25304(16-04-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 25304  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrados  Ponentes   

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado acta N°  093  

Bogotá,  D.  C., dieciséis (16) de abril de  dos mil ocho (2008).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve la Corte el recurso extraordinario de  casación   interpuesto   por   el   defensor  de  los  procesados  GONZALO    ANTONIO    MORENO    DÍAZ   y  JAIRO INFANTE SÁNCHEZ contra  la  sentencia  anticipada proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el 16 de  diciembre  de  2004,  en  la  que  al  confirmar,  con una modificación, la del  Juzgado  Séptimo  Penal  del Circuito Especializado de la misma ciudad, fechada  el  3  de  junio de dicho año, los condenó a las penas principales de 20 años  de  prisión  y  multa  de  9.000  salarios  mínimos  legales  mensuales y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  pena privativa de la libertad, como  coautores  del  concurso de delitos de narcotráfico, concierto para delinquir y  lavados de activos.   

H E C H O S  

El   sentenciador   de  segundo  grado  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“A  través  de  actividades  de  inteligencia se lograron detectar ciertas actividades ilícitas  ejecutadas  por  una  organización  delictiva  dedicada  de  tiempo  atrás  al  narcotráfico,  y  algunos  de  sus  miembros  al  lavado de divisas americanas,  producto  de  la  comercialización  de  la  droga  en  el  exterior.   

“A través de la  interceptación   de   líneas   telefónicas   se   tuvo  conocimiento  que  la  organización  delictiva  de  marras,  a  través  de  correos  humanos (mulas),  enviaba     periódicamente     heroína     a    los    Estados    Unidos    de  Norteamérica.   

“Como resultado de  tales  pesquisas  se  realizaron  en los Estados Unidos 5 incautaciones de droga  enviada  por  la  referida  red de narcotraficantes, así como la captura de las  ‘mulas’    utilizadas    para    ello;    y  adicionalmente    en   Cartagena   (Colombia)   se   realizó   una   de   tales  incautaciones.   

“Por lo anterior,  se   practicaron   varios  allanamientos  que  culminaron  con  el  hallazgo  de  importantes  documentos  y  la captura de personas presuntamente involucradas en  la    referida    red    de    narcotraficantes,   entre   ellos,   GONZALO     ANTONIO    MORENO    DÍAS,  JAIRO INFANTE SÁNCHEZ, LUIS  EDUARDO  MORALES,  JOSÉ SANTIAGO SÁNCHEZ ROJAS y REYNEL ROA CUERVO”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

1.  Con base en las pruebas allegadas en  el  curso  de  la  investigación  previa,  el 23 de julio de 2003, la Fiscalía  Catorce  de  la  Unidad  Nacional  Antinarcóticos e Interdicción Marítima con  sede en Bogotá profirió resolución de apertura de instrucción.   

Escuchados   en   indagatoria  Gonzalo  Antonio Moreno Díaz, Jairo  Infante  Sánchez,  José  Santiago  Sánchez  Rojas,  Reynel  Roa  Cuervo  y Luis Eduardo Morales, el 4 de agosto de  2003,  se  les  resolvió la situación jurídica con medida de aseguramiento de  detención  preventiva  por  los  delitos  de  tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes,  concierto  para  delinquir y lavado de activos respecto de los  dos  primeros,  y  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes y concierto  para delinquir en cuanto a los restantes.   

2.  Con base en la solicitud elevada por  los  procesados,  el   7  de  abril  de 2004 se llevó a cabo diligencia de  formulación  de  cargos,  dentro  de  la  cual Gonzalo  Antonio  Moreno  Díaz y Jairo  Infante   Sánchez   aceptaron,  de  manera  libre  y  voluntaria,  los cargos que por los delitos de tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes,  concierto  para delinquir y lavado de activos (artículos 376,  inciso  primero,  340, inciso segundo, y 323 del Código Penal, esto es, Ley 599  de  2000)  les imputó la Fiscalía Veintiuno Especializada de Bogotá, acto que  conllevó al rompimiento de la unidad procesal.   

Cabe   agregar   que   en   diligencias  de  formulación  de  cargos, llevadas a cabo el 16 y 18 de marzo y el 5 de abril de  2004,  los  coprocesados José Santiago Sánchez Rojas, Reynel Roa Cuervo y Luis  Eduardo  Morales  también  aceptaron,  de manera libre y voluntaria, los cargos  que  por  los  delitos  de  tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes y  concierto  para  delinquir  (artículos  376,  inciso  primero,  y  340,  inciso  segundo,  del  Código  Penal)   les imputó la mencionada Fiscalía.    

3.   El  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bogotá, mediante sentencia anticipada fechada el 3  de  junio  de  2004,  condenó a Gonzalo Antonio Moreno  Díaz  y  a  Jairo  Infante  Sánchez  a  las  penas  principales  de  12  años de  prisión  y  multa  equivalente  a  9.000  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes  y  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de sus derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso  igual  al  de  la  pena privativa de la  libertad,  “como  coautores del concurso de delitos  de  narcotráfico,  concierto para delinquir y lavado de activos que les imputó  la fiscalía y ellos aceptaron”.   

Así mismo, condenó a José Santiago Sánchez  Rojas  y  a  Reynel  Roa Cuervo a las penas principales de 11 años y 4 meses de  prisión  y  multa  equivalente  a  8.667  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes  y  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de sus derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso  igual  al  de  la  pena privativa de la  libertad,  “como  coautores del concurso de delitos  de  narcotráfico  y  concierto  para  delinquir  que les imputó la fiscalía y  ellos aceptaron”.   

Finalmente, condenó a Luis Eduardo Morales a  las  penas  principales  de  5 años y 8 meses de prisión y multa equivalente a  4.333,35  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a la accesoria de  inhabilitación  para  el ejercicio de sus derechos y funciones públicas por un  lapso   igual   al   de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  “como   cómplice   del  concurso  de  delitos  de  narcotráfico  y  concierto  para  delinquir que le imputó la fiscalía y él aceptó”.   

En  cuanto  al  procedimiento  relativo  a la  dosificación  de  la  pena,  teniendo  en  cuenta  que  fueron  seis delitos de  tráfico  de  estupefacientes  imputados  y  aceptados  por  los  procesados, el  juzgador de primer grado explicó:   

“En ese orden de  ideas,  de  acuerdo  a  la pena señalada por cada ilicitud, no cabe duda que se  debe  tener  como base la sanción prevista para uno de los punibles de tráfico  de  estupefacientes,  que según el artículo 376 del C. P., oscila entre 8 y 20  años  de  prisión  y  multa  entre  1.000  a  50.000 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  y  cuyo  mínimo  se duplica al  concurrir  la  causal  de  agravación  punitiva  prevista en el numeral 3° del  artículo  384  de  la  misma  obra,  toda vez que los  envíos   de  droga  referidos  en  precedencia,  con  excepción  del  último,  excedieron  de  los 2 kilos de heroína; por lo tanto, la sanción para cada uno  de  tales  punibles agravados  queda  fluctuando  entre  16  y  20  años de prisión y multa de 2.000 a 50.000  salarios       mínimos       legales       mensuales       vigentes.   

“Atendiendo  las  pautas  fijadas  por  el  artículo  61  del  C. P., la sanción a imponer a los  procesados  JOSÉ  SANTIAGO  SÁNCHEZ  ROJAS,  REYNEL  ROA  CUERVO, GONZALO  ANTONIO MORENO DÍAZ,  JAIRO  INFANTE  SÁNCHEZ y LUIS EDUARDO  MORALES  por  ese  delito  base  se  ubica dentro del primer cuarto de movilidad  permitido  al  fallador,  que  oscila entre 16 y 17 años de prisión y multa de  2.000  a  14.000  salarios  mínimos legales vigentes, por cuanto a favor de los  mismos  no  concurren  circunstancias de mayor punibilidad, como sí la de menor  punibilidad  contemplada  en  el  numeral  1°  del  artículo 55 del C. P., por  cuanto   ninguno   de   ellos  registra  condenas  con  anterioridad.   

“Debido a lo alto  de  las  penas, el despacho partirá del mínimo de 16 años de prisión y multa  de  2.000  salarios por el delito base de narcotráfico que todos los procesados  aceptaron,  pero  como los delitos concurrentes que admitieron son distintos, se  hace necesario dividirlos en grupos así:   

“a)  Respecto de  GONZALO ANTONIO MORENO DÍAZ  y  JAIRO INFANTE SÁNCHEZ, se  partirá  de  la  precitada  base de 16 años de prisión y 2.000 salarios y por  los  demás  delitos  concurrentes  de narcotráfico que aceptaron, el lavado de  activos  y  concierto  para  delinquir, se les hará un incremento de 2 años de  prisión,   para   un   total   de   18   años   de  prisión.   

“En  cuanto a la  multa,  se  sumarán  los  mínimos  de  cada  delito  concurrente,  según  las  previsiones  del  numeral  4°  del  artículo  39  del  C.  P.,  y  como  son 5  narcotráficos  agravados y  uno  simple, la multa de esos delitos (2.000 salarios por los 5 primeros y 1.000  por  el  último)  arroja  un  subtotal  de  11.000  salarios, más 2.000 por el  concierto  y  500  por  el lavado de activos, para un gran total de 13.500 salarios.   

“b) Por las mismas  razones,  respecto  de  REYNEL  ROA  CUERVO  y  JOSÉ SANTIAGO SÁNCHEZ, quienes  aceptaron  los  mismos  delitos, pero no el lavado de activos, se partirá de la  aludida  base  de 16 años de prisión y 2.000 salarios y por los demás delitos  concurrentes  de  narcotráfico  que aceptaron y el concierto para delinquir, se  les  hará  un  incremento  de  1 año de prisión, para un total de 17 años de  prisión.   

“En  cuanto a la  multa,   se   sumarán  los  mismos  de  cada  delito  concurrente,  según  las  previsiones  del  numeral  4°  del  artículo  39  del  C.  P.  y  como  son  5  narcotráficos  agravados y  uno  simple, la multa de esos delitos (2.000 salarios por los 5 primeros y 1.000  por  el  último)  arroja  un  subtotal  de  11.000  salarios, más 2.000 por el  concierto,    para   un   gran   total   de   13.000  salarios.   

“c) La situación  de  LUIS  EDUARDO  MORENO  es similar a la de Reynel Roa Cuervo y José Santiago  Sánchez,  por  cuanto  aceptaron  los  mismos  delitos y se mostraron ajenos al  lavado  de  activos,  pero  la  diferencia radica en que éste, como ya se dijo,  sólo     se     le    puede    deducir    responsabilidad    de    cómplice,  circunstancia  que según las  previsiones   del   artículo  30  del  C.  P.  le  reduce  la  pena.   

“Pero como quiera  que  todos  los  precitados procesados se acogieron al instituto de la sentencia  anticipada  durante  la  etapa  de  instrucción,  según  las  previsiones  del  artículo  40  del Código de Procedimiento Penal, se hacen merecedores a rebaja  punitiva  equivalente  a una tercera parte de la pena; luego hecha la respectiva  operación    aritmética    se   obtiene   que   en   definitiva   GONZALO    ANTONIO    MORENO   DÍAZ   y  JAIRO   INFANTE   SÁNCHEZ  serán  condenados  a  12  años  de prisión y 9.000  salarios  mínimos  legales  mensuales;  REYNEL  ROA  CUERVO  y  JOSÉ  SANTIAGO  SÁNCHEZ  a 11 años y 4 meses y 8.667 salarios mínimos legales, y LUIS EDUARDO  MORENO   5   años,   8   meses   y   multa   de  4.333,35  salarios”.1   

4.  Apelado el fallo por la fiscalía, el  Ministerio   Público   y   el   defensor   de   los   procesados   Moreno     Díaz     e     Infante  Sánchez,  la  Sala  de Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  el  16 de  diciembre de 2004, lo modificó, así:   

4.1.         “Condenar   a   GONZALO  ANTONIO  MORENO  DÍAZ   y  JAIRO  INFANTE  SÁNCHEZ  a la pena principal de veinte (20) años de  prisión”.   

4.2.         “Condenar  a  JOSÉ SANTIAGO SÁNCHEZ ROJAS y REYNEL ROA CUERVO a la  pena    principal    de    dieciséis   (16)   años   de   prisión”.   

4.3.         “Condenar  a  la pena principal de dieciséis (16) años de prisión  y  multa  de  5.778,281  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes a LUIS  EDUARDO     MORALES     como    coautor  del  delito de tráfico de estupefacientes en concurso homogéneo  y   en   concurso   heterogéneo   con   concierto   para  delinquir”.   

4.4.      En    lo    demás    lo  confirmó.   

Cabe   precisar  que  el  ad  quem  en  sus  consideraciones  concluyó  que  le  asistía razón a los impugnantes, toda vez  que     el     juzgador     de     primer    grado    omitió    “individualizar  la  pena  de  cada  uno  de los delitos en concurso  heterogéneo,    como    lo    reclama    el    representante   del   Ministerio  Público”  y,  además,  cuando  se  formularon  los  cargos  en  contra de los procesados “la imputación  jurídica  solamente fue por el artículo 376, inciso primero, sin que para nada  se  hubiera  hecho  mención  de  la  agravante  prevista  en el numeral 3° del  artículo  384  del  Código  Penal”,  como  así lo  resaltó   el   defensor   de   los   acusados  Moreno  Díaz    e   Infante  Sánchez,  razón  por  la  cual  procedió a enmendar  tales yerros.    

Por ello, en acatamiento del artículo 61 del  Código  Penal  y  ubicándose  en  el  primer  cuarto  del  ámbito punitivo de  movilidad,  procedió  a  individualizar  la sanción de cada uno de los delitos  imputados,  fijando “la pena a imponer para cada uno  de  los  delitos  de narcotráfico en 10 años”, para  el   ilícito   de   “lavado   de   activos  en  9  años”   y,  finalmente,  para  el  “delito   de   concierto   para  delinquir  en  7  años”.  A continuación agregó:   

“Conforme con la  individualización  de  la  pena realizada por el Tribunal, para cada uno de los  hechos  punibles  aceptados  por  los procesados, el delito más graves es el de  narcotráfico   al   que   se   le   fijó  una  pena  de  10  años.   

