26922(07-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26922   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº 31   

         

Bogotá  D.C.,  siete  de  marzo  de dos mil  siete.   

VISTOS  

Dirime  la  Corte  el  conflicto negativo de  competencias  que aparentemente se ha suscitado entre los Juzgados Primero Penal  el  Circuito  de  Neiva  y  el  Penal  del  Circuito  Especializado  con similar  nomenclatura  de  la  misma  ciudad,  con respecto a la causa que se adelanta en  contra   de   los   procesados   ARMANDO   SOLÓRZANO  SOLÓRZANO,   ÉDGAR  CONDE  SOLÓRZANO  y  RUSWEL GARCÍA  BORJA,    por   el   concurso  de  comportamientos  punibles  de  homicidio  y  concierto  para  delinquir  en  relación con los dos primeros, y concierto para  delinquir imputado al segundo.   

ANTECEDENTES  

1.  Mediante Resolución del 30 de diciembre  de  2005,  la  Fiscalía  39  Especializada  de  la  Unidad de Apoyo a la Unidad  Nacional  de Fiscalías de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario,  acusó  a  ARMANDO  SOLÓRZANO SOLÓRZANO y  ÉDGAR  CONDE  SOLÓRZANO  como  presuntos  responsables  de los delitos de homicidio -Art. 103  del  C.  Penal-  y  concierto  para delinquir -Art. 340, inciso 2° ibidem-,  en  concurso,  en  tanto  que  a  RUSWEL   GARCÍA  BORJA  le  elevó  pliego  de cargos por la ilicitud de concierto para delinquir -Art. 340,  inciso  2°  del  estatuto  penal  sustantivo-; a los dos primeros en calidad de  determinadores  de  las  muertes  de  Eliécer Herrera  Martínez,   y     su     hijo,     Harbin    Herrera  González, perpetradas entre el 29 y el 30 de abril de  2003  en  la  vereda Ucrania, en jurisdicción del municipio de Colombia, Huila,  tras   la   retención  ilegal  de  Herrera  Martínez  y      el      pedido      de      $30’000.000  por su liberación, conductas  que  se  le  endilgan a miembros del bloque “Conquistadores del Yarí” de un  grupo  de autodefensa que opera en la región y del cual hacían parte los antes  citados;  y a los tres nombrados como coautores del atentado contra la seguridad  pública en mención.   

2.  Ejecutoriada la resolución acusatoria y  asignadas  las  diligencias  al  Juzgado 1º Penal del Circuito Especializado de  Neiva,  dicho  despacho  tras  asumir  su  conocimiento  y  disponer el traslado  dispuesto  en  el  Art.  400  del  C. de P. Penal, en desarrollo de la audiencia  preparatoria  que  tuvo  lugar  el  30  de marzo de 2006 acogió la petición de  colisión  de  competencias  que promovieron los defensores de los procesados en  virtud  de  que,  conforme a lo previsto en el Art. 71 de la Ley 975 de 2005, la  conducta  endilgada  a  sus  asistidos  se  tipificó  en esta normatividad como  sedición, en el entendido de  que  la  imputación  simplemente  hacía  relación  a  la  pertenencia  de los  acusados  a  un  grupo  armado  al margen de la ley. En consecuencia, ordenó la  remisión  de la actuación, por competencia, al Reparto de los Juzgados Penales  del  Circuito  de  Neiva,  previo  planteamiento  de la colisión de competencia  negativa pertinente.   

2.  El  Juez  1º  Penal  del Circuito de la  localidad  en mención al que le fue repartido el asunto, dio por sentado que en  efecto  se  trataba  de un proceso por sedición y homicidio, y en auto del 5 de  abril  del pasado año asumió su conocimiento. El 18 siguiente corrió traslado  a  los  sujetos procesales para los efectos estipulados en el Art. 400 del C. de  P.  Penal.  El  22  de  junio  tuvo  lugar  la  audiencia  preparatoria, en cuyo  desarrollo  el  titular  del  despacho  advirtió  de  la  errada  calificación  jurídica  provisional, razón por la cual suspendió la diligencia y dispuso su  continuación  para el 27 de ese mismo mes, a efecto de motivar adecuadamente la  decisión a tomar.   

