28546(08-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28546  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA      DE      CASACIÓN PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

Aprobado   acta   No.    221   

Bogotá,   D.   C.,    ocho  de  noviembre  del  año  dos  mil  siete.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de revisión presentada por el defensor del sentenciado  CARLOS  MARIO  GÓMEZ  GÓMEZ,  contra  la  sentencia    de   segunda   instancia   proferida     el    veintinueve  de  agosto  de dos mil seis por el  Tribunal      Superior     del     Distrito     Judicial     de     Medellín,          mediante    la    cual    lo  condenó  a  la  pena de treinta  (30)  años  y seis (6) meses de  prisión   a  consecuencia  de  hallarlo  penalmente  responsable  del  concurso de delitos de secuestro  simple, secuestro extorsivo, hurto calificado-agravado y  porte  ilegal  de  armas  de fuego de defensa personal materia de la acusación.   

Hechos.  

La  cuestión  fáctica fue declarada por el  juzgador de la manera siguiente:   

“Los  sucesos  materia  del  proceso  ocurrieron  el  22 de febrero de 2004, a eso de las 12:30  p.m., en el municipio de El  Retiro  (Ant.), vereda Chirimías, finca Santa Ana de  propiedad  del  señor  Álvaro Reyes García, cuando fue secuestrada la señora  Gladis  María  Giraldo Vanegas, esposa del anterior, por un grupo de 15 hombres  aproximadamente,   que   portaban   armas  de  fuego  y  vestían  uniformes  de  paramilitares  con  brazaletes  de las AUC. Dichos sujetos se hicieron presentes  en  dicha  finca,  retuvieron  a  todas  las personas que allí se encontraban y  esperaron   la  llegada  de  los  esposos  Reyes  Giraldo,  a  quienes  también  retuvieron  y, al cabo de unos cuarenta minutos y algunos diálogos cinco (5) de  ellos  se llevaron a la dama en el vehículo Nissan Paintfander de propiedad del  señor  Reyes,  con rumbo desconocido. El resto de la pandilla permaneció en la  finca y horas más tarde se fueron por entre los pinares.   

“Antes  de  retirarse  de  la finca con la  plagiada,  uno  de  los  secuestradores  le  exigió  al señor Reyes la suma de  CUATRO      MIL      MILLONES      DE     PESOS     ($4.000.000.000,00),    por    el    rescate   de   la  misma.   

“El automotor en que los secuestradores se  llevaron  a  la  señora Gladis se encontró después abandonado en la ciudad de  Medellín”.   

“Además, los malhechores se apoderaron de  varios   bienes  avaluados  por  los  ofendidos  en  veinte  millones  de  pesos  ($20.000.000,00) a saber:   

Un diamante  

Una  pistola  Pietro  Beretta,  calibre 7,65  mm.   

Una escopeta Winchester  

Una  agenda  electrónica modelo 5155 y otra  2021   

Dos teléfonos celulares  

Una   cámara   filmadora   Sony   modelo  530   

Una  cámara  fotográfica  multifuncional,  marca Panasonic   

Un  computador portátil marca Compaq modelo  NH 1000   

Una    agenda    Pmt    Blac   

Un bolso femenino  

Dinero efectivo  

Documentos varios.  

(Ver Cuad. 1, fls 8, 94, 100, 132, 137, 225,  entre otros).   

“Durante los días siguientes a los hechos  descritos,   el  señor  Reyes  recibió  numerosas  llamadas  desde  teléfonos  celulares  exigiéndole  el pago de la suma exigida para entregarle a su esposa,  hasta  que  finalmente,  diez  y  siete (17)  días después ésta fue rescatada por servidores del GAULA, en  desarrollo  de  un  operativo  en  el  que fueron capturados los señores CARLOS  MARIO  GÓMEZ  GÓMEZ y FILMAR ANTONIO CARO MONTOYA, y  perdió  la  vida uno de los plagiarios de nombre DARÍO CASTRILLÓN ATEHORTÚA,  alias   ‘Jaime  Alonso  Quintero    Parra’   o  ‘Jaime López’         o        ‘Mara’          ”.    