“La protesta del  señor  representante  del  Ministerio  Público y de la Fiscal está totalmente  entrada  en razón, pues en verdad que el aumento de apenas de dos y un año que  el  a  quo impuso por los concursos de hechos punibles, resulta irrisoria frente  a  la  determinación  de  la  pena que correspondió a cada uno de ellos y a la  gravedad  de  los  comportamientos desplegados, pasando por alto que se trata de  un  concurso  homogéneo de seis delitos de narcotráfico y heterogéneo con los  otros  hechos  punibles, motivo por el cual la sala modificará tal decisión de  la siguiente manera:   

“a.    A  GONZALO ANTONIO MORENO DÍAZ  y  JAIRO INFANTE SÁNCHEZ se  parte  de la base de 10 años por uno de los delitos de narcotráfico, al que se  le  aumentan  10  años  por  el  concurso homogéneo de este hecho punible y 10  años  más  por  el concurso heterogéneo de lavado de activos y concierto para  delinquir,  lo cual suma un total de 30 años. Suma a la que se le descuentan 10  años,  correspondiente  a  la  tercera  parte  por  haberse acogido a sentencia  anticipada,  para  quedar la pena de prisión en definitiva en veinte (20) años  de prisión, como se consignará en la parte resolutiva   

“b.  REYNEL  ROA  CUERVO,  JOSÉ SANTIAGO SÁNCHEZ y LUIS EDUARDO MORALES se parte del delito  de  narcotráfico  que  se  determinó  en 10 años de prisión, por el concurso  homogéneo  de este delito se aumenta en 10 años y por el concurso heterogéneo  de  concierto  para  delinquir, se les aumenta en 4 años, lo que da un total de  24  años.  Disminuyendo  esta  cifra en 8 años, que es la tercera parte que se  descuenta  por  la  sentencia  anticipada,  les queda una pena de prisión de 16  años”.2   

Por último, la pena de multa impuesta por el  a   quo  no  la  modificó,  por  cuanto  que  “los  apelantes     no    mostraron    inconformidad    con    la    misma”.   

5.    Inconforme   con   la   anterior  determinación,  el  defensor de los procesados Gonzalo  Antonio  Moreno  Díaz y Jairo  Infante  Sánchez  interpuso el recurso extraordinario  de   casación.   Dentro   del   término   legal   presentó   las  respectivas  demandas.   

LAS     DEMANDAS     DE   CASACIÓN   

Toda  vez  que  los  cargos contenidos en las  demandas   presentadas   por   el   defensor   de  los  procesados  Moreno  Díaz  e  Infante  Sánchez  son idénticos, pues los yerros que  acusa  conllevan  consecuencias  iguales  en  los  intereses jurídicos de ambos  acusados, la Corte los sintetizará de manera conjunta.   

Primer cargo  

Al  amparo  del  cuerpo  primero de la causal  primera  de  casación,  el  libelista  acusa  al Tribunal de haber incurrido en  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  por  interpretación errónea del  artículo  31  del  Código  Penal, en la medida en que le hizo producir efectos  distintos o contrarios a los que emergen de su contenido real.   

En  el acápite que denominó “Demostración   del  cargo”,  luego  de  retomar  en  detalle las consideraciones que los juzgadores de primera y segunda  instancia  plasmaron  respecto del procedimiento de individualización punitiva,  concluye   que   el   Tribunal   “acertó   en  su  disertación  para  resolver  las  apelaciones.  Sin  embargo,  los errores  trascendentes  se  presentaron  al ocuparse de precisar la  pena  privativa de la libertad, y la pecuniaria, finalmente imponible por virtud  del  concurso  de  hecho  punibles”,  para  lo  cual  trascribe  los  párrafos  pertinentes de las consideraciones del ad quem,   los   mismos   que  se  consignaron  en  los   antecedentes  de  este fallo.   

A  continuación,  después  de  copiar en su  integridad  el  artículo 31 del Código Penal y de citar jurisprudencia de esta  Corporación  relativa  a  la  manera como se debe interpretar dicha preceptiva,  afirma  que  el  error  cometido por el Juez Colegiado es evidente, toda vez que  después  de  establecer  cuál  era  la pena más grave, que en efecto lo es la  prevista  para  el  delito  de  narcotráfico,  es  decir, la de diez (10) años  señalada  por el Tribunal, procedió luego a adicionar 10 años por el concurso  homogéneo  (5  delitos  más  de  narcotráfico)  y  otros 10 años más por el  concurso  heterogéneo  (concierto  y  lavado  de  activos),  para  totalizar la  sanción  en  30  años de prisión, monto sobre el cual aplicó la rebaja de la  tercera   parte  por  acogimiento  a  la  sentencia  anticipada,  obteniendo  en  definitiva una pena de prisión de 20 años. Agrega:   

“Entonces,  es  evidente  el  error  de  interpretación,  porque  la correcta hermenéutica del  artículo  31  de  la  Ley  599  de  2000,  nos  permite  afirmar,  sin  temor a  equívocos,  que  la cantidad de veinte (20) años de prisión, era la máxima a  la  que  podía  llegar  el  Tribunal  al individualizar la pena privativa de la  libertad  imponible  a los señores GONZALO ANTONIO MORENO DÍAZ y JAIRO INFANTE  SÁNCHEZ,  porque  si  para  fijarla  partió de diez (10) años de prisión, el  aumento  ‘hasta  en otro  tanto’  que  autoriza tal  precepto,  sólo  podrá  llevar  hasta  veinte (20) años, que no a los treinta  (30)   años   a   los  cuales  erróneamente  arribó  el  Tribunal”.   

Por  ello,  estima  que  el  ad  quem no solo  realizó  un  incremento  de hasta otro tanto de la pena más grave, sino que la  triplicó,  situación que le permite colegir la ilegalidad de la pena frente al  procedimiento del concurso.   

En  esas condiciones y en aras de enmendar el  yerro,  considera  que  el  incremento por razón del concurso debe ser el mismo  porcentaje  que  tuvo  en  cuenta  el Tribunal para incrementar el mínimo de la  pena  base,  lo que arrojaría una sanción de 147 o 148 meses, cifras que luego  de  realizar  el  descuento  de  una  tercera  parte  por  el  sometimiento a la  sentencia  anticipada, daría como pena definitiva 98 o 98,666 meses de prisión  a imponer a sus defendidos.   

Por  lo  expuesto,  solicita a la Corte casar  parcialmente  el  fallo impugnado y, en consecuencia, imponer la pena correcta a  sus  procurados,  la cual, en su criterio, es de “98  o 98,666 meses de prisión”.   

Segundo cargo  

Apoyado  en  el  cuerpo  primero de la causal  primera  de  casación,  el  actor  acusa  al  Tribunal  de  haber  incurrido en  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  por  falta  de aplicación de los  artículos  28,  inciso  segundo, de la Constitución Política, 6° del Código  Penal  y  6°,  9°,  15  y  204  del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000).   

Afirma  que  el sentenciador de segundo grado  incurrió  en  un  manifiesto  error  al  considerar  que  como los apelantes no  habían  manifestado  su inconformidad respecto de la pena pecuniaria impuesta a  los  procesados,  debía  dejarse  la  misma  en  la  forma  señalada  por el a  quo.   

