28017(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  28017   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.181  

Bogotá D.C., veintiséis (26) de septiembre  de dos mil siete (2007)   

VISTOS  

El  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cúcuta  mediante  fallo de 10 de octubre de 2003 absolvió a  los  Agentes de la Policía Milton Ayala Lobo, Luis Alfonso Pérez Gallo, César  William  Pinilla  Pinilla,  Yimis Elles Martínez, Luis Hernando Arias Guevara y  Eleuterio  Mosquera  Rengifo  del  delito  consagrado  en  el  artículo 2° del  Decreto  1194  de  1989  (pertenencia  a  grupos  de  sicarios),  convertido  en  legislación  permanente  por  el  Decreto  2266  de 1991. También absolvió al  Mayor  del  Ejercito  MAURICIO  LLORENTE CHÁVEZ, al Mayor de la Policía Harbey  Fernando  Ortega  Ruales,  y  los Policías Arturo Elias Velandia Narváez, Luis  Elias  Toloza  Arias, Miguel Hernández Acosta, Ciro Alfonso Ortiz, Gustavo Lobo  Ortega  y José Ordoñez Cuy del mismo punible así como del concurso homogéneo  de delitos de homicidio con fines terroristas.   

En virtud del recurso de apelación promovido  por  el  representante  de  la  parte  civil, el Tribunal Superior de Cúcuta, a  través  de fallo  de 31 de agosto de 2006 revocó parcialmente la anterior  decisión  al  condenar  al  Mayor  del Ejército MAURICIO LLORENTE CHÁVEZ como  responsable,  dada  su  conducta  omisiva, del concurso homogéneo de delitos de  homicidio agravado y homicidio en la modalidad de tentativa.   

Contra  el  fallo  de segundo grado recurren  extraordinariamente   los  representantes  de  la  parte  civil,  del  procesado  MAURICIO  LLORENTE  CHÁVEZ  y  de  la Fiscalía General de la Nación, demandas  cuya admisibilidad se ocupa la Corte.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El Tribunal presentó el aspecto fáctico de  la siguiente forma:   

“…El 17 de julio de 1999 en las horas de  la  noche, en el Municipio de Tibú (N. de S.), cuando ingresó a la zona urbana  un  grupo de uniformados que se identificaron como autodefensas o paramilitares,  procedieron  a  sacar  a  personas  que  a  esa  hora  se hallaban en diferentes  establecimientos  públicos,  en  la  parte  céntrica  de  la  población;  las  reunieron  en  la  calle  6ª  entre  Av.  5ª  y  6ª   las  requisaron  y  colocándolas  en  condiciones  de  inferioridad,  ultimaron  a  siete de ellas,  después  de  ser  señalados  por un hombre y una mujer como auxiliadores de la  guerrilla.   

Otros   ciudadanos  que  también  fueron  retenidos  los  introdujeron  al interior de una camioneta modelo 350 y llevados  por  una  vía  que  de  Tibú  conduce  a  La Gabarra, a la altura de la Vereda  Socuavo,  fueron  ultimados tres y uno más cerca al Puente Serpentino, logrando  salvar  su  vida  ANDRES BERMONTH MARTÍNEZ, a quien le propinaron un disparo en  la oreja derecha sin mayores consecuencias.   

Entre  las personas que perdieron sus vidas  se  encuentran  HENDER  LEONARDO  AVENDAÑO  PINEDA,  HENRY  SOTO SUAREZ, NELSON  RODRÍGUEZ  MOGOLLÓN,  LUIS  ALBERTO  LARA  PÉREZ,  MARCELINO  ARENAS CAICEDO,  ALVARO  ORTEGA  WUALDRON,  LUIS  ALFREDO  GUERRERO  GARCIA, JUAN DE DIOS MENDOZA  GALVAN,  FRANCISCO  FRANQUI  PEREZ,  ATILANO  RODRÍGUEZ  ROMERO  Y LUIS ENRIQUE  DÍAZ”.   

Adelantada  la  investigación  penal por la  Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos de la Fiscalía General de la Nación, y  vinculados  varios miembros de la Policía adscritos a la Estación del Distrito  de  Policía de Tibú, así como el Comandante del Batallón de Contraguerrillas  N°  46 Mayor del Ejército MAURICIO LLORENTE CHÁVEZ, mediante decisión del 20  de  marzo  de  2001 se profirió resolución de acusación por el comportamiento  omisivo  de  los  agentes  Milton  Ayala Cobo, Luis Alfonso Pérez Gallo, César  William  Pinilla  Pinilla,  Yimis  Eles  Martínez,  Luis  Hernando  Arias   Guevara  y  Eleuterio Mosquera Rengifo, como coautores del delito previsto en el  artículo  2°  del  Decreto  1194 de 1989 convertido en legislación permanente  por  el  Decreto  2266  de  1991,  así  como  del  Mayor del Ejército MAURICIO  LLORENTE  CHÁVEZ,  del Mayor de la Policía Harbey Fernando Ortega Ruales y los  Agentes  de la Policía Arturo Elias Velandia Narváez, Luis Elias Toloza Arias,  Miguel  Hernández  Acosta,  Ciro  Alfonso  Ortiz,  Gustavo  Lobo Ortega y José  Ordoñez  Cuy,  por  ese mismo ilícito en concurso con los delitos de homicidio  agravado  con  fines terrorista y homicidio en el grado de tentativa (artículos  323, 324 numeral 8° y 22 del Código Penal de 1980).   

En firme la resolución de acusación ante su  confirmación  de  30 de agosto de 2001 por la Unidad de Fiscalía Delegada ante  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, la etapa del juicio la adelantó el Juzgado  Primero  Penal del Circuito Especializado de Cúcuta, despacho que llevó a cabo  la  audiencia  pública en la cual el representante de la Fiscalía solicitó la  emisión  de  sentencia  condenatoria  únicamente  respecto  de  los  oficiales  MAURICIO  LLORENTE  CHAVEZ  y  Harbey  Ortega  Ruales.  Mediante  fallo de 20 de  octubre  de 2003, en aplicación del principio de resolución de duda a favor de  todos procesados, los absolvió de los cargos endilgados.   

Conforme  al recurso de apelación formulado  por  el  representante  de  la  parte  civil,  el  Tribunal  Superior de Cúcuta  mediante  fallo de 31 de agosto de 2006 revocó de forma parcial la decisión al  condenar  solamente  al  Mayor  MAURICIO  LLORENTE  CHÁVEZ como responsable del  concurso  de delitos de homicidio agravado y homicidio en el grado de tentativa,  a  la  pena  principal  de cuarenta (40) años de prisión y multa de quinientos  (500)  salarios  mínimos  legales  vigentes  para la época de los hechos, así  como  a la sanción accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por el término de diez (10) años.   

LAS DEMANDAS  

EN NOMBRE DE LA PARTE CIVIL  

Al  amparo de la causal primera de casación  formula   dos  cargos,  tanto  por  violación  directa,  como  por  infracción  indirecta de la ley sustancial, en su orden.   

Primer  cargo:  Violación directa de la ley  sustancial   

De  la  premisa  relacionada  con  que  los  miembros  de  la  Policía  Nacional ostentaban la condición de garantes ya que  tenían  información  previa  de la ocurrencia de posibles hechos delictivos en  el  municipio  de  Tibú,  cuya misión era la de proteger a la población civil  denuncia  el libelista la exclusión evidente de los artículos 10°, 25 y 40 de  la Ley 599 de 2000.   

Refuta  el  fallo por considerar que si  bien los procesados tenían la   

condición  de  garantes,  no  contaban  con  elementos  o  posibilidades  reales  de  proteger  a  la  población,  porque en  criterio  del  censor,  tal  apreciación  desconoce las declaraciones y pruebas  técnicas  recaudadas  en  la  etapa  de  investigación  las  cuales indican la  omisión  de  los  agentes  policiales  y  de  sus  comandantes a quienes se les  informó  anticipadamente  sobre el alto riesgo de una incursión paramilitar en  esa localidad.   

Para  el  recurrente,  del  análisis de los  elementos  probatorios  se  desprende  que  los  policiales  y el Mayor Fernando  Ortega  Ruales,  Comandante del Distrito de Policía de Tibú no se opusieron al  ataque  del grupo paramilitar, y sólo plantearon como estrategia defensiva para  desviar  la  atención  de  las  autoridades  un hostigamiento inexistente a las  instalaciones  del  Distrito Policíal, dado que en la inspección judicial y la  prueba  técnica  practicada  a  dicho cuartel no se advirtió algún vestigio o  indicio que demostrara la ocurrencia del ataque.   

Pone  de  presente  que  Andrés  Bermonth  Martínez  declara  que  fue  conducido  por la vía de La Gabarra a bordo de un  vehículo   y   que   al   pasar   junto   al  puesto  de  control  policial  de  “Refinerías”,  los  automotores en los que se desplazaban los paramilitares  fueron  detenidos  y  ante  la  manifestación  de  los  delincuentes que había  ocurrido  una  masacre  en el municipio de Tibú y que llevaban a unos retenidos  —a    quienes   luego  asesinaron—,  los agentes  del  orden  no  desplegaron  alguna acción, dicho que es ratificado por William  Marino Wallens Villafañe y Carlos Fernando Ortega Laguado.   

Luego de citar la sentencia SU 1184 del 13 de  noviembre  de  2001 de la Corte Constitucional acerca de la posición de garante  de  un  miembro  de  la fuerza pública cuando se presenta como fundamento de la  responsabilidad  la  creación de riesgo para bienes jurídicos o el surgimiento  de  deberes por la vinculación a una institución estatal, estima el demandante  que  por  renunciar  los  procesados  a su deber de protección de la población  deben ser condenados por los delitos imputados.   

Así,  considera que la violación de la ley  sustancial  se  produjo  por  error de derecho en la apreciación de las pruebas  testimoniales  y solicita a la Sala casar el fallo y emitir condena en contra de  Fernando  Ortega  Ruales,  Arturo  Elias  Velandía  Narváez, Luis Elias Toloza  Arias,  Miguel Hernández Acosta, Ciro Alfonso Ortiz, Gustavo Lobo Ortega, José  Ordoñez    Cuy,    Luis    Alfonso   Arias   Guevara   y   Eleuterio   Mosquera  Rengifo.   

Segundo Cargo: Violación indirecta de la ley  sustancial   

En  criterio  del  representante de la parte  civil,  en los fallos no se hace una relación clara de los medios de prueba que  demostraban  la  responsabilidad  del  Mayor  de  la  Policía  Nacional  Harbey  Fernando  Ortega  Ruales y los otros procesados como coautores de los delitos de  homicidio agravado y homicidio en el grado de tentativa.   

En  concreto,  reseña  que  los  juzgadores  desconocieron las siguientes pruebas:   

    

* Declaraciones  de  Olivia  Jaimes  Quintero,  Marco  Antonio Rincón  Jurado,   William   Marino  Wallens  Villafañe,  Harbey  Fernando  Ortega,  Claudio  Valderrama  Hernández, Andrés Bermonth, Hermes Bermonth, Luis Enrique  Castrillón  Goez,   Orlando  Amado,  José  Antonio  Amado,  José  de los  Santos, Prudencia Peñaranda.     

    

* Copia  de  la  historia  clínica  de  Andrés Bermonth expedida por la Clínica  Santafé.     

    

* La  prueba  trasladada  del  proceso  N°  536 referente a la declaración del mayor  Mauricio Llorente.     

    

* Decreto  N°  030  por medio del cual se ordena el toque de queda en  el municipio de Tibú el 1° de junio de 1999.     

    

* Indagatoria   de   Alberto   Bravo  Silva  ante  el  Juzgado  25  de  Instrucción penal Militar.     

    

* Denuncia  pública  formulada  por  ANTHOC  por la muerte de William  Bermonth,    funcionario    del    sector    de    la    salud   de   Norte   de  Santander.     

    

* Informe   del   socorro   sobre  la  atención  prestada  a  Andrés  Bermonth.     

    

* Carta  del  General  Alberto  Bravo  Silva  a  las Organizaciones No  Gubernamentales.     

    

* Orden de operaciones N° 022 del 2 de junio de 1999.     

Explica que existió una valoración errónea  de  la  prueba recaudada y no se dio validez a los informes de policial judicial  y  el concepto técnico de los expertos del Cuerpo Técnico de Investigación de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  acerca  de la inexistencia de un ataque  contra el Cuartel del Comando de Policía del Distrito de Tibú.   

Agrega  que las declaraciones de víctimas y  testigos  de  los  hechos  tampoco refieren el ataque a dicha Estación y que de  valorar  todas las pruebas desconocidas por el Tribunal se habría acreditado la  omisión   en  que  incurrieron  Harbey  Fernando  Ortega  Ruales  y  los  otros  policiales  al  pretermitir el principio de solidaridad por no tomar las medidas  necesarias,  oportunas  y eficaces para proteger a la población de las acciones  de  los  grupos  paramilitares  que  ejecutaron  de  manera sumaria a humildes y  honrados  ciudadanos  a  quienes de manera falsa acusaron de ser auxiliadores de  la guerrilla.   

Por  lo  tanto, al estimar la violación del  artículo  232  del Código de Procedimiento Penal que establece la necesidad de  la  prueba  para  condenar,  pide a la Sala casar el fallo y emitir uno de   sustitución  mediante  el  cual  de  condene  a  Fernando Ortega Ruales, Arturo  Elías  Blandía  Narváez,  Luis Elías Toloza Arias, Miguel Hernández Acosta,  Ciro  Alfonso Ortiz, Gustavo Lobo Ortega, José Ordoñez Cuy, Luis Alfonso Arias  Guevara  y Eleuterio Mosquera Rengifo, como responsables del concurso de delitos  de  homicidio  agravado  en  concurso  con  homicidio  en el grado de tentativa,  además,  se  les  condene  a  las  penas de multa e interdicción de derechos y  funciones  públicas  y  al  pago  de  los perjuicios causados a cada una de las  víctimas.   

DEMANDA  EN  NOMBRE  DE  MAURICIO  LLORENTE  CHAVEZ   

El  defensor postula cuatro cargos al amparo  de  la  causal  primera de casación: los tres primeros por violación indirecta  de  la  ley  sustancial,  y  el  último,  con  el carácter de subsidiario, por  violación directa de la ley sustancial.   

Primer cargo: Violación indirecta de la ley  sustancial. Error de hecho por falso juicio de existencia   

Denuncia que a través de yerros probatorios  el  Tribunal  incurrió  en  la  exclusión  evidente de los artículos 29 de la  Constitución  Política,  232 y 234 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600  de  2000),  así  como  en la aplicación indebida   del   artículo   21   del  Código  Penal  de  1980,  en  relación con los siguientes aspectos:   

1.           De la omisión imputada   

Radica un yerro fáctico por falso juicio de  existencia  al  desconocer  el  Tribunal  pruebas  que  acreditaban  la  actitud  ofensiva,  desde  el punto de vista militar, asumida por su defendido durante el  tiempo  que se desempeñó como Comandante del Batallón Contraguerrillas N° 46  Héroes   de  Saraguro  y  que  contradicen  la  supuesta  omisión  que  se  le  imputa.   

En  este  sentido,  destaca  las órdenes de  operación  militar  expedidas  por  su  representado encaminadas a neutralizar,  desarticular  y combatir a los grupos generadores de violencia en el área de su  jurisdicción,  especialmente  contra  los  grupos de autodefensa, tales como la  orden  “Persecución” del  29    de   mayo   de   1999   que   bajo   el   subtitulo   de   “intención”  indicaba  dar de baja a los  integrantes    de    grupos    de    justicia    privada    o    “narcobandoleros”;     “Catatumbo”  del  2  de  junio  de  1999;  “Fortaleza”  de  16  de  julio  de  1999; “Ciclón”  del  19  de  agosto  de  1999  y  “Lince” del 28 de agosto de 1999.   

Para el libelista, tampoco fueron analizados  los  resultados  operacionales   que  obtuvo el Batallón en la región del  Catatumbo  respecto  de  bajas y capturas durante 1999, ni se valoró el informe  que  como Comandante rindió su asistido el 11 de agosto de 1999 ante el Comando  de   la   Quinta   Brigada  acerca  de  la  operación  militar  “Pegaso”  en la cual fueron dados de baja  cuatro   integrantes   de   las   autodefensas   en  el  sector  “Las              Vetas”      del     municipio     de  Tibú.   

De  la misma manera, indica que se omitieron  las  decisiones  disciplinarias adoptadas, tanto por la Procuraduría General de  la  Nación  en  la  que se profirió archivo definitivo el 18 de enero de 2002,  como  por el Comando de la Quinta Brigada del Ejército Nacional que en el mismo  sentido  emitió  el  17 de julio de 1999, las cuales acreditan que su defendido  no  omitió  el  cumplimiento  de  sus  deberes constitucionales y legales, pues  contrariamente  se  preocupó  del  planeamiento y desarrollo de las operaciones  ofensivas  tendientes  a  lograr  la  seguridad  necesaria  en  la  zona  de  su  jurisdicción.   

En concepto del defensor, como los delitos de  omisión    impropia    suponen:    i)   conocimiento    de    la    posición   de   garante,   ii)     conocimiento   de   la  situación     típica     y    iii)    voluntad  de  no  llevar  a  cabo  la  acción  debida; en este caso  faltaron  los  dos  últimos  requisitos, pues su representado no fue avisado la  noche  de  los  hechos  de  lo  que  estaba  sucediendo  en  el casco urbano del  municipio  de  Tibú,  sino  pasadas  dos  horas de su ocurrencia, además, para  condenarlo  por  los  homicidios se hacía necesario demostrar la capacidad para  evitar  el  resultado,  sin  que  baste  afirmar  que  como  era  comandante del  batallón, contaba con los medios para actuar.   

2.             De   la  incapacidad  para  evitar  el  resultado   

Aduce   que  el  Tribunal  no  sopesó  la  sustancial  reducción  de personal militar del Batallón de Contraguerrilas N°  46  Héroes  de  Saraguro  al  mando  del Mayor LLORENTE CHÁVEZ, y por ende, la  falta  de  capacidad  suficiente  para  evitar  el  resultado  dañino que se le  atribuye.  Que  si  en gracia de discusión hubiera existido la conducta omisiva  de  su parte, ella no habría sido voluntaria y consciente, sino forzada por las  circunstancias   de  reducción  de  la  tropa  a  que  se  vio  sometido  y  al  hostigamiento sufrido.   

Explica  que  el  Batallón  al  mando de su  representado  tuvo  personal  militar agregado del Batallón de Contraguerrillas  N°  56, contando así con alrededor de 900 hombres para atender las necesidades  de  la  vasta  jurisdicción sólo hasta mediados de mayo de 1999, pero al serle  retirado  ese  apoyo  para  cubrir  la  zona de Pamplona (Norte de Santander) la  capacidad  de  cubrimiento  y reacción de la tropa se redujo en más del 50% al  quedar  con  menos  de  480  efectivos entre oficiales, suboficiales y soldados,  incluso  parte  de  estos  últimos  por  disposición del mando superior fueron  agregados  a  otras  unidades  militares, debiendo con el escaso personal cubrir  las  180  veredas y varios corregimientos de la zona rural, el área urbana y en  general     una     extensión     de    aproximadamente    6.850    kilómetros  cuadrados.   

Pone   de   manifiesto  que  su  defendido,  consciente  de  la  inferioridad  numérica  de tropa  frente  a  los  enemigos  presentes en la zona (FARC –  ELN   –   AUC   y  delincuencia  común),       solicitó       mediante    Radiograma    al    Comando    Superior    apoyo  inmediato  de  otro  batallón (Unidad Táctica).   

Que  también,  ante    la    gravedad  del  orden  público  en  la  zona  del  Catatumbo  el  Ministro  del  Interior,  el  Gobernador de Norte de  Santander  y  el Director Corporativo de Seguridad de  ECOPETROL   pidieron  al  Comandante  General  de  la  Fuerzas   Militares,   General   Fernando  Tapias  que  se  aumentara  allí  el  pie de fuerza del Ejercito  Nacional,  así  como  el  Defensor  del  Pueblo y el Procurador Departamental de  Norte  de  Santander  en  el  informe  rendido  el  6  de  julio de 1999  acerca  de  la  comisión de verificación para el retorno de  los  desplazados  dan  cuenta  de la insuficiencia de  personal              militar.   

Señala que de la  misma  manera  el  fallo desconoció el dispositivo y  ubicación  de  tropas  para  el  día 17 de julio de  1999, según los anexos del  proceso  disciplinario  interno  de  las  Fuerzas Armadas, que refiere el escaso  número   de   hombres   que  para  esa  noche     se     encontraban     protegiendo     la    refinería,  los puntos críticos del complejo petrolero incluyendo  la   zona   industrial  aledaña  a  la  “Alcabala”  y la base  militar,   lo   que   denota  la  imposibilidad  para  salir  de  manera  inmediata  en  persecución de los  autores   de   los  homicidios,  máxime  que  cuando  su  defendido  tuvo noticia  de  tal suceso, los delincuentes llevaban ya dos horas  de ventaja en su fuga.   

Luego  de  aclarar  que  en  virtud  de  la  obligación de medio, y no de fin, que cumple la Fuerza  Pública,  no  se  trata  de que a toda costa se deba  salvaguardar  el  ejercicio  irrestricto  de  los  derechos fundamentales de los  ciudadanos,  sino que con los instrumentos    que   tenga   a   su   disposición   se   deben   brindar  ciertas  protecciones para que estos derechos sean  respetados,  afirma  que     su     representado  no  contaba  con  todos  los  medios  suficientes para cumplir  cabalmente  con las obligaciones  Constitucionales,             legales    y    hasta    contractuales   dado   el  convenio  Interinstitucional  No.  09  de mayo 14 de 1999 celebrado  entre   el   Ministerio   de   Defensa   Nacional  y  ECOPETROL    para    proteger    el   complejo  petrolero,  prueba documental que se aportó en desarrollo  de     la     audiencia    pública    que    tampoco    fue    valorada   por   el   Tribunal.   

3.            De   la  restricción vehicular   

Pone  de  presente que el juzgador pasó por  alto   los   documentos  obrantes  a  folios  127  y  s.s.,   del  cuaderno  de  copias N° 7  y      folios      357      y      s.s.,   del  cuaderno  de  copias  N°  8 que contienen        el        acuerdo   suscrito   entre   autoridades   locales,  policiales  y  militares   de  la  localidad  de  Tibú,  en  virtud  de un consejo de seguridad celebrado el 19 de julio  de  1999  (dos  días  después  de  la masacre) para  implementar  la  restricción vehicular, de  lo  cual  se  establece que para el  momento   de   los   hechos   no   existía   tal   restricción,   sin     embargo,    la    sentencia  manifiesta lo contrario para  endilgarle       responsabilidad      a      su  defendido.   

Segundo  Cargo:  Violación  indirecta  de  la ley sustancial. Error de hecho por falso juicio de  identidad   

Funda  el yerro  fáctico  en  la  tergiversación  probatoria  del Tribunal con la cual dejó de  aplicar   los  artículos  29 de la Constitución  Política,   232   y  234  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley   600   de   2000),   error   que  recayó en los siguientes aspectos:   

1.           Orden  de  operaciones   N°  028  “Fortaleza”   

Parte   de   la  base  que  si  bien  la  incursión  de  las  autodefensas  era  una  amenaza  permanente,  no era dable establecer el momento de su  ocurrencia  y  como  no  obra en el plenario prueba que  indique   esa   circunstancia,   no   podía   exigírsele   a  su  defendido  que  permaneciera  con  todos sus subalternos cerca del  casco  urbano  de Tibú, descuidando la población en  las  áreas rurales que también se veía azotada por  las acciones de los grupos generadores de violencia.   

Para   el   libelista,  el  juez  colegiado  se equivocó     cuando     afirmó   que   el   Mayor   LLORENTE CHÁVEZ envió la tropa hacia  un  sector  donde no había presencia paramilitar, pues tanto en los informes de  inteligencia, como en las  órdenes  de  batalla  obrantes  en  el  proceso  se  da cuenta de la presencia  no   sólo  de  grupos  paramilitares,    sino    de   distintas             agrupaciones  al  margen  de  la  ley (FARC  y   ELN)  que  también  debían ser combatidos y  neutralizados.   

Así,   en  la  orden de operaciones  “Fortaleza” se      menciona      como  objetivo  a  los  grupos de justicia privada AUC y FARC que se  encontraban en  el  área general de la vereda Maria Auxiliadora, Campo Seis y  Bertrania     y     se    ordena  dentro  del esquema de maniobra, realizar la infiltración  correspondiente,   lo  cual   en   criterio   del   defensor  acredita   que   no   es  cierto  que  haya   enviado  la tropa hacia un sector donde no  había presencia paramilitar, cosa diferente es que no  se  pudieron  mostrar resultados en esta oportunidad  porque  la  citada  operación  debió  ser   abortada   la   noche   del  17  de  julio  de  1999   cuando   fue   hostigada   la   base  militar  del  puesto  de mando del Batallón de  Contraguerrillas   No.  46.   

2.          El  presunto conocimiento previo de la  masacre   

Denuncia que el  ad  quem tergiversó las  declaraciones  que  mencionan  la  inminencia  de la  incursión   paramilitar   al   suponer   que   los  pobladores   de  Tibú  llamaron  al  Batallón  de  Contraguerrillas  No.  46  para  avisar lo que iba a  suceder,  dado  que nadie  declara   en   tal  sentido,  como  se  advierte  de  los    dichos  de  Oliva     Jaimes     Quintero,     Luz  Stella  Vaca  Bernal,  Luis Eduardo  Sánchez, María Betty Ortíz Flórez.   

3.                El  verdadero plan de reacción y contraataque   

En  concepto  del   demandante,   el   Tribunal   tergiversó  el  plan de reacción y contraataque No. 207 de julio de  1999   realizado  y  previsto  por  el  Comando  del  Batallón  de  Contraguerrillas No. 46 para  derivar así la conducta omisiva de  su   defendido,  cuando  omite   dos  de  las  alternativas  o  hipótesis  contempladas  en  dicho  documento,  acerca  de  que  si  el       Batallón      fuese      hostigado   o   atacado   o   que   se  encontrara    disminuido    por    operaciones    al   punto   de   sólo  contar  con  el personal necesario para la seguridad de sus  instalaciones,    no   podía   prestarse   algún  apoyo,   ni   iniciar   la   persecución   de  los  criminales.   

En este orden, concluye el impugnante que era  imposible   una   reacción   del   Ejército   Nacional  ya  que  para   lo   noche  de  los  hechos,  el  Batallón  se  encontraba  notoriamente  reducido en  el    número    de  efectivos  y también se presentó un hostigamiento,  unido    a    la    ausencia    de    información  oportuna  sobre  los homicidios que simultáneamente  estaban  ocurriendo  en  el casco urbano.   

Tercer  Cargo:  Violación   indirecta   de   la  ley  sustancial.  Error  de  hecho  por  falso  raciocinio   

En  esta  oportunidad  postula  un  error  fáctico por falso          “juicio”  de  raciocinio que llevó  a  la  falta de aplicación del artículo  29 de la Constitución Política, 232 y 234 y 238 del Código de  Procedimiento Penal.   

Considera que el  Tribunal  de  manera  superficial,  arbitraria  y  subjetiva  edificó  un  indicio  de responsabilidad al  afirmar  que  el  Mayor LLORENTE tenía conocimiento  previo    de    la    presencia    del   grupo   de  autodefensa,  conclusión  que  dedujo del hecho que  inicialmente      en      la     indagatoria     negó     una     conversación  sostenida              con          William   Marino  Wallens    quien   luego   de   haber  sido  abordado   por  los  antisociales  que  al  parecer  momentos     antes     habían     cometido    los  crímenes,   le  refirió  al  oficial  los  hechos  contándole  además  que  entre  los delincuentes había una mujer, situación  que             le            sorprendió  al      procesado,  evento    que   luego  aceptó  cuando le fue puesta una declaración en la  que   había   dado   cuenta   de   ella.   

Añade  que  si  bien  se  infiere así un  indicio        de        mentira,        lo        que       contravendría  el  principio  de  no autoincriminación que garantiza al  sindicado  el  derecho  a  guardar  silencio  o  aún  ocultar  la  verdad, todo  corresponde  a una simple  imprecisión  entre  una  versión    y    otra    atestación   rendida            varios            meses            después.   

Para  explicar  lo anterior el  defensor  resalta  las  manifestaciones  de  su  defendido en la  injurada  acerca  de  que inicialmente pensó que  eran   los   grupos   subversivos   los  que  habían  atacado  la  estación    de    policía    y   la   base   militar,   pero  que  luego, cuando habló  con  el  Comandante  de  Policía  de la Estación de  Tibú     y     supo    de    los    daños           leves allí  ocasionados,  la ausencia  de    destrozos    en    otros   sectores   de   la  localidad   y  que  no  había   sido   hurtado   el   banco   Agrario          supuso   que   el  grupo  pertenecía         a        las  autodefensas,      ya      que      según    la    experiencia    estos  no    destruyen         totalmente  un  puesto  de policía, ni  saquean,      contrario      al     modus           operandi de la subversión,  de  ahí  que  al  sostener  la conversación con William   Marino  Wallens  se       sorprendiera       cuando       le       comentó  que  iba  una  mujer  entre  los  delincuentes,   pues  las reglas de experiencia  no     mostraban     para     ese    entonces    que    en    las   AUC   hubiese   mujeres.   

También        repara  que  en      el      fallo     se     anote  que  el mayor LLORENTE prometió al  declarante  Wallens  el  envío  de  tropas  para  perseguir    al    grupo    armado,    cuando    ello    resulta   contrario    a    la    lógica   ante  el  escaso personal con el que contaba, máxime  que  como tal comunicación se  dio       dos       horas      después      de      los      hechos,     resultaba    inocuo        emprender       tal  persecución.   

Por        último, aduce que  el    juzgador    no  hizo  un  razonamiento  lógico       en      relación      con      el  hostigamiento    que    sufrió    el    Batallón  Contraguerrillas  la noche de los hechos como  lo  dan  cuenta  los  declarantes  Froilan   Sánchez,          Teresa  Durán  Andrade,  Germán  Ramírez  Moros,  así  como las  fotografías   allegas   por   éste  en  la  vista  pública  que  muestran los  daños    sufridos    por    la    base    militar,  independientemente  de  la  valoración  de  si  fueron  graves o no.   

Igualmente,  radica    un    falso    raciocinio   en    la    inferencia   del   Tribunal   al  aceptar  que  los  criminales  pasaron en sus vehículos por frente a la  base    militar    donde    se    encontraba    acantonado    el    Batallón     de    Contraguerrillas    No.    46,    ante  la contradicción en las inferencias o deducciones por darle  crédito    a    las  manifestaciones  de  Claudio Valderrama, trabajador que estaba en la “Alcabala  N°1”           para          concluir          que             los             vehículos            transitaron  necesariamente  frente al  Batallón   y  que  los  centinelas  debieron  no  sólo  observarlos,  sino impedir su paso, por  cuanto se acreditó que los grupos  armados      no      ingresaron      al      complejo      petrolero,   ni   pasaron  frente  a  la  base  militar.   

    

Cuarto       cargo:             (Subsidiario)  Violación  directa  de  la  ley  sustancial    

Postula    que    ante    la   pena  de  multa  de  quinientos       (500)           salarios            mínimos       legales   impuesta   a   su   defendido,   no  contemplada       por      el      legislador   en   los   artículos  103  y  104  de  la   Ley  599  de  2000,  (ni  en los  artículos 323 y 324 del  Decreto   100   de  1980)  desconoció  el    Tribunal    los   artículos  29  de la Constitución inciso 1° y 2°;    así    como   el   6°  y  39  numeral 1° del Código Penal.   

