28214(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 28214  

CORTE     SUPREMA     DE   JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta N°181  

Bogotá, D. C., septiembre veintiséis (26)  de dos mil siete (2007).   

V I S T O S :  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por los defensores de los procesados,  diego  enrique  rosero  camacho,  álvaro forero saavedra, diosma alonso morales  padilla  y  jhon  fredy  gutiérrez  ramos,  quienes  fueron  condenados por los  delitos   de  homicidio  agravado,  concierto  para  delinquir  y  fabricación,  tráfico  y  porte de armas de fuego y municiones, en sentencia proferida por el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito Especializado de Bucaramanga y confirmada  por el Tribunal Superior de la misma ciudad.   

ANTECEDENTES      FÁCTICOS      Y  PROCESALES:   

1.          Los  primeros fueron sintetizados en el  fallo de segunda instancia en los siguientes términos:   

“El  30 de mayo de 2006, en inmediaciones  de  la glorieta ubicada cerca al almacén Vivero de la cuidad de Bucaramanga, el  abogado  Jorge  William  Villamizar Giraldo murió dentro de su vehículo cuando  se  dirigía  a  su  hogar, a causa de los disparos recibidos con un arma 9 m.m,  propinados  por  un  sicario,  quien  después de los hechos huyó en un taxi de  placas  SRZ  652,  como  lo  informó un testigo. Posteriormente, en la etapa de  investigación  de  los  hechos, se recibió información sobre los responsables  del  homicidio  del abogado, aportada por un desmovilizado de las AUC, Róbinson  Bayona,  quien  proporcionó  detalles  importantes  que  les  sirvieron  a  las  autoridades  de  la Policía Judicial para dar con las personas comprometidas en  los  hechos.  Fue  así  que  se  hicieron  los  seguimientos  respectivos a las  personas   que   Róbinson  Bayona  señaló  como  presuntos  responsables  del  ilícito,  diosma  alonso  morales,  jhon freddy gutiérrez ramos, diego enrique  rosero  camacho  y  álvaro  forero  saavedra, lo que llevó a la captura de los  cuatro   procesados,  quienes  fueron  identificados  como  miembros  activos  y  desmovilizados  de las Autodefensas de Colombia, circunstancias que dieron lugar  al  desarrollo  de  las  diligencias  por  las  cuales  hoy  se  procede en esta  Sala”.   

2.          El  28  de  octubre de 2006 se llevó a  cabo  la  audiencia de control de legalidad del allanamiento, de incautación de  bienes  con  fines de comiso y de la aprehensión de diosma alonso morales, jhon  freddy   gutiérrez  ramos,  diego  enrique  rosero  camacho  y  álvaro  forero  saavedra1,  que  el Juez 6° Penal Municipal de Bucaramanga con funciones de  control de garantías consideró ajustadas a la legalidad.   

         Ante  el  mismo  funcionario  la  Fiscalía  Tercera  Seccional  de  Bucaramanga  les  imputó  a los procesados la comisión de los  delitos de  homicidio  agravado  y  concierto  para delinquir, quienes no se allanaron a los  cargos.  Adicionalmente  solicitó  la imposición de la medida de aseguramiento  privativa   de   la   libertad   de  detención  preventiva  en  establecimiento  carcelario,  petición que  oportunamente fue atendida.   

Un   mes   después,   el   Fiscal  Sexto  Especializado   de   Bucaramanga   adicionó  a  la  imputación  el  delito  de  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego,  ante  el Juez 16 Penal  Municipal   de   la   ciudad   de   Bucaramanga  con  funciones  de  control  de  garantías2.   

3.          El  28  de  noviembre de 2006, el mismo  Fiscal  presentó ante el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de la  nombrada     capital,    con    función    de    conocimiento,    escrito    de  acusación3,   cuya   formulación   tuvo   lugar   el   13  de  diciembre  de  20064.   

