26445(10-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26445  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 152   

Bogotá, D. C., diez (10) de junio de dos mil  ocho (2008)   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor de LUIS JOHANNY PARADA SEPÚL-VEDA en contra de la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Cúcuta  (Norte  de  Santander),  mediante la cual confirmó en su  integridad  el  fallo  emitido  por  el  Juzgado  Sexto Penal Municipal de dicha  ciudad,  que  condenó  al  procesado a la pena principal de cuatro meses y ocho  días  de  prisión,  y  un salario mínimo legal mensual vigente de multa, como  autor  penalmente responsable de la conducta punible de  lesiones      personales      culposas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El 8 de julio de  2002,  en  la  avenida  séptima  con  calle  primera  del  barrio  La  Ínsula  de  Cúcuta,  se  produjo en  horas   de  la  mañana  un  accidente  de  tránsito  entre  el  camión  marca  Dodge        de       placas       IBD-379,       manejado  por LUIS JOHANNY PARADA SEPÚLVEDA, y la  motocicleta  marca  Yamaha,  de  placas  XDS-44,  conducida por Freddy Alexander  Cárdenas  Bautista,  que  produjo  como resultado en contra de este último una  incapacidad  médico  legal  definitiva  de veintiocho  días  y  una  perturbación  funcional  del  sistema  nervioso central de carácter transitorio.   

El accidente se debió a que tanto el camión  de  placas  IBD-379  como la motocicleta de placas XDS-44 se dirigían en línea  recta,  a  la  misma  altura  y  en  idéntico sentido, el primero por el carril  derecho  de  la  vía  y la segunda por el carril izquierdo, cuando LUIS JOHANNY  PARADA   SEPÚLVEDA,   con   el   propósito   de   voltear   por   una   glorieta,  adelantó  al   motociclista   y   giró  en  forma  intempestiva  hacia la izquierda, de manera que Freddy  Alexander  Cárdenas  Bautista  no  tuvo tiempo para maniobrar e impactó con el  tanque   de   gasolina   situado   en   el  costado  derecho  del  vehículo  de  carga.   

2.  Debido  a  lo  anterior,  la  Fiscalía  Local  Doce  de  Cúcuta  ordenó  la  apertura  de la  instrucción,  vinculó mediante diligencia de indagatoria a LUIS JOHANNY PARADA  SEPÚLVEDA,  adelantó  la  práctica  de  varias  pruebas y, en resolución que  calificó  el  mérito del sumario, profirió preclusión de la investigación a  favor del sindicado.   

3.  Apelada  dicha  providencia  por  la  apoderada  de la parte civil, la Fiscalía Cuarta Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Cúcuta  la  revocó  en  su  integridad y, en  consecuencia,  profirió  resolución  de  acusación  en contra de LUIS JOHANNY  PARADA  SEPÚLVEDA por la conducta punible de lesiones  personales culposas.   

4.  Conoció  de la  actuación  en  la  etapa siguiente el Juzgado Sexto Penal Municipal de Cúcuta,  despacho  que  una  vez agotada la audiencia pública condenó al procesado como  autor  del delito en comento a la pena principal de cuatro meses y ocho días de  prisión  y  un  salario  mínimo  legal  mensual  vigente  de  multa, a la pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos  y funciones públicas y al pago de los daños  y  perjuicios  derivados de la ejecución de la conducta punible. Así mismo, le  concedió  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena privativa de  la  libertad  de  que trata el artículo 63 de la ley 599 de 2000 por un periodo  de prueba de dos años.   

5.  Apelada  dicha  providencia  por  el  defensor  del  sentenciado,  el  Juzgado Primero Penal del  Circuito    de    Cúcuta    la    confirmó   en   lo   que   fue   objeto   de  impugnación.   

6. Contra el fallo de  segundo  grado,  interpuso  el abogado de LUIS JOHANNY  PARADA   SEPÚLVEDA   el  recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

El defensor adujo que acudía a la casación  con  el  fin  de “unificar  criterios  y  dar  cabida  al  desarrollo  de  la  jurisprudencia respecto de la  utilización  del  Código  Nacional  de  Tránsito,  ley  769  de  2002,  en el  territorio  nacional  […] y  de   igual   manera   a   los   artículos   2341  a  2359  s.  s.  [sic]   del   Código  Civil”1.   

