10249f

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 10249  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente :   

          DR. JORGE E. CORDOBA POVEDA   

         Aprobado Acta No. 72   

Santafé de Bogotá D.C., diecinueve (19) de  mayo de mil novecientos noventa y ocho (1999).   

         V I S T O S   

Procede  la  Corte  a  decidir el recurso de  casación  interpuesto  por  el defensor de RICARDO ANTONIO VÉLEZ PÉREZ contra  el  fallo  proferido  el  9  de  agosto  de  1994,  por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  mediante  el cual, al confirmar la sentencia  anticipada,  fechada el 23 de junio de 1994 del Juzgado 33 Penal del Circuito de  la  misma ciudad, lo condenó a la pena principal de 32 meses de prisión y a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo  lapso,  por  haber  infringido  el  inciso  1° del artículo 33 de la ley 30 de  1986.   

Al notificarse el fallo de segunda instancia,  el  defensor  interpuso  el  recurso extraordinario de casación y oportunamente  presentó  la  pertinente  demanda,  la que se declaró ajustada a la exigencias  legales.   

Corrido el respectivo traslado al Ministerio  Público,  el  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal solicita no casar la  sentencia impugnada.   

         H E C H O S   

Ocurrieron  en la ciudad de Medellín, en la  residencia  ubicada en la calle 59 # 52-36, donde fue sorprendido por agentes de  la  Policía  el  señor  Ricardo  Antonio Vélez Pérez cuando en un nochero de  doble  fondo conservaba 14 bolsas plásticas con 1700 papeletas de cocaína base  y   dos   cajas    de   fósforos   con  12  papeletas  de  clorhidrato  de  cocaína.   

         ACTUACION PROCESAL   

La  Unidad Primera Permanente destacada ante  la  SIJIN,   por resolución del 8 de enero de 1994, ordenó la apertura de  la  instrucción  y  dispuso  escuchar  en  diligencia  de  indagatoria  a Oscar  Hernando  Alvarez  y  a  Ricardo  Antonio  Vélez  Pérez,  personas  que fueron  aprehendidas en el operativo policial.   

Practicada  la  diligencia  de  inspección  judicial  y  pesaje  de  la  sustancia  incautada,  la Fiscalía 65 de la Unidad  Primera  de  Ley  30  de  1986,  que  ya conocía de la actuación, resolvió la  situación  jurídica a los procesados con medida de aseguramiento de detención  preventiva, el 13 de enero de 1994.   

Revocada  la medida de aseguramiento dictada  contra  Oscar  Hernando  Alvarez  Arango,  el investigador celebró la audiencia  especial  de  que trata el artículo 37A del Código de Procedimiento Penal, con  relación  a  Vélez  Pérez,  y  remitió el expediente al Juzgado 19 Penal del  Circuito  de  Medellín  que,  por  proveído  del  2 de marzo de 1994, declaró  improbado el acuerdo.   

Ante  la Fiscalía 63 Seccional de la Unidad  Primera  de  Ley  30  de  1986,  a  la que pasó el proceso, el citado sindicado  manifestó  que  se  acogía al trámite de la sentencia anticipada, al tenor de  lo  estatuido por el artículo 37 del C. de P. P, modificado por el 3°  de  la  ley  81 de 1993, la que se celebró el 23 de mayo de 1994, en la que aceptó  los  cargos  que le fueron formulados. La actuación pasó, luego, al Juzgado 33  Penal   del  Circuito  de  Medellín  que  profirió  la  sentencia  de  primera  instancia,  el  23  de  junio  siguiente,  en  la que condenó a Ricardo Antonio  Vélez  Pérez  a  la  pena  de  32 meses de prisión, como autor responsable de  vulnerar  el  inciso  1°  del artículo 33 de la ley 30 de 1986. Así mismo, le  negó     el    subrogado    penal    de    la    condena   de   ejecución  condicional.   

Apelado  el  fallo  por  el  procesado,  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Medellín, al desatar el recurso, lo  confirmó  en  su integridad, mediante sentencia fechada el 9 de agosto de 1994,  la que fue impugnada a través de la casación.   

         LOS ARGUMENTOS DE LA DEMANDA   

Con apoyo en la causal primera de casación,  el  defensor  formula  un único cargo contra la sentencia de segunda instancia,  afirmando,   en  lo  que  debe  entenderse  como  demostración  del  mismo,  lo  siguiente:   

         “Es  clara la posición de la defensa frente a los cargos, dado que  éstos  no  se  analizaron  con  todo  el  rigor  que  la  ley  exige,  no  hubo  imparcialidad  en  la sentencia de primera instancia, y no la hubo, porque ésta  se  basó  en  un  acuerdo  donde la fiscalía, formuló cargos, pero pensando y  escribiendo  únicamente  en  el  indicio  de  presencia,  dicho  funcionario no  averiguó  con  igual celo circunstancias que pudieron haber hecho menos gravosa  la responsabilidad del imputado”   

Igualmente asevera que si bien es cierto que  a  su  defendido  en  el  sitio  que  fue  objeto  de registro se le encontraron  sustancias  prohibidas,  sin  embargo,  nunca se investigó ni “se practicaron  pruebas  tendientes  a identificar al propietario o al menos al tenedor de dicho  bien mueble (mesa de noche)”.   

De lo anterior colige:  

         “Por  ello  a  juicio  de  la  defensa se presenta la violación de  normas  penales  básicas  como  es  la grave falta de apreciación de la prueba  única y contundente: la tenencia de alucinógenos”.   

Estima que se formularon unos cargos con base  en una prueba incompleta y en un indicio de presencia.   

Agrega  que  su  defendido  se  vió  en  la  obligación  de  acogerse  a la sentencia anticipada, con la esperanza de que se  le   concediera   la  condena  de  ejecución  condicional,  situación  que  no  aconteció, para luego concluir   

         ”  Pero  por  obvias  razones  de  una  prueba  mal  recogida,  por  imparcial,  (sic)  el  señor  juez de primera instancia no le queda otro camino  que  imaginarse  a Ricardo Antonio Vélez Pérez, como un monstruo que a través  de  los  alucinógenos  devora personas, y condenarlo sin otorgarle el anhelado,  además     de     legal    beneficio    de    la    condena    de    ejecución  condicional”.   

Termina  solicitando  casar  la  sentencia y  conceder  la condena de ejecución condicional, con fundamento en los artículos  247 y 249 del C. de P. P, y 21 y 68 del C. Penal.   

         EL CRITERIO DEL PROCURADOR   

         SEGUNDO DELEGADO EN LO PENAL   

Considera  que la demanda no debe prosperar,  porque   

         

         “el  libelista  desconoce  los  parámetros  mínimos  exigidos  en  materia  de  técnica  casacional,  como  quiera  que,  en ambigua formulación,  confunde  las  diversas  vías  de  ataque  en  esta sede extraordinaria, lo que  redunda    indefectiblemente    en    la   desestimación   del   único   cargo  alegado”.   

Acota que la proposición y desarrollo de la  censura  es  desatinada,  porque  no es suficiente la referencia a una causal de  casación,  habida cuenta que es obligatorio señalar con precisión el motivo y  sentido de la supuesta violación.   

Agrega que el recurrente no sólo ignora los  requisitos  mínimos  de la demanda, sino que pretende demostrar el reproche con  planteamientos  que corresponden en algunos apartes a causales diversas, primera  y   tercera,   ó   a  simples  consideraciones  personales,  contradictorias  e  ilógicas.   

Advierte que la petición final formulada es  improcedente, porque las razones aducidas además de desacertadas :   

         “…..  en  modo alguno guardan relación con la propuesta inicial;  mal  podría  alegarse  en  un mismo cargo, que contra el sentenciado no existen  elementos  de convicción suficientes para la declaratoria de su responsabilidad  y,  acto  seguido,  entrar  a  solicitar  la  concesión  de  un  subrogado  que  precisamente supone un fallo de condena”.   

Considera  que  las  normas  citadas  como  presuntamente  infringidas, carecen de justificación lógica porque se trata de  preceptos  que  por  sí  solos nada dicen frente al ataque anunciado “al quedar  insular  y confusamente relacionados en la culminación del reproche, con lo que  se   resalta   aun   más   la   incompleta   proposición   y   desarrollo  del  mismo”.   

Solicita    no    casar   la   sentencia  impugnada.   

         

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Razón  le  asiste  al  Ministerio Público  cuando   solicita  rechazar  la  censura,  en  razón  de  los innumerables  desaciertos  técnicos  en  que  se  incurre  en  su  proposición y desarrollo.   

Así,  en primer término, ningún interés  le  asiste  al  impugnante para cuestionar la prueba que sirvió de fundamento a  la  acusación,  pues  se  está  en  presencia  del  instituto  de la sentencia  anticipada,  que  sólo  puede ser recurrida por la parte defensora en los casos  previstos  en  el  artículo  37B.4 del C. de P. Penal, o cuando se vulneren las  garantías  fundamentales.  Además,  teniendo los cargos como único fundamento  los  elementos  de  convicción  hasta  ese  momento legalmente incorporados, no  constituye  violación  al  debido  proceso  la  circunstancia de que algunos se  hayan dejado de practicar, pues, como lo ha sostenido la Sala:   

“ …del texto del artículo 37 del C. de  P.  P, modificado por la ley 81 de 1993, se infiere que su aplicación no supone  negociación  alguna,  que  los  cargos  tienen como único sustento las pruebas  hasta  ese  momento  legalmente incorporadas al expediente, y que la aceptación  formal  de  éstos  ante el Fiscal por parte del sindicado, sitúa ipso facto el  proceso  en  el  momento  de  dictar  sentencia, sin que por ese hecho los actos  procesales  legalmente  omitidos  o las pruebas dejadas de practicar constituyan  violación  del  debido  proceso”.  (Casación, 8 de agosto de 1996, M. P. Dr.  Juan  Manuel Torres Fresneda.- Casación 10.524, 12 de agosto de 1998, M. P. Dr.  Jorge Anibal Gómez Gallego).   

También,  de  manera  contradictoria y sin  ninguna  relación  con  las  razones expuestas, solicita, como única petición  casacional,  se  conceda  al  procesado el beneficio de la condena de ejecución  condicional.   

Por  otra  parte,  en  el  desarrollo de la  censura  el  libelista  se  limita  a mal transcribir el artículo 220 del C. de  P.P,  pero  sin  hacer  ningún  esfuerzo por determinar si formula el cargo por  violación  directa  o  indirecta  de  la  ley  sustancial,  ni el sentido de la  infracción,   esto   es,   falta   de   aplicación,   aplicación  indebida  o  interpretación errónea.   

Tampoco  indicó,  si se trataba de la vía  indirecta,  como  se  infiere  del  desarrollo, el motivo de la vulneración, es  decir,  si  lo  fue  por  error de hecho o de derecho, ni el falso juicio que lo  terminó.   

Así  mismo,  desconociendo el principio de  autonomía,   según  el  cual,  al  interior  del  mismo  cargo  no  se  pueden  entremezclar  ataques  correspondientes  a  causales  distintas, ya que cada una  tiene  naturaleza  diferente,  obedece  a particulares reglas técnicas y genera  diversas  consecuencias jurídicas, se aparta de la causal primera invocada para  irrumpir,  incoherentemente,  en  la  tercera,  al  sostener  que se vulneró el  principio  de  investigación  integral, cuando afirma que no se averiguaron las  circunstancias  que  hubieran hechos menos gravosa la situación del procesado y  haberse  sólo tenido en cuenta el indicio de presencia, sin haberse investigado  quien  era  el  dueño  o,  al  menos,  el tenedor de la mesa de noche donde fue  encontrado el estupefaciente.   

Pero, a continuación, cambia nuevamente la  ruta  del  ataque,  puesto  que  arguye  que hubo “falta de apreciación de la  prueba  única  y  contundente:  la  tenencia de alucinógenos”, con lo que se  ubica  en  la  causal  primera,  cuerpo  segundo, violación indirecta de la ley  sustancial,  por  error  de  hecho,  por  falso juicio de existencia, al haberse  ignorado  la  existencia  de  la prueba, pero sin que demuestre tal yerro, ni su  incidencia  frente  a  la  negativa  de  conceder  el subrogado de la condena de  ejecución    condicional,    cuyo    otorgamiento    reclama   como   petición  casacional.   

En  conclusión, el impugnante no demuestra  ninguna  equivocación  cometida por los falladores de instancia, sino que, como  lo  dice  el  Procurador  Delegado,  se  limita  a hacer simples y deshilvanadas  consideraciones  personales, contradictorias e ilógicas, cuyo texto ni siquiera  se compadece con el de un alegato de instancia.   

Finalmente  termina  citando  una  serie de  normas  sin  orden  ni  concierto, que ni siquiera señala como vulneradas y que  nada  tienen  que ver con las argumentaciones planteadas, excepto la relacionada  con la condena de ejecución condicional.   

En  tan  precarias condiciones técnicas es  preciso   que   se  desestime  la  demanda,  tal  como  solicita  el  Procurador  Delegado.   

Son   suficientes   las   consideraciones  precedentes,  para  que  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte Suprema de  Justicia,  administrando  Justicia en nombre de la República y por autoridad de  la Ley   

        R E S U E L V A   

NO     CASAR      el     fallo  impugnado.   

Cópiese  y  devuélvase  a  la  oficina de  origen.   

JORGE ANIBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                                 RICARDO     CALVETE  RANGEL   

                                                                                                     NO   

JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS   E.   MEJIA  ESCOBAR                     DIMO PAEZ VELANDIA   

NILSON  E.  PINILLA  PINILLA                                PATRICIA     SALAZAR  CUELLAR   

       Secretaria     

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