27293(02-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso no. 27293  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  JOSÉ          LEONIDAS          BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado  acta No.  175    

Bogotá,   D.   C.,    dos   de   julio   del   año  dos  mil  ocho.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de casación discrecional que presenta e invoca el defensor del  procesado  ELBERTO DANILO CASTILLO OLARTE,   contra  la  sentencia  condenatoria  proferida  en  segunda  instancia  por  el Juzgado Primero Penal del Circuito de  Barrancabermeja,   mediante   la   cual   confirmó   la   condena  dispuesta           mediante   sentencia  proferida  por  el  Juzgado  Cuarto  Penal  Municipal  de  esa  misma  ciudad, en la que le impuso a  aquél  las  penas  principales de siete (7) meses y seis (6) días de prisión,  multa  en  cuantía equivalente a seis (6) salarios mínimos legales mensuales y  la  suspensión  por  el  término  de  un (1) año de la licencia para conducir  vehículos,   al   hallarlo   penalmente  responsable  del  delito  de  lesiones  personales    culposas.   

Antecedentes.-   

1.-  La  cuestión  fáctica,  ocurrida  en  Barrancabermeja,    fue    declarada    por    el    Juzgador   de   la   manera  siguiente:   

“Del  informativo que se adelanta se tiene  que  siendo aproximadamente las 06:30 minutos de la tarde del 30 de noviembre de  2001  el  señor  LUIS  ARNULFO  CAMACHO  DÍAZ y su acompañante CÉSAR ANTONIO  ARDILA  se  desplazaban  por  la  carrera  11  con calle 52 de esta ciudad en la  motocicleta  de  placas  RCM-73  marca  Suzuki y cuando se hallaban esperando el  cambio  de  semáforo de rojo a verde fueron embestidos por la parte trasera por  el  vehículo  tipo  bus,  de  placas  XVH-191  marca  Chevrolet  conducido  por  ELBERTO    DANILO    CASTILLO    OLARTE.  De  este  accidente  resultaron  lesionados  los  ocupantes  del  velocípedo   (sic)   a   quienes   se  les    dictaminó  incapacidad  definitiva  de  45  días  y  como  secuelas  deformidad física y perturbación  funcional  del  órgano  de  la locomoción de carácter permanente para CAMACHO  DÍAZ  y  de  50  días  definitivos y secuelas deformidad física que afecta el  cuerpo  y  perturbación  funcional del órgano de la marcha, ambas de carácter  permanente para el parrillero CÉSAR ANTONIO ARDILA”.   

2.-  Adelantada la fase correspondiente a la  instrucción    y   previa   clausura   de   ésta1,  el  veinticuatro de octubre  de  dos  mil  tres  la  Fiscalía  Doce Local Delegada ante los Juzgados Penales  Municipales  de Barrancabermeja, calificó el mérito probatorio del sumario con  resolución  de  acusación  en  contra  del  procesado  ELBERTO DANILO CASTILLO  OLARTE  como  presunto  autor  responsable  del  delito  de  lesiones personales  culposas  definido  por  los  artículos  111,  112  inciso  segundo, 113 inciso  segundo,   114  inciso  segundo y 120 del Código Penal de 20002,  mediante  determinación  que  cobró  ejecutoria en esa instancia al haber sido declarado  desierto   el   recurso   contra  ella  interpuesto3.   

3.- El trámite del juicio fue asumido por el  Juzgado  Cuarto  Penal  Municipal de Barrancabermeja4, en donde se llevó a cabo la  vista  pública5,  y el cuatro de abril de dos mil cinco se puso fin a la instancia  condenando  al  procesado ELBERTO DANILO CASTILLO OLARTE a las penas principales  de  siete  (7) meses y seis (6) días de prisión, multa en cuantía equivalente  a  seis (6) salarios mínimos legales mensuales vigentes y la suspensión por el  término  de  un  (1) año de la licencia para conducir vehículos, la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un  tiempo  igual  al  de la pena privativa de la libertad, y al pago en concreto de  los   perjuicios   causados  con  la  infracción,  entre  otras  decisiones,  a  consecuencia   de   hallarlo  penalmente  responsable  del  delito  de  lesiones  personales culposas.     