No  entiende  cómo  el  Tribunal después de  reconocer  que  el  juzgado  de  primer  grado  había  incurrido en un error al  imputar  la  causal  de agravación prevista en el numeral 3° del artículo 384  del  Código  Penal,  la  cual  no  había  sido  atribuida  expresamente  a sus  defendidos   en   la  audiencia  de  formulación  de  cargos,  no  procedió  a  redosificar  la pena de multa, situación que, en su criterio, se originó en la  falta  de aplicación del artículo 204 del Código de Procedimiento Penal, pues  sin  duda  era  tema  estrechamente  vinculado  con el objeto de las apelaciones  interpuestas contra la sentencia de primera instancia.    

Por consiguiente, dice que desechada por el ad  quem  la referida causal de agravación, necesariamente estaba en la obligación  readecuar la pena de multa, situación que no cumplió.   

Así,  entonces, acudiendo a la dosificación  que  hizo  en  el  anterior  cargo,  concluye  que  a sus defendidos se les debe  imponer  como  multa  el  equivalente  a  “5.666,666  salarios   mínimos   mensuales  legales  vigentes”,  motivo   por   el   cual  solicita  a  la  Corte  casar  parcialmente  el  fallo  impugnado.   

CONCEPTO      DE     LA   PROCURADORA  TERCERA   

DELEGADA     PARA     LA   CASACIÓN  PENAL   

Primer cargo  

La  representante  del  Ministerio  Público,  luego  de  transcribir  el  artículo  31 del Código Penal, de recordar cual ha  sido  la  posición  jurisprudencial  respecto  de  la correcta hermenéutica de  aquella  normativa  y  de  referirse a la manera como el sentenciador de segundo  grado  procedió a dosificar la pena frente al concurso de delitos, concluye que  el  Tribunal se equivocó en la interpretación de la citada preceptiva, pues la  misma  “permite  el  aumento  de  la pena a imponer  hasta  en otro tanto, no hasta tres veces el quantum de la pena que corresponde,  es  decir,  el  límite  para  el sentenciador, en este caso concreto, era de 20  años    de    prisión,    no    de    30    como    lo   entendió”.   

En  consecuencia,  como es claro que la norma  comentada  sólo permite, en el concurso de delitos, el doble de la sanción que  se  establezca  como  más  grave,  límite  que el Tribunal desconoció, estima                      que  el  cargo  formulado  se  encuentra demostrado y, por lo mismo,  sugiere  a  la  Corte  casar  parcialmente  el  fallo  impugnado  con  el fin de  redosificar  correctamente  la  pena  a  imponer  a  los procesados Moreno     Díaz     e     Infante Sánchez.    

Segundo cargo  

Advierte  la Delegada que le asiste razón al  libelista,  toda vez que el Tribunal al resolver el recurso de apelación tenía  la  obligación  de pronunciarse sobre un asunto inescindiblemente vinculado con  tema  objeto  de  apelación, es decir, la inconformidad con el monto de la pena  impuesta,   máxime   cuando   el   juzgador   de  segundo  grado  realizó  una  redosificación  de  la  sanción  a  imponer  a los condenados por virtud de la  exclusión  de una causal de agravación del delito de narcotráfico, la cual no  había sido contemplada en la diligencia de formulación de cargos.   

Después    de    referirse   sobre   los  pronunciamientos  que hicieron los sentenciadores de primera y segunda instancia  en  torno  a  la dosificación de la pena, afirma que el Tribunal desconoció el  contenido  del artículo 204 del Código de Procedimiento Penal, pues el quantum  de  la  pena  de  multa  estaba relacionado con el motivo de apelación, el cual  buscaba  la  exclusión  de  una  agravante  no  considerada ni aceptada por los  procesados  en  la audiencia de formulación de cargos, pretensión que al haber  tenido  éxito,  pues fue descartada por el ad quem, necesariamente conllevaba a  que igualmente se redosificara la pena de multa.    

Por consiguiente, al ser evidente el error del  Tribunal,  siguiere  a  la  Corte casar parcialmente el fallo impugnado y, en su  lugar,  redosificar  la  pena  de  multa  impuesta a los procesados Moreno     Díaz     e     Infante Sánchez.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Son dos los problemas jurídicos que  el  libelista  plantea  en  los  cargos  presentados,  a  saber:  i) que el  Tribunal  incurrió  en  errónea interpretación del artículo 31 de la Ley 599  de  2000,  toda vez que al determinar la pena a imponer a los procesados superó  el  límite  que  establece  dicha  preceptiva  frente  al concurso de conductas  punibles,    es    decir,    “hasta    en    otro  tanto”      (primer  cargo),  y  ii) que no readecuó la pena de multa  no  obstante  que excluyó una circunstancia específica de agravación punitiva  del   delito   de   tráfico   de   estupefacientes,   asunto   que  se  hallaba  inescindiblemente  vinculado  con  el  objeto  de  impugnación,  yerro  que  se  originó  por  la  inaplicación  del  artículo  204  de  la  Ley  600  de 2000  (segundo cargo).   

2.  Frente a tales planteamientos, desde  ya  anuncia  la  Sala  que  le  asiste  razón  al libelista, por los siguientes  motivos:   

2.1.   En  efecto,  en  cuanto al primer  aspecto   (primer  cargo)  y  teniendo  en  cuenta las consideraciones plasmadas en el fallo de segundo grado,  no  cabe  duda  que  el  Tribunal  erró  en  el proceso de determinación de la  sanción    impuesta    a   los   procesados   Moreno  Díaz     e     Infante  Sánchez,   específicamente  en  lo  relativo  a  la  dosificación   de   la   sanción   por  razón  del  concurso  de los delitos imputados y aceptados por los  mencionados  sentenciados,  toda  vez que después de individualizar cada una de  las   penas  de  las  conductas  punibles  (tráfico,  fabricación  o   porte  de  estupefacientes  [6],  lavado de activos [1] y  concierto  para  delinquir [1], según los artículos 376, inciso primero, 323 y  340,  inciso segundo, de la Ley 599 de 2000)  y de  seleccionar   la   de   mayor   gravedad   (tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes  [1]),  procedió a realizar unas  adiciones   en   la   penalidad   que   superó   el  doble  de  la  sanción  en  concreto  del delito más  grave,  desbordando  de  esa  manera  la  limitante  que al respecto consagra el  artículo      31     del     Código     Penal.3   

Debe recordarse que el instituto del concurso  de  conductas  punibles  prevé la hipótesis de pluralidad de acciones típicas  que  en  la  ley  penal  ameritan un tratamiento especial y específico desde el  punto  de  vista  de las consecuencias punitivas que su concurrencia origina. De  ahí  que  el legislador penal dispuso en el inciso primero del citado artículo  31  que  “El  que con una sola acción u omisión o  con  varias acciones u omisiones infrinja varias disposiciones de la ley penal o  varias  veces  la  misma  disposición, quedará sometido a la que establezca la  pena  más grave según su naturaleza, aumentada hasta  en  otro  tanto,  sin  que  fuere  superior a la suma  aritmética  de  las  que  correspondan  a  las  respectivas  conductas punibles  debidamente  dosificadas  cada  una  de  ellas”  (se  subrayó).    

