10870g

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 10870  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE:  

DR. RICARDO CALVETE RANGEL  

Aprobado Acta No. 090  

Santa Fe De Bogotá, D.C., junio veintidós de  mil novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

                      Procede la  Corte  a  resolver  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor del  procesado  JULIAN  PARRA  BRITTO,  contra la sentencia proferida por el Tribunal  Superior  de  Santa  Fe  de  Bogotá, confirmatoria de la dictada por el Juzgado  Sesenta  y  Nueve Penal del Circuito de esta misma ciudad, que condenó al aquí  recurrente  por  infracción  al  artículo  33 de la Ley 30 de 1.986, a la pena  principal  de  cuarenta  (40)  meses de prisión y multa de quince (15) salarios  mínimos  mensuales, con la única modificación de reducir la multa a diez (10)  salarios mínimos mensuales.   

          I- HECHOS   

                     La Sentencia  de primera instancia los relató así:   

Se  tiene  que por informaciones telefónicas  anónimas   de  recibidas  en  la Dirección Antinarcóticos de la Dijin se  procedió  a  obtener  autorización  legal  para  realizar  allanamiento  en la  habitación  104  del  Hotel  Sabana,  ubicado  en  la calle 13 Nro.5-23 de esta  capital,  operativo  policial que arrojó como resultado positivo la INCAUTACION  de  34  CAPSULAS elaboradas con dedos de guantes para cirugía, en los cuales se  contenía  COCAINA,  y  además, la aprehensión del señor JULIAN PARRA BRITTO,  ocupante  de la habitación y quien se dedicaba al parecer a la tarea de ingerir  las  mencionadas  cápsulas. Este procedimiento se realizó el día miércoles 5  de Octubre hacia las diez de la mañana”.   

II-ACTUACION PROCESAL  

La Unidad Especial Permanente de la Fiscalía  Seccional  188 Delegada ante la  Sijin profirió resolución de apertura de  instrucción,   vinculando   a   la   investigación   mediante   indagatoria  a  JULIAN   PARRA   BRITTO  y  Benjamín Farfán Valencia.   

                     La Fiscalía  Delegada  Regional  de  la Unidad de Narcotráfico de Santa Fe de Bogotá dictó  medida   de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva  contra  los  indagados, por infracción al artículo 33 de la Ley 30 de 1986.   

                       El  9  de  diciembre  de  1994, ante la Fiscalía Seccional No. 241 de la Unidad Segunda de  Delitos   Varios,   el   procesado   JULIAN  PARRA  BRITTO  suscribió  acta  de  terminación  anticipada  del proceso, (artículo 37 C.P.P.), en la cual aceptó  el  cargo que se le imputó como infractor al artículo 33 de la Ley 30 de 1986.  Por  auto  de  la  misma  fecha  se  ordenó  continuar la investigación -en el  cuaderno  de  copias-  respecto  del  otro sindicado Benjamín Farfán Valencia,  quien no se acogió al citado procedimiento.   

                      El Juzgado  Sesenta  y  Nueve Penal del Circuito de Santa Fe de Bogotá, profirió sentencia  condenatoria  contra  PARRA  BRITTO por el cargo aceptado, imponiéndole además  de  la  pena principal anteriormente reseñada, la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por un término igual al de la pena principal  -cuarenta  meses-.  Se  abstuvo  de condenarlo al pago de  perjuicios, y le  negó la condena de ejecución condicional.   

                      Apelado el  fallo  de  primer  grado,  el  Tribunal  Superior  de  Santa  Fe  de  Bogotá lo  confirmó,  con  la  única  modificación  de  reducir  la  pena  de multa a un  equivalente de diez salarios mínimos mensuales.   

     

I. LA DEMANDA     

                     Al amparo de  la  causal  primera  de  casación  contenida en el artículo 220 del Código de  Procedimiento  Penal,  el  actor  acusa  la  sentencia  de segunda instancia por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  “por  errores  de hecho en la  apreciación de las pruebas”.   

                      El Tribunal  incurrió  en doble error de hecho así: a) no tiene en cuenta la buena conducta  anterior  del  procesado,  lo que impidió el reconocimiento de la circunstancia  de  menor  peligrosidad  descrita en el numeral 1º del artículo 64 del C.P. La  prueba  en  tal  sentido  fue  ignorada.  Ello  determinó la no aplicación del  mínimo.  B)  supervaloró,  exageró  y  por  ende  distorsionó la cantidad de  cocaína  que,  si  bien  apenas  alcanzó  los  252.5  gramos, sin embargo ello  permitió  que “de un jalón” el juzgador de segundo grado partiera y fijara  la  punibilidad  en  5 años de prisión,  para luego si reducir la tercera  parte y dejarla en definitiva en 40 meses como pena principal.   

                      Al excluir  toda  atenuación,  la sentencia violó indirectamente el artículo 61 del C.P.,  en  cuanto  esta  norma  obliga  al  juzgador  a graduar la sanción teniendo en  cuenta,  entre  otros  criterios,  las  circunstancias de menor peligrosidad que  acompañan  al  infractor,  y violó indirectamente el numeral 1º del artículo  64   del   mismo  estatuto  punitivo,  al  dejar  de  reconocer  una  situación  establecida.   

                     Se refiere a  las “pruebas ignoradas” así:   

“1) JULIAN PARRA BRITTO (sic), quien desde  su  captura,  así haya sido en flagrancia, confesó su comportamiento delictivo  y  explicó  las razones de su comportamiento pero agregó que se vio obligado a  ello,  a  servir  de  medio  de  transporte del alcaloide por su mala situación  económica  y  por  tener  a  su  progenitora enferma, y dio detalles sobre  quienes  lo  contrataron  para  llevar  esa  sustancia  -ellos si conocedores de  sofisticada  infraestructura,  propia  de  carteles  de la droga-, y expresó no  tener  antecedentes  personales,  penales,  ni  judiciales.  Y en esto no existe  prueba alguna que lo desvirtúe.   

“2) Por lo demás ninguna prueba existe en  relación  con  antecedentes  penales,  judiciales  o  de  Policía que vengan a  controvertir  lo  por  él  afirmado,  que desde luego merece toda credibilidad,  tanto  más cuanto que, tratándose de sentencia anticipada y ello haya impedido  que  positivamente  y  con  otras  pruebas  se  haya  establecido estos asertos,  precisamente  por la terminación anticipada del proceso, que es bien tanto para  la  administración  de  justicia, como para el procesado, sobrevine carencia de  carga  de  la  prueba,  y  en  sentir  de  la  defensa, lo afirmado (sic) por el  confesante,  no  importa la flagrancia, y si no está desvirtuado, deviene estar  por  establecido. Y resulta inexplicable que el juzgado de segundo grado lo haya  omitido, incurriendo por ende en error de hecho consiguiente”.   

                               

                       El  fallo  supervaloró,  exageró  y  por ende distorsionó la cantidad de 252.5 gramos de  cocaína  incautados  en  poder  del procesado PARRA BRITTO “en tenencia”, y  sin  embargo  el  juzgador de segundo grado fincó en esa cantidad la gravedad y  modalidad  del  hecho  punible,  y  “de un jalón” elevó la pena de un  mínimo  de  48 meses (art. 33 Ley 30/86) a 60 meses de prisión, es decir en un  año   más   del   mínimo  lo  que  es  manifiestamente  injusto,  cuando  los  narcotraficantes  de  los  carteles  -con  infraestructura  ellos sí- están en  tenencia,  transportan  o almacenan toneladas de coca y es precisamente lo   que  causa  no  solo hilaridad sino desconfianza por el común de las gentes del  pueblo,  que  hasta  razón  tienen  al  afirmar  que la justicia es para los de  abajo.   

                            Fue  distorsionada  la  prueba  relacionada con “el acta de diligencia de pesaje”  del  alcaloide  incautado, en el cual consta que las 40 cápsulas tienen un peso  neto  de  doscientos cincuenta y dos punto cinco (252.5) gramos. “Entonces, al  concluir  el  juzgador  de  segundo  grado  que no es factible partir de la pena  mínima,  pues  que  ella  será para las cantidades cercanas a los 100 gramos y  que  la pena se ha de aumentar a medida de que se aleje de ese límite, al fijar  entonces  esa  pena  en  60 meses, superando en 12, los 48 meses del mínimo del  art.  33  de  la  Ley 30 de 1986, está superando en mucho la punibilidad que el  caso  merece,  habida cuenta de la cantidad de cocaína incautada a JULIAN PARRA  BRITTO y se hace el fallo impugnado manifiestamente injusto”.   

                   Existiendo una  circunstancia  de  atenuación  punitiva  que  no  fue  tenida  en cuenta por el  juzgador  de segundo grado, y al haberse supervalorado o distorsionado la prueba  y  por  ende  la  cantidad  de  252.5  gramos  de cocaína, con incidencia en la  gravedad  y modalidad del hecho punible “en su calidad de cantidad”, con una  trascendencia  que  no  cabe, el fallo impugnado debe casarse parcialmente, para  ajustar  la  puniblidad  a  los  hechos  probados  en  el  proceso, aplicando la  atenuación  o   reducción  de  la  pena  a  los  límites  fijados  en el  artículo  61  del  C.P.,  que  ha  de  aplicarse debidamente reduciendo la pena  impuesta,  habida  cuenta  del reconocimiento de la circunstancia de atenuación  punitiva  de  la  buena  conducta  anterior  y  a  la  justa trascendencia de la  cantidad de 252.5 gramos de la sustancia.   

