28722(05-12-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28722   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 245.  

Bogotá      D.C.,      diciembre cinco (5) de dos mil siete (2007.   

VISTOS  

La  Sala procede a constatar el cumplimiento  de  las  exigencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación dispuestas por el  legislador,  respecto  del  libelo  casacional  presentado  por  el defensor del  procesado   GIOVANNI  CASTIBLANCO  ROJAS,  contra el fallo de segundo grado dictado por el Tribunal Superior  de  Bogotá  el  28  de mayo de 2007, confirmatorio del proferido por el Juzgado  Quinto  Penal del Circuito de Bogotá el 14 de septiembre de 2006, por medio del  cual  lo  condenó  como  autor  penalmente  responsable del concurso homogéneo  sucesivo  de  delitos  de  acceso  carnal  abusivo  con  menor  de  catorce (14)  años.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

A mediados del año 2004, entre GIOVANNI  CASTIBLANCO ROJAS y V.L.A.G, quien tenía trece (13) años de  edad,   surgió   una  relación  sentimental  dentro  de  la  cual  mantuvieron  relaciones  sexuales  en  varias  ocasiones,  hasta  que la madre de la niña se  enteró del suceso y lo denunció ante las autoridades.   

          La   Fiscalía  Seccional  de  Bogotá  dispuso  la  correspondiente  investigación   y   después   de   practicar   algunas  diligencias  profirió  resolución  de  apertura  de  la  instrucción,  en  curso  de la cual vinculó  mediante    indagatoria   a   GIOVANNI   CASTIBLANCO  ROJAS,  resolviéndole  su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  sin  derecho  a libertad  provisional,  como  posible  autor del delito de acceso carnal abusivo con menor  de catorce (14) años.   

          Cerrada  la etapa instructiva, el mérito del sumario fue calificado  el  21  de  septiembre  de  2005  con  resolución  de  acusación en contra del  procesado  como  presunto autor del concurso de delitos de acceso carnal abusivo  con menor de catorce (14) años.   

          La  fase  del  juicio fue adelantada por el Juzgado Quinto Penal del  Circuito  de  Bogotá, despacho que una vez surtido el rito dispuesto en la ley,  dictó  sentencia  el  14 de septiembre de 2006, a través de la cual condenó a  GIOVANNI CASTIBLANCO ROJAS a  la  pena  principal de setenta y seis (76) meses de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  como  autor penalmente responsable del concurso de delitos objeto  de acusación.   

En la misma decisión le negó la condena de  ejecución   condicional   y   la   prisión   domiciliaria  sustitutiva  de  la  intramural.   

Impugnada  la  sentencia por el defensor del  acusado,  el  Tribunal Superior de Bogotá la confirmó mediante fallo del 28 de  mayo  del año en curso, proveído que es ahora objeto de recurso extraordinario  de casación interpuesto por el mismo sujeto procesal.   

EL LIBELO  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo   primero,  el  demandante  afirma  que  los  falladores  incurrieron  en  violación  directa  de  la  ley  sustancial por interpretación errónea de los  artículo 9º, 11 y 208 de la Ley 599 de 2000.   

En la demostración de su aserto refiere que  la  decisión  impugnada “establece como presunción  de  derecho  que un menor de catorce años por razones de su estado de inmadurez  no  se  encuentra  en  capacidad  de  asumir  con  el  discernimiento debido una  relación    sexual”,   de   donde   concluye   que  “el  fallo recurrido agotó su discernimiento en la  tipicidad,  descartando  la  antijuridicidad, bajo el entendido de la existencia  de  una  presunción de derecho, en virtud de la cual, cumplida la tipicidad, en  ella  misma se entenderá que el juicio de valor afectó sin justa causa el bien  jurídico   tutelado”,  es  decir,  “atendiendo  solamente  el  concepto  de tipicidad y en consecuencia  estableciendo     responsabilidad    objetiva    (proscrita    ella)”, respecto de su procurado.   

          También  asevera  que en punto de la antijuridicidad material de la  conducta,  se  advierte  la  “ausencia de daño como  consecuencia   de   la   conducta   típica”  aquí  investigada.   

Agrega  que  “la  ausencia  de  antijuridicidad  material  se  fundamenta  en  la  inexistencia de  afectación  por  parte  de  la  víctima  (hecho  debidamente  acreditado en el  proceso y analizado por el Tribunal)”.   

          Finalmente  aduce  que por la errónea interpretación del artículo  208  de  la  Ley  599  de  2000,  los  sentenciadores  dieron  por  supuesta  la  antijuridicidad  de  la  conducta,  sin  percatarse que no se produjo daño a la  víctima,  caso  en el cual se imponía exonerar de responsabilidad GIOVANNI CASTIBLANCO ROJAS.   

Con base en lo expuesto, el actor solicita a  la  Sala  “CASAR el fallo atacado y proferir uno de  remplazo (sic)”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          De  tiempo  atrás  ha  dilucidado  la  Sala que en el examen de los  libelos  casacionales,  es de su resorte verificar que los recurrentes presenten  los  cargos  de conformidad con las reglas lógicas y de acreditación definidas  por  el  legislador  y desarrolladas por la jurisprudencia, con el propósito de  obviar   que   este  recurso  se  trasmute  indebidamente  en  una  tercera  instancia.  Tales  requisitos se  dirigen  a  conseguir  que las demandas se ajusten a unos mínimos lógicos y de  coherencia  en  la  postulación y demostración de los reproches propuestos, de  manera  que  resulten  inteligibles  en  cuanto  precisos  y claros, dado que no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función  constitucional  y  legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias alegaciones  de los impugnantes en casación.   

          Dado  que  en el reparo examinado el defensor denuncia la violación  directa  de  la  ley sustancial, es oportuno señalar que dicho quebranto ocurre  cuando  a  partir  de  la  apreciación  de  los  hechos  legal  y oportunamente  acreditados  dentro  del  diligenciamiento,  los  falladores  omiten  aplicar la  disposición  que se ocupa de la situación en concreto, en cuanto yerran acerca  de  su  existencia  (falta  de  aplicación o exclusión evidente), realizan una  equívoca  adecuación  de  los hechos probados a los supuestos que contempla el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le atribuyen a la norma un sentido que no  tiene   o   le   asignan   efectos   diversos   o   contrarios  a  su  contenido  (interpretación errónea).   

En  tal caso, sin que interese la especie de  vulneración  inmediata  de  la ley sustancial, el yerro de los juzgadores recae  sobre  la  normatividad,  circunstancia  que  circunscribe  la  discusión  a un  escenario  exclusivamente  jurídico,  sea  porque  se dejó de lado el precepto  regulador  de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque el hecho se  adecua   a   una   disposición  estructurada  con  supuestos  distintos  a  los  establecidos,  o  bien,  porque  se  desborda la inteligencia propia de la norma  aplicable  al  caso concreto, todo lo cual exige del casacionista la aceptación  de   la   realidad  fáctica  declarada  en  el  fallo  objeto  de  impugnación  extraordinaria.   

Entonces,  es  claro  que al ser invocada la  violación  directa de la ley sustancial no se debate la actividad probatoria ni  su  ulterior  apreciación  judicial,  dado  que para emprender la censura de la  validez  de  las  pruebas o de su valoración, el legislador ha establecido como  causal  la  violación  indirecta de la ley sustancial, en cuanto su infracción  se  produce  de  manera  mediata, de conformidad con las diversas modalidades de  errores en que pueden incurrir los sentenciadores en tal materia.   

Una   vez   efectuadas   las   anteriores  precisiones,  la  Sala  encuentra  que  si  bien el censor plantea la violación  directa  de  la  ley  sustancial, su queja no se orienta a cuestionar el ámbito  jurídico  – conceptual de  la  sentencia,  pues  aunque  insiste  en  la  interpretación  errónea  de los  artículos  9º,  11  y  208  del  estatuto  punitivo,  lo  cierto  es  que para  fundamentar  un  tal  reproche  afirma,  sin  sujetarse  a  lo  declarado por el  ad  quem, que se partió de  una  presunción de derecho de que quien realiza la conducta típica establecida  en   el  referido  artículo  208,  necesariamente  vulnera  el  bien  jurídico  tutelado.   

          Es  evidente,  que  dicha  alegación  no  comporta  una  discusión  conceptual,  sino  un reproche sobre la demostración probatoria de la lesión o  puesta  en  peligro  de  la  libertad,  integridad  y  formación  sexuales  de  la  víctima,  es  decir, la  inconformidad  del  impugnante  no  se  ubica en un debate jurídico, sino en la  crítica  a  la  forma  en  que  se  dio por acreditada la antijuridicidad de la  conducta  de  su  asistido,  circunstancia  que permite advertir que su denuncia  debió  presentarla  bajo  la  égida  de  la causal primera de casación cuerpo  segundo, esto es, por violación indirecta de la ley sustancial.   

          Además   de   lo   anterior,   también   se  constata  que  en  su  planteamiento  el  defensor  pretende  que  se  declare  que  la  conducta de su  procurado   carece   de  antijuridicidad,  pero  acto  seguido  afirma  que  los  falladores  incurrieron  en  responsabilidad  objetiva,  sin percatarse que esta  corresponde   a   una   noción   propia  de  la  categoría  dogmática  de  la  culpabilidad,  no  de la antijuridicidad, confusión que permite concluir que se  desentiende  de  su deber de indicar “en forma clara  y  precisa” (numeral 3º del artículo 212 de la Ley  600 de 2000) los fundamentos de su censura.   

          Igualmente  se  tiene  que  el  censor manifiesta que la ausencia de  daño  derivado  de  la conducta de su patrocinado fue acreditada debidamente en  el  proceso.  No  obstante,  la  sentencia deja sin piso su afirmación, pues en  ella se expresa:   

“Tampoco puede el  apelante    desacreditar   la   existencia   de   la   antijuricidad  (sic)  de la conducta, con fundamento en  el  hecho  que  la  menor  no  sufrió  secuelas  de  orden psíquico, según lo  determinó  el  Instituto  Nacional  de Medicina Legal y Ciencias Forenses o que  para  él ningún daño existió, pues como se dijo lo  que  se  protegía  era la determinación sexual de una persona que no tenía el  discernimiento  suficiente  y que en últimas resultó agraviada por la conducta  del  procesado, a pesar de lo genuino del amor que se  dice   existe   entre   ellos”  (subrayas  fuera  de  texto).   

Así las cosas, es claro que si, de una parte, el defensor se aparta de  la  declaración  de  hechos  realizada en la sentencia recurrida y, de otra, se  ocupa  de  cuestionar  aspectos  atinentes  a  la demostración probatoria de la  antijuridicidad,  no  somete  su  discurrir  a  las  reglas  que  gobiernan este  recurso,  circunstancia  que  conlleva el desconocimiento  de la presunción de acierto y legalidad del fallo  e   impone   la   inadmisión  del  reparo  en  tales  condiciones  formulado de conformidad con lo dispuesto  en  el  artículo  213  de la Ley 600 de 2000, habida cuenta que las mencionadas  falencias  no  pueden  ser  enmendadas por la Sala de  acuerdo  con  el  principio  de  limitación  que  rige  su  actividad  en  este  trámite.   

          Finalmente    es    pertinente   indicar   que   no   se    advierte    en    el   curso   del  diligenciamiento   o   en  la  sentencia  objeto  del  recurso,   violación  de  derechos  o  garantías  del  procesado  CASTIBLANCO   ROJAS,   como   para  que  ello  determinara ejercer la facultad oficiosa que en  punto  de  asegurar  su  protección  le  confiere el  legislador a la Corte.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  GIOVANNI CASTIBLANCO ROJAS,  por las razones expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ           MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS               JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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