25297(29-07-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 25297  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 207.  

Bogotá,  D.C.,  veintinueve (29) de julio de  dos mil ocho (2008).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Procede  la  Sala  a resolver de fondo   el   recurso   de   casación,  interpuesto  contra  el  fallo  emitido  por  el Tribunal Superior de Distrito Judicial  de  Florencia,  (Caquetá),  el 27 de octubre de 2007,  que  confirmó  la    sentencia   anticipada   adoptada   por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma ciudad, el 31 de  mayo  de  2005;  en  el  proceso seguido contra GERARDO  URBINA     GUTIÉRREZ,     que    lo    condenó,   a  la  pena  de  (168)  meses  de  prisión,  multa de 1.750  smlm  y,  a  la  accesoria de inhabilitación de derechos y funciones públicas,  por  un  período  igual  al  de  la  sanción  principal,  en  calidad de autor  responsable  del  punible de  tráfico de estupefacientes agravado.   

H    E    C    H   O   S   

Fueron  resumidos  por  las  instancias de la  siguiente manera:   

“El  día  19  de enero de 2004, siendo las  9:10  p.  m.,  en  el  reten  (sic)  ordenado  por  el  T. C. Cdte. Batallón de  Infantería  No.  36  Cazadores,  fueron incautados aproximadamente 15 libras de  Base  de  coca,  los  cuales  eran  transportados  en  un  vehículo de servicio  público  urbano (Taxi) de San Vicente del Caguan, de placas VGX 101 Paujil, con  matrícula  interna  4008,  conducido  por  el  señor  ELIECER  GARCÍA  TOVAR,  acompañado     del     señor     GERARDO    URBINA  GUTIÉRREZ  (supuesto  pasajero), quienes argumentaban  no  saber  nada  de dicha sustancia. La prueba de campo realizada a la sustancia  incautada, arroja un total de 8020 gramos de base de coca”.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 12 de julio de  2004,  la  Fiscalía  4  Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  del  Circuito  Especializados  de  Florencia,  dictó    resolución    de   acusación  contra  JORGE ELIÉCER GARCÍA TOVAR  y   GERARDO   URBINA   GUTIÉRREZ,   como  coautores  del  delito    de    tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  agravado.   

2.  El 27 de mayo de  2005,  el  Juzgado Penal del Circuito Especializado de  Florencia,    previa   petición   de   sentencia    anticipada   realizada   por  GERARDO  URBINA  GUTIÉRREZ,  quien  aceptó los cargos formulados en la resolución de acusación,  así  mismo,  decretó  la ruptura de la unidad procesal y el 31 de mayo de 2005   lo  sentenció por el delito  imputado,  a  la  pena  de  (168)  meses  de prisión,  multa   de   1.750   smlm   y,   a  la  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos y funciones públicas, por un período igual al de  la sanción principal.   

3. El 27 de octubre  de  2005, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Florencia        (Caquetá),        confirmó   el  fallo  recurrido  por  la  defensa    técnica.                       

4.  El  apoderado  judicial  del  condenado,  impugnó la sentencia expedida por el Juez Colegiado,  la  cual  fue  sustentada el 17 de enero de 2006, siendo admitida el 19 de abril  del  mismo  año;  y,  hoy,  luego  de  recibirse  el  proceso proveniente de la  Procuraduría Primera Delegada para la Casación Penal  Delegada,   la  Sala  se  pronuncia  de  fondo  sobre las pretensiones expuestas en  el libelo.   

L    A       D  E  M  A  N  D  A    

Bajo  el  auspicio  de la Ley 600 de 2000, el  actor,  formuló  un  cargo, por vía directa, “al no  dar  las  rebajas  que  por  sentencia  anticipada  se  adquieren”,  establecidas  en el artículo 40 de Código instrumental citado y  en  los  preceptos  293  y  351  Ley  906 de 2004, por favorabilidad, los cuales  transcribió.    

Lo  sustentó,  afirmando  que  su  prohijado  “desde  el mismo momento de su detención aceptó el  cargo  que  le  hiciera la autoridad competente… más aun si se debió haberse  (sic)  dado  no  solo  una  reducción  de  una  tercera  parte  si  no  de  una  mitad”.   

Los      Tribunales      “estaban  concediendo esta reducción”,  pues  la  Corte  “ha determinado que la favorabilidad  también  se  debe dar en la aplicación de las normas procesales, entonces ello  es lo que clama esta defensa”.   

Por tanto, solicitó, casar el fallo impugnado  y  “en  su lugar reformar la duración de la pena en  cuanto  a  que  la  misma  ha  de ser menor de ciento sesenta y tres meses, como  quiera  que  mi  defendido  acepto (sic) desde un principio los cargos que se le  imputaron”.   

M I N I S T E R I O    P Ú B L  I C O   

El Procurador Primero  Delegado  para la Casación Penal, después de realizar  un  resumen  de  los  hechos,  de la actuación procesal y de la demanda, pidió  casar   parcialmente   la  sentencia  recurrida,  “y  dosificar  nuevamente  la  pena  correspondiente  a  los  delitos por los que se  acusó  al  procesado, aplicando la rebaja de una tercera parte consagrada en el  artículo 352, inciso 2°, de la Ley 906 de 2004”.   

Resumió  el Procurador, los artículos 29 de  la  Constitución  Política y 6° de las Leyes 599 y 600 de 2000, para indicar,  a  renglón  seguido,  que en el caso objeto de estudio, se aplicó el mecanismo  especial    de    sentencia   anticipada,   contenido  en  el  artículo  40  de  la  citada  ley  procesal.   

El   libelista   solicitó  la  aplicación  favorable  del  artículo  351  de la Ley 906 de 2004 frente al sistema procesal  penal  anterior,  cuando  se  aceptan  los  cargos  elevados  por  la Fiscalía;  controversia  que  viene  siendo  analizada  por  la  Corte, en lo atinente a la  gradual aplicación del nuevo sistema.   

Por  tanto,  según  la  jurisprudencia,  la  sentencia  anticipada  y el allanamiento o aceptación de cargos, entre diversas  leyes  procesales,  tienen un origen común en el derecho penal premial, pero se  distinguen   tales  sistemas  procesales,  porque  sus  institutos  “no  guardan  identidad  en sus supuestos de hecho”.    

Especificó  las  diferencias entre las Leyes  procesales  600  de  2000  y  906 de 2004, en punto a la aceptación de cargos y  transcribió              jurisprudencia1  sobre el particular, al decir  que  la  aplicación  gradual  del nuevo sistema procesal no impide acceder a su  favorabilidad,  “en  el  evento  que  esta regule de  forma  más  benigna  referentes  de  hecho  idénticos de carácter sustancial,  contemplados  en  una  y  otra  normatividad,  debido  a  que  el  principio  de  favorabilidad   de   la   ley  penal,  consagrado  en  el  artículo  29  de  la  constitución  Política,  no  solo  es  procedente  en casos de sucesión, sino  también   frente   a   la   coexistencia   de   las   mismas   ”.    

En  consecuencia,  la  sentencia  anticipada  prevista   en   la  Ley  600  de  2000,  guarda  evidentes  similitudes  con  el  allanamiento  a  los  cargos  de  la Ley 906 de 2004, entendiéndose tales actos  “como  un  acuerdo bilateral entre la fiscalía y el  procesado2”y, en criterio del Ministerio Público,  “la   aceptación   simple   de  cargos  (sentencia  anticipada)  corresponde  a  una  decisión  unilateral del imputado, en la cual  resulta  imperativo que participe el ente acusador, pues la opción de allanarse  a  los  cargos  es  de  origen  legal, y no constituye prebenda concedida por el  funcionario  judicial”; diferente a los preacuerdos y  negociaciones, que obligan al juez de conocimiento.   

Después  de  hablar  sobre  la  naturaleza  jurídica  de  los  dos  trámites  (Leyes  600  de  2000  y  906  de 2004), sus  características,  similitudes,  equivalencias,  dinámica  y de informar que la  única    identidad   entre   los   citados   institutos   procesales,   es   la  contraprestación   punitiva,   “justificándose  el  beneficio   de   rebaja   de   pena   en   ambas   modalidades”;  señaló  que, “ello no puede conducir al  sacrificio  de  garantías  fundamentales,  porque la “favorabilidad de la ley  penal,  que no puede desconocerse con el argumento de la implementación gradual  del modelo”.   

Adujó que la Corte se adhirió mediante fallo  de  tutela  a  la  viabilidad  de la aplicación por favorabilidad de las normas  sobre  rebajas  de penas previstas en la Ley 906 de 2004, en donde concluyó que  la  sentencia  anticipada  resulta igual al allanamiento de cargos e identificó  17  elementos  más  de los dos institutos, citando para tal efecto, el radicado  32.716    del    24    de    agosto    de    20073.   