IV-CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

                    El Procurador  Primero  Delegado  en  lo  Penal  solicita  a  la  Corte  no  casar la sentencia  impugnada,  ya  que  el  cargo  no  está llamado a prosperar por las siguientes  razones:   

                    El recurrente  no  señala  la  manera  como  el  sentenciador  distorsionó  o  tergiversó el  contenido  objetivo  del  dictamen pericial mencionado, o que se le hubiera dado  al  mismo  un  sentido o alcance diferente al que tiene. Revisados los fallos de  instancia,  se  observa  que  los  juzgadores  no  variaron  el  sentido  de  la  experticia  que  obra  a folio 33, pues esta fue tomada con exactitud en toda su  esencia  y  contenido.  Así mismo, no tiene respaldo legal la presente falta de  consideración   de   la  prueba  alusiva  a  la  buena  conducta  anterior  del  acusado.   

                        La  pena  principal  impuesta  al  procesado  se  ajusta  a  la  legalidad. Conforme a los  artículos  61  y  67  del  C.P.,  en  el caso sub judice -como bien lo anota el  fallador  de  segundo grado- no se puede partir de la sanción mínima de cuatro  años  de  prisión señalada para la infracción investigada, dadas la gravedad  y  modalidad  del  hecho punible. En el fallo de primera instancia con razón se  expresa,  que  no  puede  tomar  como punto de partida el mínimo de la sanción  fijada  para  la ilicitud, por concurrir contra el acusado las circunstancias de  agravación  punitiva  contenidas  en los numerales 4º y 10º del art.  66  del C.P.   

     

I. CONSIDERACIONES DE LA CORTE     

                      Estima  el  actor  que la sentencia del Tribunal violó en forma indirecta los artículos 61  y  64  numeral  1º  del  Código Penal, al haber incurrido en un doble error de  hecho en la apreciación de las pruebas.   

                                              1º   El  censor  considera  que  el  Tribunal  omitió  tener  en cuenta la buena conducta anterior del procesado, lo  que  “determinó  la  no  aplicación  del  mínimo de la pena”. Lo anterior  significa  que lo que está planteado es un falso juicio de existencia, que como  pasa a verse, no tuvo ocurrencia en este caso.   

Reiteradamente  la  Sala  ha manifestado que  cuando  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia se profieren en un mismo  sentido,   las   dos  sentencias  constituyen  una  unidad  inescindible,  y  en  consecuencia  para que el ataque prospere debe estar encaminado a desvirtuar los  fundamentos expuestos en una y otra providencia.   

                      Revisada la  decisión  del  Juez  de  primera  instancia, se advierte que dentro de ella, al  contrario  de  lo  que afirma el libelista, no fue ignorada la conducta anterior  del  procesado.  Al respecto el Juez Sesenta y Nueve del Circuito de Santa Fe de  Bogotá manifestó:   

“No  se  partirá  del  mínimo  porque no  obstante  presumirse  su buena conducta anterior, existen algunas circunstancias  de  agravación  punitiva  como la preparación ponderada del delito, la cual se  inicia  en  la ciudad de Pereira con toda una infraestructura que pasando por la  ciudad  capital,  colmará  su  objetivo en las ciudades españolas. También al  haber  cometido el hecho para obtener o asegurar para sí o para otra persona el  producto,  el  provecho, el precio  y la impunidad en la suerte de no haber  sido  descubierto.  Amen de haber hecho más nocivas las consecuencias del hecho  punible  al disponer su cuerpo, su organismo a destinaciones ilícitas con grave  riesgo  de  afectar  la salud propia y luego la de las víctimas consumidoras de  la  letal sustancia. Es por ello que la pena será de CINCO (5) AÑOS DE PRISION  y MULTA DE QUINCE SALARIOS MINIMOS…”   

Ante  lo  visto  ha  de  concluirse  que  no  solamente  carece  de fundamento la presunta falta de consideración de la buena  conducta  anterior del acusado, que efectivamente fue materia de presunción por  parte  del  sentenciador de primera instancia, sino que tampoco le asiste razón  cuando  pretende  hacer  creer  que  tal  omisión  fue  la causa para que no se  partiera  de la pena mínima impuesta para la infracción investigada, cuando lo  cierto  es  que ello obedeció a que se consideró que concurrían en contra del  acusado  circunstancias de agravación punitiva que nisiquiera fueron materia de  ataque   en   la   demanda.                                                          

2º  En lo que  tiene   que   ver   con   el   error   de   hecho   cometido  por  una  supuesta  “tergiversación”  del acta del pesaje de la sustancia de cocaína incautada  al procesado, el planteamiento es equivocado.   

Si  bien  es cierto que en principio podría  pensarse  que  el  censor  orienta  su  reproche  dentro  de  un falso juicio de  identidad,  también  lo  es que en ningún momento determina en qué consistió  la  tergiversación  o  distorsión  del mismo, y  contrariamente enfila su  inconformidad  en  señalar  que “al concluir el juzgador de segundo grado que  no  es  factible  partir  de  la  pena  mínima,  puesto que ella será para las  cantidades  cercanas  a  100 gramos y que la pena se ha de aumentar a medida que  se  aleje  de  este límite, al fijar entonces esa pena en 60 meses superando en  12,  los 48 meses del mínimo del artículo 33 de la Ley 30 de 1986,  está  superando  en  mucho  la  punibilidad  que  el  caso merece, habida cuenta de la  cantidad  de  cocaína  incautada  a  JULIAN  PARRA  BRITTO  y  se hace el fallo  impugnado manifiestamente injusto”   

Es  evidente  que  el actor en este punto se  limita  a  enfrentar  el  criterio  del  juzgador  con  su  simple  apreciación  personal,   de   manera  que  no  demuestra  la  existencia  de  ningún  error,  únicamente,  desde su particular punto de vista, estima que la pena es muy alta  para  lo  que  él cree que merece su poderdante, práctica que no tiene ninguna  posibilidad de prosperidad en casación.   

Al  respecto  le asiste razón al Ministerio  Público,  cuando dice que de la revisión de los fallos de instancia se observa  que  los  juzgadores  en  manera  alguna variaron el sentido de la diligencia de  pesaje  que obra a folio 33 del proceso, pues esta fue tomada en toda su esencia  y  contenido,  esto  es,  en  cuanto  a  la clase de estupefaciente y su “peso  neto”   de   DOSCIENTOS   CINCUENTA   Y  DOS  PUNTO  CINCO gramos (252.5).   

3º   Para  efectos  de graduar la pena que corresponda al infractor por el delito cometido,  deben  relacionarse  necesariamente  los  artículos  61 y 67 del Código Penal,  pues  las  circunstancias  de  agravación  y  atenuación son apenas uno de los  varios  criterios establecidos en la ley para la dosificación. Al lado de ellos  se  encuentran  otros  factores,  como  son  la gravedad y modalidades del hecho  punible,  el  grado de culpabilidad, y la personalidad del agente, y tratándose  de tentativa la aproximación al momento consumativo.   

El artículo 67 que determina la aplicación  de  mínimos y máximos, enseña que solo podrá imponerse el máximo de la pena  cuando  concurran  únicamente  circunstancias  de  agravación  punitiva,  y el  mínimo  cuando  concurran  exclusivamente circunstancias de atenuación, “sin  perjuicio de lo dispuesto en el artículo 61”.   

La  claridad  de  estos  preceptos  permite  concluir  que  la  fijación  del  mínimo  de  la  pena  opera cuando solamente  concurran  circunstancias de atenuación punitiva (artículo 64), siempre que no  se   presenten   otros  factores  de  los  que  enuncia  el  artículo  61  como  determinantes de incremento punitivo.   

En el presente caso, el Tribunal estimó con  acierto  que  atendiendo  a  la  gravedad  y  modalidades del hecho no se debía  partir  del  mínimo  de cuatro años consagrado en el artículo 33 de la Ley 30  de  1986, sino de cinco años, determinación que respeta los marcos normativos,  así  como  también  la  disminución  que  a  partir  de allí se efectuó por  acogerse  a  la terminación anticipada del proceso, pues en nada contraviene la  facultad  discrecional  de  la  que  legalmente  goza  el juzgador al momento de  dosificar la pena.   

En  síntesis,  formuló  el  impugnante  un  reparo  por  dos  errores  de hecho que no logró demostrar, y en la sustención  manifiesta  que no está de acuerdo con la tasación de la pena porque según su  parecer  “está  superando  en  mucho  la  punibilidad  que el caso merece”,  olvidando  que  el  recurso  de casación no es para limitarse a decir que no se  está  de  acuerdo  con  la  decisión  del  juzgador,  sino  para  acreditar la  ilegalidad del fallo.   

El  cargo  no  prospera,  pues  carece  por  completo de fundamento.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  –  SALA  DE CASACION PENAL,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

RESUELVE                                  

NO   CASAR   la  sentencia recurrida.   

Cópiese, cúmplase y devuélvase al Tribunal  de origen.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

RICARDO    CALVETE    RANGEL                  FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                    CARLOS  A.  GALVEZ  ARGOTE           

EDGAR    LOMBANA    TRUJILLO                  MARIO MANTILLA NOUGES   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                  NILSON PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

         

    

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