28413(29-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28413  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado   Acta   N°  045   

Bogotá, D. C., viernes, veintinueve (29) de  febrero de dos mil ocho (2008).   

VISTOS:  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado Carlos Julio  Pulido  Santamaría  contra  la  sentencia proferida el 7 de mayo de 2007 por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  por  medio de la cual confirmó y adicionó la  dictada  por el Juzgado Cincuenta y Cinco Penal del Circuito de la misma ciudad,  decisiones  conforme las cuales el citado y Jorge Alberto Ruiz Hernández fueron  encontrados  penalmente  responsables  de la conducta punible de la estafa  ,  agravada  por  la  cuantía,  y  condenados  a las penas de prisión, multa, inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas y al pago de perjuicios a favor de la víctima;  también  se  ordenó  la  cancelación  de  unas  escrituras  públicas  y  los  registros inmobiliarios realizados con base en ellas.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL:   

1. Los sucesos que  dieron   lugar  a  la  sentencia  de  condena  atacada  por  medio  del  recurso  extraordinario  ocurrieron  en  el curso del año 2000, cuando Marina Rodríguez  de  Velásquez,  en  ejercicio  del  poder general que le fuera conferido por su  hijo  Henry  Velásquez  Rodríguez,  procedió  a  poner  en  venta un inmueble  ubicado  en  la  carrera  13  A  N°  86  A  –  18   de Bogotá, ofreciendo  verbalmente  compra  por  el  mismo Carlos Julio Pulido Santamaría y asegurando  que  pagaría  el  bien, tasado en $150’000.000.00,   con  dineros  provenientes  de  la  Caja  de  Vivienda  Militar.   

Posteriormente   el  promitente  comprador  cambió  la  oferta  por una promesa de permuta en la que la casa de habitación  se      valoraba      en      $110’000.000.00,  los  cuales  serían  pagados con un cuadro al óleo de  Alejandro       Obregón      ($60’000.000.00),  la  cancelación  de una deuda que existía a favor de  Carlos        Corredor       ($21’000.000.00)  y  la  cancelación  de  las  sumas  de $15’000.000.00     y    $14’000.000.00   cuyos   pagos   debían  cumplirse  el  15  de  mayo  y  el  15 de junio de 2000, respectivamente, siendo  traspasada  la  propiedad  mediante  escritura  pública  1.645 de 25 de mayo de  2000,  apareciendo como nuevo propietario en el documento notarial Jorge Alberto  Ruiz Hernández.   

Pulido  Santamaría  cumplió  entregando el  óleo  y  pagando  la  acreencia a favor de Carlos Corredor, pero no los dineros  que  debía  sufragar  a  favor  de la vendedora porque los cheques que cubrían  tales  montos resultaron impagados por el banco, situación que llevó a ofrecer  otro  cuadro  del  mismo  artista pero posteriormente se estableció que las dos  pinturas eran falsas.   

2.   Por   los  anteriores  hechos,  Marina  Rodríguez  de  Velásquez, por medio de apoderado,  presentó  denuncia  penal ante la Fiscalía General de la Nación. En virtud de  lo  antepuesto  se  dispuso  el  1°  de  octubre  de  2001  la  apertura  de la  instrucción  por medio de la Delegada 103 de la Unidad Segunda Especializada Fe  Pública  y  Patrimonio  Económico,  resultando vinculados mediante indagatoria  Carlos Julio Pulido Santamaría y Jorge Alberto Ruiz Hernández.   

3.  Clausurada  la  investigación   se   procedió   a   la   calificación  del  mérito  sumarial  profiriéndose  el  26  de diciembre de 2003 resolución acusatoria en contra de  los  procesados  Carlos Julio Pulido Santamaría y Jorge Alberto Ruiz Hernández  como   presuntos   coautores   responsables   de  los  delitos  de  estafa,   agravada  por  la  cuantía,  y  falsedad     en    documento    privado1.   

