27432(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 27432  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No.109  

Bogotá  D.  C., veintisiete (27) de junio de  dos mil siete (2007).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina la Sala las bases jurídicas, lógicas  y  argumentativas  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  HÉCTOR  JULIO  PARDO ULLOA,  contra  la  sentencia  proferida el 20 de octubre  del 2006 por el Tribunal  Superior de Armenia.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El 3 de julio del 2002, la señora Amalia  Godoy  Téllez formuló denuncia porque dos días atrás su hija C.P.G.T. había  sido  objeto  de tocamientos indebidos por parte del implicado, quien además se  desnudó  en  su presencia. Los hechos ocurrieron en la residencia ubicada en la  carrera 5ª No 47-63 del barrio Santa Rita de la ciudad de Bogotá.   

2. Adelantada la investigación, el 8 de marzo  del  2005,  la  Fiscalía  226  de  la  Unidad  de  delitos  contra  la Libertad  Individual  de  Bogotá  acusó  al  justiciable  como  autor del delito de acto  sexual  con menor de catorce años agravado por las circunstancias 2ª y 4ª del  artículo  211 del Código Penal, decisión que la Fiscalía 42 Delegada ante el  Tribunal  confirmó  en  su  integridad en providencia del 27 de abril del mismo  año.   

3. El 3 de marzo del 2006, el Juzgado 44 Penal  del  Circuito  de Bogotá condenó al procesado, por esa misma conducta punible,  a  la  pena principal de cincuenta y tres (53) meses de prisión y, por el mismo  término,  a la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas. Le  impuso  el  pago  de  los  perjuicios  morales  causados con la infracción y le  reconoció el derecho a la prisión domiciliaria.   

4.  El  Tribunal  Superior  de  Armenia,  en  ejercicio  de  la competencia asignada por el Consejo Superior de la Judicatura,  confirmó   integralmente   la   decisión   del   A  quo,   en  providencia del 20 de octubre de 2006,  objeto del recurso de casación.    

LA DEMANDA  

Cargo   único   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,    el    libelista    acusa    la    sentencia    por    violación    indirecta    de    la    ley   sustancial.   Asegura   que    el   Tribunal  incurrió  en  error   de   derecho   al  expresar,  en  desacuerdo  con  el  valor  que  la  ley  le  da,  que el testimonio de la menor  C.P.G.T.  constituye  por  sí  solo  una “presuntio  juiris  et  de  jure”,  sin  tener  en  cuenta otras  circunstancias   como  la  inexistencia  de  huellas  visibles  y  externas,  la  retractación  de la progenitora de la supuesta víctima y que para esa fecha la  niña  venía  padeciendo de sífilis primaria activa, de la cual no padecía ni  padece el procesado.   

El  laboratorio  forense  del  Instituto  de  Medicina  Legal  estableció, de las muestras de sangre tomadas a la denunciante  Amalia  Godoy  Téllez  y  al  implicado HÉCTOR JULIO  PARDO  ULLOA,  que  a  la primera la aquejaba la misma  enfermedad padecida por su hija, en tanto que al último no.   

Ante  la  mendacidad de la denunciante, quien  alteró  la  verdad  en  perjuicio  del  procesado,  no  es  posible admitir las  aserciones  de  la  menor,  porque  si ésta y su progenitora padecían la misma  enfermedad,  esa  situación  indica  que  ambas  fueron  accedidas  por un  tercero  que  sufría  de  la  misma  afección  y  que  no  es  precisamente el  sentenciado.   

Si  bien  es  cierto que la Sala de Casación  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia ha dejado sentado lo relativo al mérito  que  ofrece  el  testimonio  del  menor, acorde a los estudios elaborados por la  psicología   experimental   y   forense,   también   lo  es  que  esas  mismas  investigaciones  han  señalado  otras  pautas  que no pueden desatenderse en la  sana crítica del testimonio.   

No puede tener el mismo grado de credibilidad  el  testimonio  de un menor que ha sido objeto de permanentes maltratos físicos  y  psicológicos,  al  extremo  de  encontrarse contaminado, e inducido a mentir  sobre  los  mismos,  que el de uno sometido a un ultraje desconocido para él y,  por tanto, sorpresivo para sus padres.   

Concluye que la declaración de la víctima no  puede  ser  tenida como plena prueba para demostrar la responsabilidad penal del  sentenciado  y  que  al menospreciar los principios que rigen la sana crítica y  desconocer  las  circunstancias y modalidades que antecedieron la versión de la  menor,  el  Tribunal  vulneró los artículos 232, 238, 248 y, especialmente, el  277  del  Código  de  Procedimiento Penal, porque el examen cuidadoso del mismo  ofrecía  serias dudas acerca de su credibilidad, a causa del estado de salud en  que  se  encontraba,  razón  por  la  cual  se  ha  debido  proferir  sentencia  absolutoria.   

Con  ese  objetivo,  solicita  se  case  la  sentencia.    

CONSIDERACIONES  

1.     El     procesado    HÉCTOR  JULIO  PARDO  ULLOA fue condenado  como  autor  responsable  del  delito de actos sexuales abusivos con menor de 14  años  agravado (artículo 209 en concordancia con el 211 numerales 2º y 4º de  la  Ley  599  de  2000), cuya pena de prisión oscila entre cuarenta y ocho (48)  meses  y  noventa  (90) meses, es decir cuatro (4) años y siete (7) años, seis  (6)  meses,  quantum punitivo que no alcanza para acceder al recurso por la vía  ordinaria,  según lo previsto en el inciso 1º del artículo 205 del Código de  Procedimiento Penal del año 2000.   

En  esas  condiciones,  el  demandante debió  acudir  a la casación discrecional y, adicionalmente, manifestar su interés en  hacer  uso  de  esa  vía  justificando,  en forma clara y precisa, la necesaria  intervención  de  la  Corte en el asunto, bien para unificar la jurisprudencia,  bien para proteger los derechos fundamentales de su representado.   

Estas exigencias fueron omitidas en el libelo  que  se  examina,  pues  el  objetivo  del único cargo que se formula contra la  sentencia  de  segunda  instancia  es  obtener  una  decisión  absolutoria, con  fundamento  en  la  postulación  de  errores de apreciación probatoria que, en  todo  caso,  no  evidencian ninguna de las hipótesis consagradas en la ley para  el ejercicio de la discrecionalidad.   

2.  Si  se examinara el libelo para tratar de  inferir  del mismo los presupuestos mencionados, la tarea igualmente conduciría  a  la  frustración, pues, en verdad, ellos no se advierten ni se desprenden del  contenido  de  la  demanda, que, además, no acredita ni mínimamente los demás  requisitos exigidos por la ley para su admisión.   

Ante   todo,   se  debe  precisar  que  los  planteamientos  del  casacionista  no  corresponden  a ninguno de los errores de  apreciación probatoria denunciados en la censura.   

Si  bien  podría  pensarse  que  anunció la  ocurrencia  de un error de derecho por falso juicio de  convicción,  no  tuvo  en  cuenta  que  esa  clase de  equívoco  solo  es  predicable  de un sistema de apreciación probatoria regido  por  la  tarifa  legal  y  no de uno en el que, como el nuestro, impera la libre  apreciación, conforme a los parámetros de la sana crítica.   

El  desarrollo de la censura, sin embargo, se  encamina      en     realidad     a     discrepar     de     la     valoración  y el mérito asignado por el  Tribunal  al testimonio de la víctima C.P.G.T., pretextando que por tratarse de  una  menor,  es  inadmisible  que  sirva  de  fundamento  para  la  condena  del  procesado.   

Un  planteamiento  de  ese  talante,  en sede  casacional,  constituye  un desatino porque la ley colombiana no le ha prefijado  valor  alguno al testimonio de los menores. Para colegir el grado de convicción  probatoria  el  juzgador  está supeditado, únicamente, a la aplicación de las  reglas de la lógica, la ciencia y la experiencia común.   

En  ese  contexto,  la  doble  presunción de  acierto  y  legalidad  que ampara la sentencia, no se puede desvirtuar con apoyo  en  las  apreciaciones personales del recurrente. Es necesario que el fundamento  de  la  censura esté soportado en un verdadero juicio lógico y jurídico de la  sentencia,  de  tal manera que surja incuestionable la ocurrencia del error y su  trascendencia en la decisión recurrida.   

La  exposición  de  esos  argumentos  debe  procurar  la remoción del fallo impugnado, objetivo que no se logra a partir de  la  mención  genérica  y descalificadora de los juicios del sentenciador, como  si se tratara de un memorial de instancia.   

      

Si  el libelista hubiese querido acreditar el  desconocimiento  de  las  directrices  de  la sana crítica, como lo señaló al  final  se  su escrito, le era imperativo concretar con exactitud cuál principio  de  la  lógica, postulado científico o regla de experiencia fue vulnerado y no  simplemente   formular   hipótesis   carentes  de  comprobación  a  partir  de  comentarios  desobligantes  hacia  la denunciante y su menor hija para tratar de  restarle  credibilidad  a ésta última y sacar avante la pretendida ajenidad de  su representado.   

Adicionalmente,   el  reclamo  orientado  a  denunciar   la   falta   de  reconocimiento  de  la  duda  pobatoria,  bajo  los  lineamientos  de  la  violación  indirecta,  exige  demostrar de qué manera la  sentencia  desconoció  su existencia a partir de la incursión en alguno de los  errores  de  hecho  o de derecho y no, con sustento en consideraciones puramente  personales,  pues  esta  postura hace inoperante cualquier reparo a la decisión  en sede de casación.   

Como, de otra parte, no se encuentran causales  de  nulidad  ni  flagrantes  violaciones  de derechos fundamentales, no surge la  necesidad de pronunciamiento oficioso de la Corte.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de HÉCTOR  JULIO PARDO ULLOA.   

En  consecuencia,  devolver  la actuación al  Tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                  ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                        

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                 JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                                                                                                      

YESID        RAMÍREZ  BASTIDAS                     JULIO                                ENRIQUE                               SOCHA  SALAMANCA                     

MAURO    SOLARTE    PORTILLA                                             JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Teresa Ruiz Núñez  

        Secretaria   

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *