26344(18-06-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 26344  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobada acta N° 162  

Bogotá D. C., dieciocho (18) de junio de dos  mil ocho (2008).   

V I S T O S  

La  Corte  resuelve  el recurso de apelación  interpuesto  por  la  Fiscal  Segunda  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de  Bogotá,  contra  el  fallo  absolutorio  dictado por esa Corporación, el 13 de  junio  de  2006,  a  favor  de  JESÚS  EFRÉN HERRERA  FARIETA,    quien  para  el momento de la ocurrencia de los hechos se encontraba  ejerciendo  como  Juez  62  Penal  Municipal de la misma ciudad, por el cargo de  prevaricato por acción.   

H E C H O S  

El  Tribunal Superior de Bogotá los reseñó  de la siguiente manera:   

“La  Fiscalía  produjo  resolución  de  acusación  contra  Jorge Eliécer Cárdenas Casas por  homicidio;  conoció de la causa el Juzgado 16 Penal del Circuito de esta ciudad  (Bogotá),  que  convocó para la celebración de la audiencia pública el 1° y  el  12  de  diciembre  de  1997,  y el 16 de enero de 1998, pero no fue remitido  desde  su centro de reclusión debido a disturbios en la Cárcel Nacional Modelo  y  no se pudo evacuar la diligencia. Vencido el término para iniciar y culminar  la   audiencia   pública,  el  defensor  del  procesado  reclamó  su  libertad  provisional,  petición  que  el juez de la causa negó con auto del 20 de enero  de  1998, por estimar dilatoria la conducta del procesado al negarse a concurrir  a la diligencia.   

“El defensor apeló, se siguió el trámite  y  antes  de  la  decisión   de segunda instancia, se interpuso el hábeas  corpus   ante  el  Juzgado  62 Penal Municipal de esta ciudad, a cargo para  entonces  de  Jesús Efrén Herrera Farieta, que el 28 de enero de 1998, amparó  y  dispuso liberar al detenido, por lo que la defensa desistió de la apelación  interpuesta  contra  la decisión del juez de instancia que negó la liberación  solicitada.   

“Esto  dio  a lugar a que la doctora Miriam  Espitia  García  titular  del  Juzgado  16  Penal del Circuito, denunciara a la  Fiscalía  la  conducta  procesal  del  funcionario  por  los  hechos referidos;  consideró  irregulares  y  contrarios  a   derecho  el conceder el hábeas  corpus  que  desconoció  la  decisión  previamente adoptada por su despacho en  relación  con  los  motivos para negar la libertad provisional que reclamaba el  defensor  del  procesado  y  que  impedían  consentir ese beneficio”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

De  acuerdo  con  los  anteriores  hechos, la  titular  del   Juzgado  Dieciséis  Penal  del Circuito de Bogotá, el 8 de  febrero  de 1998, formuló denuncia penal contra Jesús  Efrén    Herrera   Farieta   y   después   de   una  investigación  preliminar, el 14 de mayo de 2001, se declaró la apertura de la  instrucción.   

Escuchado en indagatoria Jesús Efrén Herrera  Farieta,  la situación jurídica se le resolvió, el 17 de febrero de 2003, con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva por la conducta punible de  prevaricato    por    acción.    Así   mismo,   le   concedió   la   libertad  provisional.   

Cerrada  la  investigación,  la  Fiscalía  Segunda  Delegada  ante el Tribunal Superior de Bogotá, el 15 de junio de 2004,  profirió    resolución    de    acusación    en   contra   de   Herrera      Farieta     por      el      delito     citado     en  precedencia.   

Apelada    la    anterior   decisión,   la   Unidad  de  Fiscalía  Delegada   ante  esta   Corporación,   el   15  de  octubre   de    2004,    la    confirmó    en    su  integridad.   

El  expediente  pasó al Tribunal Superior de  Bogotá  que,   luego de tramitar el juicio en debida forma, el 13 de junio  de  2006,  dictó  sentencia  de  primera  instancia,  en  la  que  absolvió  a  Jesús Efrén Herrera Farieta  del cargo proferido en su contra.   

Contra  la  anterior  decisión,  la  Fiscal  Segunda  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Bogotá, interpuso recurso de  apelación.   

