26331(10-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 26331  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado  acta N°  185   

Bogotá,    D.    C.,    diez (10) de julio de dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La    Corte    decide    respecto   del  cumplimiento  de  los  presupuestos de logicidad   y  debida  argumentación  de la demanda de casación presentada por el defensor de  GENOVAL     ALBERTO     PALMA     MEZA.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de primer grado, así:   

“El 12 de julio  de  2004,  a  eso  de las 17:15 a 17:30, en la carrera 4ª B con calle 85, de la  nomenclatura     urbana     de     esta     ciudad  (Barranquilla),  el  señor  CARLOS ANDRÉS PAZ UHIA,  quien  después de salir del establecimiento de comercio denominado ‘Narcobollo’, en donde estuvo por espacio de unos  20  minutos,  y cuando se desplazaba por ese lugar en una camioneta blindada, en  compañía  de dos guardaespaldas, fue interceptado por una supuesta patrulla de  la  policía,  compuesta  por  dos  agentes  de  esa  institución,  quienes  se  desplazaban  en  una  motocicleta,  les  solicitaron  al  señor  PAZ  y  a  sus  acompañantes   que   descendieran   del  rodante,  seguidamente  procedieron  a  despojarlos  de  sus armas, y cuando esto ocurrió apareció una camioneta de la  que  descendió  un sujeto quien haló al señor PAZ para el centro de la vía y  seguidamente  le disparó en varias oportunidades con arma de fuego, hiriéndolo  mortalmente,  dándose  a  la  huída en la camioneta, seguido por los referidos  policías.   

“En  el  mismo  lugar  de los hechos falleció el señor PAZ ante la imposibilidad de uno de los  guardaespaldas  y  otras  personas,  entre ellos algunos funcionarios policiales  que  se  hicieron  poco  después presentes en ese sitio, de subirlo a su propio  vehículo  o  a  un  taxi,  por  su  contextura obesa, para llevarlo a un centro  asistencial.   

“Como la actitud  de  los policiales que interceptaron la camioneta se mostró sospechosa desde el  inicio  por  la  forma como actuaron de conformidad a la información recopilada  por  los  investigadores,  y  como al parecer estas personas eran las mismas que  otra  patrulla había visto momentos antes en el mismo sector, y como quiera que  de  acuerdo  a  un miembro de ésta patrulla uno de ellos era el ahora procesado  GENOVAL  PALMA,  quien  se  encontraba    en    vacaciones,   se   abrió   investigación   penal   en   su  contra…”.   

2.   El  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla,  mediante sentencia fechada el 1º de julio de 2005,  condenó  a  Genoval  Alberto  Palma Meza  a  la  pena  principal  de  29  años y 5 meses de prisión, a la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por el lapso de 10  años  y  al  pago  de  los  perjuicios,  como autor de los delitos de homicidio  agravado  y  hurto  agravado  imputados en la resolución de acusación, la cual  cobró    ejecutoria   el   25   de   noviembre   de  2004.   

3.   Apelado  el fallo por el defensor  del  procesado,  quien  cuestionó  la  legalidad  de  unas  pruebas y, además,  consideró  que  los  medios de convicción no arrojan la certeza necesaria para  condenar  a  su  prohijado,   la  Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  el  8  de   marzo  de 2006, lo confirmó en su  integridad,  determinación  contra  la  cual   el  citado  profesional del  derecho interpuso recurso de casación.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El   defensor  del  procesado  Genoval Alberto Palma Meza, con base en  el  cuerpo  segundo  de  la  causal  primera  de  casación,  en un único  cargo, acusa al Tribunal de haber  incurrido  en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por error de hecho  generado     en     un     “falso    juicio    de  existencia  por ignoración  (sic)     de     la  prueba”,   yerro  que  condujo  a  la  aplicación  indebida  de  los  artículos 103, 239, 240, y 241 del Código Penal (Ley 599 de  2000).   

Afirma  el libelista que el sentenciador de  segunda  instancia,  en  el proceso de valoración probatoria, no tuvo en cuenta  los  testimonios de Bronson Varela, Angélica María Sosa y Belsy María Miranda  (esposa  del  primero de los mencionados), medios de convicción que no obstante  haber   sido   apreciados  por  el  juzgador  de  primer  grado,  quien  no  les  “mereció crédito”, de  todos el Tribunal los ignoró.   

Luego  de  hacer  una  breve  mención  del  contenido  de  cada  uno de los citados testimonios, los cuales, en su opinión,  favorecen  la  situación  jurídica  de su procurado, reitera que el ad quem no  hizo alusión a dichas pruebas.   