Por     lo     anterior,  solicita a la Sala casar el fallo y  emitir  uno  de reemplazo de carácter absolutorio en favor de su defendido o de  manera  subsidiaria  casarlo  parcialmente  para  eliminar  la pena pecuniaria impuesta.   

EN  NOMBRE  DE  LA FISCALÍA GENERAL DE LA  NACIÓN   

La Fiscal Segunda Delegada Especializada de  la  Unidad  Nacional de Derechos Humanos, dice tener legitimidad para interponer  el  recurso,  pese  a  que  el  ente  que  representa  no formuló el recurso de  apelación,  ya  que  a la  Unidad  a  la que pertenece, encargada de investigar todos los hechos delictivos  que  constituyen violaciones de derechos humanos siempre le ha asistido interés  en   que  se  investigue  y  sancione  a  los  miembros  de  la  Policía  y  el  Ejército  procesados en  este           diligenciamiento.   

Rememora  así  la   obligación   constitucional   asignada  a  la  Fiscalía   de   adelantar   el   ejercicio   de  la  acción  penal       y      la      prevalencia    en   el   orden   interno   de   los   instrumentos  internacionales  ratificados  por  el  Congreso  que  reconocen derechos humanos  dentro  los  cuales  se  le  impone al Estado la obligación de proteger la vida  de  los asociados para lo  cual   se  vale  de  las  Fuerzas Armadas.   

En  ese  orden,  señala que el  Fiscal  Segundo Especializado de la Unidad Nacional de Derechos  Humanos  con  sede en Bogotá emitió la resolución     de    acusación,  y    para    cuando    quedó   ejecutoriada   por  disposiciones              administrativas  internas,  como  los  procesos   se   enviaban   al   juez       del       circuito          especializado   del   lugar  de      ocurrencia     de       los      hechos,        éste       debía       solicitar     a    la    Fiscalía     Seccional     de  la    región   la   designación   de  un  fiscal especializado para actuar  en  la  fase  del  juicio,  de ahí la razón  por  la  cual  le  correspondió  actuar  como  sujeto  procesal al Fiscal Especializado       de      Cúcuta,  quien        efectivamente        intervino    en    la   audiencia   pública   solicitando   sentencia   absolutoria   para  los    agentes    de  policía  enjuiciados,  no   así   para   los  oficiales       LLORENTE      CHAVÉZ  y Ortega  Ruales  para  quienes  pidió sentencia condenatoria  por  los delitos objeto de  acusación,     sin     embargo,     cuando   le   fue   notificada   la   sentencia  absolutoria    a    favor    de   todos   los   enjuiciados,   no   interpuso   el   recurso  de  apelación.   

Explica  que la  Unidad  Nacional de Derechos Humanos y Derecho  Internacional  Humanitario tuvo  conocimiento  de  la sentencia de primer grado cuando  ya   había   fenecido  el  término  para  presentar  el  recurso  de     apelación     o   presentar  alegaciones  dentro  del  traslado  de  los  no  recurrentes,  situación  que  le  impidió  reasumir  el  asunto, pero que  no  la  priva  de  recurrir  en casación porque el interés  para           hacerlo          “está  presente  desde  el  momento  mismo  en  que ni la sentencia de primera instancia,  ni  tampoco  la  de  segunda  instancia  colmaron las  expectativas    de    la    Fiscalía.”   

Para       la       demandante,        si     bien     los     fiscales     representan     a     la     entidad    como  un  solo  ente, también tienen el  principio    de    autonomía    e   independencia  por      lo      cual     es     posible  que  un funcionario se aparte de  la    decisión   que   haya   adoptado  un  colega,  como  ocurrió  en  este  caso.   

Finalmente,  solicita   a   la  Corte  de  concluir  que    la    Fiscalía    no   tiene  interés     para  acceder a la impugnación extraordinaria, se  admita la demanda  como  casación discrecional en  garantía  de   los  derechos fundamentales,  “ dado que los hechos que dieron luqar a esta causa,  constituyen  una  flagrante  y  grave  violación de  éstos.”   

Precisado   lo   anterior,  con  la  pretensión  de que sea casado  el  fallo  y  en  su  lugar se condene a la totalidad de procesados formula       los      siguientes  cargos:   

Primer     cargo:     Violación       indirecta  de  la   ley   sustancial.  Error de hecho por falso raciocinio   

Presenta  un  yerro  fáctico  por  falso  raciocinio que llevó al juzgador   

a aplicar  indebidamente  los  artículos 22, 103, 104 y 340 de la Ley  599  de  2000,  así  como  a  dejar de aplicar el 232, 233 y 238 del Código de  Procedimiento Penal.   

Radica      la      modalidad  de  yerro  en  exigir       el      Tribunal  prueba  directa del acuerdo de  voluntades      entre      los      paramilitares  y los miembros del Ejército y la Policía Nacional a  fin  de  endilgarles responsabilidad por el delito de  concierto para delinquir.   

Segundo Cargo: Violación indirecta de la ley  sustancial. Error de hecho por falso raciocinio   

Denuncia  la  aplicación  indebida  de  los  artículos  22,  103,  104  y 340 de la Ley  599  de  2000  y  la  exclusión  evidente   del   artículo   232   del   Código   de  Procedimiento  Penal,  así como también la violación de los artículos 26 del  primer ordenamiento y 238 del segundo.   

Basa    el    error    al   aceptar   el   juzgador  la   ocurrencia   del  ataque  a  las  instalaciones  del  5°  Distrito  de Policía de Tibú,  por  cuanto  se  acreditó  que éste no existió, tal y como se desprende de la  versión  de los dos oficiales y de los policiales y  otras piezas probatorias, como la inspección judicial  que se practicó en la edificación policial.   

Segundo         cargo           —sic—:  Violación  indirecta  de la ley  sustancial.     Error     de     hecho    por    falso    raciocinio    

Tras citar como infringidos los artículos 26  del  Código  Penal  y  238  del  estatuto  adjetivo  y  aplicados indebidamente  el  22, 103, 104 y 340 de  la  ley  599 de 2000 y por falta de aplicación del 232  del  Código  de Procedimiento Penal, radica el falso  raciocinio   por   desconocer  el ad quem que  los  procesados consumaron las conductas de homicidio  agravado   y  tentativa  de  homicidio  mediante   la   figura   de   comisión  por  omisión,    por    cuanto    está   acreditado   que   incumplieron  con  el deber de proteger  la  vida  de  los habitantes del municipio de Tibú y  sus     alrededores.   

Repara  en  la  consideración  del Tribunal  acerca  de que para el momento de los hechos no se encontraba vigente el Código  Penal  de  2000  que  introdujo  la teoría de la imputación objetiva que en su  artículo  25  establece  la  teoría  del  riesgo,  porque  en  opinión  de la  demandante  la  posición  de  garante  se establecía desde el artículo 21 del  Código Penal de 1980.   

Refuta       también   al   juzgador   por   analizar  fragmentadamente  los  hechos y la responsabilidad de  los  agentes de  Policía  y  del Comandante al romper  así   el  vínculo  de  dependencia que existía entre ellos.   

Cuarto Cargo: Violación indirecta de la ley  sustancial. Error de hecho por falso raciocinio   

Afirma que el Tribunal aplicó indebidamente  los  artículos  22, 103, 104 y 340 de la ley 599 de  2000  y  dejó  de aplicar el artículo 232 del Código  de  Procedimiento Penal, además violó los artículos 26 del Código sustantivo  y   238   del  ordenamiento  adjetivo  al  incurrir  en  un  falso  raciocinio  en  la  declaración  de  Andrés     Bermonth  Martínez  para desestimar su dicho en contra de las  normas  de  la  de sana  crítica.   

Quinto Cargo: Violación indirecta de la ley  sustancial. Error de hecho por falso raciocinio   

Para  la  recurrente  el  juez   colegiado  aplicó  indebidamente  los  artículos  22, 103,  104  y  340  de  la  ley  599  de  2000  y  dejó  de  aplicar  el  artículo  232  del  Código de Procedimiento Penal, además, violó  los  artículos  26 del Código Penal y 238 del procesal al incurrir en un falso  raciocinio   respecto   de   la   declaración   de  Giovanny     Velásquez     Zambrano,  por  cuanto en contra del principio  lógico  de implicación,  la  valoración  carece  de  fundamento, siendo más  producto  de la  apreciación  personal  del  juzgador al no estar cimentada en  los          hechos          probados en el  proceso.   

Por lo anterior, solicita a la Sala casar la  sentencia  y  proferir la de reemplazo de carácter condenatorio por los delitos  de  concierto  para  delinquir,  homicidio  agravado y tentativa de homicidio en  concurso    homogéneo    y    heterogéneo    en    contra   del   Mayor         Harbey  Fernando Ortega Rúales y los Agentes  de   Policía,   así   mismo   emitir  fallo        condenatorio        por       el       ilícito  de concierto para delinquir en  contra    del    Mayor  MAURICIO  LLORENTE          CHÁVEZ,        manteniéndole  la  condena  impuesta   por  los  punibles  de  homicidio  agravado  y  tentativa  de  homicidio   agravado  en concurso homogéneo.   

ALEGATO   DE  LOS  SUJETOS  PROCESALES  NO  RECURRENTES   

De la defensora del procesado José Ordóñez  Cuy   

Indica que las demandas presentadas en nombre  de  la  parte  civil  y  de  la  Fiscalía  General de la Nación no reúnen los  requisitos legales.   

En primer lugar, reseña que en la violación  directa  de  la  ley  sustancial  que  en criterio del representante de la parte  civil  se  da  por la exclusión evidente de los artículo 25 y 40 de la Ley 599  de  2000,  no  tuvo  en cuenta que los hechos acaecieron el 17 de julio de 1999,  dos  años  antes  de  que  el  citado  Código  entrara  en vigencia, lo que se  constituye  en una afrenta del principio de legalidad consagrado en el artículo  29 de la Constitución  Política.   

En relación con el segundo cargo, manifiesta  que  al  referir  el  demandante que hay elementos de prueba para condenar a los  procesados,  no  tiene  que ver con la violación directa de la ley sustancial y  corresponde a una simple apreciación personal.   

Concerniente  al libelo presentado en nombre  de  la  Fiscalía General de la Nación expone la opugnante que no se demuestran  los  errores  ostensibles  y su trascendencia en el fallo, ni se destruyen todos  los fundamentos probatorios que sustentaron la decisión.   

Por  último,  dice  sorprenderse  con  la  posición  asumida  por  la Fiscalía ya que acusó a todos los procesados, pero  solicitó  sentencia  absolutoria,  se  abstuvo  de  interponer  el  recurso  de  apelación, pero recurre en casación.   

En consecuencia, solicita a la Corte no casar  el  fallo  o  hacerlo  de  manera  parcial  para  confirmar  en su integridad la  decisión de  primer grado.   

Del defensor del procesado MAURICIO LLORENTE  CHÁVEZ   

El apoderado se opone a la demanda presentada  a  nombre  de  la  Fiscalía General de la Nación por carencia de legitimación  para la impugnación extraordinaria.   

Considera  que  la  actitud  de la Fiscalía  constituye  un abuso del derecho por no haber apelado el fallo de primer grado y  pretender  revivir  su  tesis por vía de la casación, además, que las razones  de  orden  administrativo  que  se  esgrimen en la demanda para justificar la no  interposición  del  recurso  de apelación no se encuentran probadas y resultan  contrarias a la verdad.   

Señala  que  de  aceptar  la  tesis  de  la  Fiscalía,  llevaría  a que en el caso de la defensa se pudiera acudir al mismo  pretexto  en caso de que el defensor suplente no apelara el fallo y el principal  recurriera en casación.   

Seguidamente  se  refiere  a cada uno de los  cargos  formulados  en  la demanda de la Fiscalía en relación con su defendido  para indicar que no están llamados a prosperar.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.         PRECISIÓN INICIAL   

En  atención  a  que  el  defensor  del  procesado  MAURICIO  LLORENTE  CHÁVEZ, a la par con su demanda de casación, en  el  término  de traslado para los no recurrentes allegó un escrito mediante el  cual  se  opone  al libelo  demandatorio  elevado  en nombre y representación de la Fiscalía General de la  Nación,  la  Sala  debe  precisar  que en manera alguna  puede ostentar la  doble condición de recurrente y sujeto procesal no recurrente.   

Efectivamente, de acuerdo con la sentencia  C-668  del  28  de  junio  de  2001,  mediante  la  cual la Corte Constitucional  declaró  la  exequibilidad  de  las  expresiones  no  demandantes,  contemplada  en el artículo 211 de la  Ley   600   de   2000,  demandante,  prevista en  los  artículos  213  y  216 siguientes, y demandada,  contenida   en   el   artículo   216   del   mismo  ordenamiento,  es  claro  que  el  demandante  es  quien hace uso del recurso de  casación,  en  tanto  que  no  demandantes  lo  serán  los  sujetos procesales  distintos     al    recurrente    extraordinario1.   

En  consecuencia,  sólo están  facultados  para presentar alegatos  de  apoyo o rechazo de la demanda de casación quienes no hubieren ejercitado el  recurso.   Así,   la   Sala   ha   reafirmado   que  el  rol  de  demandante  es  excluyente de sujeto no  recurrente  cuando  acotó  que: “La casación, en  cuanto  recurso  extraordinario, es por esencia limitado y restrictivo, tanto en  su  acceso  (no  toda  persona  puede  acceder al recurso), como en su contenido  (solo  puede  hacerlo por determinados motivos), y la forma de alegación (deben  respetarse  determinadas  reglas técnicas). En otras, palabras, no es un debate  de  instancia,  donde las partes puedan afirmar, replicar o contrarreplicar como  quieran  y  cuando  quieran,  sino  un  procedimiento  especial, donde la ley le  otorga  a  cada sujeto procesal una oportunidad específica para que intervenga,  con    carácter    preclusivo.”    (Sentencia   del   31   de  marzo  de  2004.  Radicación  17738).   

Por   lo  tanto,  la  Sala  en  esta  decisión  en  manera alguna  analizará  el  segundo  escrito  allegado  por el representante del procesado LLORENTE CHÁVEZ a través  del cual se opone a la pretensión del ente acusador.   

   

2.         DE LAS DEMANDAS   

EN NOMBRE DE LA PARTE CIVIL  

Estima  la  Sala  que  le asiste interés al  recurrente  para  interponer  recurso  de  casación  contra el fallo de segundo  grado  en  cuanto a la identidad temática por la unidad de alegaciones entre el  recuso  ordinario  de  apelación y las formuladas en su libelo de casación, en  lo  que  tiene  que  ver  con  la  responsabilidad  penal  que  predica  de  los  procesados.   

También  se observa que el representante de  la  parte  civil  acudió  a  la  causal  primera  de  casación y separadamente  formuló  sus  reparos  tanto por violación directa de la ley, como por la vía  indirecta.  No  obstante,  el  desarrollo  que  le  imprime a la primera censura  resulta  a  todas  luces  desafortunado  con los argumentos lógicos y de debida  argumentación que se deben observar en esta sede extraordinaria.   

Primer   cargo:   Violación  directa  por  exclusión  evidente  de  los  artículos  10°,  25  y  40  de  la  Ley  599 de  2000   

Del argumento relacionado con que los agentes  del  orden  tenían  la calidad de garantes y por lo mismo debían proteger a la  población  de  Tibú,  denuncia  el  defensor  la  falta  de aplicación de los  artículos  10°,  25  y  40  del  Código Penal de 2000, sin embargo decanta su  discurso en aspectos probatorios que no tuvo en cuenta el Tribunal.   