4.-  Contra este fallo, la defensa interpuso  recurso   de   apelación   y   el   Juzgado   Primero  Penal  del  Circuito  de  Barrancabermeja,  mediante  sentencia proferida el ocho de septiembre de dos mil  seis  resolvió  impartirle  íntegra  confirmación6.    

5.-   Proferida   la  decisión  indicada,  oportunamente  la  defensa  la  recurrió  en  casación  invocando al efecto lo  dispuesto   por   el   artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000,  el  cual  fue  concedido  por  el  ad  quem   y  dentro  de la  oportunidad   legal   presentó   la   correspondiente   demanda,   sobre   cuya  admisibilidad se pronuncia la Corte.   

La  demanda.-   

Comienza por manifestar que la intervención  discrecional  de la Corte se justifica por la necesidad de proteger los derechos  fundamentales  de su asistido, los cuales, en su criterio, han sido conculcados,  en  primer  lugar,  por  la Fiscalía “al iniciar la  indagación  penal de carácter preliminar, en marzo 14 de 2002, sin comunicarle  de  la apertura de ella” y, en segundo término, por  los    juzgadores,    en    cuanto    la    sentencia   presenta   defectos   de  motivación7.      

Seguidamente,       después  de  identificar  los  sujetos  procesales  y  la sentencia  materia  de impugnación, y  de  resumir  los hechos objeto del proceso y la actuación llevada a cabo en las  instancias  ordinarias  del  trámite, con apoyo en la  causal  tercera  de  casación, dos cargos formula el recurrente contra el fallo  de  segunda  instancia,  argumentando  que ésta fue proferida en juicio viciado  de   nulidad, por la existencia de irregularidades sustanciales que afectan  el derecho de defensa.   

En  el  primer cargo,  postulado  como  principal,  sostiene  que  la nulidad  deriva  de  la  circunstancia  de  no  habérsele  comunicado oportunamente a su  asistido  la  apertura  de  indagación  preliminar  en su contra, pese a que en  dicho  proveído  se  dispuso darle información sobre el curso del proceso pero  ello  nunca  se cumplió “por cuanto por secretaría  se  emitieron sendos oficios a la Clínica y Hospital pero no hubo comunicación  oportuna  y  eficaz  al señor imputado para que pudiera ejercitar su derecho de  defensa  material.  Tal  omisión  vulneró los derechos del imputado conocido y  ubicable”.   

Advierte  que  durante la fase preliminar se  practicaron  y allegaron algunas pruebas, respecto de las cuales su representado  no  pudo  ejercer  el  derecho  de  contradicción,  pese  a  ser  trascendentes  “porque   trataban  de  dictámenes  periciales  forenses,  de  declaración  de presunta testigo de los  hechos, etc.”.   

Sostiene   asimismo,  que  “la  trascendencia  del  acto  omisivo  está  en que a espaldas del  imputado  se  practicaron  múltiples  pruebas,  o sea, sin poder ejercitarse el  derecho    de    contradicción,    que   posee   carácter   constitucional   y  fundamental”,    es   decir,   agrega,   en   que  “se  tiene como base de la sentencia de condena de  segunda  instancia  lo expuesto por los señores lesionados LUIS ARNULFO CAMACHO  DÍAZ  y CÉSAR ANTONIO ARDILA, como también se tiene en cuenta en contra de mi  prohijado,   los   dictámenes   policiales   forenses   de  Medicina  Legal  de  Barrancabermeja,  a sabiendas que no se comunicó al imputado CASTILLO OLARTE de  la     iniciación     de     diligenciamiento    en    su    contra”.   

Con  fundamento en esta censura, solicita a  la  Corte  casar la sentencia recurrida y decretar la  nulidad  de  lo  actuado  a  partir  de  la resolución de inicio de indagación  preliminar.       

En    el  segundo  cargo, enunciado  como   subsidiario,  sostiene  que  la  pretensión  de nulidad del proceso por  violación  del  derecho  de  defensa, se funda en la  circunstancia  de  que el  ad  quem no dio respuesta a todos y cada uno de los argumentos propuestos por la  defensa contra la sentencia de primera instancia.   

En    tal   sentido,   manifiesta   que  “se  ha  dictado  sentencia  de  segunda instancia  dentro  de  juicio  viciado  de  nulidad,  Art.  207  Numeral  3º del C.P.P., por cuanto acuso ese fallo de no ser motivado de manera  suficiente,   dictado   por  el  señor  juez  primero  penal  del  circuito  de  Barrancabermeja.  No  aparece  en  el  fallo  del  Superior, materia del recurso  extraordinario,  la  motivación  suficiente  para rechazar mis argumentos de la  apelación”.   