Criterio   que   recogió  la  Corporación  “por  la  improcedencia  de  la  aplicación  de  la  disposiciones  de  la  Ley 906 de 2004 a procesos en los que se haya aplicado el  trámite       de      sentencia      anticipad4”.  En  consecuencia,  el  Ministerio  Público, piensa que las características que  hacen  afines  a los institutos en estudio, “permiten  válidamente  la aplicación del que resulta más beneficioso para los intereses  del    procesado,   vale   decir,   el   reglamentado   en   la   Ley   906   de  2004”.   

Y, como el imputado aceptó cargos después de  la  ejecutoria  de  la  resolución  de acusación “y  hasta  antes  de  que  quede  ejecutoriada la providencia que fija fecha para la  celebración  de  la  audiencia  pública”,  por tal  razón,  el  Juez  al dosificarle la pena le reconoció (1/8) parte como rebaja,  teniendo   en  cuenta el contendido del artículo 40, inciso 5° de la  Ley 600 de 2000.   

Tal  circunstancia  equivale en el nuevo  sistema  acusatorio a lo consignado en el artículo 352 de la Ley 906 de 2004 y,  en   esas  condiciones,  se  le  deberá  reducir  al  penado  (1/3)  parte  por  favorabilidad,  para  ello,  deberá  casarse  parcialmente  el fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   SALA   

1. Problema jurídico planteado:  

Se  verificará,  en  consecuencia,  si en el  proceso  objeto  de  estudio,   debió  aplicarse  o  no,  la  favorabilidad  por retroactividad al penado  GERARDO     URBINA     GUTIÉRREZ,     quien  fue  condenado  anticipadamente bajo el imperio de la Ley 600  de  2000,  habiéndole  reconocido las instancias una (1/8) parte (artículo 40,  inciso  5)  como  rebaja  punitiva  por  la  aceptación  de cargos. Su defensor  demandó  en  casación,  la exclusión evidente del artículo 351 de la Ley 906  de  2004,  porque  la pena, en esas condiciones, se le reduciría en un guarismo  inferior  a “ciento sesenta y tres meses, como quiera  que  mi  defendido  aceptó  desde  un  principio  los  cargos”,  al     concederle     una     reducción    punitiva    “hasta    la    mitad   de   la   pena   imponible”.    

2. Presupuestos del Juez Colegiado para negar  la aplicación del principio de favorabilidad:   

En el fallo expedido por el Tribunal el 27 de  octubre  de  2005,  se dijo que, tanto la responsabilidad a título de dolo como  la  materialidad  del  injusto se encontraban demostradas, al haberle hallado al  procesado  “el volumen de cocaína, mencionado en el  proceso”.   

Después de hacer algunas disquisiciones sobre  el   instituto   de  terminación  anticipada  del  proceso  versus  acuerdos  y  negociaciones  previstos  en el sistema acusatorio, el Juez Plural concluyó que  entre  uno  y  otro existen diferencias abismales, porque en la Ley 906 de 2004,  se      constituye     “un     acto     jurídico  bilateral”  y  de igual modo se presenta un grado de  movilidad  punitivo  que  es  fijado  en  cada caso según el convenio celebrado  entre  la  Fiscalía  y el imputado; siendo ello así, en la Ley 600 de 2000, en  punto  a  la  dosimetría  penal,  la disminución es concreta y unilateral. Por  tanto,  es  imposible  concebirse alguna identidad entre la sentencia anticipada  con  el allanamiento a la acusación, “no solo por su  denominación,  sino  por  la  forma  y  consecuencias jurídicas”  de  ambas  figuras e inclusive “impiden  también  la  aplicación de la nueva normatividad para proteger el derecho a la  igualdad,  que solo tiene operancia cuando exista idéntica situación fáctica,  lo  que  no  se  da  en los eventos regulados en las dos legislaciones objeto de  confrontación”.   

En  consecuencia, manifestó el Tribunal, que  obró  en  forma  correcta  el  Juez  de  conocimiento,  al  tener  presente  la  normatividad   legal   propia   al   caso   y   por   tal  razón,  “no    resulta    viable   la   aplicación   del   principio   de  favorabilidad”.   

3. Favorabilidad.  

En  todos  aquellos  eventos  relativos  a la  posibilidad  de  conceder  la  rebaja de pena de hasta la mitad por allanamiento  a  cargos,  que  postula  el  artículo    351    de    la    Ley    906    de    2004,    por    favorabilidad,  respecto de los procesados  que  se  sometieren a sentencia anticipada (artículo 40 de la Ley 600 de 2000),  era excluida por la Sala de Casación Penal.   

En la actualidad, tal asunto se percibe desde  una  óptica diversa, después de analizar las disímiles opciones, operó en la  Sala  un  cambio jurisprudencial, en el sentido de reconocer por decisión   mayoritaria5,   una  nueva  postura  jurídica,  expuesta  en  la  Sentencia  de  Casación    del    8    de    abril    de    20086,  en  donde  se  inclinó  por  acceder   a   la  favorabilidad,  con  base,  entre  otros,  en  los  siguientes  razonamientos:   

“El punto de desencuentro se centra en que  para  la  Sala la filosofía de los preacuerdos y negociaciones que subyace a la  terminación  anticipada  del  proceso  en  la  ley  906  de  2004  es  la  nota  diferenciadora  que  impide  la  equivalencia  de  la  institución con la de la  sentencia anticipada.   

“Sin  embargo, el presupuesto de la tesis  tiene  un  esguince  toda vez que en el mismo estatuto procesal, las figuras del  allanamiento  a  cargos  y  de  los preacuerdos  se encuentran previstas en  capítulos  independientes,  la primera en el capítulo de la formulación de la  imputación,   específicamente   en   el  artículo  288.3;  ahora,  cuando  la  institución  es  nuevamente  mencionada  en  el  capítulo de los preacuerdos y  negociaciones,  se  hace  para trazar sus efectos, es decir, que el imputado que  se   allana   a  los  cargos  accede  a  una  rebaja  de  pena  de  hasta  la  mitad   y  este marco de  movilidad  le corresponde al juez autónomamente más allá de los criterios que  aporten  las  partes  e  intervinientes en la audiencia de individualización de  pena  y sentencia  -artículo 447 de la ley 906 de 2004-  .   

“Lo  anterior  para indicar que es con la  figura  del  allanamiento a cargos que la sentencia anticipada guarda similitud,  en  donde  entre  el  imputado  y  la  fiscalía  no  ha  mediado consenso y las  consecuencias  de  ese  acto  unilateral libre y voluntario no dependen sino del  juez   dentro   del  marco  de  movilidad  que  la  ley  confiere  -hasta la mitad-.   

“Desde esta observación sí parece que la  invocación  al  principio  de  favorabilidad es correcta, porque el supuesto de  hecho  es idéntico: se trata de un ciudadano que admite su culpabilidad en unos  hechos  y  releva  al  Estado  del  esfuerzo  de  la demostración probatoria en  juicio;  en  las  dos  situaciones la pena no se acuerda, literalmente hablando,  porque  aquella  se  dosifica  por  el  juez,  conforme  a los criterios para su  fijación  y  dentro  del  marco  de  movilidad que le confiere el artículo 351  ejusdem,  en  ninguno  de los dos eventos se pactan situaciones procesales sobre  la  libertad,  como  subrogados  penales;  es decir, el fiscal no acuerda con el  imputado,  la  alegación  de culpabilidad de aquél, previo conocimiento de los  cargos  formulados  por  la fiscalía,  lo pone en directa relación con el  juez,  no  con el fiscal, con quien no se estima ni pena, ni subrogados, esto es  lo que ocurre también con la sentencia anticipada”.   

“Tampoco  es  correcto  afirmar  que  el  allanamiento  a  cargos  esté  condicionado  a  la  reparación integral de los  perjuicios  ocasionados,  lo  que  se ha destacado como nota diferenciadora para  imposibilidad  la  aplicación  del principio de favorabilidad. Lo que ocurre es  que  esta  situación  condiciona la relación jurídica entre fiscal e imputado  para  acordar,  pero  cuando  el  ciudadano  se  allana  a los cargos sin mediar  acuerdos  ni  pactos  con su acusador, es el juez el que decide, por ejemplo que  no   es   acreedor   a  una  rebaja  de  la  mitad  de  la  pena,  sino  de  una  significativamente  menor,  según  se  satisfagan los presupuestos axiológicos  que se persiguen con la terminación anticipada del proceso”.   

En  conclusión,  esta  Sala  de  Casación,  reconoció  en  forma mayoritaria, que en lo atinente a la aplicación favorable  de  normas procesales de efectos sustanciales, contenidas en la Ley instrumental  906  de 2004, es viable su concesión por coexistir una sucesión de leyes en el  tiempo,  mismas  que  regulan  supuestos  de hecho similares pero con diferentes  consecuencias  jurídicas,  por  cuanto  la  normatividad acusatoria (Ley 906 de  2004)  en  lo  referente  a  los  allanamiento  a cargos, es más benigna que la  consagrada    en   la   Ley   600   de   2000,   en   el   tema   de   sentencia  anticipada.   

