23368(16-04-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23368  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado acta N° 093  

Bogotá,  D.  C., dieciséis (16) de abril de  dos mil ocho (2008).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve la Corte el recurso extraordinario de  casación   interpuesto   por   el   defensor  de  los  procesados  ARNOLDO    ANTONIO   SALAS   RAMÍREZ   y  CARLOS    ALBERTO    OSORIO    LONDOÑO   contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Antioquia,  el  12  de  agosto  de  2004,  en la que al confirmar la del Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito Especializado del mismo distrito judicial, fechada  el  5  de  mayo de dicho año, los condenó a las penas principales de 144 meses  de  prisión y multa de 600 salarios mínimos legales mensuales y a la accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo término de la  pena    privativa    de    la   libertad,   como   coautores   del   delito   de  extorsión.   

H    E    C   H   O  S   

El sentenciador de primer grado los sintetizó  de la siguiente manera:   

“El  día dos de  septiembre   de   2002   fue  recibida  una  llamada  telefónica  a  la  Unidad  Investigativa  de  Policía  Judicial del Municipio de Marinilla por parte de un  habitante   de   esa   localidad,   quien  daba  cuenta  de  cómo  dos  sujetos  pertenecientes  a  las  autodefensas  que  se movilizaban en una motocicleta KMX  azul,     se     encontraban     cobrando     las    denominadas    ‘vacunas’  en  diferentes  establecimientos  de  comercio  ubicados  en  dicha jurisdicción, por lo que un personal de la Unidad  de  Policía  Judicial  se  desplazó  a  esos locales comerciales con el fin de  verificar  la  información  a  eso de las 19:15 horas, y, efectivamente, fueron  sorprendidos      CARLOS      ALBERTO      OSORIO  LONDOÑO  y  ARNOLDO ANTONIO  SALAS  RAMÍREZ en el interior de la taberna de razón  social   ‘La  Esquina  del  Vallenato’  cobrando  la  vacuna;   posteriormente   salieron   del   lugar   y   el  sujeto  OSORIO    LONDOÑO   se   dirigió   al  establecimiento   de   razón  social  ‘El    Muro’,  encontrándosele  en su poder unas facturas de cobro con cada uno de los nombres  de  los negocios y diferentes cifras a cobrar, respondiendo éste que se trataba  de    boletas   para   una   rifa.   Posteriormente   el   señor   SALAS    RAMÍREZ    se   dirigió   al  establecimiento    de    comercio    ‘El   Honguito’  con  las  facturas  de  cobro  para  esconderlas  allí,  siendo capturado en el  momento  en  el  que  le  entregaba  las  facturas  a la administradora de dicho  establecimiento  para  que  se  las escondiera. Además de la papelería les fue  decomisada  una  moto  KMX  azul,  la  suma  de  ciento  cuarenta  y  cinco  mil  ochocientos  cincuenta  pesos  ($145.850) y dos teléfonos celulares”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

1.  Con base en el oficio suscrito por el  Jefe  de  la  Unidad  de  Investigación  de  Policía  Judicial de Marinilla, a  través  del  cual informó sobre unos acontecimientos posiblemente delictuales,  puso  a  disposición  a  dos  personas  capturadas  y allegó las declaraciones  rendidas  por  los  ciudadanos  Juan  José  Alcaraz, Dora Janeth Soto García y  Gabriel  Antonio  Hoyos   Salazar,   quienes   manifestaron   todo   lo  relacionado  con  la actividad desplegada por los  aprehendidos,  la  Fiscalía  Delegada  ante  los  Juzgados Penales del Circuito  Especializados  Destacada  ante  la  SIJIN  de  Antioquia, el 3 de septiembre de  2002, profirió resolución de apertura de instrucción.   

Oídos  en  declaración Ferney Jiovanny Ruiz  Martínez,  José  Abel  Méndez  Vargas y Gustavo Adolfo Gutiérrez Piedrahita,  miembros  de  la  Policía Judicial de Marinilla que intervinieron en el caso, y  escuchados   en   indagatoria  Arnoldo  Antonio  Salas  Ramírez  y  Carlos  Alberto  Osorio   Londoño,  quienes  negaron  los  hechos  que  motivaron  su  captura,  la Fiscalía  Dieciséis  Especializada   Adscrita    a    la   Unidad   Dos   de  Terrorismo  de  Medellín,  donde  se  reasignó  el  diligenciamiento,  el 12 de septiembre del  mencionado   año,   les   resolvió  la  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva por el delito de extorsión.   