    

         La demanda.   

Con  apoyo en la causal tercera el defensor  del     sentenciado     CARLOS    MARIO    GÓMEZ  GÓMEZ   solicita  la  revisión  de  la  sentencia  proferida  por  el Juzgador de segunda instancia, tras sostener que con     posterioridad    al    fallo  de  condena  “se  ha  logrado obtener prueba nueva  desconocida  al  momento  de la audiencia y posterior a la misma sentencia donde  se  demuestra  que el día 5 de marzo de 2004 en las horas de la noche, la misma  en  la  cual  se  sitúa  y  admite  como  probado por los  falladores a mi  poderdante  CARLOS  MARIO  GÓMEZ GÓMEZ,  en  la vereda Santa Rita, municipio  de  San Vicente, municipio  Antioqueño  del  oriente del Departamento, cuando se encontraba en la ciudad de  Medellín,  lo cual indica claramente que la prueba tenida en cuenta como puntal  de   la   sentencia   no   tiene   razón   de   ser   a   la  luz  de  la  sana  crítica”.   

Como pruebas nuevas menciona los testimonios  de  Elizabeth  Arias  Pérez,  Marlene Arias Pérez, Gladis Amparo Aleiza Rojas,  Marina  Galeano  Uribe,  María  Arsenia  Osorio   Quiceno,  Gloria Cecilia  Marín  Franco,  Luis  Fernando  Tavera  Villa,  Marisol  Tamayo Ramírez y Juan  Bautista  Rendón  Ortiz,  de  quienes  dice  que  “pueden dar claras luces al  proceso   y  conducen  a  demostrar la inocencia de mi representado”.   

En   las   declaraciones   para   fines  extraprocesales rendidas  ante  notario  por  los  mencionados, dicen constarles que aproximadamente a las  nueve  de  la  noche  vieron  entrar  al procesado CARLOS MARIO GÓMEZ GÓMEZ en  compañía  de  su  hija  Jennifer  a la casa de su hermana Graciela y que horas  antes  se  encontraba trabajando en el taller de mecánica en el barrio Aranjuez  de Medellín.   

   

Adjunta  el  poder  específico  para  el  ejercicio  de  la  acción,  fotocopia  de  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancias proferidos en  contra  de  su asistido con constancia de ejecutoria,  así  como  los  medios  a  que  se  ha  hecho  alusión  en el cuerpo de este  proveído.   

                        SE  CONSIDERA:   

Como  quiera  que  la  acción de revisión  ostenta  el  carácter  de  instrumento  extraordinario  a  través  del cual se  pretende  remover  los  efectos de la cosa juzgada judicial, resulta consecuente  con  tal finalidad la exigencia de que la demanda a través de la cual se ejerce  reúna  estrictamente  los  presupuestos  de  admisibilidad  establecidos por el  artículo  222 del Código de Procedimiento Penal de 2000, por el que se rige el  presente  asunto.  De no cumplirse esta carga por el accionante, inexorablemente  conduce a la inadmisión del libelo.     

A  fin  de  que la demanda pueda superar el  juicio  de  admisibilidad  que  le compete realizar a la Corte, es de reiterarse  que   el  actor  no  solamente  tiene  el  deber  de  seleccionar  cuidadosamente  el  motivo  que  pretenda  invocar  en  apoyo de su  pretensión  y las pruebas en que se funde, sino que, además, dado el carácter  eminentemente  técnico  y  rogado  que  la revisión ostenta, es su obligación  indicarle  a  la  Corte,  mediante la presentación de una exposición lógica y  racional,  de  qué manera se demuestra la configuración de la causal escogida,  y  cómo  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  que  presenta, dan lugar a  derruir el fallo cuya remoción persigue.   

Si el fundamento del ejercicio de la acción  estriba  en  el  motivo  tercero  de  los  establecidos por el artículo 220 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  esto  es, “cuando después de la sentencia  condenatoria  aparezcan  hechos  nuevos o surjan pruebas, no conocidas al tiempo  de   los   debates,   que   establezcan  la  inocencia  del  condenado  ,  o  su  inimputabilidad”,  resulta  indispensable  acreditar  el  cumplimiento  de los  siguientes presupuestos:   

a).  El  surgimiento  de hechos nuevos o de  pruebas  no  conocidas al tiempo de los debates en las instancias ordinarias del  trámite;   

b).  Que  el nuevo acontecer fáctico esté  ligado   a   la   conducta  punible  materia  de  investigación  y  juzgamiento  y;   

c). Que las pruebas aducidas sean aptas para  establecer  en grado de certeza la inocencia del procesado o su inimputabilidad,  o  de  tornar  cuando menos discutible la verdad declarada en el fallo, haciendo  que no pueda probatoriamente mantenerse.   

Por  hecho  nuevo ha sido entendido, según  reiterada  doctrina de la Corte, todo acaecimiento o suceso fáctico vinculado a  la  conducta  punible  materia  de  investigación y juzgamiento, del cual no se  tuvo  conocimiento  en  ninguna  de  las  etapas  ordinarias  de  la  actuación  judicial,  de manera que no pudo ser objeto de controversia. Y por prueba nueva,  todo  medio  de convicción no incorporado al proceso, que da cuenta de un hecho  desconocido,  o  de  una  variante  sustancial  de  un  hecho  conocido  en  las  instancias,  cuyo  aporte  ex  novo tiene la virtualidad de desquiciar el juicio  positivo  de  responsabilidad  que se concretó en la decisión de condena (cfr.  por todas, revisión de octubre 15/99. Rad. 14508).   

Dado, entonces, que la acción de revisión  no  tiene como propósito revivir inocuamente el debate probatorio surtido en el  fenecido  proceso,  cuestionar la validez del trámite, o la apreciación que de  los  medios  hizo  el  juzgador  en  el  fallo  con el cual se le puso fin a las  instancias  ordinarias  del  trámite,  sino  poner  en tela de juicio de manera  seria  y  objetiva  la  presunción de justicia que clausuró definitivamente el  juicio,  es  claro  que  no  resulta  procedente aducir cualquier clase de medio  probatorio.   

En este sentido, solamente resulta plausible  fundamentar  el pedido en aquellas pruebas que por su pertinencia, conducencia y  eficacia  demostrativa, den lugar a establecer que el sentenciado es inocente en  la  diversa acepción de no autor, realizador no responsable del hecho, o porque  con  igual  grado  de  eficacia,  esos  mismos  medios  probatorios, dan lugar a  afirmar que actuó en situación de inimputabilidad.   

Si la prueba aducida por el demandante no es  novedosa   o   carece   de   entidad   para   modificar  el  fallo,  en  sentido  sustancialmente  distinto  y  opuesto al que se persigue derruir, no puede menos  que  concluirse  que el ejercicio de la acción tiene por finalidad continuar un  debate   estéril   e   impertinente  sobre  hechos,  pruebas  y  argumentos  ya  considerados  y  definidos  procesalmente,  imponiéndose  la  inadmisión de la  demanda por la Corte.   

En  el  presente  evento,  con  apoyo en la  causal   tercera   de   revisión,  el  defensor  del  sentenciado  CARLOS     MARIO    GÓMEZ    GÓMEZ  pretende  la  remoción  del  carácter definitivo e  inmutable  de  la  sentencia  proferida  en  contra  de su asistido, a partir de  considerar  que  de  la  prueba  aducida como novedosa, se establece que éste  no   es   responsable   de  la  conducta  por  cuya  realización  fue condenado, por cuanto el 5 de marzo  de  1994  se  encontraba en un lugar diverso de donde se señala por parte de la  víctima.   

No   se   percata,   sin   embargo,   que  independientemente  de  tal  aspecto, los juzgadores de instancia no fundaron su  decisión  en  el  sólo dicho de la víctima, sino en la evaluación conjunta y  racional   del   acervo   probatorio   recaudado  en  la  actuación.   

