28185(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  28185   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 181  

Bogotá,  D.C.,  veintiséis de septiembre de  dos mil siete.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de la procesada NUBIA  JARAMILLO  GARCÍA,   contra el fallo de segunda instancia proferido por el  Tribunal  Superior  de  Bogota,  fechado el 13 de diciembre de 2005, mediante el  cual  confirmó integralmente la sentencia proferida por el Juzgado Noveno Penal  del  Circuito  de  esa ciudad, condenando a su representada legal, junto con los  procesados  José  de Jesús Tequia Sánchez, Pedro Javier Macana Pérez y Nubia  González  Sepúlveda,  a  la pena de noventa y seis meses de prisión  y  multa  en  cuantía  de  mil salarios mínimos legales mensuales vigentes, en  calidad   de   coautores  del  delito  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes.  Además,  se  impuso  la  pena  accesoria  de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas,  por  lapso igual a la sanción principal, se  abstuvo  el  despacho  de  condenar  en  perjuicios  civiles  y se negaron a los  acusados  los  subrogados  de  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena y prisión domiciliaria.   

LOS HECHOS  

Fueron  narrados  en la sentencia de segundo  grado, del siguiente tenor:   

“Dan  cuenta las presentes diligencias que  en  horas  de la tarde del siete (7) de abril de dos mil tres (2003),personal de  la  SIJIN  Grupo de Estupefacientes, capturó en el inmueble ubicado en la calle  66  N° 14-38 de esta ciudad, a NUBIA GONZÁLEZ SEPÚLVEDA, HENRY ALBERTO ACOSTA  WALTEROS,  JOSÉ  DE  JESÚS  TEQUIA  SÁNCHEZ,  NUBIA  JARAMILLO GARCÍA, PEDRO  JAVIER  MACANA  PÉREZ  y  ADRIANA  PATRICIA  RAMÍREZ  SUÁREZ, en posesión de  estupefacientes destinados a su expendio.   

“Resultado   (sic)  la  incautación  de  13.170,4  gramos  de  una  sustancia  vegetal que a  la postre resultó ser  marihuana,  que los procesados conservaban en su poder y destinada a su expendio  o comercialización”.   

DECURSO PROCESAL  

Una  vez  recibido  el  informe  referido al  hallazgo  de  la  droga y la incautación de la droga, la Fiscalía 292 Delegada  ante  los  Jueces Penales del Circuito de Bogotá, en resolución del 8 de abril  de 2003, ordenó la apertura formal de la investigación.   

Ese  mismo día se recabó la indagatoria de  Nubia  González  Sepúlveda,  Henry  Alberto  Acosta  Walteros, José de Jesús  Tequia  Sánchez,  NUBIA JARAMILLO GARCÍA, Pedro Javier Macana Pérez y Adriana  Patricia Ramírez Suárez.   

El día 15 de abril de 2003, se resolvió la  situación  jurídica  de los vinculados penalmente, impartiéndose en su contra  medida   de   aseguramiento   de   detención   preventiva   sin   beneficio  de  excarcelación,  como  coautores del delito de fabricación, tráfico o porte de  estupefacientes,   inserta   en   el   inciso  primero  del  artículo  376  del  C.P.   

El  8  de  agosto  de  2003,  se  realizó  diligencia  de  elevación  de cargos para sentencia anticipada con el procesado  Henry  Alberto  Acosta  Walteros,  razón  por  la cual se rompió la unidad del  proceso.   

Esa  misma fecha se cerró la investigación  en  el  trámite ordinario del asunto. En consecuencia, el 3 de octubre de 2003,  se  calificó  el  mérito del sumario, dictándose resolución de acusación en  contra  de  Nubia  González  Sepúlveda, José de Jesús Tequia Sánchez, Pedro  Javier  Macana  Pérez,  Adriana  Patricia  Ramírez  Suárez  y NUBIA JARAMILLO  GARCÍA,  en  calidad  de coautores del delito de fabricación, tráfico o porte  de  estupefacientes.    Allí  mismo se precluyó la investigación en  favor de Nubia González Sepúlveda, por el delito de cohecho.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  proceso  le  fue repartido, para adelantar la fase del juicio, al Juzgado Noveno  Penal del Circuito de Bogotá, el 9 de marzo de 2004.   

