26908(28-11-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26908  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente  

JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

Aprobado        acta        No.  240         

Bogotá  D. C., veintiocho (28) de noviembre  de dos mil siete (2007)   

Se  pronuncia  la  Corte  en  torno  a  la  admisibilidad  de  la  demanda  con  que  se  sustenta  el  recurso de casación  interpuesto  contra la sentencia dictada por la Sala Penal del Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Neiva, el 7 de septiembre de 2006, mediante la cual  confirmó  la condena de 14 años de prisión y la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual  lapso,  así  como al pago de los  perjuicios  ocasionados  con  la  infracción,  los  que fueron calculados en el  equivalente  a  40  salarios  mínimos legales vigentes, impuesta a SAÚL  ARIAS  HERRERA  por el Juzgado Penal  de  Circuito  de  La  Plata  esa ciudad, como autor y penalmente responsable del  delito de homicidio.   

HECHOS  

En la sentencia impugnada, la Sala Penal del  Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial  de  Neiva,  hizo  la  siguiente  síntesis:   

“De  la  actuación  se  extrae que en la  madrugada  del  10  de  abril  de  2005,  aproximadamente a las 2:30 a.m., en la  Avenida  Libertadores, frente al Colegio “Años Maravillosos” del perímetro  urbano  de  la  municipalidad  de La Plata (H), luego del intercambio de algunas  palabras,  el  procesado  SAÚL  ARIAS HERRERA le propinó una herida en tórax,  lado  izquierdo,  a Alfaro Plazas Cuchimba que le causó su muerte, conforme con  el  informe  Técnico  de  Necropsia  por  “SHOCK  HIPOVOLÉMICO  producto  de  lesiones  en  el corazón con arma cortopunzante”. Horas más tarde del citado  día,  Sandra Milena Ocoro Castillo se presentó ante la Guardia de la Estación  de  dicha localidad e instauró denuncia en contra de ARIAS HERRERA como agresor  de  su  compañero  Plazas  Cuchimba  e  informó  de  su paradero, motivando su  captura   y   la   incautación   de   un   arma   blanca   encontrada   en   su  poder.”   

La Fiscalía General de la Nación, a través  de  la  Fiscalía  23 Delegada ante el Juzgado Penal de Circuito de La Plata, el  19  de julio de 2005, dictó resolución de acusación en contra de SAÚL  ARIAS  HERRERA como autor del delito  de  homicidio  (fl.  68 c # 1), la que al ser impugnada, el 23 de agosto de 2005  fue  confirmada  por  la Unidad de Fiscalías Delegada ante el Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Neiva  (fl.  3  cuaderno  segunda  instancia  de la  Fiscalía).   

LA     DEMANDA   

El defensor de SAÚL  ARIAS  HERRERA presentó escrito en el que promueve dos  cargos  contra  la sentencia  proferida  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Neiva,  al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo segundo por falso juicio de  identidad y falso raciocinio.   

1.- Primer cargo, violación indirecta de la  ley sustancial, error de hecho por falso juicio de identidad.   

Señala el censor que la sentencia impugnada  es  violatoria indirectamente de la ley sustancial, toda vez que la declaración  de  LEIDY  JHOANA  SERRATO PUENTES fue distorsionada al momento de efectuarse la  valoración  probatoria,  dado  que,  esta  testigo  en  su única presentación  sostuvo  que  transitaba  junto  a  SANDRA  MILENA OCORO CASTILLO por la avenida  “los  Libertadores”  del  municipio de La Plata y que las dos se encontraban  lejos  o  a bastante distancia y a espaldas de los dos contrincantes. Critica al  Tribunal  cuando  en la sentencia indicó que la declaración de LEIDY JHOANA es  concordante  y  coincide  con  la  de  OCORO CASTILLO, aserto que tergiversa ese  medio  de  convicción,  pues  le  está  poniendo  a  decir a la testigo hechos  diferentes  a  los  que  narró en su momento, pues tal acontecer no ocurrió en  ese sitio.   