Es sabido que la violación directa de la ley  sustancial  versa  exclusivamente  sobre  un  yerro de juicio en el cual incurre  el   juzgador  respecto  de  la  disposición  que  se  ocupa  del supuesto  fáctico  en  concreto. Dicho error puede ser de selección normativa al radicar  en  la existencia del precepto (falta de aplicación o exclusión evidente), por  una  equívoca  adecuación de los hechos probados a los supuestos que contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  bien,  de carácter hermenéutico por  darle  a  la  norma  un  sentido  que no tiene o asignarle efectos diversos a su  contenido (interpretación errónea).   

Al  recaer  el  yerro  de  los juzgadores de  manera  directa  sobre la normatividad, el debate se circunscribe netamente a lo  jurídico,  sea  porque  se  deja  de  lado el precepto que regula la situación  específica  demostrada,  que tal hecho se ajusta a otra disposición normativa,  o  porque se desbordó el alcance de la norma aplicada al caso concreto, lo cual  exige  necesariamente aceptar la realidad, la apreciación y declaración de los  hechos realizada por los juzgadores.   

En cambio, cuando la discrepancia versa sobre  la  actividad  probatoria  y la valoración por parte de los falladores, la vía  de  ataque  legalmente  adecuada  es la indirecta, ya que a la infracción de la  ley  sustancial  se llega de manera mediata, esto es, a través de la violación  directa de las normas que regulan el ámbito probatorio.   

En la censura objeto de examen a pesar de que  el  casacionista  plantea  la violación directa de la ley sustancial, su reparo  en  manera alguna es de índole jurídica, pues se opone a los hechos tal y como  fueron  plasmados  por los falladores y ataca su valoración probatoria, para lo  cual  resalta  declaraciones  y pruebas técnicas que en su concepto acreditaban  la  omisión  de los procesados quienes anticipadamente sabían de la incursión  del grupo de autodefensas en el municipio de Tibú.   

También  sin  adentrarse  a  debatir  tema  jurídico  conceptual  alguno,  resalta  que  de varios elementos probatorios se  establecía  la  inexistencia  del hostigamiento a la base policial referida por  los  procesados,  circunstancia  que permite advertir que el reparo no puede ser  admitido  en  cuanto  su  postulación  y  desarrollo comportan falencias que no  corresponde  enmendar  a la Sala en virtud del principio de limitación que rige  esta impugnación extraordinaria.   

Segundo cargo: Violación indirecta de la ley  por falso juicio de identidad   

En  esta  oportunidad  anuncia la violación  indirecta   de   la   ley  por  desconocer  el  juez  colegiado  varias  pruebas  testimoniales   y   documentales  que  acreditaban  la  responsabilidad  de  los  procesados  en  los   delitos de homicidio agravado y homicidio en el grado  de tentativa.   

Pese   a  que  indebidamente  nomina  el  error   como  un  yerro de derecho, es claro que  al  citar  las  pruebas  omitidas por el juzgador, refiere un error de hecho por  falso        juicio       de       existencia  por     omisión     probatoria,    además,      ante     la      explicación      detallada  de  lo que demostraban  tales  elementos  de  juicio  y su incorporación al  fallo  se  detiene así el  libelista  a establecer su  trascendencia  en  la  decisión,  lo  que denota que  satisface  las exigencias legales para conseguir que la Sala admita este reproche.   

En consecuencia, la demanda que en nombre de  la  parte  civil  se  presenta  sólo  será admitida respecto del segundo cargo  propuesto.   

EN  NOMBRE  DEL  PROCESADO MAURICIO LLORENTE  CHÁVEZ   

La   Sala   advierte   que   también   al  representante  del  procesado  le  asiste  interés  para  acceder  a  esta vía  extraordinaria  dado  el  perjuicio  que  le  derivó  el fallo de segundo grado  mediante  el  cual  se revocó la absolución que en primera instancia se había  proferido  en su favor, para en su lugar condenarlo como responsable de concurso  de  delitos  de homicidio agravado con fines terroristas y homicidio en el grado  de tentativa.   

Unido  a lo anterior de manera independiente  formula  los  tres  primeros  cargos al amparo de la causal primera de casación  por  violación indirecta de la ley, por las tres modalidades de error de hecho:  falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad y falso raciocinio,  yerros que radica en diferentes medios probatorios.   

En   efecto,   el   demandante   dedica  espacio   a   explicar  los  vicios  en  la  contemplación  fáctica de las  pruebas:   en   el   primer  reproche  indica  los  medios de convicción que  en   su   concepto   no   contempló   materialmente   el   Tribunal   y   los  hechos  específicos  que  denotaban   cuya  debida  inclusión  llevaría a  la   emisión   de  una  decisión  sustancialmente  distinta  de  la adoptada, cuando detalla las ordenes  militares  que demostraba la actitud ofensiva asumida por su defendido en contra  de  los  grupos  de  justicia  privada presentes en la zona de su jurisdicción,  así   como   la  incapacidad  para  evitar  el  resultado  dada  la  incursión  paramilitar  ante  la insuficiencia de personal con que contaba para la noche de  los hechos.   

En  la  segunda  censura  enumera  y  ubica  los errores del juzgador al apreciar algunas pruebas  por   distorsionar   o  tergiversar   su   expresión  fáctica,  acerca del envío de tropas a zonas  en    las    que    no   había   presencia   de   las   autodefensas,   o  de  que  tenía  conocimiento  anticipado  del  momento  en  que  ocurriría  la  masacre  en  el  municipio de  Tibú.   

Por        último,             en   el  tercer   cargo   repara  ya  en  el  aspecto       apreciativo       de       las      pruebas,   específicamente  en  proceso  intelectivo  del Tribunal  mediante   el   cual  edificó  la  prueba  indiciaria  de  la  cual  dedujo  la  responsabilidad    del    enjuiciado   por  el  indicio de mentira edificado de la negativa inicial de su  defendido  a  reconocer  una  conversación  sostenida  con  un  habitante de la  localidad  que  le  refirió  el  ataque  de  los paramilitares, hecho que luego  aceptó,  o de la deducción judicial relacionada con que los criminales pasaron  en  sus  camiones  al  frente  del  Batallón  Militar,  en lo cual precisa  las  reglas de la experiencia  presuntamente         infringidas,   cuya  valoración  en  su  parecer  no    consulta   los   postulados   de   la   sana  crítica.   

Si  bien dentro en la proposición jurídica  sólo  incluye  los artículos 29 del texto superior, 232, 234 y 238 del Código  de  Procedimiento  Penal  sin  citar  las  normas  sustanciales  referidas a los  delitos  por  los  cuales  fue  condenado  el  enjuiciado, del desarrollo de las  censuras  se advierte diáfanamente que aboga por la aplicación indebida de los  preceptos  que  definen y sancionan el delito de homicidio agravado así como su  tentativa,  pues  en  todos  ellos  da  cuenta  de  los errores probatorios cuya  corrección,  en  su  criterio,  llevarían  a  la  emisión  de  una  sentencia  absolutoria.   

Igual  sucede  con  la  cuarta  censura  que  encauza  por  la violación directa de la ley sustancial al advertir la indebida  aplicación  de  los preceptos que establecen la pena de multa, la cual no está  prevista  para el delito de homicidio, ni en el actual ni en el anterior Código  Penal.   

Ciertamente,  el  defensor  en este reproche  respeta  los  fundamentos  fácticos y probatorios tenidos en cuenta por el juez  plural  y  dedica su atención al error de juicio relacionado con la aplicación  de la pena pecuniaria, en un específico debate jurídico.   

En  consecuencia,  la  Sala  colige  que  la  decisión  que  corresponde  adoptar  en  relación  con la demanda presentada a  nombre  del  procesado MAURICIO LLORENTE CHÁVEZ es la de su admisión por todos  los cargos formulados.     

