27992(08-08-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 27992  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANES  

Aprobado acta N° 140  

Bogotá  D.C.,  ocho (8) de agosto de dos mil  siete (2007).   

V   I   S   T   O   S   

Se  pronuncia  la Sala sobre la admisibilidad  del  recurso de casación interpuesto por el defensor del procesado EDISSON  ALEXANDER  ALVARADO FORERO, contra  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Juzgado Penal del Circuito  de  Zipaquirá (Cundinamarca), el 18 de mayo de 2006, mediante la cual confirmó  en  su  integridad  la  que había emitido el Juzgado Segundo Penal Municipal de  Cajicá, el 26 de septiembre de 2005.   

H E C H O S  

El  a  quo  los  resumió  de  la  siguiente  manera:   

“Acaecen  el  día 20 de enero del año dos  mil,  a  eso  de  la  una  y treinta de la tarde en el perímetro urbano de esta  localidad,  cuando  se  presentó  un  choque  vehicular entre el vehículo tipo  camioneta  de  Placas  BHK-202  conducida  por  EDISON  ALEXANDER  ALVARADO  FORERO  y la motocicleta de Placas  YPJ-65,  en  la  que  se  desplazaban los señores JOSE  ROBERTO  QUINTERO  quien  la  conducía y PIOQUINTO  VARGAS, resultando lesionados el  conductor  de  la  motocicleta  y  su  acompañante,  a cuya consecuencia se les  causó   a   los   dos   incapacidad   definitiva   y   secuelas   de  carácter  permanente.”   

A N T E C E D E N T E S  

1. Con sentencia del 26 de septiembre de 2005,  el   Juzgado   2°   Penal   Municipal   de  Cajicá,  condenó  a  EDISSON  ALEXANDER  ALVARADO  FORERO, a las  penas  principales de 6 meses de prisión, muta de $5.000 y la suspensión en el  ejercicio  de  la  conducción  de  vehículos  por  6  meses, a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  periodo  igual  al  de  la  pena  privativa de la libertad, así como al pago de  perjuicios  materiales  y  le  concedió  la suspensión condicional de la pena,  como  autor  responsable del punible lesiones personales culposas, que le había  sido  imputado  según  resolución  de acusación confirmada el 21 de agosto de  2002,    por    la   Fiscalía   Delegada   ante   el   Tribunal   Superior   de  Cundinamarca.   

2. Dicho fallo fue apelado por el defensor del  acusado,  y  el  Juzgado Penal del Circuito de Zipaquirá, al desatar la alzada,  confirmó  el  mismo  en su integridad, mediante la sentencia que ha sido objeto  del   recurso   extraordinario   de   casación,   cuya  revisión  ocupa  a  la  Corte.   

L  A      D  E  M  A  N D  A   

Invoca el demandante como causal de casación  “la primera de las indicadas en el artículo 207 del  Código  de  Procedimiento  Penal, por considerar que la sentencia es violatoria  de  norma  de  derecho  sustancial,  que  proviene  de  error  de  derecho en la  apreciación de las pruebas”.   

Y  a continuación pregona que se vulneró el  debido  proceso,  porque  todas las pruebas allegadas al plenario, que destaca y  valora,   establecían  la  ausencia  de  responsabilidad  del  procesado,  como  “VERDAD  REAL Y PROCESAL QUE SE EXTRAE DEL PROCESO Y  DE  LA  CORRECTA APRECIACIÓN DE LAS PRUEBAS”, razón  por  la  cual solicita casar el fallo y, en su lugar, dictar el que corresponde.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

En  el presente asunto el recurso procedería  por  vía  de  la  casación  excepcional, dado que el fallador  de segundo  grado  no  es  un  Tribunal  Superior,  si  no  el Juzgado Penal del Circuito de  Zipaquirá, por lo que puede  discrecionalmente  la  Corte aceptar el recurso a solicitud de cualquiera de los  sujetos  procesales,  cuado  lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la  jurisprudencia  o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que reúna  las demás exigencias.   

Ahora bien, insistentemente la jurisprudencia  de  la  Sala  ha  sostenido  que cuando de la casación excepcional se trata, el  demandante  debe  exponer  así  sea de manera sucinta pero clara qué es lo que  pretende  con  el  recurso,  teniendo  como norte que solamente procede el mismo  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  para  garantizar  los  derechos  fundamentales,  por  lo que se debe señalar en concreto el tema jurídico sobre  el  cual  considera  el  actor  que  se hace indispensable un pronunciamiento de  autoridad  por  parte  de  esta  Corporación  y/o  el  derecho fundamental cuya  garantía  persigue,  acorde  con lo exigido por el inciso 3° del artículo 205  de  la  Ley  600  de 2000 –  artículo 219 del decreto 2700 de 1991 -.   