SÍNTESIS    DE    LA    DECISIÓN    DEL  TRIBUNAL   

Considera  que en el trámite se demostró la  calidad  de  servidor  público  de  Jesús Efrén Herrera Farieta, en tanto que  ostentaba  la  condición de Juez 62 Penal Municipal de Bogotá cuando dictó la  providencia que se califica como prevaricadora.   

Así mismo, anota que la providencia la dictó  en  ejercicio  del  cargo, siendo esa la razón por la cual conoció, tramitó y  decidió  el  hábeas  corpus,  puesto  que  estimó  que  había  prolongación  ilícita  de  privación de la libertad, según lo previsto en el artículo 415,  numeral 5° del Decreto 2700 de 1991.   

Sin   embargo,   respecto   al   grado   de  culpabilidad,  esto  es, el dolo, advierte que de acuerdo con el artículo 30 de  la  Constitución Política de 1991 y la sentencia C-301 de 1993, se avizora que  hay  dos  vías  paralelas  para  controvertir  la  decisiones  relativas  a  la  privación  judicial  de la libertad, es decir, el hábeas corpus y los recursos  dentro del correspondiente trámite.   

Reconoce  que  por vía general la acción de  hábeas  corpus  no  admite  controvertir  los  motivos  de una autoridad judicial competente para restringir  dicho  derecho  fundamental.  Ahora  bien,  manifiesta que en tratándose de una  vía  de  hecho  “como  expresión del capricho y la  arbitrariedad  de  los funcionarios judiciales en la totalidad de las instancias  permitidas,  cuando  se  trate  de  decisiones sin fundamento serio, atendible y  carentes  de  todo  fundamento tolera la invocación excepcional de hábeas  corpus  contra la decisión judicial de privación de la libertad contra aquella  que  obstinadamente  desconozca  la  pertinencia de la liberación provisional o  definitiva,  verbi gracia, cuando sobreviene nulidad que compromete la medida de  aseguramiento,  se  acredita  el  cumplimiento  de  la  pena  impuesta   el  otorgamiento  de  la caución como presupuesto para la excarcelación consentida  en el curso del proceso”.   

No  obstante,  enfatiza  que  bajo  ninguna  circunstancia  cuando  no  sea  la  expresión  de una decisión manifiestamente  arbitraria  o caprichosa “contraria de bulto al orden  jurídico,  el  juez  de  hábeas corpus puede oponer su personal criterio a las  resoluciones  judiciales  que  ajustadas  los  preceptos  legales  dispongan  la  restricción   a   la   libertad  de  quien  es  sujeto  pasivo  de  la  acción  penal”.   

En  tales  condiciones, considera que dada la  formación  académica del procesado no se advierte su clara intención dañina,  máxime  cuando  “el inciso 2° del artículo 430 del  Decreto  2700  de  1991  no  es  unívoco,  y el criterio del acusado conformaba  alternativa  hermenéutica  viable,  si  se  mira  que  la  Corte Constitucional  admitió  la  procedencia  excepcional  de  acción  pública del hábeas corpus  frente  a  una  vía  de  hecho,  que  en el marco de sus limitadas competencias  académicas,  el  inculpado  intuyó,  así  se diga erradamente, como argumento  determinante  de  la  decisión adoptada”.   

Asevera  que  la  preparación académica del  acusado  no  puede  ser  un  argumento que deba desestimarse para concluir en el  actuar doloso del acusado.   

Afirma que cuando una persona se ve avocada a  desempeñar   el   cargo   de   juez  penal   afronta  serias  dificultades  interpretativas    en    el    ejercicio   de   la   función,   “aún  para  quien  tenga  el título de abogado litigante o servidor  público,  problemas  muy  cotidianos,  y  máxime  sin quien debe superarlos es  ajeno  a esa disciplina, que no se ha recibido como tal, así sea de persona con  experiencia       acumulada       como       empleado       judicial”.   

Por manera que el acusado con sus capacidades  jurídicas  disminuidas,  puesto que no ostentaba el título de abogado, estimó  que  el  amparo  demandado  procedía,  conclusión  que  puede  “parecer   equivocada  o  apresurada,  pero  no  hay  certeza  de  su  intención  maliciosa enderezada a esquivar conciente y caprichosamente el orden  jurídico,      propio      en     la     conducta     prevaricadora”.   