Puntualiza que si SANDRA MILENA OCORO le dijo  a  la  Fiscalía  que ella y LEIDY JHOANA se encontraban lejos de ALFARO PLAZAS,  quiere  decir  que existía una gran distancia entre éste y aquéllas; en estas  condiciones,  las  dos  mujeres  no tuvieron la oportunidad de ver y observar lo  que ocurría a sus espaldas.   

Afirma que es la denunciante SANDRA MILENA la  que  dijo  que  el  que  provocó la discusión fue su propio compañero, por su  comportamiento  agresivo,  no  sólo  en  ese  momento,  sino mucho antes de que  ocurrieran  los  hechos,  toda vez que desde tempranas horas de la noche quería  buscar pelea con el que se le cruzara.   

A juicio del censor, el testimonio de SANDRA  MILENA  no  es  concordante  con  el  de  LEIDY  JHOANA  como equivocadamente lo  señaló  el  Tribunal,  pues  mientras  la primera cuenta unos hechos de manera  contradictoria,  la  segunda  los  narró  de  manera  espontánea y sin ningún  interés;  de  esta manera, no puede ser posible que se condene a ARIAS HERRERA,  pues  lo  único  que hay en el proceso son dudas, razón por la cual se le debe  aplicar el in dubio pro reo.   

2.-  Segundo cargo, violación indirecta por  falso raciocinio.   

Indica el Censor que, el Tribunal al valorar  el  testimonio  de  LEIDY  JHOANA  SERRATO  PUENTES  no  le  dio el valor real y  suficiente,  pues  sólo  lo  analizó  superficialmente,  sin  desentrañar  su  contenido  esencial. Refiere que la prueba incorporada en el proceso no es clara  ni coherente, por el contrario, está plasmada de dudas.   

Llama  la  atención  en el testimonio de la  denunciante  SANDRA  MILENA  OCORO  quien  da  cuenta  de  la  agresividad de su  compañero   para  con  el  procesado,  pero  ante  la  Fiscalía  declaró  una  situación  diferente  con  el  fin  de  agravarle  la situación a ARIAS HERRERA.   

Insiste  en   que  es  claro  que  el  testimonio  de  SANDRA  MILENA  es  contradictorio y no es concordante con el de  LEIDY  JHOANA  como lo aseguró el Tribunal; así las cosas, es imposible que se  condene  a  SAÚL ARIAS, como  autor   del   homicidio,   pues   lo   único   que   hay   en  el  proceso  son  dudas.   

Por lo anterior, solicita a la Corte casar la  sentencia   impugnada   y,   en   su   lugar,   fallar  la  litis  en  la  forma  expuesta.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1.- La demanda presentada por el defensor del  procesado     SAÚL    ARIAS    HERRERA,   presenta  insalvables  defectos  de  orden  metodológico  y  de  argumentación que la  hacen de imperiosa inadmisión.   

En efecto, siendo la casación, como así lo  reconocen  la  jurisprudencia  y  la  doctrina,  una  sede  única que parte del  supuesto   de  que  el  debate  jurídico  y  probatorio  ha  culminado  con  el  proferimiento  de  la sentencia de segundo grado, es deber del impugnante que su  ejercicio  argumentativo  se oriente a demostrar que la declaración judicial se  apartó  ostensiblemente  de la norma. Por lo tanto, la demanda ha de satisfacer  plenamente  las  exigencias  legales  tanto  de forma como de contenido, pues su  procedencia  está determinada por la demostración de haberse configurado una o  algunas de las causales establecidas.   

Tal  requisito se afianza en la necesidad de  determinar  objetivamente  el  sentido y alcance de la impugnación, demostrando  la  presencia de los yerros judiciales y su incidencia en la decisión objetada,  pues  de  omitirse  la Corte atendiendo el principio de limitación que gobierna  el  recurso  de  casación,  no puede entrar a colmar los vacíos que la demanda  ofrezca ni a subsanar los yerros que presente.   