Ninguna  consideración  al  respecto hizo el  casacionista,  y  aún  cuando  pudiera  pensarse  que anuncia la violación del  debido    proceso    como    garantía   fundamental   del   acusado,  con  la  exposición  que del cargo se  hace  no  puede advertirse en concreto la razón específica que hace procedente  la  casación  discrecional  y  necesaria  la  intervención de la Corte en esta  actuación,  lo  que de entrada sugiere la inadmisión del libelo porque ante la  naturaleza  rogada  de  la  casación  no  puede  la  Sala  enmendar, subsanar o  corregir las deficiencias anotadas.   

Es  más,  tampoco  cumplió el censor con el  deber  que  le  asistía  de  satisfacer  las  demás  exigencias legales que la  demanda  de  casación  conlleva  (artículos 212 y 213 del C. de P. Penal), por  cuanto  la  misma  no  es  un  escrito  de  libre formulación en el que resulte  procedente  hacer  cualquier  clase  de cuestionamientos a una sentencia que por  ser  la  culminación  de  un proceso está amparada por la doble presunción de  acierto   y   legalidad,  emergiendo  necesaria  una  argumentación  lógica  y  sistemática  en la que sólo es permitido  denunciar los errores cometidos  en  el  fallo  al  tenor de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciar su trascendencia en la parte  resolutiva,  temas  sobre los que no  se ocupó el demandante, como se dijo  con      antelación.   

Fácil    se    observa   que,  el  cuestionamiento del fallo lo apoya  el  actor  en  la  cita  escueta que hace de la causal primera de casación, sin  aducir  la  forma  de  violación  concreta  de  la  ley sustancial – directa o indirecta -, consistente en  un  “error  de  derecho  en  la  apreciación de las  pruebas”  que presenta sin el respeto debido por los  requisitos  exigibles  en casación, pues, como se sabe, el éxito de la censura  no  depende de la multiplicidad indiscriminada de criterios personales, ni de lo  extenso   o   sugestivo  del  discurso  plasmado  en  la  demanda,  sino  de  la  argumentación  técnica  que  conlleve, de manera lógica, precisa, coherente y  jurídica,  a  la  demostración  de  que  la  sentencia  es  ilegal,  por haber  incurrido   el  juzgador  en  vicios  de  juicio  (in  indicando)    o   de   procedimiento   (in    procedendo),   según   el   caso.   

Y  es  que, la violación indirecta de la ley  sustancial,  que  es  la que hace referencia a los errores en que puede incurrir  el  juzgador  en  la apreciación probatoria, siempre y cuando ellos conduzcan a  la  equivocada  declaración  del  derecho  material  en  cuanto deja de aplicar  determinado     precepto     o     por    aplicarlo    indebidamente,  según  la reiterada jurisprudencia de  esta  Sala, se presenta por  errores  de  hecho  o  de derecho; los primeros cuando el juez ignora una prueba  que  obra  válidamente en el proceso o supone como existente una que no ha sido  incorporada  (falso  juicio  de existencia) o cuando distorsiona o tergiversa su  contenido  fáctico  atribuyéndole  efectos  que  no  se derivan de ella (falso  juicio  de  identidad), y los segundos, hacen  referencia a que el fallador  admite   y  confiere  valor  probatorio  a  un  medio  de  convicción  allegado  irregularmente  al  proceso  o  desconoce  y  niega alcance probatorio a pruebas  válidas  (falso  juicio  de  legalidad),  o le asignó un valor probatorio  distinto  al  establecido  por  la  ley  o  le  negó el que legalmente se le ha  conferido (falso juicio de convicción).   

Igualmente,  la transgresión indirecta de la  ley  puede ocurrir cuando en la asignación del mérito probatorio que se deriva  de  la prueba válidamente allegada al proceso, el juzgador haya desconocido los  postulados  de  la  sana crítica como método de apreciación probatoria (falso  raciocinio),  valga  decir,  los  principios  de  la  ciencia,  la  lógica,  la  experiencia o el sentido común.   

Cuando  se  acude  a  esta  vía  de censura,  compete  al  actor precisar la naturaleza del error, el sentido de la violación  y,  luego  de  identificar  el  desacierto,  demostrar su incidencia en la parte  resolutiva  del  fallo  acusado,  en proceso de demostración completo, esto es,  acreditando   cómo  de  corregirse  el  yerro  sobre  las  pruebas  erradamente  apreciadas  y  valorárselas  adecuadamente junto con las restantes válidamente  incorporadas    al    proceso,   la   sentencia   habría   sido   de   distinto  contenido.   

Si  la  inconformidad  del  actor  se  orienta  a  demostrar un error de  derecho  fincado  en  un  falso  juicio  de  convicción,  que, como se dijo, se  presenta  cuando el legislador señala previamente a los funcionarios judiciales  el  valor  que deben otorgar a cada uno de los diversos medios probatorios, esto  es,  cuando  las pruebas deben ser apreciadas de conformidad con la tarifa legal  definida  en  la  legislación,  siempre  que se niegue al medio demostrativo el  valor  que  la  ley  le ha conferido o que le sea otorgado un mérito diverso al  atribuido  legalmente,  es  claro es claro que si en la Ley 600 de 2000 opera el  sistema  de  libertad  probatoria  y  de  libre  apreciación  de las pruebas de  acuerdo  con  los  postulados  de  la  sana  crítica, no se conserva, por regla  general,  el  sistema  tarifario definido por el legislador, motivo por el cual,  salvo  muy  contadas  excepciones,  la denuncia de ésta clase de error no tiene  cabida  en  sede  del  recurso de casación, con mayor razón si en tal caso era  deber  del  censor  acreditar  la  vulneración  de  la  tarifa  de  valoración  dispuesta  por  el  legislador, así como su injerencia en el sentido del fallo,  labor que no acometió de manera alguna.   

Y  entratándose  del  error  de  derecho por  falso  juicio  de  legalidad,  ante  el cual se está  cuando  se  desconocen  las  normas  que  condicionan  la  validez de la prueba,  corresponde  al  casacionista  indicar  en  qué  consistió el vicio, es decir,  cuáles  de  los  ritos  establecidos  en  la ley para la práctica del medio de  convicción  no  se  cumplieron,  colocando en entredicho su validez, y además,  constituye  una  carga para el demandante evidenciar la trascendencia del yerro.  En  otras palabras, se debe enseñar a la Corte cómo de no haber sido apreciado  el  medio de prueba catalogado como ilegal, necesariamente el fallo habría sido  favorable   a   los   intereses   que  representa  1,  nada  de  lo  cual  hizo el  actor.   

Ahora,  respecto  del  debido  proceso cuya  vulneración    se    argumenta,    en    virtud     de   la   “apreciación     indebida    de    las    pruebas”  que hiciera el Tribunal, ha decantado la  Sala,  que  como  traducción  del principio lógico antecedente-consecuente, se  relaciona  con  una sucesión integrada, gradual y progresiva de actos regulados  en  la  ley, que tiene por objeto la verificación de un delito y la consecuente  responsabilidad  del  imputado,  orientados  al  fin  de  obtener  una decisión  válida y definitiva sobre los mismos temas.   

Por ello, cuando se denuncia la vulneración  del  debido  proceso,  le  compete al actor, como reiteradamente se ha pregonado  por  la  jurisprudencia, determinar la manera en que se resquebrajaron las bases  esenciales  de  la  instrucción  o  del  juzgamiento  que  obligan a rehacer lo  actuado,  es decir, señalar en cuál de los diferentes eslabones concatenados y  subsiguientes  que  estructuran  el  debido  proceso se presenta el irremediable  defecto,  y  también  le  corresponde  demostrar  que la irregularidad cometida  durante  el  desarrollo  del  proceso  e  inadvertida  en el fallo incide de tal  manera,  que  para  remediarla no queda ninguna alternativa distinta a invalidar  las  diligencias,  motivo  por  el  cual  quien  así  alega  debe  indicar  con  precisión  el  momento procesal al que han de retrotraerse las actuaciones, una  vez   excluidas   las   alcanzadas   por  los  vicios;  aspectos,  todos  ellos,  inadvertidos por el casacionista.   

En  últimas,  lo  que  se  aprecia  es  la  inconformidad  del  recurrente  con  la  declaración de los hechos y el mérito  persuasivo  conferido  por  el  fallador a los medios de prueba recaudados en el  proceso,  pero  sin  llegar  a  demostrar la necesidad de que la Corte proceda a  desarrollar  la  jurisprudencia  sobre  un  determinado  tópico,  o  garantizar  derechos       fundamentales       presuntamente  trasgredidos  en  las  instancias,  como  para que la  Corte  diera  cabida  a  la  casación  discrecional  para  un caso en el que no  concurre  la  vía común.            

En  consecuencia,  como  el  casacionista omite fundamentar clara y precisamente los motivos que lo  llevan  a invocar el ejercicio de la discrecionalidad por la Corte, el cargo que  formula  resulta  desconectado  de  la  realidad  jurídica  que el fallo ofrece  y   acusa inocultables defectos de orden lógico-jurídico, amén de que de  la  revisión de lo actuado no se observa violación de garantías fundamentales  que  tornen  viable  el  ejercicio  de la oficiosidad por la Sala,  resulta  inexorable  tener  que  inadmitir  la  demanda  y  disponer  la  devolución del  diligenciamiento al  juzgado de origen.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   discrecional   presentada   a  nombre  del   EDISSON  ALEXANDER  ALVARADO  FORERO,  por  lo  anotado  en  la  motivación  de  este  proveído.  En  consecuencia se  DECLARA   DESIERTO   el  recurso.     

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

C  O  M  U N Í Q U E S E     Y    C Ú M P L A S E   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ            MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS           

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                            MAURO   SOLARTE   PORTILLA             

                                                                                          JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

                  TERESA RUÍZ  NUÑEZ   

                                                                       Secretaria     

1   Auto 26/01/2006, Rad.  N° 23.706.     

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