28781(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28781   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 245  

Bogotá,  D.C., cinco de diciembre de dos mil  siete.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado FERNANDO  LOAIZA  ROMÁN,   contra  el  fallo  de segunda instancia que profiriera el  Tribunal  Superior  de  Cali,  Valle  del  Cauca,  fechado  el  2  de  agosto de  2007,   mediante  el  cual  confirmó  con  una  modificación la sentencia  emitida  por  el  Juzgado Once Penal del Circuito de esa ciudad, condenando a su  representado  legal,   a   la  pena  de dieciséis meses de prisión y  multa  en cuantía de $2.322.876, en calidad de autor del delito de peculado por  apropiación.  Además, se impuso la pena accesoria de interdicción de derechos  y  funciones  públicas,  por lapso igual a la pena privativa de la libertad, se  determinó  el pago, a título de perjuicios morales, de la suma de $13.937.259,  y  se  otorgó  al  procesado  el  subrogado de la suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en la sentencia impugnada,  del siguiente tenor:   

“Mediante denuncia formulada por el señor  Ancizar  Gómez  Zuluaga  el  7  de Marzo de 2002 se establece que en el Juzgado  octavo  Civil  del  Circuito  de  Cali  se  tramitaba  el proceso hipotecario de  Ahorramas  versus  Diego  Fernando  Castillo  Arias,  en  el cual se designó la  señor  FERNANDO  LOAIZA  ROMÁN  quien figuraba en la lista de auxiliares de la  justicia,  como  Secuestre,  en  tal  calidad recibió un inmueble ubicado en la  Calle  27 N° 43 A 83 de esta ciudad que al estar desocupado, optó el secuestre  por  arrendarlo  a  la  Doctora  María  Elcy  Díaz  Díaz para ocuparlo con la  Notaría  Diecinueve  de  este Círculo a partir del 1° de junio de 1998 por la  suma  de  $  650.000,00,  suma de dinero que el denunciado recibió mensualmente  sin  depositarla  a  la  cuenta  de  depósitos judiciales del referido Despacho  Judicial  como  era  su  deber,  apoderándose  de  una  cantidad que supera los  VEINTITRÉS  MILLONES  CUATROCIENTOS  MIL PESOS y no obstante que el juzgador en  mención  lo  requirió  para que cumpliera con la obligación hizo caso omiso a  la misma.”   

DECURSO PROCESAL  

La  denuncia  penal  fue  instaurada  por el  afectado,  en  escrito al cual acompañó copia del proceso civil, el 7 de marzo  de  2002  y gracias a ella la Fiscalía 58 Seccional de Cali, abrió formalmente  la instrucción, el 13 de marzo de 2002.   

El  16  de  julio  de  2002,  se  recabó la  indagatoria del procesado FERNANDO LOAIZA ROMÁN.   

El  18  de  julio  de  2002,  se  cerró  la  investigación.  Empero,  el  9 de octubre de esa anualidad, por entender que el  delito  ejecutado  correspondía  al  de  Peculado  por  apropiación, el fiscal  asignado  envió  el  expediente  a la Unidad Especializada en Delitos contra la  Administración Pública, de Cali.   

Acorde  con  ello,  asumió  competencia  la  Fiscalía  Seccional 112, oficina que en providencia emitida el 24 de octubre de  2002,  decretó  la  nulidad  del  cierre  de  investigación  dispuesto  por su  homólogo,   a   efectos   de   que   se   practicasen   pruebas   que   estimó  necesarias.   

De  nuevo,  el  15 de septiembre de 2003, se  cerró  el  ciclo  investigativo  y, consecuentemente, el 27 de febrero de 2004,  fue  calificado el mérito del sumario, dictándose resolución de acusación en  contra  de  FERNANDO  LOAIZA  ROMÁN, en calidad de autor del delito de peculado  por apropiación.   

Ejecutoriado el auto de llamamiento a juicio,  el  asunto le correspondió, por competencia, al Juzgado Once Penal del Circuito  de Cali, despacho que asumió conocimiento el 30 de abril de 2004.   

En   trámite  el  proceso,  previo  a  la  realización  de  la  audiencia  preparatoria,  el  procesado, coadyuvado por su  defensor,  expresamente  envió  escrito  al  juzgado,  en el cual manifiesta su  intención  de  acogerse al instituto de la sentencia anticipada, contemplado en  el  artículo  40  de  la  Ley  600  de  2000, por cuya virtud acepta los cargos  consignados en la resolución de acusación.   

Por  ocasión de ello, el 20 de noviembre de  2006,  se  profirió  la sentencia condenatoria de primera instancia, en la cual  se   determinó   responsable   al   procesado,   del  delito  de  peculado  por  apropiación,  imponiéndose  en su contra pena de dieciséis meses de prisión,  multa  en cuantía de $9.291.506, y el pago, a título de perjuicios materiales,  de la suma de  $13.937.259.   

Apelada  la  sentencia  por  el defensor del  acusado,  quien propugnó por la rebaja de la multa y los perjuicios decretados,  el  2 de agosto de 2007, el Tribunal Superior de Cali, profirió la sentencia de  segundo  grado,  en la cual confirmó lo decidido por el A quo, aunque modificó  la multa ordenada, rebajándola a la suma de $2.322.876.   

LA DEMANDA  

        Es  de  precisar,  y  ello  de  antemano informa de la  suerte  que  correrá  la  demanda,  cómo  el  libelista  presenta  un  alegato  descontextualizado,  confuso  e  inconexo en el que ni siquiera postula, en cada  cargo,  qué  es  lo  pretendido,  a  pesar  de  que  en  al acápite denominado  “PETITUM”,   advierte   que  busca  se  revoque  la  sentencia  “de     primer    grado”     o  “se  efectúen  las  declaraciones impetradas en el  respectivo cargo”   

        Y  si  bien,  divide  en  dos cargos su supuesta inconformidad con lo decidido, no pasa  de  la  simple enunciación de la causal, sin especificar cómo operó el yerro,  qué  trascendencia  tiene  este y, se repite, qué es lo buscado declarar de la  Corte.   

          Así,  dentro  del  señalado  como  primer  cargo,  acusa  a  la  sentencia  recurrida “por  violación  indirecta  de  la ley sustancial (error acti in  iudicando)  a  causa  de un error de derecho por falso juicio de convicción”,  que  desarrolla  advirtiendo  cómo  no  se  llamó  a  declarar  al  ingeniero  Jaime  León  Gómez,  pese  a que se le solicitó a la  fiscalía lo hiciera.   

        Y  anota, textualmente:   

         “Evidentemente  el  artículo 237 de la Ley 600 de 2000, consagra el principio  de  libertad  probatoria  en  materia  penal,  de  conformidad  con  lo cual, la  responsabilidad  penal puede ser establecida con cualquier medio de convicción,  siempre  y  cuando  el  mismo  haya  sido  allegado  de  manera legal, regular y  oportuna, confrontados con apego a las reglas de la sana crítica.   

       Así, es  evidente  la  incidencia  del  error  en la sentencia. Pero en contravía a esta  posición  del  Honorable  Tribunal,  debemos  decir  que  el legislador solo ha  permitido,  y  así  lo ha interpretado en sentencia de Constitucionalidad (sic)  No  obstante, la sentencia de segunda instancia tiene sus cimientos en las (sic)  falta  de  certificaciones  de  gastos  que no se pudieron verificar pero fueron  pagados  al  ingeniero  y la fiscalía debió llamar a declarar al mismo como lo  suplicó este defensor.”     

          De  similar  tenor  aborda  el que llama segundo cargo, subsidiario, dentro del error de derecho por  falso juicio de legalidad, así, textualmente, planteado:   

       “Habida cuenta que el fallador de segundo grado, otorgó mérito  a  prueba  que no reúne requisitos exigidos por la norma que establece su rito,  al  tener  como  prueba, la declaración de ANSISAR (sic) GOMEZ ZULUAGA, la cual  se  había contaminado en razón a su forma de incorporación al proceso. Ya que  el  juzgado  octavo  civil  del  circuito  de  Cali  se  (sic) tramitaba proceso  hipotecario  DE AHORRAMAS VERSUS DIEGO FERNANDO CASTILLO ARIAS y fue allí donde  se nombró al secuestre FERNANDO LOAIZA ROMÁN”.   