El  15 de abril de 2004, previa solicitud de  su  defensor,  el  despacho  sustituyó la medida de aseguramiento de detención  preventiva por domiciliaria, a favor de Nubia González Sepúlveda.   

Igual decisión se tomó respecto de Adriana  Patricia  Ramírez,  el  18 de mayo de 2004, y NUBIA JARAMILLO GARCÍA, el 28 de  mayo de 2004.   

El  28  de  abril  de  2004,  tuvo  lugar la  audiencia  preparatoria, en la cual se ordenó practicar las pruebas pedidas por  los defensores de los procesados.   

La audiencia pública de juzgamiento comenzó  a  celebrarse  el  3  de  junio  de  2004,  y el 8 de junio siguiente se ordenó  revocar  la  detención  domiciliaria otorgada a Nubia González Sepúlveda, por  negarse ella a concurrir a ese diligenciamiento.   

El  21  de  julio  de  2004,  se culminó la  audiencia de juzgamiento.   

El  17  de  agosto  de 2004, se profirió la  sentencia  de  primera  instancia.  Apelada  ella  por  los  defensores  de  los  procesados,  finalmente,  el  13  de septiembre de 2005, el Tribunal Superior de  Bogotá  profirió la sentencia cuestionada en casación, confirmatoria en todas  sus partes de la de primer grado.   

LA DEMANDA  

    

1. Cargo primero.     

   

         Acudiendo  a la causal tercera del artículo 207 de la  Ley  600  de 2000, el recurrente acusa a la sentencia de haber sido proferida en  un  trámite  que  comportó  irregularidades sustanciales que afectan el debido  proceso.   

           Para  el  efecto,  remite  específicamente  a las diligencias realizadas por la Policía Judicial,  fruto  de  lo cual se generó  el hallazgo de la droga y la aprehensión de  varias  personas, advirtiendo que éste tipo de tareas demandan, por lo general,  de autorización judicial, salvo contadas excepciones.   

            En    el    caso  concreto,  observa  el  recurrente  que  la intervención de los funcionarios en  mención   operó   consecuencia  de  información  anónima,  que  procedió  a  verificarse,  y  determinada  una  actividad  inusual  en el establecimiento, se  desarrolla el operativo en los dos pisos del inmueble.   

        De  ello,  extracta,  en  primer  lugar,  que  los funcionarios de Policía Judicial  debieron  poner  en  conocimiento  de  la “autoridad  judicial”,  esas  iniciales  pesquisas,  para que se  evaluara    su   seriedad,  y  a  renglón  seguido,  autorizar  con  plena  legitimidad el allanamiento, a través de orden motivada.   

           Ésta  orden,  significa  el  recurrente,  debe contener una descripción exacta de los  sitios  a  allanar,  junto  con las facultades que se otorgan a los funcionarios  que van a materializar lo ordenado.   

          “En   gracia   de   discusión”,  el  impugnante   considera  necesario  plantear  algunas  situaciones  hipotéticas,  partiendo  por  significar que en el informe policial producido por ocasión del  hallazgo  de  la  droga,  no  se  menciona  que  el propietario del alucinógeno  pretendiese  huir,  destruir o alterar la sustancia. Ni se anota algo referido a  la  intención  de  vender  el  negocio,  o si su propietario iba a “ser    lanzado”   o   “se  iba  a  volar  con  el  producido  del  local”.  Tampoco  se  relaciona  si  los  capturados  en  el  primer  piso  manifestaron de la existencia de droga en el segundo.   

        De   esa  omisión  en  el  informe  concluye  el  demandante  que  no  existían  razones  valederas para realizar la diligencia sin la previa orden judicial.   

       Es,   entonces,  afirma,  nula de pleno derecho la prueba obtenida, porque se violaron garantías  fundamentales.   

      Y, agrega, si  se  dijera  que  hubo  permiso voluntario de los ocupantes del inmueble, ello se  desdibuja  al  considerar  que  se  utilizaron  armas  de fuego por parte de los  funcionarios   y  de  esa  forma  se  doblega  la  voluntad  de  los  moradores,  convirtiendo en obligatoria su anuencia.   

        En  punto   de   afectación   a  la  condición  procesal  de  su  patrocinada,  el  casacionista  advierte  que  de  haberse  recurrido a la autoridad judicial para  obtener    la    orden   de   allanamiento,   “muy  seguramente”   se  hubiese  capturado apenas al  único  sujeto  que  contaba  con la capacidad económica y móvil para tener la  droga en su poder.   