EN  NOMBRE  DE  LA FISCALÍA GENERAL DE LA  NACIÓN   

La  Sala  ha  enfatizado  que  si  bien  el  carácter   teleológico  de  los  recursos  es  corregir  los  errores  de  los  funcionarios  judiciales  para  restablecer de esa forma el perjuicio causado al  sujeto  procesal  con  la decisión, constituye presupuesto procesal para acudir  al  recurso  extraordinario  de  casación  que  en su momento haya recurrido el  fallo de primera instancia.   

Lo   anterior,   por  cuanto  “…el  fallador  de  segunda  instancia  no  tiene, en principio,  poder  dispositivo  sobre  la  situación jurídica de los no recurrentes salvo,  por  ejemplo,  que  se  imponga la anulación de toda la actuación o que se les  deba  aplicar por extensión, pues su competencia solamente alcanza a quienes, a  través  de  ese  instrumento,  muestran su inconformidad con lo decidido por la  primera   instancia,  más  no  a  los  que,  con  su  silencio,  demuestran  su  aprobación  con  lo  resuelto. La interposición del recurso es señal evidente  de  que  se  pretende  acceder  a  otra instancia en busca de la justicia que el  inferior  le  negó;  su no interposición, demuestra que no hay interés en que  se  revise  por el superior lo decidido, pues se considera justo.” (Auto de agosto 9 de 1995)   

Sin embargo, tal regla tiene sus excepciones  en  los  eventos  en que i) la  sentencia  está  sometida  al  grado  jurisdiccional  de consulta, ii)   se  ha  desmejorado  la  situación  jurídica  del  recurrente  en  sede  extraordinaria  por  virtud del recurso de  apelación  formulado  por  otro  de  los  sujetos  procesales o por los efectos  vinculantes    de   la   sentencia   de   segunda   instancia   y   iii)  cuando en el recurso de casación se  alegan nulidades.   

Así,   el   interés   del   recurrente  extraordinario  puede  surgir  cuando  pese  a  mostrar  su  conformidad  con la  decisión  de  primer grado por no haberla impugnado, en virtud de la apelación  interpuesta  por  otro  sujeto  procesal,  se  agrava  su  situación jurídica,  pudiendo  sólo  recurrir  aquellos  puntos  que  desmejoraron  el  resultado de  la   primera decisión, no así respecto de los aspectos confirmados por el  ad  quem, pues de estos no es  posible afirmar que haya sufrido agravio.   

En tratándose del tema de las nulidades, sea  por  vicios  de actividad o de garantía originados en la etapa instructiva o de  juzgamiento,  se  faculta  al  sujeto  procesal  que aunque no haya recurrido el  fallo  de  primera instancia, acceda al recurso extraordinario, en la medida que  la     actuación    irregularmente    surtida    le    haya    ocasionado    un  perjuicio.   

En el presente caso, el Fiscal que intervino  en  la  vista  pública (Fiscal Especializado de Cúcuta) solicitó la sentencia  absolutoria  a  favor de los procesados, con excepción a los oficiales MAURICIO  LLORENTE  CHÁVEZ  y  Harbey  Fernando  Ortega  Ruales  para  quienes  pidió la  emisión  de  condena  por  los  delitos  objeto  de acusación, esto es, por el  previsto   en  el  artículo  2°  del  Decreto  1194  de  1989,  adoptado  como  legislación  permanente  por  el  Decreto  2266  de  1991,  en concurso con los  delitos  de  homicidio  con  fines  terroristas  y  homicidio  en  el  grado  de  tentativa.   

La decisión emitida por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Cúcuta el 10 de octubre  de  2003  absolvió a todos los enjuiciados de los delitos imputados y el Fiscal  se  notificó  de  ella  ese  mismo  día, según se aprecia en el folio 229 del  cuaderno  original  N°  29,  sin  que  hubiere  manifestado  su  intención  de  interponer  el  recurso de apelación, ni tampoco intervino como sujeto procesal  no  recurrente  en  virtud del recurso horizontal promovido por el representante  de  la  parte  civil  el  cual motivó la intervención del Tribunal Superior de  Cúcuta.   

Así,  como  lo anota la  defensora   del   sujeto   procesal   no  recurrente  José  Ordóñez  Cuy,  al  sorprenderse  de  la actitud de la fiscalía, surge palmario que si no apeló la  sentencia  de  primer  grado  carece  de  legitimación  para  recurrir por vía  extraordinaria,  si  se  tiene  en  cuenta  que  su  situación  procesal no fue  desmejorada  con  la  decisión  de  segunda  instancia, dado que se atendió la  solicitud  de  condena  para  uno de  los procesados para quienes la había  solicitado.   

Además de lo anterior, la  no  interposición  del  recurso  de  apelación  no se advierte que haya estado  motivada  en  el entorpecimiento por parte de los funcionarios judiciales al rol  del  ente  acusador,  específicamente por obstaculizar el ejercicio del derecho  de  impugnación.  Tampoco  ha optado la demandante por  cargos de nulidad,  sino  que  eligió  formular  los  reproches  al  amparo de la causal primera de  casación  por  violación indirecta de la ley sustancial, todos debido a vicios  de juicio.   

La Sala enfatiza que el plano de igualdad que  tiene  la  Fiscalía en relación con los otros sujetos procesales, le impone la  carga  de  acatar  la perentoriedad de los términos y oportunidades judiciales,  así  como  también  lo  concerniente  al interés y legitimidad para actuar en  sede  casacional  obviamente  con  el  ámbito de la función que le es asignada  constitucionalmente  no  puede tener alguna prevalencia sobre las demás partes.   

En  este  orden,  la  demanda  presentada en  nombre  y  representación  de  la  Fiscalía  General de la Nación será   rechazada   por   falta   de   legitimación   para  acudir  a  la  impugnación  extraordinaria.   

Tampoco la petición residual que postula la  representante  de  la  Fiscalía  para  que  se  admita la casación por la vía  discrecional   resulta   procedente,   ya   que   ésta  se  encuentra  prevista  exclusivamente  respecto  de  fallos  de segundo grado proferidos por instancias  judiciales  diferentes  a los Tribunales Superior o al Tribunal Superior Militar  o  cuando el ilícito por el cual se procede tiene pena privativa de la libertad  inferior  al  quantum  que  para  la  época  de  los hechos (1999) señalaba el  artículo     218     del     Decreto     2700     de     1991,     —con  la  modificación introducida por  la  Ley  81  de  1993— ,de  seis  (6)  años de prisión, o también cuando la sanción no es restrictiva de  la libertad.   

Sólo en los anteriores casos es dable que la  Corte  admita  discrecionalmente  el  libelo, cuando lo estime necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre  que el libelo reúna los demás requisitos legales, pero aquí es claro  que  los delitos por los cuales se procede satisfacen a todas luces la exigencia  para que la casación se encamine por la vía ordinaria.   

En mérito de lo expuesto en precedencia, la  Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1.          INADMITIR el  primer  cargo  de  la  demanda  de casación presentada en nombre de  la  parte  civil de conformidad con las  razones expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

2.           ADMITIR  tanto   el       segundo      cargo     formulado     en   la   demanda   formulada  por  el  representante   de   la   parte  civil,  como  todos  los  reproches postulados  en   el   libelo   presentado   por   el   defensor  del  procesado  MAURICIO  LLORENTE     CHÁVEZ.   

3.                  RECHAZAR           la   demanda     de  casación formulada en nombre   

de  la  Fiscalía  General  de la Nación  según    se    precisó    en    la    anterior  motivación.   

4.                    SURTIR  el  traslado previsto en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000  al Procurador Delegado para que rinda el concepto correspondiente.   

Contra  esta decisión no procede recurso  alguno.   

         Notifíquese y cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                      MARÍA              DEL             ROSARIO             GONZALÉZ             DE  L.                 

AUGUSTO   IBÁNEZ   GUZMÁN                               JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID          RAMÍREZ  BASTIDAS                           JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                                                            JAVIER     ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  “Las  palabras  “no  demandantes”  se avienen a la Carta Política, porque se refieren a los demás  sujetos  procesales  distintos  al recurrente en casación a quienes se les debe  correr  traslado  de  la  demanda  para  que  presenten  sus alegatos dentro del  término allí establecido” (Sentencia C-658-01)     

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