       Ya   luego,  el  recurrente,  dentro  de  un  literal b) (aunque nunca relacionó el a) y bajo el  rótulo  “utilización  de sofismas de petición de  principio”,  trata de explicar en qué consiste este  tipo     de    yerro    lógico,    para    concluir    diciendo    “Así,   el   Tribunal  Superior,  para  confirmar  la  sentencia  condenatoria,  ha  incurrido  en  la sentencia acusada en frecuentes sofismas de  petición  de  principio  que  controvierten  la  lógica elemental y jurídica.  Invito  a esta Honorable Corte a repasar toda la foliatura de la sentencia   de     segunda    instancia,    para    observar    una    evidencia    de    mi  apreciación”.   

        Finalmente,  observando  el  casacionista  que  “pretendí ser lo  más   juicioso   posible   en   la  elaboración  de  la  presente  acción”,  pide  de  la  Corte,  ante  las  limitaciones  que  lo  acompañan,  case  oficiosamente  la sentencia “para  en  su  lugar  dictar  nuevo fallo, en lo que respecta con el pago de perjuicios  materiales”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

       En  primer,  para  remitir  a lo consignado en el escrito presentado  por  el  defensor  del  procesado,  debe hacerse hincapié en cómo la Corte, de  manera  pacífica  y  reiterada  ha  advertido la necesidad de que la demanda de  casación  comporte un mínimo rigor lógico jurídico y argumental, pues, no se  trata  de  hacer  valer  una especie de tercera instancia que sirva de escenario  adecuado  a  la controversia ya superada por los falladores de primero y segundo  grados,  en  la  cual se pretende anteponer el particular criterio o valoración  probatoria,  a aquel que sirvió de soporte a la decisión de los jueces A quo y  ad  quem,  entre  otras razones, porque a esta sede arriba la decisión judicial  con una doble connotación de acierto y legalidad.   

      Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a  través   de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y  fundados,   derivados  del compromiso de demostrar  la  violación  en  la  cual  incurrió el fallador, suficiente para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

      Pero,  se  agrega,  si el recurrente ni siquiera cumple con el más  elemental  de  los  presupuestos,  que  remite  a  manifestar  la  causa  de  su  inconformidad   con   el   fallo,   presentando  una  argumentación  equívoca,  confusa,  contradictoria  y  las  más  de las veces  ininteligible,  la  Sala,  por  simple  sustracción  de materia, considerada la  naturaleza  eminentemente  rogada  del  mecanismo  excepcional  utilizado por el  defensor  para  derrumbar la sentencia de segundo grado, apenas puede manifestar  su perplejidad inadmitiendo el libelo.   

            Es    que,   de  entrada   el   recurso  se  ofrece  exótico  en  su  postulación,  pues,  debe  resaltarse,   la   sentencia   emitida  por  las  instancias  vino  consecuencia  de  la  aceptación  de  cargos del procesado, por la  vía  de  la  sentencia anticipada que consagra el artículo 40 de la ley 600 de  2000,  operada  en  la  fase  del juicio, previo a que se realizara la audiencia  preparatoria.   

          Y,  si se critica  que   no   se   recabó   un   testimonio   supuestamente  necesario   para  definir  la  naturaleza  de  lo  ejecutado  por  el procesado, apenas puede responderse  que  ello  ocurrió  así  por  la  voluntad  libre  del  acusado, incluso, cabe  resaltar,  prohijado  en ello por el ahora recurrente, dado que, cuando decidió  aceptar  los  cargos depuso cualquier pretensión probatoria o de contradicción  de  lo  recogido  en  su  contra,  y  precisamente  como  consecuencia de un tal  proceder,    recibió    generoso    beneficio    atemperatorio   de   la   pena  impuesta.   

