26706(23-05-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26706  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado      Acta     No. 78   

Bogotá,  D.C.,  veintitrés (23) de mayo de  dos mil siete (2007)   

Discurre  la Sala en ésta oportunidad a fin  de  verificar  todos  aquellos  supuestos lógicos y de coherente demostración,  imprescindibles  para  la admisión de la demanda de casación presentada por el  defensor     de     OSCAR    HERNANDO    VALDERRAMA  GUEVARA,  contra  el fallo de segundo nivel proferido  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Arauca, Sala Única, el 25 de  julio   de   2006,   el   que   confirmó   el   expedido  por  el  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga,  del 27 de febrero de 2004, en donde se le impuso la pena principal  de  treinta y seis meses (36) de prisión y demás accesorias, por haber actuado  en    calidad    de    autor   material     del     punible     de     estafa  agravada  en  concurso  homogéneo. Solo modificó lo  concerniente  al  subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena, para en su lugar, ordenar la captura.   

HECHOS  

1.-  Los  esposos  RAFAEL  BARBOSA  FONTECHA y  BEATRIZ  ÁVILA DE BARBOSA,  suscribieron  el  30  de  septiembre  de  1988,  con el sentenciado HERNANDO   VALDERRAMA   GUEVARA,  quien  actuaba  en representación de la firma ARQUIPROYECTOS  LTDA.,  promesa de compraventa de un inmueble ubicado  en  la  ciudad  de  Bucaramanga, acordando las partes la suma de $ 70´000.00 de  pesos.  El  comprador  afirmó que su único fin era demolerla y construir sobre  el  lote  un  edificio  cuyo  nombre  sería BARCELONA  REAL.     

2.-  El 10 de enero  de  1999,  el  adquirente  no  cumplió con las estipulaciones de pago pactadas,  sólo  canceló  la  suma  de  $ 6´000.000 de pesos, incumpliendo su compromiso  contractual      en      todo      lo      demás.       

3.-  Dos días  después  de  la  firma  de  la  escritura  pública  el  comprador VALDERRAMA   GUEVARA,  constituyó  una  hipoteca  abierta  sobre  el  predio  en  mención, por valor de $ 30´000.000 a  favor  de  ERIKA XIMENA ZAMBRANO MARTÍNEZ.  Por  ello,  el  contrato  fue  rescindido  y  el  comprador para  garantizar  el  pago  de  la hipoteca trasfirió a los vendedores el 50% de otro  bien  inmueble,  el  que  a  la  postre  resultó  rematado  por  una  acreedora  hipotecaria.   

4.-  El arquitecto  HERNANDO      VALDERRAMA      GUEVARA,  por  hechos similares fue denunciado penalmente por los señores  LUIS  GUSTAVO  BARRIOS,  IRENE  ROJAS  DE  BARRIOS, así  como  por  el  señor JOSUÉ GÉLVEZ ARIAS  y  la  formulada  por  OMAIRA MURCIA DE  MALDONADO;   a   quienes  les  incumplió  en  forma  reiterativa  y  bajo la promesa de construir el referido edificio, hipotecó los  inmuebles,  sin  salir  al  saneamiento  de  su  actuación.  Cursaron  procesos  ejecutivos contra el vendedor y su firma de arquitectos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.-  Admitidas las  demandas  de  constitución  de  parte  civil,  la  Fiscalía Once adscrita a la  Unidad  de  Patrimonio  y  Fe  Pública  Delegada  ante los Juzgados Penales del  Circuito,  ordenó la unificación de las investigaciones por conexidad a fin de  que  se  tramitaran  bajo una misma dirección jurisdiccional.      

2.- Cerrado el ciclo  instructivo1,  mediante  providencia  del  30  de  enero  de 2002, la Fiscalía  profiere    contra    OSCAR   HERNANDO   VALDERRAMA  GUEVARA,  resolución  acusatoria  por el concurso de  delitos de estafa agravada.    

2.1.-  Imputación  que             fue             recurrida2  y  desistida  por la defensa  técnica3,  siendo ello así, la Fiscalía mediante proveído del 4 de marzo  de  2002,  declaró  desierto  el recurso, el cual se notificó por estado   el   mismo   día   y   quedó  debidamente  ejecutoriada,  según constancia secretarial, el 14 de marzo de 2002.   

3.- Aclaró el entre  instructor  que  en  el  caso  en  examen  no  se  resolvió  la correspondiente  situación  jurídica toda  vez  que  los  hechos  ocurrieron en vigencia del Código de Procedimiento Penal  anterior  y  la medida de aseguramiento que se ordenaba en aquella época era la  de  caución  juratoria.  Para luego, el nuevo código instrumental requerir por  el  delito  imputado,  detención  preventiva,  la  cual  teniendo  en cuenta el  principio  de  favorabilidad,  no  podía  aplicarse  al  caso  por ser norma en  contra.   

4.- El Juzgado Sexto  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga, actuó como funcionario competente, quien  después   de   finiquitadas   las   intervenciones   en   audiencia4, condenó al  imputado      OSCAR      HERNANDO      VALDERRAMA  GUEVARA,  el  27  de  febrero  de  2004,  a  la  pena  principal  de  treinta  y  seis  (36)  meses  de prisión; concediéndole -en el  numeral  4-  el  subrogado penal de la condena de ejecución condicional, por un  periodo  de  prueba  de  tres  (3)  años,  para lo cual debía prestar caución  prendaria,      reparar      los      daños      e     indemnizar     a     los  afectados.       

5.- Contra el fallo  de  primer  grado  se  interpuso recurso ordinario de apelación por parte de la  defensa  técnica,  el  que  fue resuelto mediante fallo confirmatorio por parte  del  Tribunal  Superior  de  Arauca,  el 25 de julio de 2006; revocando en forma  exclusiva  el  superior  el numeral cuarto de la sentencia proferida por el Juez  Sexto Penal del circuito de Bucaramanga.      

RESUMEN DE LA DEMANDA  

1.-   El  censor  depreca   cuatro   cargos  contra      el      fallo      de     segundo     nivel.     El     primero  lo  formula  al  amparo  de  la  causal  3  de  nulidad,  del  artículo  207 (Ley 600 de 2000), identificando el  vicio   en   su  sentir,  por  ausencia  de  notificación  de  la  apertura  de  instrucción  al  imputado. Pretende la nulidad a partir del auto que ordenó la  apertura  de la instrucción, al no haberse notificado o comunicado tal proceder  por  parte  de  la  administración  de justicia, en contra de lo expuesto en el  artículo 85 de ley 190 de 1995.   

2.- El segundo  cargo  lo  ubica  en  la  misma  causal,  pero  esta  vez  al  no  haberse  resuelto la situación jurídica a su  mandante,  al tenor de lo dispuesto en los artículos 387 y 388 del Decreto 2700  de  1991.  Informa  que  los artículos  354 y 357 de la Ley 600/02, fueron  las  normas  que resultaron en su concepto vulneradas. Solicita en consecuencia,  la    nulidad    a    partir    del   proveído   que   calificó   el   mérito  sumarial.   

3.- El tercer  reproche  lo  ubica en la causal  primera  cuerpo  segundo  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, motivándolo  con  “fundamento  en  la  atipicidad  de  los actos  ejecutados  por  mi mandante, como argumento fuerte para solicitar una sentencia  absolutoria  en  audiencia y posteriormente en apelación, tengo que afirmar que  el  fallo  demandado viola de manera indirecta, por error de hecho, el artículo  356  del  De.  L.  100 de 1980, toda vez que los hechos y los medios probatorios  recaudados   no  demuestran  los  elementos  estructurales  del  tipo  penal  de  estafa”5.  Con  base  en  dicha  argumentación,  solicita a la Sala se absuelva a su defendido.     