Después   de   reseñar  los  antecedentes  procesales  del  caso y de transcribir los fundamentos de la sentencia proferida  por  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito de Cúcuta, planteó como cargo una  violación   de   la  ley  sustancial  por  error  de  derecho,  “pues  se  desconoció  por  parte  del  legislador  la existencia y  supremacía  de  la  legislación  civil, además de las normas contenidas en el  Código    Nacional    de    Tránsito”2, así como por  “un  error  de  derecho  en  la  apreciación de la  prueba”3.   

Acerca   de   lo   primero,   sostuvo  que  para   efectos   de   la  responsabilidad            extracontractual   que   se   deriva   de   actividades   peligrosas  se  presume la culpa en quien ejerce las mismas, según lo  establece  el  artículo  2356  del  Código  Civil,  y,  por  lo tanto, como la  víctima  del accidente también estaba conduciendo un  vehículo  automotor, tenía  como    carga    probatoria   desvirtuar  su  propia  culpa  o  demostrar  la  del  demandado,  lo  cual  se  desconoció  en  este  asunto,  al  igual que el resto  de     las     normas  concordantes  contenidas  en  el Código  Civil.   

En  cuanto a lo segundo (esto es, al error en  la  apreciación  de la prueba), afirmó que la víctima también debía cumplir  los  artículos  55, 60, 61, 66, 68, 70, 73, 74, 94 y 96 del Código Nacional de  Tránsito,  cuya  vulneración  implicaba para el caso concreto que el lesionado  intentaba sobrepasar por donde no le era permitido.   

En  consecuencia,  solicitó  a  la Corte que  revocara  la  sentencia  objeto  de impugnación y de  esta  manera  unificara  la  jurisprudencia nacional en  cuanto a las actividades peligrosas se refiere.   

CONSIDERACIONES  

1. De conformidad con  lo  señalado  en  el  inciso 1º del artículo 205 del Código de Procedimiento  Penal,  la casación procede, en forma regular, contra las sentencias de segunda  instancia  proferidas  por los tribunales superiores de los distritos judiciales  del  país, dentro de procesos que se hubieren adelantado por delitos que tengan  señalada  una  pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo previsto en la ley  exceda los ocho años de prisión.   

Si  el  fallo de segundo grado proviene de un  juzgado  del  circuito,  o  si la pena máxima contemplada es igual o inferior a  los  ocho  años  de  prisión,  la  casación  sólo  es  procedente  de manera  excepcional  y discrecional, es decir, en la medida en que la Corte lo considere  necesario   en   aras  de  respetar  las  garantías  fundamentales  de  quienes  intervienen  en la actuación procesal o para desarrollar la jurisprudencia, tal  como lo consagra el inciso final de la norma en comento.   

2. Para la casación  discrecional,  la  Corte  ha  plasmado  el  criterio  de que el demandante en su  solicitud  tiene  la  carga  procesal  de  presentar  en  forma clara, nítida y  coherente  las  razones  por las cuales esta Corporación debería conocer de un  asunto  en  el  que  no  concurrieron los presupuestos para la procedencia de la  casación  común,  bien  sea  porque  el  pronunciamiento  de  la  Sala resulta  necesario  para  el  desarrollo  de  la jurisprudencia, o bien porque en el caso  concreto hubo vulneración a las garantías fundamentales.   

Si  de  lo  que se trata es de lo primero (es  decir,  del desarrollo de la jurisprudencia), la Corte también ha precisado que  el  demandante  tiene  la  obligación  de  especificar  si  lo pretendido es la  actualización  de  la  doctrina  imperante,  o el pronunciamiento sobre un tema  todavía  no  estudiado, o la unificación de posturas divergentes que provengan  de esta misma Corporación.   

Y  cuando lo que se pretende en particular es  la   unificación   de   la  jurisprudencia,  el  demandante  tiene  además  la  específica       carga      de      “exponer  de  manera ordenada y lógica  la  finalidad  de su pretensión, señalando las providencias de la Corte, no de  otra  autoridad,  que  contienen  posiciones encontradas, en las que se observen  posturas  opuestas sobre una misma materia, así como demostrar la relación que  exista   entre   lo   solicitado   como   objeto  de  pronunciamiento  por  vía  jurisprudencial   y   el   asunto   que  es  sometido  a  consideración  de  la  Corte”4.   