2.- En relación con los cargos propuestos en  la  demanda,  los  que  hace  consistir  en que el juzgador de segunda instancia  incurrió  en  errores  de  hecho derivados de falso juicio de identidad y falso  raciocinio;  dos  precisiones  deben hacerse en relación con el primer cargo, a  saber:  el censor, no obstante transcribir los apartes pertinentes de los medios  de  convicción  los  que,  a  su  juicio, fueron distorsionados o tergiversados  sobre  los  cuales pretende acreditar el error probatorio, su argumento se torna  deficiente  para  los  fines  propuestos,  dado que, no concretó de qué manera  fueron  deformados  los  testimonios  de  SANDRA  MILENA  OCORO CASTILLO y LEIDY  JHOANA  SERRATO  PUENTES,  habida  cuenta  que,  sobre  la  primera  dice que el  contenido  de  la  versión  es  contradictoria; en tanto que, sobre la segunda,  asegura  que  se  trata de una versión espontánea; empero, se distanció de la  metodología  propia  de  la  argumentación  jurídica,  para dedicarse bajo el  mismo  enunciado  a  discrepar  de  la  forma  cómo los juzgadores de instancia  asumieron  el análisis probatorio, quebrantando de este modo el principio de la  autonomía  de  las causales en casación, pues si trataba de demostrar el yerro  en  el  ejercicio dialéctico llevado a cabo por los funcionarios judiciales, le  era    preciso   señalar   la   infracción   a   las   reglas   de   la   sana  crítica.   

En segundo lugar, si bien la censura plantea  un  error  de  hecho por falso juicio de identidad, es oportuno recordar que tal  modalidad  de  error se presenta cuando el juzgador, al apreciar una determinada  prueba,   falsea  su  contenido  fáctico,  poniéndola  a  decir  lo  que  ella  literalmente   no  reza,  bien  por  distorsión,  tergiversación,  adición  o  cercenamiento.   

Por lo tanto, para su cabal demostración es  indispensable  que  el  actor  puntualice  en  la  demanda,  qué  dice el medio  probatorio  falseado,  qué  concreción hicieron de su texto los juzgadores, en  qué  consistió el desacierto y cómo éste repercutió desfavorablemente en la  declaración  de  responsabilidad,  pues  se trata de señalar que de no haberse  cometido  el  error  denunciado  habría dado lugar a que la decisión impugnada  fuera de contenido diverso.   

Igualmente,  en  esta  censura incurre en el  defecto  técnico  de  desbordar  el  cauce  normal  para  dedicarse  a efectuar  apreciaciones  personales  sobre  el mérito persuasivo de las pruebas allegadas  para  anteponerlas  al  criterio  valorativo  del  juzgador de segundo grado, en  posición inadmisible en sede de casación.   

3.-  Análogas consideraciones deben hacerse  en  relación  con el segundo cargo, a través del cual endilga a los juzgadores  de  instancia  haber  incurrido  en la violación indirecta de la ley sustancial  por  error  de  hecho  derivado  de  un  falso  raciocinio;  pues  en verdad, la  postulación  y  desarrollo  del  cargo,  se  distancia  ostensiblemente  de  la  metodología inherente al recurso extraordinario de casación.   

En  efecto, si la inconformidad del actor se  orienta  a  demostrar  un  yerro  fincado  en  un  error  por  falso raciocinio,  pretendiendo  ubicar  la  discusión  en  torno a la misma, al recurrente le era  forzoso  señalar  cuál  fue  el  postulado  de  la  lógica, los principios de  ciencia   o   las  máximas  de  la  experiencia  o  el  sentido  común  fueron  quebrantados  por  los  juzgadores  de  instancia  en la valoración probatoria;  además,   puntualizar   de   qué   manera   fueron  vulnerados  e  indicar  la  trascendencia  del  mismo  en  el fallo impugnado, labor que no desarrolló a lo  largo del libelo.   

Es  así  como  el casacionista, en lugar de  señalar  los  principios  de  la  ciencia,  los  postulados de la lógica y las  máximas  de  la  experiencia  vulnerados  por  el  sentenciador  al  momento de  apreciar  de  manera  individual  y  conjunta las declaraciones de SANDRA MILENA  OCORO  Y LEIDY JHOANA SERRATO, enfocó la crítica demostrativa de la censura en  disentir,  de  manera  abierta,  con  la  credibilidad  que  el  Tribunal, en la  sentencia   de   segunda   instancia,   le  otorgó  a  los  medios  probatorios  incorporados en el plenario.   

Nótese,  cómo  en  el  escrito  increpa al  juzgador  por  las  conclusiones  a  las  que  arribó, habida cuenta que, en su  criterio  personal,  la  prueba incorporada está llena de dudas, sin que exista  la   certeza   para   condenar   al   procesado  ARIAS  HERRERA  y,  en  otros  pasajes del libelo, acude a la  teoría  de la provocación de que hacía gala la víctima, al punto que buscaba  pelea  con cualquiera que pasara por su lado, dando lugar a inferir la reacción  violenta  de  carácter  defensivo,  aspectos  que amerita orientar el cargo por  otro motivo de casación.   

Así  mismo,  con  idénticos  argumentos al  cargo  anterior,  acude  a la crítica del ejercicio argumentativo realizado por  los  juzgadores  de  instancia con fundamento en la prueba recaudada, aludiendo,  en  unas  ocasiones,  a  las  contradicciones  que  en  su  interior presenta el  testimonio  de  la denunciante SANDRA MILENA y, en otras, a que el testimonio de  LEIDY  JHOANA  es  espontáneo; sin embargo, no basta con la sola mención, pues  es  imprescindible  su  coherente  y  particular  desarrollo  demostrando que el  juzgador,  en  la  valoración  probatoria,  quebrantó  las  reglas  de la sana  crítica.    

De   esta   manera,   es   claro,  que  la  inconformidad  de  la  recurrente  radica  en  el  grado de apreciación que los  juzgadores  le  otorgaron  a  los  medios  de  prueba,  olvidando  que la simple  discrepancia  de  criterios en torno a su mérito no constituye yerro demandable  en casación.   

Desde   esa   perceptiva   metodológica,  adviértase  no  sólo  el distanciamiento del censor, sino que, a la par, no le  asiste  razón  en  el enfoque central que le imprime a los cargos, pues si bien  parte  de la “duda” éste  fenómeno  no  se arraiga en el conjunto probatorio, toda vez que la certidumbre  de  la  responsabilidad del acusado, no se dedujo con exclusividad de los medios  de  convicción  señalados por el demandante, sino en el análisis de la prueba  en  su  integridad  que  explica  el  desarrollo  histórico  de  los hechos que  culminaron con la herida mortal en el corazón de ALFARO PLAZAS.   

Así  las  cosas, cuando la discrepancia del  censor  con el examen probatorio se focaliza en la forma material o lógica bajo  la  cual  el  fallador  asumió  la prueba y se hace recaer exclusivamente en el  criterio  judicial  formado  bajo  los parámetros de la critica racional que le  impone  el  artículo  238  del  Código  de Procedimiento Penal, el reproche se  aleja    de   los   motivos   legales   de   casación   aludidos   –   falsos   juicios  de  identidad  y  raciocinio  –  y  carecen  necesariamente de claridad y precisión.   

Al  margen  de los yerros metodológicos que  presenta   la  demanda,  la  Sala  no  advierte  vulneración  de  los  derechos  fundamentales  ni  causales  de  nulidad  que  la  obliguen a un pronunciamiento  oficioso.  En  consecuencia,  se desestima la demanda y contra esta decisión no  procede recurso alguno.   

Atendidas  las  razones  expuestas, la Corte  Suprema de Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda de casación presentada  a   nombre   del   procesado   SAÚL   ARIAS  HERRERA  por las razones anotadas.   

Devuélvase  el  expediente  al  Tribunal de  origen.   

CÓPIESE, COMUNÍQUESE y  CÚMPLASE   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                           MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS   

                                                                                       Comisión de servicio   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                             JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS                

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                                    JULIO   ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA           

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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