4.- La cuarta censura la hace consistir en otro  error   de   hecho   o   de  derecho  –que  no  precisa-  en  lo  atinente  al subrogado de la suspensión  condicional  de  la  pena, violándose los artículos 68 de la ley 100 de 1980 y  el  63  de  la ley 599 de 2000, “toda vez que se dan  –agrega-  los  requisitos  objetivos  y subjetivos consagrados en la normas  citadas  para  otorgar  el  subrogado,  conforme  lo  expuso  el Juez en primera  instancia,   considerando   la  sala  sin  argumentación  alguna”6. Comunicando,  que  de  no  llegar a casarse el fallo por ninguno de  los  sentidos  atacados  y  propuestos  por  él,  solicita que se le otorgue el  subrogado   de   la   suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la  pena.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La   censura   sustentada   a   nombre  de  OSCAR   HERNANDO   VALDERRAMA   GUEVARA,  no  es  coherente  con  el  método establecido por la Sala para  acceder  al  conocimiento  de  fondo  del  recurso extraordinario, al omitir los  supuestos  de  lógica  y  de conveniente argumentación soporte de la misma, al  proyectarla  ignorando  lo consagrado en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000,  por  lo  tanto se dispondrá su inadmisión, con base en lo siguiente:   

1.-  Uno  de  los  postulados   que   inspiran   el  recurso  extraordinario  de  casación  es  el  dispositivo, con el cual, lo  prendido  en  la  demanda convoca inexorablemente a su delimitación, fijándose  con  tal  principio  la competencia de la Sala de Casación Penal. Sin que pueda  ni   deba   hacerse,   una   readecuación  de  los  cargos  y  sus  fundamentos  trascendentes,  para  así  cumplir  con  la  forma y, luego de fondo, fallar en  consecuencia.  Esto  concitaría a la Corte a actuar en dos extremos excluyentes  y  exclusivos,  se  unificarían tanto las pretensiones contenidas en la demanda  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala  al  enmendar  la  censura, y lo más  reprochable  de  todo sería, que la misma Sala que convalidó la demanda, falle  en consecuencia.   

Admitir  una  demanda  sin  que  cumpla  el  elemental  requisito  de forma es poner a la Sala a combatir la ilegalidad en un  proceso  usurpando  facultades inherentes a los intervinientes en una actuación  penal.  Es  proponerle  para  que  cree  argumentaciones  propias de los sujetos  procesales,  sin  contar  con  que  la  misma  Corporación  le  es  jurídica y  funcionalmente   obligatorio   fallar,   en   tratándose  de  violación  a  la  constitución,  al  bloque  de constitucionalidad y a la ley por vías directa e  indirecta;  lo  cual  no  ocurre  cuando  se  vislumbra  vulneraciones al debido  proceso  y  a los derechos de defensa, contradicción e investigación integral,  donde   la   oficiosidad   para  la  vigencia  de  tales  garantías  supera  la  técnica.     

Es  por esta potísima razón que se insiste  en  la  consagración  de algunos formalismos sin los cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido en un simple alegato de instancia donde sólo impera  la  voluntad  del  censor  más  no  se demuestra la afrenta a la ley, que es la  causa final en la que se inspira el instituto.   

Por  tanto,  no  es  que  la técnica por la  técnica  misma  tenga  como  fin  enervar los derechos adquiridos a los sujetos  procesales,  ni  pueda  reflexionarse siquiera que aquellos yerros conducen a la  Sala  a  desconocer  situaciones fáctico-jurídicas de mayor relevancia. Lo que  ocurre  es  que  si  la  Sala  entra  a  solucionar  todos los defectos formales  contenidos    en    la    demanda    –admitiéndola-  ello en sí, iría en detrimento de todo el sistema  de  derecho  penal, porque se le irrogaría a la Judicatura un poder absoluto de  reconfeccionar  la  demanda,  adecuarla a posturas argumentativas decantadas por  los  intervinientes  en  el proceso, para luego, entrar a decidir el problema de  fondo:  todos los principios que sustenta el Estado de Derecho declinarían ante  una postura de tal calibre.   

La única excepción, entonces, para declarar  la  infirmación  oficiosa  de  un fallo de segundo nivel, se presenta cuando la  Sala  estime  que  la  ley  sustancial  haya  sido  violentada  en alguno de sus  sentidos  acreditados  en el cuerpo primero por exclusión evidente, aplicación  indebida  o  interpretación  errónea;  así  mismo,  por  los  diversos falsos  juicios  que  integran  un  ataque  por  errores  de hecho o de derecho;  o  cuando  en el trayecto histórico procesal se han desconocido en forma grosera y  ostensible  garantías   fundamentales, esto desde luego, haciendo una  ponderación  razonable y ecuánime de derechos, en donde priman aquellos que se  han conculcado.   