Por  tanto,  la  Sala admitió la aplicación  favorable  de  la rebaja de hasta la mitad de la pena, prevista en el inciso 1°  del  artículo  351  de  la  Ley  906  de 2004, a todas aquellas personas que se  sometan  a  sentencia  anticipada, según las prescripciones del artículo 40 de  la Ley 600 de 2000.   

Es  claro,  entones,  que     la     rebaja    de    pena    –de  hasta  la mitad del artículo 351-  se  comprende  cuando  el  inculpado  acepta  los  cargos  puntualizados  en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación  y previo al escrito de acusación.   

Ahora  bien:  si  la  admisión  de cargos se  concreta  después  de  presentarse  el escrito de acusación y hasta el preciso  momento     en     que     es     interrogado     el    imputado    –inicio  del  juicio  oral-  sobre  la  aceptación  de  responsabilidad; de existir preacuerdo, la rebaja de pena será  en  la  equivalencia fijada de (1/3) parte, como lo consagra el artículo 352 de  la  Ley  906  de  2004. Así mismo, si se trata de aceptación o allanamiento la  sanción  puede  disminuirse  hasta en (1/3) parte, atendiendo el contendido del  artículo 356, 5, del Código adjetivo citado.   

4. Sobre la sentencia anticipada:  

(a) Aspectos generales:  

El artículo 40, inciso 10° de la Ley 600 de  2000,  consagra  los  presupuestos  básicos  para la acreditación del interés  jurídico    al    impugnarse    las    decisiones    judiciales:   (i)  en  lo  atinente  a  la dosificación  punitiva,  (ii)  referente a  los  mecanismos  sustitutivos  de la pena privativa de la libertad, (iii) la extinción de dominio de bienes y  cuando  en  el  trayecto  procesal se le violentan garantías fundamentales a la  defensa.   

En este orden de ideas, el mismo artículo 40  estableció  la rebaja de pena dependiendo de los momentos procesales en los que  se  hubiere solicitado la sentencia anticipada: (i) a partir de la diligencia de  indagatoria  y  hasta  antes  de  que  quede  ejecutoriada  el  cierre del ciclo  instructivo,  cuando  el  procesado  hubiere  aceptado  su  responsabilidad,  la  disminución  será  de  (1/3)  parte  de  la  pena  y en el juicio (1/8), entre  otras.   

Como lo tiene señalado la Corte, el instituto  de  sentencia  anticipada  es de naturaleza mixta, por un lado, hace parte de la  justicia  consensuada  y,  por  el  otro,  en  forma  coetánea,  participa  del  denominado  derecho  penal  premial,  toda  vez  que,  el  inculpado  manifiesta  consciente,   espontánea  y  libremente  su  voluntad  de  aceptar  los  cargos  –con   el  aval  de  su  defensor-   que  la  Fiscalía  le  hubiere  imputado;  a  cambio  de  ello,  en  contraprestación  legal  por  el  sometimiento  a  la justicia y la correlativa  economía  judicial  que  se  advierte,  recibe  una  sustancial rebaja de pena,  dependiendo  del  momento procesal en el que se realice tal admisión de cargos.   

También viene afirmando la jurisprudencia de  esta  Sala,  que  uno  de  los  efectos  del  sometimiento  a la justicia, es su  irretractabilidad7.  Principio,  en  virtud  del  cual,   una   vez   expedida  la  sentencia  anticipada,  las  partes  renuncian  implícitamente  a  controvertir  tanto los medios de prueba incriminatorios que  hubieren  acreditado la aceptación de cargos como el contenido sustancial de la  acusación;  por  ende,  cuando los motivos de ataque, repuntan a cuestionar los  citados  aspectos  penales,  los  actores  carecen  de  interés  jurídico para  interponer  los  recursos  ordinarios  o  extraordinarios  contra  los fallos de  instancia.     

La  única excepción al postulado citado, es  el   quebranto  de  alguna  garantía  fundamental  en  cabeza  de  los  sujetos  procesales.  Siendo  ello  así,  es procedente recurrir la sentencia anticipada  para  reestablecer  los derechos conculcados, atendiendo el cometido cardinal de  los fines de la casación. (Ley 600 de 2000, artículo 207).   

(b) Aspectos específicos:  

El   21  de  enero  de  2004,  URBINA      GUTIÉRREZ,      en     la  indagatoria8  practicada  por  la Fiscalía 16 Delegada  ante   los   Jueces   Penales   Municipales   de   San   Vicente   del   Caguán  (Caquetá),  afirmó:  “yo  soy   responsable   de   ese  delito,  junto  con  el  taxista”,  refiriéndose   al  punible  de  tráfico,  fabricación  o porte de estupefacientes, consagrado en  el   artículo   376  del  Código  Penal.   

El  27 de abril de 2004, ante la Fiscalía   4   Delegada   ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  Especializado  de  Florencia,  se  llevó  a cabo  diligencia  de  terminación  anticipada  de  proceso, en donde el hoy condenado  indicó:  “no  es  mi  deseo acogerme a la sentencia  anticipada”,  su defensor dijo no tener “nada   que  decir”  y  el  Procurador  Judicial   97,   dejo  expresa  constancia  “que  la  Fiscalía  le  hizo  saber  al  sindicado  todos los alcances de esta diligencia  conforme         a         la         ley”9.   

El  23  de  julio de 2004, quedó debidamente  ejecutoriada  la  resolución  de  acusación,  proferida  por  la  Fiscalía    4,    contra   URBINA    GUTIÉRREZ,   por   tanto,   le  correspondió  el  caso  al  Juzgado  Penal del Circuito Especializado de Florencia  Caquetá.  En  este  orden  y  cuando  se  hallaba  el  expediente   en  turno  para  realizar  audiencia  preparatoria  -habiendo  sido  sustituido  el  abogado  de  confianza  por  otro  profesional  del derecho – el  imputado  con  el  aval  de su nuevo procurador judicial, le manifestó al Juez:  “me  acojo al trámite de sentencia anticipada, como  quiera  que  deseo  obtener  la rebaja de pena establecidas en la ley, Art. 40 y  s.s.  del  C. Penal… con el debido respeto considero que mi anterior apoderado  no  me oriento (sic) debidamente y por tanto no se hizo esta sentencia anticipad  anteriormente”.   

Entones,    el   procesado   GERARDO  URBINA  GUTIÉRREZ,  fue condenado  anticipadamente  por  el  Juez  de  conocimiento,  con  base en el procedimiento  previsto  en  la  Ley 600 de 2000, al haber aceptado10  cargos (artículo 40) por el  delito     de     tráfico    de    estupefacientes  agravado,  después  de ejecutoriada la resolución de  acusación y antes de la audiencia preparatoria.   

Siendo  ello así, en este particular evento,  la  equivalencia  entre  la sentencia anticipada prevista en la Ley 600 de 2000,  se  presenta  con  relación al artículo 365, numeral 5, de la Ley 906 de 2004;  por     cuanto     tal     precepto     emplea     el    vocablo    “preacuerdos”  y  remite para su cabal  entendimiento  a  “los  términos  previstos  en  el  artículo”  351.  Además,  en  el presente caso, no  hubo  un  preacuerdo  sino  allanamiento  o  aceptación  de  cargos  imputados.   

6. Redosificación punitiva:  

En     punto    a    la    dosimetría    penal,   las   instancias  siguieron  los criterios expuestos en los artículos 59 y 61 del Código Penal y  al  no  haberse  acreditado ningún antecedente contra el procesado, operó a su  favor   tal  circunstancia  de  menor  punibilidad.  Así  mismo  indicaron  los  falladores que:   

“(…)  la  pena  para  este delito está  fijada  así:  prisión de DIECISEIS (16) a VEINTE (20) AÑOS, en razón a la…  agravación  específica  establecida  en  el  art.  384.3  del  C.P… luego el  ámbito  de  movilidad  fluctuaría  entre 192 y 240 meses… para efecto de los  cuales  se  establece  cada uno en 12 meses… el primer cuarto o mínimo oscila  entre  192  y  204  meses de prisión, el segundo de 204 a 216, el tercero 216 a  228  y el cuarto máximo entre 228 y 240 meses de prisión”.      

“En  el  caso  de  autos  no se dedujeron  circunstancias  de  mayor  punibilidad,  se  presenta  Ausencia  de antecedentes  penales  (Art.  55.1  C.P.)  al  mismo  tiempo  hay  que  tener  en  cuenta  que  transportaba  más  de  5  kilos  de  base  de  coca, sin duda ésta cantidad de  alcaloides  representa un peligro de daño potencial para la sociedad, debido al  detrimento   de  la  salud  de  las  personas  que  llegaren  a  consumir  tales  estupefacientes,  en  éste  orden de ideas la pena a imponer puede corresponder  al  mínimo  o  sea,  192  meses,  quedando  en  el  rango  mínimo  del  primer  cuarto.   

“En cuanto a la multa, el mínimo de 1.000  salarios  mínimos  se  duplicará  también  de acuerdo con lo dispuesto por el  art.  384.3  del  C.P.,  pero  siguiendo  la  misma filosofía no recibirá más  incremento, para un total de 2.000 salarios mínimos”.   

“Teniendo  en  cuenta  que  el  procesado  GERARDO  URBINA  GUTIÉRREZ  se  sometió a la figura de la Sentencia anticipada  cuando  ya se había proferido la resolución de acusación, pero todavía no se  ha  programado  la  diligencia  de  audiencia pública, se rebaja la pena en una  octava  Parte  (sic)  que  corresponden  a  24  meses,  luego entonces la pena a  imponerle  se  determina en 168 meses de prisión, mientras que para la multa la  reducción  totaliza  250 salarios mínimos, correspondiendo entonces la multa a  1.750   salarios   mínimos.   Como   pena  accesoria  se  le  impondrá  la  de  interdicción  de Derechos y Funciones Públicas, por un período igual al de la  pena principal”.   

“Tampoco  es  correcto  afirmar  que  el  allanamiento  a  cargos  esté  condicionado  a  la  reparación integral de los  perjuicios  ocasionados,  lo  que  se ha destacado como nota diferenciadora para  imposibilidad  la  aplicación  del principio de favorabilidad. Lo que ocurre es  que  esta  situación  condiciona la relación jurídica entre fiscal e imputado  para  acordar,  pero  cuando  el  ciudadano  se  allana  a los cargos sin mediar  acuerdos  ni  pactos  con su acusador, es el juez el que decide, por ejemplo que  no   es   acreedor   a  una  rebaja  de  la  mitad  de  la  pena,  sino  de  una  significativamente  menor,  según  se  satisfagan los presupuestos axiológicos  que se persiguen con la terminación anticipada del proceso”.   

Teniendo  en  cuenta que la aplicación de la  favorabilidad   pretendida   por   el   demandante,   cobija   en  su  criterio,  “no  solo  una reducción de una tercera parte si no  de  una  mitad”,  al  interpretar  que  su prohijado  aceptó   cargos  desde  la  etapa  de  la  instrucción;  tal  afirmación,  es  equivocada,  toda  vez  que  el  procesado,  al  momento  de  la  diligencia  de  terminación  anticipada  de  proceso, manifestó en forma tajante que no era su  deseo   acogerse   “a  la  sentencia  anticipada”,  por  tanto,  no  es  lógico,  acertado  ni  objetivo  disminuirle  hasta  la  mitad  de  la  pena  imponible,  como  lo peticionó, al  incumplir  el  requisito  aludido,  por  cuanto no admitió la imputación en la  etapa investigativa.   

Desde  luego,  no  es obligatorio realizar la  rebaja  de  pena como lo sostiene el actor, en forma total, porque ella, como se  viene  explicando,  de  cara  a la aceptación de cargos, en los dos sistemas de  derecho  adjetivo tratados, tiene que ajustarse al momento procesal en el que se  admita  responsabilidad,  con  el  fin  de  ahorrarle  a la justicia todo lo que  constituye su administración.   

Por  tanto,  en  ese punto, la pretensión se  desestimará,  por cuanto si se le rebaja la mitad de la pena impuesta por haber  aceptado  cargos en la etapa instructiva, tal circunstancia, no se compadece con  la realidad procesal.   

En  este  orden  de  ideas,  se  casará  parcialmente  el fallo recurrido,  disponiendo  la favorabilidad de una tercera parte (artículo 352, inciso 2° de  la  Ley  906  de  2004, como lo solicitó la Procuraduría y lo vienen razonando  esta  Sala,  dependiendo  de  la  oportunidad  procesal  en  la que se ubique la  aceptación  de  cargos para terminación anticipada, así se graduará la pena.   

Como  en  el caso en estudio, se realizó tal  acto,  en la etapa del juicio, antes de celebrarse la audiencia preparatoria, se  le  deberá  reducir  (1/3)  parte de pena que es mayor a (1/8) aplicada por las  instancias, con relación al mentado postulado.     

Siendo  ello  así,  los  límites  punitivos  determinados   en   el   tipo  penal  de  tráfico  de  estupefacientes  agravado,  oscilan  entre  192  a  240 meses de prisión y multa de  1.000  a  50.000  smlmv,  tal  y  como  los graduó la instancia. Como no tenía  antecedentes  penales y la cantidad de alcaloide que transportaba era superior a  5  kilos de cocaína, se ubicó en el rango mínimo del primer cuarto, por estar  agravada  la  conducta  (384.3  del  Código  Penal),  es decir, en 192 meses de  prisión   y   2.000   smlmv,  como  penas  principales  a  imponer.     

Por  sentencia  anticipada  en  la etapa del  juicio  le  dedujo (1/8) parte de las penas de prisión y multa, que corresponde  a  24  meses y 250 smlmv, luego, la pena que le impuso fue 168 meses de prisión  y  1.750  smlmv. Pero por aplicación del postulado de favorabilidad retroactiva  entre  las  Leyes  906  de 2004 a 600 de 2000, la más benigna es la primera, la  que  se asignará de manera gradual en (1/3) parte, justamente por haber sido en  la causa su aceptación de cargos para sentencia anticipada.    

Por  tanto,  los  guarismos  de 192 meses de  prisión  y  2.000  smlmv, se les disminuirá (1/3) parte, la cual corresponde a  64 meses y 666.66 smlmv.   

Por tal razón, la pena que se le impondrá a  GERARDO     URBINA     GUTIÉRREZ,     será   de   128   meses   de   prisión   y   multa   de   1.333.33  smlmv.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:   Casar   parcialmente  el  fallo  de  segundo  grado  de  fecha 27 de octubre de 2005; en  consecuencia,   se   le   impone   a   GERARDO  URBINA  GUTIÉRREZ,    la    pena  principal de ciento veintiocho (128) meses de prisión  e  inhabilitación de derechos y funciones públicas por el mismo lapso y, multa  de  1.333.33 salarios mínimos legales mensuales vigentes, tal y como se indicó  en la parte motiva.   

Segundo:  En todo lo  demás la sentencia impugnada permanece incólume.   

Tercero: Contra la presente decisión no procede recurso alguno.   

Cuarto:  Cópiese,  notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Salvamento parcial de voto  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

Salvamento  parcial  de  voto                                          Salvamento parcial de voto   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

SALVAMENTO  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre he profesado por  las  decisiones  de  la  Sala,  estimo  necesario  salvar mi voto respecto de lo  decidido  en  el  presente  asunto,  como  quiera  que  sigo convencido, como se  analizó  en  muchas decisiones anteriores en las cuales la tesis primó, que no  es  posible  aplicar  por  favorabilidad el porcentaje de atemperación punitiva  que  para  el  allanamiento  a cargos consagra el artículo 351 de la Ley 906 de  2004,  a  hechos  tramitados dentro de los presupuestos procesales de la Ley 600  de 2000.   

Para  mejor comprensión de las razones que  facultan  persistir en los motivos que de antaño justificaron decidir de manera  contraria  a como se hace hoy, estimo necesario abordar en esta aclaración tres  puntos concretos:   

    

1. Naturaleza   y   efectos  de  los  principios  de  favorabilidad  e  igualdad.   

2. Disimilitud   entre  los  institutos  de  la  sentencia  anticipada  (artículo  40 de la Ley 600 de 2000) y los acuerdos y preacuerdos que contempla  el Capítulo único del Título ll de la Ley 906 de 2004.   

3. Vulneración   del   principio   de   igualdad   a  través  de  la  aplicación,   por   favorabilidad,   del   artículo  351  de  la  Ley  906  de  2004.     

1.  Ya  en  aclaración  de  voto anterior,  cuando  apenas  se  comenzaba  a  discernir  sobre  la  aplicación  de la nueva  sistemática  acusatoria,  estimé  pertinente  glosar la afirmación de la Sala  mayoritaria  referida  a  la posibilidad de aplicar algunas normas de la Ley 906  de  2004  a  asuntos tramitados en seguimiento de lo dispuesto por la Ley 600 de  2000,   en   aplicación   del  principio  de  favorabilidad,  de  la  siguiente  manera11:   

“1.2. El principio de favorabilidad y sus  alcances constitucionales.   

La favorabilidad es un principio rector del  derecho  punitivo  que aparece consagrado en  el  artículo  29  de  la  Constitución  Nacional  como  parte  esencial del debido proceso, en los siguientes términos:   

“Nadie podrá ser juzgado sino conforme a  leyes  preexistentes al acto que se le imputa, ante juez o tribunal competente y  con   observancia   de   la   plenitud   de   las   formas   propias   de   cada  juicio.   

“En  materia  penal,  la ley permisiva o favorable, aún cuando sea posterior, se aplicará de  preferencia   a  la  restrictiva  o  desfavorable”.   

Corresponde  por tanto, por su pertinencia,  establecer   cuáles  son  los  alcances  que  la  Constitución  le  asigna  al  mismo.   

Pero antes, es necesario aclarar que aunque  el  concepto  “derecho penal”, en sentido amplio, es comprensivo del sistema  penal  y,  por  tanto, abarca al derecho penal sustantivo o material, al derecho  penal  procesal  y al derecho penal de ejecución, sin embargo, de ello no puede  seguirse  que  el  legislador  constituyente  hubiera  querido  cobijar  bajo el  alcance  del  principio  de  favorabilidad a todas las normas del sistema penal;  empero,  tampoco  de  ello  puede  concluirse  en el sentido de que el principio  sólo  alcanzaría  a  los  preceptos  contenidos  en  el derecho penal material  (Código  Penal  y  leyes  penales  especiales), por lo que conviene precisar lo  siguiente:     

* El principio nace de  la  idea  de  que ley penal expresa la política de defensa social que adopta el  Estado   en   un   determinado   momento  histórico,  en  su  lucha  contra  la  delincuencia.   

* Que   toda  modificación  de  las  normas  penales  expresa  un  cambio  en  la valoración  ético-social  de  la conducta delictiva, en el cómo y en la forma en que ha de  ejecutarse  la  acción  represora del Estado frente a la realización del hecho  delictivo  y  en  las  reglas  de  ejecución  de  la consecuencia jurídica del  delito, esto es, la sanción penal.   

* Consiguientemente,  como  lo  ha  admitido  pacíficamente  doctrina  y  jurisprudencia nacional, la  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  no  puede estar limitado sólo a  supuestos  en  los que la nueva norma penal descriminaliza la conducta típica o  disminuye  el  quantum de su pena, sino también, cuando la nueva ley (ley penal  material,  procesal o de ejecución) beneficie al procesado, en el ámbito de su  esfera  de libertad; siendo comprensiva de tal ámbito, entre otras, las medidas  cautelares   personales  y  los  parámetros  de  prescripción  de  la  acción  penal.     

         Por   lo   tanto,  el  baremo  o  medida  de  valoración  para  la  determinación  de la aplicación retroactiva de la ley penal favorable no está  en  que el precepto invocado forme parte del derecho penal material, sino en que  el  mismo  afecte  esferas  de  libertad  del individuo, por lo que es frecuente  encontrar  en  los  códigos  de  procedimiento  penal  normas  de  indiscutible  naturaleza sustantiva.   

Del  análisis  que  precede se extraen las  siguientes conclusiones:     

* La prohibición de  aplicación  retroactiva  de  la ley penal se extiende a las normas de contenido  sustantivo  que  se  encuentren  en  leyes tanto materiales como procesales y de  ejecución.   

* Una norma tendrá  carácter  sustantivo,  cuando  afecte  las  esferas  de libertad del imputado o  condenado,  entendiéndose  a  la  libertad  aquí  aludida, como la facultad de  autodeterminarse  que tienen los hombres, sin sujeción a una fuerza o coacción  proveniente  del  exterior,  en  este  caso, del sistema penal. Conforme a ello,  aquellas  normas  contenidas  en leyes penales que afecten, restrinjan o limiten  los    derechos    fundamentales    de    las   personas,   tendrán   carácter  sustantivo.     

Ahora bien, los principios de favorabilidad  y  retroactividad  benigna  de  las normas penales y en particular de las penas,  han  sido  positivizados como expresión de la tutela de los derechos básicos y  fundamentales  de  las  personas en los Estados que se reclaman democráticos de  derecho,   por   lo  que  además   hallan  sustento  en  algunos  tratados  internacionales de protección a los derechos humanos, así:   

     

A. El Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos, cuyo artículo 15.1 en su parte  final  indica que si la ley posterior dispone una pena mas leve, el penado será  beneficiado con los alcances de  dicha norma.   

B. El Pacto de  San  José  de  Costa  Rica, cuyo artículo 9º en su última parte expresamente  declara  que  debe  aplicarse la pena más leve si la nueva ley así lo dispone.     

Y siendo que de acuerdo con el artículo 93  de  la  Carta Política, los tratados y convenios internacionales sobre derechos  humanos,   prevalecen   en  el  orden  interno,  es  decir,  que  se  encuentran  incorporados  a  nuestra  legislación  a  través  de  la  teoría francesa del  “bloque  de constitucionalidad”, es claro que tanto la Convención Americana  sobre  Derechos  Humanos  o  Pacto  de  San  José  de  Costa Rica como el Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos12,  imponen  como obligación  el  respeto  del  principio  de favorabilidad en la aplicación de la ley penal.   

(….)  

1.3.  Materialización  del  principio  de  igualdad en la aplicación de la ley penal favorable.   

La  igualdad  se  halla  instalada  en  el  ordenamiento  jurídico  supremo  como  principio  y  regla  y  a  partir de tal  recepción configura un derecho y una garantía.   

En  su  condición  de principio irradia al  resto  del  ordenamiento,  constituye  una  guía  de  apreciación  y, al mismo  tiempo,  se  define  como  un  mandato  de  optimización.  Mandato  que  no  es  disponible  para  los  poderes  constituidos,  y  que  por  tanto  conforma  una  directriz fuerte en la aplicación de la Ley a un caso concreto.   

El  principio de igualdad constitucional se  integra  con el concepto de ser mirado como igual y con el de igual tratamiento.  En  su  condición  de  derecho  habilita a los individuos dentro del sistema la  facultad  de  formular  oposición  frente a normas o actos violatorios de aquel  principio  en  términos  generales  o  francamente  discriminatorios  desde  lo  específico,  estatus negativo, o de exigir algún comportamiento determinado de  los poderes públicos, estatus positivo.   

Y,   finalmente,   en  su  condición  de  garantía,  aunque  sustantiva  y  no meramente procesal, en tanto constituye un  presupuesto   para  la  efectividad  de  las  diversas  libertades  o  derechos.   

Por  lo tanto, la igualdad como principio y  garantía  tiende a condicionar a los poderes públicos en cuanto al grado de su  consideración  a  la  hora de reglar, omitir o actuar. La igualdad como derecho  interrelaciona  con el resto de los derechos fundamentales, es presupuesto de su  ejercicio  y  está  alcanzado por el principio constitucional que establece que  no hay derechos en su ejercicio absoluto.   

En   el  campo  específico  del  derecho  procesal,  la  jurisprudencia constitucional tiene establecido que “El someter  las  controversias a procedimientos preestablecidos e iguales no sólo garantiza  el  derecho  de defensa: realiza, en primer lugar y principalmente, el principio  de  igualdad  ante  la  ley,  en  el  campo de la administración de justicia. Y  asegura  eficazmente la imparcialidad de los encargados de administrar justicia,  mediante   la   neutralidad  del  procedimiento”.13   

Pero  el  texto  de  la  ley no es, por sí  mismo,  susceptible  de  aplicarse  mecánicamente  a  todos  los  casos, y ello  justifica  la  necesidad de que el juez lo interprete y aplique, integrándolo y  dándole  coherencia,  de  tal  forma  que  se  pueda realizar la igualdad en su  sentido constitucional más completo.    

A este respecto, la Corte Constitucional ha  resaltado,  que  el  contenido  del  derecho  de  acceso a la administración de  justicia  implica  también  el  derecho  a  recibir un tratamiento igualitario.  Dijo:   

“El  artículo  229  de la Carta debe ser  concordado  con  el  artículo 13 idem, de tal manera que el derecho a “acceder”  igualitariamente  ante  los  jueces implica no sólo la idéntica oportunidad de  ingresar  a  los  estrados judiciales sino también el idéntico tratamiento que  tiene  derecho  a  recibirse  por  parte de jueces y tribunales ante situaciones  similares.  Ya no basta que las personas gocen de iguales derechos en las normas  positivas  ni  que sean juzgadas por los mismos órganos. Ahora se exige además  que   en   la  aplicación  de  la  ley  las  personas  reciban  un  tratamiento  igualitario.  La  igualdad  en la aplicación de la ley impone pues que un mismo  órgano  no  pueda  modificar  arbitrariamente  el  sentido de sus decisiones en  casos        sustancialmente        iguales”14.   

         Finalmente,  no  puede  desconocerse  que  la aplicación de la ley  penal  favorable  materializa  el  principio de igualdad en la aplicación de la  ley,  en  la  medida  en que es posible que a situaciones fácticas similares se  les  de  tratamientos  normativos  diferentes  en  el  transcurso del tiempo por  fuerza  de  la  cambiante  política  criminal  del  Estado,  los  cuales pueden  resultar  más  o  menos  gravosos  para sus destinatarios, quienes estarían en  ciernes  de  invocar  a  su  favor aquellos preceptos creados en otros contextos  para   regular  de  manera  benévola  situaciones  semejantes,  a  fin  de  ser  receptores  de  igual  merced.  Véase cómo en tales eventos el trato favorable  realiza     el     concepto    de    igualdad    en    los    términos    aquí  analizados.”   

    

1. No se discute ya, y en el proyecto  aprobado   por   la   mayoría   se  detalla  suficientemente  el  tópico,  que  precisamente  en  seguimiento  de las pautas atrás trazadas, es posible aplicar  por  favorabilidad  algunas normas de la Ley 906 de 2004, a procesos adelantados  en seguimiento de lo dispuesto por la Ley 600 de 2000.     

No es ello algo que hoy pueda ser objeto de  discusión.  Sin  embargo, así lo acepta también la decisión de la cual ahora  discrepo,  en  tratándose  de  dos sistemáticas completamente diferentes, como  quiera  que  la  Ley  906  de  2004  busca  implementar  en  el  país el modelo  acusatorio,   en   contraposición  a  los  dispositivos  anteriores,  de  corte  inquisitivo   o  mixto,  esa  aplicación  favorable  sólo  opera  respecto  de  institutos  similares,  de manera que aquellos propios del tipo de procedimiento  novedoso,    resultan    de    imposible    entronización    en   el   régimen  anterior.   

Y  ello  es  lo que sucede con esa forma de  terminación  anticipada  que  con el rótulo de allanamiento a cargos regula la  Ley  906  de  2004,  pues,  como se había sostenido invariablemente por la Sala  mayoritaria  hasta  ahora,  sin  que  existan  nuevos desarrollos legislativos o  argumentos  distintos  a  los  que  para  esa  época  soportaban  la  posición  disidente,  que  obliguen  cambiar  lo  dicho,  no  se  trata  de  un  mecanismo  independiente  que  por  sí  mismo se entienda compartir las aristas básicas o  presupuestos  fundamentales de la sentencia anticipada regulada en la Ley 600 de  2000,  a  la  manera  de  entender  ambas  figuras hermanadas en su naturaleza y  efectos.   

Se dijo antes, y ahora debo reiterarlo, que  el  allanamiento  a cargos no opera en calidad de figura aislada o refractaria a  las  características  específicas  del sistema acusatorio, sino como instituto  connatural  al  mismo  y,  en  especial,  a  esa forma de justicia consensuada o  premial  que se busca hacer valer, en el entendido, desde luego eficientista, de  que  por  su  naturaleza  resulta imposible tabular a través del juicio oral un  porcentaje muy alto de procesos.   

Por  ello  precisamente  la Ley 906 de 2004  consagra  institutos claramente dirigidos a buscar esa terminación anticipada o  extraordinaria  de las investigaciones penales, dentro de los cuales destacan el  principio  de oportunidad y lo que en el Título ll se reseña bajo el epígrafe  de   “PREACUERDOS   Y  NEGOCIACIONES  ENTRE  LA  FISCALÍA  Y  EL  IMPUTADO  O  ACUSADO”.   

Bajo  ese  rótulo  genérico  del  Título  segundo  en  cita, cabe relevar, se insertan tanto las negociaciones propiamente  dichas,  como  el  allanamiento  a  cargos,  no sólo porque la simple revisión  exegética  de  la  normatividad  así lo informa, sino en atención a que no se  entienden  ambas  como  figuras disonantes o siquiera alternativas, sino propias  de esa teleología premial arriba destacada.   

No en vano, el inciso primero del artículo  351  de  la  Ley  906  de 2004, expresamente se refiere al allanamiento a cargos  operado  en  la audiencia de formulación de imputación, para significar que en  ese  momento procesal puede aspirar la persona a una rebaja de “hasta la mitad  de   la  pena  imponible”,  para,  a  renglón  seguido,  determinar  como  el  consecuente  escrito  de  acusación  que  por congruencia servirá de base a la  necesaria  sentencia  de  condena, ha de consignar el acuerdo, no otro distinto,  debe  señalarse,  a  aquel en el cual se definió entre las partes –fiscalía  y  defensa-,  cual, dentro  del  ámbito  de  atemperación  regulado  por  la  norma,  será  el porcentaje  concreto a aplicar a favor del procesado.   

Ahora bien, en el auto del cual discrepo se  pretende   controvertir   el   argumento   exegético,  significándose  que  el  allanamiento  a  cargos  se encuentra regulado, dentro de la Ley 906 de 2004, en  capítulo  distinto  o  independiente  al  único  del  Titulo ll, en el cual se  detalla  lo  concerniente  al campo de preacuerdos y negociaciones, agregándose  que  lo  contemplado  en el inciso primero del artículo 351 se establece apenas  para “trazar” los efectos de ese allanamiento.   

No  parece  que  sea  así, pues, en primer  lugar,  si  el  tema apenas remitiese a un aspecto instrumental, nada obsta para  que  allí mismo, cuando se regula la audiencia de formulación de imputación y  su  trámite,  se  dejara  sentado  ese  porcentaje  de  reducción, en lugar de  deferirlo  a  un  Título  y  Capítulo  que  contempla un aspecto eminentemente  sustancial,  propio,  como se viene anotando, de la teleología consignada en la  Ley 906 de 2004.   

La  evaluación, entonces, es la contraria,  si  se  trata  de  respetar los valores y diferencias entre lo sustancial y  lo simplemente procedimental consagrado por la nueva normatividad.   

Vale  decir, si el allanamiento a cargos se  relacionó  expresamente  en el Título referido al instituto de los preacuerdos  y  negociaciones,  no  apenas  para  “trazar” el porcentaje de reducción de  pena,  sino entendiéndolo mecanismo propio de la justicia premial y consensuada  desarrollada   en   su  único  capítulo,  lo  lógico  es  comprender  que  la  reiteración  accesoria  instituida en otros capítulos, busca apenas establecer  procedimentalmente  la  forma  (momento  y modalidad) como ese mecanismo se hace  efectivo  en el estado procesal en el cual se hace la manifestación de voluntad  del procesado.   

Es  que,  se  olvida  en  la  providencia  aprobada,  que  ese allanamiento a cargos no tiene apenas un momento procesal de  materialización:  la  audiencia  de formulación de imputación -quizás porque  se  tuvo en mente la aplicación por favorabilidad del máximo del 50% permitido  para  esta  forma  extraordinaria de terminación del proceso-, obrando también  posible  que  ello  suceda  en la audiencia preparatoria (artículo 356, numeral  5°),  permitiendo  la  reducción de pena de “hasta en la tercera parte”, y  al  comienzo  de la audiencia de juicio oral (artículo 367), aquí con una sola  opción de atemperación punitiva de una sexta parte.   

Esa auscultación normativa permite apreciar  que  no se trata de que el legislador buscase ubicar el allanamiento a cargos en  un  apartado  diferente del Título destinado a los preacuerdos y negociaciones,  sino  apenas  de  establecer  cómo  opera procesalmente la figura dentro de los  tres estadios o momentos que la permiten.   

No  es posible, tampoco, examinar aislada y  descontextualizadamente  el  allanamiento a cargos, como si se tratase apenas de  una  reiteración  de  lo  que  bajo  la  denominación  de sentencia anticipada  consagraba  el  artículo  40  de  la Ley 600 de 2000, dado que además de hacer  parte  de  esa  teleología propia del sistema acusatorio, encaminada a facultar  soluciones  anticipadas  del  conflicto,  irradia  los motivos que impelieron la  expedición  de  la  Ley  890 de 2004, en el entendido que las generosas rebajas  establecidas  en  la  novísima  sistemática,  obligaban,  para hacer valer los  principios  de  legalidad  de  la pena y retribución justa inserta en la misma,  incrementar  los  montos  sancionatorios  definidos  para  la generalidad de los  delitos en el Código Penal vigente, Ley 599 de 2000.   

Entonces,  para equilibrar los conceptos en  pugna,  como  fiel  de la balanza, a la par con el alto porcentaje de reducción  producto  de  los  acuerdos,  sea  por  la  vía  de  la  negociación  o  de la  aceptación  de  cargos,  se estableció el incremento generalizado de penas, en  una  proporción  de  la  tercera  parte  para su mínimo y la mitad del máximo  (artículo 14 Ley 890 de 2004).   

Por manera que, inescindiblemente, cuando se  trata  de  aplicar  la  atemperación  punitiva  posibilitada  de  entregar  por  ocasión  del  allanamiento a cargos ocurrido en la audiencia de formulación de  imputación,  para  hacerlo  valer  en  la  tramitación  seguida  dentro de los  derroteros  de  la  Ley  600  de  2000,  ello se encuentra atado a la pena legal  establecida  respecto del delito, que no es otra diferente a la consignada en el  Código  Penal,  incluido  el  incremento ordenado por el artículo 14 de la ley  890  de  2004, pues, solo así se respeta la filosofía del mecanismo, junto con  los  principios  de  legalidad de la pena, retribución justa e igualdad, aunque  este  último  aspecto  lo  abordaremos  en  líneas posteriores, de manera más  detenida.   

Desde  otra  perspectiva argumental, aunque  parezca  simplemente  instrumental,  no  puede  soslayarse cómo respecto de las  figuras  en contrastación, sentencia anticipada y allanamiento a cargos, existe  una  postulación diferente en la forma de aplicar la reducción punitiva, pues,  mientras  en  el  primer  caso  esa  atemperación  opera  automática,  con  un  porcentaje  fijo  de la tercera parte, el segundo establece una progresión (que  ya  la Corte significó comienza en una tercera parte y un día, y culmina en el  cincuenta por ciento).   

De  ello  se sigue que no necesariamente la  proporción  a  reducir  es la máxima establecida en el artículo 351 de la Ley  906   de   2004,  corriendo  de  cargo  del  funcionario  judicial  –o de las partes a través del acuerdo  que  regula  el  artículo  en  cita-  señalar  cuál  en  concreto  será  esa  atemperación.   

Ello  no ocurre con la sentencia anticipada  que  estatuye el artículo 40 de la Ley 600 de 2000, en la cual ningún arbitrio  del   funcionario  judicial  o  negociación  entre  las  partes  faculta  hacer  reducción diferente a la única que permite la ley.   

De allí que ninguna similitud consustancial  pueda   pregonarse   de   institutos  disímiles  en  su  naturaleza,  objeto  y  consecuencias y forma de aplicarlas.   

Porque,  si se trata de que, en seguimiento  del  principio  de   favorabilidad,  se aplique a casos rituados por la Ley  600  de  2000,  la forma de atenuación punitiva establecida en el artículo 351  de  la  Ley  906  de  2004,  ya  de  entrada  se está exigiendo del funcionario  judicial  un  arbitrio  o injerencia que de ninguna manera permite la primera de  las  normatividades  citadas  y  que,  además, implica hacer apreciaciones, ora  objetivas,  ya  subjetivas,  que  por  ninguna  parte  consagra esa tramitación  penal.   

Y,  basta apreciar la forma en que la Corte  Constitucional   trata   de  solucionar  el  problema,  ofreciendo  al  Juez  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad,  alternativas  que le permitan  determinar  el  porcentaje a reducir en el caso concreto, para advertir cómo el  asunto     comporta     bastantes    dificultades15,    que   radican,   debe  repetirse,  en  la  diversa  naturaleza  y  efectos de las figuras que pretenden  homogeneizarse.   

Ahora,  han  tratado la que hasta hace poco  era  posición  minoritaria  de  la  Sala  de significar similar la figura de la  sentencia  anticipada, con el mecanismo de allanamiento a cargos, a partir de la  elaboración  más  o  menos detallada de un listado de factores comunes a ambos  institutos.   

Empero,  pienso  que no es esa una adecuada  forma  de  abordar  el  punto, simplemente porque siempre habrá posibilidad, no  importa  cuán  disímiles  sean las figuras en confrontación, de hallar muchos  factores   comunes,   sin  que  ello,  desde  luego,  signifique  igualación  o  similitud.   

Lo  importante no es, al respecto, cuántas  circunstancias  afines  se  hallen,  sino  definir  en concreto una naturaleza y  efectos    que    por    su    trascendencia    delimiten    equiparables    los  institutos.   

Asunto  que,  estimamos,  dista  mucho  de  ocurrir  en  lo  que  respecta  al  parangón intentado realizar entre la figura  consagrada  en el artículo 40 de la Ley 600 de 2000, y el mecanismo establecido  en  el artículo 351 de la Ley 906 de 2004, dado que, si bien comportan muchas o  pocas  características  comunes,  es lo cierto que ellas son insuficientes para  desvirtuar  un  hecho cierto, referido a que se insertan dentro de sistemáticas  diferentes,  verifican  una  teleología  también  distinta  y producen efectos  prácticos incompatibles.   

Al efecto, apenas para referir a título de  ejemplo  cómo  asoman  deleznables  algunos  de los factores comunes destacados  para  concluir  en  la  simbiosis  supuestamente  existente  entre  la sentencia  anticipada  y  el  allanamiento  a  cargos,  resulta  cuando menos controversial  sostener   que  ambos  institutos   se  hermanan  porque  en  la  sentencia  anticipada  antes  de  aceptarse  esa  postulación  del  procesado, éste ya ha  tenido  la  oportunidad de haber sido oído dentro del proceso, en diligencia de  indagatoria,  y de ejercer los derechos de defensa y de contradicción, algo que  supuestamente  también  ocurre con el allanamiento a cargos, dado que ya existe  formulación de imputación.   

Una  tal  afirmación  olvida  que  en  su  naturaleza  ese  acto  de  formulación  de  imputación es de comunicación por  parte  de  la  fiscalía,  pero, en estricto sentido, no implica que el imputado  haya  sido  oído  (por la razón obvia de que no existe indagatoria), ni que se  ejerza  amplia  y materialmente el derecho de contradicción, entre otras cosas,  porque  allí,  como lo han sostenido de consuno la Corte constitucional y ésta  Corporación,  no  existe  obligación para la fiscalía de que haga algún tipo  de descubrimiento probatorio.   

Así,  no puede ser lo mismo, por mucho que  se  pretenda  ejercitar  la dialéctica, que el procesado, en la sistemática de  la  ley  600  de  2000,  pueda  conocer todas las pruebas (plenamente vigente el  principio  de permanencia de las mismas) y además exponga su particular visión  de  lo  ocurrido,  remitida a contradecir esas pruebas, a que, cual ocurre en la  sistemática  de  la  Ley  906 de 2004, se le cite a una audiencia en la que, en  términos  estrictos,  el  fiscal simplemente le comunica cuáles son los hechos  por  los  que se le investiga, y su significación jurídica, sin posibilidad de  pronunciarse  respecto  de  ellos  en  aras  de pregonar inocencia o ausencia de  participación  (para ejercer la inexistente defensa que pregona la sentencia de  tutela),  ni  mucho  menos ejercer el derecho de contradicción respecto de unos  elementos  materiales  probatorios, evidencia física o informes que no conoce o  puede exigir conocer.   

Algo  similar  ocurre con la manifestación  efectuada  en  la  sentencia de revisión de tutela, atinente a que la sentencia  anticipada  comporta  la  confesión  simple  del  procesado,  y otro tanto debe  entenderse ocurre con el allanamiento a cargos.   

Para  quienes  conocen  la  naturaleza  del  sistema  acusatorio  consagrado  en la Ley 906 de 2004, no puede significar más  que  un  despropósito la afirmación de que el allanamiento a cargos traduce la  confesión  simple  del procesado, por la potísima razón que esta normatividad  no  consagra como prueba, o siquiera evidencia, esa manifestación unilateral de  responsabilidad penal.   

Se   busca,  sí,  superar  esa  evidente  dificultad,  señalándose  que “se trata de una idea de confesión en sentido  natural”.   

¿Qué  es  una confesión, si nos hallamos  dentro  de  un procedimiento penal, en “sentido natural”?, vaya uno a saber,  pero   asoma  claro  que  si  esa  confesión  no  tiene  efectos  jurídicos  o  procesales,  pues,  sencillamente,  de  nada sirve para fundamentar la posición  encaminada  a  definir  equiparables los institutos de la sentencia anticipada y  allanamiento  a cargos, bajo el argumento de que ambos comportan una confesión,  que    finalmente    asoma   completamente   disímil   en   su   naturaleza   y  efectos.   

Por  último,  en  lo que a la crítica del  método   de   equiparación  compete,  no  puede  ser  argumento  válido  para  parangonar  como  similares  ambos  institutos  de  terminación  anticipada del  proceso,  acudir  a  los  principios  que  informan  el proceso penal en general  (lealtad,  publicidad,  eficiencia,  presunción  de inocencia), como quiera que  ellos,  por  su naturaleza general permean todas cuantas instituciones consagran  ambos  sistemas  (dado que son soporte  de los dos) y, en consecuencia, una  inferencia  lógica  obtenible  a  partir  de  allí,  perfectamente llevaría a  conclusiones  tales  como  que  el  principio  de  oportunidad  es  similar a la  sentencia anticipada, y todas las demás que quieran hacerse.   

En  suma,  no  se  ha ofrecido un argumento  contundente  que signifique efectivamente similares o asimilables los institutos  de  la  sentencia  anticipada,  disciplinado en el artículo 40 de la Ley 600 de  2000,  y  el  allanamiento  a  cargos  que  consagra  la  Ley 906 de 2004. Y, en  contrario,  sigue siendo válido sostener que el segundo de los mecanismos opera  consustancial  a  la teleología propia de la sistemática acusatoria pretendida  implementar  en  el  país,  con  una  naturaleza,  efectos   y aplicación  material que en mucho se apartan de la sentencia anticipada.   

3.   Se  anotó  en  el primero de los  puntos  tratados,  que  el  principio  de favorabilidad constituye desarrollo, o  mejor,  efectivización  del principio de igualdad, dado que, finalmente, lo que  se  busca  con  la  aplicación  ultractiva o retroactiva de la norma no vigente  para  el momento de los hechos, es equiparar la condición del procesado a la de  aquellos otros a quienes se aplica esta en toda su extensión.   

          En  este  sentido,  a lo largo de la providencia se sostiene que la  decisión  de  aplicar  a  favor  del  procesado,  para  el  caso  concreto,  el  porcentaje  de  atemperación  punitiva  dispuesto en el artículo 351 de la Ley  906  de  2004,  no  obstante ocurrir los hechos y verificarse su tramitación en  vigencia  de la Ley 600 de 2000, obedece a la necesidad de dar aplicación a ese  principio de igualdad.   

          Supone  el  argumento,  para trasladarlo al campo práctico, que se  advierte  en  las  personas sometidas al procedimiento establecido en la Ley 600  de  2000,  quienes, acogiéndose al instituto de la sentencia anticipada durante  el  período  de  la  instrucción,  solo recibieron un descuento punitivo de la  tercera  parte,  una  especie  de  trato desfavorable o desigual frente a lo que  sucede  con  aquellos  que  al  día  de  hoy  se allanan a cargos en sede de lo  dispuesto  por  el  artículo  351  de la Ley 906 de 2004, razón que amerita la  intervención  de  la judicatura, en seguimiento del principio de favorabilidad,  para    otorgarles    un    trato    que    equipare    esas   dos   condiciones  disímiles.   

          Sucede,  sin embargo, como paradoja fundamental que la decisión de  aplicar  el  principio de favorabilidad lejos de  respetar o hacer material  el  principio  de  igualdad,  instituye  una  desigualdad odiosa que termina por  deslegitimar  el  argumento  de  fondo en el cual se soporta lo consignado en la  providencia.   

          Es   que,  cuando  menos  contradictorio  debe  asumirse  que  para  favorecer  a  la  persona juzgada bajo los parámetros de la Ley 600 de 2000, se  termine  inclinando  tanto  el  fiel  de  la balanza, que en lugar de igualar su  condición  a  la de los imputados sometidos al imperio de la nueva sistemática  acusatoria,  termina  ella  obteniendo beneficios mayores a los que se otorgan a  quienes  se  allanan  a  cargos  en  curso  de  la  audiencia de formulación de  imputación  regulada por la Ley 906 de 2004.   

          En  efecto,  para  objetivarlo con un ejemplo elemental, si para el  delito  por  el cual se juzga a la persona, se establece en el Código Penal una  pena  mínima  de  2  años, y esa persona se acoge al mecanismo de la sentencia  anticipada  establecido  en  el  artículo  40 de la Ley 600 de 2000, durante la  fase  de  investigación,  el  porcentaje  de  rebaja de pena (suponiendo que se  parta  del  mínimo  de  la  sanción)  de  la  tercera parte, implicará que la  sanción derive en 16 meses de prisión.   

          Pero,  si  se  le  aplica  por  favorabilidad  lo  dispuesto por el  artículo  351  de  la  Ley 906 de 2004, en su mayor cantidad de reducción, esa  pena se ve disminuida a 12 meses de prisión.   

          Cosa  distinta  ocurre con la persona juzgada bajo la férula de la  Ley  906 de 2004, pues, en el mismo ejemplo, el delito debe incrementarse en una  tercera  parte  por ocasión de lo dispuesto en el artículo 14 de la Ley 890 de  2004,  hasta  delimitar  su  mínimo  en 32 meses, los cuales, disminuidos en el  mayor   porcentaje  de  rebaja  por  allanamiento  a  cargos,  descienden  a  16  meses.   

          Evidente  surge,  entonces,  que  la  aplicación  retroactiva  del  principio  de  favorabilidad,  no  iguala a las personas, sino que establece una  ventaja  caprichosa  e  incluso  ilegal  (en  términos de la pena y su función  retributiva).   

          Nótese  que,  en el ejemplo propuesto, la pena a la cual accede el  procesado  que  se  acoge a sentencia anticipada en la sistemática derogada (16  meses),  resulta  igual a los 16 meses que debe purgar el imputado que recibe el  máximo  beneficio  por  allanarse  a  cargos,  por manera que, huelga anotarlo,  ningún  provecho,  en  términos  reales, puede aspirar a recibir el primero de  los  mencionados,  simplemente  porque, examinada en todo su contexto la figura,  no  resulta  más  conveniente  para  él  acceder   a lo establecido en la  novísima normatividad.   

          Es  que,  precisamente,  la imposibilidad ostensible de igualar las  condiciones  de  los  procesados en ambos sistemas, obedece a que necesariamente  debe   examinarse   el   tópico   de   la   favorabilidad   desde  una  óptica  contextualizada  que tome en consideración no solo la teleología del instituto  de  allanamiento a cargos establecido en la Ley 906 de 2004, sino su inescapable  vinculación con lo dispuesto por la Ley 890 de 2004.   

          En  estas  condiciones,  si  de verdad se tratase de hacer valer el  principio  de  favorabilidad  desde  una  postura  que en lugar de sacrificar el  principio  de  igualdad  que  es  su  norte y finalidad,  lo haga válido y  operativo,  indispensablemente  habría  que  incrementar  la  pena  de la forma  prevista  por  el  artículo  14  de  la  Ley  890  de 2004, para luego hacer la  reducción  permitida  por  el artículo 351 de la Ley 906 de 2004, en los casos  en  los  cuales  la  persona cuyo proceso se tramitó por lo dispuesto en la Ley  600  de  2000,  aspire  a  que  se  aplique  en  su  beneficio  el  principio en  cuestión.   

          Pero  ello, como se habrá advertido, no representa en la práctica  ninguna  diferencia (en ambos casos, dentro del ejemplo ideal propuesto, la pena  será  de 16 meses), sencillamente porque no es necesario igualar, a través del  fenómeno  de  la  favorabilidad,  lo  que  el  legislador ya ha igualado. Mucho  menos,  si  bajo ese prurito se termina discriminando de manera odiosa a quienes  vienen siendo juzgados dentro de la órbita del sistema acusatorio.   

          De los señores Magistrados,   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha    ut  supra.   

    

1 Citó  la  Delegada  la  sentencia de casación número 25.667 del 20 de junio de 2007.   

2  Aludió al radicado de la Corte, 21.954 del 23 de agosto de 2005.   

3  El  radicado  citado  por  el  Procurador  no  es  el que de verdad corresponde a la  sentencia  de  Tutela  del  24  de  agosto de 2007, en el que fue M.P. el Doctor  Alfredo  Gómez  Quintero,  allí  se  identificó  la  acción  con el número:  32.637.   

4  Se  refirió  el  Procurador al radicado del 6 de septiembre de 2007, en el fallo de  tutela 32.842.   

5  Decisión con salvamento de voto.   

6  Corte     Suprema     e     Justicia:     radicado  25.306.   

7 Corte  Suprema  de  Justicia:  sentencias  25.935      del      28     de     mayo     de     2008;     15.058  del   5  de  julio de 2000;  16.099 del 12 de diciembre  de  2002;  12.768 del 4 de  septiembre   de   2003.   Autos:   10.250  de  mayo 17 de 2000; 14.860 del 9 de junio de 2000.   

8 Ver  folio 10, c .o. 1.   

9 Ver  folio 153, c o. 1.   

10  El  hoy  sentenciado  con  el  aval  de  su  defensor  presentó  escrito  ante el juez, sin que sea legible la fecha, donde manifestó  que   se   acogía   “al   trámite  de  sentencia  anticipada,  como  quiera que deseo obtener la rebaja de pena establecidas en la  ley,  Art.  40  y s. s. del C.P.” Folio 37, c. o. 2.   

11  Sentencia de segunda instancia, radicado 23.567   

12  Incorporados  a  nuestra legislación interna, por virtud de la Ley 16 de 1972 y  de la Ley 74 de 1968, respectivamente,   

13  Sentencias   de   la   Corte   Constitucional   C-409   de   1999   y  C-040  de  2002.   

14  Sentencia C-104/93, M.P. Alejandro Martínez Caballero   

15  Sentencia T-098 de 1996, páginas 27 y 28.     

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