En  esta  ocasión,  el funcionario diciendo  efectuar  un  examen  ponderado, detallado y concienzudo del material probatorio  que  obra  en  el  proceso,  arribó a la conclusión de que los comportamientos  punibles  por  los  que  se  investigó  a  los  acusados  no  simplemente  eran  constitutivos  de sedición y homicidio simple, sino que los atentados a la vida  se  consumaron  con  las  circunstancias  de agravación establecidas en el Art.  104-4  y  7  del  C.  Penal  -por ánimo de lucro y colocando a las víctimas en  situación  de indefensión e inferioridad-, amén de que el secuestro extorsivo  al  que fueron sometidas las víctimas es conducta de competencia del Juez Penal  del  Circuito  Especializado de conformidad con lo normado en la Ley 504 de 1999  y el Art. 5°-4 Transitorio de la Ley 600 de 2000.   

Esos  delitos,  por  lo  demás,  no  fueron  cometidos  por  cualquier persona -aduce el funcionario-, sino por quienes dicen  pertenecer      al      “bloque     ‘Conquistadores  del  Yarí’  de las AUC,  (…)  organización criminal, armada, al margen de la  ley,  que  durante  varios años ha venido sembrando el terror a las personas de  bien  y  a  las instituciones legalmente constituidas, con sus demenciales actos  que  causan  terror,  estupor y zozobra (…) cuyo radio de acción han sido los  municipios  de Tello, Baraya y Colombia, al mando de Alias El Tigre, cuyo centro  de  operación  eran  o  son  las  veredas  de  Ucrania,  Potrerogrande, Belén,  Monguí,  San  Ezequiel,  Armenia, San Amborgo y Alto Zaragoza, del municipio de  Colombia,  donde  tenían  azotada  la  región  cometiendo  toda clase de actos  criminales,   delitos   de  extorsión,  secuestro,  homicidios,  desplazamiento  forzado,  etc.,  por  sus moradores no contribuir  con las vacunas o por no  simpatizar   con   ideales   que   ellos  dicen  combatir,  contra  las  fuerzas  revolucionarias de Colombia FARC (…)”.   

          Consecuente  con  sus  razonamientos,  el  juez de circuito de Neiva  aceptó  el  conflicto que por auto del 30 de marzo de dicha anualidad le había  planteado  el  juez especializado, y remitió el expediente al Tribunal para que  definiera el mismo.   

          3.  Por  auto del 18 de julio de 2006, el Tribunal Superior de Neiva  decidió  la colisión de competencias en cuestión, atribuyendo el conocimiento  del  asunto  al  Juzgado  1°  Penal  del  Circuito Especializado de esa ciudad,  dependencia  judicial  esta  que  volvió  a  reprogramar  la celebración de la  audiencia  preparatoria,  señalando  como  fecha  de  su  realización el 23 de  octubre;  dentro  de esta diligencia sólo se ordenaron las pruebas a practicar,  fijándose la vista pública para enero 4 de 2006 -sic-.   

No   obstante  lo  anterior,  uno  de  los  defensores  impetró  la nulidad de la actuación a partir del auto del Tribunal  que  dirimió  la  colisión  de competencias a la que se ha hecho alusión, por  estimar  que  el  conflicto  debió  resolverlo  la  Corte  de  acuerdo  con las  previsiones  contenidas  en  el  Art.  18  Transitorio  de  la  Ley 600 de 2000,  pretensión  que  el  Juez  Especializado desestimó en auto del 20 de noviembre  del  mismo  año  aduciendo  que  como  el  acto  atacado había cumplido con la  finalidad  que  le  es  propia,  ninguna  garantía  fundamental  se  le  había  vulnerado  a  los  procesados.  Idéntica determinación tomó el 5 de diciembre  pasado  en  relación con la petición que la defensora de uno de los procesados  elevó   para  que  provocara  colisión  negativa  de  competencia.     