Los   fines  de  la  casación  no  están  compendiados  para formalizar un nuevo debate probatorio, menos aún para tratar  de  iniciar  etapas  procesales  ya  finiquitadas,  ni  convocar  a  la Sala con  fundamento  en  la  demanda  para  que  reafirme  tesis  subjetivas  producto de  hipotéticas  contradicciones   avizoradas por el censor con la motivación  presentada  en  los  distintos  fallos  expedidos  por los Tribunales. No es por  tanto,   una   nueva   instancia,  cuya  prolongación  pueda  hacerse  en  sede  extraordinaria.     

Se  requiere  para su aducción, acoplarse a  las  causales  que  taxativamente programa la ley para demandar en casación; en  igual  forma,  es  necesario un desarrollo de la censura acorde con ellas, en la  medida  que  se  ataca  el fallo último en consonancia con los yerros que pueda  presentar su confección.   

Debe  pesar  para  derrumbar  el  fallo  del  Tribunal  una  argumentación lógica, clara y trascendente dirigida a demostrar  los  errores  de  juicio  o  de  actividad,  para  lo  cual se requerirá de una  metodología   mínima   e   indispensable   con   el  objeto  que  no  se  torne el ataque absurdo, ingenuo,  sin  sentido, incoherente e inepto. Se demanda, en consecuencia, la ilegalidad o  injusticia  de un fallo, en atención a los nuevos avances jurisprudenciales que  ponderan  la  vigencia  de  las  garantías  fundamentales  en el desarrollo del  proceso penal.   

Si  la  Sala  quisiese  desprenderse  de  la  metodología   requerida  para  proponer  y  demostrar  las  infracciones  a  la  normatividad,  no  podría hacerlo porque con dicho actuar irrumpiría todos los  postulados   que   orientan   el   sentido   del   instituto,  e  inclusive,  le  correspondería  en  ilación con ello, entrar a desentrañar los fundamentos de  la  demanda  expresados en forma farragosa, difusa, contradictoria y ambivalente  para  trasmutarlos  en  argumentaciones  que  de  verdad  desquicien el fallo de  segunda instancia.   

De  verdad que tal actuación, se repite, no  es  una  función  constitucional  ni  mucho  menos  legal atribuible a la Sala;  precisamente,  esa  es  la distancia hermenéutica que debe traspasar el censor,  dejar   de   lado   argumentaciones   propias  de  las  instancias  –por   fuera   de   ellas-  para  concentrarse en disciplinar su ataque en sede de casación  al  someter a juicio el fallo {ultimo, pero esta vez contratándolo con la norma  aplicada,   excluida  o  interpretada  por  fuera  de  los  cánones  legales  o  constitucionales.   

2. El primer embate  del    casacionista    lo    identifica   con   vulneración   al   debido  proceso porque el ente instructor  no  comunicó  ni  notificó  la  apertura de investigación al hoy sentenciado.   

La     norma    atacada    y    citada  exclusivamente   por  el  censor,  artículo  81  de  la  Ley  190 de 1995,  conocido   como   estatuto   anticorrupción,   prescribía   que   “en  caso  de  existir  imputado  o  imputados  conocidos,  de la  iniciación  de  la  investigación,  se  notificará a éste o éstos, para que  ejerzan su derecho de defensa”.   

   

Ahora bien: para la época de apertura de la  instrucción  diciembre  de  1999,  aún no había estaba rigiendo el Código de  Procedimiento  Penal  Ley  600  de 2000, luego entonces se encontraba vigente el  Decreto  2700 de noviembre 30 de 1991, el que en su artículo 334 se refería al  objeto de la investigación.   

El  yerro  se  muestra insulso y sin ninguna  técnica-jurídica  en  su desarrollo, toda vez que el libelista no demostró la  lesividad  del  error que proclama, jamás puntualizó la trascendencia de dicha  infracción,  ni  mucho  menos  acreditó  con  los  principios que orientan las  nulidades  de  qué  manera  el  haberse  realizado  tal  acto  de notificación  desencadenó el vicio de estructura alegado.   

