27261(03-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  27261   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 63.  

Bogotá  D.C., mayo tres (3) de dos mil siete  (2007).    

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en relación con el  cumplimiento  de  los  bases jurídicas, lógicas y argumentativas del libelo de  casación    presentado    por    el   defensor   del   procesado   MARCELO          ANDRÉS         ARIAS         GONZÁLEZ,   contra  la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Medellín  el  11  de diciembre de 2006, por cuyo medio confirmó la dictada por el Juzgado  Penal  del  Circuito  con Funciones de Conocimiento de Envigado, que lo condenó  como   autor  penalmente  responsable  del  delito  de  tentativa  de  homicidio  agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Ante  la Comisaría Primera de Familia de la  localidad  en cita, se puso en conocimiento la agresión física realizada el 11  de  junio  de  2006  sobre la menor I.A.S.,  cuando apenas contaba con 36 días de nacida, a consecuencia de la  cual  fue  remitida  a  centro hospitalario en donde se encontró que presentaba  lesiones  de  consideración, cuya autoría fue imputada a su padre MARCELO    ANDRÉS    ARIAS    GONZÁLEZ.   

Con sustento en los hechos anteriores, el 30  de  junio    siguiente  se  llevó a cabo audiencia preliminar ante el  Juzgado  Primero  Penal  Municipal  con  Funciones  de  Control de Garantías de  Envigado,   durante   la   cual   se   legalizó   la  captura  de  ARIAS  GONZÁLEZ. En la misma oportunidad,  la  Fiscalía  le  formuló  imputación por el delito de tentativa de homicidio  agravado  (numerales  1  y 7 del artículo 104 de la Ley 599 de 2000), a la cual  no  se allanó el procesado. Entonces, se lo afectó con medida de aseguramiento  de detención preventiva en establecimiento carcelario.   

El 28 de julio de la misma anualidad, el ente  fiscal  presentó  escrito  de  acusación  por el mismo delito que sustentó la  medida   detentiva,   que   posteriormente   ratificó   durante   audiencia  de  formulación  de  acusación ante el Juzgado Penal del Circuito con Funciones de  Conocimiento de Envigado.   

Dicho  despacho judicial, una vez agotado el  trámite  de  las  audiencias preparatoria y de juicio oral, profirió sentencia  de  primer grado el 3 de octubre de 2006, por cuyo medio condenó a MARCELO  ANDRÉS  ARIAS GONZÁLEZ a la pena  principal  de  dieciséis  (16)  años  y  ocho  (8)  meses  de  prisión y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso  de  cinco  (5) años, al encontrarlo autor penalmente  responsable  del delito de tentativa de homicidio agravado. Así mismo, le negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y el sustituto de la  prisión domiciliaria.   

          Impugnada   la  sentencia  de  primer  grado  por  el  defensor  del  procesado,  el Tribunal Superior de Medellín la confirmó, mediante providencia  de  fecha  diciembre  11  de  2006,  decisión  contra  la  cual el mismo sujeto  procesal  interpuso  recurso  extraordinario  de casación, a través de demanda  sobre  cuya  admisibilidad  en  punto  del cumplimiento de los bases jurídicas,  lógicas y de argumentación, se pronuncia ahora la Sala.   

LA  DEMANDA   

          El  defensor  del procesado MARCELO ANDRÉS  ARIAS   GONZÁLEZ,  invocando  la  causal  primera  de  casación,   señala   que   “aunque   las  pruebas  demostraban  una  clara violación al artículo 229 del Código Penal (Violencia  Intrafamiliar),  se resultó aplicando otra norma cual es el artículo 103 y 104  numerales   1    y   7)   en   la   modalidad  de  tentativa”.   

          A  través  del  único cargo que propone, enfatiza que se incurrió  en  el  anterior yerro debido a que “se contrarió la  lógica  jurídica  porque  los  hechos  que  dieron  origen  al  proceso  penal  mostraron  con  certeza  las pautas para orientar al funcionario hacia un delito  diferente  que  es  el  que  tipifica  un  homicidio  agravado en lugar de haber  dictado  el  fallo  como  autor  de  la  violencia  intrafamiliar descrita en el  artículo 229 de nuestro código penal”.   

          Para  demostrar  el  anterior  aserto,  el  casacionista  indica que  “todos los operadores jurídicos que ha (sic)  tenido  que  ver,  de  una  u  otra  manera,  con  este proceso  han sido impactados emocionalmente por el hecho  de  que  la víctima de esta violencia intrafamiliar fuera un criatura de apenas  36  días  de  existencia”,  situación  que  se  ha  traducido en una penalización injusta a su defendido.   

          En  ese sentido, sostiene que es necesario recordar que este proceso  comenzó  por  una  queja  ante la Comisaría Primera de Familia de Envigado por  presunto  maltrato infantil, como así también la calificaron los profesionales  de  la  salud  Luis Javier Gallego Londoño, Clara  Inés  Rico Posada, Mónica Ortiz Pérez y José    María   Uribe   Betancur,   que  examinaron a la menor.   

          De  ahí  que,  agrega, “todos los que de  una  u  otra  manera  han  participado en este juzgamiento hablan de un maltrato  familiar,  de  un  síndrome  de niño maltratado”, e  incluso  así  lo  reconoce  el  mismo  Tribunal,  según un pasaje que cita del  fallo.   

          No  obstante lo anterior, añade, “cuando  todo  parece  indicar  que  la  alta Corporación iba a encuadrar la conducta de  MARCELO  ANDRÉS  dentro de los elementos estructurales del tipo o artículo 229  del     Código    Penal    agregó    de    manera    inmediata    ‘por supuesto no se trató de una simple  violencia   intrafamiliar,   sino  de  una  tentativa  de  homicidio’…”.   

Lo  anterior, a su juicio, obliga referir al  delito  de  tentativa  de  homicidio, a partir de lo previsto en el artículo 27  ibídem,    para    cuya  compresión,    añade,   es   preciso   estudiar   el   supuesto   iter   criminis   de  la  conducta  de  su  defendido.   

De  esa  forma,  señala  que en cuanto a la  primera  etapa,  o fase ideativa, “en mi defendido no  hubo  nunca  manifestaciones,  de  ningún  tipo,  que mostraran que en su mente  existió   el   propósito   de   terminar   con  la  existencia  de  su  propia  hija”.   Respecto  de  la  fase siguiente, o de  preparación,  sostiene  que  tampoco  nada demuestra que su defendido estuviera  preparando  la  comisión  del  homicidio  y,  en  lo  que  concierne  con la de  ejecución,  precisa  que  “si  en  esta  fase no se  consuma  el  hecho  punible  es  justamente en donde se presenta la figura de la  tentativa,  siempre  y  cuando  esa  consumación  no  se  haya  presentado  por  circunstancias   ajenas   a   la   voluntad   del   sujeto   ajeno  (sic)”.   

En  ese  orden  de  ideas,  colige que no es  viable  la  atribución  a  su  defendido  un delito tan grave cuando no tuvo el  propósito  de  matar  a  su  hija, pues en la tentativa los actos a más de ser  idóneos  deben  estar inequívocamente dirigidos a consumar el delito, amén de  que  nada  le impedía terminar con la existencia de su pequeña hija, pues para  ello  le  bastaba  con  tapar  su  boca  y  nariz  por  un  espacio muy breve de  tiempo.   Como  así  no  actuó, ello permite deducir que su intención no  era segarle la vida.   

Además,  el sólo hecho de que los médicos  hubieran  atendido  a  la menor gravemente herida, prosigue, no es indicativo de  la  intención  de  darle  muerte,  máxime  cuando  se  advierte  que se le vio  suministrándole  gotas y dolex, es decir que “estaba  haciendo actos de vida no de muerte”.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita casar  el    fallo,   para   en   su   lugar   “reconocer  que  la conducta de mi cliente se enmarcó dentro del  artículo 29 del Código Penal”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

De  conformidad con la preceptiva del inciso  segundo  del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004 “no  será  seleccionada,  por  auto  debidamente  motivado  que  admite  recurso  de  insistencia  presentado  por  alguno  de  los  magistrados  de  la Sala o por el  Ministerio  Público,  la  demanda  que se encuentre en alguno de los siguientes  supuestos:   Si  el demandante carece de interés, prescinde de señalar la  causal,  no  desarrolla  los  cargos  de sustentación,  o  cuando  de su contexto se advierta fundadamente que  no   se   precisa   del  fallo  para  cumplir  alguna  de  las  finalidades  del  recurso”.   

A  su  vez,  el  artículo  183  del  mismo  estatuto,  prescribe  que el recurso extraordinario de casación se interpondrá  “mediante  demanda  que  de manera precisa y concisa  señale    las    causales    invocadas    y    sus   fundamentos”.   

Con   sustento   en   las   anteriores              preceptivas             legales,     se  colige   que  los  cargos  contenidos  en  una demanda  de    casación,    a    efecto   de   que  sean  admitidos  por  la  Corte  deben ser expuestos de manera  lógica  y  acompañados de  una      adecuada  argumentación  a  través de la cual se evidencie  la  necesidad  de que se adopte  pronunciamiento  de  fondo  con  el objeto de cumplir  alguno   o   algunos   de   los   fines  para  los  cuales  se  ha  previsto  el  recurso,   a   los  que  taxativamente  se  refiere el artículo 180 ibídem.   

A  partir  del  anterior  entendimiento  del  recurso,  se  procede  a  analizar  el  único  cargo  contenido  en  la demanda  presentada  por  el  defensor  de MARCELO ANDRÉS ARIAS  GONZÁLEZ.   

          En  ese  orden de ideas, si bien se observa que el defensor señaló  la  causal  de casación al amparo de la cual formula el reproche, así como las  normas  eventualmente transgredidas y el sentido de su violación, refiriendo al  respecto  al  motivo primero de la Ley 906 de 2004, por violación directa de la  ley  sustancial que originó la falta de aplicación del artículo 229 de la Ley  599  de 2000, mediante la cual se sanciona el delito de violencia intrafamiliar,  y  la  aplicación  indebida  de los artículos 103 y 104, numerales 1° y 7° a  través  de  los cuales se reprime el delito de homicidio agravado, es lo cierto  que  el desarrollo del cargo no resulta consonante con lo anunciado pues, de una  parte,  orienta  su labor a cuestionar la valoración de los medios de prueba y,  de  otra,  tampoco  demuestra  errores  trascendentes de los falladores sobre el  ejercicio de apreciación y valoración probatoria.   

En  efecto,  ha  dicho  la Sala y ello tiene  plena  validez  frente  a  la  regulación  que  del  recurso  extraordinario de  casación  trae  la  Ley  906  de  2004,  que  la  violación  directa de la ley  sustancial  dice  relación  con  el  yerro  en  que incurren los sentenciadores  cuando  a partir de la ponderación de los hechos objeto de juzgamiento y de las  pruebas  legal  y  oportunamente  allegadas a la actuación, dejan de aplicar la  disposición  que  se  ocupa  de  la  situación  en concreto.  Esto es, en  cuanto  yerran  acerca  de  su  existencia  (falta  de  aplicación o exclusión  evidente),  realizan  una  equívoca  adecuación  de  los hechos probados a los  supuestos  que contempla el precepto (aplicación indebida), o le atribuyen a la  norma  un  sentido  que no tiene o le asignan efectos diversos o contrarios a su  contenido (interpretación errónea).   

Por  tanto,  cualquiera  sea la modalidad de  violación  directa  de  la  ley  sustancial  que  se  proponga, el yerro de los  juzgadores  debe  recaer  necesaria  e  inmediatamente  sobre  la  normatividad,  circunstancia  que  traslada  el debate a un ámbito estrictamente jurídico, ya  sea  porque  se  deja de lado el precepto regulador de la situación específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho  se  adecua  a  un precepto estructurado con  supuestos   distintos   a   los  establecidos  o  bien  porque  se  desborda  la  intelección  propia de la disposición aplicable al caso concreto, todo lo cual  exige  como punto de partida, la aceptación de la realidad fáctica definida en  las instancias e inmodificable dentro del proceso.   

También  ha  sido  puntualizado  que  si el  desacuerdo  se predica de la actividad probatoria y su ulterior ponderación por  parte  de  los funcionarios judiciales, la vía de ataque legalmente adecuada es  la  indirecta,  que  corresponde  a la causal tercera consagrada en el artículo  181  de la Ley 906 de 2004, dado que la infracción a la ley sustancial se lleva  a  cabo de manera mediata, de conformidad con las diversas modalidades de error,  esto  es,  de  hecho  o de derecho, en que pueden incurrir los sentenciadores al  proferir  la  sentencia  que define el objeto de la relación jurídico-procesal  evidenciada dentro de un determinado proceso.   

          Sobre  el  particular, importa señalar que según se tiene dicho de  tiempo    atrás    el   recurso   de   casación   no   es   una   tercera  instancia, lo cual implica que el  demandante  debe  sujetarse  a unos mínimos postulados lógicos y de coherencia  en  la  postulación  y  desarrollo de sus reparos con el objeto de que resulten  inteligibles  en  cuanto precisos y claros, dado que no corresponde a la Sala en  su  función  constitucional  y  legal  develar  o  desentrañar  el  sentido de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los recurrentes en  casación.   

A través de la censura objeto de estudio se  observa  que  si  bien  el  casacionista plantea la violación directa de la ley  sustancial,    su    queja    no    es    de    índole    jurídico–conceptual, pues  se circunscribe  a  cuestionar  la  forma  como  se ponderó la prueba por el fallador, a partir,  además,  de  una  discusión  meramente semántica y personal, pues el hecho de  que  se  haya  aludido  por  los médicos legistas y por el juzgador al maltrato  físico  en  la  persona  de  la menor agredida, como se explica en la decisión  impugnada  con  absoluta claridad, no descarta la comisión del delito contra la  vida,  máxime  cuando  el  tipo penal de violencia intrafamilar es de carácter  subsidiario.   

          Adicionalmente,  tampoco  el  recurrente señala a la Corte, y menos  ello  se  deduce  del  contexto  de  la  demanda,  que se precisa del fallo para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso de casación, esto es, que la  violación  de  derechos  o  garantías  de su representado debe ser enmendada a  través   de  una  providencia  que  haga  efectivo  su  derecho  material,  sus  garantías,     repare     los     agravios     sufridos     o    unifique    la  jurisprudencia.   

         Las  falencias  indicadas  atentan  contra la claridad y concisión  que  legalmente  se  exige  de  la demanda, al evidenciar que no se presentan de  forma   lógica   y   acompañada   de  adecuada  argumentación,  circunstancia  que,       consecuentemente,       torna    ineludible   su   inadmisión,  amén de que del contenido  de  la  demanda  y  de  la revisión de la actuación no encuentra procedente la  Sala  la necesidad en este caso de superar los defectos reseñados en procura de  cumplir  alguno  de  los  fines  del  recurso  extraordinario  previstos  en  el  artículo  180  de  la  Ley 906 de 2004.            

          Cuestión final.   

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 184  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación1,    como  sigue:   

          i)        La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la  notificación  de  la  providencia  por  cuyo  medio la Sala decida inadmitir la  demanda  de  casación,  con el fin de provocar que ésta reconsidere lo decido.  También  podrá  ser  provocado  oficiosamente  dentro  del  mismo término por  alguno  de  los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación Penal  –siempre que el recurso de  casación  no  hubiera  sido  interpuesto por un Procurador Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates o suscrito la providencia  inadmisoria.   

          ii)                       La  solicitud de insistencia puede elevarse ante  el  Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal, ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  voto  en  cuanto  a  la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

iii)          Es potestativo del Magistrado disidente,  del  que no intervino en los debates o del Delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de quince (15) días.   

iv)           El auto a través del cual se inadmite la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por el  defensor      de     MARCELO     ANDRÉS     ARIAS  GONZÁLEZ,  por las razones consignadas en la anterior  motivación.   

         Contra  esta  decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Comisión    de  servicio   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN            

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                              JORGE     LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                               JULIO       ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA     

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Excusa justificada  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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