      Además, anota, si  su  protegida  legal  se  dedicaba a asear el segundo piso, de haberse tomado la  Policía  Judicial  el trabajo de solicitar la orden de allanamiento, al momento  de  realizarse  la diligencia ya no se hallaría allí la procesada y, entonces,  no hubiese sido capturada ni vinculada al trámite penal.   

       Acorde  con  lo  argumentado,  depreca  el  recurrente  se  decrete la nulidad de todo lo actuado  “desde  el  momento  mismo  en  que  se realizó la  diligencia de allanamiento, registro e incautación…”.   

    

1. Cargo Segundo.     

Dentro de la órbita del cuerpo segundo de la  causal  primera,  se  acusa  al fallador de haber incurrido en un error de hecho  por   falso   raciocinio   “al   llegar   mediante  inferencias  lógicas  a  una  conclusión  y  otorgar  una  calidad  que  no se  encuentra   mencionada   en   el   informe   de   policía,   en  contra  de  mi  representada”.   

En sustento del cargo, el recurrente señala  que  el  informe  en  cuestión no dice que la procesada fuese vista vendiendo o  empacando  drogas,  o  teniendo  consigo  estupefacientes,  ni  que   se le  conociese con antelación en esas actividades.   

No tiene, por tal razón, sustento probatorio  la  afirmación  de los juzgadores de primera y segunda instancias, cuando   coligen  que  por  hallarse  en  el  lugar,  la  acusada participaba en la banda  criminal,  sabiendo  de  la existencia del alucinógeno, el cual se destinaba al  comercio.   

Se  desvió,  así, lo que realmente dice el  medio  probatorio,  incurriéndose  en el error de hecho postulado, el cual tuvo  trascendencia,  pues,  afirma  el  impugnante,  de haberse tomado en su correcta  dimensión  probatoria  el informe tantas veces reseñado, se habría absuelto a  su representada legal.   

En  consecuencia,  solicita el impugnante se  case  el  fallo  atacado y en su lugar se profiera sentencia absolutoria a favor  de la procesada.   

    

1. Cargo Tercero.     

        Lo  rotula  el demandante como “VIOLACIÓN DIRECTA DE LA  NORMA  SUSTANCIAL  POR INAPLICABILIDAD DE LA LEY 750 DEL 2002. C.P.P., ARTÍCULO  207 CUERPO PRIMERO.”   

        Dice,  sobre  el  particular, el casacionista, que fue estigmatizada su prohijada legal  al  señalársele  dedicada  al tráfico de estupefacientes y, por consecuencia,  basarse  en ello  la negativa de las instancias a otorgarle el subrogado de  la prisión domiciliaria.   

              Asevera     el  impugnante,   para   el  efecto,  que  la  Ley  750  de  2002,  sólo  establece  excepciones,  para  la  concesión del beneficio en cuestión, en tratándose de  cierto  tipo  de delitos, dentro de los cuales no se incluye la conducta punible  atribuida a la acusada.   

           Sin embargo,  los   jueces   de   ambas   instancias,   acudiendo   a  criterios  “absolutamente     peligrosistas”,  negaron  el  subrogado  a  la  procesada,  impidiéndole el acercamiento con sus  hijos  y  el  fortalecimiento  de  la  célula  familiar,  sin  que  previamente  demostraran que constituye ella un peligro para la comunidad.   

        Para  subsanar  el  yerro predicado de los fallos de instancia, solicita el recurrente  se  case  parcialmente  la  sentencia,  aunque  no  señala directamente en qué  sentido debe hacerse ello.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

        Se ha anotado pacíficamente por la Corte, y ahora se  reitera,  cómo la demanda  de   casación   ha   de   comportar   un  mínimo  rigor  lógico  jurídico  y  argumental,   pues,  no  se  trata  de  hacer   valer  una  especie  de  tercera  instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya superada  por   los   falladores   de   primero   y   segundo  grados,   en   la  cual  se  pretende  anteponer  el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de los jueces A quo y ad quem, entre otras razones, porque a esta  sede  arriba  la  decisión  judicial  con  una  doble connotación de acierto y  legalidad.   