En síntesis, la Sala no entiende el desatino  del  ataque, toda vez que a folio 37 del cuaderno original 1, reposa la apertura  de  instrucción de fecha 14 de diciembre de 1999, surtida por la Jefatura de la  Unidad  de  Reacción Inmediata de Bucaramanga, en la que ordena la vinculación  del     señor    VALDERRAMA    GUEVARA,   mediante   diligencia   de   injurada.  Indagatoria7 que se llevó  a  cabo  el  15  del  mismo  mes y año, es decir al día siguiente. Siendo ello  así,  la Sala encuentra insustancial la solicitud de infirmación del fallo del  tribunal, sobre el acto convalidado.   

Si las notificaciones tienen como fundamento  enterar  a  los  sujetos  procesales  de  las decisiones jurisdiccionales con el  inmediato  objeto  de  precaver  su  defensa  en  los  sentidos que la misma ley  determinó  para  el  efecto,  entonces  queda demostrada la intrascendencia del  ataque,  porque  eso  fue,  precisamente,  lo  que  aconteció  aquí.  Al  día  siguiente  de  la apertura de la instrucción rindió diligencia de descargos el  imputado;  siendo ello así, el censor no puede alegar a su favor situaciones de  hecho  y  de  derecho  que lo beneficiaron para quitarle importancia y validez a  otras.   

La  Sala  en  este  punto  de  ataque  viene  sosteniendo  en  forma pacífica y reiterada que “en  cuanto  a  la  falta  de  notificación  al  imputado  de  las  providencias que  ordenaron  investigación previa y apertura de instrucción, cabe decirse que si  bien  el  artículo  81,  inciso final, de la Ley 190 de 1995 exigía que se les  notificara   al   imputado   o   imputados   conocidos   la  iniciación  de  la  investigación,  ya  sea  preliminar o formal, la Corte tiene sentado que si esa  omisión  se  da  en la primera no aparece menoscabo a la estructura del proceso  habida  cuenta que el paraje pre actuarial no es presupuesto condicionante de la  instrucción,  y  si  se da en la segunda, tal falla se corrige con la citación  oportuna       a       la       indagatoria”8.   

Afirmó  el  libelista,  además,  que dicha  falencia    “viola    directamente    el   debido  proceso”,   con  tal  afirmación,  intercaló  nociones  propias  de otras causales y en contra del principio de autonomía que  rige el instituto casacional.   

3.- El nuevo ataque  lo  hizo consistir el censor al haberse dictado resolución de acusación contra  su  poderdante  sin  que  previo  a  ello  se  le hubiese definido la situación  jurídica,  aduciendo que se vulneraron a la vez los artículos 387-388 (Decreto  2700/91) y 354-357 (Ley 600/00).   

La  Sala  debe  insistir  que  en el proceso  hermenéutico  el  supuesto puramente formal no es ni puede ser el destino final  para  entender  el  contenido  sustancial  de  una norma. Debe desentrañarse el  aspecto   teleológico   del  precepto  cuestionado  e  integrarse  –en  forma sistemática- a un complejo  interpretativo    que    demuestre    sus    virtudes   o   desafueros   en   su  aplicación.   

Debe existir, entonces, una congruencia entre  el  contenido material vertido en el acta de injurada con la calificación de la  instrucción  ya  sea  definida  con preclusión o resolución de acusación, en  tanto  que  la  situación  jurídica como una medida provisional y probable, no  puede  catalogarse  como  definitiva  o  última  con lo cual es insustancial su  conexidad  debida  al  proceso.  Así lo ha expresado la jurisprudencia al decir  que  “la  omisión  de  valorar  la  situación del  sindicado  en  el  curso  del  sumario no impediría que válidamente se hiciera  luego  de  clausurada la investigación, de manera que la irregularidad derivada  de  la inobservancia del inciso 1° del artículo 438 del C. P. P. carecería de  la  sustancialidad necesaria para que se erija en causal de nulidad, lo que bien  podría  haberse  aconsejado  su eliminación del nuevo estatuto procesal penal,  como        en        efecto       ocurrió”9.   

4.-   Por  vía  indirecta  pretende  el  demandante se absuelva a su prohijado, indicando que se  trata  de un error de hecho “toda vez que los hechos  y  los  medios  probatorios recaudados no demuestran los elementos estructurales  del tipo penal de estafa”, informa.   