Así,   dice   que   con   motivo   de  las  “condiciones   personales   e   intelectuales   del  acusado”,    queda    la    duda   “de  si  obró o no de buena fe al proferir su decisión ni se conoce  qué  intereses,  aviesos  o  no,  que  alentaran  su determinación”.   

Por último, recuerda que Herrera Farieta fue  designado    como    Juez    62    Penal   Municipal,   en   encargo,  “sin  acreditar  sus  calidades  como  abogado  titulado,  en condiciones precarias de  formación  jurídica  para  asumir con total responsabilidad tan exigente tarea  en   asunto   de  tanta  significación  y  compleja  interpretación,  como  el  reconocimiento  de  la  acción pública frente a irregularidades procesales que  creyó  suficientes  para  definir una injusta prolongación de la privación de  la  libertad  que equívocamente dimensionó como fruto de su inexperiencia como  funcionario  judicial,  pero  en especial, como consecuencia de sus deficiencias  cognitivas  de  la  disciplina  jurídica penal que, en todo caso, originan duda  sobre  la  responsabilidad  penal  y  también  sobre la existencia de causal de  inculpabilidad  alegada, prevista en el ordinal 4° del artículo 40 del Decreto  100  de 1980, que hoy recoge con igual significado el artículo 32 de la Ley 600  de  2000,  en  el  convencimiento  de  estar  obrando  secundum  jus”.   

En  tales  condiciones,  en  virtud  de  las  anteriores     consideraciones,     concluyó     en    la    absolución    del  procesado.   

SÍNTESIS DE LA IMPUGNACIÓN  

La  Fiscal   Segunda  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, luego de efectuar una sinopsis del proceso y de  relacionar  la  prueba  allegada  a la actuación, estima que de acuerdo con los  datos  incorporados  al  diligenciamiento  se  advierte  que se puede arribar al  grado  de  conocimiento  de  certeza  en  torno  a  la existencia del hecho y la  responsabilidad del acusado.   

Acota  que  el  señor  Herrera Farieta en su  desempeño  como  Juez  62  Penal Municipal, al resolver la petición de hábeas  corpus  de  manera favorable al sindicado Jorge Eliécer Cárdena Casas, emitió  decisión  manifiestamente  contraria  a  derecho,  incurriendo  en el delito de  prevaricato,  porque desconoció lo normado en el artículo 430, inciso 2°, del  Código  de  Procedimiento  Penal  vigente para la época de los hechos, máxime  cuando  dentro  de la actuación se había negado la libertad del procesado y su  defensor   había   apelado  dicha  providencia,  es  decir,  que  resultaba  un  imperativo que el superior desatara el recurso interpuesto.   

Considera   como  absurdo  que  el  acusado  desatendiera  lo  dispuesto  en  la  norma  citada  en  precedencia,  y pretenda  escudarse  en  la  falta  de  conocimientos  para ejercer el cargo, cuando no se  requería    de   mayor   análisis   para   la   comprensión   de   lo   allí  dispuesto.   

Rechaza la argumentación del procesado en el  sentido  que  la  juez  de  conocimiento  debió  haberse  trasladado  al centro  penitenciario  para  iniciar  la   audiencia   pública   a   fin     de     impedir    el    vencimiento    de   términos,    y   que    Jorge   Eliécer   Cárdenas  Casas  no     se     presentó    a    las    citaciones   debido    a    las   protestas    carcelarias,    dado   que   en   el   proceso  existen  constancias  del  juzgado   y   del  centro  penitenciario,  acerca   de   que   los   internos   fueron llamados  para   las   remisiones,   pero   dicho acusado  el  1  y  el    12    de    diciembre   de   1997   se   negó   a   concurrir  a  la  audiencia pública,   lo   cual   permitía   advertir   su  incursión   dentro    de   lo   descrito   en  el   artículo   415.5,   inciso   2°,   del  Código de  Procedimiento  Penal.   

Así, solicita la revocatoria de la sentencia  impugnada y, en consecuencia, que se condene al procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1º.   Es competente la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia  para  desatar  el  recurso de alzada conforme a lo  reglado  en  los  artículos 75.3 y 76.2 del Código de Procedimiento Penal (Ley  600  de  2000),  en  la  medida  que   se   trata   de   una  decisión     proferida     en    primera    instancia   por   un  Tribunal   de  Distrito  Judicial  dentro del  proceso  adelantado  contra un  juez por un delito cometido en ejercicio de  sus funciones o por razón de ellas.   