Con  la pretensión de demostrar su aserto,  sostiene  que  el  yerro incidió en la declaración de condena, “porque  los precisos, extensos y ponderados argumentos de defensa,  que  expusimos  en los memoriales de la apelación, nos fueron respondidos unos,  pero  sin  soporte  jurídico,  probatorio  o fáctico, y otros dejados de lado,  como  el  que  atañe  a  la controversia de la tasación de perjuicios morales,  etc.”.   

Insiste  en  sostener  que en el escrito de  apelación  planteó  “claramente  la  culpa de la  víctima  como  mecanismo de defensa y de controversia de los cargos”,  al  punto  de  señalar   los  elementos  probatorios y  “la  inferencia  lógica  deducida  de  algunos de  ellos,  para  reiterar la no responsabilidad” de su  asistido,  pese  a lo cual “no se profundizó sobre  este  motivo  de  la  alzada  en  el  fallo  que  aquí  se  impugna”.              

De igual modo, dice, en la sustentación del  recurso  atacó  “vehementemente y sustentadamente  la  tasación  de perjuicios, sobretodo los de índole moral, y nada se contesta  en  derecho.  Se  da  paso  a  la subjetividad y se aleja del derecho de aspecto  civil, la motivación al respecto”.   

Finalmente, después de hacer algunas otras  consideraciones  sobre dicho particular, culmina solicitando a la Corte casar la  sentencia  recurrida  y  decretar la nulidad del fallo de segunda instancia para  que   se profiera uno nuevo en que se incluya la  respuesta  a los motivos de disentimiento.   

   

         SE CONSIDERA:   

1.-  En  lo que  tiene  que  ver  con  la  casación  discrecional, la  jurisprudencia    de   esta   Corte   tiene      establecido    que    el   censor   tiene  por  deber  presentar  la fundamentación debida frente a  los  dos  únicos motivos  que    determinan    la   viabilidad   de   la   admisión,   sea   que  se  pretenda  el  desarrollo de la  jurisprudencia   o   la   garantía  de  un  derecho  fundamental  presuntamente  transgredido en las instancias.   

Con   dicho   propósito,   el   demandante   ha   de  precisar  clara  y  nítidamente, la  razón  o  razones  por  las  cuales  el Juez de casación debe intervenir en un  asunto   sobre   el   que   no   concurren  los  presupuestos  de  la  casación  común.   

De este modo, ha  sido  dicho,  que  si el motivo de inconformidad  radica   en  aducir  la  violación  de  un  derecho  fundamental,  el  demandante  debe  desarrollar una  argumentación  lógica  dirigida  a patentizar el desacierto. En tal medida, le  compete  demostrar  que  el  juicio  se llevó a cabo con desconocimiento de una  garantía  por  el  quebrantamiento  de  la  estructura básica del proceso o la  actividad   del   juzgador,   según  sea  el  caso,  e  indicar  las normas constitucionales que protegen  el   derecho   invocado   y   su   concreto   conculcamiento  con  la  sentencia  ameritada.      

Y  si lo que pretende es que la Corte emita  un  pronunciamiento con criterio de autoridad en relación con determinado punto  jurídico  sobre el cual no exista suficiente ilustración y que por oscuro deba  ser  clarificado  por  vía  jurisprudencial,  resulta indispensable que ello se  diga  expresamente  en el escrito respectivo, indicándose igualmente, si lo que  se  pide  es la unificación de posiciones  encontradas sobre el particular  con  señalamiento  de  las  providencias  de la Corte, y no de otra autoridad o  autoridades,  en  las  que  se  observa  posturas  divergentes  sobre  una misma  temática,  la  actualización  de  la  doctrina  hasta el momento imperante por  razón  de  las nuevas realidades jurídicas, políticas, económicas o sociales  que  compete  precisar  al  censor,  o  el pronunciamiento sobre un tema aún no  desarrollado.  Además,  debe  señalar de qué manera la decisión demandada de  la  Corte  presta el doble servicio de solucionar adecuadamente el caso y servir  de guía como criterio auxiliar de la actividad judicial.   

