26736(14-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  26736   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 017.  

          Bogotá    D.C.,   febrero   catorce   (14)   de   dos   mil   siete  (2007)   

  VISTOS  

La Sala se pronuncia en punto de la admisión  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por el apoderado especial de  VÍCTOR    HUGO    DOMÍNGUEZ    LÓPEZ,  contra  el  fallo  de  segundo  grado  proferido  por el Tribunal  Superior  de  Medellín  el  9  de  julio  de  2004,  confirmatorio, con algunas  modificaciones,  del  dictado por el Juzgado Penal del Circuito de Envigado el 2  de  mayo de la misma anualidad, por cuyo medio lo condenó como autor penalmente  responsable    del    delito    de    homicidio    agravado    en   Víctor Hugo Guerra Restrepo.   

HECHOS  

Aproximadamente a las ocho de la noche del 3  de  agosto  de  2003,  cuando  VÍCTOR HUGO DOMÍNGUEZ  LÓPEZ  se  encontraba  en  compañía de Diana    Bustamante    y    Cristian  Camilo  Santamaría  consumiendo  licor  en  el  pasaje  de  la  Alcaldía  de  Envigado,  observó  que por allí  transitaba  Víctor  Hugo  Guerra Restrepo.  Entonces, procedió a atacarlo con un puñal, causándole heridas  que produjeron su muerte de manera inmediata.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

La Fiscalía Seccional de Medellín declaró  abierta  la  instrucción,  en  cuyo  trámite  vinculó  mediante indagatoria a  VÍCTOR   HUGO   DOMINGUEZ,  resolviéndole   su   situación   jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención   preventiva   como   posible   autor   del   delito   de   homicidio  investigado.   

Cerrado  el  ciclo  de  la  instrucción, el  mérito  del  sumario fue calificado con resolución de acusación en contra del  procesado, como presunto autor del delito de homicidio agravado.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Penal del Circuito de Envigado, despacho que luego de surtir el rito  dispuesto  por el legislador profirió sentencia el 28 de mayo de 2004, por cuyo  medio  condenó  a  VÍCTOR HUGO DOMÍNGUEZ  a  la  pena  principal  de  doce  (12)  años  y seis (6) meses de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso, como autor penalmente responsable del  delito de homicidio preterintencional.   

Impugnado  el  fallo  por  la  Fiscalía, el  Tribunal  Superior de Medellín lo confirmó a través de sentencia dictada el 9  de  julio  de  2004,  mediante  la  cual  introdujo  algunas  modificaciones, al  señalar   que   se   trataba   de   un   delito   de   homicidio  agravado,  no  preterintencional,  amén  de  que  tasó  la pena principal en veinticinco (25)  años de prisión.   

LA  DEMANDA   

Con   fundamento   en  la  preceptiva  del  “artículo  192  de  la  Ley  906  de  2004, numeral  3°”,  el actor aduce que con posterioridad al fallo  de  condena  han aparecido hechos y pruebas nuevas no conocidas al tiempo de los  debates,   específicamente,   la   retractación   del   testigo   Pablo  Julián  Monsalve  López, pues con  base  en  la  declaración  que  rindió dentro de las instancias se edificó la  sentencia de condena cuya revisión es ahora solicitada.   

Añade  que  la  referida  retractación  se  encuentra  contenida  en  un  manuscrito  dirigido  a  esta  Corporación por el  mencionado  ciudadano  desde  el 29 de junio de 2005, quien se encuentra privado  de su libertad en la Cárcel de Envigado.   

En  apoyo  de su pretensión allega copia de  los  fallos  de instancia con constancia de su ejecutoria, así como el original  del mencionado manuscrito.   

          Asevera  que  su  procurado actuó en una situación de ira derivada  de   la   agresión   de   que   fue   víctima   por   parte   de  Víctor  Hugo  Guerra,  motivo por el cual  procedió  a  atacarlo con el cuchillo que portaba. Resalta que si con la prueba  aportada   pierde  valor  probatorio  el  testimonio  rendido  por  Pablo  Julián Monsalve, se impone creer lo  expuesto  por  el sentenciado en su injurada, al afirmar que actuó en estado de  ira e intenso dolor.   

Añade que tampoco procedía en este caso la  circunstancia  de agravación del homicidio en razón de haber obrado por motivo  abyecto  o  fútil, pues lo cierto es que su patrocinado actuó motivado por las  ofensas y agresiones de la víctima.   

También  dice  que  resultaba  improcedente  tener  en  cuenta  la agravación del delito de homicidio derivada del estado de  indefensión   o   inferioridad   de  la  víctima,  pues  si  fue  Pablo  Julián  Monsalve quien declaró que  VÍCTOR   HUGO   DOMÍNGUEZ  hirió  al  occiso  cuando  éste  se  encontraba  en el suelo, tal declaración  pierde  valor  con  la  retractación  aportada, con mayor razón si se tiene en  cuenta  que  el  condenado  mide  1.61 metros, en tanto que el interfecto medía  1.82   metros,   todo   lo   cual   descarta   la  referida  situación  de  las  víctima.   

          Con  apoyo  en  lo  expuesto,  el  accionante  solicita a la Sala se  disponga  la  revisión  del fallo de segundo grado proferido por el Tribunal de  Medellín,  para,  en  su lugar, declarar que se trata de un delito de homicidio  simple   cometido   en   estado   de   ira,  procediendo  a  dosificar  la  pena  correspondiente.   

Igualmente depreca se reconozca a favor de su  asistido  una  rebaja  de  hasta  la  mitad  de  la pena que le fue impuesta, en  aplicación  de  lo dispuesto en el artículo 351 de la Ley 906 de 2004, pues si  VÍCTOR DOMÍNGUEZ dijo en su  injurada  “que  él había chuzado a GUERRA RESTREPO  para  que lo soltara, ya que lo tenía cogido por el cuello. Esta manifestación  que  hiciera  el  procesado  en  su  indagatoria  tiene  valor  de confesión de  conformidad  con  el  artículo  280  del  C.P.P,  vigente  para la fecha de los  hechos”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Inicialmente   observa   la  Sala  que  el  demandante  invoca de manera impropia el numeral 3º del artículo 192 de la Ley  906  de  2001,  precepto que si bien es sustancialmente igual al contenido en el  numeral  3º  del  artículo  220  de  la  Ley  600 de 2000, lo cierto es que de  conformidad  con el artículo 553 de aquella legislación, sólo se rigen por la  misma  “los  delitos  cometidos con posterioridad al  primero  de  enero  de 2005”, salvo, desde luego, las  situaciones  en  las  cuales  se  imponga  aplicar  la  nueva  ley en virtud del  principio de favorabilidad.   

Por  tanto, si la conducta aquí investigada  ocurrió  el  3 de agosto de 2003 y no se advierte que la Ley 906 de 2004 brinde  al  sentenciado  un tratamiento más benéfico en comparación con la Ley 600 de  2000  respecto  de  la acción que a través de apoderado especial interpone, es  claro  que  el  trámite  de este diligenciamiento se encuentra gobernado por la  legislación  vigente  para  cuando se cometió la conducta ilícita (Ley 600 de  2000),  la  cual, en este caso, resulta ser la misma en vigor para el momento en  que se profirió el fallo de segundo grado (9 de julio de 2004).   

Puntualizado  lo anterior se tiene que, como  el  propósito  primordial  de  la  acción de revisión se orienta a remover la  intangibilidad  inherente  a  la  cosa  juzgada, el legislador ha dispuesto como  condición   de   admisibilidad   del   libelo  dirigido  a  tal  finalidad,  el  cumplimiento  de  exigentes y específicos requisitos contenidos en el artículo  222 de la Ley 600 de 2000.   

Ahora, como esta acción procede únicamente  contra  providencias  que  hayan  cobrado  ejecutoria  (fallos,  resoluciones de  preclusión  de  la  investigación  o  autos de cesación de procedimiento), es  deber  del  actor  anexar  a  la  demanda  copia  de las decisiones de primero y  segundo  grados  cuya  revisión pretende, junto con la respectiva constancia de  su ejecutoria.   

Cuando  se  invoca la causal contenida en el  numeral  3º del artículo 220 de la Ley 600 de 2000, esto es, por la aparición  de  hechos  nuevos o el surgimiento de medios probatorios de igual naturaleza no  conocidos  al  tiempo  de  los  debates  con virtud suficiente para demostrar la  inocencia  del  condenado o su inimputabilidad, resulta imprescindible que junto  con  la  demanda  se  aporten  tales  pruebas  novedosas,  las  cuales deben ser  idóneas   para   acreditar   cualquiera   de   las   finalidades   anotadas  en  precedencia.   