4.          El  26  de enero de 2007 se realizó la  audiencia                preparatoria5.  Los  días  15,  16,  27  y  28   de febrero se desarrolló la audiencia de juicio oral que finalizó el  1°  de  marzo  de esta anualidad con la determinación del sentido condenatorio  del    fallo6.    

5.          El 11 de marzo de 2007 se convocó a la  audiencia   para   lectura   de  dicha  providencia7,  mediante  la  cual a diosma  alonso  morales  padilla  y  jhon  freddy Gutiérrez ramos les fue impuesta como  coautores    de    homicidio   agravado   en   concurso   con   concierto   para  delinquir, y fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego  y  municiones,  la  pena  principal de  cuatrocientos   ochenta   (480)   meses   de  prisión  y  multa  equivalente  a  3.000  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  y  la  pena  accesoria  de  inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por doscientos cuarenta (240) meses  respectivamente.   

Diego  Enrique Rosero Camacho fue condenado  como   cómplice   de   homicidio   agravado  en  concurso  con  concierto  para  delinquir, y fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego  y  municiones  a  la pena principal de  doscientos  ochenta  y  cinco (285) meses de prisión y multa equivalente a tres  mil   (3.000)   salarios  mínimos   legales   mensuales   vigentes.  Además,  a  la  pena  accesoria  de  inhabilidad  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por doscientos  cuarenta (240) meses.   

A Álvaro Forero Saavedra le fue impuesta a  título  de  complicidad  por  homicidio agravado, en concurso con fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego y municiones, doscientos treinta y siete  (237)  meses  de prisión, y  la  pena  accesoria  de  inhabilidad  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un periodo igual  al de la pena de prisión. Este procesado  fue absuelto del cargo de concierto para delinquir.   

A  todos  los  acusados les fue impuesta la  obligación  de  pagar, en forma solidaria, a favor de Janeth Orejarena Cogollo,  esposa   del   occiso,   el  equivalente,    en   moneda   nacional,   a  ciento  veinte  (120)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes   por  los  daños  materiales  causados  con  las  conductas  punibles  sancionadas.   

7.           Los   defensores  de  los  encausados  apelaron    la    decisión   del   A─quo  ante  el Tribunal Superior de Bucaramanga, corporación que le  impartió  confirmación  el  16  de  mayo  de  20068.   

         8.             Resueltos desfavorablemente los  recursos   de   apelación,   los   sujetos  procesales  vencidos  oportunamente  interpusieron  contra  dicha  sentencia el recurso extraordinario de casación y  presentaron  la correspondiente demanda, cuyo examen formal corresponde efectuar  en esta oportunidad.   

LAS DEMANDAS  

Los  cuatro recurrentes presentaron libelos  separados  cuyo  contenido  coincide en amplias extensiones y en lo fundamental,  por  tal  motivo, el examen  que  le  corresponde realizar a la Corte con el fin de establecer si cumplen con  las       exigencias      técnico─jurídicas   inherentes  al  extraordinario  recurso  de  casación  fijadas  en  la jurisprudencia emanada de esta Corporación, será adelantado de  manera conjunta y de acuerdo con los siguientes cargos formulados:   

I.          Causal tercera: violación indirecta de  la  ley  por falso juicio de legalidad (artículo 181, numeral 3° de la Ley 906  de 2004).   

         Sin   integrar   proposición   jurídica  alguna  al  enunciar  el  reproche,  los  demandantes  acusan  al  Tribunal  de  haberse  equivocado en la  providencia   atacada   al   otorgarle   validez   al  elemento  probatorio  #11  correspondiente  a una caja de cartón registrada fotográficamente, recogida en  inmediaciones  a  la escena del crimen, embalada y sometida a cadena de custodia  por   la   investigadora   del   CTI   Elizabeth   Suárez  Gómez  ─actividad   sobre  la  cual  rindió  testimonio    en   el   juicio   oral─,  y  que  fue  objeto  de  análisis  por  los peritos de la misma  institución  en  desconocimiento  de  las  normas  que  regulan  esta  clase de  procedimientos.   