En  ese  sentido  merece ser destacado, que  además  del  dicho  de  la  plagiada Gladys María Giraldo Vanegas,  quien  señaló  a CARLOS MARIO GÓMEZ GÓMEZ como una de las personas que la noche del  5  de  marzo de 2004 estuvo en el sitio donde la tenían secuestrada, habló con  ella  y  la  puso  a  hablar  por  un  teléfono  celular  con  su  esposo,  los  sentenciadores  tuvieron  en  cuenta  las  circunstancias  en  que se produjo la  aprehensión  de  dicho procesado y de WILMAR ANTONIO CARO MONTOYA; que en poder  aquél  se  encontró el  teléfono  celular  desde  el  cual,  el  8 de marzo de 1994, se hizo una de las  llamadas  en  que se solicitaba dinero a cambio de la  liberación     de     la    víctima;    y,  además,    que   en  la  casa  de  una  amiga  suya  se  halló  otro  aparato  que  utilizaba  para  comunicarse  con los sujetos que custodiaban a la  retenida  e  impartirles instrucciones, en relación con lo cual concluyeron que  si  estos  sujetos  “hicieron  lo  que GÓMEZ GÓMEZ les ordenó, es porque lo  conocían,   distinguieron   su   voz   y   confiaban  en  él”,  y agregaron que “CARLOS MARIO GÓMEZ  GÓMEZ   también  fue  identificado  en  fila  de  personas  como  uno  de  los  integrantes  de  la  pandilla  que  secuestró  al  médico Jorge Alberto Gómez  Jaramillo  el  1  de enero de 2004 en el municipio de Girardota”, aspectos   éstos   sobre     los     cuales     ningún  planteamiento se formula en la demanda.   

     

Lo   dicho   denota   que  la  pretensión  del  accionante es revivir sin fundamento un debate  fenecido  en  el  momento  en  que  cobró ejecutoria el fallo, pero sin aportar  ningún  elemento  con  capacidad  de  conmover  los  sustentos  fácticos del fallo, pues lo cierto es que  las    declaraciones         extrajuicio         que         allega,  no  constituyen  novedosos  medios  de prueba, en los términos que han sido vistos,  sino   un   recurso   de   último   momento  para  desconocer    el   carácter   vinculante  de  la  sentencia,  lo  cual, por supuesto, resulta inadmisible si son tomados en cuenta  los     presupuestos     exigidos     por    la    causal    aducida.   

Esto si se da en  considerar,        además,   que  el  libelista ni siquiera aborda el proceso demostrativo de  cómo    la    prueba    que    aduce,    de    haber    sido    incorporada   al   juicio  y  apreciada  en  conjunto  con  las  demás  en  que  se  sustentó el fallo  acorde con las  reglas  de la sana crítica, conduciría a una verdad  distinta  y  opuesta  a  la  declarada judicialmente.   

No  sobra  advertir  que si  lo  perseguido  por  el  actor  es  demostrar  que para  el   cinco de marzo de mil novecientos noventa y cuatro  el   procesado   CARLOS   MARIO  GÓMEZ  GÓMEZ  se  encontraba  trabajando  en  su taller, que en horas de la noche de esa fecha fue  visto  ingresando  a  la  residencia  de  su  hermana  en la ciudad de Medellín  y  que por razón de esto  no  pudo  haber  cometido  el delito de secuestro que se le atribuye,     ha     debido    apoyar    la   acción   en   la   causal   quinta,   acreditar,  por  supuesto con sentencia  en   firme   que   así  lo  declare,  que  el  testimonio  de la víctima se  halla  afectado  de  falsedad,  y  establecer que no  obstante  ello,  sirvió  de  fundamento  a  la  sentencia que se demanda,   presupuesto  éste que también incumple, lo que impide suponer siquiera que ese  fue el motivo que quiso aludir.   