Compete    al    actor,   asimismo,  cumplir  con  los requisitos  establecidos  en  el  artículo  212  de  la  ley  600 de 2000, entre los que se  incluye  la  necesidad  de  enunciar  el  motivo de casación en que se apoya la  demanda,  el  cual  no  puede ser distinto de los señalados en el artículo 207  ejusdem,  e  indicar clara y precisamente los fundamentos fácticos y jurídicos  del  cargo  o  cargos  que  se  formulen,  los  cuales  inexorablemente  han  de  corresponder  a  un  desarrollo  de  las razones en que se funda la solicitud de  admisión de la vía discrecional   

En  todo  caso,  la  jurisprudencia de modo  reiterado  ha indicado que  es  competencia  exclusiva  de  la  Corte,  en ejercicio de su discrecionalidad,  ponderar   la   fundamentación   expuesta  por  la  parte  que  acude  a  dicho  instrumento,  y  decidir  si  admite  o  rechaza  el  trámite  de  la casación  excepcional.   

2.- En el evento sub examine, se observa que  como  la  sentencia  de segunda instancia fue proferida por un Juzgado Penal del  Circuito,  se  establece  que  contra la misma no procede la casación común; y  que  el  sujeto  procesal que invoca la discrecionalidad (el defensor), ejerció  este  derecho  dentro  de  la  oportunidad  prevista, con lo cual tales aspectos  pueden entenderse cumplidos.   

Si   bien   asimismo  podría  entenderse  satisfecha la obligación  de  fundamentar la solicitud frente a los motivos que  se  invocan  en  orden a  demandar  la  admisión  de la casación discrecional por la Corte, pues    al    fin    y   al  cabo  sostiene que el fallo fue proferido en juicio viciado de  nulidad     por     violación     del     derecho     de    defensa,  bajo unos  supuestos fácticos  que  identifica,  es también cierto que no   sucede  igual  con  el  deber  de  enunciar,   desarrollar   y   demostrar,   clara   y  precisamente  los  cargos  que  a su amparo pretende  postular  contra  el fallo  de   segunda   instancia,   en   términos  que  se  puntualizan     a  continuación.   

3.-   Con  total   liberalidad,  esto  es,  sin  referencia  a  parámetro   fáctico,   lógico   o  normativo  alguno,  sostiene  que   el  derecho  de  defensa  de  su  asistido  resultó  conculcado  en  la  actuación  tan  sólo  porque  no se le  comunicó  del  inicio  de  investigación  preliminar  en su contra,  lo  que  le   impidió   controvertir   los   elementos   de  convicción  que  posteriormente  sirvieron  de  sustento  a  la declaración de  condena.   

Reiteradamente   la   Corte8    ha  señalado  que cuando se  acude  al  motivo  tercero de casación, es de cargo del demandante no solamente  determinar  el  tipo  de  irregularidad que alega, sino que tiene por deber  indicar      sus  fundamentos,  las normas  que  se estiman infringidas, acreditar cómo su configuración comporta un vicio  de  estructura  o  de garantía y, lo más importante la trascendencia del yerro  frente  al  fallo  cuestionado, pues esta causal, al  igual   que   el   recurso  extraordinario  al  cual  se  integra,  no  ha  sido  concebida   por   el  ordenamiento  para  poner en evidencia la existencia de cualquier irritualidad o  de  una  irregularidad  inocua,  es  decir  sin  repercusión ninguna dentro del  proceso,    sino    sólo   aquellas   que   inexorablemente   conducen   a   su  invalidación.   

En el pronunciamiento que se viene de evocar  y   que   ahora   se  reitera,  se  precisó  que  lo  anterior  obedece  a  que  “el  mecanismo  de la nulidad, como se sabe, es la  solución     extrema    a    la    cual    puede    acudirse    frente  a una anomalía procedimental, de  suerte  que  para  obtener su declaratoria se requiere que el acto irregular sea  sustancial,  que  concuerde  con  alguna  de  las circunstancias previstas en el  artículo  306  de la Ley 600 de 2000, que no haya cumplido la finalidad para la  cual  estaba destinado, que haya afectado garantías fundamentales de las partes  o  desconocido  la  estructura  básica del proceso, que a su ocurrencia no haya  contribuido  el sujeto procesal que la reclama, que no haya sido convalidada por  la  parte  perjudicada  y  que  no exista otra forma para subsanarla, principios  todos  que  rigen  el  instituto,  consagrados  en el artículo 310 del estatuto  procesal penal”.     