Consecuente  con  la  regulación  de  dicha  normativa,   es   claro  que  la  dosificación  de  la  sanción  penal  en  el  concurso  de  delitos  debe  tomar  como  marco  de referencia la pena prevista para la conducta punible más  grave,  que  se  podrá  incrementar  “hasta en otro  tanto”,  sin  que  pueda  ser  superior  a  la  suma  aritmética  de  las  penas  imponibles  para los demás delitos individualmente  considerados  ni superar el doble de la sanción en concreto de la conducta más  grave.   

Sobre  el alcance hermenéutico del artículo  31  del  Código  Penal,  resulta  oportuno  recordar lo que de tiempo atrás la  jurisprudencia de la Sala ha precisado al respecto:   

“La punibilidad en  el  concurso  de  delitos  (artículo  26 ídem) parte de la pena para el delito  base  que  no  es otro que el más grave desde el punto de vista de la sanción,  aspecto  éste que no se establece examinando simplemente el factor cuantitativo  y  cualitativo  de  los  extremos  punitivos  mínimo  y  máximo  previstos  en  abstracto  en los respectivos tipos penales, sino mediante la individualización  concreta  de  la que ha de aplicarse en cada uno de los delitos en concurso, por  el  procedimiento  referido  en  los  párrafos  anteriores.  Las penas para las  conductas  punibles  concurrentes  se  confrontan  para  optarse por la de mayor  intensidad.  Es con relación a ésta pena considerada como la más grave, sobre  la   que   opera   el   incremento   ‘hasta   en   otro   tanto’  autorizado  por  el  artículo  26  del  Código  Penal,  con  las  limitantes  que  en seguida se señalarán.   

“El ‘otro         tanto’  autorizado  como pena en el concurso  delictual  no  se  calcula  con base en el extremo punitivo mayor previsto en el  tipo     penal     aplicado     como     delito     base,    ese    ‘tanto’ corresponde a la pena individualizada  en  el  caso  particular  mediante el procedimiento indicado para el delito más  grave.  Esta es la sanción que se incrementa habida consideración  de las  modalidades  específicas,  gravedad  y número de delitos concursantes, sin que  pueda  exceder  el  doble, ni resultar superior a la suma aritmética de las que  corresponderían   si   el  juzgamiento  se  realizara  separadamente  para  las  distintas  infracciones,  ni  superar  los  40 años de prisión de que trata el  inciso   segundo   del   artículo   31   de  la  Ley  599  de  2000.    

“Valga aclarar que  la    expresión    suma    aritmética  mencionada  en el artículo 28 del C. P. (hoy artículo 31) es una  limitante          del         ‘tanto’ en que  puede  aumentarse  la  pena  por  el número plural homogéneo o heterogéneo de  conductas  delictivas  que  simultáneamente  en  una  actuación procesal deban  sancionarse,  pero  nada  tiene  que  ver  esa  suma  con  el sistema denominado  ‘acumulación  aritmética’,  el  cual  corresponde      a     la     aplicación     del     principio     ‘tot  delicia,  tot  poena’,    y    que    significa   agregar  materialmente  las  penas de todos los reatos consumados, siendo su resultado la  sanción  a  imponerse.  El legislador colombiano, en el código de 1980 como en  de  año  2000,  acogió en los artículos 26 y 31 en mención, el sistema de la  adición  jurídica  de penas, que consiste en acumularlas por debajo de la suma  aritmética,  sobresaliendo el hecho de que el aumento punitivo se toma a partir  de  la  sanción individualizada para el delito base, sin importar la naturaleza  y  especie de la pena de los delitos concurrentes, a condición de que en éstos  prime  la  menor intensidad punitiva en relación con la del básico y, en   los  eventos en que prevean adicionalmente una consecuencia jurídica distinta a  la  prevista en ésta, como lo dicen las normas citadas, se tendrá en cuenta, a  efectos      de      hacer      la     tasación     correspondiente”.4   

Sobre el mismo aspecto dijo:  

“Advierte  por  último   la   Sala,  en  consideración  al  equivocado  entendimiento  de  las  instancias  sobre  la  forma  de  tasar  la  pena  en  el  concurso de conductas  punibles,  que  antes  y  ahora  el delito que sirve de punto de partida para la  graduación  punitiva  es  el que en concreto amerite una pena mayor, lo cual le  implica  al  funcionario  judicial dosificar la pena de cada uno para así poder  elegir el más grave.   

“Ahora  bien:  individualizadas  las  penas  de  las  conductas y elegida la mayor, ésta es el  referente    para   el   aumento   de   hasta   otro  tanto  autorizado por la ley. Esto significa que no es  el  doble  de  la pena máxima prevista en abstracto en el respectivo tipo penal  el  límite que no puede desbordar el Juez al fijar la pena en el concurso, como  lo  entendió el Tribunal, sino el doble de la pena en  concreto    del    delito    más    grave”    (se  resaltó).5   

Posteriormente señaló:  

“Considera la Sala  que  el  censor  le  da  al  artículo  31 del Código Penal una interpretación  equivocada,  puesto  que  según  dicha preceptiva y determinada la pena para el  delito  más  grave,  el  aumento  de la sanción por  razón  del  concurso  de  delitos,  no puede exceder el doble de la estimada en  concreto  en  el  caso  particular,  ni puede resultar  superior  a  la  suma aritmética de las que correspondían si el juzgamiento se  realizara  separadamente  para  las  distintas  infracciones,  ni superar los 40  años  de  prisión de que trata el inciso segundo de esa preceptiva”   (subrayas   ajenas   al   texto).6   

Más recientemente reiteró:  

“Según   la  intelección  que  por  lustros  ha  merecido  en  la  doctrina  de  la Corte el  artículo  26  del  Código Penal, es lo cierto que el incremento de la pena por  razón  del  concurso  de  conductas  punibles  no  podía  ser  superior  en el  ‘otro  tanto’  a  que alude dicho precepto al doble  de  la  pena  calculada  para  el  delito  base  y  en dicha medida ese rubro no  debería    incrementar    la   sanción   privativa   de   la   libertad   más  allá”.7   

Consecuente con los anteriores delineamientos  jurídicos,  claro  es que en el proceso de dosificación de la pena y frente al  concurso  de  conductas  punibles, en acatamiento de las exigencias previstas en  el  artículo  31 del Código Penal, el juzgador no puede superar el doble de la  sanción  calculada  para  el  delito  más  grave,  constituido  como  marco de  referencia  para  la  adición  de  las  penas  relativas  a  los  ilícitos que  concursan con el delito base.   

Así,  entonces,  en  el  caso  que  ocupa la  atención  de  la  Corte,  la  Sala  de Decisión Penal del Tribunal Superior de  Bogotá,  al  desatar los recursos de apelación interpuestos contra el fallo de  primer  grado  y  luego  de  acceder  a  los  planteamientos de los impugnantes,  procedió  a  dosificar de nuevo la pena a imponer, acudiendo en primer término  a  individualizar  la  sanción  respecto  de  cada uno de los delitos, esto es,  tráfico,  fabricación  o   porte  de estupefacientes, lavado de activos y  concierto  para  delinquir,  según lo derroteros consagrados en el artículo 61  del Código Penal.   