A  solicitud  de la defensa, se ampliaron los  testimonios  de  Juan  José Alcaraz, Dora Janeth Soto García y Gabriel Antonio  Hoyos  Salazar,  quienes indicaron que en su inicial versión fueron obligados a  “hablar  en  la  SIJIN”.  Así  mismo,  de  oficio se ampliaron las declaraciones de los policiales Ferney  Jiovanny  Ruiz  Martínez  y  José  Abel  Méndez  Vargas, quienes una vez más  ratificaron  los hechos que motivaron su intervención y negaron haber realizado  cualquier presión sobre aquellos declarantes.   

Practicadas  otras  pruebas  y superadas unas  contingencias  procesales, el 20 de marzo de 2003 se clausuró la investigación  y  el  21 de abril siguiente se calificó el mérito del sumario con resolución  de  acusación  en  contra  de  los  procesados Arnoldo  Antonio     Salas     Ramírez     y    Carlos  Alberto  Osorio  Londoño,  por el  delito  de  extorsión  en  concurso  homogéneo  con  extorsiones  en  grado de  tentativa.  Así mismo, se les precluyó la instrucción por la conducta punible  de concierto para delinquir.   

Inconforme con aquella decisión, el defensor  de  los  procesados interpuso recurso de apelación, el cual fue desatado por la  Fiscalía  Tercera  Delegada  ante  el  Tribunal de Antioquia, despacho judicial  que,   mediante   providencia   del  19  de  junio  de  2003,  la  confirmó,  con  la  única  modificación  “en  el  sentido de que no se acusa por el concurso  homogéneo  de extorsiones en su modalidad de tentativa, por lo que se ordena su  preclusión”.   

2.   El  expediente  pasó  al  Juzgado  Primero  Penal del Circuito Especializado de Antioquia que, luego de tramitar el  juicio  y  de llevar a cabo la audiencia pública, dictó sentencia el 5 de mayo  de   2004,   mediante   la   cual   condenó   a   los   acusados   Arnoldo    Antonio   Salas   Ramírez   y  Carlos    Alberto   Osorio   Londoño   a  las  penas  principales  de  144 meses de prisión y multa de 600  salarios  mínimos  legales  mensuales  y  a  la  accesoria  de interdicción de  derechos  y funciones públicas por el mismo término de la pena privativa de la  libertad, como coautores del delito de extorsión.   

Apelado  el  fallo  por  los  procesados y su  defensor,  la  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  del Distrito  Judicial  de  Antioquia,  el  12  de  agosto  de 2004, lo confirmó. Contra esta  decisión   el   citado   profesional   del  derecho  interpuso  el  recurso  de  casación.   

LAS   DEMANDAS   DE  CASACIÓN   

Como   el   defensor   de   los  procesados  Arnoldo    Antonio   Salas   Ramírez   y      Carlos      Alberto      Osorio  Londoño presenta de manera separada dos demandas, las  cuales  son  idénticas  en  sus  contenidos,  se  procede  a  realizar una sola  síntesis de ambas, cuyos argumentos son los siguientes:   

Con  base  en  el cuerpo segundo de la causal  primera  de  casación,  en un único cargo,  el  libelista  acusa al Tribunal de haber incurrido en violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  derecho  por falso juicio de  legalidad      “al     valorar     la     prueba  testimonial”, recordando que sus defendidos desde un  inicio negaron la autoría de los hechos.   

Refiere  que  el juzgador basó la condena de  sus  defendidos  en  las  declaraciones  que  inicialmente  rindieron Juan José  Alcaraz,  Dora Janeth Soto García y Gabriel Antonio Hoyos Salazar. No obstante,  afirma   que,  como  lo  indicó  a  través  del  proceso,  dichos  testimonios  “no  fueron  recibidos en forma libre y espontánea  sino  contra  la  voluntad  de  los  deponentes,  por  los miembros de la Unidad  Investigativa      de     Policía     Judicial     de     Marinilla”.   

Estima    que   existen   “dos  verdades”  respecto  de  la manera  como  ocurrieron  los  hechos investigados: “una, la  que  inicialmente  dan  los testigos antes citados, la cual sirve de respaldo al  informe  policivo  y  a  las  declaraciones  de los gendarmes que actuaron en el  procedimiento  y,  la  otra,  la  vertida  por  los  mismos  deponentes  en  las  ampliaciones  de  sus declaraciones”, siendo aquellas  primeras  las  que  no  tienen  valor  probatorio,  toda  vez  que se recibieron  “en         forma         ilegal”.   

Dice  que sus defendidos fueron retenidos por  cuanto  que  las  facturas  de  gaseosas  halladas en la taberna “El  Honguito”  eran  de  ellos, con las  cuales    supuestamente    “vacunaban” a los dueños de los establecimientos públicos.   