Adicional a lo anterior, y como quiera que el  recurso  extra-ordinario  de  casación  obedece al principio de limitación, al  igual  que  a  la  naturaleza  rogada  del  mismo, la demanda también tiene que  elaborarse  con  el debido acatamiento a los requisitos formales establecidos en  el  artículo  212  de  la  ley  600  de 2000, esto es, respetando las reglas de  formulación,  desarrollo y demostración del cargo o los cargos de que trata el  artículo  207  ibídem,  que  por obvias razones deben estar en consonancia con  los  argumentos  por  los  cuales  se  fundamentó la  solicitud de admisión por vía discrecional.   

3.  En el asunto que  centra  la  atención  de la Sala, el defensor de LUIS JOHANNY PARADA SEPÚLVEDA  dejó  de  cumplir  con  varios  de  los  requisitos  que  tanto  la ley como la  jurisprudencia    le   exigían   para   efectos   de   la   admisión   de   la  demanda.   

En efecto, a pesar de que el límite punitivo  máximo  del  delito  de  lesiones personales culposas  previsto  en  el  inciso  1º  del  artículo  114 del  Código  Penal  (conducta  por  la  cual  fue  sentenciado  LUIS  JOHANNY PARADA  SEPÚLVEDA)  es inferior a los ocho años de prisión, y que en el presente caso  la  sentencia  de segunda instancia no fue proferida por un tribunal superior de  distrito  judicial sino por un juzgado con categoría de circuito, el demandante  no  se  molestó  en  relacionar  de  manera  coherente y razonable el fin de la  casación  discrecional  que  a la postre invocó, relacionado con el desarrollo  de la jurisprudencia.   

Es  decir, aunque es cierto que hizo alusión  al  propósito  de unificar decisiones jurisprudenciales respecto de los delitos  emanados  de  los  accidentes  de  tránsito, también lo es que el defensor fue  absolutamente  ambiguo  e  incoherente  en  ese  sentido,  pues, por un lado, no  precisó   a  qué  tipo  de  providencias  se  refería  con  sus  afirmaciones  relacionadas  con  la  aplicación de las normas del Código Civil y del Código  Nacional  de Tránsito y, por otro lado, lo que expuso  frente  a  la configuración típica del delito culposo  o  imprudente,  así  como  al  tipo de responsabilidad que se deriva del mismo,  jamás  ha  sido entendido o planteado de esa manera por la Sala en sede de este  extraordinario recurso. Veamos:   

3.1.  Si  lo que el  demandante  quería  era  que  se  armonizara  la  jurisprudencia  de la Sala de  Casación  Civil  de la Corte en materia de responsabilidad extracontractual con  la  proferida  por esta Sala acerca de la responsabilidad penal que se desprende  de  la realización de un delito imprudente, tal pretensión resulta tan absurda  como  imposible,  no  sólo  porque  el  fin  de  unificación  en  la casación  discrecional  se predica únicamente de las decisiones que en esta sede profiere  la  Sala  (y  no  de  cualquier  otra alta corporación), sino además porque la  acción   civil   que  se  adelanta   en   razón   de   la   ocurrencia   de   una   conducta  punible  es  completa-mente  distinta en  cuanto  a  su  naturaleza,  contenido y consecuencias de  la   acción   penal  que  también se desprende a raíz de la misma.   

Incluso así se establece en el artículo 2341  del   Código  Civil,  norma  cuyo  reconocimiento  en  el  presente  asunto  el  demandante  reclama,  en  el sentido de que quien en razón de un delito o culpa  ha   inferido   a   otro   un   daño   antijurídico   de  índole  patrimonial  “es  obligado a la indemnización, sin perjuicio de  la   pena   principal   que  la  ley  le  imponga  por  la  culpa  o  el  delito  cometido”.   

Ahora bien, que de los artículos 94 a 100 de  la  ley  599 de 2000, así como de los artículos 45 a 59 de la ley 600 de 2000,  se  establezca  la posibilidad de adelantar una acción civil dentro del proceso  penal,  obedece  a  la necesidad de garantizar en forma efectiva los derechos de  la  víctima,  al  igual  que  a  la  necesidad  de reparar toda clase de daños  derivados  de  la  ejecución  del  delito,  tal como lo ha entendido la Sala de  tiempo atrás:   

“[…]  quiso el legislador que el proceso  penal  debía  de  representar  un  justo  equilibrio,  que  al  mismo tiempo de  garantizar  los  derechos de las personas sometidas al proceso no descuidara los  intereses  resarcitorios  de  quienes  sufrieron los efectos patrimoniales de la  conducta  delictiva, y se consideró que no era equitativo que de manera regular  y  generalizada  la  parte  perjudicada  tuviera  solamente  la satisfacción en  algunos  casos  de  saber que el responsable de sus males había sido condenado,  pero  que  satisfacciones de carácter patrimonial no surgieran paralelamente de  la  sentencia penal, sino que el ofendido se veía en la obligación de iniciar,  cuando  la  condenación al pago de perjuicios había sido en abstracto, que era  en  la inmensa mayoría, un largo y dispendioso juicio ordinario, y luego uno de  carácter  ejecutivo,  para  al  cabo de muchos años obtener una insignificante  compensación   patrimonial   por   los   daños   ocasionados   por   el  hecho  delictivo”5.   

Pero  lo  anterior  no  significa,  como  lo  sugirió  el  demandante  en  su  escrito, que para el  análisis    de    la   realización   del   delito  culposo        o  imprudente   tengan  que  aplicarse  los  criterios  de  culpa  contenidos en la  normatividad  civil,  ni  tampoco  la  naturaleza  dispositiva  y  rogada de los  procesos   civiles,   ni  mucho  menos  la  distribución  de  las  cargas     probatorias     de     los  mismos,  pues,  tal como lo ha reconocido  la  Sala  en innumerables decisiones, las reglas del procedimiento  civil  dentro  del  proceso  penal únicamente tienen cabida cuando existe parte  civil  debidamente  constituida  dentro de la actuación y tan solo para efectos  del       tema      de      los      perjuicios6.   

3.2. Por otra parte,  si  lo  que  pretendía  el  demandante era la unificación de la jurisprudencia  dentro  de  los  pronunciamientos  que  la Sala ha dictado en materia de delitos  culposos  ocurridos  en  accidentes  de  tránsito, es de anotar que nunca se ha  proferido  una  providencia  en  la que esta Corporación se acerque siquiera en  forma  tangencial  a  las  posturas  jurídicas  defendidas  en  la solicitud de  casación,  atinentes  a  la presunción de culpa en quien ejecuta una actividad  peligrosa,  al  igual que a la carga probatoria que ostentaría en esta clase de  situaciones     quien     es     víctima     de     un     daño    patrimonial  antijurídico.   

Por    el    contrario,   la   Sala   ha  desarrollado  de  manera independiente a los  tradicionales  conceptos  civilistas de culpa, concurrencia de  culpas  y  caso  fortuito,  toda  una  línea  jurisprudencial  relacionada con el  delito  culposo  en  el ejercicio de actividades peligrosas, entendiéndolo como  una  infracción  objetiva  a  un  deber  de  cuidado que se verifica en sede de  tipicidad    con    criterios    valorativos    propios   de   la   teoría  de  la  imputación objetiva, que  dicho  sea de paso de ninguna manera desconocen el comportamiento desplegado por  la  víctima,  sino  que  por  el  contrario  lo  integran,  como sucede con los  conceptos   de   incremento  del  riesgo,   posición   de   garante,   principio  de  confianza,      autopuesta      en     peligro  dolosa,    etcétera7.   

En   cuanto   a   la  infracción     de     las     normas     que     regulan    las          actividades       o      profesiones        peligrosas,   la   Sala   igualmente   ha   establecido   que  “por  regla  absolutamente  general  se  habrá  de  reconocer  como creación de un peligro suficiente la infracción de  normas    jurídicas    que    persiguen    la    evitación    del    resultado  producido”8  y,  por  lo  tanto,  nunca ha  desconocido  (ni tampoco ha presentado posturas contradictorias al respecto) que  el  desconocimiento  las  normas de tránsito, como sucedería con las previstas  en  la  ley 769 de 2002, podría ser trascendente a la hora de establecer en los  casos    relativos    a    accidentes   automovilísticos   la   creación   de   un  peligro  jurídicamente  desaprobado,  o  el  incremento  del  mismo,  o  una  acción a propio riesgo, o la aplicación o exclusión  del  principio  de  confianza,  según  fuere  el caso, en la medida en que, por  supuesto,  la  infracción  haya  sido  determinante  para  la  producción  del  resultado típico.   

Por lo tanto, ninguna necesidad de unificar la  jurisprudencia  de la Sala encuentra esta Corporación  respecto  de  los temas planteados por el demandante en  el presente asunto.   

4.  Y  como  si  lo  anterior  fuese  poco,  el  defensor  de  LUIS JOHANNY PARADA SEPÚLVEDA tampoco  cumplió  con ninguno de los requisitos propios de la casación común, pues, en  la  sustentación  del único cargo que formuló, atinente a la violación de la  ley  sustancial,  planteó tanto una violación directa por falta de aplicación  de  varias  normas  del  Código Civil como una violación indirecta de diversas  disposiciones  de  la  ley  769  de  2002  por  errores en la apreciación de la  prueba.   

Formular  tales  reproches  dentro  del mismo  cargo  resulta  contrario  a  toda lógica y razón, pues con ello el demandante  afirmó,  en  principio, que los hechos demostrados en el juicio eran correctos,  pero  era  equivocada  su  valoración,  y,  al mismo tiempo, que el funcionario  erró  al  establecer la situación fáctica con el examen de las pruebas en las  cuales fundamentó la decisión.   

Aparte de lo anterior, jamás desarrolló los  criterios  que  condujeron  a  la inaplicación, ya sea por la vía directa o la  indirecta,  de  las  normas  que  citó,  ni  tampoco  precisó  en qué tipo de  falencias  incurrió  el  funcionario  al  momento de valorar jurídicamente los  hechos  o  de  apreciar  la  prueba  en  que  se fundaban los mismos, ni tampoco  confrontó  sus  puntos  de vista con lo decidido por las instancias, más allá  de  la simple, y por lo demás innecesaria, transcripción de la parte motiva de  la   sentencia   proferida   por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Cúcuta.   

5. Finalmente, es de  anotar  que  la Sala no observa en el trámite procesal ni en el fallo impugnado  violación   alguna  de  derechos  o  garantías  fundamentales  en  cabeza  del  procesado  como  para  considerar  necesario  el  ejercicio de la facultad legal  oficiosa  que  le  asiste  a  la  Corte  a fin de asegurar la protección de los  mismos.   

Como consecuencia de todo lo anterior, la Sala  no  admitirá la demanda de casación presentada por el defensor de LUIS JOHANNY  PARADA  SEPÚLVEDA  en  contra  de  la  sentencia  de  segunda  instancia proferida  por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Cúcuta.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO ADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de LUIS JOHANNY PARADA SEPÚLVEDA en  contra  de  la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Juzgado Primero  Penal del Circuito de Cúcuta.   

Contra  esta  providencia, no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  cúmplase   y   devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                                     ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

         

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.                AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

                                                                                                                                                   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANÉS                             YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                              JAVIER ZAPATA ORTIZ   

              

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1   Folio   722   del  cuaderno  III  de  la  actuación  principal.  Mayúsculas en el texto original.   

2 Folio  723 ibídem. Mayúsculas en el texto original.   

3  Ibídem. Mayúsculas en el texto original.   

4 Auto de 13 de febrero de 2008, radicación 28899.   

5 Sentencia de 12 de julio de 1990, radicación 3475.   

6  Cf.,  entre  otros,  auto de 12 de diciembre de 2003, radicación  19044; y sentencia de 5 de diciembre de 2007, radicación 26513.   

7  Cf.,  entre  otras,  sentencias  de  23  de  noviembre  de  1995,  radicación  9476;  16  de  septiembre de 1997, radicación 12655; 20 de mayo de  2003,  radicación  16636; 4 de abril de 2003, radicación 12742; 7 de diciembre  de  2005,  radicación  24696;  20  de  abril  de  2006, radicación 22941; 8 de  noviembre  de  2007,  radicación  27388;  y 5 de diciembre de 2007, radicación  26513.   

8  Sentencia  de  8  de  noviembre  de  2007,  radicación  27388, citando a Roxin,  Derecho penal. Parte general. Tomo I. Fundamentos. La  estructura  de la teoría del delito, Civitas, Madrid,  1997, § 24, 17.     

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