Posteriormente, luego de fijar en diez  (10)  años la pena a imponer por el  delito  de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes, concluyendo que se  constituía  en la sanción más grave y, por lo mismo, en la base sobre la cual  se  debía  realizar  la  dosificación  respecto  del concurso de las restantes  conductas  punibles  (cinco  ilícitos más de tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes,  un lavado de activos y un concierto para delinquir), procedió  de la siguiente manera:    

“a. A GONZALO    ANTONIO    MORENO   DÍAZ   y  JAIRO  INFANTE  SÁNCHEZ se  parte  de la base de 10 años por uno de los delitos de narcotráfico, al que se  le  aumentan  10  años  por  el  concurso homogéneo de este hecho punible y 10  años  más  por  el concurso heterogéneo de lavado de activos y concierto para  delinquir,   lo   cual   suma   un   total   de   30  años.  Suma  a  la  que  se  le  descuentan 10 años,  correspondiente  a  la tercera parte por haberse acogido a sentencia anticipada,  para  quedar  la  pena  de  prisión  en definitiva en  veinte  (20)  años de prisión, como se consignará en  la  parte  resolutiva”.8   

Como bien puede observarse, el sentenciador de  segundo  grado  se  equivocó  al  considerar  que  a  la  pena  de diez   (10)  años  de  prisión  para  el  delito  más  grave  podía  adicionarle     veinte    (20)    años,  es  decir,  diez (10) años   por  los  cinco  (5)  delitos  de  narcotráfico  y  diez   (10)   años   más  por  las  conductas  punibles  de  lavado  de activos y concierto para delinquir, toda vez  que  en  razón  del concurso sólo le era permitido incrementar en diez  (10)  años  la  pena del delito con  sanción    mayor,   significando   que   podía   llegar   hasta   veinte  (20)  y  no hasta los treinta   (30)   años   como   lo  hizo.   

Por  consiguiente, la censura prospera y, por  lo  mismo,  se  casará  parcialmente el fallo impugnado, procediendo la Corte a  redosificar   la   pena   a  imponer  a  los  procesados,  como  se  hará  más  adelante.   

2.2.   En  cuanto  a  la  segunda  censura,  a través de la cual el  actor     acusa     al     Tribunal     por     no     haber     “readecuado”   la   pena  de  multa  no  obstante  que excluyó una circunstancia específica de agravación punitiva del  delito  de  tráfico de estupefacientes, asunto que se hallaba inescindiblemente  vinculado  con  el  objeto  de  impugnación,  también, como se dijo, le asiste  razón.   

En   efecto,   es   un   contrasentido    que   la   Sala   de   Decisión   Penal     del   Tribunal    Superior    de    Bogotá,   después   de   concluir   que   la   circunstancia  de  agravación      punitiva     prevista     para     el   delito     de     narcotráfico     en    el   numeral   tercero    del    artículo   384   del   Código   Penal    no    había    sido   imputada  a   los   procesados   en  la  diligencia  de  formulación   de   cargos   y,  por  lo mismo,  no  podía   ser    considerada    en   la   sentencia,   como   así    lo  planteó   la   defensa   a   través   del   recurso   de   apelación,  procediendo entonces   a      excluirla,      posteriormente      se     haya   dedicado    a   redosificar   la  sanción   privativa   de   la  libertad  sin  hacer   ninguna   consideración  relativa   a   la   pena  de   multa    que,    entre    otras   cosas,   la   ley  la  contempla  como  principal.   

Por   lo   tanto,   se   constituye     en     un    craso    error    del   sentenciador    de   segundo  grado  su  consideración,  según  la  cual,  “en  cuanto  a  la  pena  de  multa  impuesta a los  procesados,  la  dejará  la Corporación en la forma fijada por el  a quo,  atendiendo   a   que   los   apelantes   no   mostraron   inconformidad  con  la  misma”,9 toda vez que si bien es cierto  los  impugnantes  no  reprocharon  ese  específico  tema, también lo es que la  prosperidad   de   sus   argumentaciones   frente   a  la  individualización  y  determinación  de  la pena en general, necesariamente conllevaba a que la multa  se  viera  afectada y, por ende, se imponía su reconsideración, máxime cuando  la  exclusión  de  la  mencionada  agravante  implicaba  la  variación  de los  extremos  punitivos  de  la  citada  conducta  punible,  incluyendo,  por simple  lógica, la multa.   

En  otros  términos,  el   ad   quem   desatendió   lo   contemplado  en  el  artículo  204  del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000), preceptiva  que  de  manera  diáfana  dispone que “la decisión  del  superior  se  extenderá  a  los  asuntos  que  resulten  inescindiblemente  vinculados  al  objeto  de  impugnación”, pues si la  inconformidad  de los apelantes se refería a los yerros cometidos en el proceso  de  individualización  y  determinación  de  la pena por parte del juzgador de  primera  instancia, incluyendo la exclusión de una circunstancia específica de  mayor  punibilidad, necesariamente debió entender que en el acto de corrección  de  dichos  errores se incluía la pena de multa, toda vez que la misma se veía  afectada   por   razón   de  la  prosperidad  de  las  argumentaciones  de  los  impugnantes.    

Recuérdese  que la jurisprudencia de la Sala  ha  explicado  que  “la extensión de la competencia  del  superior  a temas inescindiblemente vinculados al objeto de la impugnación  resulta  procedente  cuando  se  advierta  la  necesidad  de hacer prevalecer el  derecho  sustancial  o cuando  ello influya en la  coherencia  y  la  lógica que ha de observarse en la  decisión del superior funcional.   

“Por  ello,  es  razonable  concluir que el principio de limitación que rige la intervención de  los  funcionarios  de segunda instancia, no es absoluto, en tanto que como viene  de  verse  no  sólo  puede  extenderse  a temas inescindiblemente vinculados al  objeto  de  la  impugnación,  sino  que  también  permite  la  posibilidad  de  pronunciamiento  sobre  la  existencia  de  vicios que afectan la estructura del  debido  proceso  o  las  garantías  de  los  intervenientes  en  la  actuación  procesal,  así  como  el señalamiento de la consecuencia procesal inmediata de  una  tal  situación, aun cuando tales temas no formaran parte de los motivos de  la    impugnación”.10   

Así,  entonces,  siendo  que en este caso la  pena   de   multa   estaba   inescindiblemente    vinculada   al   objeto    de    la   impugnación   y   toda   vez  que   dicho   tema   atañe   a   la  legalidad        de        la        pena     y,     por     ende,     al    debido     proceso,    el   sentenciador   de   segundo  grado,  como  guarda   constitucional  de  los  derechos  fundamentales,  estaba  en  la obligación de  pronunciarse  al  respecto.  Como  no lo hizo, la Corte procederá a enmendar el  error.   

En    consecuencia,    el    segundo  cargo también prospera y, por lo  mismo, se casará parcialmente el fallo impugnado.   