4.   El  Juzgado  Cincuenta  y  Cinco  Penal  del Circuito de Bogotá avocó el conocimiento de la  causa  y,  una  vez  cumplidas  las  audiencias  preparatoria  y de juzgamiento,  profirió  el  26  de  octubre  de  2006  el  fallo  de primer grado  mediante  el cual condenó por el cargo  de  estafa  agravada  a  los  acusados  imponiéndole  al recurrente Carlos Julio Pulido Santamaría las penas  de  prisión  de 24 meses, multa en cuantía de $10.000, inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por un lapso igual al de la pena  privativa  de la libertad, le negó el subrogado de suspensión de la ejecución  de  la  pena, le otorgó la prisión domiciliaria y lo condenó a pagar en forma  solidaria  los perjuicios materiales irrogados a la víctima. Los dos procesados  fueron  absueltos  del  cargo  de falsedad en documento  privado.   

5.  El  Tribunal  Superior  de  Bogotá  tramitó  la  alzada y el 7 de mayor de 2007 confirmó la  providencia  impugnada,  y la adicionó para condenar a los sentenciados al pago  de  las  costas  judiciales  y agencias en derecho, decisión que el defensor de  Carlos Julio Pulido Santamaría recurrió en casación.   

6.  Concedido  el  recurso  en  proveído  de 26 de junio de 2007 y presentado el libelo dentro del  término  allí  dispuesto,  se  ordenó el traslado por quince (15) días a los  sujetos  procesales no recurrentes, luego de lo cual se enviaron las diligencias  a esta Corporación para los fines consiguientes.   

LA  DEMANDA:   

Con  el  objeto  de  que se case el fallo de  segunda  instancia,  el  recurrente presenta en contra de la sentencia demandada  dos cargos, así:   

Primer  cargo:  Al  amparo  de la causal tercera del artículo 207 de la Ley 600 de 20002, considera que  se incurrió en una violación que afecta el debido proceso.   

Al  desarrollar  el  cargo señala que en la  resolución  acusatoria  no  se  hizo  mención  a  las pruebas y que tampoco se  explicitaron  las  circunstancias  de  tiempo y lugar de la conducta reprochada.   

Seguidamente  enseña  que  se  vulneró  el  principio  de  investigación  integral porque se omitió la práctica de medios  de  prueba  que  permitían  demostrar  la  ausencia de certeza sobre los hechos  materia de acusación.   

Al  concluir  su  exposición  resume  para  manifestar  que  se  violó  el  debido  proceso  porque  (i) no se decretaron y  practicaron  pruebas,  (ii)  tanto  fiscalía  y juzgado no tomaron medidas para  evitar  una  condena  injusta,  y  (iii) se olvidó el respeto de los principios  constitucionales  de  la  presunción  de  inocencia,  lo que impone decretar la  nulidad de la actuación a partir de la audiencia preparatoria.   

Segundo  cargo: Al  amparo  de  la  causal  primera dice que la sentencia demandada es violatoria de  una  norma  de  derecho  sustancial por error de hecho en la apreciación de las  pruebas.   

Explica   que  la  instancia  no  analizó  adecuadamente   la   prueba,   originándose   una  errónea  interpretación  y  apreciación de la misma que afectó el resultado del proceso.   

Reclama que la sentencia sea casada para que  el procesado sea absuelto de los cargos imputados.   

CONSIDERACIONES:  

         1.    La   casación   es   un   medio  extraordinario  de  impugnación y, por tanto, no constituye sede adicional para  prolongar   el  debate  probatorio  cumplido  en  las  instancias  ordinarias  y  concluido  con  el  fallo  de  segundo  grado,  por  el contrario, exige para la  admisión  de  la  demanda  el  cumplimiento de específicos requisitos formales  orientados  a  demostrar  a  través  de  un juicio técnico jurídico que en la  declaración       de       justicia      allí      contenida      –la cual llega a esta sede amparada de  la      dual      presunción     de     acierto     y     legalidad–,  se incurrió en errores de hecho o  de  derecho  ostensibles  y  relevantes  o  se  profirió  en un juicio viciado,  ocurrencias    una    y    otra    que    reclaman   para   sí   el   necesario  correctivo.   

Para  la  elaboración  del  libelo  han de  tenerse  en cuenta las reglas establecidas en la ley procesal penal vigente para  el  momento  de  los hechos (artículo 225 del Decreto 2700 de 1991), las cuales  son  de  ineludible cumplimiento y cuando se soslayan aquéllas relacionadas con  la  adecuada  formulación  de  los  cargos y se omite indicar con la claridad y  precisión  debidas sus fundamentos, la consecuencia procesal inmediata no puede  ser      otra      que      su      inadmisión3.   

2.  La  demanda  tiene como propósito lograr la nulidad del proceso por  violación  de  las reglas que imponen el desarrollo del mismo como es debido y,  adicionalmente,  que  se case la sentencia por la presencia de un error de hecho  en la apreciación probatoria.   

3.  Primer cargo: nulidad por violación del  debido proceso.   

3.1. De la causal de  nulidad  se  ha dicho de tiempo atrás que aun cuando admite cierta flexibilidad  en  su  proposición y desarrollo no es de libre alegación porque la naturaleza  y  la  especialidad  de  la  casación  hacen  ineludible  la observancia de las  exigencias    técnicas   que   gobiernan   a   este   medio   de   impugnación  extraordinario.   

Al  censor  se  le impone en su postulación  identificar  la  clase  de  vicio, esto es, si se trata de una irregularidad que  afecta  la estructura del proceso  o desconoce las garantías fundamentales  del  procesado,  proponerlo de acuerdo con su alcance y autonomía invalidatoria  debiendo   hacerlo   en   cargos  separados  cuando  son  varios,  señalar  sus  fundamentos  y  las normas que se estiman lesionadas, y demostrar de qué manera  la  irregularidad  repercute  en  el  trámite  y  cómo  ella  trasciende  a la  sentencia impugnada conduciendo a su anulación.   

También  será  imprescindible  indicar  la  etapa  procesal  a partir de la cual se debe invalidar la actuación y demostrar  que  no existe otro medio para subsanar la irregularidad sustancial distinto que  proceder  a  su  reconocimiento,  conforme  a  los  principios  que  orientan la  declaratoria de las nulidades y su convalidación.   

Del  mismo  modo,  la  principialística que  gobierna  las nulidades en el proceso penal, en síntesis, impone a quien invoca  una  nulidad,  además  de  la  referencia a la causal específica (principio de  taxatividad),  el  deber  de  argüir  de  manera  clara  y precisa en dónde se  origina  el  defecto  de  actividad y si éste no satisfizo la finalidad para la  que  estaba  previsto  (principio de instrumentalidad de las formas) y demostrar  si  el vicio afectó las garantías o las bases fundamentales de la instrucción  y  el  juzgamiento (principio de trascendencia). Frente a este último postulado  la Sala ha dicho que   

significa que no hay nulidad sin perjuicio y  sin  la  probabilidad  del correlativo beneficio para el nulidicente. Más allá  del  otrora  carácter puramente formalista del derecho, para que exista nulidad  se  requiere  la  producción  de daño a una parte o sujeto procesal. Se exige,  así,  de  un  lado, la causación de agravio con la actuación; y, del otro, la  posibilidad  de éxito a que pueda conducir la declaración de nulidad. Dicho de  otra  forma,  se  debe  demostrar que el vicio procesal ha creado un perjuicio y  que  la  sanción  de  nulidad generará una ventaja4.   

3.2. El censor alude  de  manera  confusa  y  dispersa a varias causales de nulidad en el mismo cargo,  situación  que  permite advertir el desconocimiento de la técnica que gobierna  la  causal  tercera,  empece  de  lo cual la Sala demostrará que no existen las  irregularidades reclamadas.   

3.3. Cuando reclama  el  libelista  falta  de  argumentación  en el pliego acusatorio está haciendo  referencia  a  la  ausencia  de  garantías por violación de la plenitud de las  formas  propias  del juicio, pues la acusación, y con mayor rigor la sentencia,  deben  estar  debidamente  motivadas,  lo  que  impone a la judicatura una clara  explicación   sobre   los   elementos   del   delito,   la  posible        responsabilidad       del       acusado,       advertencia  expresa  en  relación  con  circunstancias    de  agravación;    la    providencia    debe    estar  libre   de  ambigüedades  o  contradicciones,  hacer  alusión  a  los  supuestos  fácticos  o  racionales  existentes,  y  en  tal medida las consideraciones del  juzgador   podrán   ser  fundamento  legal  y razonable de la decisión contenida en la parte resolutiva,  con  lo  que se descarta la  existencia          de          nulidades  surgidas     en     la    motivación    de    las  decisiones5.   

El  examen  de  la  resolución  acusatoria  proferida  por  la  Fiscalía  103  Seccional  de  Bogotá, complementada con lo  consignado  por  la  Fiscal  de  segunda instancia, nos pone en evidencia de una  decisión  respetuosa  de  las exigencias formales que el legislador impone para  ésta clase de interlocutorios.   

En el artículo 398 de la Ley 600 de 2000 se  ordenan  cuatro  requisitos  que  satisfactoriamente cumple el pliego acusatorio  porque   (i)   bajo   el   título   “situación   fáctica”   se  hace  una  “narración sucinta de la conducta investigada, con  todas    las    circunstancias    de    modo,    tiempo    y    lugar   que   la  especifiquen”6,  (ii) se indican expresamente  las   pruebas   allegadas   a   la   investigación7,    (iii)   para   enseguida  valorarlas   y   hacer   la   calificación   jurídica   provisional   de   los  hechos8,  y  (iv)  expresa  las  razones por las  cuales  no  comparte  los alegatos de la defensa, único sujeto procesal que los  presentó.   

La Fiscal Delegada ante el Tribunal Superior  de  Bogotá,  a  su  turno  y  en  calidad  de funcionaria de segunda instancia,  identificó      el      asunto     a     tratar9,       resumió      los  hechos10,     la    providencia    recurrida11    y   las   razones   de  inconformidad        con        la       misma12,   las   que  procedió  a  considerar           para          resolver13,  y como consecuencia de lo  anterior  decretó  una  adición  a  la resolución acusatoria al encontrar que  tenía  razón  la  parte  civil al solicitar que los procesados comparecieran a  juicio        como       posibles       responsables       de       estafa        y       falsedad    en    documento    privado.   

Lo   anterior   hace   palmario   que  la  argumentación del recurrente desconoce la realidad procesal.   

3.4. Pasando a otro  de  los  aspectos  que  refiere  el  cargo  primero,  se recuerda que en sede de  casación  una  propuesta  de  nulidad  por  violación  del  derecho de defensa  material  del  acusado  porque  las  pruebas  solicitadas  en  el  curso  de  la  investigación  no  fueron  decretadas o habiéndolo sido no fueron practicadas,  lo  cual  conlleva,  a su vez, a la vulneración del principio de investigación  integral, ha de tener en cuenta que   

Siempre que se alegue el deterioro del deber  de  plena  investigación  que corresponde al Estado, en todos aquellos aspectos  inherentes  a  los  hechos  cuya  dilucidación  procesal  se  persigue,  que no  solamente  es  imperioso  señalar  la  prueba  o  pruebas dejadas de aportar al  proceso,  sino  que  se  debe  además  fijar  con toda precisión y claridad la  idoneidad  legal  y  fáctica  del  medio  en  procura  de  demostrar que él es  relevante   para  la  investigación,  esto  es,  determinar  su  conducencia  y  pertinencia  e igualmente la utilidad del medio, como única forma de establecer  su  real  trascendencia en términos de mejoramiento para la situación personal  del  procesado  a  través del conocimiento más real de los hechos que entonces  se propiciaría.   

Pero  también  se  ha  puntualizado que la  violación  a  la  investigación  integral,  como  elemento  garantizador de la  verdad  procesal  que  conduce  a  la  invalidación de lo actuado, debe suponer  forzosamente  que  el  funcionario  judicial  se ha negado en forma arbitraria a  disponer  la  práctica  de  pruebas  determinantes para el proceso o cuando por  inercia  investigativa elude la averiguación de aspectos relevantes14.   

En  el proceso penal se habla de carga de la  prueba  en sentido negativo porque al acusado no le corresponde probar su propia  inocencia,  ésta  se  presume  mientras la actividad probatoria no demuestre lo  contrario  y  logre  desvirtuar  esa  verdad  provisional  que  lo  protege;  la  obligación  probatoria  recae  en  la  parte acusadora quien debe demostrar los  elementos  constitutivos  de  la  pretensión  penal  y desvirtuar el derecho de  inocencia que ha de entenderse integrado en el debido proceso.   

