26295(31-03-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 26295  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado  acta N°   070   

         

Bogotá,   D.   C.,    treinta y uno (31) de marzo de dos mil ocho (2008).   

V   I   S   T   O  S   

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad  del  recurso   de   casación   interpuesto   por   el   defensor   de   ROBINELSON  PELÁEZ PELÁEZ y   ERICK  ERICKSON  ERICKSON  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá,  del  15  de  noviembre  de  2005,  mediante  la cual confirmó la dictada por el  Juzgado  27  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad, fechada el 13 de abril de  2005,  que  los  condenó  a  la  pena principal de 128 meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  período  igual  al de la pena principal impuesta, y al pago  solidario  a  la  ofendida  de $7´160.000,oo por concepto de perjuicios morales  ocasionados  con la infracción, como coautores de la conducta punible de acceso  carnal                       violento                      agravado.                                                                                                                                         

  H   E   C   H   O  S     

El  juzgador  de  primera  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El 22 de Marzo  de  2004,  la señora NATALIA LASERNA GUTIÉRREZ formula denuncia entre otros en  contra  de  ROBINELSON  PELÁEZ  y  HUBER  o ERICK ERICKSON, por cuanto luego de  recoger  a  su  hermana  ANA  MARÍA  DE LAS MERCEDES LASERNA y trasladarla a un  establecimiento  asistencial  debido  a  las  condiciones  físicas en que fuera  encontrada  sobre  el  andén  cerca  de  su residencia, aquella le comentó que  ROBINELSON,  con  quien  sostenía  relaciones  sexuales  de  tiempo  atrás, en  concurso   con   HUBER   o   ERICK   la  habían  accedido  carnalmente  sin  su  consentimiento, en la mañana de ese mismo día.   

“Releva        (sic) igualmente la denunciante amenazas  provenientes  de  su denunciado PELÁEZ PELÁEZ y el retiro de suma de dinero de  la   cuenta   de   la   víctima   por   los   antes  citados,  para  esa  misma  fecha.”   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  227  Seccional  de  Bogotá,  el  23  de  julio  de  2004, dictó resolución de  acusación  contra  Robinelson  Peláez Peláez   por  los  delitos de acceso carnal violento agravado,  hurto  calificado  y  amenazas  y  en  contra de Erick  Ericsson  Ericsson  por  los delitos de acceso carnal  violento         agravado         y         hurto        calificado.    

2.  El  Juzgado  27  Penal  del Circuito de  Bogotá,  el  13 de abril de 2005, profirió sentencia de primera instancia  en  la  que  condenó  a  Robinelson  Peláez Peláez  y  a Erick Ericson Ericsson  a  la  pena principal de 128 meses de prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  período  igual  al  de la pena principal impuesta.  De  igual  manera,  los  condenó  al pago solidario a la ofendida de $7´160.000,oo  por  concepto  de perjuicios morales ocasionados con la infracción.    

Así  mismo,   los  absolvió  de  los  cargos  de hurto calificado y amenazas que también les habían sido formulados,  como se indicó en antecedencia.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor, el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bogotá, el 15 de Noviembre de 2005,  lo confirmó en su integridad.   

L  A      D  E  M A N D  A   D E   C A S A C I Ó N     

El  defensor  de los procesados presenta un  único  cargo,  con base en la causal primera de casación, acusa al Tribunal de  haber  violado  los  artículos 232, incisos 2°,  y 7°,  del Código  de  Procedimiento  Penal,  por exclusión evidente; así como los artículos 29,  205 y 211 del Código Penal, por aplicación indebida.   

Acusa  al  juzgador de segunda instancia de  haber  incurrido  en  error de hecho, “al ignorar la  existencia  de  duda  razonable  y  manifiesta,  originada  en el haz de pruebas  recaudadas,  con  el  concerniente  perjuicio que dicha actuación generó a los  procesados condenados”.   

Sostiene  que  los  juzgadores de instancia  apreciaron   e   interpretaron   equivocadamente  las  pruebas  testimoniales  y  documentales  allegadas,  las ignoraron por completo, o lo que es peor, les  dieron    una    interpretación    diametralmente    opuesta    al    verdadero  sentido.   