Pero    además,     como    ha   sido   visto,   es   lo   cierto   que   las  declaraciones  aducidas  por  el demandante en sustento de su  pretensión,   dicen   relación   tan  sólo      con    uno     de     los     aspectos  considerados   por  el  juzgador  para  edificar  la  sentencia,  como fue el  encontrar  acreditado   “que  el  individuo  que  visitó  a  la  señora  Gladys  María  Giraldo  Vanegas,  el  5 de marzo de 2004 en el lugar donde la tenían cautiva, sí es el  señor   CARLOS   MARIO  GÓMEZ  GÓMEZ”,  sin  tomar  en  cuenta  los  demás  que  sirvieron  de  sustento  a  la  declaración de  condena,   lo  que  patentiza  la  precariedad  del  pedido  de que la Corte admita al trámite el libelo  que presenta.   

En razón a esto, y dado que los testimonios  de  Elizabeth  Arias  Pérez,  Marlene Arias Pérez,  Gladis     Amparo     Areiza     Rojas,    Marina    Galeano    Uribe,     María     Arsenia  Osorio  Quiceno,  Gloria  Cecilia  Marín  Franco,  Luis  Fernando  Tavera  Villa,  Marisol  Tamayo Ramírez y Juan  Bautista  Rendón  Ortiz, carecen de los presupuestos  mínimos  para  ser tomados como pruebas nuevas,  que no ha sido demostrada  la      falsedad      de     las     declaraciones  de la víctima en que se compromete la responsabilidad penal del  sentenciado,  y  tampoco  la acción se promueve con  fundamento  en  la  causal  quinta  de revisión, es el rechazo de la demanda la  solución que se impone adoptar.   

Asimismo,  debe  resaltarse  la  inocuidad  de    los         testimonios   en  mención  en  cuanto  lo  único  que  se  establece  de   ellos   es   que  la  noche  del  5  de  marzo  de 1994 el sentenciado  visitó   a   su   hermana,   no  que  a   los   declarantes  les  conste que los hechos materia de investigación y juzgamiento no  hubieren  tenido  realización  en  la  forma  como  fueron  declarados  por los  juzgadores,  o  que  el  sentenciado  sea inocente de ellos, con lo cual resulta  evidente  que  carecen de  potencialidad  de  poner  en  tela  de  juicio  el inequívoco señalamiento que  respecto   del   sentenciado   durante   el   proceso  hiciera  la  víctima.   

Se tiene en síntesis, que la prueba que se  aduce  para  demostrar  los  fundamentos  básicos  de  la  acción no ofrece en  estricto  rigor  técnico aporte ex novo, como quiera que no revela la   existencia   de  un  hecho  que  objetivamente  demuestre  la  inocencia  del procesado, el cual no fue conocido por los juzgadores  ni informa sobre variantes sustanciales de un hecho conocido con  capacidad  para  derruir  la  declaración  de verdad que la sentencia contiene,  únicos  eventos  en  los cuales resulta dable acceder en revisión al amparo de  la causal tercera, según se dejó visto.    

Entonces, ante el evidente incumplimiento de  los  presupuestos  de admisibilidad legalmente establecidos, la decisión que se  impone  no  puede  ser  otra  que  la de inadmitir la demanda.   

Es  de  advertirse,  finalmente que en este  caso  no  concurre   motivo  alguno de   impedimento  en  los  Magistrados  de  la  Corte,  toda  vez  que  en el pronunciamiento de tutela proferido dentro  del  trámite  radicado  con  el  número  28722  la intervención de algunos de  los  integrantes  de  la  Sala1  se  circunscribió  a  declarar la improcedencia del amparo, sin  que   para   ello   tuviera  que  referirse  a  los  fundamentos    fácticos    o   jurídicos   del   fallo   proferido,  o de la acción que ahora se intenta  por parte de la defensa.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el defensor del sentenciado      CARLOS      MARIO     GÓMEZ  GÓMEZ.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Comisión de servicio  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS            AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                  YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Magistrados  Alfredo  Gómez Quintero, Sigifredo Espinosa Pérez y  Álvaro  O. Pérez Pinzón.     

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