El  funcionario  judicial  en  el  acto  de  apreciación  de  la  prueba está en la obligación de motivar su decisión, la  cual  se  debe hacer con estricto apego a los postulados de la sana crítica, de  modo  que  se  exige  que  el  proceso cuente con los correspondientes medios de  convicción  que  permitan  al  juez obtener un conocimiento en grado de certeza  sobre  la  autoría  y  responsabilidad  de  un procesado para poder condenarlo,  desvirtuándose así la presunción de inocencia.   

Si bien tiene razón la demandante respecto  de  la  omisión  probatoria  en  que  se  incurrió,  a la luz del principio de  trascendencia  se  concluye  que la inactividad probatoria resultó insustancial  para  las  conclusiones finales del proceso porque la prueba dejada de practicar  no  estaba  en  capacidad de modificar las conclusiones obtenidas a partir de la  evidencia recaudada.   

Las  discusiones que se plantean en torno a  la  originalidad  de  los  cuadros  entregados  como  parte de pago del inmueble  resultan  absolutamente intrascendentes; la verdad que se desprende de la prueba  legal  y  oportunamente  practicada da cuenta de la falsedad de los mismos y que  por  lo  tanto  tal fingimiento hacía parte del engaño al que se sometía a la  vendedora del inmueble.   

3.5. De lo expuesto  se  sigue que los hechos que sirven para sustentar el vicio reclamado no reúnen  el   esencial   requisito   de  trascendencia,  pues  no  se  demostró  que  la  irregularidad  afecte sustancialmente las garantías de los sujetos procesales o  desconozca  las  bases  fundamentales  de la instrucción o juzgamiento, pues la  nulidad  como  remedio  procesal  no  opera  por  la  simple enunciación de una  supuesta  anormalidad  ni  en  interés  exclusivo  del ordenamiento, sino en la  medida  que  constituya  un  error  de  garantía  que  afecte las prerrogativas  procesales  en  perjuicio  de  los  intervinientes,  o  un error de estructura a  través  del  cual  se  afecta  el  esquema de la instrucción o el juzgamiento,  razón que impone la inadmisión del cargo.   

4.  Segundo  cargo:  error  de  hecho en la  apreciación probatoria.   

4.1.   En   la  identificación  del  cargo  así  como  en su desarrollo el demandante habla en  forma  genérica  de  un  error  de hecho “en la apreciación de varias de las  pruebas  recogidas  en  el  proceso  en  su etapa de instrucción”; se refiere  siempre   a   los   errores   del   a  quo  y  desarrolla su exposición en forma contradictoria, incoherente,  confusa  y  asistemática,  desatendiendo  las reglas técnicas mínimas que han  sido desarrolladas jurisprudencialmente desde antaño.   

4.2.  La  Sala ha  precisado  reiteradamente  en  punto  de  la violación  indirecta   de  la  ley  sustancial  determinada  por  errores  de  hecho, que estos  se  presentan  cuando  el  juzgador  se equivoca al apreciar la prueba, bien sea  porque  obrando  en  el  proceso omite valorarla (falso  juicio  de  existencia  por  omisión);  ya porque sin  figurar  en  la  actuación  supone que allí aparece y la tiene en cuenta en su  decisión    (falso   juicio   de   existencia   por  suposición);  ora  porque al considerarla distorsiona  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola  (falso  juicio  de  identidad);  también,  cuando  sin  incurrir  en  alguno  de  los  yerros  referidos  deriva  del medio  probatorio  deducciones  que  contravienen  los  principios de la sana crítica,  esto  es,  los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de  la    experiencia    (falso   raciocinio).   

4.3.  A su turno,  los  errores  de  derecho se  refieren  a  la  apreciación  material  de  la prueba por el juzgador, quien la  acepta  no  obstante  haber  sido  aportada  al  proceso  con  violación de las  formalidades   legales   para  su  aducción,  o  la  rechaza  porque  considera  erróneamente  que  no  las  cumple  (falso  juicio de  legalidad); también se puede incurrir en esta especie  de  error  cuando el juez desconoce el valor prefijado a la prueba por la ley, o  a  la  eficacia  que  esta  le  asigna (falso juicio de  convicción),  error  que  por  su  naturaleza solo es  susceptible  de  ser  alegado dentro de un sistema de apreciación probatoria de  tarifa  legal,  o prueba tasada, cuya característica básica consiste en que la  ley  señala  a  priori el mérito o eficacia probatoria de cada medio, y porque  el  Juez  debe  limitarse  solamente  a  reconocer  el  grado  de  verosimilitud  prefijado en la normatividad legal.   