Manifiesta la existencia de un documento (un  video),   que  contiene la filmación de los hechos materia de este proceso  y  que  da origen a la interposición del recurso extraordinario, por cuanto que  la  defensa encuentra dos errores de las instancias, dirigidos   “específicamente,  de  una parte, a la existencia del video, y  de   otra,   a   la   interpretación   del  contenido  del  mismo  como  prueba  judicial”.   

Dice  que  el  documento  fílmico  ha sido  admitido  por  la  ofendida  y  por  los  condenados,  siendo  incautado  por la  Fiscalía  General  de la Nación en desarrollo de la diligencia de allanamiento  y  registro  que culminó con la captura de uno de los procesados, razón por la  cual  posteriormente  no  podía haber sido manipulado ni sustraído por ninguno  de  los involucrados en los hechos, porque ya había sido incorporado al proceso  como prueba documental.   

Anota  que  el  video  no  reposa  en  las  diligencias,  que  lo  desaparecieron  a  pesar  de  ser  la  prueba reina en el  presente  caso  ya  que  muestra  la  realidad  de  los  hechos, pero que no fue  valorado  con el argumento de que no se podía asumir como medio de convicción,  “es  decir, que no puede valorarse ni a favor ni en  contra  de  los  acusados  pues,  no  reposa  en  las  diligencias y mal podría  asumirse   un   medio   de   convicción   que   no  aparece  en  el  mundo  del  proceso”.   

Alega que el Tribunal presumió que el video  habría  podido  ser ocultado o destruido para que no pudiera ser decomisado por  las      autoridades,      lo      que      constituye      un      “irresponsable  grave  error  de  interpretación  del  ad  quem,  frente   a   la   existencia  física  de  la  prueba  documental  tantas  veces  cuestionada”,  porque,  como  lo  dijo antes, ya la  videocinta  estaba en poder de las autoridades que no ejercieron en debida forma  la  cadena  de  custodia,  en detrimento de la demostración de inocencia de sus  representados.   

Con  relación  a  la interpretación de la  videocinta,   sostiene   que   las  dos  instancias  juzgadoras  le  dieron  una  interpretación   “falsa,  amañada  y  siempre  en  disfavor  de los procesados”, craso error que, en su  criterio,   conduce  a  una  violación indirecta de la ley penal  que  quebranta  los  principios  de  la  presunción  de  inocencia,  la  buena fe y,  principalmente, del in dubio pro reo.   

Afirma  que a pesar de que el video sí fue  incautado  por  la  Fiscalía  en  la  diligencia  de  allanamiento y enviado al  laboratorio  de  la  DIJIN  para que se revisara su contenido, ante los ingentes  esfuerzos   de  la  defensa  durante  la  etapa  del  juicio  para  recuperarlo,  finalmente  la  instructora,  sin  conocer  el  contenido,  expresó que el  video  no  había  sido  incautado   “y que no  tiene ninguna importancia o relevancia para la investigación”.   

Acota que el vídeo fue extraviado cuando la  Fiscalía  lo  envió  al laboratorio de la Dijin y, por esta razón, es que las  dos  instancias  dicen que el video no existe y que, por tanto, no puede tenerse  en  cuenta  como  prueba dentro del proceso.  Sin embargo, analizan y hacen  conjeturas  sobre  el  que  podría ser su contenido en forma desfavorable a los  procesados,   al  suponer  que  pretendían  desacreditar  a  la  ofendida  ante  familiares  y  amigos;  incluso,  hasta  extorsionarla.   Pero  mientras el  contenido  no  se  conozca, no se pueden hacer esa clase de presunciones, porque  generan   en  el  proceso  una  duda  que  debió  resolverse  a  favor  de  los  condenados.   

Concluye      que      “era  el  medio  magnético documental por excelencia que podría  poner  sobre  el tapiz la inocencia de mis prohijados, pues como se ha afirmado,  el  documento  revelaría que las relaciones sexuales sostenidas con la presunta  ofendida  se  hicieron  de  manera  voluntaria  como  coherencia  lógica  a una  relación permanente de antaño y que dan cuenta los autos”.   

Con   relación   al   otro   punto   de  inconformidad,  afirma  que  en segunda instancia se omitió el análisis de dos  testimonios  vitales  para  la investigación, esto es, los de los celadores del  edificio donde supuestamente tuvieron ocurrencia los hechos.   

Agrega que los testigos manifestaron que la  ofendida  “ingresó  al apartamento de Robinelson y  salió  de  él,  sin presentar ninguna lesión”, lo  que  implica  que  los  traumatismos  hallados en el examen médico – legal, no ocurrieron al interior del  apartamento de los procesados sino posteriormente.   

De  lo  anterior  deduce que las relaciones  sexuales  que se presentaron el día de los supuestos hechos no fueron violentas  sino  consentidas  y  que,  por lo tanto, no hay infracción penal, es decir, la  conducta es atípica.   

Argumenta  que la víctima se trasladó  hacia  Chía  en  una  flota  en  perfectas condiciones, pues de lo contrario el  conductor  no  le hubiera permitido ingresar al medio de transporte, sino que de  inmediato  habría informado a las autoridades del terminal de buses para que se  le  prestara  atención,  motivo  por  el cual deduce que las lesiones le fueron  ocasionadas  cuando  llegó  a  Chía y, aventura una teoría al respecto, en el  sentido   que  pudieron  ser  delincuentes  comunes  para  hurtarla  y  por  eso  apareció,  al  día siguiente, inconsciente y  tendida en un andén frente  a su casa.   

Empero,  asevera que el Tribunal concluyó,  de  manera  inadecuada,  con  base en cábalas, “que  los  testimonios  de  los  celadores del conjunto no tendrían por qué observar  los   rastros   de   la  presunta  violencia  que  antecedió  y  se  realizaron  concomitantemente  con  la presunta violación”, por  cuanto  que  “de sobra es sabido que muchos traumas  no  quedan  revelados,  a  través  de  la  aparición  de  los correspondientes  hematomas   sudérmicos,   de   inmediato   sino  tan  solo  horas  después”,  olvidando  que  en la Clínica Reina Sofía, donde se  realizó  la  segunda  valoración  médica  a  la  que  le  dio credibilidad el  Tribunal,  labora  la hermana de la supuesta víctima y quien tenía interés en  los resultados del proceso, ya que fue la denunciante.    

Deduce que el fallador de segunda instancia  dejó  de  apreciar estas pruebas que fueron advertidas por la defensa, y que de  haber  sido  tenidas en cuenta los resultados hubiesen sido diferentes en cuanto  a  que la duda insuperable daba paso, necesariamente,  a la aplicación del  in dubio pro reo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Considera  la Sala oportuno recordar que la  demanda  de  casación  constituye  el  escrito  mediante  el  cual se denuncian  errores  de  derecho  o  de actividad cometidos en la sentencia o en el proceso,  según  el  caso.   Así  mismo,  dada  la  naturaleza   rogada  de la  casación,  el  libelo  debe  contener  unos  precisos  presupuestos referidos a  evidenciar  una  lógica  y  debida fundamentación respecto del vicio que se le  enrostra al sentenciador.   

Por   manera   que  en  el  punto  de  la  admisibilidad  de  la  demanda  corresponde  a  la  Corte evidenciar si la misma  cumple  con  los  presupuestos formales, en la medida en que la Corporación, en  virtud   del   principio   de  limitación,  no  puede  entrar  a  suplantar  al  casacionista.   

De otro lado, cuando el reproche se sustenta  con  base  en  los lineamientos de la violación indirecta de la ley sustancial,  compete  al  demandante  que  señale  cuál fue el error cometido en el acto de  apreciación  de  la prueba, es decir, si de hecho o de derecho y, por supuesto,  el   falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es,  de  existencia,  identidad,  raciocinio, legalidad o convicción.   

Cumplido  con  el  anterior  presupuesto,  también  el  casacionista  debe  demostrar   sobre qué medio de prueba se  cometió  el  yerro  y,  evidenciar  su  trascendencia  frente  a  las  plurales  decisiones  adoptadas  en  el  fallo,  esto  es, cómo de no haberse cometido el  citado  error  en la actividad probatoria necesariamente, por lo menos, el fallo  habría sido favorable a los intereses que se representan.   

De ahí que la casación no puede entenderse  como  una extensión más de los recursos para atacar la credibilidad dada a los  medios  de  convicción,  sino  que  constituye  el  medio  más  expedito  para  denunciar los vicios de derecho o de actividad, como se ha dicho.   

Por último, no sobra recordar que la simple  disparidad  de criterios tampoco constituye yerro para ser atacado en esta sede,  en  la  medida  en que, de acuerdo con el sistema de apreciación probatoria, el  juzgador  goza  de  libertad  para justipreciar las probanzas sólo limitado por  las  reglas  de  la sana crítica, cuya trasgresión sí se debe postular por la  vía del error de hecho por falso raciocinio.   

En  tal caso, el casacionista debe señalar  cuál  fue la ley de la lógica, el principio de la ciencia y/o la máxima de la  experiencia  vulnerada,  de  qué  manera  lo  fue  y su incidencia con la parte  dispositiva de la sentencia.   

1. De acuerdo con los argumentos expuestos  en   precedencia,   la  Sala  advierte  que  el  único  cargo  que  postula  el  casacionista  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  no  cumple  con  el  presupuesto  de  claridad  y  precisión,  razón  por  la  cual  el  libelo  se  inadmitirá.   

En  verdad  son  dos  los  reparos  que el  demandante  formula contra el fallo.  El primero de ellos, por cuanto   que  en el trámite se perdió un material fílmico que contenía hechos materia  del  proceso,  elemento de juicio que habría conducido al grado de conocimiento  de  la  duda  frente  a  la  existencia  del  hecho,  puesto que califica que el  comportamiento atribuido a los acusados resulta atípico.   

Sin  guardar  coherencia  argumentativa,  también  se  duele que el juzgador de segunda instancia hubiese interpretado de  manera contraria a sus intereses el citado medio de prueba.   

Es    decir,   que   el   casacionista  transgrediendo  el  postulado  de  la  lógica  de  no  contradicción, al mismo  tiempo,  censura que el citado documento no hubiese sido apreciado y, a renglón  seguido,  arremete  contra  el  juzgador  por  haberle  dado una interpretación  errada dentro del examen individual y mancomunado de las probanzas.   

En tales condiciones, surge evidente que el  primer  reparo  que el casacionista funda en el primer cargo carece de la debida  lógica  y  fundamentación,  en tanto que en últimas no se sabe qué es lo que  quiere.   

Así,  simplemente presenta especulaciones  en  torno  al  mérito  que ha debido dársele a un medio de prueba que como él  mismo  lo  denuncia  no  existe  en  el  proceso, habida cuenta que, dice, se ha  debido de interpretar a favor de los acusados.   

Por  último,  en  lo  atinente  a los dos  testimonios  de  los  celadores que presuntamente fueron excluidos en el acto de  apreciación  de  la  prueba,  también advierte la Corte que el casacionista no  está  demostrando  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia por  omisión,   en  la  medida  en  que,  como  él  mismo  lo  admite,  sí  fueron  considerados  en  el  acto  de valoración, sino que no se les dio credibilidad,  por  cuanto  que a juicio del juzgador ellos no tenían por qué haber observado  los rastros de las agresiones  que sufrió la víctima.   

En consecuencia, el argumento que presenta  el  libelista  busca  debatir  el  grado  de  valor que el Tribunal le dio a los  citados  testimonios, sin que de sus razonamientos se advierta violación de las  reglas que informan la sana crítica.   

De  modo  que, como se ha dicho, la simple  discrepancia  de  criterios  no  constituye  yerro susceptible de ser atacado en  sede  de casación, máxime cuando no se advierte que en el acto de apreciación  el  sentenciador  hubiese  incurrido  en  una  violación  de  las  reglas de la  lógica,    los    principios   de   la   ciencia   o   las   máximas   de   la  experiencia.   

Finalmente,  se  advierte  que  del estudio del proceso no se vislumbra  violación  de  derechos fundamentales o garantías de  los  acusados       que      recurren,   que  determine  el ejercicio de la facultad oficiosa de índole legal que al respecto  le asiste a la Sala en punto de asegurar su salvaguarda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  ROBINELSON     PELÁEZ     PELÁEZ    y  ERICK  ERICKSON  ERICKSON,   por  lo  anotado en la motivación de este proveído.  En    consecuencia,   se  DECLARA   DESIERTO   el  recurso.     

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Comuníquese  y  cúmplase.   

               

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                           JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                  JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *