27999(06-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27999  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta No. 162                                                                           Magistrado  Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá, D. C., seis de septiembre de dos mil  siete.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  discrecional  presentada  por  el  defensor  de  Luis    Hernando    Bermúdez    Ruda   contra  la  sentencia  dictada  el  11  de  diciembre de 2006 por la  Sala   de  Justicia  y  Paz  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Barranquilla,  mediante la cual confirmó la emitida el 5 de mayo del mismo año  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad, que condenó a  Luis    Hernando    Bermúdez    Ruda   y  Norberto  Castaño  Gómez a  la pena principal de un año de prisión, por el delito de fraude  procesal.   

Hechos.  

En  el  año de 1993, la señora Hilda  Fanny  Rodríguez  Villamil  inició  proceso  de  separación  de  bienes en los juzgados de familia de Barranquilla,  exponiendo  como  motivos  de  su  acción  los maltratos físicos y morales que  venía  recibiendo de su esposo Luis Hernando Bermúdez  Ruda,   y  los  malos manejos que éste hacía de  los haberes de la sociedad conyugal.    

En  el mes de noviembre de 1994, Norberto  Castaño  Gómez  inició proceso  ejecutivo  contra  los  esposos Luis Hernando Bermúdez  Ruda  e Hilda Fanny Rodríguez  Villamil,  en  el  Juzgado Quinto Civil de Circuito de  Barranquilla,  soportado  en  cuatro  letras  de  cambio,  cada una por valor de  $6’000.000,  supuestamente  suscritas por los esposos demandados.   

En  la  audiencia  de conciliación llevada a  cabo   el   5  de  octubre  de  1995  dentro  del  referido  proceso  ejecutivo,  Luis    Hernando    Bermúdez    Ruda   aceptó   la   deuda   y   propuso   una  fórmula  de  arreglo  por  $45’000.000, pero  su  esposa  Hilda  Fanny  Rodríguez Villamil se  opuso  a  este  acuerdo  argumentando que la firma que aparecía  como suya en las letras de cambio no le pertenecía.   

Días  después (el  26  de  diciembre  de  1995),  la señora Hilda  Fanny  Rodríguez Villamil denunció  penalmente  a  su  esposo  Luis Hernando Bermúdez Ruda  por  los  delitos  de  falsedad en documentos y fraude  procesal1.   

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La  Fiscalía  abrió  investigación por  estos   hechos,   vinculó   al  proceso  mediante  indagatoria  a  Luis    Hernando    Bermúdez    Ruda   y  Norberto  Castaño  Gómez, y  el  28  de junio de 2002, después de declarar prescrita la acción penal por el  delito  de  falsedad,  calificó  el sumario con resolución de acusación en su  contra        por        fraude       procesal2.  Esta  última  decisión fue  apelada  por  la defensa y confirmada por la Unidad Delegada ante el Tribunal el  17        de       febrero       de       20033.    

2.  El  5 de mayo de 2006, el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla  condenó a Luis  Hernando     Bermúdez     Ruda    y    Norberto   Castaño   Gómez   a  la  pena  principal  de  un  (1)  año  de  prisión  y  la  accesoria de interdicción de  derechos  y funciones públicas por el mismo término, como autores responsables  del   delito   imputado  en  la  acusación,  y  les  concedió  la  suspensión  condicional   de   la   ejecución   de   la   pena4.   

3.  Apelado  este fallo por los defensores de  los  procesados  y el apoderado de la parte civil, la Sala de Justicia y Paz del  Tribunal     Superior    del    Distrito    Judicial    Barranquilla5,  mediante el  suyo  de  11  de diciembre de 2006, lo confirmó en todas sus partes6.  Inconforme  con   esta  decisión  la  defensa  de  Luis  Hernando  Bermúdez     Ruda     recurre     en     casación  discrecional.   

La         demanda.   

Dos  cargos  presenta  el  actor  contra  la  sentencia  impugnada.  Uno  de  nulidad  al  amparo  de  la  causal  tercera del  artículo  207  del  Código de Procedimiento Penal (ley 600 de 2000) y otro por  violación   indirecta   de  la  ley  sustancial  por  errores  de  apreciación  probatoria,   con   fundamento   en   la   causal   primera,   cuerpo   segundo,  ejusdem.   

Nulidad:  Sostiene  que  los  fallos  de  instancia  son  nulos por falta de motivación, porque los  alegatos  de la defensa material y técnica “no recibieron una contesta acorde  con  el  fundamento jurídico que exige la dialéctica de la contradicción para  que una posición se imponga sobre la otra convincentemente”.   

Explica  que  el  argumento  presentado en la  audiencia  de  juzgamiento  por  la  defensa  material,  en el sentido de que no  existía  fraude  procesal  porque la Fiscalía Delegada ante el Tribunal había  afirmado  la inexistencia de la falsedad en los títulos valores, y que en tales  condiciones  no  podía  hablarse  de  inducción  en  error,  no  fue  contestado  en la sentencia de primer  grado,  pues  aunque  fue  anunciado  abstractamente en ella, no fue debatido ni  analizado,   y   que   igual   falencia   presenta   la   sentencia  de  segunda  instancia.   

La  defensa  técnica planteó, por su parte,  entre  otras  tesis,  (i)  que  el  procesado  no  cometió  el delito de fraude  procesal       porque      no      realizó      el      verbo      inducir,  en  cuanto  que  quien  puso  en  movimiento  el  aparato  judicial  fue  el  otro  acusado,  (ii)  que  no podía  endilgarse  coautoría por no  concurrir  los elementos para la estructuración de esta figura jurídica,   y  (iii)  que  la  sola  demostración  de  los hechos no conducía a colegir la  prueba de la responsabilidad.   

Estos   alegatos   defensivos   no   fueron  contestados  por  los fallos de instancia. “Se hizo un zigzag a la tesis de la  defensa.  No recibieron respuesta concreta; solo deficientes argumentos nutridos  de  subterfugios”,  respuestas  como “no le asiste  razón  a  los  señores  defensores  en  cuanto  a sus juiciosas solicitudes de  absolución  para  sus  patrocinados,  puesto  que  no es cierto que exista duda  respecto de la responsabilidad de alguno de ellos”.   

La  ausencia de análisis de estos argumentos  “impidió  el  ejercicio  del  derecho  de  defensa  en  forma  plena, pues la  contradicción  o  controversia  que debe caracterizar una postura defensiva, no  es  posible,  por  la  nula  contestación  a  los  alegatos defensivos. Ello no  permitió  al acceso pleno a la administración de justicia. A más, que como no  se  observaron la plenitud propia del juicio (sic), existe violación del debido  proceso”.   

La  sentencia de primera instancia declara al  procesado      Bermúdez     Ruda     responsable  del  delito  de  fraude  procesal,  pero no explica por  qué,  a  pesar  de  no haber inducido en error al Juez Civil, se le imputa este  delito  a título de coautor.  Tampoco  se  refiere a los elementos de la coautoría,  ni  al  tipo  de  coautoría  aplicable  al  caso.  Y  en  igual  falencia  incurre  el    Tribunal,   quien  no  solo  omite  señalar  por  qué  Bermúdez  Ruda  ejecutó  el verbo rector  inducir,  sino  que acude a  una   cita   jurisprudencial   que  no  se  acomoda  al  caso  para  afirmar  su  responsabilidad.   

Prueba evidente de la falta de motivación de  la  sentencia  de  segunda  instancia,  lo  constituye el aparte de la decisión  donde  dice:  “en  el  fraude procesal que la sentencia endilga a uno y otro a  título  de  coautores,  medios de prueba que de paso  sirven  para  desechar  por intrascendentes al caso las demás objeciones que la  defensa  hizo  a  la  sentencia  impugnada,  tales  como…d) la inexistencia de  prueba   sobre   el   acuerdo   previo   entre  los  procesados  para  defraudar  económicamente a la señora HILDA FANNY RODRIGUEZ VILLAMIL”.   

En síntesis, el fallo de segunda instancia no  contestó   el   argumento   de  la  defensa  referente  a  la  inexistencia  de  coautoría  por  falta  de  acuerdo  previo.  Y la primera instancia fue excesivamente precaria, abstracta y  contradictoria,  en  la  medida que habla de un delito de falsedad, pero presume  la  coautoría  del  fraude  procesal,  antinomia  que  el  fallo  plasma en los  siguientes términos:   

“Como  sustento  para considerar a nuestro  criterio  que  efectivamente son responsables ambos procesados del delito por el  que  se  les  acusó,  encontramos  que  efectivamente  las letras de cambio que  sirvieron  de  título  ejecutivo para promover el proceso ante la jurisdicción  civil  (sic)  eran  falsas,  como  quedó  demostrado  de manera objetiva con la  prueba  grafológica, la declaración jurada de la señora HILDA, y hasta con la  indagatoria  de ambos procesados, indistintamente a la responsabilidad penal que  en  tal  hecho  se  pueda  atribuir,  lo  que  no  es  posible siguiera entrar a  determinar  por  haber  operado el fenómeno de la prescripción, y que para tal  cometido participaron ambos procesados”.   

Afirma que estas precisiones no demuestran la  confluencia  de los elementos de la coautoría, porque lo que allí se afirma es  que  las  letras  de  cambio  son falsas, que no existe autor conocido, y que el  delito  además  está  prescrito,  situación  que  es  bien  diferente  de  la  planteada  por  la  defensa,  cuyo  argumento  principal se hace consistir en la  inexistencia de coautoría por ausencia de acuerdo previo.   

Como normas violadas cita los artículos 29 de  la  Constitución Nacional y 10 y 170 del Código de Procedimiento Penal, y pide  a  la  Corte  anular  la  sentencia  impugnada  en  relación  con  el procesado  Bermúdez Ruda.   

Violación    indirecta:    Sostiene  que la sentencia es violatoria de la ley sustancial debido  a  errores de raciocinio, puesto que se le dio a la prueba documental un alcance  que  no  tiene: “La prueba indica que solo uno de los sindicados desarrolló y  ejecutó  la  conducta  de  fraude  procesal,  y  el  funcionario desfiguró los  hechos,  haciéndolos  extensivos  contra el otro acusado, originándose así un  error por falso juicio de raciocinio”.   

La  sentencia de primera instancia admite que  solo   el  sindicado  Norberto  Castaño  puso  en movimiento el aparato judicial en forma fraudulenta. Eso es  cierto  y  así lo demuestra la prueba. Lo que no señalan los fallos es en qué  momento  y  de qué manera el otro procesado ejecuta o materializa la acción de  inducir  en error. Aquí el  fallo  de  primer  grado equivoca la conclusión, al distorsionarla, extendiendo  los   alcances   de  las  pruebas  que   demuestran  la  participación  de  Norberto   Castaño,   al  coprocesado Bermúdez Ruda.   

El  error  de  raciocinio  se  concreta en la  sentencia    de    primera    instancia   cuando   sostiene   que   “el  que  solo  uno  de  los  procesados sea quien haya puesto en  movimiento   el   aparato  judicial  en  forma  fraudulenta,  tampoco  libra  de  responsabilidad   al   segundo,  pues  ello  depende  si  hubo  o  no  actividad  mancomunada  previa  y  de  que  esa  acción corresponda o no a la actividad de  reparto de trabajo dentro de una empresa criminal”.   

Sostiene  que  esta conclusión probatoria es  equivocada  porque  solo puede ser autor de fraude procesal el que por cualquier  medio  fraudulento  induzca  en error a un servidor público, como lo señala el  artículo  453  del  Código Penal. Y los juzgadores supusieron mal, al concluir  que   por  el  hecho  de  haberse  probado  la  participación  de  Norberto  Castaño, de facto se colegía la  de  Bermúdez Rueda, formando  una   coautoría   sofística,   que   solo   pasó   por   la   mente   de  los  juzgadores.   

Este  raciocinio  equivocado desembocó en la  afirmación  de  la  intervención  de  este  último  en  el  delito  de fraude  procesal,  sin  haber desarrollado el verbo rector, pues está demostrado que su  participación   fue   posterior   a   la   acción  iniciada  por  Norberto  Castaño,  como  lo  reconoce la  sentencia  al  sostener  que  tampoco  libera  el dolo del procesado el hecho de  haber  dado  contestación  a  la  demanda,  puesto  que ello dependía de si se  demostraba  o  no  que  sus  actividades  correspondían “a meras simulaciones  tendientes    a    darle   mayor   credibilidad   a   la   acción   fraudulenta  emprendida”.   

Si  esto es así, existe error de raciocinio,  porque  la  actitud  de  contestar  la demanda o ejercer la defensa en el juicio  ejecutivo,   no  es  acción  de  inducir   en   error.   La   esencia   “de   la   acepción  inducir  en  error  que trae el artículo  453  del  Código Penal, está anclada en el concepto de Maggiore, quien enseña  que  engañar  quiere decir  inducir  en  error”  y  que “el engaño que es efecto del fraude, debe obrar  sobre el juez o sobre el perito”.    

La decisión de presentar la demanda ejecutiva  contra    Luis   Hernando  Bermúdez  Ruda e  Hilda  Fanny Rodríguez, no dependía del  primero, sino del coprocesado  Norberto       Castaño       Gómez.   Por  tanto,  Bermúdez  Ruda no tenía el  dominio  del  hecho, ni la acción de inducir en error  le  pertenecía.  De  suerte que, al concluir el fallo  que  debe  responder  en  condición  de  coautor, está interpretando la prueba  existente  contra  toda  lógica,  sobrepasando  los  límites  que  imponen los  principios de la sana crítica.   

Este  raciocinio  desconoció  los principios  lógicos  y  pasó  por  alto  las  normas  de la experiencia, pues esta última  indica  que  quien  se  notifica  de  una  demanda  ejecutiva  y ejerce actos de  defensa,  no  comete  delito  de  fraude  procesal. Y la lógica señala que ese  accionar no es punible ni crea de suyo el dolo.   

Otro  error  de raciocinio se encuentra en la  afirmación  que  se  hace  en  el fallo impugnado, en el sentido de que “como  sustento  para  considerar a nuestro criterio que efectivamente son responsables  ambos  procesados  del  delito  por  el  que  se  les  acusó,  encontramos  que  efectivamente  las  letras  de  cambio que sirvieron de título para promover el  proceso  ante  el  jurisdicción civil (sic) eran falsas, como quedó demostrado  de manera objetiva con la prueba grafológica”.   

El  error  se concreta al considerar que la  pericia  arrogaba  participación  de  Bermúdez  Ruda  en  el  delito  de  fraude  procesal,  cuando  lo  que  ella    indica   es   todo  lo  contrario,  que  no  fue  el  autor  de  la  falsificación,  como  se establece del siguiente aparte: “sobre fotocopias no  es  posible  realizar  un estudio grafológico concreto por cuanto al tomar esas  reproducciones,  se  pueden  perder,  distorsionar  o  no  se alcanzan a plasmar  valores  esenciales  que  permitan  por  el análisis grafológico establecer la  autoría  o  no  de  los escritos cuestionados con las muestras patrones, por lo  tanto    es    indispensable    tener   los   originales   de   los   documentos  cuestionados”.   

El  fallador  debió decir, por tanto, que la  prueba  recogida  no  incriminaba  al  señor Bermúdez  Ruda,   pero  tergiversó  los  hechos  derivados  de  ellas,   convirtiéndola, a través de un falso raciocinio, en prueba capaz  de  probar  su  participación  en el delito imputado. El error es visible, pues  del  estudio  de la prueba se establece que el procesado nada tuvo que ver en la  elaboración  de las letras de cambio, y que de haberse analizado correctamente,  se habría llegado a la feliz conclusión de que es inocente.   

La  lógica  indica  que  únicamente se debe  hacer  responsable  de los efectos negativos de la prueba a la persona señalada  como  autor,  no  a  una  persona  distinta,  contra  quien la prueba no produce  efectos.  “A  pesar de ello, el fallador de instancia pasó por encima de este  principio  de  la  lógica  común y bajo un falso raciocinio, coloca los hechos  derivados    de    la    prueba   grafológica   en   cabeza   de   Bermúdez  Ruda,  lo  cual  es  totalmente  desacertado”.   

Como normas violadas cita los artículos 232,  338  y  257  de  Código  de  Procedimiento  Penal  y 9°, 12°, 22, 25 y 29 del  Código Penal.   