En cuanto ese aspecto, asevera que Dora Janeth  Soto,  en  declaración  rendida ante la SIJIN de Marinilla, afirmó que Arnoldo  le  había  entregado las  mencionadas  facturas,  mientras   que    Juan   José   Alcaraz,   ante   la  misma   institución,   dijo  que  había  pagado  $2.500   por   cinco   cajas   de  cerveza  y, finalmente, Gabriel Antonio  Hoyos  Salazar,  en  testimonio  recibido   en   el   mismo   lugar,    indicó    que   “le   habían   informado   sobre   el  pago  de  $500 por cada caja de  gaseosa,     el     cual    se    cobraría    todos    los    lunes”.   

Sin embargo, advierte que posteriormente Juan  José  Alcaraz,  Dora  Janeth  Soto  García  y  Gabriel  Antonio  Hoyos Salazar  ampliaron  sus testimonios, quienes de manera clara manifestaron “la  forma  como  fueron  obligados  a ir a la SIJIN y las presiones  sicológicas  que  allí  les hicieron, con el pretexto de que debían colaborar  so  pena  de  amenazas de cárcel y hasta el destierro del municipio”.  Afirma  que  en  las  citadas ampliaciones se expresaron de la  siguiente manera:   

Juan José Alcaraz desmintió “lo  de  los $2.500 y dijo que no pagó nada al respecto”,  agregando que no conoce a los procesados y que su declaración  en  la  SIJIN  no la leyó bien “ya que del susto no  veía  la  hora de salir de allá, ante las amenazas y coacciones que sufrió en  dicha institución”.   

Por  su  parte,  asevera que Dora Janeth Soto  también   dijo   que   no   conocía  a  los  acusados  y  que  “no  es  cierto  que  uno  de ellos le haya entregado los documentos  decomisados”,   explicando   que   “fue  obligada  y  sugestionada  por  los  de  la  SIJIN”.   

A  su  vez, refiere que Gabriel Antonio Hoyos  Salazar  afirmó  que  “estando en el teatro con la  novia,  se  tuvo  que  retirar  de  allí,  dejando a su acompañante sola, y lo  hicieron  subir  a un auto dos señores que no conocía sin que pudiera oponerse  y  que  tampoco se identificaron, los cuales lo condujeron hasta la estación de  Policía,  donde  lo hicieron esperar por un período largo. Agrega que allí le  hicieron  unas  preguntas  que  por  el gran temor que tenía en ese momento, no  recuerda cuáles fueron”.   

En  consecuencia,  estima  que  lo  anterior  demuestra  que  las  declaraciones  de  Alcaraz,  Soto  y  Hoyos “no  fueron  recibidas  en  forma libre y espontánea sino contra la  voluntad  de  los  deponentes”, medios de convicción  que  “sirvieron  para demostrar tanto la certeza de  la  conducta  punible  como  la  responsabilidad  de los demandantes”.  Por  lo  tanto,  agrega que si no se hubiesen tenido en cuenta  tales  testimonios  no se habría proferido sentencia condenatoria, pues sin los  mismos  “no encontrarían respaldo probatorio tanto  el  respectivo  informe  policivo  como  las  declaraciones de los policías que  participaron     en     la    retención    de    los    demandantes”.     

Luego  de  reiterar  sus argumentos, finaliza  solicitándole  a la Corte casar la sentencia impugnada y, en su lugar, absolver  a sus defendidos.   

CONCEPTO      DE     LA   PROCURADORA  TERCERA   

DELEGADA     PARA     LA   CASACIÓN  PENAL   

Afirma  la  Delegada  que   la   propuesta   del   libelista  se  encamina  en  esencia       a      cuestionar      la      capacidad   demostrativa   y   el   contenido   objetivo   de   los     testimonios    que    considera    ilegalmente   aportados   al proceso, planteamiento que, en su criterio, da al traste con  cualquier  vocación  de  prosperidad,  máxime  cuando la simple denuncia de la  supuesta  irregularidad  no  es  suficiente para satisfacer la demostración del  reproche.   

Así  mismo,  en  cuanto  al  cuestionamiento  planteado  por el censor referido a la fundamentación de la sentencia, dice que  “dicha  controversia  no consulta el contexto de la  providencia  materia  de  impugnación,  ya  que  en  ella  se  aprecia  que  el  sentenciador  realiza  un  análisis  conjunto  del  acervo  probatorio en donde  involucra   el   estudio   de   diferentes   medios  de  convicción”.   

En  fin,  considera  que   el    actor    se    limita   a   denunciar   unas  irregularidades  en  el  proceso  de  formación  de  la prueba testimonial, sin  demostrar  “la infracción manifiesta de las normas  que   regulan   de   manera   legítima   la  producción  e  incorporación  al  proceso”  de dichas pruebas, limitándose a expresar  que  los  testimonios  de  las  tres  personas  que  declararon  a  cerca de las  actividades  desplegadas  por los acusados al momento de ser capturados adolecen  de  irregularidades,  “enunciación  con  la que no  logra   emprender  con  éxito  un  verdadero  juicio  de  legalidad”,  sin  pasar  por alto que traslada a esta sede un debate que se  agotó en las instancias.   

En   consecuencia,   la  Representante  del  Ministerio Público sugiere a la Corte no casar el fallo atacado.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Con fundamento en el error de derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  sostiene  el  censor  que  las declaraciones  inicialmente  rendidas  por  Juan  José  Alcaraz,  Dora  Janeth  Soto García y  Gabriel  Antonio  Hoyos  Salazar  fueron  ilegalmente  aducidas,  toda  vez  que  “no   se   recibieron   en   forma  libre  y   espontánea    sino   contra   la   voluntad   de   los   deponentes”,   razón   por  la  cual  las  mismas  no  podían ser tenidas en cuenta por el Tribunal Superior de  Antioquia  para  sustentar  la  existencia  en  grado  de certeza de la conducta  punible  y la responsabilidad de los procesados Arnoldo  Antonio     Salas     Ramírez     y    Carlos  Alberto  Osorio Londoño, yerro que  de  no  haberse  cometido  no  se habría proferido sentencia condenatoria en su  contra.   

2.   Recuérdese que el error de derecho  por  falso  juicio  de legalidad tiene lugar cuando el sentenciador otorga valor  probatorio  a  un  elemento  de  juicio  que  fue  incorporado  al  proceso  con  violación  o  desconocimiento de las normas legales que condicionan su validez,  es  decir,  cuando  lo  asume  de  manera  errada  como  legal  sin  cumplir las  exigencias  señaladas  por el legislador para tener tal condición, o porque lo  descarta  afirmando de manera equivocada su ilegalidad, pese a que se cumplieron  los   requisitos   dispuestos   en   la   ley   para   su  aducción.   

Por  ello,  compete  al casacionista señalar  cuál   fue  el  medio  de  prueba  que  debió  ser  excluido  en  el  acto  de  apreciación,  así  como también demostrar cómo dicho medio de convicción no  fue  incorporado  al  trámite  penal  con total  acatamiento  a   los    presupuestos    legales   que   condicionan   su  validez  y  cómo  el  yerro  incidió en las conclusiones adoptadas en el fallo  impugnado.   

Por   último,   también   corresponde  al  casacionista  demostrar  cómo dicho error en la apreciación probatoria condujo  a  transgredir la ley sustancial, esto es, por aplicación indebida o exclusión  evidente del precepto sustancial llamado a solucionar el conflicto.   

3.   Teniendo  en  cuenta los anteriores  presupuestos   lógicos,   examinadas   las   constancias   procesales   y   las  consideraciones  del  fallo  impugnado, concluye la Corte que la pretensión del  demandante    no    tiene    vocación    de    éxito,   por   los   siguientes  motivos:   

Es   verdad   que   el   actor   señala   los   testimonios   sobre   los   cuales     predica     su     ilegalidad     en     la   recepción   y  aducción  a  este  proceso, como   también    es    evidente    que    los   mismos   sirvieron,    junto   con   los  restantes   elementos   de   juicio   legal  y  oportunamente  incorporados al   diligenciamiento   y  mancomunadamente  valorados,  de   fundamento     de     la     sentencia    condenatoria   proferida      en      contra      de     los     aquí  impugnantes.    

Sin   embargo,   como  lo  concluyeron  los  juzgadores  de instancia, no se ajusta a la realidad acontecida en el proceso la  afirmación   del   libelista,   según   la   cual,  los  testimonios  por  él  referenciados  no  se  allegaron con acatamiento a los preceptos que condicionan  su validez.   

En efecto, es cierto que el 2 de septiembre de  2002,  fecha  en  que  se  llevó  a cabo la conducta punible por la cual fueron  capturados  en flagrancia los procesados Salas Ramírez  y Osorio Londoño,  los  investigadores de Policía Judicial de Marinilla (Antioquia)  asignados  al  caso  procedieron a escuchar en declaración bajo juramento a los  ciudadanos  Juan José Alcaraz, Dora Janeth Soto García y Gabriel Antonio Hoyos  Salazar,  en la medida en que, los dos primeros, eran los administradores de las  tabernas  “La  Esquina  del  Vallenato”  y  “El  Honguito”,  respectivamente,  y,  el último, era un  trabajador  de  la  cafetería “Bolívar”,  establecimientos  ubicados en dicho municipio y en los cuales,  entre   otros,   se   realizó  el  comportamiento  delictual.      