Recuerda     que     “las  consideraciones de la responsabilidad del Tribunal se soportan  en  la declaración de Ramón Rafael Reguillo Caicedo, pero de forma contraria a  lo  establecido  en  el  proceso, pues la apoya, según la Sala, en el dicho del  patrullero  Juan  Carlos  Alemán Ruiz, muy a pesar de haber rendido sus juradas  una  en  presencia  del  otro.  El Tribunal parafrasea al a quo en lo que toca a  Reguillo  y Alemán, pero no  sigue  el orden del Juez de Conocimiento en cuanto a los olvidos de este testigo  y  la  existencia  de  circunstancias  no  muy  claras  por  las cuales hace una  descripción  diferente  de  Genoval Palma  y  no  lo  reconoce  en  la diligencia en fila de personas. En el  mismo  aparte,  la  Sala  aglutina  los  testimonios  del  hecho,  centrando  la  responsabilidad    en    Genoval   Palma,   cuando   las  circunstancias  narradas  por  los  testigos  son  armónicas  en  cuanto  al  desarrollo  de  los  episodios,  pero, es solo la de  Reguillo  Caicedo la que hace la imputación a Genoval  Palma”,   por  lo  que  considera  que  no se efectuó un análisis integral y sistemático de la prueba  recaudada.   

Asevera que el allanamiento practicado en la  casa  del  progenitor  del  procesado no cumplió con las formalidades legales y  que  “los  informes rendidos por COMCEL”  no poseen  ninguna  calidad  técnica,  razón  por la cual “no  constituyen prueba, por ser intangibles”.   

Así mismo, estima que el invocado error de  hecho   condujo   a   que   el  Tribunal  de  Barranquilla  tomara  como  prueba  “elementos  que no tiene tal estirpe”,  motivo  por  el  cual  no  puede  predicarse que el procesado se  encontraba  cerca  al  lugar  de  los  hechos  en  la  hora de ocurrencia de los  mismos.    

Después   de   reiterar  sus  anteriores  argumentaciones,  de  afirmar  que  las  declaraciones  rendidas  Ramón  Rafael  Reguillo  y  Juan  Carlos Alemán no merecen crédito, finaliza solicitándole a  la   Corte  case  el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  proceda  a  absolver  a su defendido.   

ALEGATO     DEL     NO   RECURRENTE   

El   Procurador   Judicial   I  Penal  de  Barranquilla,  en  su  condición de Ministerio Público, solicita a la Corte la  inadmisión   de  la  demanda  presentada  a  nombre  del  procesado  Genoval  Alberto  Palma  Meza, toda vez  que,  en  su  criterio,  la  misma  no  está  elaborada  con  sujeción  a  los  parámetros  técnicos  que  la  ley y la jurisprudencia han establecido para el  efecto,  además  de  que la sentencia atacada está edificada con fundamento en  las  pruebas  legalmente recaudadas, de las cuales emerge la responsabilidad del  acusado, y la normatividad aplicada se ajusta a derecho.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

Surge  evidente que la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del sentenciado Genoval  Alberto  Palma  Meza,  no  reúne  los  requisitos de  claridad,  logicidad,  precisión  y coherencia que para ser admitida establecen  las normas que regulan la casación.   

El  libelista, al amparo del cuerpo segundo  de  la  causal primera de casación, formula un único  cargo  contra  la  sentencia  dictada por el Tribunal  Superior  de Barranquilla, toda vez que, en su criterio, incurrió en violación  indirecta  de  la ley sustancial, por error de hecho generado en un falso juicio  de  existencia  por  omisión  al  ignorar  las  declaraciones  rendidas Bronson  Varela,  Angélica  María  Sosa y Belsy María Miranda, yerro que de no haberse  cometido,  el  ad  quem no habría afirmado con certeza la responsabilidad penal  de su procurado.   

Planteado así el mencionado error, observa  la  Sala  que no obstante que el actor acertó en la formulación de la censura,  pues  acusa al juzgador de haber incurrido en error de hecho por falso juicio de  existencia  por  omisión  en  la valoración de los mencionados testimonios, de  todos  modos  la misma quedó imprecisa e incompleta, pues si bien es cierto que  señala  cuáles  medios  de  convicción  fueron,  en  su  opinión, dejados de  valorar,  también  lo  es  que  no  dedicó  argumentación  alguna tendiente a  concretar la demostración y trascendencia de tal presunto yerro.   

En  efecto, ha señalado insistentemente la  jurisprudencia  de  la  Corte que la postulación del falso juicio de existencia  por  omisión  en  el  recurso  extraordinario  debe iniciar con “la  constatación  objetiva  de que la prueba existe jurídicamente  en  el  expediente  y  que,  pese  a  ello, su contenido material  no   fue     sopesado     por     el    fallador.    A   continuación   se  precisa indicar  la  trascendencia   del    error,    de    modo   que   sin   su   influjo   el  fallo hubiera sido diferente; y todo ha de enlazarse con  la  violación  de  determinada  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  o  aplicación  indebida,  en  procura  de  verificar  que  el  fallo  impugnado es  manifiestamente contrario a derecho.   

“La  estructuración  de  la  censura en punto de la trascendencia del error de hecho  por  falso  juicio  de existencia por omisión no se cumple, como suele creerse,  con  la  sola  manifestación  que  al respecto haga el libelista, como si de su  opinión  personal  se trata; pues, de bastar aquél tipo de crítica el recurso  extraordinario no distaría en mucho de un alegato de instancia.   