2º.   En  dicho  cometido,  atendiendo  el  principio  de  limitación,  consagrado  en  el  artículo  204  del  Código de  Procedimiento  Penal,  la  Sala  centrará  su  atención en la revisión de los  aspectos   impugnados   y,   como   consecuencia,   en   aquellos  que  resulten  inescindiblemente  vinculados  a  su  objeto,  sabiendo  que  con  el recurso se  pretende  que  se  dicte  fallo  de  condena  respecto de la conducta punible de  prevaricato  por  acción   en  contra  del  acusado por haber concedido un  hábeas corpus.   

3º.  Por vía del recurso de apelación,  la  fiscal  presenta  las  siguientes inconformidades contra el fallo de primera  instancia:   

a)  Que  si bien es cierto que hay normas que  pueden  ofrecer diversas interpretaciones jurídicas, también lo es que en este  evento  tal  circunstancia  no aconteció, puesto que el contenido del artículo  430,  inciso  2°,  del  Decreto 2700 de 1991 no se presta a equívocos, máxime  cuando  en el proceso que se adelantaba contra Jorge Eliécer Cárdenas Casas la  providencia que le negó la libertad se encontraba recurrida.   

b)   Que   no  era  necesario  tener  mayor  experiencia  de  la  que  tenía el acusado “para dar  aplicación  a  lo impuesto por la norma y permitir que la solicitud de libertad  fuera resuelta por el competente”.   

c)  Que  si  el  acusado  no  contaba  con la  experiencia   requerida   para  desempeñarse  como  Juez  62  Penal  Municipal,  “es algo que debió ser previsto por el nominador y,  por   lo   mismo,   el  funcionario  antes  de  aceptar  el  encargo”.   

d) Que no se puede aceptar el cargo de juez de  la  República, sabiendo las implicaciones que de él se deriva y menos permitir  que un homicida recobre la libertad.   

e)  Que  la  Fiscalía  no  advierte  la duda  alegada por el Tribunal para absolver al acusado.   

Aclarado   el  anterior  punto,  resulta  indispensable  recordar  que el trámite tuvo origen en una petición de hábeas  corpus  que  se  solicitó  en el Juzgado 62 Penal Municipal en donde el acusado  Jesús  Efrén Herrera Farieta ejercía como juez en reemplazo de la titular que  se encontraba disfrutando de un periodo de vacaciones.   

Vale  resaltar  que  dentro  del trámite que  cursaba  en  el  Juzgado  16  Penal  del  Circuito de Bogotá en contra de Jorge  Eliécer  Cárdenas  Casas objeto de amparo, el 28 de enero de 1998, el acusado,  en  su  condición de Juez 62 Penal Municipal de Bogotá, decidió dicha acción  concediendo la libertad inmediata de dicho procesado.   

El ex juez acusado argumentó en la decisión  que  si  bien  es cierto que Cárdenas Casas no compareció al estrado judicial,  ésta  causa  no  puede  atribuírsele  a  él,  en  tanto  que,  contrario a lo  manifestado  por  la  titular  del  Juzgado 16 Penal del Circuito de Bogotá, al  folio  52  del  cuaderno original obra constancia respecto a que la audiencia de  juzgamiento  no  se  pudo  llevar  a cabo por cuanto que el centro carcelario no  recibió la boleta de remisión para tal efecto.   

De ahí que hubiese concluido que como quiera  que  la constancia lleva fecha del 16 de enero de 1998, lógico era concluir que  tenía  derecho  a  la libertad, en la medida en que se había cumplido el plazo  de  los  6  meses privado de la libertad sin que se hubiese realizado el acto de  la  audiencia  de  juzgamiento,  de  acuerdo  con el artículo 415, numeral 5°,  inciso 1°, del Decreto 2700 de 1991.   

Por último, dispuso la expedición de copias  con  el  fin de que se investigara la conducta delictiva en que pudo incurrir la  mentada Juez 16 Penal del Circuito de Bogotá.   

Ahora  bien,  de  acuerdo con la denuncia que  formuló  la  doctora  Miriam Espitia García, en su condición de Juez 16 Penal  del  Circuito,  se  evidenció  que   la  resolución de acusación dictada  contra  Cárdenas  Casas  por  el delito de homicidio cobró ejecutoria el 16 de  julio  de  1997;  que  el  despacho señaló, el 1° de diciembre del mismo año  para  llevar  a  cabo  la  diligencia de audiencia pública y que la misma no se  realizó  por  los  disturbios  que  se  presentaron en la Cárcel Modelo; y que  fijada  nuevamente para el 12 de diciembre siguiente tampoco se pudo iniciar por  los mentados disturbios presentados en el centro de reclusión.   

De  la misma manera, argumentó que señalada  nuevamente  el 16 de enero de 1998 para llevar a cabo la diligencia de audiencia  pública,  ésta  no  se  pudo  llevar  a  cabo,  habida  cuenta  que  el centro  carcelario  no  remitió al acusado al juzgado, puesto que no se había recibido  la  boleta  de remisión; y que presentada la petición de libertad provisional,  según  lo previsto por el artículo 415, numeral 5°, del Decreto 2700 de 1991,  la  Juez 16 Penal del Circuito de Bogotá, la negó, mediante providencia del 20  de  enero  de esa anualidad, con el argumento que “la  audiencia  no  se había iniciado por la actitud asumida por el procesado, de no  concurrir  al  despacho en las fechas anteriormente señaladas, actitud que como  es  sabido,  se  contempla  en  el  estatuto  adjetivo penal como causal para no  otorgar el beneficio deprecado”.   

Manifiesta  que  interpuesto  el  recurso  de  apelación   contra   la   anterior  decisión   en  el  término  legal  y  encontrándose  el diligenciamiento para los traslados de rigor, se interpuso la  acción  de  hábeas  corpus  ante el Juzgado 62 Penal Municipal con los resultados ya conocidos.   

Por último, agrega que la acción de hábeas  corpus  no  permite  al  juez  de  amparo  que  entre a discutir los motivos que  “una  autoridad  competente haya estimado suficiente  para  decretar  la  privación de la libertad, cuando se trate de tales eventos,  sino  que  debe mirar exclusivamente el cumplimiento de las formalidades legales  exigidas para tal determinación”.   

Por su parte, el señor Jesús Efrén Herrera  Farieta  adujo  a  la  justicia  que si bien no ostentaba la calidad de abogado,  puesto  que  sólo adelantó estudios hasta el cuarto año de bachillerato y que  aceptó  el  encargo  de  Juez  62 Penal Municipal por sugerencia de la titular,  reconoce  que  no  tenía  los  estudios requeridos para desempeñar a cabalidad  dicho cargo.   

No  obstante,  advierte que la condición que  colocó  para  desempeñar  el  encargo  fue  que  la  titular  del  despacho lo  asesorara,   dado   sus   “ínfimos   conocimientos  jurídicos   no   me  alcanzaban  para  llevar  a  cabo  mi  función  en  forma  satisfactoria,  sino  por  el  contrario tenía que estar asesorado y seguir los  parámetros   del  despacho  quien  era  la  responsable  del  mismo”.   

Frente  a  la  providencia  de  hábeas  corpus anota que él la discutió  con  la  titular  del  despacho  y  se  decidió con los datos que obraban en el  trámite.  Así mismo, asevera que sabía que “cuando  a  una  persona  se  le  prolonga ilícitamente la privación de la libertad, es  viable  otorgar  tal  beneficio, y como quiera que dentro del proceso adelantado  por  el  juzgado  16 Penal del Circuito, contra el cual iba dirigida la acción,  se   vislumbraba   que  efectivamente  los  términos  se  habían  vencido  por  negligencia    de    ese   despacho,   se   tomó   la   decisión   motivo   de  controversia”.   

Destaca  que  en compañía de la titular del  despacho    y    con    la    secretaria    llegaron    a   la   “conclusión  que  la  señora  Juez  16  Penal  del  Circuito estaba  prolongando  ilícitamente  la  privación  de  la  libertad  del sindicado, por  cuanto  aludía  que  era  por motivos del mismo para que se hubiese cumplido el  término  y  sobre  este  tópico  fue  que  se  discutió la decisión, la cual  posteriormente   se   llevó   a  cabo,  eso  siempre  se  discutió”.   

Reitera  que  como quiera que “la  libertad se había hecho ante el Juzgado 16 Penal del Circuito y  éste  la  había  negado  con argumentos que para ese momento el juzgado que yo  representaba no consideraba justos, se tomó la medida”.   

Insiste  en  sostener  que  “la   petición   de   libertad   se  debe  hacer  ante  el  juez  de  conocimiento,  y  que  éste  debe  fallar  conforme a la norma, sin parcialidad  alguna  y sin evadir la responsabilidad de que se venzan los términos, tal como  ocurrió  en  el  evento  en  que  nos ocupa, donde se vislumbra que la Juez del  circuito  fue  quien  por  negligencia  dejó  vencer  los términos”.   

Por  último, agrega que  no recuerda si  para  la  época  en que el proceso “del circuito fue  llevado  al juzgado se encontraba la apelación, toda vez que en ningún momento  con  la  señora  juez y la secretaria se discutió esta circunstancia, tan solo  nos  limitamos  al  hecho  de  que  la  Juez  del  Circuito  había  obrado  con  negligencia  y  ese fue el punto vital y de conclusión para resolver el hábeas  corpus,   no  recuerdo  haber  discutido  otra  situación  procesal”.   

De acuerdo con los anteriores datos, advierte  la  Corte  que  para  el  juzgador del primer grado fue claro que la providencia  proferida  por el funcionario acusado no contraría el orden jurídico de manera  evidente,  en  tanto  que,  por  regla  general,  “el  hábeas  corpus  no  admite  controvertir  los motivos de una autoridad judicial  competente  para  decretar la privación de la libertad de una persona, o lo que  igual  ha  podido  tener para negar la liberación provisional, la hipótesis de  una  vía  de  hecho  como  expresión  del  capricho  y la arbitrariedad de los  funcionarios  judiciales  de  las  instancias  permitidas,  cuando  se  trate de  decisiones  sin  fundamento  serio,  atendible  y  carentes  de todo fundamento,  tolera  la  invocación  excepcional  del  hábeas  corpus  contra  la decisión  judicial  de  privación  de  la  libertad  o  contra aquella que obstinadamente  desconozca  la  pertinencia  de  la  liberación provisional o definitiva, verbi  gracia,  cuando sobreviene nulidad que compromete la medida de aseguramiento, se  acredita  el  cumplimiento  de la pena impuesta o el otorgamiento de la caución  impuesta  como  presupuesto  para  la  excarcelación consentida en el curso del  proceso.   

“Bajo ninguna circunstancia, como no sea la  expresión  de  una  decisión manifiestamente arbitraria o caprichosa contaría  de  bulto al orden jurídico, el juez de hábeas corpus puede oponer su personal  criterio  a  las  resoluciones  judiciales  que  ajustadas los preceptos legales  dispongan  la  restricción   a la libertad de quien es sujeto pasivo de la  acción penal”.   

Sin embargo, el Tribunal fue claro en advertir  que  dada  la  formación  académica  del  procesado  y la postura asumida para  conceder  el  amparo,  no evidencia una actitud dañina, en tanto que su postura  jurídica  resultaba  viable, máxime cuando la Corte Constitucional admitió la  procedencia  excepcional  de  esta  acción pública frente a una vía de hecho,  “que  en  el  marco  de  sus  limitadas  competencias  académicas,  el  inculpado  intuyó,  así  se diga erradamente, como argumento  determinante de la decisión adoptada”.   

En  otras  palabras, la decisión del ex juez  acusado  no  se puede tener como una providencia manifiestamente contraria   a  la  ley,  es decir, que en este evento no es posible predicar que la conducta  desplegada  por el procesado encaja en la descripción típica contemplada en la  ley para la conducta punible de prevaricato por acción.   

Así  mismo,  contrario  a lo afirmado por la  fiscalía,  para  el  fallador  sí  resultó  determinante  la  poca formación  jurídica  que  tenía  el  acusado  para  dictar la providencia calificada como  prevaricadora  y de esta manera también predicar la inexistencia del dolo en su  comportamiento delictual.   

Así  las  cosas,  la  Sala  no  comparte los  argumentos   exhibidos   por  la  recurrente  en  torno  a  las  inconformidades  postuladas contra la sentencia de primera instancia.   

