26894(21-03-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 26894  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

                                    Aprobada Acta N° 42.   

Bogotá,  D. C., marzo veintiuno (21) de dos  mil siete (2007).   

VISTOS:  

Procede   la  Sala  a  resolver  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de casación presentada por el apoderado de  la  parte  civil,  contra  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de  Bogotá  por  medio de la cual revocó parcialmente la dictada por el Juzgado 43  Penal  del  Circuito  de  esta  misma  ciudad  y  en  su  lugar  absolvió a los  procesados  ANTONIO  SOLÓN  LOSADA MÁRQUEZ y FRANCISCO HORACIO SALAZAR MONTOYA  acusados  por  la  presunta  conducta punible de estafa agravada, y confirmó la  absolución  que  por  el  mismo  cargo se dictó a favor de la sindicada MARTHA  LUCÍA CARVALHO QUIGUA.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  Los primeros fueron tratados en el fallo  impugnado de la siguiente manera:   

“Perjuicios  ocasionados  a Ricardo Toledo  Suárez  y  alrededor  de  20  personas  más,  por  lo  menos,  a causa de que,  habiéndose  matriculado  ellas  en  la  Universidad Antonio Nariño para cursar  estudios  de  Enfermería  que  fueron  iniciados  en  agosto  de  1997,  vieron  frustrada  su  aspiración  de  culminarlos  debido  a  que  a  finales  de 1998  descubrieron  que  esa  carrera no estaba autorizada por el Instituto Colombiano  para  el  Fomento  de  la  Educación  Superior  (Icfes)  y  se  abstuvieron  de  proseguirlos  al  no confiar en las promesas de las directivas de la Universidad  en  el  sentido  que  durante  el  curso de aquéllas obtendrían la aprobación  respectiva     y     podrían     obtener     los     títulos     profesionales  correspondientes.”   

2. Abierta la correspondiente investigación  y  vinculados  al  proceso  a  través  de  indagatoria  ANTONIO  SOLÓN  LOSADA  MÁRQUEZ,  FRANCISCO  HORACIO  SALAZAR  MONTOYA, MARTHA LUCÍA CARVALHO QUIGUA y  CONSTANCE  BAHANNON  DE LOSADA, el 9 de junio de 2000 la Fiscalía 179 Seccional  de   Bogotá   se  abstuvo  de  proferir  medida  de  aseguramiento  contra  los  vinculados,  providencia  que  fue  revocada  el  24 de octubre siguiente por la  Fiscalía   Veinte   Delegada  ante  los  Tribunales  Superiores  de  Bogotá  y  Cundinamarca  que  dictó  medida  de aseguramiento de caución prendaria contra  ANTONIO  SOLÓN  LOSADA  MÁRQUEZ,  FRANCISCO  HORACIO  SALAZAR MONTOYA y MARTHA  LUCIA  CARVALHO QUIGUA por el delito de estafa agravada, y se abstuvo de hacerlo  en relación con la sindicada CONSTANCE BAHANNON DE LOSADA.   

3.  Cerrada  la investigación, la Fiscalía  181  Seccional  de  Bogotá  el  15  de  enero  de 2002 profirió resolución de  acusación  contra  los  sindicados  LOSADA MÁRQUEZ, SALAZAR MONTOYA y CARVALHO  QUIGUA  por  la  conducta  punible por la cual les había resuelto la situación  jurídica  y  precluyó  la  investigación en relación con BAHANNON DE LOSADA,  pronunciamiento  que  alcanzó  ejecutoria  el  12  de febrero de 2003 cuando la  Fiscalía  19  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Bogotá la confirmó al  resolver  el  recurso  de  apelación interpuesto por los defensores de los tres  primeros procesados.   