         Es   por  ello  que  la  norma  consagratoria  de  la  forma  extraordinaria  de  terminación   del   proceso,   expresamente   impide   recurrir   la  sentencia  condenatoria   por   aspectos   referidos   a   la  existencia  del  delito,  su  antijuridicidad,          o          la         responsabilidad         del  procesado.      

            Ya la Corte, de manera pacífica y reiterada, ha  destacado  el  carácter  de  irretractable que  comporta la aceptación de  cargos  por  vía  de  la  sentencia anticipada, cuyo efecto procesal inmediato,  como  se  postula  en  el  numeral  10°  del  artículo  40  del C. de P.P., es  precisamente   la   limitación   respecto   de  los  aspectos  que  pueden  ser  controvertidos  a  través  del  recurso  de  apelación, ajenos completamente a  cualquier  discusión  que  diga  relación  con  la  naturaleza  de los delitos  aceptados  y  la  responsabilidad que en ellos cabe a quien de forma voluntaria,  plenamente  informado  y  consciente  de  las  consecuencias, aceptó los cargos  presentados por la fiscalía.     

        Y  esa  limitación,   como   también   lo   ha  dejado  sentado  la  Corte1, opera para la  eventualidad del recurso extraordinario de Casación:   

         “En  la  temática  atrás propuesta, sea lo primero  advertir,  que  frente  a  los  fallos proferidos en desarrollo de las formas de  terminación  anticipada  del  proceso  otrora  previstas  en el Decreto 2700 de  1991,  modificado  por  la  Ley  81  de  1993,  al  igual que acontece frente al  instituto  contemplado  en  el artículo 40 de la Ley 600 de 2000 actualmente en  vigencia,  la  legitimidad  para  atacarlos  a través de la alzada se encuentra  restringida  para  el procesado o su defensor, a quienes les está vedado apelar  aquellos  aspectos  que  integran la aceptación de la responsabilidad penal que  abre  compuerta  a  la  conclusión  del trámite sin agotar la totalidad de sus  fases;  reserva  que encuentra sustento en la imposibilidad de retractarse de lo  admitido  en  virtud  de  los  principios  de eventualidad o preclusión y de la  seguridad jurídica.   

         “En  efecto,  al  tenor del numeral 4º  del  artículo  37B  del  estatuto  procesal  penal, subrogado por la Ley 365 de  1997,  bajo  cuya  existencia  jurídica  se  adelantó la presente actuación –  coincidente  en  esencia  con  el  inciso 10º del artículo 40 de la Ley 600 de  2000  -,   mediante  el  cual  se  desarrollaba  normativamente  la aludida  comprensión   de  tales  institutos,  el  interés  jurídico  para  apelar  la  sentencia   anticipada,   tratándose   del   sindicado   o   su   defensor,  se  circunscribía  a  los  tópicos establecidos en dichos preceptos, esto es, a la  dosificación  de  la pena, al subrogado de la condena de ejecución condicional  y  a  la  extinción  del  dominio  sobre  bienes,  dentro  de los cuales cabía  predicar  también la temática de la condena al pago de perjuicios con ocasión  de  la declaratoria de inexequibilidad del numeral 5º ibídem, subrogado por el  artículo  12  de  la  Ley  365  de  1997,  que  sustraía  la definición de la  responsabilidad   civil   en  los  fallos  de  carácter  anticipado  (sentencia  C–277 de junio 3 de 1998,  M.P. Dr. Vladimiro Naranjo Mesa).   

           “Ahora   bien,  estas  restricciones  establecidas  en forma explícita para la alzada se pregonan también en sede de  casación,  como  ha  precisado  de  antaño  la  Sala y recuerda la Procuradora  Delegada,  pues  un  criterio distinto “conllevaría al desconocimiento de las  finalidades   del  proceso  especial  –fundadas  en  razones de una política criminal enderezada a brindar  el  doble  beneficio  de disminuir costos con la administración de una justicia  pronta  y  eficaz,  que  comporte  al tiempo un resultado punitivo menos gravoso  para  el  procesado-  mediante la introducción a destiempo de la posibilidad de  arrepentirse  de  la manifestación de conformidad con los cargos y la prueba de  ellos,  expresada  en  la  diligencia previa a la sentencia (autos de julio 3 de  1997  y  marzo 4 de 2000, M.P. Dr. Arboleda Ripoll, entre otros).”.   

         No   es   posible,  entonces,  buscar  una  evidente  retractación  de  los  cargos  aceptados  válidamente, pretextando la supuesta  violación  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  que  se soporta, por lo  demás,  en  una  argumentación ininteligible que ni  siquiera  precisa  cuál  es  el  yerro  en el que incurrió el Tribunal o cómo  incidió  este  en  la  decisión  querida  por  su  representado  legal, apenas  significando  un  imposible error de derecho por falso juicio de convicción que  se  funda,  en  contra  de  toda  lógica, en la supuesta omisión en recabar un  testimonio,  pues,  no  se  entiende  cómo  el  fallador  pudo  restarle  valor  probatorio   u   otorgárselo  en  exceso  –eventos en  los  cuales  se  define  materializado  el  falso  juicio  de convicción-, a un  elemento  suasorio  que  no  fue   recogido  en  la  foliatura –de  esto,  precisamente,  se duele el  recurrente,  pero obviando precisar el tópico dentro de las reglas del error de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por omisión, que es el adecuado para  enfilar lógicamente la crítica-.   

          El segundo cargo,  que   se   transcribió  totalmente  para  poner  de  manifiesto  su  ostensible  impropiedad  argumental,  apenas  enuncia  que  la  declaración  de  uno de los  testigos  no cumple con los  “requisitos establecidos por la norma que establece  su  rito”,  pero  nada  más señala sobre el tema,  vale  decir,  cuando  menos,   cuáles son esos requisitos obviados o cómo  incidió  la  declaración  en  el  fallo, simplemente significando, sin ningún  tipo  de  ilación lógica o elemento conductor entre ambas afirmaciones, que en  el  proceso  hipotecario  seguido  por una entidad financiera contra una persona  natural, se nombró como secuestre al procesado.    

       Y, por  último,     lo     que     se     rotula    en    la    demanda    “Utilización      de      sofismas      de      petición     de  principio”,   parece   una   simple   digresión,  completamente  desconectada de los cargos o su fundamentación, si puede decirse  que  comportan  alguna,  dado  que  se  limita  a  señalar  cómo  el Tribunal,  supuestamente,  incurrió en “frecuentes sofismas de  petición    de   principio   que   controvierten   la   lógica   elemental   y  jurídica”,     llegando    hasta    aquí    la  sustentación, como quiera que nada más se dice para  comprobar  cuáles  son  esos  sofismas  o  cómo  se  consignan en el fallo.   

             Para     mayor  impropiedad,   al   final   del  escrito  el  recurrente  advierte  que   debe   dictar   la   Corte   un   nuevo   fallo  “en    lo    que    respecta    con   el   pago   de   perjuicios  materiales”,  cuando jamás, en el libelo, enunció  o  desarrollo  ese tema, y ni siquiera reseñó cuánto fue que se dispuso pagar  a favor del afectado.   

   

      No  observa  la  Sala,  entonces,  que  de  verdad  se  materializase  algún  tipo  de  vulneración,  cuando  ni  siquiera se discute que los     cargos    aceptados    fueron    cabalmente   conocidos   por   el   procesado,   así  como   sus  efectos punitivos, para no hablar de  las   consecuencias   de  la  renuncia  a  controvertir  lo  presentado  por  la  fiscalía.   

          No son necesarias  mayores  consideraciones,  evidente  la impropiedad de los cargos formulados por  el  censor,  para  determinar inconcusa la necesidad de inadmitir la demanda, ya  que  tampoco  la  Sala  advierte  la  existencia  de algún tipo de vulneración  a   garantías fundamentales, que implique necesario recurrir a la facultad  oficiosa que le es aneja en esos eventos.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el  defensor  del procesado FERNANDO LOAIZA ROMÁN.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

                                       ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

                                        JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia del 21 de febrero de 2002, radicado 14330     

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