En  esa  primera  versión  los  mencionados  testigos,  a  quienes  se  les  enteró  del  deber  que tenían de declarar, en  esencia se refirieron a los hechos en los siguientes términos:   

Juan  José  Alcaraz dijo que “ellos     (los    acusados)  entraron  al  negocio  con unos recibos (se le coloca de presente  los  recibos  incautados),  sí  esos son, que ellos venían cobrando $500 pesos  por  cada caja de cerveza comprada, entonces yo les di la suma de $2.500, en eso  entraron  los policías de la SIJIN y ya ellos salieron y los policías salieron  detrás”.1   

A su vez, Dora Janeth Soto García indicó que  “yo estaba dentro de la barra atendiendo el negocio  cuando  llegó  este  señor  ARNOLDO ANTONIO, muy apurado, me dijo que le diera  una  clarita y me pasó unas facturas diciéndome que le guardara ahí, yo tomé  las  facturas  y  las  puse  encima de la estantería y le di la clarita, en ese  momento  llegó  un agente de la SIJIN y me dijo que prendiera las luces, yo las  prendí,  el  agente entró y cogió las facturas y salió y me dijo cierre ya y  se    presenta    en    el    comando”.2   

Por  su  parte, Gabriel Antonio Hoyos Salazar  afirmó  que “yo recuerdo que el día 31 de agosto a  eso  de  las  12:00  llegaron  dos  sujetos  que nunca había visto, entre ellos  recuerdo  a  CARLOS ALBERTO, quienes me manifestaron que a partir de la fecha se  cobraría  un  sobrecargo  de $500 en cada caja de gaseosa tamaño 350, y que lo  cobrarían  todos  los  lunes…  Nosotros  nos  asustamos  mucho…”.3   

Con  base  en  estas  declaraciones  y  en el  informe  presentado  por la Policía Judicial de Marinilla, la fiscalía dispuso  la  apertura  de  investigación,  dentro de la cual el defensor de los acusados  solicitó  la  ampliación  de  las mismas. En esta nueva oportunidad Juan José  Alcaraz,   Dora   Janeth  Soto  García  y  Gabriel  Antonio  Hoyos  Salazar  se  retractaron  de  lo  que  habían  dicho  inicialmente,  haciendo las siguientes  afirmaciones    conforme    al   interrogatorio   que   les   hizo   el   citado  defensor:   

Juan   José   Alcaraz   manifestó   que  “Yo  a  la gente que llegó allá no los conozco, a  mi  me  obligaron  a hablar en la SIJIN, que si tenía que hablar y yo no sabía  de  quien  era,  y  yo  del  susto  dije  cosas  que no sabía…; a mi nunca me  cobraron  ninguna caja ni nunca les pagué dos mil quinientos pesos y que, yo no  los  conocía  ni ellos me dijeron nada a mi, listo”.  Cabe  agregar que la Fiscal que recibió la diligencia dejó constancia sobre el  estado  “nervioso”  que  presentaba          el          declarante.4   

A  su turno, Dora Janeth Soto García afirmó  que  “el  de  la  SIJIN dijo que me iba a sellar el  negocio  y  que  cerrara y me presentara al comando, cuando yo llegue al comando  él  empezó,  el  de  la SIJIN, a hacerme preguntas y me dijo que yo tenía que  decir  la  verdad  o que si no me tenía que ir del pueblo o que me encerraban y  ya  empezaron  a  hacerme  preguntas….  A  mi me preguntaron que si me habían  entregado  unos papeles y yo contesté que no tenía conocimiento, que no me los  habían   entregado”.5      

Finalmente, Gabriel Antonio Hoyos Salazar dijo  que  unos  señores que no se identificaron fueron a buscarlo y lo llevaron a la  estación  de  policía “y allá me hicieron esperar  por  un  período  largo  de  tiempo aumentando así mi desconcierto. Por fin un  señor  salió  y me llamó y empezó a hacerme unas preguntas que la verdad por  el   gran   temor   que   tenía   en  ese  momento,  no  recuerdo  cuáles  fueron”.6   

De  las  anteriores  transcripciones  surge  evidente   que  los  mencionados  declarantes  cambiaron  su  versión  inicial,  aduciendo  como motivo de su retractación  supuestas  presiones   y   amenazas   de   que   fueron   víctimas  por   parte   de   los  miembros  de  la  Policía   Judicial  que  atendieron  el caso.   

Ahora   bien,   frente  a  esa  específica  situación,  los  policiales  Ferney Yovanni Ruiz Martínez y José Abel Méndez  Vargas7  negaron  de  manera enfática haber presionados a los multicitados  testigos.  Por  el contrario, dicen que procedieron a enterarlos de los derechos  y  obligaciones  legales  que  como  declarantes tenían y, en esas condiciones,  recibieron  dichos  testimonios,  advirtiendo  que  éstos  les manifestaron que  temían   por   sus   vidas   si  llegaban  a  declarar  porque  los  capturados  “eran    paracos    y   los   mataban”.   