        

Al  analizar  el  desarrollo de la censura,  observa  la Sala la insustancialidad del vicio que se denuncia, y ello le impide  al  demandante  acreditar con la objetividad requerida en sede extraordinaria la  definitiva  incidencia  que  de  manera  negativa  tuvo  para  los intereses que  representa.   

Si bien pudiera ser cierto que no  obstante  haberse dispuesto por el  funcionario    de   instrucción   el   envío   de  la  comunicación  a  que  se  alude  por  parte del  demandante,  ello no fue  cumplido  en  dicha  etapa,   con  lo  cual  el  argumento  propuesto  podría  contar con algún tipo  de  asidero, es lo cierto  que  la  falta  de  objetivad en la formulación del  reparo,  determinante  a su vez de la inadmisión al trámite casacional, deriva  no   solamente   de  la  circunstancia  de que el imputado estaba enterado del  hecho  génesis  de  la actuación por haber suscrito el informe de tránsito en  donde  se  dejó  consignado  lo  relativo  al  croquis  de  la  colisión y los  resultados  de  ésta  frente a las lesiones causadas al conductor y pasajero de  la  motocicleta  -aspecto  que   es   omitido   por  el  libelista-,   sino,   además,  porque  deja  de  indicar   cuál  habría  sido  el  resultado  concreto  para  los  intereses  que  representa, de haber procedido el funcionario de  instrucción    en   la   forma   como   lo   propone,   lo   que   evidencia  que  el  cargo quedó en su  solo  enunciado, pues lo  dejó  sin  desarrollo  y, por ende sin demostración  en cuanto hace a su trascendencia.   

Pero   aún  si      lo      expuesto     no     resultare  suficientemente ilustrativo de la inocuidad del reparo,  resulta  oportuno  señalar,  como en tal sentido ha  sido  indicado9,        que        “la  Sala  en  este  punto  de ataque  viene   sosteniendo   en   forma   pacífica   y   reiterada   que  “en  cuanto  a  la  falta  de  notificación  al imputado de las  providencias  que  ordenaron  investigación  previa y apertura de instrucción,  cabe  decirse  que  si bien el artículo 81, inciso final, de la Ley 190 de 1995  exigía  que  se les notificara al imputado o imputados conocidos la iniciación  de  la investigación, ya sea preliminar o formal, la Corte tiene sentado que si  esa  omisión  se  da  en  la  primera  no aparece menoscabo a la estructura del  proceso   habida   cuenta   que  el  paraje  pre  actuarial  no  es  presupuesto  condicionante  de  la  instrucción,  y  si  se  da  en la segunda, tal falla se  corrige    con   la   citación   oportuna   a   la   indagatoria”10.   

De manera que por dicho aspecto la falta de  idoneidad sustancial del libelo aparece manifiesta.   

       

De   otra  parte,  en  relación  con  el  segundo   cargo,   la  ausencia de objetividad y  de  apego  a la realidad que la sentencia ofrece, resulta manifiesta,  por  ende,  asimismo  determinante  de  la  inadmisión  de  la  demanda.   

El  censor  sostiene  que  la  sentencia de  segunda  es  nula  porque  no  se  le  dio respuesta a sus planteamientos cuando  recurrió  en  apelación al proponer la tesis de culpa exclusiva de la víctima  en  la  producción del resultado dañoso, y porque no se fundamentó la condena  por concepto de los perjuicios morales.   

Así visto el tema de disenso, como  resultado  de  analizar   íntegramente  la  protesta y  la  argumentación  que  en  su apoyo presenta,  sin dificultad se observa que  su  discrepancia  no  es  en  manera  alguna  con la  validez   del   fallo   sino  con  las  conclusiones  fácticas  de éste, en el  primer  caso,  y  con la condena en perjuicios, en el  segundo,   es   decir,  el  disenso  es  de modo  general  con el sentido adverso de la decisión y no  con  la  fundamentación  que  le sirve de sustento,  lo cual lejos está de poder ser discutido al amparo  del tercer motivo de casación.   