          Se  faculta,   por  ello,  que la dicha presunción sea  quebrada  a  través  de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y fundados,  derivados   del   compromiso   de   demostrar   la  violación  en  la  cual  incurrió  el  fallador,  suficiente  para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido de que, de no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

       Contrario  a  lo  anotado, la demanda que  se  analiza  discurre  por los caminos del alegato de  instancia,  en  el  cual el casacionista advierte  violaciones  lo  que  apenas constituye el alejamiento de  los  falladores a lo que desde su particular óptica estima debió producirse en  favor  de  la  acusada,  delimitando la causal únicamente en su rótulo formal,  pues,  nada  se  hace para verificar materialmente la existencia de un yerro con  la  entidad  suficiente  para  derrumbar el contenido básico de lo decidido por  los funcionarios A quo y Ad quem.   

      Bajo       estas       precisiones,  abordará  la  Corte  cada  uno   de   los cargos de la demanda.   

       1. cargo Primero.   

       Señala  el  casacionista  que  se  ha violado el debido proceso, y  ello  exige la anulación de todo lo actuado,  en razón a que se adelantó  de  forma  irregular  la  diligencia  de  allanamiento y registro génesis de la  investigación  por  ocasión  de  la  droga  hallada  en curso de la misma y la  aprehensión  operada  en  contra  de  varios  de las personas encontradas en el  inmueble objeto del operativo policial.   

     

        A  lo  planteado  por  el  demandante,  debe decirse, en primer lugar, que escogió él  una   vía  inadecuada  para  plantear  la  existencia   del  vicio  y  sus  consecuencias,  pues,  si de lo que se trata  es  de  advertir  que  se  allegó  una  prueba nula por que se  violaron  garantías  fundamentales,  como  así  expresamente  lo  anotó en su  libelo,  no  es  por  el  sendero de la causal tercera que su postulación puede  tener fortuna.   

      En  efecto, ya de  manera   pacífica  y  reiterada  ha  venido  sosteniendo  la  Corte1,  que:   

“…Como  lo  ha  precisado  la  Corte en  variada  jurisprudencia,  los  vicios  predicables de la aducción probatoria no  implican,  de  suyo,  la  invalidación  de  todo  lo  actuado en un determinado  proceso,  por  más  que  se invoque como infringido el artículo 29 de la Carta  Política,  pues  cuando  en esta disposición superior se prescribe que es nula  de  pleno  derecho  la  prueba  practicada  con violación al debido proceso, es  claro  que  se  está  refiriendo  al  fenómeno de la inexistencia de los actos  procesales,  cuyos  efectos invalidantes se surten sobre la prueba en sí misma,  sin  que fatalmente deban trascender al resto de la actuación, pues la sanción  político-jurídica  a  este tipo de  irregularidades es su no apreciación  como  medio  de  convicción,  es decir, que sin que se requiera pronunciamiento  judicial  no  puede  producir  efecto  jurídico  alguno,  careciendo  de  poder  vinculante  en  la  actuación, siendo, por tanto, la causal primera la correcta  para   sustentar  esta  clase  de  ataques,  debiéndose  demostrar  que  en  la  producción  de  la  prueba  se  desconocieron  los  requisitos  legales para su  validez   y   además,   que   de   descartarse   para   su   valoración, el fallo sería distinto.”   

      Y              agrega   la   sala,   resulta  bastante  problemático  advertir,  como  lo  hace  el  impugnante,  que lo ocurrido en la  diligencia  de  allanamiento  constituye violación al debido proceso, cuando es  claro  que  no  existía, para el momento de desarrollarse el operativo, ningún  proceso,  el  cual  se  originó  precisamente  por ocasión de lo hallado en el  inmueble registrado.   

        Ahora,  independientemente  de  que  se escogiera o no la vía adecuada para postular la  presunta  irregularidad,  es  lo cierto que con la fundamentación presentada en  la  demanda, no se llega a dicha conclusión, ni tampoco se ocupó el recurrente  de    demostrar    la   trascendencia   del   yerro,   de   haberse   demostrado  éste.           

     En efecto, luego de  relacionar  las  razones que llevaron a los funcionarios de Policía Judicial, a  penetrar   al   inmueble  de  dos  pisos,  destinado  al  funcionamiento  de  un  establecimiento  público, particularmente, la información previa que lo decía  destinado  el  expendio  de  drogas  y  la  percepción directa de que allí, en  efecto,  algo irregular ocurría, el demandante desarrolla algunas hipótesis de  lo  que  debió  haberse  hecho,  o  como  la previa solicitud de orden ante las  autoridades  judiciales,  pudo  evitar la captura de su representada legal, pero  bien  poco  aporta para demostrar que el ingreso al inmueble fue ilegal o que se  violaron    derechos    fundamentales    en    curso   de   la   diligencia   de  registro.   

        Todo  lo  contrario,  lo  referenciado  por  el   casacionista  evidencia patente una  abierta   situación   de   flagrancia  (conservación  y expendio al menudeo de  sustancias    alucinógenas   ilícitas),  que  facultaba  a  las  autoridades  de  policía  el ingreso al  establecimiento  –por lo  demás,  abierto  al público-, sin requerir de previa orden judicial, como así  claramente   lo   disponía  el  inciso  segundo  del  artículo  294 de la Ley  600 de 2000, vigente para el momento de los hechos:   

“En casos de flagrancia, cuando se esté  cometiendo  un  delito  en  lugar  no  abierto al público, la policía judicial  podrá  ingresar sin orden escrita del funcionario judicial, con la finalidad de  impedir que se siga ejecutando la conducta”    

    

        Ninguna  referencia  concreta  hizo  el demandante a lo contemplado en al apartado que se  reseña,  a  fin  de explicar a la Corte por qué no  tenía  aplicación la norma o cómo sus directrices fueron desconocidas por los  funcionarios       que       realizaron      la  diligencia.   

      Incluso, las  circunstancias  hipotéticas que cita como no consignadas en el informe policial  –prevenir   que   el  propietario   de   la   droga   huya   o  impedir  que  se  destruya  o  altere  el  alucinógeno-,  poca  trascendencia  tienen  frente  al  caso  concreto,  cuando  claramente  la norma  faculta     el     allanamiento     sin     previa    orden    judicial,    para  evitar   “que  se  siga   ejecutando   la   conducta”,  y  se  tiene  discernido   que   los  servidores  públicos  observaron  cómo se expendía el alucinógeno.   

           Nada   dice  el  impugnante  acerca  de  que se tratase de un establecimiento abierto al público  el  sitio  allanado,  con  lo  cual,  huelga anotar, la expectativa de intimidad  es  mínima  y,  por  consecuencia, la violación de  garantías   asoma   inexistente,   se   cuente   o   no   con   orden  judicial  previa.   

        Algo  similar  sucede  con  la  manifestación que tímidamente se hace en la demanda,  acerca  de  que la intervención policial contó con la anuencia o permiso de la  encargada  del  sitio, pues, si ello es así, la forma de desvirtuar la voluntad  del  residente para facilitar con su anuencia el registro, no puede partir de la  simple  manifestación  genérica  de  que,  supuestamente  llevando  armas  los  funcionarios,  ese  factor  por  sí  mismo doblega cualquier resistencia que se  quiera   oponer,   sin   que   nada   probatoria  o  argumentalmente  se  presente  para soportar el punto de alegación.           

         No  entiende  la  Sala,  y  el  recurrente  tampoco  lo  explica  cuando  de  la  afectación  de  la  supuesta  irregularidad  se  ocupa,  por qué si se hubiera  acudido   previamente   a   solicitar  la    orden    judicial,    sólo   una   persona   habría   sido  capturada.   

      Y bien poco  tiene  que  anotarse  a  lo  expuesto  respecto a la posibilidad de que, dado el  tiempo  que  demandaría  recurrir  a  la  autoridad  judicial,  es factible   que   al   registrarse  el  allanamiento  ya no se hallase allí la procesada, dado que a más de constituir  un  argumento  eminentemente  especulativo,  en nada incide sobre la legalidad o  ilegalidad de lo adelantado por los servidores públicos.   

          Finalmente, aún  si   el   recurrente   hubiese  demostrado  la  existencia  de  algún  tipo  de  irregularidad  en  el  registro  y, consecuentemente,  en  el recogimiento de la prueba, ello por sí mismo  no  allana el camino de la casación solicitada, en tanto, como ya se anotó, el  efecto  jurídico  que  produce  la  ilegalidad  no  es  otro diferente a que se  obligue  eliminar  ese elemento de juicio del acervo probatorio tomado en cuenta  para emitir la sentencia.   