Se  refieren  a  la  trasgresión  de  los  requisitos   estipulados  para  la  seguridad,  protección  y  recolección  de  evidencia  en  los  artículos  205  (Actividades  de  policía  judicial  en la  indagación  e  investigación),  208  a  211 (Actividad de policía, informe de  investigador  de campo, informe de investigador de laboratorio, grupos de tareas  especiales),  213  (Inspección  del  lugar  del  hecho),  216  (Aseguramiento y  custodia),  254  y  255 (Cadena de custodia, aplicación y responsabilidad), 267  (Facultades  de  quien no es imputado) y 530 (Selección de distritos judiciales  para  el  proceso  de  implementación gradual del sistema acusatorio) de la Ley  906  de  2004,  y  en  la  Resolución  N°  0-6394  contentiva  del  Manual  de  Procedimientos  del  Sistema  de  Cadena  de  Custodia  para  el  Sistema  Penal  Acusatorio  de la Fiscalía General de la Nación. Además invoca los artículos  15,   29,  209,  228,  249  a  251  y  253  de  la  Constitución  Política,  y  genéricamente     la    Ley    Estatutaria    de    la    Administración    de  Justicia.   

         Critican  que una vez enterado el organismo de investigación de la  Fiscalía  General  de  la  Nación  del  homicidio  de Jorge William Villamizar  Giraldo  ocurrido  el 30 de mayo de 2006 en el perímetro urbano de Bucaramanga,  en  el  acta  levantada  en  esa  fecha  en  el lugar de los hechos, previamente  acordonado,  no aparecen incluidas las evidencias recolectadas en el mismo sitio  y  solamente  en  el informe ejecutivo rendido a la Fiscalía competente al día  siguiente,  se menciona por primera vez “…una caja de cartón en el piso, la  cual  fue  ubicada,  fijada  fotográficamente,  embalada  y objeto de cadena de  custodia,      para     su     preservación     de     posibles     impresiones  dactilares”.   

         Remitida  dicha  evidencia  al Laboratorio de Lofoscopia del CTI de  Bogotá  para  exploración  con  reactivos  físicos en polvo magnético negro,  según  dictamen  del  9  de  junio  de  2006,  ofreció  fragmentos  aptos para  análisis   comparativo  con  la  base  de  datos  del  sistema  automático  de  identificación      de      huellas      (AFIS)9,   y   en   examen  técnico  realizado  el  27 de junio de 2006, se estableció su correspondencia con los de  la  tarjeta decadactilar AFIS N° 330000403521G asignada a Jhon Fredy Gutiérrez  Ramos,   identificado   con   la   cédula  de  ciudadanía  N°  71’987.03910,  sin  embargo,  omitió  el  Ad─quem  tener en cuenta  que  la  caja  tenía  impresas  huellas  de otras personas lo cual demuestra la  afectación de la autenticidad de dicho elemento probatorio.   

Censuraron  la legalidad de tales hallazgos  porque  consideran que la evidencia de donde provinieron fue contaminada por las  siguientes  razones:  porque  dentro del área acordonada por los investigadores  que  concurrieron  con  prontitud  al  teatro  delictual  no  quedó incluida la  mencionada  caja  de  cartón  en  desconocimiento  de  la  directriz  que manda  delimitar  un  margen  territorial  en  los lugares abiertos hasta el sitio más  alejado  del  cuerpo  de  la víctima, tomado como punto de referencia, en donde  haya  quedado  evidencia  física,  con  el  fin  de protegerla; y, porque no se  establecieron vías de ingreso y de salida a dicho sector.   

Estiman  los  actores  que  la ausencia del  mencionado   acordonamiento   en   violación   de  los  protocolos  respectivos  ─omisión confirmada por  los  investigadores  que  ofrecieron testimonio sobre las actividades realizadas  en    el    área    del    homicidio─,   no   encuentra  justificación  en  el  principio  de  libertad  probatoria  como  lo  insinuara testimonialmente Elizabeth Suárez Gómez, quien  de  todas  maneras  aceptó  que cuando estaba haciendo el registro fotográfico  alguien  le  comentó  que una señora ─a  la  postre  identificada  con  el  nombre de Yalile Martínez de  Santos─ estaba indicando  una  caja  de  cartón botada por uno de los delincuentes al huir, razón por la  cual enseguida la recolectó.   