     

Al    efecto    baste   con  traer  a  colación  la  argumentación contenida en la demanda,  según   la   cual   “los  precisos,  extensos  y  ponderados  argumentos  de  defensa,  que  expusimos  en  los  memoriales  de la  apelación,  nos  fueron  respondidos unos, pero sin  soporte  jurídico,  probatorio  o  fáctico, y otros  dejados  de  lado,  como  el  que  atañe  a  la controversia de la tasación de  perjuicios      morales,      etc.” (se resalta).   

Con  una  tal  argumentación, pareciera     verdad    irrefutable  que  el  ad  quem  no  dio  respuesta a ninguno    de    los   planteamientos  defensivos   expuestos   cuando   se   recurrió  en  apelación.  No  obstante,  un  somero  repaso  del  fallo  de segunda instancia  patentiza  la  desconexión  entre los términos de la demanda y la realidad que  la  sentencia  ofrece,  distanciándose  de  tal  modo  de los requerimientos de  objetividad  y  lealtad  exigibles  para su admisión  en sede extraordinaria.   

En  efecto, al contrario de lo indicado por  el  casacionista,  el  Juzgado del Circuito descartó expresamente la hipótesis  defensiva  propuesta  por el recurrente, y reafirmó que la prueba es indicativa  de  la  responsabilidad penal del procesado en el resultado dañoso por    la   conducta   culposa   llevada   a   cabo   contra    la    integridad   física  de  las  víctimas,  y,  además,   se  ocupó de responder in  extenso los planteamientos en torno  al reparo por la tasación de los perjuicios morales:   

“En el caso que nos ocupa, como ya atrás  venimos  explicando,  la  contradicción  que magnifica el abogado de la defensa  para  pedir  absolución  de su prohijado es aparente y alejada de toda realidad  porque  la señora RUT viuda de URIBE como la señora ROJANO observan los hechos  desde  distinta posición y cada una de ellas ve tiempos distintos de la acción  pero  son  coherentes  y certeras en el entendido de que el conductor del bus no  vio  al  de  la  moto  y  se  le  montó  encima, y en ello coincide con la otra  versión,  que  vista  en tiempo diferente, es decir ya más avanzada la marcha,  nos  dice que el bus iba a velocidad, lógicamente porque ya había cambiado  el  semáforo y, tal como lo dice la otra testigo el bus  iba   más   rápido  en  la  arrancada  al  paso  que  la  moto  arrancó  más  despacio.   

“Como  vemos, la aparente contradicción  que  presenta la defensa para traer de los cabellos una sentencia absolutoria no  existe,  es  sólo  parte  de  la  estrategia  defensiva para hacer creer o para  fundamentar  graves  contradicciones  en la versión de las dos principales  testigos  de cargo, y qué no decir de la elucubración defensiva según la cual  no  parece  lógico  que  la  moto  presente golpes atrás y adelante, cuando es  evidente  que  como  dice  uno  de  los testigos, el bus golpeó por la parte de  atrás a la moto y ésta  se  levantó  de la parte delantera a manera de canguro; lo lógico en este caso  es  que  la  moto  al  caer nuevamente de la parte delantera sufra golpes en esa  parte  para  luego  ser  arrastrada por la inercia del bus quedando debajo de la  parte  delantera  junto  con sus ocupantes, produciéndose con ello las lesiones  graves que son materia de esta causa”.   

Y,  en relación con el reparo  por el  monto  de  los  perjuicios  morales, indicó el ad quem:   

“Respecto  de los perjuicios morales que  el  a  quo  tasó  en  50  salarios  mínimos para cada uno de los lesionados es  necesario  aclarar  que  la  legislación  colombiana  acepta  la  existencia  y  necesaria  indemnización  de  los  perjuicios  morales y que la división entre  morales   objetivados   y   subjetivos  es  una  creación  jurisprudencial  que  inicialmente  aceptó  el Consejo de Estado y posteriormente la Corte Suprema de  Justicia,  pero  si bien el a quo no hizo la distinción o no discriminó dentro  de  los cincuenta (50) salarios mínimos qué porcentaje de ellos corresponden a  morales  objetivados y qué otro porcentaje a morales subjetivos, también lo es  que,   la  tasación  que  prudencialmente  hizo  se  encuentra  adecuada y consonante con la gravedad de los daños causados, además  de  lo  anterior es de recalcar que ante las dificultades de salud que presentó  uno  de  los  lesionados,  como fue el señor CESAR  ANTONIO ARDILA es cual  fue  sometido  a  un  largo  período  de  recuperación  dada la gravedad de su  lesión  y a consecuencia de ella no pudo seguir trabajando en la labor habitual  en que ganaba su sustento”.   

“Sin  que  este ítem se confunda con el  lucro   cesante   es   evidente  que  el  lesionado  una  vez  adquirida  alguna  recuperación  vio  menguados  sus  ingresos  porque ya no lo llamarían para el  mismo  oficio  de  ágil  vendedor  de  una droguería sino muy seguramente para  otros  menesteres  que  dada  su  minusvalía,  los  ingresos serían igualmente  menguados.   

“Como  quiera  que  no se nombró perito  para  avaluar  este  daño moral objetivado, además por lo complejo del asunto,  por  ello fue que el a quo fijó prudencialmente englobando en una sola cantidad  de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos todos los daños morales y por ello este  despacho  encuentra  que  el  valor  prudencialmente  así  tasado  se  ajusta o  compensa  con  la  gravedad  de  los  daños  morales  padecidos  y respecto del  pretium  doloris sufrido  por   este   lesionado   o   daño  moral  subjetivo,  según  las  mismas  versiones  de  las  víctimas reflejado en las angustias o  trastornos  emocionales  por  la  pérdida  en  la  armonía  de su cuerpo y las  penurias   que   debió   soportar  al  estar  sin  trabajo,  la  dificultad  de  recuperación  estética y funcional de su pierna derecha, también se encuentra  adecuada  la  prudencial  tasación  que  hiciera el a quo y por lo tanto en ese  mismo sentido se confirmará”.   

   

Se   nota   pues,   sin  mayor  esfuerzo,  no   sólo  que  no  es  cierto,  como contrariamente se alude por el censor,  que  el sentenciador de alzada hubiere abandonado su  deber  de  dar  respuesta  a los planteamientos propuestos por la defensa cuando  recurrió   en   apelación,   sino,  además,  que  la discrepancia radica es  con   las   conclusiones   fácticas  y  jurídicas  plasmadas  en  la  sentencia  de segunda instancia, para cuyo cuestionamiento el  camino  de  ataque  no era  en   manera   alguna   la   causal   tercera   de   casación  por  defectos  de  motivación        del       fallo,   como   así  procede,  sino  la  primera,  por  la  vía  directa  o  la  indirecta  de  violación  a  la  ley,  según resultara  procedente, nada de lo cual siquiera  ensaya  y  que  la  Corte  no  puede  suponer  sin  transgredir  el principio de  limitación que rige su actuación.   

4.- Como quiera entonces que el actor omite  fundamentar    clara   y   puntualmente  los  motivos  que  invoca  en  orden  a  solicitar  la    admisibilidad    del  libelo  por  parte de la Corte, en  la  formulación  de  las  censuras tampoco acredita  la  configuración  de   algún  error  denunciable  en  casación, y de la  revisión  de  lo  actuado  no se observa violación de garantías fundamentales  que  tornen  viable  el  ejercicio  de la oficiosidad por la Sala,  resulta  inexorable  tener  que  inadmitir  la  demanda  y  disponer  la  devolución del  diligenciamiento al  Despacho de origen.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   discrecional   presentada   por   el   defensor   del  procesado   ELBERTO  DANILO   CASTILLO   OLARTE,  por  lo  anotado  en  la  motivación   de  este  proveído.  En  consecuencia  SE  DECLARA  DESIERTO el  recurso.   

Contra  esta  providencia   no procede  recurso  alguno.   

Notifíquese y devuélvase al Despacho   de origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                       ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS            AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                  YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                 JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 Fl.  200 cno. 1   

2 Fl.  220 y ss. cno. 1   

3 Fl.  243   

4 Fl.  249   

5 Fls.  333 y ss.-1   

6 Fls.  4 y ss. cno. Sda Inst.   

7Fls.  29 y ss. cno. Sda Inst.   

8 Cfr.  Por todas, cas. de junio 20 de 2006, rad. 25090.   

9 Cfr.  Cas. de mayo 23 de 2007, rad. 26706.   

10  Sentencia del Casación del 11/12/03. Radicación: 19547.     

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