Sobre este puntual aspecto, el agente Méndez  Vargas textualmente expresó:   

“No  se ejerció  ninguna  presión….  Los que pasa es lo siguiente, como es bien sabido en este  municipio  y  en  cualquier  otro  municipio  de  Antioquia donde operan armados  ilegales  o  más  claramente  paramilitares,  ellos  ejercen  un temor sobre la  ciudadanía,  del cual la ciudadanía siente temor en declarar delitos que estos  paramilitares  realizan,  por temor a sus vidas, por temor a sus familiares; ese  día  para  la recepción de los testimonios, los declarantes  manifestaban  este  temor,  ellos  decían  que  eso  sí  era así pero que si lo decían los  mataban,  entonces  les manifestamos que el proceso lo iba a llevar un Fiscal en  Medellín  y  que  en contra de ellos no les iba a pasar nada y ellos decidieron  declarar,  por  otra  parte se les puso de presente como en toda declaración el  artículo  que  habla  sobre el falso testimonio y ellos estuvieron enterados de  esto.  Ahora,  por  otro  lado,  no  se quién, si fueron los paramilitares o el  abogado  defensor,  que  me  imagino  que  debió  hablar con ellos, pusieron en  conocimiento  de  todo  el  pueblo  que ellos están libres, que no les pudieron  comprobar  nada,  que la investigación siguió y que ellos deben echarse atrás  de    lo    que    dijeron    porque    no   responden   por   ellos”.8   

Ahora bien, frente a dicha retractación cabe  preguntarse,  ¿en  cuál  de las dos versiones opuestas los citados declarantes  dijeron  la  verdad?.  Dependiendo  de  la  respuesta,  en  esa  misma medida se  concluirá  si  fueron  ciertas  o  no  las  supuestas  presiones que se dice se  ejercieron sobre los testigos.   

Ante tal cuestionamiento, como lo ha reiterado  la   jurisprudencia   de   la   Sala,   debe   recordarse  que  la  retractación       “no  destruye  per  se lo afirmado por el testigo arrepentido en sus  declaraciones  precedentes,  ni  torna verdad apodíctica lo dicho en sus nuevas  intervenciones.  ‘En esta  materia,  como  en  todo lo que atañe a la credibilidad del testimonio, hay que  emprender    un    trabajo    analítico    de   comparación   y   nunca   de   eliminación,   a  fin  de  establecer  en cuáles de las distintas y opuestas versiones, el testigo dijo la  verdad.  Quien  se retracta de su dicho ha de tener un  motivo   para   hacerlo,  el  cual  podrá  consistir  ordinariamente  en  un  reato  de  conciencia, que lo induce a relatar las cosas  como  sucedieron,  o en un interés propio o ajeno que  lo  lleva  a negar lo que sí percibió. De suerte que  la  retractación  sólo podrá admitirse cuando obedece a un acto espontáneo y  sincero  de quien lo hace y siempre que lo expuesto a última hora por el sujeto  sea  verosímil  y  acorde con las demás comprobaciones del proceso’”  (se  subrayó).9   

Precisamente,   acatando   los   anteriores  delineamientos,  tanto  el  Juzgado  como el Tribunal, al proceder a cotejar las  distintas   versiones   de   los   multicitados    testigos    y   fijar   las   razones   por  las  cuales  se   les   confiere mérito persuasivo a las primeras, no hicieron otra cosa que  acoger  los  derroteros  en  torno  a dicha temática sentados de antiguo por la  Jurisprudencia  de  esta  Corte,  con  lo cual el reparo termina por perder todo  fundamento.   

En  otros  términos,  teniendo  presente  el  contenido  de  las iniciales y posteriores declaraciones rendidas por Juan José  Alcaraz,  Dora  Janeth  Soto García y Gabriel Antonio Hoyos y cotejadas con los  restantes   elementos   de   juicio  allegados  al  proceso,  entre  ellos,  las  declaraciones  de  los  miembros de la Policía Judicial que intervinieron en el  caso,  los  juzgadores  de  instancia  concluyeron  que  aquellas pruebas fueron  aducidas  al  diligenciamiento  con  sujeción  a  las normas que condicionan su  validez,  sin  que  se  pudiese detectar las presiones que desde ese entonces, y  ahora en sede de casación, alega el defensor de los procesados.   

Obsérvese cómo el juzgador de primer grado,  luego  del  análisis mancomunado de los medios de prueba, con lógica y acierto  dilucidó el problema planteado, así:   

“Este  operador  jurídico  tendrá en cuenta las primeras declaraciones  rendidas  por  JUAN  JOSÉ  ALCARAZ, DORA JANETH SOTO  GARCÍA  y  GABRIEL  ANTONIO  HOYOS  SALAZAR,  administradores y trabajadores de  algunos  establecimientos  de  comercio en esa localidad, porque en sus primeras  versiones  juradas  son claros, espontáneos y coherentes al afirmar que los dos  aquí     procesados     se     encontraban     cobrando     la     ‘vacuna’  impuesta  por  las  autodefensas, al  momento   de   ser  capturados  en  los  mismos  lugares  donde  trabajaban  los  deponentes,   quienes  según  los  agentes  que  realizaron  el  procedimiento,  desde  el  inicio  se  mostraron  temerosos  por  las  represalias  que  genera  una declaración que compromete plenamente,  máxime cuando se les tiene como integrantes de una organización  ilegalmente  armada  como  son  las  AUC  que  a lo largo y ancho del territorio  nacional   han   sembrado  el  terror  con  sus  bárbaras  acciones.   