Destacaron  que  el  funcionario  del  CTI  Gabriel  Serrano  Sánchez  hubiera  dicho  que  la “…caja estaba dentro del  bosquejo  como  elemento  material  prueba  11,  y  que  estaba  en  la  vía  a  Floridablanca,  a  aproximadamente 40 metros del carro del occiso…”, empero,  expresa  dificultad  para  recordar si el área estaba delimitada o no y señala  que a dicho lugar llegó a las 8:30 de la noche.   

En respaldo del señalado planteamiento los  defensores  recurren  al  testimonio  de Yalile Martínez en cuanto si bien dijo  haber  visto  la  caja  cerca al vehículo que esperaba al homicida, distinguido  con  placa  con  los  dos  últimos  dígitos  correspondientes  a  su  año  de  nacimiento,  razón por la cual la grabó en su memoria con facilidad, indicó a  los  investigadores  dos  horas  después  el  lugar  donde yacía, sitio en ese  momento  ampliamente  concurrido;  y  al  del  vigilante  Álvaro  Lesmes  quien  percibió  al homicida cuando se acercaba al taxi que lo esperaba para huir pero  en poder de un arma en la mano, en ningún momento de una caja.   

         La   trascendencia   del   mencionado   yerro  se  refleja  en  las  inferencias  extraídas  por  los  juzgadores  de  la citada evidencia física a  pesar  de  la forma ilegal como fue recolectada y aducida al proceso. Mencionan:  la  presencia  de  Jhon  Fredy  Gutiérrez  Ramos  en  el  teatro delictual y la  credibilidad  asignada  al  testimonio  de  Róbinson  Álvarez Bayona en cuanto  reforzó  la autoría material de dicho procesado en el homicidio investigado al  señalarlo  como  la  persona  que  lo reemplazó a raíz de la frustración del  primer  plan parcialmente desarrollado para eliminar a la víctima, debido a que  no recorrió el área en donde la acechaban.   

         Acto  seguido dedican un buen espacio de la demanda a desaprobar el  crédito  otorgado  al  testimonio  de  Róbinson  Álvarez  Bayona,  prueba que  consideran  de  haber  sido ponderada por los juzgadores siguiendo las reglas de  la  experiencia  hubiera  sido  descartada.  Los  postulados  ignorados  son del  siguiente  tenor:  falta  a  la  verdad  quien  aspira  a  recibir  un beneficio  ─salir      del  país─  por  declarar en  determinada  forma,  de  igual  manera  se  actúa  por  enemistad  y  como este  sentimiento  fue  confesado  por  el  deponente hacia el condenado Diosma Alonso  Morales Padilla, no hay razón para esperar de él lo contrario.   

         Dedican  energía  argumentativa los recurrentes a desvalorar otras  pruebas,  a saber, el testimonio de Álvaro Lesmes y las entrevistas recogidas a  numerosas  personas  durante  la indagación, así como a reclamar crédito para  la  declaración  del  experto  Luis  Ignacio Beltrán Zapata, llevado al juicio  oral  por  el  equipo  de  defensores  para  demostrar el hallazgo de un número  plural    de    huellas    dactilares    en    el   mencionado   recipiente   de  cartón.   

     

I. Causal   Segunda:   Violación   indirecta  de  la  ley  por  falso  raciocinio (artículo 181, numeral 3° de la Ley 906 de 2004).     

Con excepción del representante judicial de  Jhon  Fredy  Gutiérrez  Ramos,  esta  censura  fue  formulada por los restantes  defensores.   