En  efecto,  en torno al primer reparo que la  fiscalía  muestra  contra el fallo impugnado, según el cual, el inciso 2° del  artículo  430  del Decreto 2700 de 1991 no se prestaba a equívocos, no resulta  del  todo atinado, en la medida en que como lo resalta el juzgador de los medios  de   prueba  allegados  al  proceso  no  se  puede  inferir   el  grado  de  culpabilidad dolosa.   

En  primer  término,  vale  destacar  que la  prohibición  a  que  alude  la  impugnante,  en  cuanto a que el inciso 2° del  artículo  430  del  Decreto  2700  de  1991  no se prestaba a equívocos, en el  sentido   a   que   se   hacía   improcedente   la   acción   de  hábeas  corpus  en los supuestos en que el  acusado  lo  concedió, constituye una apreciación personal de la memorialista,  puesto  que  la Sala ha reconocido que de acuerdo con la Sentencia C-301 de 1993  dictada  por la Corte Constitucional  al decidir el juicio de exequibilidad  del  artículo  2°  de  la  Ley  15 de 1992 que modificó el 430 del Código de  Procedimiento  Penal  de  1991,  aunque afirmó la incompatibilidad de dos vías  paralelas  para  la  protección  de  la libertad personal, se reconoció que de  manera  excepcional  en  el  supuesto  de hecho de privación ilegal  de la  libertad,   el   juez  de  hábeas  corpus  puede intervenir “cuando ella configure  una típica actuación de hecho”.   

Así, lo expresó:  

“No  cabe  duda que la opinión de mantener  dos   vías   para  controvertir  las  privaciones  judiciales  de  la  libertad  –   hábeas   corpus  y  recursos  dentro  del  proceso-  desquicia  inútilmente  la función judicial y  entraña  un  doble  ejercicio del aparato judicial, desconociendo la existencia  de  recursos  cuya  utilización resulta más racional, inclusive desde el punto  de   vista   de   la  capacidad  de  acierto  habida  consideración  del  mayor  conocimiento  que los jueces competentes pueden tener del proceso y  de las  circunstancias que lo rodean.   

“En  suma,  los  asuntos  relativos  a  la  privación  judicial de la libertad, tienen relación directa e inmediata con el  derecho  fundamental  al debido proceso y la controversia sobre los mismos debe,  en  consecuencia,  respetar  el presupuesto de este derecho que es la existencia  de  un  órgano judicial independiente cuyo discurrir se sujeta necesariamente a  procedimiento  y  recursos a través de los cuales puede revisarse la actuación  de  los  jueces  y  ponerse  término  a  su  arbitrariedad.  De este modo no se  restringe  el hábeas corpus, reconocido igualmente por la Convención Americana  de  derechos  humanos, pues se garantiza el ámbito propio de su actuación: las  privaciones  no  judiciales  de  la libertad. En lo que atañe a las privaciones  judiciales,  el  derecho  al  debido  proceso,  desarrollado a nivel normativo a  través  de  la  consagración  de  diversos  recursos  legales,  asegura que la  arbitrariedad  judicial  pueda ser eficazmente combatida y sojuzgada cuando ella  se  presente. Lo anterior no excluye la invocación excepcional de la acción de  hábeas  corpus contra la decisión judicial de privación de la libertad cuando  ello     configure     una     típica     actuación    de    hecho”.   

En consecuencia, no es una verdad indiscutible  que  el  mentado inciso 2° del artículo 430 del Decreto 2700 de 1991 resultaba  claro  y  libre  de  cualquier  otra  interpretación  del que indicaba su tenor  literal.   

Ahora bien, revisada la providencia calificada  como  prevaricadora  se advertirá que en ella se puso de relieve que, contrario  a  lo afirmado por el Juez 16 Penal del Circuito, “no  hubo  dilación  por  parte del procesado para negar el beneficio de la libertad  provisional  consagrado  en  el  inciso  1°  del  numeral 5° del canon 415 del  C.P.P.,  ello por lo esbozado anteriormente, merced a que las circunstancias que  se  presentaron  fueron  ajenas al  procesado, tales como el paro judicial,  paro  de  guardianes, paro de internos a nivel general, vacancia judicial, ahora  el  deber  del  funcionario  es  no dejar vencer los términos estipulados en la  norma…”.   

En consecuencia, en este particular evento no  resulta  de  recibo  el motivo de inconformidad manifestado por la fiscal contra  el fallo de primera instancia.   