      Siendo ello  así,   corre  de  cargo  del  demandante  significar,  con  su  correspondiente  transcripción,  cuál  fue  el  valor  que  el  fallador  dio  a  ese  elemento  probatorio,  para  luego,  haciendo  abstracción  del mismo, realizar una nueva  valoración  del  conjunto  de  pruebas  que,  en  desarrollo  del  principio de  trascendencia,  permita concluir a favor del procesado, sea porque se elimine su  responsabilidad penal, o en atención a que ésta se atempere.   

         Nada  de lo anotado efectuó el casacionista, incluso porque ni siquiera allegó  los  apartados  del fallo en los cuales se alude a la responsabilidad penal y la  particular  incidencia que en ella tienen los elementos de juicio referenciados,  privando  a  la  Corte  de  conocer  cuál  fue  el  fundamento  de  la condena.   

         Suficiente,  lo anotado, para inadmitir el primero de los cargos que soportan la  demanda de casación analizada.   

              2.     Cargo  Segundo.   

         La  aseveración  de  que  se  incurrió  por el fallador en falso  raciocinio   al  momento  de  analizar  el  cúmulo  probatorio  allegado  a  la  investigación,  no  pasa  de  constituir una simple petición de principios, en  típico  alegato de instancia, pues, lejos de demostrar el yerro atribuido a los  funcionarios  A  quo  y  Ad quem, el recurrente ocupa  sus  esfuerzos  en  un  solo elemento de juicio, el  informe de los agentes  que  tuvieron  a su cargo la diligencia de registro, para destacar las supuestas  omisiones  de  su  contenido, sin preocuparse por evidenciar ante la Corte cuál  fue  el  valor que los juzgadores dieron al documento en cuestión o cómo éste  se insertó en la motivación de la condena para soportarla.   

         Cuando  el  casacionista  se limita a destacar lo que el informe no dijo, aunque  no  trascribe  el  documento o los apartados trascendentes de éste que permitan  entender  adecuada  su lectura del mismo,  y  con  ello  construye una tesis de  inocencia  completamente  descontextualizada,  ni  siquiera está cumpliendo los  mínimos  requisitos  de fundamentación de un alegato de instancia, como quiera  que  ninguna  controversia  ha  planteado respecto de las razones que llevaron a  emitir el fallo de condena atacado.   

      Y  si,  además,  tampoco  se  registra lo expresado por el fallador en punto de ésta prueba y de  su  valor  en  el contexto probatorio general, nada conoce la Sala respecto a lo  decidido  y  la  influencia  que  allí  tuvo la omisión que dice el recurrente  registra el informe de captura.   

       Mucho  más,  si el demandante ha hecho tábula rasa, incluso en el apartado en el cual  resumió  la  prueba  recogida  en  el plenario, de los otros medios probatorios  militantes     en     la    foliatura,  como  si de verdad lo único allegado al expediente fuese dicho  informe  o  éste  no  hubiese  sido  ratificado  por los  funcionarios que  intervinieron  en  el operativo, asunto que, debe destacarse, desconoce la Corte  ante   la  precariedad  demostrativa  y  argumental  que  registra  la  demanda.   

          

           De    otro    lado,  si  se  ha  escogido  la  vía del falso raciocinio,  era   obligación  del  casacionista,     no    cumplida,    demostrar  que  en la evaluación probatoria se sacrificó la sana  crítica,  sea  porque  se obviaron las normas de la experiencia, se pasaron por  alto  las  reglas  de  la  lógica  o  no  se  tuvieron en cuenta los principios  científicos,    para  cuyo  efecto  debe precisar cómo se produjo la  violación,  concretando  ello a uno de estos tres aspectos y  presentando,  a   su  vez,  el  principio  lógico,  regla  de  la  experiencia  o  fundamento  científico            aplicable            al           caso.      

        Sobre el particular, esto dijo la Corte:   

“Lo anterior, ha  sido  suficientemente  destacado  por  la  Sala,  en  pacífica  jurisprudencia,  advirtiendo  que  quien  alega un error de hecho por falso raciocinio, soportada  en  la  violación  de  los  postulados  de  la  sana crítica, está obligado a  señalar  lo  que  objetivamente  expresa  el  medio probatorio sobre el cual se  predica  el  error,  las  inferencias  extraídas  por  el  juzgador de él y el  mérito  suasorio  que  le  otorgó. A renglón seguido, es necesario indicar el  axioma  de  la  lógica, el principio de la ciencia o la regla de la experiencia  desconocidas  o  vulneradas,  y  dentro  de  ellas  referirse a la correctamente  aplicable,  hasta,  finalmente, demostrar la trascendencia del error en punto de  lo   resuelto,   significando   cómo   la   exclusión   del  medio  criticado,  indispensablemente,  dentro  del contexto general de lo aducido probatoriamente,  conduciría  a una más favorable decisión para la parte impugnante2.”   

         Los  evidentes  desaciertos  y  omisiones  en  la  fundamentación del segundo cargo,  reclaman imperiosa su inadmisión.   

    

1. Cargo Tercero.     

     

        Similares  yerros de fundamentación a  los  que  se  destacaron  en  el  anterior  cargo,  demandan  de  la consecuente  inadmisión  de la crítica que se enfila por el camino de la violación directa  de  la  ley  sustancial,  como quiera que el demandante ha omitido señalar  textualmente  cuáles  fueron  los argumentos específicos que tuvo en cuenta el  fallador    para    negar    a   la   procesada   el   subrogado   de   prisión  domiciliaria.   

        Significa,  sí,  el recurrente, que para el efecto se tomaron en consideración  argumentaciones   de  claro  tinte  peligrosista,  añadiendo  que  “en  ningún  momento  y  bajo  ningún  medio  probatorio,  los  operadores  judiciales  lograron  acreditar,  de  una  forma razonable, lógica,  corroborada,  que la aherrojada pondrá en peligro a la comunidad”,  pero nunca trae a colación el apartado del fallo en el cual se  hicieron   esas   consideraciones,   para   permitir   conocer  a  la  Corte  si  efectivamente  lo argumentado por los funcionarios de instancia comporta o no el  sesgo  argumental  y  la  omisión   probatoria  que  se  resaltan.   

           Mucho  más necesaria la transcripción, si se tiene  claro  que  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancias  forman  una unidad  inescindible,  de tal manera que si el A quo incurre en alguna omisión o yerro,  ello  puede  ser complementado o corregido por el Ad quem, haciéndose necesaria  la   auscultación  integral  de  las  dos  sentencias,  para  que  se  entienda  debidamente fundamentada la existencia de la violación.   

            Junto  con ello,  la  sola remisión a la Ley 750 de 2002, no resulta suficiente para sustentar la  crítica,   toda   vez   que   lo   referido   a  la  prisión  domiciliaria  se  hallaba    regulado  directamente,  para  la  época  de los hechos y del  fallo   de primera instancia, en el artículo 38  del   C.P.,   el  cual  establecía  como  requisito  objetivo  el que la pena dispuesta por la ley para el  delito,  no  superara  en  su  mínimo  los   cinco   años,  tope  que  ampliamente  supera  la  sanción  establecida  en el inciso primero del artículo 376 del C.P., para el delito por  el cual se condenó a la acusada.   

        Y si  lo  que  pretende  el  casacionista es determinar que a favor de su representada  legal    operaba   la  condición  jurídica de mujer cabeza de familia y el  beneficio    anejo    de    prisión   domiciliaria  –y   allí   reside  la  referencia directa a lo dispuesto por la Ley 750  de  2002-,  pues,  así  debió  establecerlo  en  la  demanda,  señalando  los  fundamentos  esgrimidos  para  hacer  la  solicitud  ante  las  instancias y los  argumentos  de estas para negar su pretensión.    

        En  fin,  se ha privado a la Sala de conocer cuáles  son     esos    “planteamientos    completamente  peligrosistas”  que  llevaron  a  las instancias a  llegar  a  la  “inferencia lógica” que se busca controvertir.   

        Como  se  anotó al inicio, los yerros de sustentación que gobiernan la presentación  del tercer cargo, conducen a su inadmisión.   

          Dado   que   no   se  observan  violaciones  a  garantías  fundamentales,  que  obliguen  conocer  de oficio lo  actuado,  se  inadmitirá,  conforme  lo  anotado  en precedencia, la demanda de  casación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el     defensor     de              la procesada  NUBIA JARAMILLO GARCÍA.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

                                                                                                                                              I  M  P E D I D A   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ         MARÍA DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                           JORGE    LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS             JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA          JAVIER DE  JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Providencia del 20 de abril de 1999, radicado 14.143   

2 C. S.  de J., Auto del 5 de febrero de 2007, Rad. 26.382     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *