26097(27-06-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26097   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 109.  

Bogotá  D.C.,  junio veintisiete (27) de dos  mil siete (2007)   

VISTOS  

La   Sala   aborda  el  estudio  sobre  el  cumplimiento  de  los  requisitos  de  lógica y adecuada fundamentación de las  demandas   de  casación  presentadas  por  los  defensores  de  los  procesados  JOHN    FREDY    BARRIENTOS    QUINTÍN     y    NÉSTOR    EDUARDO    PIRACÚN  BERMÚDEZ,  contra  la  sentencia de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  29  de octubre de 2004,  confirmatoria  de la dictada por el Juzgado Treinta y Seis Penal del Circuito de  la  misma  ciudad  el 24 de septiembre de 2002, por cuyo medio los condenó como  coautores  penalmente responsables del concurso de delitos de homicidio agravado  en    Juan   Ferney   Danderino   Ospina y hurto calificado agravado.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Aproximadamente  a  las 12:30 de la noche del 18 de febrero de 2001,  cuando    el    joven    Juan    Ferney    Danderino  Ospina caminaba a la altura de la carrera 5ª Este No.  17  – 18, Barrio San Blas de  esta  ciudad,  fue  agredido  con  arma cortopunzante por tres individuos con el  propósito  de  hurtarle sus zapatillas, a consecuencia de lo cual se produjo su  deceso de manera inmediata.   

La  Fiscalía  Seccional de Bogotá declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo vinculó mediante indagatoria a  JOHN    FREDY    BARRIENTOS    QUINTÍN,      NÉSTOR     EDUARDO     PIRACÚN  BERMÚDEZ  y  Rodrigo Wilson  Rivera,  resolviéndoles  su  situación jurídica con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional,  como  posibles  coautores  del  concurso  de  delitos de homicidio  agravado y hurto calificado agravado.   

Concluida la fase instructiva, el mérito del  sumario  fue calificado el 16 de agosto de 2001 con resolución de acusación en  contra  de  los  procesados como presuntos coautores del concurso de delitos que  sustentó  la  medida  de aseguramiento. Impugnada la acusación por el defensor  de   NÉSTOR  PIRACÚN,  la  Unidad  de  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá la confirmó  mediante resolución del 17 de diciembre de 2001.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Treinta  y Seis Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una vez  surtida  la  ritualidad  dispuesta  para este ciclo por el legislador, profirió  fallo  el  24  de  septiembre  de  2002,  por  cuyo medio condenó a   JOHN   FREDY   BARRIENTOS   QUINTÍN  y  NÉSTOR   EDUARDO   PIRACÚN  BERMÚDEZ  a  la pena principal de trescientos diez (310) meses de prisión, en  tanto    que    Rodrigo   Wilson   Rivera  fue  condenado a trescientos dieciséis (316) meses de prisión. A  los  tres  les  fue  impuesta  la  pena accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  diez  (10)  años  y  se  los  condenó al pago de la  correspondiente   indemnización   de   perjuicios,  como  coautores  penalmente  responsables del concurso de delitos objeto de acusación.   

En  la  misma  decisión  les  fue negado el  subrogado penal de la condena de ejecución condicional.   

          Impugnada  la  sentencia  por  los  acusados  y  sus  defensores, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá la confirmó mediante fallo del 29 de octubre de  2004,   el   cual  es  ahora  objeto  de  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto   por   los   defensores   de  JOHN  FREDY  BARRIENTOS  QUINTÍN y NÉSTOR  EDUARDO PIRACÚN BERMÚDEZ.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA:  

Con  el  propósito  de  eludir repeticiones  innecesarias,  metodológicamente se procederá, a continuación, a resumir cada  uno  de  los  planteamientos  de  los  censores,  para  luego verificar si en su  postulación  y  desarrollo  cumplen  o  no con las exigencias dispuestas por el  legislador para acceder a este recurso extraordinario.   

Advertido lo anterior, se tiene que de tiempo  atrás  ha  señalado la Sala que al emprender el estudio sobre la admisibilidad  de  los  libelos  de  casación  le  corresponde  establecer que los impugnantes  formulen  sus  censuras  con  sujeción  a  las  exigencias  de lógica y debida  argumentación   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por  la  jurisprudencia,  a  fin  de  que  este  medio  impugnaticio extraordinario no se  convierta   en   una   tercera  instancia.  Dichos  requisitos  se  orientan  a  conseguir que los libelos se  enmarquen  dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  de suerte que resulten inteligibles en  cuanto  precisos  y  claros,  dado  que  no corresponde a la Sala en su función  constitucional   y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

1.             Demanda   presentada   en   nombre  de  JOHN FREDY BARRIENTOS QUINTÍN   

          Con  base  en  la  causal  primera  de casación, cuerpo segundo, la  defensora  manifiesta  que  en el fallo atacado se incurrió en error de derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  pues  las  pruebas  obrantes en el proceso  “no  se  valoraron  en  forma  integral  y  bajo los  principios   de  la  sana  crítica  y  la  investigación  integral”.   

          En  el  desarrollo  de  la  censura  aduce  que  se  desconoció  el  artículo  7º  de la Ley 600 de 2000 “al presentarse  a  lo  largo  de  la  actuación procesal dudas en cuanto a la ocurrencia de los  hechos     y    la    responsabilidad”    de    su  defendido.   

Indica   como   normas   quebrantadas  los  artículos 7º, 20, 238, 277 y 303 de la Ley 600 de 2000.   

          Luego,  la  recurrente  manifiesta que se violó directamente la ley  sustancial  por  error  de derecho derivado de falso juicio de convicción en la  apreciación  de  las pruebas, dado que cuando se produjo la aprehensión de los  procesados  no  se  halló  en  su  poder  evidencias  físicas  que permitieran  advertir  que  momentos  antes cometieron delito alguno, con mayor razón si los  tenis del occiso no aparecieron.   

Añade  que  no se efectuó el procedimiento  establecido  en la ley para practicar la diligencia de reconocimiento en fila de  personas,  pues  los  capturados  fueron expuestos a los testigos de cargo en la  estación de policía, de modo que tal reconocimiento fue ilegal.   

También  dice  que  no  se  halló  el arma  homicida,  pues  el  pico  de  botella que fue objeto de análisis por parte del  Instituto de Medicina Legal carecía de muestras de sangre.   

Igualmente  argumenta  que  se  violó  el  principio  de  contradicción,  dado  que  los testigos de cargo no pudieron ser  contrainterrogados  por  la defensa en la fase del juzgamiento, pero pese a ello  fueron  tenidos en cuenta, sin ponderar lo fantasioso de su relato, amén de que  son incongruentes.   

Acerca  del  principio  de  investigación  integral  asevera  que  sólo  se  otorgó  credibilidad  a  los declarantes que  comprometían  la  responsabilidad de su representado, y le fue negada a quienes  confirmaban    la   coartada   expuesta   por   FREDY  BARRIENTOS.   

          Concluye  que si se hubieran valorado las pruebas de conformidad con  las  reglas  de  la  sana  crítica, si el reconocimiento en fila de personas se  hubiera  adelantado  de manera legal y si se hubiera garantizado el principio de  contradicción  respecto  de las declaraciones de cargo, su procurado no habría  resultado condenado por un homicidio que no cometió.   

          A  partir de los anteriores planteamientos, la demandante solicita a  la  Sala  casar  la  sentencia  impugnada  para,  en  su  lugar,  proferir fallo  absolutorio   a   favor   de   JOHN  FREDY  BARRIENTOS  QUINTÍN.   

          Consideraciones de la Sala   

          En  atención  a que la recurrente invoca en la postulación de este  reproche  la  presencia  de un error de derecho por falso juicio de convicción,  resulta  pertinente señalar que de tiempo atrás ha dicho la Sala que tal yerro  se  configura  cuando existiendo tarifa legal en punto de la apreciación de las  pruebas,  se  niega  al medio demostrativo el valor que la ley le ha conferido o  se  le  otorga  un  mérito  diferente  al  atribuido legalmente. Dado que en el  estatuto  procesal penal no se conserva este método de apreciación probatoria,  por  regla  general,  salvo  contadas excepciones, la denuncia de ésta clase de  yerros  no  tiene  cabida en sede del recurso de casación, amén de que en caso  de  que ello fuera viable correspondía a la censora demostrar la infracción de  la  tarifa  de  valoración dispuesta por el legislador, así como su injerencia  en el sentido del fallo, labor que no emprendió.   

Adicional a lo anterior se observa que si la  impugnante  cuestiona  que  las  pruebas  no  fueron  valoradas  “bajo    los    principios    de    la    sana   crítica”,  ingresa  en  el  discurrir propio del error de hecho por falso  raciocinio,  el  cual  se  produce  cuando  de los medios probatorios de extraen  conclusiones  o  apreciaciones  contrarias  a  los principios de la lógica, las  leyes  de  la  ciencia  o las máximas de la experiencia, motivo por el cual, en  tal  caso,  era  su  deber  señalar  qué dice concretamente la prueba, qué se  infirió  de  ella  en  la  sentencia  atacada,  cuál fue el mérito persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  su  consideración correcta, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente  diverso  y  favorable  a  los intereses de su representado, proceder que tampoco  asumió.   

          Dado  que  también la defensora alega que se violó el principio de  investigación  integral,  recuerda la Sala que en la invocación de tal censura  resulta  imprescindible  que  el recurrente relacione las pruebas cuya práctica  fue  omitida  total  o  parcialmente,  dado  que  es preciso señalar su fuente,  conducencia,  pertinencia  y  utilidad,  además  de  su  incidencia favorable y  específica  en los intereses del procesado frente a las conclusiones del fallo,  pues   la   omisión  de  diligencias  inconducentes,  dilatorias,  inútiles  o  superfluas,  no  constituye menoscabo del derecho a la defensa del incriminado y  tanto  menos, demuestra agravio alguno a tal derecho la afirmación indemostrada  de  que los falladores otorgaron credibilidad a los testigos de cargo, no así a  los de defensa.   

Ahora,  como  también  la pretensión de la  impugnante  se  orienta  a  reclamar  la  configuración  de duda razonable, era  imprescindible  que señalara la vía de su impugnación, esto es, si se trataba  de  violación  directa  o  indirecta. Si postulaba la primera, le correspondía  demostrar  que  el  fallador reconoció en las consideraciones de la providencia  atacada  la existencia de dudas trascendentes de imposible eliminación sobre la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado y, pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición  normativa  que contiene el principio, cuando le correspondía en consonancia con  su   exposición   absolver,   reglas   que   el  casacionista  desatendió  por  completo.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

          Por  el  contrario,  la  censora  únicamente  procede  a plasmar su  criterio  personal  y  llega a afirmar sin demostración alguna que no se obtuvo  la  certeza necesaria para condenar a su asistido, sin adentrarse a especificar,  como  es  su  obligación,  qué  aspectos  no  fueron debidamente dilucidados y  probados  en la actuación y dan lugar a la conformación de dudas trascendentes  sobre    la    materialidad    del    ilícito    o   la   responsabilidad   del  procesado.   

          Es  pertinente  destacar  acerca  de  la crítica a la legalidad del  “reconocimiento  en  fila  de  personas”  que  realiza  la  actora,  que si el error de derecho por falso  juicio   de  legalidad  se  presenta  cuando  el  fallador  aprecia  una  prueba  irregularmente   aducida   a   la  actuación  o  cuando  la  misma  adolece  de  irregularidades  que  afectan  su  validez,  o  también,  cuando el funcionario  desecha  por  ilegal  una  prueba que no ostenta tal irregularidad, en el primer  caso  corresponde  al  demandante  identificar  el medio probatorio que tacha de  ilegal,  indicar  las  disposiciones  legales  o  constitucionales  que  al  ser  quebrantadas  determinan  su  ilegalidad  y  demostrar  que  ello  efectivamente  ocurrió;  en  el  segundo,  es  su  deber  comprobar  la legalidad de la prueba  desechada  por  el  juzgador,  obligaciones  que  no  fueron  cumplidas  por  la  defensora,  dado  que  si  durante  el desarrollo de este diligenciamiento no se  practicó  una diligencia de tal naturaleza, por sustracción de materia resulta  imposible tacharla de ilegal.   

Finalmente  se  tiene  que la demandante no  señala  en  concreto de qué manera habrían variado las conclusiones del fallo  si  hubiera  conseguido contrainterrogar a los testigos de cargo durante la fase  del  juicio,  motivo  adicional  para  advertir  inconsistencias  graves  en  el  planteamiento y desarrollo de la censura analizada.   

Las   razones   expuestas  irrumpen  como  suficientes  para  concluir  que  si  la  censora  no  ajusta  su  demanda a las  exigencias  dispuestas  para  postular  y  demostrar  los reproches que presenta  contra  el  fallo de segundo grado y, en virtud del principio de limitación que  rige  el  trámite  casacional  la Corte no se encuentra facultada para enmendar  las  falencias  de  aquella, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213  de la Ley 600 de 2000 se impone de plano la inadmisión del libelo.   

2.             Demanda   presentada   en   nombre  de  NÉSTOR EDUARDO PIRACÚN BERMÚDEZ   

          El  censor  postula  un  cargo  por  violación  indirecta de la ley  sustancial   derivada  de  “errores  de  derecho  al  apreciar  y  valorar  las  pruebas,  obtenidas  y practicadas con violación del  debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa  (…) y en consecuencia llevaron a  desconocer   la   existencia   de   dudas   razonables   sobre   la  autoría  y  responsabilidad,  que conllevaron a la inaplicación del principio universal del  in dubio pro reo”.   

          Puntualiza   que   el  error  de  los  falladores  se  concretó  en  “haber valorado pruebas practicadas en contravía de  los  preceptos  constitucionales y legales que rigen su producción, aducción y  valoración”.   

          También  destaca  que los procesados fueron ilegalmente reconocidos  por  los testigos Miguel Bautista, José Manuel Castro,  Pablo  Emilio  Aponte  y  Jesús  Antonio  Pulido, pues  antes  de  rendir  su  testimonio,  aquellos fueron mostrados a los declarantes,  circunstancia   que   también  fue  informada  por  los  sindicados  al  rendir  indagatoria.   

          Concluye  que  si  en el ordenamiento procesal penal sólo se regula  el  reconocimiento  en  fila  de  personas  y el reconocimiento fotográfico, es  claro  que  en  este  asunto no se cumplió con las reglas y garantías mínimas  propias  para  tales  pruebas,  todo  lo  cual  quebranta el debido proceso y el  derecho  de  defensa de los incriminados, con mayor razón si no estuvo presente  el defensor en tal reconocimiento.   

Con   fundamento  en  la  teoría  de  los  “frutos    del    árbol    envenenado”,  el recurrente manifiesta que los testimonios de quienes previo  a  rendir  su  declaración reconocieron a los acusados, se encuentran viciados,  motivo por el cual deben ser excluidos.   

De otra parte, el defensor manifiesta que si  NÉSTOR   y   FREDY  llevaban  en la noche de los hechos  cachuchas,  no  se entiende de qué manera los declarantes de cargo manifestaron  que   tenían  “el  peluqueado  la  mesa”,  circunstancia  que  permite  advertir que tales testimonios no  son    creíbles,    pese    a    que    los    sentenciadores    asumieron   lo  contrario.   

          Como  normas  indirectamente  violadas indica los artículos 7º del  estatuto  procesal  penal,  así  como  104,  239,  240  y  241 de la Ley 599 de  2000.   

Con  base  en  lo  expuesto,  el  demandante  depreca  a  la  Sala  la  casación de la sentencia recurrida, con el fin de que  profiera   fallo   de   carácter   absolutorio  en  beneficio  de  NÉSTOR         EDUARDO        PIRACÚN        BERMÚDEZ.   

Consideraciones de la Sala  

Inicialmente  encuentra  la  Sala  que  la  invocación  del  error  de derecho por falso juicio de legalidad que plantea el  recurrente    le   imponía   acreditar   que   “el  reconocimiento  en  fila  de personas” fue practicado  sin  las  formalidades  exigidas  por  la  ley, pero, como tal diligencia no fue  realizada,      ello      denota      inconsistencias     lógicas     en     su  planteamiento.   

Al respecto es oportuno indicar que el falso  juicio  de  legalidad no apunta a cuestionar la existencia material de la prueba  por  omisión  o  suposición,  ni  a su contenido objetivo y menos a su aptitud  demostrativa,  sino  a  reprochar  que existiendo materialmente se la consideró  ilegal  pese  a  ser legal, o por el contrario, fue tenida como legal a pesar de  su ilegalidad.   

          Además,  por  tratarse  de  un  error  in  iudicando, es claro que el vicio afecta únicamente el  medio  probatorio ilegal, circunstancia que impone su marginamiento, sin que por  esa  sola  circunstancia  irradie  sus efectos a otras pruebas, tanto menos a la  estructura  del proceso, de ahí que la solución en tales situaciones se limite  a  la  exclusión  del  medio  de  prueba  ilegal  y  a la ulterior ponderación  conjunta de los demás elementos de convicción.   

Adicionalmente, el censor no señala por qué  razón  si  los  testigos  vieron  previamente  a  rendir  su declaración a los  incriminados, ello conduce a la invalidación de sus testimonios.   

Ahora, si la queja del defensor se orientaba  a     denunciar     que    se    dio    por    supuesto    el    “reconocimiento  en  fila de personas”, le  correspondía  plantear  un  error  de  hecho por falso juicio de existencia por  suposición,  pero  si  la  pretensión era la de poner de presente que como los  testigos  de cargo vieron antes de rendir su declaración a los sindicados, ello  menguaba  su  credibilidad,  era  menester que postulara un error de derecho por  falso  raciocinio,  asumiendo,  desde  luego,  las  exigencias  inherentes  a la  demostración   de   tales   yerros,   labor   que   no   emprendió   en  forma  alguna.   

          De  lo expuesto se concluye que si de conformidad con el numeral 3º  del  artículo  212  de  la  Ley  600  de  2000,  según el cual, corresponde al  demandante  enunciar la causal y “la formulación del  cargo,   indicando   en   forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos”,  no  se  aviene  a  dicha  preceptiva  que respecto de la misma  prueba  y  en  el mismo reproche, o en otro postulado sin señalar su prioridad,  se  confunda  la  argumentación  y acreditación propias de errores de distinta  especie,  como  ha  ocurrido  en este asunto, con los errores de hecho por falso  juicio  de existencia y falso raciocinio, y el error de derecho por falso juicio  de legalidad.   

          La  referida  confusión lógica y conceptual imposibilita a la Sala  para  acometer el estudio de la censura así planteada, circunstancia que impone  la inadmisión del libelo.   

          Para   culminar   es   preciso   señalar   que   no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación  de  derechos  o garantías de los  procesados  como  para que  tal  circunstancia impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa que sobre el particular le confiere el  legislador     en     punto    de    asegurar    su  protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR          las           demandas  de casación  interpuestas  por los defensores de los procesados JOHN  FREDY    BARRIENTOS    QUINTÍN    y    NÉSTOR  EDUARDO  PIRACÚN  BERMÚDEZ, por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ                         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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