Antepone el demandante en casación su propia  visión  jurídica  sobre  la  expresada  por el Tribunal, trascribiendo toda la  parte  considerativa  del  fallo  emitido  por  el  Juez  Colegiado  con lo cual  pretende  derrumbarlo.  Ya  en  sus  motivaciones  propugna por elevar preguntas  –las  que  de suyo hacen  irreconciliable  la  admisión-  resolviéndolas,  inclusive,  con  su  personal  apreciación  sobre  los  acontecimientos.  Como ejemplo la Sala se contrae a lo  expuesto  por  él  cuando  afirma  que “entonces la  pregunta  sería,  ¿cuáles  son  esas  circunstancias  fácticas, con respaldo  probatorio,  que  en  juicio  de  este  defensor,  demuestran  que  la  conducta  desplegada  por OSCAR HERNADO VALDERRAMA GUEVARA, carece del elemento esencial y  estructural  del  tipo penal de estafa como lo es el dolo y que por el contrario  se  trata  de  una  clara  negociación  civil…”10.   

Se  muestra  su  escrito contradictorio como  falto  de  claridad, pues un ataque cuestionando la dogmática enarbolada por el  Juzgador  en punto a la adecuación de tipo estructural del injusto, es un error  de  juicio,  predicado  por  el  Juez Colegiado, el que excluye en su ataque una  nueva  valoración  de  los  medios  probatorios;  por  tanto,  hubiese sido mas  expedito abordarlo por la vía directa.    

Incluso,  se soslaya el método requerido al  enfocar  de  esa forma el ataque, al imprimirle el casacionista su dote personal  en  la  ponderación  de  los  diversos medios probatorios, alejándose en forma  rauda  del  objetivo  querido y ratificado por él, cuando enunció la casual de  casación.   

5.    En   la  última  arremetida solicita  que  se  le otorgue a su defendido, de no prosperar ninguna causal de casación,  el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  pena,  violándose  los  artículos  68  de  la  ley  100  de  1980  y el 63 de la ley 599 de 2000, en el  entendido  que  se  adecuan  los  requisito tanto objetivos como subjetivos para  concederle tal beneficio a su mandante.   

Se   insiste,   son   constantes  los  desatinos  que  presenta el censor sobre las exigencias mínimas requeridas para  esta  clase  de  ataques  en sede extraordinaria. No es un escrito contentivo de  reflexiones  propias  de  las instancias, viene afirmando la Sala desde lustros;  mucho  menos, podrá hacerse razonamientos que abarquen peticiones aleatorias en  beneficio  de  su  mandante,  sin  que  se  ofrezca  una  coherencia  interna  y  argumentativa  soporte  del  dislate adverado por los funcionarios que fungieron  en  etapas  precondenatorias.  Se  trata  de  proponer y sustentar el ataque por  falta  de  aplicación  del  artículo  68 del Código Penal anterior, mostrando  como  el  juzgador  incurrió  en  el  aludido  yerro desconociendo, ignorando o  suponiendo  pruebas  o  quizás  en un marcado contrasentido en el juicio.    

6.-  La  variedad  de  defectos técnico-jurídicos enunciados atrás no  le  dejan  otro  camino  a  la  Sala  que inadmitir la demanda de casación; sin  olvidar  que, estudiado el proceso, no se percibe en su contexto, que se hubiese  violentado   alguna  garantía  fundamental  que  amerite  el  facultativo   ejercicio  de  la oficiosidad, en virtud de los dispuesto en el artículo 216 de  la Ley 600 de 2000.   

Con  fundamento en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada     a     nombre     de    OSCAR HERNANDO VALDERRAMA GUEVARA   

Contra  la  presente  providencia no procede  recurso alguno.   

          Cópiese,   notifíquese,   cúmplase  y  devuélvase  al Tribunal de  origen.   

ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

Comisión de servicio  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                  ALVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                     JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                JULIO     ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Fl.  258, c. o. 3.   

2 Folio  282, c. o. 5.   

3 Folio  284, c. o. 5.   

4 Folio  57, c. o. 4.   

5 Fls.  162, 162, c. o. Tribunal.   

6 Fl.  182, c. o. Tribunal.   

7  F.  39.   

8  Sentencia del Casación del 11/12/03. Radicación: 19547.   

9  Sentencia de Casación del 24/04/01. Radicación: 12424.   

10  Folio 196, c. o. Tribunal.     

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