Vargas.   

          Ahora  bien,  dado  que  se  trata  de  un delito culposo, la sanción debe atemperarse, a voces del  artículo  340 del Decreto ley 100 de 1980, en proporción de las cuatro quintas  a las tres cuartas partes.   

               Efectuada   la   correspondiente   operación   aritmética,   el  nuevo  margen  dosificatorio   oscila   entre   4   meses   y   24   días,   y   28  meses  de  prisión.   

             Como  esa  cifra  es  inferior a 5 años, sea en la fase instructiva o en la del  juicio,  el término prescriptivo del delito asciende a 5 años, como lo dispone  el inciso segundo del artículo 80 del decreto Ley 100 de 1980.   

              Y,  de  igual  manera  ocurre  respecto  de  los  otros  ilícitos  de  lesiones  personales  que  arrojaron  apenas  incapacidad  médico  legal de 35 días, por  razones obvias.   

              Se  halla  claro,  así, que los seis delitos atribuidos al condenado comportan,  en la fase del juicio, un término de prescripción de 5 años.   

             Ahora  bien, no se discute que la resolución de acusación cobró ejecutoria el  6  de  septiembre  de  2002, momento en el cual se firmó el auto interlocutorio  emanado   de   la   Fiscalía   Delegada   ante  el  tribunal  de  Cundinamarca,  confirmatorio  en  todas sus partes de la calificación dictada por la Fiscalía  Seccional de La Mesa.   

           Si  ello  es  así, la prescripción de la acción, contados los 5 años habilitados  legalmente  para  el  efecto,  se materializaba el 6 de septiembre de 2007, vale  decir,  solo  hasta  este  hito  poseía competencia el Estado para adelantar la  persecución penal en disfavor del procesado.   

          Y si bien, un día  antes,  el  5  de  septiembre  de  2007,  se  profirió  la sentencia de segunda  instancia   que  confirmó  lo  decidido  por  el  A  quo, ello no es suficiente para entender enervados los  efectos   del   fenómeno  prescriptivo,  precisamente,  como  se  anota  en  la  jurisprudencia  citada,  porque  esa  decisión no alcanzó a cobrar ejecutoria,  sometida  como  se  hallaba  al proceso de notificación legal, el cual, ante la  ausencia  de impugnación por vía casacional, discurrió hasta el 10 de octubre  de 2007.   

             No    son   necesarias,   entonces,   mayores  lucubraciones  jurídicas  o  fácticas  para  concluir  que,  en efecto, tuvo lugar el fenómeno que la jurisprudencia de esta  Corte  denomina  prescripción sobreviniente, como quiera que se superaron los 5  años  sin que quedara ejecutoriada la condena que ahora es objeto de ataque por  el camino de la acción de revisión.   

         Por  lo  tanto,  resulta  material y formalmente ajustada la causal de revisión  contemplada  en  el  numeral  2  del  artículo 220 del Código de Procedimiento  Penal  invocada  por  el  apoderado  del  condenado  y  del  tercero  civilmente  responsable.   

         En  consecuencia,  la  Sala  declarará  fundada  la  acción de revisión objeto de  estudio,  por lo que dejará sin efectos las condenas emitidas en las sentencias  mediante  las  cuales  se  estudió  la situación del procesado y, en su lugar,  dispondrá la cesación del procedimiento a su favor  por prescripción de la acción penal.   

           Como  quiera  que  el  condenado   MALDONADO  PARADA,  se halla cumpliendo la sanción en  prisión  domiciliaria,  se  ordenará  su  inmediata  e incondicional libertad,  haciéndole  devolución  de  la  suma que eventualmente hubiese depositado para  acceder a este mecanismo de atemperación del rigor intramural.   

         Así  mismo,  se  declarará  la  prescripción  de la acción civil respecto de  quienes  se  constituyeron  en  parte  civil  dentro de la presente actuación y  exclusivamente  en  lo que atiende a la pretensión dirigida contra el procesado  JOSÉ  FERNANDO  MALDONADO  PARADA,  según  lo  dispuesto en el artículo 98 de  Código  Penal, en cuanto establece que “la acción  civil  derivada  de  la  conducta punible, cuando se ejercita dentro del proceso  penal,  prescribe,  en  relación con los penalmente  responsables, en tiempo igual al de la prescripción  de la respectiva acción penal”.   

           A  su turno,  ordenará  cancelar los antecedentes penales de JOSÉ FERNANDO MALDONADO PARADA,  en  razón  de esta actuación, así como las demás anotaciones que se hubieren  efectuado   en   los   registros   de   policía   y   control   de   decisiones  judiciales.   

          Como quiera que se  aprecia  evidente  morosidad  en  la   actuación  del Tribunal Superior de  Cundinamarca,  donde  permaneció  el expediente por algo más de 20 meses, a la  espera  del  fallo  de  segunda instancia, que se profirió precisamente un día  antes  de  cumplirse el término de prescripción, se ordenará la compulsación  de  las  copias  pertinentes, a efectos de que la Sala Disciplinaria del Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  adelante  la  investigación correspondiente a la  presunta falta en que pudieron incurrir los magistrados.   

         Dada  la  prosperidad  de la causal propuesta, la Corte no hará pronunciamiento  respecto   del  argumento  subsidiario  que  en  seguimiento  del  principio  de  favorabilidad  se  insertó en la demanda, referido a la aplicación retroactiva  de lo dispuesto en el artículo 531 de la Ley 906 de 2004.   

         Por  último,  en  firme  la  presente decisión, se devolverá el expediente al  despacho de origen.   

            En   mérito   de   lo   expuesto,   la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

R E S U E L V E  

           1.  DECLARAR  fundada la causal segunda de revisión invocada por el  apoderado   de  JOSÉ  FERNANDO  MALDONADO  PARADA,  y  del  tercero  civilmente  responsable.   

             2.  DEJAR  SIN EFECTO las  condenas  proferidas  en  contra  de  JOSÉ FERNANDO  MALDONADO  PARADA,  en  las  sentencias de primera y  segunda instancias fechadas el 26 de octubre de 2005 y  5 de septiembre de 2007.   

             3.   DECRETAR   la  cesación  de  procedimiento  por  prescripción  de la acción penal seguida en contra de JOSÉ FERNANDO MALDONADO  PARADA,  así  como  la prescripción de la acción civil respecto de quienes se  constituyeron  como  parte  civil en esta actuación, pero únicamente en lo que  respecta   a   la   pretensión   dirigida   contra   JOSÉ  FERNANDO  MALDONADO  PARADA.   

             4.  ORDENAR  la  libertad inmediata e incondicional de  JOSÉ  FERNANDO  MALDONADO  PARADA,  a  quien  debe  hacerse  devolución  de la  caución  que  hubiese  prestado  para  acceder a la prisión domiciliaria, así  como  la  cancelación de los antecedentes y demás anotaciones que en razón de  este  proceso  se hubieren efectuado en contra suya, al igual que la devolución  del   expediente   al   despacho   de  origen,  una  vez  quede  en  firme  esta  decisión.   

         5.  ORDENAR  se  compulsen  las copias  pertinentes   para  que  la  Sala  Disciplinaria  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,   investigue   la  presunta  falta  en  que  pudieron  incurrir  los  magistrados    de    la    Sala    de    Decisión  Penal del Tribunal Superior de Cundinamarca, dada la  demora en resolver el asunto en segunda instancia.   

             Contra     esta  providencia, no procede recurso alguno.   

           Cópiese,   notifíquese   y  cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                               ALFREDO     GÓMEZ  QUINTERO   

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.                         AUGUSTO J.  IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia del 29 de julio de 1997, radicado 11.519   

2  Véanse,  entre  otras, Sentencia del 22 de septiembre de 2005, radicado 19.822,  y Sentencia del 13 de marzo de 2008, radicado 25.547.     

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