Denuncian  la  falta  de aplicación de los  artículos   403  (Impugnación  de  la  credibilidad  del  testigo),  404   (Apreciación   del   testimonio),   380   (Criterios   de   valoración),   381  (Conocimiento  para condenar), 372 (Fines de las pruebas) de la Ley 906 de 2004,  en  la  valoración  del  testimonio de Róbinson Álvarez Bayona, fundamento de  toda  la investigación, en cuanto los juzgadores le hubieran negado crédito de  haber  recurrido  a las siguientes reglas de la experiencia: “…la mentira es  hija  natural  del  deseo…”  luego  si  el  testigo  expresó  la importante  aspiración  de  emigrar  del  país,  con tal de lograrlo faltó a la verdad al  declarar  dentro  de  este  proceso;  “…quien  es un delincuente confeso (de  homicidio)  tiene  las  agallas y la experiencia para mentir, engañar y falsear  la  verdad…”; “…cuando se odia lo que se quiere es dañar y no colaborar  simplemente  con  la  justicia…”  y como este sentimiento exteriorizó en el  debate  público  en  contra  de Diosma Alonso Morales Padilla, las afirmaciones  juradas  realizadas  en tal sentido son mendaces; a la información contenida en  los  periódicos  accede  cualquier  persona  luego  este  debió  ser  el medio  utilizado  por  el nombrado deponente para enterarse del homicidio investigado y  acomodar  su versión a ella; y, “…cualquiera puede comprar una pistola 9 m.  m.  si  cuenta  con  dinero  y  conoce  la  ruta…” y como este tipo de armas  usualmente  son  utilizadas  por  organizaciones  criminales,  cualquiera de los  3.000  miembros  adscritos  a ellas pudo haber accionado el artefacto homicida y  no  necesariamente  Diosma  Alonso Morales Padilla con la de tal característica  por él obtenida con salvoconducto.   

Más  adelante radican la trascendencia del  comentado  yerro  en  que de haber desestimado los juzgadores la “…prueba de  cargo…”  y específicamente el testimonio de Róbinson Álvarez Bayona, o de  haber  evaluado  en  forma  diferente el testimonio de Yalile Martínez, o haber  integrado  el  único  indicio incriminatorio a partir del conocimiento anterior  al  episodio delictual existente entre los procesados, el fallo confeccionado no  habría sido de carácter condenatorio.   

Se  dedican  a criticar la construcción de  los  indicios  de  “…amenazas,  de  presencia  y  de  pertenencia  a  grupos  criminales…”  aduciendo la ausencia de demostración del hecho indicador del  cual    dedujeron    el    primero   ─las  intimidaciones  hechas  a  Jorge William Villamizar Giraldo no  las  escuchó  su  asistente,  sino  que a ella le contó su jefe que las había  proferido  un  tal  Juan  Carlos  sin que se haya establecido que provinieron de  Diosma    Alonso    Morales   Padilla─;  tampoco se demostró la presencia de Jhon Fredy Gutiérrez Ramos  en  el  sitio del reato, pues el medio escogido para comprobarlo es ilegal; y la  confluencia  de  los  procesados  en grupos ilegales corrió similar suerte pues  tan solo se estableció que se conocían antes.   

A  juicio  de  los  actores,  el  remanente  probatorio  se  reduce  al material que demuestra la fase objetiva del homicidio  investigado.   

         Finalmente, solicitan se case la sentencia recurrida.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA  :   

1.          El  recurso extraordinario de casación  en  el  marco  del  sistema  acusatorio  colombiano  ha  sido  definido  por  la  Sala11  como  un  control  constitucional  y legal que procede contra las  sentencias  proferidas en segunda instancia por los Tribunales Superiores en los  procesos  adelantados  por  delitos,  cuando  se  advierta  fundadamente  que se  precisa  del fallo de casación para cumplir alguna de las finalidades previstas  en  el  artículo 180 de la Ley 906 de 2004, a saber: la efectividad del derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  debidas  a  los  intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia.   

2.          En  la  confección  de  la  demanda el  libelista  debe  ceñirse  a  los  siguientes  requisitos: i) que se señalen de  manera  precisa  y  concisa  las  causales invocadas, ii) que se desarrollen los  cargos,  esto es, que se expresen sus fundamentos o se ofrezca una sustentación  mínima,  y iii) que se demuestre que el fallo es necesario para cumplir algunas  de   las   finalidades   del   recurso   (artículo   180   de  la  Ley  906  de  2004).   