4.  Recurrida  en  apelación las anteriores  determinaciones,  el  Tribunal  por  auto  del 25 de enero del año en curso las  revocó,  y  anuló  su propio auto del 18 de julio de 2006 por el cual definió  el  conflicto  de  competencias  suscitado  entre  los  despachos  judiciales en  mención,  y  en  su  lugar dispuso que retornadas las diligencias al Juzgado de  origen,  remitiera  el  expediente  a  la  Corte  para  que  la  Corporación se  pronunciara  respecto  de la colisión de competencias debidamente trabada desde  aquel    27    de    junio    de    2006   en   desarrollo   de   la   audiencia  preparatoria.       

CONSIDERACIONES  DE LA CORTE   

1.  Sobre el tema materia de examen, de  manera  reiterativa  la jurisprudencia de la Sala viene sosteniendo que para que  se  entienda  correctamente  trabado  un  conflicto negativo de competencias, se  requiere del cumplimiento de los siguientes presupuestos:   

“a)  Que  el  funcionario  que  está  adelantando  el proceso al estimar que no es competente  para  continuar  conociendo  de él, lo remita a aquel que considere competente,  explicando los motivos que fundamentan su posición.   

“b)  Que  el  funcionario  que  lo  recibe analice los motivos expuestos por quien se declaró  incompetente;  si  no  los  acepta remite el proceso con el auto explicatorio al  superior para que este decida.   

“En este orden de  ideas,  es  lógico  entender que si el funcionario a quien se remite el proceso  admite  las  razones  expuestas por quien inicialmente rechazó la competencia y  en   consecuencia  dispone  continuar  con  el  trámite  del  proceso, tal  decisión  implica  que  agotó  la  fase  procesal  iniciada  para  discutir la  competencia,  de  donde  si  después  encuentra  que  no era el competente para  conocer   del   caso,   debe   provocar   una   nueva  colisión  y  esperar  el  pronunciamiento  del  funcionario  que  inicialmente  rechazó la competencia, a  quien  entonces  le correspondería, de no aceptar las razones expuestas, trabar  el   conflicto  y  remitir  el  proceso  al  superior  para  que  se  decida  de  conformidad.”  -Autos de 14 de abril y 9 de junio de  2004,  Rdos.  22.126  y  22.420,  respectivamente, y noviembre 17 de 2005,   Rdo.        24.501,        entre       otros-.1   

Por estas razones, la Corte no puede decidir  un  conflicto que, como en el evento presente, no se ha trabado en debida forma,  o  de  otro  modo dicho, no puede resolver un conflicto que no ha surgido. Ello,  por  cuanto  el  Juez  Penal  del  Circuito de Neiva sin parar mientes en que ya  existía  calificación y que como tal se erigía en ley del proceso, en caso de  haber  lugar a su variación en los términos estipulados en la Ley 600 de 2000,  si  ese era su parecer, menester se hacía seguir el procedimiento instituido en  los Arts. 402 y 404.   

Empero,  contrariamente  a  las  preceptivas  allí  contenidas,  el  funcionario  que  para  ese momento adelantaba el juicio  procedió  a  remitir  la  actuación  al  Tribunal  para  que dicha Colegiatura  decidiera,  como  en  efecto  lo  hizo  equivocadamente, por supuesto, cuando lo  correcto  era  devolverla  al  juez especializado previamente la implementación  del  procedimiento  explicitado  con antelación, haciéndole ver los motivos de  su  determinación  y  planteándole  el conflicto, pues, fue el titular de este  despacho  quien  en  últimas  lo  promovió,  situación  que el juez ordinario  paladinamente   admitió   cuando  dispuso  proseguir  con  el  trámite  de  la  causa.      