En el asunto objeto de estudio se observa que  el  actor  allega  copias  de  las  sentencias  de primera y segunda instancia y  aparece la constancia de su ejecutoria.   

No  obstante, si bien aporta el manuscrito a  través    del    cual    Pablo   Julián   Monsalve  López  manifiesta que se retracta de lo dicho durante  el  curso  de las instancias, es evidente que de su contenido material no emerge  con  la  nitidez  requerida  su  anunciado  carácter  novedoso,  ni  la aptitud  suficiente  para  derruir  de  conformidad  con  la  causal  invocada el recaudo  probatorio  que sirvió de fundamento a la atribución de responsabilidad que se  considera injusta, por las siguientes razones:   

En  primer  lugar, porque no se trata de una  prueba  nueva,  pues Pablo Julián Monsalve   intervino  en  calidad  de  declarante  ante  la  Inspección  de  Permanencia  de  Envigado,  así  como  ante  la Fiscalía instructora del mismo  municipio,  su  relato  fue  apreciado  a espacio por los falladores tanto en la  sentencia  de  primera instancia como en la de segundo grado, motivo por el cual  resulta  razonable  concluir  que  dicho  medio  de  acreditación  no  tiene el  carácter  de  elemento  probatorio  novedoso  exigido  por  el  legislador para  acceder a esta acción especial.   

En segundo término, se observa que si de lo  que  se  trata  es de una retractación, oportuno resulta señalar que de tiempo  atrás  ha  sostenido  reiteradamente la Sala que “no  se  le  da  trámite  a  una  acción  de  revisión,  por  el sólo hecho de la  retractación  de  uno  o  varios  de  los testimonios  vertidos  en el proceso comoquiera que no existe certidumbre sobre en dónde fue  que  el  declarante respetó la verdad, continuando el fallo en consecuencia, en  posición  privilegiada  por  la doble presunción de acierto y legalidad con la  que   está   amparado”1    (subrayas    fuera    de  texto).   

          En  efecto, sobre el testimonio rendido por el mencionado declarante  se   dice   en   el   fallo  de  primera  instancia  que  una  vez  VÍCTOR   HUGO   DOMÍNGUEZ  cometió  el  delito,  regresó  “nuevamente  al  sitio  donde  se  encontraban  sus  compañeros,  hasta  donde  llegó  el  ciudadano PABLO JULIAN  MONSALVE  LÓPEZ,  quien  con  gran  valor  civil, entereza y sin titubeo alguno  señaló  ante  las  autoridades  policivas  al  joven  VÍCTOR  HUGO DOMÍNGUEZ  LÓPEZ, como autor de la occisión”.   

          En    la    misma   decisión   se   puntualiza   que   Pablo   Julián  Monsalve  “dice  que  DOMÍNGUEZ  LÓPEZ había estado jugando con el puñal de  aproximadamente  37  cm  y por lo tanto mejor decidió partir de dicha reunión;  un  rato más tarde, cuando se encontraba en el pasaje del Ley, vio como VÍCTOR  HUGO    GUERRA    RESTREPO,   era   agredido   por   VÍCTOR   HUGO   DOMÍNGUEZ  LÓPEZ”.   

          Por  su  parte,  en  el  fallo  de segundo grado sobre la mencionada  prueba   se  expresa  que  “PABLO  JULIÁN  MONSALVE  LÓPEZ,  testigo  presencial,  señaló  al  autor  del  homicidio e indicó que  momentos  antes  de  la  ocurrencia  de  la  occisión  le  vio  a  VÍCTOR HUGO  DOMÍNGUEZ   el   arma   homicida:   ‘yo  estaba  a  eso  como  de  las  8  de la noche en el Pasaje de la  Alcaldía  con una amiga y me encontré con unos amigos y nos pusimos a charlar,  entonces  en  esas  llegó  Víctor,  el que le metió las puñaladas a Guerra y  empezó  a  mostrar  un  puñal y braviar entre ellos mismos (…) porque ellos,  Guerra   y   el   convicto   del  ET  –  así llamaban a Cristian –  el  que  está  ahorita aquí declarando tenían una bronca casada  hace más o menos año y medio”.   