3.          Los  libelos objeto de examen presentan  las siguientes falencias:   

3.1.          No abordan los censores, ni siquiera de  manera   enunciativa,   el  tema  de  los  fines  sustanciales  de  la  función  casacional,  vacío  insuperable  en  este  caso  pues  la  actuación no arroja  información   que   aconseje   el   pronunciamiento   solicitado   en  orden  a  materializarlos.   

3.2.          El diseño formal es defectuoso desde la  presentación  de  los  cargos pues en ambos invocan la causal que corresponde a  infracciones  in  iudicando  (numeral  3°  del  artículo 181 de la Ley 906), pero como se dijo previamente,  se  abstuvieron de elaborar la respectiva proposición jurídica y, por ende, de  relacionar  los  preceptos  sustanciales  con incidencia en la definición de la  controversia  propuesta, tarea que les implicaba adicionalmente determinar si la  trasgresión  normativa  indirecta  provenía  bien de falta de aplicación, ora  por  aplicación  indebida  o  eventualmente  por interpretación errónea de la  norma  del  bloque  de  constitucionalidad,  constitucional  o  legal  llamada a  regular el caso.   

3.3.          Al sustentar el primer reproche si bien  denunciaron    la    ilegalidad    de   una   evidencia   física   ─caja     de    cartón─  recolectada  en  el  lugar  de  los  hechos,  invocaron  las  normas  que  regulan  los procedimientos del sistema de  cadena  de  custodia  diseñados  para  alcanzar  niveles  de  efectividad  para  asegurar  sus  características  originales a partir de dicho momento y hasta su  disposición  final,  y  describieron  la forma, en su opinión, defectuosa como  tal  actividad  se  cumplió  dentro  de la presente actuación por miembros del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  de  la  Fiscalía  General  de la Nación,  simultáneamente  atacaron  el  valor  probatorio  del  dictamen  de  lofoscopia  emitido  por  funcionarios de dicha institución en relación con tal evidencia,  mezcla  inadecuada  que exigía la formulación de cargos separados, por cuanto,  la  segunda tacha debieron encaminarla por la senda del error de hecho por falso  raciocinio  por  violación  de  alguno  o  algunos de los postulados de la sana  crítica   en   cuyo   caso   debieron   haberlos   especificado   claramente  y  aplicado.   

3.4.           La   mixtura   argumentativa   en  el  desarrollo  de la primera tacha no se quedó en el punto antes anotado, pues los  libelistas  descalificaron  el  crédito otorgado a los testimonios de Róbinson  Álvarez         Bayona         ─aludiendo   al   incumplimiento   de   varias   “máximas  de  la  experiencia”─  y  de  Álvaro  Lemes,  así  como  el  negado  al  dictamen rendido por el perito Luis  Ignacio  Beltrán  Zapata,  acopiado en el juicio oral a solicitud de la defensa  que,   según   se   acaba   de  anotar,  exigía  la  postulación  de  reparos  independientes  ajustados  en  cada  caso  a alguna de las causales de casación  contempladas en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004.   

3.5.           De   ser   salvadas   las  anteriores  impropiedades  y  concentrada  la  atención  en la ilegalidad predicada por los  recurrentes  de  la  citada  evidencia  física, lo cierto es que el anuncio que  hicieron  de  la  demostración  de  la  trascendencia  del  vicio en el sentido  condenatorio  del  fallo  atacado, no alcanzó los niveles de coherencia exigida  en  cuanto omitieron referirse a todo el caudal probatorio ponderado por el juez  plural al discernir responsabilidad a los acusados.   