4.4. De lo expuesto  se  tiene  que  la  formulación del cargo por parte del libelista no respeta la  técnica  casacional  pues  no  especifica  si  los  errores  de  hecho  por él  denunciados   en   la  apreciación  de  la  prueba  surgieron  por  omisión  o  suposición,   o   porque   el  contenido  de  la  prueba  fue  distorsionado  o  tergiversado;  y  si los reparos surgen por quebrantamiento de los principios de  la  sana  crítica no hizo referencia alguna a los postulados de la lógica, las  leyes  de  la ciencia o las reglas de la experiencia, circunstancias que por sí  sólo constituyen motivo suficiente para inadmitir la demanda.   

Destaca la Sala que si lo pretendido por el  libelista  era  cuestionar el proceso de valoración de la prueba al interior de  la  sana  crítica,  olvidó  señalar  de  qué  manera fueron desconocidos los  postulados  de  la lógica, la experiencia o la ciencia; así mismo, desconoció  que  su  demostración  no  debe hacerse sobre el criterio de haberse violado la  legalidad  en  el  decreto  y  práctica de una prueba, sino de la transgresión  manifiesta de los principios de la sana crítica.   

Es  necesario,  en  aras  de  la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación,  que  el  actor identifique nítidamente el tipo de desacierto en  que  se  funda,  individualice el medio o medios de prueba sobre los que predica  el  yerro,  e indique de manera objetiva cuál es su contenido, cuál el mérito  atribuido  por  el  juzgador,  la  incidencia  de  éste en las conclusiones del  fallo,  y  la norma de derecho sustancial que indirectamente resultó excluida o  indebidamente  aplicada  y cómo, de no haber ocurrido el desacierto, el sentido  del  fallo  habría  sido  sustancialmente  distinto  y  opuesto  al  impugnado,  integrando  de  esta  manera  lo  que  se conoce como proposición jurídica del  cargo y  la formulación completa de éste.   

El cargo se inadmite.  

5.  Finalmente es  oportuno  resaltar  que  la Sala no observa con ocasión del trámite procesal o  en  el  fallo  impugnado  violación de derechos o garantías de los procesados,  como  para  que  se hiciera necesario el ejercicio de la facultad legal oficiosa  que  le  asiste  a fin de asegurar su protección en los términos del artículo  228 del Decreto 2700 de 1991.   

A   mérito   de  lo expuesto, la  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

         1°.  INADMITIR  la demanda presentada por  el defensor del procesado Carlos Julio Pulido Santamaría.   

2°.  ADVERTIR que  contra la presente decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

  SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                           MARIA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                 JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                               JULIO   ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.     

1  La  Fiscal      de      primera      instancia      acusó      por     estafa  agravada  decisión  que  al ser  apelada  fue  adicionada  por  una Fiscal de la Unidad Delegada ante el Tribunal  Superior de Bogotá.   

2 Por  razón  de  las  normas  vigentes  para el momento de los hechos se debió hacer  referencia al Decreto 2700 de 1991.   

3 Corte  Suprema   de   Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Auto   del   13   de   julio  de  2005,  radicación  23889.   

4 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, sentencia de casación, 26 de  noviembre de 2003, radicación 11135.   

5 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, sentencia de casación, 11 de  julio de 2002, radicación 11862.   

6  Folios 242 a 244 del c.o. 1.   

7  Folios 245 a 255 del c.o. 1.   

8  Folios 255 a 260 del c.o. 1.   

9 Folio  1 de la resolución interlocutoria de 26 de diciembre de 2003.   

10  Folio      1      a     3,     ibídem.   

11  Folio 4, ídem.   

12  Folio      4      a      5,      ídem.   

13  Folio      5      a      8,      ídem.   

14  Véase  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  Sentencia de  casación,  18  de febrero de 2004, radicación 17885, reiterada en sentencia de  única instancia, 12 de septiembre de 2007, radicación 18578.     

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