          No  obstante  lo anterior, en el manuscrito aportado por el defensor  como   “prueba  nueva”,  Pablo Julián Monsalve López  dice  que  se retracta “de la declaración rendida en  la  Inspección  de  permanencia  de  Envigado,  de  fecha  3 de agosto de 2003,  asimismo  de  la  versión ante la Fiscalía Doce Delegada Seccional de Envigado  – Antioquia, de fecha 5 de  agosto  de  2003”,  dado  que no fue “testigo   presencial   de   los  hechos  cuando  el  señor  Víctor  Domínguez  lesionó  al  señor  Víctor  Hugo Guerra Restrepo en la fecha 3 de  agosto  de  2003.  Lo  afirmado  fue  producto  de los comentarios que hacía la  gente”.   

          Como   viene   de  verse,  sin  dificultad  se  advierte  que  ahora  Pablo    Julián    Monsalve   López   se  limita  a  señalar  que no observó directamente los hechos que  relató  a  la administración de justicia, pretendiendo con ello minar el valor  probatorio  que  a  su  declaración se otorgó durante las instancias, sin que,  por  tanto, pueda afirmarse que la verdad se encuentra en el manuscrito aportado  o  en  sus  intervenciones  dentro del curso del proceso adelantado en contra de  VÍCTOR  HUGO DOMÍNGUEZ, con  mayor  razón  si en su testimonio suministró detalles previos, concomitantes y  posteriores  sobre  la  ocurrencia  del  hecho,  en  tanto  que ahora, de manera  general, se muestra ajeno al teatro de los acontecimientos.   

No  hay  duda  que  si  el  testimonio  de  Monsalve  López sirvió como  uno  de  los  pilares  sobre  los  cuales  se  edificó  el  fallo  de  condena,  providencia  ejecutoriada  que  se encuentra revestida de la dual presunción de  acierto  y  legalidad,  palmario  resulta  que  carece el manuscrito aportado de  aptitud    suficiente    para   derruir   la   sentencia   cuya   revisión   se  solicita.   

          Es  necesario  señalar  que  el  demandante  no  dice,  ni  la Sala  consigue  establecer,  de  qué manera con la “prueba  nueva”   se   demuestra,   de  una  parte,  que  el  sentenciado  actuó  en  estado de ira y, de otra, por qué no se configuran las  circunstancias  de agravación punitiva específicas para el delito de homicidio  que  fueron  imputadas  en  la  acusación  y  se  las  dedujo  en los fallos de  instancia.  Tampoco acredita la incidencia del documento aportado respecto de la  injurada   de   VÍCTOR  HUGO  DOMÍNGUEZ,  como para que tal diligencia tuviera el carácter de confesión e  impusiera  reconocer a favor del sentenciado los beneficios dispuestos en la ley  para tal situación.   

          Como  es  claro  que  según lo establecido en la ley, la acción de  revisión  no  se  encuentra instituida para debatir nuevamente los elementos de  prueba  que  sirvieron  de  fundamento  a  una  decisión  judicial que ha hecho  tránsito  a  cosa  juzgada,  amén  de  que tampoco corresponde a una instancia  adicional  dentro del diligenciamiento, observa la Sala que si la pretensión de  la  defensa  se  orienta  en  este  asunto  a  provocar  una  nueva ponderación  probatoria,  con  base en elementos de juicio despojados de la aptitud requerida  para  ello,  su  propósito  es  ajeno  a  las  exigencias  establecidas  por el  legislador para el referido instituto.   

Así las cosas, habida cuenta que la demanda  incumple  fundamentalmente  la  exigencia formal dispuesta en el numeral 3º del  artículo  222  de  la  Ley  600  del  2000  para que sea admitida, se impone su  inadmisión  de  conformidad  con  lo  indicado  en  el  artículo 223 del mismo  estatuto.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  revisión  presentada   por   el   defensor   del   sentenciado  VÍCTOR    HUGO    DOMÍNGUEZ    LÓPEZ,   de   conformidad   con  las  razones  consignadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  decisión  procede  recurso de  reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ                                             

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Providencia del 8 de febrero de 1995. Rad. 9203, entre otras.     

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