En efecto, no intentaron derrumbar el valor  asignado  a las interceptaciones telefónicas realizadas a Diego Enrique Rosero,  persona  cercana  a  los  procesados; ni al testimonio recibido al taxista José  Joaquín  Saavedra,  de  quien  se  afirma  ayudó  a huir al autor material del  homicidio;  ni  a  la declaración de José Orlando Rozo, quien dio cuenta de la  vinculación  de  Diosma  Alonso  Morales  Padilla y Róbinson Álvarez Bayona a  grupos  de  autodefensa  de  la  región en donde se desarrollaron los episodios  delictuales;  ni  a  las  manifestaciones juradas de Patricia Rodríguez, esposa  del  occiso,  quien  informó  de las amenazas de muerte de las cuales el occiso  fue víctima poco antes de su deceso, entre otras pruebas.   

3.6.            El   segundo   cargo   tampoco   fue  desarrollado  en  forma  técnica  como  quiera  que el error de hecho por falso  raciocinio  que  los  demandantes atribuyeron a la trasgresión de las reglas de  la  experiencia  en  la  ponderación  de  los testimonios de Róbinson Álvarez  Bayona   y   de   Yalile   Martínez  ─sin  embargo,  no  explicaron  en qué forma se produjo el yerro de  valoración    de    las    manifestaciones    de   esta   deponente─,   en   realidad   lo  fundaron  en  expresiones  que  no  alcanzan  dicha  connotación  si  en  cuenta  se tiene el  criterio  fijado  por  la  Sala  sobre  dicho  tema en los siguientes términos:   

“Atrás  se dijo que la experiencia forma  conocimiento  y  que los enunciados basados en ésta conllevan generalizaciones,  las  cuales  deben  ser  expresadas  en  términos racionales para fijar ciertas  reglas  con  pretensión  de  universalidad,  por  cuanto,  se agrega, comunican  determinado  grado  de  validez  y  facticidad,  en un contexto socio histórico  específico.   

En ese sentido, para que ofrezca fiabilidad  una  premisa  elaborada  a partir de un dato o regla de la experiencia ha de ser  expuesta,  a  modo  de  operador  lógico,  así:   siempre  o casi siempre  que   se  da A, entonces sucede B.” (Sentencia del 21 de noviembre de 2002,  radicación          N°         16.472).”12   

Bajo los anteriores parámetros, alocuciones  del  siguiente  tenor,  formuladas  por los libelistas: “…la mentira es hija  natural  del  deseo…”,  “…quien es un delincuente confeso (de homicidio)  tiene  las  agallas  y  la  experiencia  para  mentir,  engañar  y  falsear  la  verdad…”,  “…cuando  se  odia, lo que se quiere es dañar y no colaborar  simplemente  con  la justicia…” y “…cualquiera puede comprar una pistola  9  m.  m.  si  cuenta con dinero y conoce la ruta…”, dado que no reúnen las  características  de  generalidad  y  de  aceptabilidad  dentro  de  un contexto  histórico  determinado,  el  cual  ni siquiera esbozaron, sino que se reducen a  reflexiones  personales sobre determinados hechos de muy difícil verificación,  impiden examinar el ataque comentado.   

3.7.          El  desdordamiento  de la sana crítica  denunciado  obligaba  a  los  recurrentes,  además, a demostrar que de no haber  sido  transgredidos los mencionados postulados, otro habría sido el sentido del  fallo,  lo  cual implicaba el ejercicio de confrontarlos con los términos de la  sentencia recurrida, tarea esta en ningún momento realizada.   

3.8.          Al criticar los actores la forma como se  confeccionaron  los  indicios  incriminatorios  en  la  sentencia  recurrida, en  realidad  se  limitaron  a oponer sus razones a las aducidas por el juez plural,  actividad esta ajena al extraordinario recurso impugnaticio.   