3.     La  situación de los demás coprocesados frente a la pena impuesta   

Como quedó consignado en los antecedentes de  esta  providencia,  es  idéntica  la  situación de los sentenciados Reynel Roa  Cuervo,  José  Santiago  Sánchez  y  Luis  Eduardo  Morales,  toda  vez que el  juzgador  de  segundo grado también se equivocó al considerar que a la pena de  diez  (10)  años de prisión  para    el    delito    más    grave   (tráfico,  fabricación o  porte de  estupefacientes)   podía   adicionarle  catorce  (14) años con motivo del concurso  delictual,   es  decir,  diez  (10)  años   por  los  cinco  (5)  delitos  de  narcotráfico  y  cuatro  (4)  años  más  por  la conducta  punible  de concierto para delinquir, ya que en razón del concurso sólo le era  permitido   incrementar   en   diez  (10)  años  la  pena  del  delito  con sanción mayor, significando que  podía    llegar    hasta   veinte   (20)  y  no  hasta  los veinticuatro (24) años  como lo hizo.   

Por  consiguiente,  teniendo en cuenta que se  afectó  la  legalidad  de  la  pena,  de  conformidad  con lo preceptuado en el  artículo  229  del  Código  del  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de 2000), la  decisión   de   este   fallo  se  extenderá  a  los  citados  coprocesados  no  recurrentes,  motivo  por  el  cual  respecto  de  ellos  de  oficio  se casará  parcialmente  el  fallo  impugnado, procediendo la Corte a redosificar la pena a  imponer a los mismos, como se procederá más adelante.   

4.   Casación  oficiosa.  Aplicación  del  artículo 351 de la Ley 906 de 2004   

Es   cierto   que   de   tiempo  atrás  la  jurisprudencia  mayoritaria de la Corte se inclinaba a no reconocer la rebaja de  pena  consagrada  en  el  artículo 351 del nuevo Código de Procedimiento Penal  (Ley  906  de  2004) respecto de hechos cometidos bajo la vigencia de la Ley 600  de 2000.   

No  obstante,  con el transcurso del tiempo y  luego  de  la  decantación  que  ha originado el debate interpretativo frente a  dicha  problemática, la jurisprudencia mayoritaria de esta Corporación ha dado  un  giro  al  respecto,  en  la  medida  en  que  en la actualidad acepta que el  instituto  de  allanamiento  a  cargos guarda similitud con la antigua sentencia  anticipada.   

Es  así  como en reciente postura de la Sala  mayoritaria y en un evento similar a este, al respecto dijo:   

“Lo anterior para  indicar  que  es  con  la  figura  del  allanamiento  a  cargos que la sentencia  anticipada  guarda  similitud,  en  donde entre el imputado y la fiscalía no ha  medida  consenso  y  las consecuencias de ese acto unilateral libre y voluntario  no   depende   sino   del  juez  dentro  del  marco  de  movilidad  que  la  ley  confiere  -hasta la mitad-.   

“Desde   esta  observación  sí  parece  que  la  invocación al principio de favorabilidad es  correcta,  porque  el  supuesto  de hecho es idéntico: se trata de un ciudadano  que  admite su culpabilidad en unos hechos y releva al Estado del esfuerzo de la  demostración  probatoria  en  juicio;  en  las  dos  situaciones  la pena no se  acuerda,  literalmente  hablando,  porque  aquella  se  dosifica  por  el  juez,  conforme  a  los criterios para su fijación y dentro del marco de movilidad que  le  confiere  el  artículo 351 ejusdem, en ninguno de los dos eventos se pactan  situaciones  procesales sobre la libertad, como subrogados penales; es decir, el  fiscal  no  acuerda  con  el  imputado, la alegación de culpabilidad de aquél,  previo  conocimiento de los cargos formulados por la fiscalía,  lo pone en  directa  relación  con  el  juez,  no  con el fiscal, con quien no se estima ni  pena,   ni  subrogados,  esto  es  lo  que  ocurre  también  con  la  sentencia  anticipada.   

   

“Tampoco   es  correcto   afirmar  que  el  allanamiento  a  cargos  esté  condicionado  a  la  reparación  integral de los perjuicios ocasionados, lo que se ha destacado como  nota   diferenciadora   para  imposibilidad  la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad.   Lo  que  ocurre  es  que  esta  situación  condiciona  la  relación  jurídica  entre  fiscal  e  imputado  para  acordar,  pero cuando el  ciudadano  se allana a los cargos sin mediar acuerdos ni pactos con su acusador,  es  el  juez  el  que  decide, por ejemplo que no es acreedor a una rebaja de la  mitad  de  la  pena,  sino de una significativamente menor, según se satisfagan  los  presupuestos  axiológicos  que se persiguen con la terminación anticipada  del proceso.   

“Entonces,  las  notas  diferenciadoras que se han edificado  para desestimar la aplicación  del  principio  de  favorabilidad  a un sentenciado anticipadamente que pretende  acceder  al  beneficio  punitivo  del  artículo 351 de la ley 906 de 2004, aún  ofrecen  discusiones  profundas  las  que  han  marcado  la  disparidad  de  los  criterios  jurisprudenciales  y que deben resolverse con una interpretación que  desarrolle  el principio de  igualdad que se afecta cuando el azar marca la  suerte  del  ciudadano,  según  decida un operador judicial u otro, o cuando el  ciudadano  acude  a  la  Corte  Constitucional  para  que se pronuncie de manera  diferente.   

“Como se observa  razonable  interpretar  que  si  bien  los  acuerdos  y  negociaciones son notas  singulares  del  nuevo sistema procesal pero el allanamiento a cargos tiene unos  matices  respecto  de  los  cuales  no  es  totalmente  asertivo  decir  que  se  corresponda  con  la  misma  filosofía  de  los primeros, la Sala no casará el  fallo  impugnado,  porque una nueva observación indica que esta institución no  es  específica  del  nuevo  procedimiento,  a la misma no subyace una relación  consensuada  entre  fiscal  e  imputado  y  por  tanto  puede ser observada como  homologable         con        la        sentencia        anticipada”.11   

En  consecuencia,  surge evidente que en este  específico  caso resulta procedente aplicar la nueva postura de la Corte frente  al  contenido  del  artículo  351 de la Ley 906 de 2004,  y respecto de la  sentencia  anticipada  a  la  que  se acogieron los procesados en el curso de la  investigación.   

En  esas  condiciones,  en  aplicación de la  citada  norma,  la  Sala  casará  parcialmente  y  de oficio el fallo objeto de  revisión.    

5.         Redosificación de las penas   

Para  tal  efecto,  en  cuanto  atañe  a los  procesados  Gonzalo  Antonio Moreno Díaz y   Jairo   Infante  Sánchez,  la  Corte partirá de las consideraciones que el Tribunal hizo en  torno  a  la  individualización  de  la  pena  frente  a  los delitos imputados  (tráfico,  fabricación o  porte de estupefacientes [6], lavado de activos  [1]  y  concierto para delinquir [1], según los artículos 376, inciso primero,  323  y  340, inciso segundo, de la Ley 599 de 2000), asunto respecto del cual el  libelista  en  esta  sede no mostró inconformidad alguna, razón por la cual se  impone su acatamiento.   

Recuérdese  que  el ad quem concluyó que el  “delito más grave es el de narcotráfico al que se  le  fijó  una  pena de diez (10) años de prisión”.  En  consecuencia,  para  la determinación de la sanción frente al concurso  de  delitos, conforme a la regla  que  establece  el  artículo  31  del  Código Penal y previendo que la suma no  puede   superar   aquélla   cifra,   la   Sala,   se  insiste,  respetando  las  consideraciones  que  hizo  el  Tribunal  sobre la gravedad de las conductas, el  daño  creado,  la  intensidad  del  dolo,  la  necesidad y función de la pena,  adicionará  cinco  (5) años  por  razón  de los cinco restantes delitos de tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes  y  cinco  (5) años más por  los  delitos  de  lavado de activos y concierto para delinquir,  obteniéndose    así   un   total   de   pena   a   imponer   de   VEINTE  (20) AÑOS DE PRISIÓN, quantum que  no desborda la sanción fijada para el delito más grave.   

Por  su  parte,  en  lo  que se refiere a los  coprocesados   Reynel   Roa  Cuervo,  José  Santiago  Sánchez  y  Luis  Eduardo  Morales (no recurrentes), a  quienes  se  les  imputaron  y  aceptaron  los delitos de tráfico, fabricación  o   porte de estupefacientes [6] y concierto para delinquir [1] (artículos  376,  inciso  primero, y 340, inciso segundo, de la Ley 599 de 2000), y teniendo  en  cuenta que, como en precedencia se indicó, el ad quem concluyó que la pena  base  es  de  diez (10) años,  la   Sala   adicionará   a  este  quantum  cinco  (5)  años  por  razón  de  los cinco restantes delitos de  narcotráfico    y    dos  (2)   años   y  seis  (6)  meses  más  por  la  conducta punible de concierto para delinquir, obteniéndose  de  esa manera un total de pena a imponer de DIECISIETE  (17)  AÑOS  Y  SEIS  MESES  (6) DE PRISIÓN, monto que  tampoco desborda la sanción fijada para el delito más grave.   

Ahora  bien,  teniendo presente que todos los  procesados  se  acogieron a los beneficios de la sentencia anticipada y toda vez  que,  como  se  precisó en el acápite anterior, se impone aplicar el contenido  del  artículo  351  de la Ley 906 de 2004, la rebaja de pena que la Corte hará  no  será  del cincuenta por ciento sino un poco menos, esto es, el cuarenta por  ciento  (40%),  pues,  tratándose  de  un  fenómeno  post  delictual, no puede  olvidarse  que  los  sindicados  sólo  aceptaron los cargos casi ocho (8) meses  después  de  haber  rendido indagatoria y luego de poco más de siete (7) meses  de  habérseles  definido la situación jurídica con medida de aseguramiento de  detención  preventiva,  aspecto  que,  sin  lugar  a  dudas,  implicó un mayor  desgaste  de  la  administración  de  justicia,  en  la  medida  en  que en ese  interregno  el  ente  instructor  dedicó  sus  esfuerzos a la búsqueda de más  elementos  de  pruebas  que fortalecieran el juicio de reproche en contra de los  procesados.   

Por  consiguiente, con base en dicho criterio  ponderado,  a los procesados se les rebajará el cuarenta por ciento (40%) de la  pena.    

En  esas  condiciones, al rebajar el cuarenta  por  ciento  (40%)  a los veinte (20) años de prisión  fijados     a     los    procesados    Moreno  Díaz  e  Infante  Sánchez,  la  pena  definitiva  les queda en  DOCE    (12)    AÑOS    DE    PRISIÓN.   

Por  su  parte, a los procesados Reynel   Roa   Cuervo,   José  Santiago  Sánchez  y  Luis  Eduardo  Morales,  a  quienes  se  les  fijó  la  sanción  en  diecisiete   (17)   años   y   seis   meses  (6)  de  prisión,   aplicándoles  el mismo porcentaje de  rebaja,  la  pena definitiva a imponérseles es de DIEZ  (10) AÑOS Y SEIS (6) MESES DE PRISIÓN.   

De  otra parte, en lo que atañe a la pena de  multa   a   imponer   a   Moreno  Díaz  e     Infante     Sánchez  y  siguiendo  los  derroteros  que  se  tuvieron en cuenta para la  determinación  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  la  misma se fija en  10.000   salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, monto que al disminuírsele el cuarenta por ciento  (40%)   por   razón   de  la  sentencia  anticipada,  queda  en  definitiva  en  6.000   salarios  mínimos  legales mensuales vigentes.   

Bajo   los   mismos   lineamientos,  a  los  sentenciados   Reynel   Roa  Cuervo,  José  Santiago  Sánchez  y  Luis  Eduardo Morales se les fija la multa  en  8.000  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  la  cual,  una vez  aplicada   la  mencionada  rebaja,  les  queda  en  definitiva  en  4.800  salarios mínimos legales mensuales  vigentes.   

Por último, a los procesados se les impondrá  como  pena  accesoria  la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  término  igual  al  de  la  pena privativa de la  libertad.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por autoridad de la ley, estando de  acuerdo con la Procuradora Delegada,   

R E S U E L V E  

1.    CASAR  PARCIALMENTE  la sentencia impugnada por prosperar los  cargos   de   la   demanda   y  DE  OFICIO.   

2.    En consecuencia, condenar        a       GONZALO   ANTONIO   MORENO   DÍAZ   y  a  JAIRO  INFANTE SÁNCHEZ a las  penas    principales    de   doce   (12)   años   de  prisión   y   multa   equivalente   a   6.000  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes y a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  lapso  de la pena privativa de la libertad, como coautores de los delitos  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  lavado de activos y  concierto para delinquir.   

3.     Así    mismo,   condenar a REYNEL  ROA  CUERVO,  a JOSÉ SANTIAGO  SÁNCHEZ   y  a    LUIS   EDUARDO   MORALES  a  las  penas  principales  de  diez (10)  años  seis (6) meses de prisión y multa equivalente a  4.800     salarios    mínimos   legales   mensuales   vigentes   y  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad,  como   coautores   de   los   delitos  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes y concierto para delinquir.   

4.          MANTENER  incólume  las demás decisiones  adoptadas    en    el    fallo    objeto    del    recurso   extraordinario   de  casación.   

5.    Contra  esta  decisión  no  procede ningún recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Comisión de servicio  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

                                                  IMPEDIDA   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

       Salvamento  parcial    de    voto                                                            Salvamento   parcial   de  voto   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Ver  folios 39, 40 y 41 del cuaderno original N° 9.   

2  Páginas 14 a 25 de la sentencia del Tribunal.   

3  Páginas 14 a 25 de la sentencia de segunda instancia.   

4 Fallo  de casación 15868 del 15 de mayo de 2003.   

5 Ver  sentencia de casación 20849 del 11 de agosto de 2004.   

6  Casación 20354, sentencia del 29 de septiembre de 2005.   

7 Ver  casación  24375  del 8 de junio de 2006 y casación 25545 del 5 de diciembre de  2007.   

8  Páginas 14 a 25 de la sentencia del Tribunal.   

9  Página 25 de la sentencia del Tribunal.   

10 Ver  providencia del 25 de mayo de 2005, radicado 22855.   

11  Casación 25306 del 8 de abril de 2008.     

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