“Casi  dos meses  después  de  sus  primeras  declaraciones,  a  petición de la defensa técnica  (folio  140)  se citan nuevamente a estas personas, quienes ya se retractaron de  lo  dicho,  negando  ser  víctimas  de  tales  hechos,  señalando  que  fueron  obligados  por los miembros de la Sijin a declarar, no  siendo  de  recibo  estos  dichos porque no se vislumbra ningún interés en los  agentes  del  orden  a  realizar  dicha presión sicológica o moral,  pues  ni conocían antes a los testigos y menos a los procesados,  a   quienes   aprehendieron   en   las   circunstancias   señaladas”.   

Más  adelante,  luego  de  citar  y comentar  jurisprudencia  de  esta Corporación relativa a la manera como se debe apreciar  la retractación del testigo, agregó:   

“En   otras  palabras,  el fallador debe auscultar no solo la declaración, sino también las  otras  circunstancias  de  hecho  o pruebas que se encuentran en el proceso para  mirar  si  aquellas  sí  corresponden  con  estas  o  si  por  el contrario, la  retractación  tiene  respaldo  en  el  conjunto  probatorio  que hace parte del  proceso.   

“Es  claro  el  deponente   JUAN   JOSÉ   ALCARAZ  al  señalar  a  los  señores  SALAS     RAMÍREZ    y    OSORIO  LONDOÑO como las personas que les  habían       pedido      la      ‘vacuna’,  no  quedándole  ninguna  duda al despacho de la veracidad  de  lo  dicho,  por  cuanto  las  capturas operaron en  procedimiento  realizado  atendiendo  una  llamada  telefónica  por parte de la  ciudadanía  que  pedía  a  la  autoridad  que  actuara,  pues  dos personas se  encontraban   cobrando   la   cuota   impuesta  a  los  comerciantes.   

“Una vez acudió  la   autoridad   al   lugar   donde  tales  personas  cobraban  la  ‘vacuna’,   las   cuales  fueron  previamente  observadas  en  su  actividad, fueron capturadas en situación que ameritaba ser  calificada  de  flagrancia,  pues estaban en el interior de los establecimientos  dichos  individuos  con  los  duplicados  de  las  facturas   que   acreditaban   la  cantidad  del  surtido  de  gaseosas,    y    con   ello   se   contabilizaba   la   cuota   que   debía   ser   entregada, pues   se   les   había  señalado  que  por  cada   caja   de   gaseosa   debían  entregar   a   las   AUC     un     total    de    quinientos    pesos   ($500),    o    sea,    que    si   se    habían   adquirido   cinco  (5)  cajas,  debían  entregar   $2.500.   Indica   lo anterior que realmente los señores ARNOLDO    ANTONIO    y    CARLOS      ALBERTO      se   encontraban           cobrando           la          ‘vacuna’  el  día  lunes   2   de  septiembre  de  2002, coincidiendo con lo  dicho  por  el  señor GABRIEL ANTONIO HOYOS SALAZAR en  su   declaración   inicial”  (Subrayas  ajenas  al  texto).10    

Por  su parte, la Sala de Decisión Penal del  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial  Antioquia, al confirmar el fallo  de  primer grado, también acudió al mismo análisis metódico y lógico que le  permitió  adoptar  las  siguientes  consideraciones frente al cuestionado tema:   

“En  cuanto a la  prueba  de la autoría de los hechos en cabeza de los acusados, es claro que los  testigos   en   su   primera   versión   se   limitan  a  revelar  lo  que  presenciaron,  y  ninguna   tacha   se   les   puede  hacer  válidamente.  Cada  uno  de  los  testimonios se aprecia espontáneo, sincero y  responsivo.  No  se  tiene  conocimiento de que alguno de ellos tenga motivos de  animadversión hacia los procesados.   

“Esos  medios de  prueba        que        fueron       analizados  cuidadosamente  por  la  primera instancia, apoyada en  jurisprudencia  de la Honorable Corte Suprema de Justicia, sin que sea necesario  repetir  aquí  tales  planteamientos,  ponen  en evidencia que los acusados sí  cometieron  los  hechos  que se les imputan, es decir, la extorsión.   

“…”.  

“Como puede verse  fácilmente  en  el  expediente,  la  captura  de  los  procesados  ocurrió  en  situación  de  flagrancia en el municipio de Marinilla, el día 2 de septiembre  de   2002   a   eso  de  las  19:15  horas  y  las  pruebas  fueron  practicadas  inmediatamente.  Las  diligencias  fueron  remitidas  al  día siguiente ante el  señor  Fiscal  Delegado ante los Jueces Especializados del Distrito Judicial de  Antioquia  con  sede  en  la  ciudad  de Medellín, quien el mismo día decidió  abrir investigación penal.   

“Agréguese  además  que  no se trata de tomar arbitrariamente las declaraciones  allegadas  al proceso, fraccionarlas en  dos  partes y estimar una de ellas como cierta y la otra como inverosímil, sino  que,  se  está  verificando,  de  conformidad con el  conjunto  de  pruebas  aportadas  al  proceso,  previa  ponderación  y  examen  detallado,  en  qué  momento  estaban  los declarantes  diciendo  realmente  la  verdad sobre los hechos por ellos conocidos.   

“Lo  anterior,  porque  si  bien  es cierto que los ofendidos y testigos de cargo se retractaron  en  las  diligencias  de  ampliación de las declaraciones, también es evidente  que  tal  actitud no obedece a una situación espontánea y sincera, teniendo en  cuenta  que  lo  hicieron masivamente y se advierte la falta de convencimiento y  de   claridad   en   sus   respuestas   a   las   razones   por  las  cuales  se  contradicen.   

“Además  dentro  del  proceso  se estableció que las conductas de los  funcionarios  de  la  SIJIN  fue  ajustada a la ley, pues se limitaron a advertirles  a  los  declarantes  de  su  obligación  de  exponer  los  hechos  que  estaban  sucediendo  en  su  localidad  con sujeción a la verdad y las consecuencias que  podrían     acarrearles    el    hecho    de    mentir    u    ocultar    tales  acontecimientos”.11   

Así,  entonces,  observa  la  Sala  que  las  conclusiones  de  los sentenciadores de instancia son producto de una adecuada y  mancomunada  valoración  de los medios de convicción allegados al proceso, sin  que  en  este  procedimiento  valorativo se vislumbre yerro in iudicando alguno,  máxime  cuando  las  reglas de experiencia enseñan que las amenazas realizadas  por  los grupos ilegales al margen de la ley llevan precisamente a la ocurrencia  de  situaciones  similares a la aquí sucedida, generando desconcierto, zozobra,  temor  y  angustia  en las personas (víctimas y/o testigos) que algo les consta  al  respecto  y  que,  por  lo  mismo,  se  abstienen  de acudir a la justicia a  denunciar o testificar sobre tal comportamiento ilícito.   

En  fin,  sin necesidad de ahondar en mayores  consideraciones,  las  constancias  procesales  y  el  análisis conjunto de los  medios  de  prueba  oportuna  y  legalmente  aducidos  al  proceso, descartan la  hipótesis  casacional  planteada  por  el libelista, como así los plasmaron de  manera clara y enfática los jueces de instancia.   

En  otros  términos,  se  puede afirmar, sin  temor  a equívocos, que las declaraciones rendidas por Juan José Alcaraz, Dora  Janeth  Soto  García y Gabriel Antonio Hoyos Salazar se recibieron con estricto  apego  a  las normas que condicionan su validez, quedando así alejada cualquier  posibilidad    de    “presión    sicológica   o  moral”  que de alguna manera influenciara negativa e  ilegalmente  en sus contenidos materiales, razón por la cual el juzgador podía  en  derecho  tenerlas  aptas  como  parte  fundamental  del  juicio  de reproche  realizado  en  contra de los procesados Arnoldo Antonio  Salas   Ramírez   y  Carlos  Alberto  Osorio  Londoño  que  llevó  establecer, en  grado  de  certeza,  la existencia del delito de extorsión y su responsabilidad  penal.   

En consecuencia, como no se presentó el error  de derecho invocado por el actor, el cargo no prospera.    

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

NO  CASAR   la  sentencia  impugnada.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Comisión de servicio  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          ALFREDO     GÓMEZ     QUINTERO                         

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                             

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                                                                                                                                    

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Folio  7 del cuaderno original N° 1.   

2 Folio  8 del cuaderno original N° 1.   

3 Folio  9 del cuaderno original N° 1.   

4 Folio  144 del cuaderno original N° 1.   

5 Folio  147 del cuaderno original N° 1.   

6 Folio  149 del cuaderno original N° 1.   

7  Folios157 a 161 y 168 a 170 del cuaderno original N° 1.   

8 Folio  168 del cuaderno original N° 1.   

9 Ver,  entre otras, casación 22240 del 23 de agosto de 2006.   

10  Páginas 18 a 22 de la sentencia de primera instancia.   

11  Folios 119 a 121 del cuaderno original N° 2.     

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