SE        CONSIDERA:   

1. Procedencia de la  casación discrecional.   

El artículo 205 de la ley 600 de 2000, en su  último   inciso,   dispone   que   la  Corte,  discrecionalmente  y  de  manera  excepcional,  podrá  admitir  la  demanda de casación contra las sentencias de  segunda    instancia    que    no    tengan   casación   común,   cuando        lo       considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la  garantía  de  los  derechos fundamentales, siempre que  reúna los demás requisitos exigidos por la ley.     

Los  hechos               atribuidos   a   Luis  Hernando  Bermúdez Ruda se iniciaron  en   vigencia   del   artículo  218  del  Decreto  2700  de  1991  (modificado   por   el   35  de  la  ley  81  de  1993),  que  exigía  como  requisito  punitivo  para  acceder a la   casación  que  la pena máxima privativa de la libertad prevista para el delito  fuese  igual  o  superior  a  seis  (6) años. Y en materia sustancial regía el  Decreto  100 de 1980, que en su artículo 182 describía y sancionaba el delitos  de  fraude procesal con pena  privativa      de      la      libertad      máxima      de      cinco      (5)  años.        

Esto  significa  que frente a la normatividad  vigente  para  la  época  en que ocurrieron los hechos, el delito por el que se  procede   no   tenía   casación   común,   por  no  satisfacer  el  requisito  punitivo,   y  que  la  única  vía  posible  de  ataque  era la casación  discrecional.  Igual  situación resulta predicable frente a la ley 600 de 2000,  pues  este  estatuto  exige para la procedencia de la casación ordinaria que el  delito  objeto de juzgamiento tenga señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo exceda de ocho (8) años de prisión.   

2.  Examen  de  la  demanda.   

La  Corte  ha sido insistente en sostener que  cuando  se  acude  en  casación  excepcional,  el  impugnante  debe cumplir dos  condiciones:  (1)  demostrar  que la intervención de la Corte es necesaria para  la   protección   de  las  garantías  fundamentales  o  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  y  (2)  presentar  una demanda que cumpla las condiciones   mínimas  de  forma  y  contenido  requeridas por la ley y la lógica casacional  para su estudio.   

La primera exigencia implica demostrar que la  sentencia  desconoció  un  derecho  fundamental  específico  que  requiere  la  intervención  de  la Corte para su protección, o que se está frente a un tema  que  no  ha  tenido   desarrollo  jurisprudencial,  o  que  teniéndolo  es  necesario  revaluar,  o  que  alrededor  suyo  existen  posturas interpretativas  disonantes que es indispensable unificar.   

La    segunda   presupone   cumplir   los  requerimientos  mínimos  de forma y contenido señalados en  artículo 212  del  estatuto  procesal  penal,  a  saber:  (1)  identificación  de los sujetos  procesales  y  de  la  sentencia  impugnada,  (2)  resumen de los hechos y de la  actuación  procesal,  y  (3)  demostración  del  cargo,  exigencia que implica  señalar  la  causal  invocada, las normas procesales o sustanciales violadas, y  las  razones  del  ataque,  todo dentro del marco de los principios que rigen la  casación y la lógica de la causal planteada.   

En  el  caso analizado, la demanda no precisa  cuál  de  los  dos  propósitos  previstos  en  la  normatividad procesal busca  realizar  a través de la casación excepcional (si la  protección  de los derechos fundamentales o el desarrollo de la jurisprudencia,  o  ambos),  ni justifica la necesidad de intervención  de  la  Corte  para  el  cumplimiento de estos fines, pues no dice cuál derecho  fundamental  en  concreto  debe  ser amparado, ni qué tema específico requiere  análisis   jurisprudencial,  ni  explica  por  qué  o  de  qué  manera  estos  desarrollos resultan necesarios para la solución del caso.   

Podría pensarse que esta falencia, en el caso  en  estudio,  no  tiene  trascendencia,  porque uno de los cargos que la demanda  contiene   (el   primero)  denuncia  la  violación  del debido proceso por omisión del deber de respuesta  de  los  alegatos  de  la defensa y/o defectos de motivación del fallo, lo cual  vendría  a  representar  una  violación  a  un derecho fundamental, y que esto  permite   entender  que  la  casación  excepcional  que  se  propone  busca  la  realización    del    primer    fin   previsto   en   la   norma   (protección    de    las   garantías   fundamentales).   

A   nivel   de  instancias  este  ejercicio  complementario  puede  ser posible, pero en casación no es aceptable, porque en  esta  sede  rigen  dos  principios  correlativos que impiden a la Corte realizar  complementaciones  de  esta  clase.  El de motivación  suficiente,  que  exige  que  la demanda se baste así  misma   para   lograr   la   infirmación   del  fallo,  y  el  de  limitación,  que  le  prohíbe  entrar a  suplir   las   deficiencias   argumentativas   del   libelo   o   enmendar   sus  yerros.   

Adicionalmente  a  esta  deficiencia, de suyo  suficiente  para  rechazar  la pretensión de acceso a la casación excepcional,  la  Corte  no  advierte  en la argumentación de las sentencias de instancia las  fallas   que   el   casacionista  denuncia  en  el  primer  ataque  (inobservancia    del    deber    de   respuesta   y/o   falta   de  motivación),   ni   infiere,  por  consiguiente,  la  necesidad  de  su  intervención  por  la  vía  propuesta,  o la de la facultad  oficiosa,  con  el  fin de proteger la garantía fundamental del debido proceso.   

Basta  repasar  sus contenidos para constatar  que  los  juzgadores  se  refirieron  a  cada  uno  de  los planteamientos de la  defensa,  y  que  la  inconformidad  del  casacionista  no surge realmente de la  ausencia  de  respuestas,  como  maquilladamente lo plantea en procura de buscar  sustento  para  justificar  la procedencia de la casación excepcional, sino del  carácter  adverso  de  éstas,  situación  que  se  evidencia  no  solo  en el  desarrollo  del  primer  cargo,  sino  del segundo, donde se discuten los mismos  aspectos,   pero   a   partir   de   la  premisa  de  la  incorrección  de  las  respuestas.     

Es posible que los desarrollos argumentativos  que  los  fallos  contienen no sean de la prolijidad esperada por el impugnante,  pero  los  análisis  que  allí  se hacen permiten identificar con claridad las  razones  por  las  cuales  se condena al procesado Luis  Hernando  Bermúdez  Ruda  en calidad de coautor, y las  pruebas  que  sustentan esta conclusión. De suerte que, la  pretensión de  intervención  de la Corte para enmendar la alegada ausencia de respuesta y/o de  motivación  de  los  fallos  de instancia, tampoco encuentra eco en la realidad  procesal.    

El demandante tampoco acredita que se esté en  presencia   de   una  vía  de  hecho  por  defecto  fáctico  originada  en  la  apreciación  de  las pruebas, que amerite la intervención de la Corte por esta  vía.  Las  reglas  de la lógica y de la experiencia que afirma desconocidas en  el  cargo  segundo, carecen de dicha connotación, y la Corte no advierte que en  el  análisis  que  los juzgadores hicieron de las pruebas, se haya incurrido en  esta clase de incorrecciones.   

Visto, entonces, que la demanda no cumple las  exigencias  mínimas  requeridas  para  abrir paso a la casación excepcional, y  que  no  se  advierten  violaciones  a las garantías fundamentales que la Corte  esté  en  la obligación de proteger de manera oficiosa, se la inadmitirá y se  ordenará  devolver  el proceso al Tribunal de origen, para los fines a que haya  lugar.    

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación discrecional presentada por el defensor del procesado Luis Hernando Bermúdez Ruda.    

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ             MARIA    DEL   R.  GONZALEZ DE L.   

AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMAN             JORGE      L.     QUINTERO  MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS             JULIO E. SOCHA SALAMANCA   

MAURO            SOLARTE  PORTILLA              JAVIER      ZAPATA  ORTIZ   

                                                Teresa Ruiz Núñez   

                                                   SECRETARIA   

    

1  Folios 1-2, 50-52  del cuaderno original 1.   

2  Folios  56,  66,  76  del  cuaderno  original  1 y 163-170 del cuaderno original  2.   

3  Folios 3-9 del cuaderno de segunda instancia.   

4  Folios 142-151 del cuaderno original 3.   

5  La  Sala  de  Justicia y Paz del Tribunal de Barranquilla conoció de este asunto en  virtud   de   lo   dispuesto   en   el  Acuerdo  No.PSAA06-3597/06  de  la  Sala  Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura.   

6  Folios 6-20 del cuaderno del Tribunal.     

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