En el mismo sentido, tampoco resulta viable el  segundo  motivo  de  inconformidad,  según  el  cual,  no  se  requería  mayor  experiencia  de  la que tenía el acusado para dar aplicación a “lo  impuesto  por  la  norma y permitir que la solicitud de libertad  fuera  resuelta  por el competente”, puesto que. como  se  ha  venido  afirmando,  el  texto  de  la  norma no era claro en cuanto a su  interpretación.   

En lo atinente al tercer  y cuarto reparo  que  la  fiscalía  formula contra el fallo de primera instancia, consistente en  que  si el acusado no tenía los conocimientos y la experiencia para desempeñar  el  encargo  de  funciones  de Juez 62 Penal Municipal, tal circunstancia debió  ser  prevista  por  el nominador y por el funcionario antes de aceptar el cargo,  se  erige en otra apreciación personal de la memorialista, habida cuenta que no  consultaría  con  los fines del derecho penal que por esa sola circunstancia el  magistrado   y   el   juez   deban  responder  penalmente  por  cualquier  falla  presentada   en  la  prestación  del servicio, a menos que se vislumbre un  acuerdo   tendiente   a   violar  la  ley  penal  y,  consecuentemente,   a  transgredir  o  a  poner  en  peligro  los  bienes  jurídicos protegidos por la  norma.   

Recuérdese  que  en  nuestro  sistema  penal  impera   el  derecho  penal  de  acto  y  está  proscrita  cualquier  forma  de  responsabilidad  objetiva.  De  ahí  que  cada  ciudadano debe responder por su  acción  u  omisión,  siempre  y  cuando  la misma sea típica, antijurídica y  culpable,  toda  vez  que la “causalidad por sí sola  no    basta    para   la   imputación   jurídica   del   resultado”. (artículo 9° de la Ley 599 de 2000).   

Y, por último, que la representante del ente  acusador    no   advierta  el  grado  de  incertidumbre  para  absolver  al  procesado,  tampoco  tiene  vocación  de éxito, dado que el Tribunal expuso de  manera  razonable  los  argumentos que lo llevaron a predicar que en este evento  no  se  podía avizorar en el comportamiento del acusado sí éste  obró o  no    “de   buena   fe   al   proferir   su  decisión  ni  se  conoce qué  intereses,   aviesos   o   no,   que   alentara   su  determinación”.   

En  efecto,  para  el  juzgador  de  primera  instancia  fue evidente la disparidad de criterios interpretativos del artículo  430  del  Decreto  2700  de  1991.  Así  mismo,  estimó que si “Herrera  en  el marco de sus capacidades jurídicas disminuidas y en  expresión  desbordada  de  extremada  premura  por  materializar  un  bien  que  consideró   justo   desde   una   consideración   interior  más  profana  que  rigurosamente  normativa, alegó que según su leal saber y entender interpretó  las  vicisitudes  procesales dentro de la causa seguida contra Cárdenas como la  prolongación  ilícita de privación de su libertad por causas atribuibles a la  funcionaria  de  conocimiento  que, por tal, creía le facultaba para admitir la  pertinencia  excepcional  del  hábeas  corpus  así  se tratare de petición de  libertad  en principio sometida a las ritualidades propias del proceso en curso,  su  decisión  final al conceder la acción invocada, puede parecer equivocada o  apresurada,  pero  no  hay  certeza  de  su  intención  maliciosa  enderezada a  esquivar  conciente  y caprichosamente el orden jurídico, propio en la conducta  prevaricadora”.   

Así las cosas, se impone la confirmación de  la  sentencia absolutoria, en tanto que la fiscalía no demostró que el acusado  conocía  los  hechos  constitutivos  de  la  infracción  penal  y  quería  su  realización  para  predicar  la  existencia  del  tipo objetivo y subjetivo del  prevaricato por acción.   

En merito de lo expuesto, la Sala de Casación  Penal  de  la  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

R E S U E L V E  

CONFIRMAR   la  sentencia  absolutoria  proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Bogotá-Sala de Decisión Penal, en favor de JESÚS  EFRÉN   HERRERA   FARIETA,  con  fundamento  en  las  argumentaciones que preceden.   

Contra   esta  decisión  no  cabe  ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO           

Permiso  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

Cita medica  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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