Debieron  ceñir  su  argumentación a las  siguientes pautas fijadas por la Corporación:   

“El  actor  cuestiona  el  proceso  de  construcción  indiciaria,  aspecto  en  el  cual  la  Sala,  al  compartir  los  argumentos  del  Procurador  Delegado,  debe  insistir  en que la técnica en el  recurso  extraordinario  exige  del  censor que precise si su queja radica en la  prueba  del hecho indicador, la inferencia lógica o el grado de persuasión que  le  concedió el juez, ocurrido lo cual, en cuanto al primero, debe probar si se  incurrió  en errores de hecho (en sus modalidades de falso juicio de existencia  o  de  identidad) o de derecho por falso juicio de legalidad, en tanto que si se  acusa  la  deducción  lógica le compete acreditar que en la aplicación de las  reglas  de  la  sana  crítica se cayó en un yerro de hecho por falso juicio de  identidad;  finalmente, si el ataque se dirige al grado de convicción conferido  al  indicio,  ello  comporta  aceptación de la prueba del hecho indicador y del  proceso           de          inferencia”13   

4.           En   conclusión:  por  los  defectos  formales  indicados  (artículo  184 de la Ley 906 de 2004) y por no requerir la  Corte  del  fallo  para  cumplir  las  finalidades del extraordinario recurso de  casación,  ni  en  orden a defender garantías fundamentales que de oficio deba  restaurar, se reitera, inadmitirá la demanda.   

5.          La decisión anunciada tan sólo admite  el  “recurso  de  insistencia  presentado  por alguno de los magistrados de la  Sala  o  por el Ministerio Público”, según lo dispuesto en el inciso segundo  del artículo 184 ejusdem.   

En  el citado ordenamiento procesal no fue  incluida  la  manera  concreta de ejercer dicho mecanismo, razón por la cual la  Sala,  previa  definición  de  su  naturaleza, se vio impelida a establecer las  reglas que habrán de seguirse, en los siguientes términos:   

        5.1.                     La  insistencia  es  un  instituto procesal que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la notificación de la providencia por cuyo medio la Corte decida  no  seleccionar  la demanda de casación, con el fin de provocar que reconsidere  lo  decido.  También  podrá  ser  propuesto  oficiosamente  por  alguno de los  Delegados   del   Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal  –siempre  que  el recurso de casación  no    haya    sido    interpuesto   por   un   Procurador   Judicial–,   el  Magistrado  disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

        5.2.                     La   solicitud  se  puede  presentar  ante  el  Ministerio  Público  a través de sus Delegados para la Casación Penal, o ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

        5.3.                     Es  potestativo  del  Magistrado disidente, del  que  no  intervino  en  los  debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

         

        5.4.                     El  auto a través del cual no se selecciona la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E :  

1.           INADMITIR  la  demanda  de  casación formulada por los respectivos defensores de diego enrique  rosero  camacho,  álvaro  forero saavedra, diosma alonso morales padilla y jhon  fredy  gutiérrez  ramos,  contra  la  providencia  de fecha y origen indicados.  Y,   

2.           ADVERTIR que de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la ley 906 de 2004, es  viable   la   interposición   del  recurso  de  insistencia  en  los  términos  consignados en la sección resolutiva de esta providencia.   

Notifíquese,  devuélvase  al Tribunal de  origen y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ     MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO JOSÉ IBÁÑEZ GUZMÁN                               JORGE    L.    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                                           JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.  

    

1  C.  orig. N° 1, fol. 29.   

2  C.  orig. N° 1, fol. 54-55.   

3  C.  orig. N° 1, fol. 70-57.   

4  C. orig. N° 1, fol. 84-85   

5  C.  orig. N° 1, fols. 107-105.   

6  C.  orig. N° 1, fols. 174-175   

7  C.  orig. N° 1, fols. 216-217   

8   C. orig. N° 1, fols. 239-259   

9  Dictamen emitido por el técnico Víctor Manuel Pérez González.   

10  Dictamen rendido por Elena del Pilar baquero Ramírez.   

11  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Autos  del 24 de noviembre de 2005, rad. N° 24.323; del 14 de febrero y  del  23 de marzo de 2006, rads. N° 24.611 y 25.197, respectivamente; y del 6 de  septiembre de 2007, rad. N° 28.069.   

12  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA.   Sent. del  29 de junio de 2003, rad. N° 19.199.   

13  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA.   Sent.  del 24 de enero de 2002, rad. N° 14.180.     

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