2. Pese a que la Sala no se pronunciará con  respecto  a  cuál  de  los  jueces  tiene  la  razón, cabe rememorar lo que la  jurisprudencia  de  la  Sala decantó acerca de la vigencia temporal del Art. 71  de  la  Ley  975 de 2005, y su postrer retiro del ordenamiento a consecuencia de  su  declaratoria  de  inexequibilidad  por  parte  de  la Corte Constitucional a  través  de  la  Sentencia  C-370  del 18 de mayo de 2006, e inclusive, luego de  producido  el  pronunciamiento  al  cual  se  refiere la defensora de uno de los  procesados,   tema   frente  al  cual  la  Corte  fijó  su  posición  de  esta  manera:   

“1.  Que  las  definiciones  de  competencia  adoptadas cuando regía el artículo 71 de la Ley  975  del  2005  conservan  plena  validez, de manera que el juzgado al que en su  oportunidad  se  le  atribuyó  el  conocimiento  del  proceso  lo  debe  seguir  tramitando,  a  menos  que  circunstancias  sobrevinientes,  diferentes  de  las  examinadas    en   anterior   ocasión,   determinen   la   variación   de   la  competencia2.   

“2. Que si hasta  el  18  de  mayo  del  2006  no  se  había  producido  discusión en torno a la  competencia  para conocer de procesos por conformación de grupos paramilitares,  la  actual  denominación  de  esa  conducta  como  concierto  para delinquir le  atribuye  su  conocimiento  a  los  jueces  penales del circuito especializados,  quienes  deberán  tramitar  el juicio de acuerdo con el procedimiento diseñado  para  esa  especie  de  jueces pero aplicando el principio de favorabilidad, por  ejemplo,  respecto  del  término  de  privación de libertad sin que se hubiese  realizado       la      audiencia      pública3”(auto  del  22 de agosto de  2006,         Rad.         25.878).”   

En  este  caso  la  calificación  jurídica  provisional   impartida   a   las   conductas  desplegadas  por  los  procesados  SOLÓRZANO            SOLÓRZANO,    CONDE    SOLÓRZANO    y  GARCÍA  BORJA  en  la  resolución de acusación dictada el 30 de diciembre de 2005, lo fue por  el  delito  de concierto para delinquir agravado de conformidad con lo dispuesto  en  el  inciso 2º del artículo 340 del Código Penal, en concurso para los dos  primeros   con   el   de  homicidio  tipificado  en  el  Art.  103  ibidem.   

Se reitera, la definición de la competencia  para  la  etapa del juicio en virtud de la naturaleza del delito, está dada por  la  calificación  que  de  la conducta se haga en la resolución de acusación,  salvo   claro   está,  aquellos  asuntos  en  los  que  la  determinación  del  funcionario  competente  dependa  de  esa  calificación  y,  desde luego, de la  valoración  de las pruebas. En suma, la calificación del mérito del sumario o  su  equivalente  vincula  al juzgador, quien debe adelantar el juicio acorde con  la tipificación realizada por la Fiscalía.   

3. Ahora bien, con ocasión de la expedición  de  la  Ley  1121  del  29  de  diciembre  de  2006  por cuyo medio, entre otras  disposiciones  que  tomó el Congreso de la República, modificó los Arts. 340,  en  su  inciso 2°, y 345 del C. Penal -Ley 599 de 2000-, que tipificaban, en su  orden,   las   conductas   punibles  de  concierto  para  delinquir  agravado  y  administración  de  recursos  relacionados con actividades terroristas, resulta  oportuno que la Sala haga las siguientes precisiones:   

Deviene  evidente  que  con  la  entrada  en  vigencia  de  la  Ley  1121  de  29 de diciembre de 2006, se ha suscitado, entre  otras,  una importante modificación típica de algunas conductas sancionadas en  el  Título  XII,  Capítulo  I del Código Penal, bajo la denominación general  “Del  concierto,  el  terrorismo,  las amenazas y la  instigación”,  motivo  por  el  cual  la  Sala debe  entrar  a  verificar  los  alcances de la misma, específicamente el impacto que  tuvo  en  el  concierto  para  “organizar, promover,  armar   o   financiar   grupos   armados   al   margen   de  la  ley”,  en  orden  a establecer si en relación con ese comportamiento  se  generó su descriminalización, o si lo que se presenta es un desplazamiento  de su tipicidad o una readecuación típica de la conducta.   

Desde  ya advierte la Sala que el legislador  al  expedir  la Ley 1121 de 29 de diciembre de 2006, publicada al día siguiente  en  el  Diario  Oficial  N°  46497, lo que quiso fue regular de una manera más  técnica  los  comportamientos  que  tienen  que  ver  con  la financiación del  terrorismo,  con  el fin de adaptarlos a las nuevas necesidades y requerimientos  surgidos  con  ocasión  de los compromisos internacionales adquiridos a través  de  la  aprobación  de  tratados  internacionales  como  el  Convenio  para  la  Represión  de  la  Financiación  del  Terrorismo, aprobado mediante Ley 808 de  2003,  operándose  así  un  tránsito  legislativo  hacia nuevas disposiciones  modificativas  de  las  ya existentes, pero nunca una despenalización de alguna  de   las  conductas  consagradas  en  el  citado  apartado  de  la  Ley  599  de  2000.   

Al cumplimiento de ese cometido, y partiendo  de  la  premisa de que en la Ley 599 de 2000 no existe un delito que penalice de  manera   autónoma   la   conducta   de  “organizar,  promover,  armar  o  financiar  grupos  armados  al margen de la ley”,  el  legislador de 2006 quiso tipificar ese comportamiento como  tal,  conducta  que  entonces fue recogida en el artículo 16, modificatorio del  artículo   345   del  estatuto  represor  del  año  2000,  en  los  siguientes  términos:   

“Financiación  del  terrorismo  y  administración  de  recursos  relacionados  con actividades  terroristas.  El  que directa o indirectamente provea  recolecte,  entregue, reciba administre aporte, custodie o guarde fondos, bienes  o   recursos,  o  realice  cualquier  otro  acto  que  promueva,  organice,  apoye,  mantenga,  financie  o  sostenga económicamente a  grupos  armados  al margen de la ley o a sus integrantes, o a grupos terroristas  nacionales    o    extranjeros,    o   a   actividades   terroristas,  incurrirá  en  prisión de trece (13) a veintidós (22) años y  multa  de mil trescientos (1300) a quince mil (15.000) salarios mínimos legales  mensuales vigentes.” (Se ha destacado).   

Del mismo modo, con el fin de que el hecho de  concertar  la  comisión  de  esta  específica  conducta  quedara incluido como  agravante  del  tipo  penal  descrito  en el artículo 340 de la Ley 599 de 2000  -concierto  para  delinquir-,  se  reformó  el  inciso 2º del referido precepto, reemplazando las alocuciones  “o  para  organizar,  promover,  armar  o  financiar  grupos   armados  al  margen  de  la  ley”,  por  la  modalidad  conductual relativa al “financiamiento del  terrorismo   y   administración   de   recursos  relacionados  con  actividades  terroristas”.    

Resumiendo,  lo  que  antes  se  denominaba  “Administración  de  recursos relacionadas con actividades terroristas”, en  la     nueva     normatividad     pasó     a     denominarse    “Financiación   del   terrorismo   y   administración  de  recursos  relacionados   con  actividades  terroristas”,  para  incluir  en  el  tipo de una manera que resulte omnicomprensiva, otras conductas  compatibles  o  relacionadas  con  la  actividad  del  financiamiento  de  actos  terroristas  que  anteriormente no estaban descritas como delito autónomo, sino  como  circunstancias  de  agravación  del concierto para delinquir, tal como se  reconoce  en  la  exposición  de motivos al proyecto de Ley No. 208 de 2005 del  Senado  de  la  República,  antecedente  de  la  Ley  que se examina, cuando al  referirse al punto, expresó:   

“Resulta  necesario  introducir  un cambio en las agravantes del artículo 340 del Código  Penal,  que tipifica la conducta del concierto para delinquir, para ajustarlo al  nuevo  tipo  de  financiamiento  del  terrorismo  y  administración de recursos  relacionados  con  actividades  terroristas,  toda  vez  que en la actualidad no  existe     el     delito     de     ‘…organizar,  promover, armar o financiar grupos armados al margen  de  la  ley…’ Por ello  esta  expresión  se debe modificar por la del tipo penal que se contempla en el  artículo 345 del Código Penal en los siguientes términos:   

“Artículo  XXXX           

“Modifícase el  inciso  segundo  del  artículo  340  de  la  Ley 599 de 2000, modificado por el  artículo 8º de la Ley 733 de 2002, el cual quedará así:   

“Artículo 340.  Concierto para delinquir (…)   

“‘Cuando   el  concierto  sea  para  cometer  delitos  de  genocidio,  desaparición  forzada  de personas, tortura, desplazamiento forzado, homicidio,  terrorismo,   tráfico   de   drogas   tóxicas,  estupefacientes  o  sustancias  sicotrópicas,   secuestro,  secuestro  extorsivo,  extorsión,  enriquecimiento  ilícito,  lavado  de  activos  o  testaferrato  o  conexos,  financiamiento del  terrorismo   y   administración   de   recursos  relacionados  con  actividades  terroristas,  la  pena  será  de  prisión de ocho (8) a dieciocho (18) años y  multa  de  dos  mil  setecientos  (2.700)  hasta  treinta  mil (30.000) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes’.”    

En el marco de estas consideraciones resulta  evidente  que  el concierto para organizar, promover, o  financiar  grupos  armados  al margen de la ley, no fue  suprimido  del  catálogo  de  delitos  que  contempla  la  nueva  ley;  todo lo  contrario,  esa conducta fue readecuada como comportamiento punible autónomo en  el  citado  artículo  345,  como  con  antelación  se  dijo,  y  su concierto,  técnicamente  calificado  como  circunstancia de agravación del concierto para  delinquir  en  el  artículo 19 de la Ley 1121 del 29 de diciembre 2006, con una  pena  mayor  a la que señalaba el inciso 2º del artículo 340 de la Ley 599 de  2000, modificado por la Ley 733 de 2002.     

Como   se   puede   observar,   la   nueva  disposición,  conservando  la  esencia  de lo prohibido, resulta inclusive más  rígida,  pues la conducta de “organizar, promover, o  financiar  grupos  armados  al  margen  de la ley” no  sólo  se  tipifica  como  delito  autónomo,  sino  que  su  concierto, bajo la  denominación  del  financiamiento  del terrorismo y administración de recursos  relacionados   con  actividades  terroristas,  se  mantiene  como  circunstancia  agravante  del tipo señalado en el artículo 340 del Código Penal con una pena  más severa.   

Este fue el resultado que dentro del sistema  produjo  la  reforma  introducida  a los artículos 340 y 345 del Código Penal,  con  la  salvedad  -aclara  la Sala- que si bien el verbo rector “armar”   incluido  en  la  disposición  modificada  del  Art.  340,  no  se  contempló  expresamente en la descripción  comportamental  del  Art. 16 de la nueva Ley 1121/06, modificatorio del Art. 345  de  la  Ley  599/00,  esa  conducta  queda subsumida en las acciones de proveer,  entregar o aportar bienes a la organización armada ilegal.   

     

           4.  Finalmente,  imperioso  igualmente  resulta  destacar  la  modificación  que  el  Art.  23  de la referida ley 1121  introdujo  a  los Arts. 5-6 y7 transitorio de la Ley 600 de 2000 y al Art. 35-20  de  la  Ley  906 de 2004, al disponer que las conductas punibles de financiación   del   terrorismo   y   administración  de  recursos  relacionados    con    actividades    terroristas   y  del  concierto  para cometer  esta  misma  especie  de  delito,  entre otros, es de conocimiento de los jueces  penales    del    circuito   especializados.         

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

ABSTENERSE   de  resolver  el  conflicto  propuesto  por  el  Juez  Penal  del Circuito de Neiva.  Envíesele  la  actuación  para  lo  de su cargo. Por la Secretaría de la Sala  comuníquesele   esta   determinación   al  juez  especializado  de  esa  misma  localidad.   

Cúmplase  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                    ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                            

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE     LUIS    QUINTERO    MILANÉS          

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                       JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

             Secretaria     

1 C. S.  de   J.,   Sala  de  Casación  Penal,  Auto  de  14  de  marzo  de  2006,  Rdo.  25.208.   

2 Cfr.  auto del 8 de agosto del 2006, radicado 25.796.   

3 Cfr.  auto    del    8    de    agosto    del    2006,   radicado   25.797.     

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