“La  demostración  de  la  trascendencia  del yerro atribuido al ad quem comporta la  obligación  de  enseñar  a  la  Corte  que  si  tal  falencia  no  se  hubiese  presentado,  entonces  el  sentido  del  fallo  sería  distinto, y para ello es  preciso demostrar que si la  prueba   omitida   se   hubiese   apreciado   en  forma  correcta,  las     restantes     pruebas    sopesadas    por    el    Tribunal  perderían  la  entidad  necesaria  y suficiente para  mover    hacia    la    convicción    declarada    en    el   fallo”.1    

Teniendo   en   cuenta   los   anteriores  delineamientos,  se observa que el censor se limitó a denunciar que el Tribunal  ignoró  el  análisis  de  las  pruebas  testimoniales,  como  lo  fueron,  las  declaraciones  rendidas por Bronson Varela, Angélica María Sosa y Belsy María  Miranda,  pues  dentro  del  discurso  que utilizó no ilustró a la Corte cómo  tales  medios  de  convicción  no  fueron objetivamente valorados, esto es, que  dentro  de  la  valoración  mancomunada  de  los  elementos  de juicio nunca se  incluyeron,  sin  que  se  hubiese  tratado  de  una apreciación innominada, es  decir,   que  el  juzgador,  sin  precisar  el  nombre  de  los  testigos  o  la  identificación  de  la  prueba, de todos modos sí fue objeto de consideración  conjunta.   

Ahora  bien,  no  resulta  consecuente  ni  lógica   la   acusación  del  libelista  cuando  afirma  que  los  mencionados  testimonios  no  fueron valorados por el Tribunal y, al mismo tiempo, acepte que  el  juzgador  de  primer grado sí los tuvo en cuenta en la valoración conjunta  de  los  medios  de  convicción  aun cuando no le mereció credibilidad alguna,  olvidando  que a esta sede llega al fallo impugnado cobijado por el principio de  inescindibilidad,  principio  que  permite  finalmente  colegir  que las citadas  declaraciones  sí  fueron  objeto  de  apreciación por parte del sentenciador,  aspecto que, por sí solo, le hace perder fundamento a la censura.   

En  últimas,  alejándose de la hipótesis  casacional  seleccionada,  toda  la  disertación  del  libelista  se  reduce  a  oponerse  al  mérito otorgado a los medios de convicción allegados al proceso,  en  especial  al  crédito  que se le otorgó a los testimonios de Ramón Rafael  Reguillo               y  Juan Carlos  Alemán  y,  al  mismo  tiempo, a quejarse por no habérsele dado credibilidad a  las  declaraciones  de  Bronson  Varela,  Angélica  María  Sosa y Belsy María  Miranda,  olvidando  que la simple discrepancia no configura yerro demandable en  casación,  puesto  que teniendo en cuenta el sistema de apreciación probatoria  que  nos  rige,  el juzgador goza de libertad para justipreciar los elementos de  juicio,   sólo   limitado   por  los  postulados  de  la  sana  crítica,  cuya  vulneración   se   debe  dirigir  a  través  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

En  fin,  olvida  el libelista que el fallo  llega  a  esta sede precedido de la doble presunción de acierto y legalidad, es  decir,  que  los  hechos  y  las  pruebas  fueron  correctamente apreciadas y el  derecho  acertadamente  aplicado,  motivo por el cual, constituye una carga para  el  demandante  entrar  a evidenciar el error in iudicando  o in procedendo  invocado,  según  el  caso,  y  demostrar  su  trascendencia frente a las   conclusiones adoptadas en la sentencia.   

De  otra  parte,  cabe   agregar    que    la    adicional    queja    del   libelista,   según   la   cual,   la  diligencia   de   allanamiento   en   la   residencia  del procesado  Palma  Meza no se realizó  con  respeto  a  las  normas  procedimentales   que  condicionan   su    validez,    debió   plantearla   y  demostrarla   a    través    de    la   violación   indirecta   de   la   ley  sustancial,  por error de derecho generado en  un  falso  juicio  de legalidad, camino que no emprendió y mucho menos ilustró  bajo los cánones que rigen esta hipótesis casacional.   

Por  consiguiente,  al no reunir la demanda  los   presupuestos   de   logicidad,   claridad   y   precisión,  la  Corte  la  inadmitirá.   

Por  último,  cabe señalar que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del procesado  GENOVAL ALBERTO PALMA MEZA.  En  consecuencia,  se declara desierto el recurso extraordinario  de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSE      LEONIDAS     BUSTOS   MARTÍNEZ                      ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                              

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS           AUGUSTO  J. IBAÑEZ  GUZMÁN                               

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                          YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                                                                    JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

                                                                           Secretaria     

1 Ver,  entre  otras,  casación  18428 del 10 de noviembre de 2004, casación 20827 del  12 de diciembre de 2005.     

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