4.  Correspondió  al  Juzgado  43 Penal del  Circuito  de  Bogotá  adelantar el juicio y celebrada la audiencia pública, el  13  de  septiembre  de  2005 condenó a LOSADA MÁRQUEZ y a SALAZAR MONTOYA a la  pena  de  veinticuatro  (24)  meses  de  prisión  y  multa  de  cien  mil pesos  ($100.000)  cada  uno,  a  la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  período  igual  al  de  la sanción  privativa  de  la  libertad,  al  pago  de  indemnización  de  perjuicios y les  concedió   la   condena  de  ejecución  condicional  como  autores  penalmente  responsables  de  la  conducta  punible  materia de acusación. Absolvió de los  cargos imputados a la procesada CARVALHO QUIGUA.   

5. La providencia anterior fue recurrida por  los  procesados  condenados,  sus  defensores  y el representante judicial de la  parte  civil y el 4 de julio de 2006 el Tribunal Superior de Bogotá adoptó las  determinaciones  a  que inicialmente se hizo alusión, mediante fallo objeto del  recurso   extraordinario   de  casación  interpuesto  por  el  último  de  los  impugnantes.   

LA DEMANDA:  

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el recurrente formula  dos  cargos  contra  el  fallo proferido por el Tribunal, el cual acusa de haber  incurrido  en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por error de hecho  derivado  de  falso  juicio de identidad en la apreciación de la prueba y de un  falso juicio de existencia.   

El    primer  reparo    consistió    en   que   el   ad  quem  desconoció  el contenido de las  normas  de  educación  superior,  reguladoras en particular de la oferta y  puesta  en  funcionamiento  de los programas de pregrado, como resulta ser el de  enfermería  de  la Universidad Antonio Nariño, desconocimiento que lo llevó a  distorsionar  la prueba y de contera a proferir el fallo en sentido absolutorio.   

La  prueba  acopiada  al  proceso  conduce a  establecer  que  los procesados como directivos de la mencionada institución de  educación   superior,  no  podían  ofrecer,  ni  desarrollar  el  programa  de  enfermería,   hasta   tanto   no   contaran  con  el  correspondiente  registro  académico,  el  cual  no fue obtenido dentro de los términos legales omitiendo  cumplir  las  observaciones  que sobre el particular les hizo el Icfes, logrando  la  obtención  ilícita  de  dineros,  así  la resolución N° 2500 del 213 de  agosto  de  2004  proferida por el Ministerio de Educación Nacional otorgara un  registro  simple  al  programa de enfermería, acto administrativo que convalida  los  semestres  cursados,  aspecto  que  llevó  al  Tribunal  a  decir que a la  terminación  del  programa  de  estudios  pudieran  otorgarse  válidamente los  títulos  profesionales ofrecidos pero que se esperaba poder cumplir el registro  antes  de la llegada del último momento de estudios, determinación Ministerial  que no resultaba constitucional ni legal.   

Si en gracia de discusión se aceptara que la  resolución  2500 de 1004 es constitucional y legal, sin embargo se equivocó el  ad quem al tenerla como medio  de  prueba, cuando dijo que los directivos de la Universidad se comprometieron a  “legalizar” la carrera momentos antes de su terminación.   

Tampoco comparte la deducción que se hizo en  el  fallo  impugnado  sobre  la  ausencia  de  dolo  en el comportamiento de los  procesados,   pues   contrario  a  esa  afirmación  ella  se  presenta  con  la  infracción  a las normas reguladores del servicio público de la educación. Ni  aquella  que  sostuvo  que  los  pagos  realizados  por  los denunciantes fue la  contraprestación  equivalente  a las clases recibidas, la presencia de docentes  y  otros  servicios prestados, puesto que las aspiraciones de todo estudiante es  cursar y aprobar una carrera profesional.   

Es notoria la distorsión de la prueba porque  la  corporación  que  dictó el fallo impugnado minimizó o redujo a su mínima  expresión la actuación ilícita de los procesados.   

En el segundo cargo  el libelista indica que el Tribunal pasó por alto las  declaraciones  y  ampliaciones de algunos estudiantes que ingresaron al programa  de  enfermería  de  la  Universidad  Antonio  Nariño,  los testimonios de tres  funcionarios  del  Icfes  que dieron cuenta sobre la necesidad del registro para  ofrecer  y  desarrollar un programa académico, algunos fallos de tutela y actos  administrativos  referidos  al  tema del programa en cuestión, medios de prueba  que  de  haberse  apreciado  el  resultado  del  fallo  hubiera  sido totalmente  distinto.   

Luego de algunas transcripciones doctrinarias  y  jurisprudenciales  sobre  el  delito  de  estafa,  solicita  que  se  case la  sentencia  recurrida  y  se  dicte  la de reemplazo que condene a los procesados  ANTONIO  SOLÓN  LOSADA  MÁRQUEZ,  FRANCISCO  HORACIO  SALAZAR MONTOYA y MARTHA  LUCÍA CARVALHO QUIGUA imponiéndoles la pena correspondiente.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.-  Cualquiera  sea  la causal invocada, la  demanda  de  casación  no es un escrito de libre elaboración en tanto que debe  cumplir  con  los  requisitos  establecidos  en  el artículo 212 del Código de  Procedimiento  Penal,  como  citar  las  normas  que  se consideren infringidas,  determinar  la  clase  de quebrantamiento, indicar los fundamentos completos con  claridad,  precisión  y  lógica,  en  armonía  con  la  naturaleza  del vicio  reprochado,   además   de   demostrar   la   trascendencia   del  yerro  en  la  decisión.   

2.-  Los  siguientes son los desaciertos del  libelo que atentan contra los principios de claridad y precisión:   

2.1.  El  error de hecho en la modalidad de  falso  juicio  de  identidad,  cuya  configuración  anunció el libelista en el  primer cargo,   

“supone que en la apreciación material de  los  medios  y su traslado al fallo, el juzgador distorsiona, adiciona o cercena  su  expresión  fáctica  para hacerles producir efectos que objetivamente no se  establecen  de  su  contexto,  en  cuya  demostración corresponde al demandante  concretar  qué  específicamente  dicen  los  medios  a  que  se  refiere, qué  estableció  de  ellos  el  juzgador,  por  qué  los  puso  a  decir  algo  que  objetivamente  no  expresan,  cómo  habría  de corregirse el yerro, y cómo un  nuevo  análisis del arsenal probatorio en conjunto con las demás pruebas sobre  las  que  no concurre ningún tipo de error, daría lugar al desquiciamiento del  fallo  por  presentar  una  realidad  fáctica diversa de la observada en éste,  determinante  de aplicación indebida o falta de aplicación de disposiciones de  derecho   sustancial,   y,   de  contera,  proferir  una  decisión  en  sentido  sustancialmente  distinto  y  opuesto a la declaración de justicia contenida en  la           parte           resolutiva”1.   

Frente  a este inicial reparo, el libelista  faltando  a los requisitos de precisión y claridad omitió señalar la prueba o  pruebas  en  las  cuales  radicó  la distorsión, adición o cercenamiento pues  abandonando  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial se adentró en los  terrenos  de  la  transgresión  directa  cuando  señaló que el desacierto del  Tribunal  radicó  en las normas de educación superior reguladoras de la oferta  y  puesta en funcionamiento de los programas de pregrado, confusión que tampoco  dilucidó  con  la  indicación  de  la  incidencia  del  reparo  en  las normas  sustanciales  de  la  ley  penal  y  si  lo  fueron  por  falta  de aplicación,  aplicación indebida o interpretación errónea.   

A  más  de  lo  anterior, el demandante no  señala  cómo  debía  corregirse  el  yerro  frente  al  análisis  de todo el  conjunto  probatorio que conforma la actuación procesal, y por qué el fallo no  se  mantendría  con  las restantes pruebas que lo soportan y que ningún reparo  merecieron.   

Critica  que  la  resolución  N°  25004  expedida  el  23  de  agosto de 2004 por el Ministerio de Educación Nacional el  ad  quem la hubiera tenido  como  prueba,  aspecto  que  en nada corresponde al anunciado error de hecho por  falso  juicio  de  identidad y que bien pudiera, en principio, corresponder a un  error  de  derecho por falso juicio de legalidad que el libelista no desarrolló  y  tampoco  demuestra  por  qué  esa  disposición  requería  de  ser probada.   

En lo que tiene que ver con la oposición a  la  deducción  del  Tribunal  en el sentido de que los pagos realizados por los  estudiantes  correspondieron a la contraprestación equivalente a horas de clase  recibidas,  presencia de docentes y otros servicios prestados, tales inferencias  debieron  ser  atacadas  por  la  vía  del  error de hecho derivado de un falso  raciocinio  con  la  indicación  de  cuál  postulado  de la lógica, ley de la  ciencia  o máxima de la experiencia fue desconocida, señalar cuál regla de la  sana  crítica  debió  tomarse  en  consideración  y en qué forma, y también  demostrar  la trascendencia del error en la apreciación correcta de las pruebas  y   cómo  el  sentido  del  fallo  habría  sido  sustancialmente  distinto  al  impugnado.   

2.2.  El  error  de hecho en la modalidad de  falso  juicio  de  existencia,  cuya configuración anunció el demandante en el  cargo   segundo,  para  su  postulación  en  casación  exige que el demandante comience  por señalar  la  constatación  objetiva de que la prueba existe jurídicamente en el proceso  y  que,  sin  embargo,  su  contenido material no fue apreciado por el juzgador.  Enseguida  se  precisa  indicar  la  trascendencia del yerro, de modo que sin su  influjo  el  fallo  hubiera  sido  diferente  y  todo  ha  de  enlazarse  con la  transgresión   de  determinada  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  o  aplicación   indebida,   en   procura   de   acreditar   que  la  sentencia  es  manifiestamente contraria a derecho.   

2.3. El casacionista si bien enlistó algunas  pruebas  supuestamente  dejadas  de  apreciar por el ad  quem   faltando   a  los  requisitos  de  claridad  y  precisión  omitió  señalar  y  comprobar  que  el  restante caudal probatorio  tenido  en cuenta por el Tribunal dejaría sin piso el fallo impugnado, esto es,  desatendió  el  deber  de enseñar la trascendencia del reparo en el sentido de  justicia declarado en aquella sede.   

2.4.  Sin precisar el error o errores en los  que   pudo   incurrir  la  corporación  de  segunda  instancia,  el  demandante  simplemente  afirma  que  se  ha  debido  condenar a los procesados como autores  penalmente  responsables  de  la  conducta  punible  de estafa en detrimento del  patrimonio  de  los  denunciantes,  por algunos aspectos que el censor considera  acreditados,  olvidando  que  la  casación  no fue instituida para anteponer el  criterio  del  recurrente  al  expuesto  por los jueces de instancia que llega a  esta  sede  precedido  de la doble presunción de acierto y legalidad, sino para  corregir   verdaderos   yerros  trascendentales,  que  deben  ser  enunciados  y  establecidos  clara  y  concretamente,  cuya  demostración  cabal  ha de tener,  además, la potencialidad de hacer cambiar el sentido del fallo.   

3.  Como  la  Corte  no  puede  suplir  las  deficiencias  ni  corregir  las  imprecisiones  de  la  demanda,  se  impone  su  inadmisión,  de  conformidad  con lo dispuesto por los artículos 212 y 213 del  Código  de  Procedimiento Penal, además que la Sala no encuentra violación de  garantías  fundamentales  que  deban  ser  protegidas  oficiosamente,  lo  cual  conlleva   la  consecuencia  procesal  de  declarar  desierta  la  impugnación,  mediante  decisión  que adquiere ejecutoria en la fecha en que es suscrita y no  admite ningún recurso.   

A mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda de casación presentada  por  el  apoderado  de  la parte civil, y, en consecuencia, declarar desierto el  recurso de casación interpuesto.   

Contra  esta  providencia no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                        ÁLVARO            ORLANDO           PÉREZ  PINZÓN            

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                            JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS             

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                      JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA         

MAURO           SOLARTE  PORTILLA                                             JAVIER ZAPATA ORTIZ         

       

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

           Secretaria   

    

1 CORTE  SUPREMA    DE    JUSTICIA,   SALA   DE   CASACIÓN   PENAL,    Sent.  Casación  enero 30 de 2003, rad.  13.518.     

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